martes, 1 de diciembre de 2020

LA CIENCIA LIGERA

 

TENET

2020. Dir. Christopher Nolan.

         La cinta inicia en un operativo dentro de la ópera de Kiev para el rescate de una carga de plutonio que resulta ser falsa. El agente responsable es capturado para hacerle confesar quiénes lo han enviado, pero antes de que suceda toma una píldora de veneno que también es falsa. Al despertar, ya que se ha comprobado su lealtad de preferir morir a confesar secretos, es reclutado para una operación llamada Tenet donde se busca afianzar la seguridad mundial. Una científica le muestra al agente una pistola que recupera balas del futuro. Hay un billonario ruso, llamado Sator, quien se ha apoderado de la tecnología para revertir la entropía de la materia, pero alternándola con el tiempo lineal. Su finalidad es conseguir un algoritmo que le permitirá producir una reversión total, o sea, el fin del mundo. Habrá que evitarlo.

         Al realizador Nolan le ha interesado siempre el tema del tiempo o la memoria, y sus paradojas o su relativismo. Desde Memento (2000) e Insomnio (2002) donde la memoria se confundía, ya fuera por cuestión orgánica o por la falta de sueño, para llegar a esa deliciosa obrita maestra que fue El truco final (2006) donde la ciencia permitía la replicación personal para llegar a un espectáculo macabro de magia, y luego caer en las millonarias producciones, grandilocuentes y aparatosas (gracias a sus experiencias, muy taquilleras, con la trilogía del personaje de Batman) donde trató los asuntos que le interesaban. Si algo puede decirse de Nolan, es que es un realizador congruente con las temáticas que le intrigan. De ahí que surgieran El origen (2010) e Interestelar (2014) donde el proceso del sueño o la relatividad del tiempo eran básicos para sus argumentos. Dunkerque (2017) fue otra cinta menor en alcance, soberbia en resultado, pero fiel a sus experimentos temporales. Y ahora llegó Tenet.

         Considerada la película que haría que el público retornara a las salas de cine cuando se levantó parcialmente la restricción de la pandemia (que no parece acabar nunca), tuvo un paso continuo y lento en pantalla hasta que en el mundo ha podido ingresar una buena cantidad de dinero sin alcanzar lo que hubiera sucedido en tiempos de normalidad. Ahora ya puede verse en ciertas plataformas virtuales y habrá que ver si alcanza a recuperar los doscientos millones de dólares que costó, y que se ven en pantalla: el choque y explosión de un verdadero avión 747 (comprado como cascarón, claro), además de múltiples secuencias con efectos especiales que resultan complicados y costosos: alternar un tiempo lineal con otro que corre de manera contraria sin que se note, resulta verdaderamente apantallante.

         Nolan fue lo suficiente y convenientemente listo para poner en boca de la científica (Clémence Poésy), un consejo que le explica al agente cuando le muestra la realidad de las balas recuperadas del futuro “no trates de entenderlo, simplemente siéntelo”, que se puede extrapolar al público lego en teorías científicas. Cuando empieza a mostrarse la alternancia del tiempo lineal contra el revertido, se expresa “lo que ha pasado, ya pasó”, como indicando que no puede provocarse una diferencia en el futuro que altere al presente. Y se menciona a la paradoja del abuelo donde se menciona que si alguien viaja al pasado para matar a su abuelo, él mismo no tendría existencia porque eliminó a su origen, que no se puede explicar porque es una paradoja teórica y que, obviamente, nadie ha podido comprobar, sólo reflexionarla a través de la lógica y la razón.

         Y eso pasa con Tenet: es un espectáculo brillantemente concebido y realizado pero que se mueve, como en El origen bajo la libertad absoluta. Todo puede suceder porque es una narrativa, un cuento, un juego temporal. Nolan disfruta con sus propias elucubraciones, producto de sus obsesiones, y provoca un sinfín de interpretaciones y cuestionamientos a sus espectadores. En realidad, es un entretenimiento de acción que ofrece muchas interrogantes pero que se gozan libremente. Sólo resultará ser un martirio para quienes se la tomen en serio queriendo discutir sobre la trascendencia o importancia de las tesis científicas: de seguro, las personas doctas en estos menesteres se han de aburrir ante su ligereza. Lo que debe reconocerse a Nolan es que no deja cabos sueltos ni en forma ni en fondo. Todos los personajes tienen un lugar en la trama y se justifican plenamente.

