domingo, 24 de enero de 2010

LORENA SANMILLÁN


Lorena Sanmillán es una escritora regiomontana que me parece inteligente y cuya obra me atrapa porque habla del ser humano con sus pasiones y sus limitaciones, de manera lúcida y sin concesiones. No, no soy experto en su trabajo; la he escuchado leer y he leído de vez en cuando sus artículos o poemas. Aquí reproduzco uno de sus trabajos sin mayor afán que recomendarla y pedirles que la lean. Espero que Lorena no se enoje por hacerlo sin su permiso.

Muertos

Nadie se da cuenta. Nadie. Estamos mezclados entre los vivos. Despertamos por la mañana, tomamos antidepresivos. Apagamos el despertador, nos lavamos los dientes. Encendemos la televisión; parecemos interesados en las noticias del día, hasta en el clima que dicta la ropa que usaremos en esa jornada. Nos bañamos, desayunamos cosas que saben a nada. Vamos a trabajar. Resolvemos pendientes, simulamos involucrarnos con los demás.

Somos los primeros en sonreír ante los chistes malos. Acudimos a las citas pactadas, somos puntuales pues entendemos que para los otros el tiempo sí cuenta. No sabemos reconocer a los iguales de lo bien que nos mimetizamos. Comentamos las novedades y con hipocresía irónica teorizamos sobre el futuro.

Transcurre el sol del oriente al poniente sin que nos importen las horas. Regresamos a casa y sin cenar tomamos somníferos. El siguiente amanecer nos espera con esa claridad que tanto nos angustia. La felicidad es un abstracto con el que nunca más jugaremos para complementar la conjugación de ninguno de los verbos conocidos. Se repetirá el ciclo hasta que se rompa el hechizo que nos mantiene aquí.

A los muertos nos confunden con personas ocupadas, vitales, llenas de energía. Pero estamos muertos, aunque respiremos y la sangre fluya; porque muerto no es quien no tiene vida. Muerto es aquel que carga sobre sus hombros el descomunal peso de su alma vacía.

Lorena Sanmillán

Artículo publicado en el suplemento Kultur, el 21/10/09

Y aquí pueden encontrar su página:

http://lorenasanmillan.wordpress.com

JEAN SIMMONS (1929 - 2010)



A punto de cumplir 81 años falleció la hermosa Jean Simmons quien nos deleitó con tantas películas que se convirtieron en iconos del cine universal. No podremos olvidarla como la joven Ofelia del "Hamlet" (1948, Laurence Olivier) que le dio la Copa Volpi como mejor actriz en el Festival de Venecia o la perversa Diane de "Cara de ángel" (1952, Otto Preminger)o la dulce Diana de "El manto sagrado" (1953, Henry Koster)donde se inauguraba el Cinemascope moderno o la sargento Sara del Ejército de Salvación en "Ellos y Ellas" (1955, Joseph L. Mankiewicz)donde usó su voz para cantar y bailar al lado de ¡Marlon Brando! (mucho antes de que éste se convirtiera en inmenso marrano humano)o la Varinia, esposa amante de "Espartaco" (1960, Stanley Kubrick)o la hermana Sharon del megalómano predicador "Elmer Gantry- Ni bendito ni maldito" (1960, Richard Brooks).

Fue importante personaje en múltiples películas y siguió participando tanto en cine como televisión o el teatro durante estos años en los cuales pasó de la madurez a la ancianidad. Hay una película maravillosa que no ha vuelto a surgir por muchos años y que pudimos disfrutar en los tiempos esplendorosos del Cine Juárez: "El final amargo" (1969, Richard Brooks) donde era la mujer que se daba cuenta que la habían educado para creer en la vida como si fuera un cuento de hadas con final feliz y luego descubrir que la habían engañado. De hecho ese era el título original (final feliz) que los inteligentes traductores opusieron totalmente al nombrarla en español. Eso es lo de menos: su actuación fue tan impactante que la nominaron al Óscar (de grata memoria: cuando se consideraban todas las cintas del año y no los fraudes comerciales de ahora) pero la película no tuvo tanto éxito en taquilla que fue relegada. Habremos de traerla siempre en el corazón por tantos buenos momentos que nos regaló. Descanse en paz.

martes, 22 de diciembre de 2009

LAS CINCUENTENARIAS (1)


LA JOVEN (Luis Buñuel, 1960)


Una película mexicana, filmada en los alrededores de Acapulco, producida por George P. Werker a quien se le agradecen los esfuerzos por realizar un cine independiente durante los años cincuenta en nuestro país a través de sus Producciones Olmeca ( "Torero", "Los pequeños gigantes"), aunque hablada en inglés, que vino a ser la número 22 en la filmografía del genio aragonés (no cuento sus "codirecciones" durante la República Española) y que se ganó una Mención Especial en el Festival de Cannes de 1960, llegará a su cincuentenario en este ya muy próximo año nuevo.

Escrita por Hugo Butler (uno de los guionistas excelsos de Hollywood que sufrió el McCarthismo, la lista negra y la prohibición de seguir trabajando para el espectáculo), bajo el seudónimo "H.B. Addis", sobre un cuento de Peter Mathiessen llamado "Travelin' Man" que había sido publicado en la revista Harper's en febrero de 1957, tuvo una coadaptación y guión final por el mismo Buñuel quien alguna vez la clasificó como una de sus cintas más personales. Se narra lo que sucede en cuatro días en una pequeña isla frente a las costas de Carolina. Ha muerte Pee Wee, el ayudante de Miller (Zachary Scott), cuidador de la propiedad, dejando sola a su nieta de 14 años, Evalyn (Kay Meersman) quien es, de todas formas, bastante avezada en las cuestiones de los apiarios y el apoyo doméstico del lugar. Llega inesperadamente Traver (Bernie Hamilton), un hombre de color que está huyendo de la justicia: una mujer blanca lo ha acusado de violación. Miller debe ir al pueblo para arreglar la situación de Evvie, como la llama. Ella es quien encuentra y apoya a Traver con alimentos; el hombre se lleva una escopeta que luego, se disparará y hará un boquete en su lancha. Traver deberá repararla por lo que vuelve al lugar. Al día siguiente retorna Miller quien, a la fuerza, acepta al negro como ayudante a cambio de paga y alojamiento. Por tal motivo, muda el catre de Evvie a su cabaña donde la posee durante la noche. Al tercer día ha llegado uno de los alguaciles del pueblo, Jackson (Crahan Denton), quien ha traido consigo al reverendo Fleetwood (Claudio Brook) para llevarse a Evalyn y alojarla en la iglesia del lugar. Jackson entera a Miller de la acusación sobre Traver y deciden atraparlo para ajusticiarlo. Evvie le ayuda a escapar. Mientras tanto, el reverendo Fleetwood ha bautizado a Evvie en el agua y se ha enterado de su relación sexual con Miller. Jackson pelea con Traver al cual quiere matar pero cuando éste le toma ventaja y puede quitarle la vida, prefiere no hacerlo. Miller ayuda a Traver a escapar, para evitar que sea muerto sin un juicio, al asegurar a Fleetwood que cumplirá sus obligaciones con Evvie (quien se marchará con el reverendo).

Así tenemos una trama sencilla donde aparentemente lo que sucede no tiene complicaciones, aunque están presentes el odio racial y la supremacía de un personaje sobre otro. La adolescente vive de manera salvaje, sin tener idea de este tipo de diferencias y discriminaciones, con la inocencia de hablar sobre todo y contar todo lo que sucede ya que no entiende las convenciones de las personas mayores. Buñuel introduce a las abejas por el lado productivo; a un mapache como depredador de gallinas sin mayor interés que matarlas ya que no se alimenta con ellas; a un ciervo atado como inútil mascota ya que su estado normal sería la libertad en el bosque.

De esta manera llegamos a la metáfora de la inocencia sin protección y la amenaza circundante. Traver y Evalyn serán las víctimas de un juego de persecuciones, seducciones, maltratos, que tienen que ver con sus cuestiones de raza y de género, respectivamente. Está un reverendo, hombre que sigue sus convicciones morales y representa a la "bondad", aunque nunca de manera absoluta: al tener que dormir en el catre donde yació el negro la noche anterior, pregunta cuánto tiempo lo utilizó. Como fue mínimo, entonces será suficiente con darle vuelta al colchón de paja y hojas.