         Por otro lado, uno puede seguir las instrucciones de la científica que nos aconseja “sentir” lo que vemos sin comprenderlo, pero al final de cuentas estamos ante una película muy bien hecha, apabullante, que no posee calidez. Las relaciones entre los personajes son distantes. Todos actúan de manera mecánica, llevando a cabo sus misiones directamente, sin dar lugar a alguna emoción o sentimiento entre ellos. Es notoria la necesidad de mostrar el espectáculo, la violencia, las explosiones, los trucos de la imagen, como fórmula a seguir. Eso nunca falta en las cintas con James Bond, por ejemplo (con todo y lo oscuras que han sido las últimas entregas).

 El irregular director Christopher Nolan

        

domingo, 15 de noviembre de 2020

EL DESORDEN SOCIAL

 

GREENLAND: EL DÍA DEL FIN DEL MUNDO

(Greenland)

2020. Dir. Ric Roman Waugh.

         Se anuncia el paso del inmenso cometa Clarke, tan cerca de la tierra, que podrá verse día y noche a simple vista. De esto se entera el constructor John Garrity (Gerard Butler) cuando regresa a su casa de la cual se ha alejado por un problema con su esposa Allison (Morena Baccarin), ya que cumplirá años su hijo pequeño Nathan (Roger Dale Floyd). Recibe en su celular una alerta de emergencia donde se le avisa que su familia ha sido seleccionada para ir a búnkers especiales. Al principio no lo entiende, ni puede creer, pero el mensaje se repite sobre su pantalla en casa provocando el desaliento de los invitados a la fiesta de cumpleaños infantil, ya que en ese momento ocurre una terrible onda de energía debida a la caída de un gran fragmento del cometa en el otro extremo del continente. John, esposa e hijo se preparan para ir a tomar un avión que los transportará a su refugio y ahí comenzarán sus desventuras. Es que el cometa es destructor de planetas y proviene de otro sistema solar.

         La dupla Butler-Waugh se repite luego de la exitosa Angel bajo fuego (2019) en una cinta planeada y filmada antes de la pandemia. Curiosamente, cuando uno podría pensar que este tipo de cintas sobre desastres no son adecuadas para nuestros tiempos difíciles, resultan ser complemento y comentario. La película muestra el desorden público cuando se suscita una emergencia nacional, así como el vandalismo y destrucción. Los que no han sido llamados y no creen en la noticia ni en la inminente destrucción festejan, beben y maldicen al fenómeno. Cuando comienzan a caer los petardos desde el cielo (como bombas durante una guerra), la impotencia es rampante. Hay que buscar un techo que quizás salve. La tecnología falla y todo pierde sentido. Se muestran autos abandonados, casas sin gente, objetos que en la normalidad son queridos y propios dejan de tener valor para cualquiera porque su dueño ya no está presente, disfrutándolos. (Y en sentido opuesto, el suegro de John, interpretado por un anciano Scott Glenn, prefiere morirse en su casa, su origen y sentido de la felicidad). Estamos ante una alegoría de la vida misma: todo lo material es transitorio.

         La película es truculenta, obviamente. Como toda cinta del género, los espacios geográficos se tornan cómodos y ajustables para la pérdida y reencuentro de personajes. La odisea posible ya no sigue su curso: debe tener desviaciones para llegar a un final que se anuncia y se espera. El tema de la familia es primordial y se defiende la unidad: a la hora final no importan infidelidades ni enojos. Cualquier acción se torna válida con tal de sobrevivir y llegar a la reunión. En este caso, John se enfrentará directamente a la violencia y al crimen. Allison, a la estupidez humana. El pequeño Nathan, dentro de su inocencia y fiel a los valores aprendidos, no miente y es lo que ofrece una solución parcial a su persona. Sin haber sido pensada para el coronavirus, pueden extrapolarse sus causas y efectos, así como las consecuencias para la pesadilla en la que estamos inmersos. No se piense en una gran película (pierde ritmo en ocasiones, la duración es mayor de lo que debería, sus actos son forzados), pero ¡qué bien refleja al comportamiento social!, ¡cómo podemos pensarla y extrapolarla hacia nuestra coronavirulenta realidad!