Buñuel muestra otra de sus obsesiones con los pies del muerto Pee Wee, del cual nunca vemos el rostro. Luego estarán las sandalias de Evvie que al final de la cinta se habrán transformado en zapatos de tacón. Ese fetichismo tan usual en el director que llegaría a tomar importancia plena en "El diario de una recamarera" (1964): a lo largo de este corto lapso, una niña se ha convertido en mujer. Y es precisamente ese oscuro objeto del deseo (que coronará la carrera buñueliana) que un hombre mayor tiene por una mujer de menor edad: en este caso, una niña (como sucedia en la cinta ya mencionada de 1964) pero que ya estaba presente en "La edad de oro" (1930), "Ensayo de un crimen" (1955), "Viridiana" (1961) y "Tristana" (1969) para terminar con el Mateo (Fernando Rey) que enloquece por Conchita (Ángela Molina o Carole Bouquet) en "Este obscuro objeto del deseo" (1977).

La joven Kay Meersman era completamente aficionada y su naturalidad se debía a su falta de talento: vino a ser una de sus cualidades indirectas porque su presencia es efectiva en la película. No le interesaba hacer cine y solamente intervendría en otra cinta más: "La isla de los amores prohibidos" de Damiano Damiani, 1961. Zachary Scott (1914 - 1965), actor legendario de Hollywood en cintas clásicas como "El suplicio de una madre" de Curtiz, 1945, había sido dirigido por Jean Renoir en una de sus cintas norteamericanas: "El amor al terruño" (1945) y que había sido escrita por el propio Hugo Butler. Bernie Hamilton (1928 - 2008), quien interpreta a Traver era hermano del jazzista Chico Hamilton y su rol más popular sería como el Capitán Dobey en la serie de televisión "Starsky y Hutch". Claudio Brook (1927 - 2005) es un actor icónico del cine mexicano.

El autor Mathiessen ha contado que su escrito original relataba el simple enfrentamiento entre un cazador y un hombre de color en las montañas sureñas, con pocos diálogos al final. Werker, el productor, le ofreció 1500 dólares por los derechos de su escrito, de los cuales solamente le entregó quinientos. Culpaba a los inversores de la película que se hubiera modificado tanto con la inclusión del personaje femenino y los otros masculinos. Se avergonzó de la versión fílmica pero se sorprendió por la respuesta crítica. Años más tarde, ya muerto Werker, su viuda le llamó porque se había dado cuenta de la deuda pendiente por los derechos del cuento. Mathiessen le afirmó que faltaban mil dólares por pagar, mismos que recibió puntualmente pocos días después. La viuda de Werker quedaba como dueña de los derechos todavía y Mathiessen con la esperanza de que alguien retomara su cuento para filmarlo (según él) "como debería trasladarse a la pantalla".

Cuando uno se reencuentra con esta película y nota el resultado final, no puede estar de acuerdo con Mathiessen. Butler y Buñuel tuvieron que modificar de alguna manera lo que sería una obvia y aburrida lucha entre dos hombres de razas distintas añadiendo otro ingrediente: distinto sentido del pecado, de la sensualidad latente, del deseo que exuda una joven inocente como símbolo de la víctima, de la presa a la cual acecha la mirada. Otro tipo de lucha que todos conocemos y que puede llevar a la perdición o a la redención. Extraordinaria, subestimada: es el momento para rescatarla.

lunes, 7 de diciembre de 2009

RICHARD TODD (1919 - 2009)



Me entero, gracias a Pepe Quintanilla, que ha fallecido el actor irlandés Richard Todd a los noventa años. Tuvo una larga carrera y estuvo lúcido hasta la vejez, pero su recuerdo fílmico consta principalmente de tres películas: "Alma en tinieblas" (The Hasty Heart, Vincent Sherman, 1949) basada en una exitosa obra teatral de John Patrick (el mismo autor de "Luz que agoniza") donde interpretaba a un soldado que estaba muriendo en un sanatorio, en la Birmania de 1945 (ahora se llama Myanmar) en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, donde se daba cuenta del sentido de la humanidad y la amistad sin fronteras. Otra cinta importante es "Celos mortales" (Lightning Strikes Twice, King Vidor, 1951)donde Todd es sospechoso del asesinato de su esposa y está a punto de ir a la silla eléctrica cuando surge algo que permite un segundo juicio que le dará la duda razonable para salir libre. Sin embargo, la película más importante es "Desesperación" (Stage Fright, Alfred Hitchcock, 1950) donde Todd es sospechoso de un asesinato que pone a la joven Jane Wyman a investigar a la perversa Marlene Dietrich a la cual se cree culpable: sin embargo, todo ha partido de una mentira y Todd es ciertamente el criminal.

Posteriormente filmaría otras películas memorables ("La reina tirana", "Operación Crossbow", "Santa Juana") pero su tiempo más feliz reside en esos inicios cuando era un joven de treinta años, beneficiado con roles estelares en tramas entretenidas e inteligentes (con todo y la chapuza de Hitchcock).

Descanse en paz.

(Dos imágenes del paso del tiempo: Richard Todd)

jueves, 26 de noviembre de 2009

GRAN DECEPCIÓN




En la pasada Feria del Libro pude conseguir una edición de la UNAM sobre el actor mexicano David Silva, escrito por el crítico de cine Rafael Aviña y publicado en 2007 bajo el título de David Silva, un campeón de mil rostros. A pesar de conocer de su existencia no lo había encontrado (ni buscado) y al tenerlo pensé que habría un retrato interesante, bien documentado, novedoso, con aportaciones de entrevistas a personas que lo conocieron o dirigieron (claro que, considerando que Silva nació en 1917 y muriera en 1976, aparte que su esposa Paquita Estrada falleció en 1979, sin descendencia directa, habría pocas personas de su tiempo todavía lúcidas o simplemente vivas). Pero... ¡qué decepción!

Aunque el autor es claro en sus fuentes que cita principalmente: una edición especial de la revista Somos dedicada al actor; una entrevista de Ximena Sepúlveda publicada en los Cuadernos de la Cineteca Nacional #2; y la Historia documental del cine mexicano de García Riera, en su segunda edición por la UdeG, uno se encuentra una vida novelada e imaginada en parte ("ese día Paquita Estrada leyó la sección de horóscopos de...") o una recopilación de datos en esas fuentes primarias. Si habla de "La casa del ogro" de Fernando de Fuentes, donde intervino Silva, hace una larga perorata sobre la película, su tiempo, el actor Manuel Tamés, entre otros asuntos, estilo que continuará a lo largo del libro. Se nota cuando no había visto algunas películas y hay casos donde dedica poco espacio a títulos importantes. No obstante hace una descripción de momentos de la desconocida "A la sombra del puente" de Gavaldón y es de los pocos aportes significativos.

Apenas los últimos capítulos traen algunos datos que ya no conocíamos. La selección de fotogramas de sus películas es excelente, aunque no hay fotos personales ni siquiera de su esposa ni algunas informales. Podrá decirse que un público general no posee estas referencias (y a ellos dirigió el libro, como se indica más adelante). Sin embargo, uno esperaría que Aviña hubiera contactado a, por ejemplo, los directores y actores todavía vivos en 2007 de los últimos tiempos de Silva para encontrar datos, claves, anécdotas, cuestiones. Se habla de unos sobrinos que eran considerados como hijos del actor y su esposa: no hay testimonios. El escritor vivía en la Ciudad de México y tenía una beca del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Su prestigio y cualidades como crítico eran para esperar más de él. El libro está muy bien escrito (aunque tiene errores varios de edición), pero nos habla de muchas cosas alrededor de Silva al cual hubiéramos querido conocer mejor como persona. Gran decepción.

Me entero, además, que el libro ganó el premio de la Cámara Editorial como "mejor biografía" y que el autor lo dirigió a "chavos, adolescentes", aunque el precio del libro (con todo que sea UNAM y feria librera) no es accesible. Bueno, pues cada quien con su conciencia y su manera de "hacer libros".

domingo, 1 de noviembre de 2009

NOSTALGIAS DE CINE: EL GRUPO


Luego de muchos años de esperar a que la pasaran por televisión o que la editaran en DVD, finalmente pude conseguir una copia en VHS, usada pero impecable y hasta con "closed caption", a través de uno de los proveedores de Amazon. El grupo (The Group, Sidney Lumet, 1966) fue una película que en sus tiempos se anunció "suggested for mature audiences" (para adultos maduros) porque todavía no se creaba el famoso sistema de clasificación que fue producto de la permisividad temática, debida a la época que se estaba viviendo, obligatoria para un cine norteamericano que tenía que dejar atrás las restricciones en lenguaje, desnudos y hasta la presentación de sexo simulado en pantalla si quería estar a la altura de las cinematografías de otros países y a los cambios en mentalidades, sobre todo de los jóvenes.

Basada en una novela de Mary McCarthy, extraordinaria escritora, mujer avanzada para su tiempo, audaz en sus temas, que presentaba a ocho muchachas de la generación 1933 egresada de Vassar, una universidad femenina, para ironizar sobre la condición de las mujeres y burlarse veladamente del discurso masculino en su efecto contra el sexo opuesto, parecía infilmable por su longitud y la infinidad de situaciones que sucedían a cada una de sus protagonistas. No obstante, gracias a un guión de Sidney Buchman, legendaria figura del cine de Hollywood de la época dorada (colaborador de Capra, Stevens, McCarey, entre otros), quien también fungió como productor, además de la dirección de Sidney Lumet, realizador salido de la televisión en vivo de los años cincuenta, tenemos una versión en imágenes que nunca llega a los niveles prodigiosos y narrativos de la novela, pero cuenta con un reparto de excelencia que corporiza con justicia a sus protagonistas.

Fue el debut de Candice Bergen. La segunda película de Elizabeth Hartman. Y para las otras seis, que ya habían aparecido en teatro, televisión u otras cintas, la posibilidad de un rol estelar. En la foto de conjunto, comenzando con Candice Bergen (sombrero blanco) en la dirección de las manecillas del reloj tenemos a Shirley Knight, Joanna Pettet, Jessica Walter, Kathleen Widdoes, Mary-Robin Redd (con el velo sobre la frente), Elizabeth Hartman y Joan Hackett (las últimas dos ya fallecidas). La crítica de cine Pauline Kael publicó un larguísimo reportaje sobre la filmación de la cinta a la cual aprobó en lo general aunque siempre se le hizo que Lumet le dio un tratamiento de cinta para la televisión. El tiempo demostró la calidad del director. Sobre todo ahora que a sus 85 años nos diera "Antes que el diablo sepa que estás muerto": impecable y apasionante, como "El grupo".

domingo, 18 de octubre de 2009

OTRO TIPO DE CAMBIO


Aquí estamos junto con Refugio Ruiz Díaz (a.k.a. Cuco), quien fuera mi excelente maestro de fisicoquímica (por él la comprendí y se tornó en materia favorita, aparte del análisis químico) en aquellos años de la Facultad de Química (hablo de 1970), y que ahora ha publicado su primera novela dentro del género negro que lleva el título de esta entrada. Me invitó a presentarla en el último día de la Feria del Libro. Está editada por Font y vale la pena: un ingeniero de Piedras Negras viene a Monterrey a resolver un crimen para involucrarse con narcotráfico, lavados de dinero y tráfico de influencias, pero lo más importante recae en la descripción de una realidad urbana, política, social, que es terrible y de la cual parece imposible librarse... Ojalá la consigan, la lean y la disfruten como le pasó a este humilde bloguero...

La presentación será publicada, tal vez, en www.revistapantagruelica.com, según ofrecimiento del Mtro. Xavier Araiza. Estén atentos y espero que al leerla, con mayor razón se animen a acercarse a dicha novela.

Les añado una foto tomada por mi apreciadísimo Fernando Gaona quien asistió al evento y fue tan amable de dejar testimonio visual de este pobre sujeto ya con escasos cabellos pero con la sonrisa constante porque hay que agradecer que tengamos vida: lo demás es accesorio (como los libros que conseguimos en la Feria: maravillas que afectaron al bolsillo pero cuya naturaleza producirá un placer infinito como ¡¡¡el Diario de León Bloy!!!).

También tuve la alegría de reencontrar en esa presentación a Rosy Trejo, esposa del autor, quien fuera mi jefa en Asarco y compañera de idas al teatro, a las muestras de cine y hasta a los antros de esos años (tan diferentes como emocionantes si se les compara con los terribles de ahora). Estuvo el gran (el mejor) actor coahuilense Jesús Valdés y el maestro Javier Treviño Castro, inteligente, insigne, promotor cultural de abolengo. Todos, personas entrañables para mí.

Otro dato: escuche a Fernando Gaona con sus comentarios sobre cine mexicano, los viernes a las seis de la tarde por Radio Nuevo León, AM 1510; también puede verlo en el programa "Ayer y hoy" de TV Nuevo León, esos mismos viernes, más temprano, alrededor de las dos de la tarde.

Ya volveremos con nuestros propios delirios fílmicos en este espacio...

miércoles, 14 de octubre de 2009

UN POCO DE PACIENCIA...


He tenido mucho trabajo...
Voy a presentar un libro este domingo 18 a las 14:30 h en la feria del libro...
Estamos en espera de cosas que pueden suceder...
Un poco de paciencia y les prometo futuras entradas espléndidas y apasionantes...
No me dejen ni me olviden...
Abrazos a todos...

Les pongo una foto maravillosa de "Horizontes de grandeza" (The Big Country) de William Wyler, filmada en 1958, donde aparecen Carroll Baker y Charlton Heston. Fue una producción de United Artists, con un tema musical maravilloso de Jerome Moross.

domingo, 4 de octubre de 2009

EL FIN DE SHEILA



En 1974 se estrenó "El fin de Sheila" (The Last of Sheila, Herbert Ross, 1973) en el Cine Encanto. Fue todo un descubrimiento porque era una película con sentido detectivesco, una buena carga de chistes privados sobre Hollywood y sus personajes (el director venido a menos, el guionista decadente que solamente hace "tratamientos" sobre argumentos originales casado con una millonaria hija de papá, la representante vulgar y promiscua, la estrella sexy y su marido vividor), además de una frescura sin igual, un ritmo frenético y, al final, una canción-tema interpretada por Bette Midler (entonces de moda, muy vigente) llamada "Friends" que venía en su nuevo elepé. Acabo de volver a verla porque me llegó un anhelado DVD: esos disquitos que parecen traer prisionero a un genio enloquecedor dentro de ellos.

Sheila, una columnista de Hollywood, sale enojada de una fiesta, por la madrugada, y se lanza a caminar por las calles del suburbio de Bel Air, en Los Ángeles. Un automóvil que viene a gran velocidad la atropella y la mata. Pasa un año. Su viudo, un sarcástico, cruel y burlón productor (James Coburn), invita a los personajes que previamente les comenté, para conmemorarlo, llevándolos en un viaje por el Mediterráneo en su yate para ir desarrollando un juego que revelará un secreto de cada uno de ellos y que tiene que ver con homosexualidad, cleptomanía, delación (apenas había pasado un cuarto de siglo de la cacería de brujas), pedofilia, entre otras intimidades. Sin embargo, luego de la segunda pista, el anfitrión es asesinado y lo que importará será descubrir quién de los participantes fue el asesino o asesina, muy en el estilo de las novelas de Agatha Christie donde debe encontrarse al culpable dentro de un grupo exacto de sospechosos pero con un sabor contemporáneo (para los fabulosos setentas).

El argumento y guión fue escrito por el compositor y letrista Stephen Sondheim ("Amor sin barreras", "Gypsy", "Compañía") junto con el actor Anthony Perkins ("Psicosis"), quienes eran fanáticos de los juegos de mesa y aportaron su experiencia experta para jugar con esta trama que involucraba a la gente que conocían con la maravillosa inteligencia de aplicar reglas del juego, tradiciones de la novela policiaca, un sentido del humor pleno de frivolidad. Y es que los personajes toman a la muerte como algo que llegará y que no debe afectar sus vidas. Lo importante es la supervivencia porque tienen conciencia del ambiente competitivo y hipócrita dentro del cual se mueven. Más importante: no se toman en serio.

La acción sucede en falsos pueblos costeros y otro viejo falso monasterio de estudio en islas ignotas del Mediterráneo que brindan una atmósfera adecuada y seductora para la trama. La cinta fue filmada en el sur de Francia y en los estudios de Niza (como sucedería ese mismo año con "La noche americana" de Truffaut: otra película que empata dentro del montón de favoritas de 1973). El reparto es con gente entonces joven (o casi) como una bella Raquel Welch (a punto de los setenta años), Dyan Cannon (ahora ochentona), James Mason, Coburn y Joan Hackett (espléndidos pero ya fallecidos) así como un Richard Benjamin y un Ian McShane que eran buenos actores pero sin el "glamour" de Hollywood. Al resolverse la trama, el victimario se torna víctima y vuelve a caer en el infierno del Hollywood que no se ve en las pantallas de cine porque ahí solamente están la gloria y el ensueño: en la realidad es un infierno.

Su realizador fue Herbert Ross, exparticipante del American Ballet Theatre, coreógrafo en Broadway, hasta que en 1969 fue llamado por la MGM para una costosa versión musical de "Adiós Mr. Chips" que había sido llevada a la pantalla en 1939 para que su estrella, Robert Donat, se ganara el Óscar. Aunque no fue el taquillazo que se esperaba, Ross continuó dirigiendo y creando una carrera exquisita y placentera ("Magnolias de acero", "La chica del adiós" o "Footloose" estarían entre sus títulos futuros). Ross tenía la gracia de la ligereza y de la fluidez narrativa: no permitía el aburrimiento ni que el ritmo decayera. "El fin de Sheila" fue su quinta película. Filmaría un total de 24 películas que fueron del éxito al fracaso (muy pocos casos) pero ninguna tiene la calidad de pasiva o indiferente.

Los años setenta fueron de transición para la industria de Hollywood, casi arruinado a finales de la década previa porque el modelo de viejos géneros inflados ya no funcionaba. Ahora venían los directores (Coppola, Friedkin, Bogdanovich) y las cintas con contenido ( "El padrino", "La conversación") o el entretenimiento estilizado ("Luna de papel", "El gran Gatsby", "El exorcista") donde "El fin de Sheila" encaja perfectamente y que fueron las causas del retorno a las salas de públicos que se habían alejado de ellas (y todavía no existían las videocaseteras ni los teléfonos celulares ni tantos aditamentos que ya son puro margallate para los viejitos que disfrutamos cuando fuimos jovencitos con este tipo de películas).

En la foto, de izquiera a derecha: Mason, Welch, Hackett, McShane, Cannon y Benjamin.

sábado, 3 de octubre de 2009

DIABÓLICA TENTACIÓN (Jennifer's Body)



La segunda gran película de terror del año, luego de "Arrástrame al infierno". Una película delirante, escrita por Diablo Cody (la guionista de "Juno"), donde vuelve a aparecer el demonio para transgredir la calma de un pueblo (llamado "Hell's Kettle", que traducen como "La caldera del diablo", cuando debería ser "La caldera del infierno", aunque más bien como "La cafetera del infierno", más adecuado para el tono irónico de la cinta). Una muchacha es ofrecida en sacrifico al demonio, pero no es virgen. Entonces sobrevive con el diablo dentro y debe alimentarse con carne y sangre de humanos. La bella Megan Fox es el monstruo. La rubia Amanda Seyfried (quien fuera la hija de Meryl Streep en la aburrida "Mamma mia" )es la amiga supuestamente "nerd" (aunque no tanto como para tener sexo con su noviecito guapetón) quien tendrá otra transformación y otra perspectiva vital. Todo está dentro del ámbito fantástico y la película no admite medias tintas. Fue dirigida por una realizadora extraordinaria llamada Karyn Kusama ("La gran pelea", "Aeon Flux"). Para mí, es una cinta estupenda, y no deben perder la experiencia. Lean mi comentario extenso en
www.dianagonzalez.com.mx