El extraordinario Scott Glenn, aparece como suegro de Butler

Nota: el título “Greenland” se refiera a Groenlandia: lugar donde estarían los refugios para los sobrevivientes elegidos.

  El director Ric Roman Waugh

          

domingo, 8 de noviembre de 2020

EN MEDIO DE LA PANDEMIA

 

LOS NUEVOS MUTANTES

(The New Mutants)

2017 – 2020. Dir. Josh Boone.

         Dani Moonstar (Blu Hunt) escapa junto con su padre de lo que aparentemente es un tornado. La lleva al bosque y le pide que ahí permanezca para salvarse pero ella desobedece las órdenes, queda envuelta por el desorden que la rodea y luego despierta encadenada a una cama de lo que parece ser un hospital. Llega la Dra. Reyes (Alice Braga) quien le explica que se encuentra en un hogar para jóvenes seres mutantes que apenas empiezan el aprendizaje para dominar sus poderes. Más adelante conoce a otros cuatro compañeros: la escocesa Rahne, que puede convertirse en lobo; la rusa Illyana cuyo brazo se extiende en espada flamígera y puede desaparecer; el provinciano Sam quien vuela a altísima velocidad; y el brasileño Berto, que puede controlar la energía solar. Al principio, Illyana será la única rebelde contraria a Dani, de la que no se sabe todavía nada. La propia doctora es mutante que puede crear campos magnéticos: es la forma en que evita que los jóvenes escapen del lugar.

         Filmada a mediados de 2017, la cinta fue retrasando su estreno por diversos motivos, siendo los más pesados la fusión de Disney con los Estudios Fox y, posteriormente, la pandemia global. De hecho, fue de los primeros títulos estrenados durante la reapertura de salas de cine en el mundo. El objetivo principal era darle otro punto de salida a esta franquicia de los Estudios Marvel, pero tampoco ayudó el hecho de que la última entrega de la serie original (Dark Phoenix) fuera un estrepitoso fracaso. El elenco de esta película ya no representa la edad de los años en que fuera filmada y, por ejemplo, la actriz Anya Taylor-Joy (que interpreta a Illyana) ya ha alcanzado el estrellato (sobre todo por Emma, la más reciente adaptación de la novela de Austen, que puede verse en plataformas diversas).

         Y es que la película se aleja del ámbito en el cual ocurren las aventuras de los súper héroes, además de ofrecer el lado oscuro de sus personajes. Su premisa parte de los miedos personales. El hecho de que estos jóvenes no puedan dominar sus cualidades debido a que fueron la causa de sus pasadas desgracias (Berto quemó a su novia, Sam mató a su padre y otros compañeros, etc.) le imparte a la cinta una atmósfera de terror. Cuando se empiezan a desvelar los poderes de Dani, uno se entera de que logra materializar esos miedos. Y, por supuesto, las amenazas devienen retos para terminarlas. La película mantiene un ritmo favorable, pero su alcance no logra satisfacer a los fanáticos de estas franquicias, además de que tampoco sigue al pie de la letra las aventuras plasmadas en las historietas.

         Se puede destacar que todo el reparto es atractivo (conformado por actores que se habían consolidado a través de series de televisión) y que el suspenso para conocer la realidad detrás del personaje más destacado, además de las verdaderas intenciones de dicho lugar, se mantiene en buen nivel. Por otro lado, la diversidad cultural se respeta, a pesar de que se filmó cuando todavía no se llegaba a las absurdas reglas fílmicas actuales. Dani es nativa norteamericana y se privilegia más que nada a los latinos. Una situación que debe destacarse es que se haya introducido la naciente relación lésbica entre Dani y Rahne que se trata sin reservas. Una leyenda de los nativos americanos abre y cierra la película: nos habla, con metáfora, del bien y el mal que existen dentro de toda persona.

El director Josh Boone



lunes, 9 de marzo de 2020

PELÍCULA INDULGENTE


HONEY BOY: UN NIÑO ENCANTADOR
(Honey Boy)
2019. Dir. Alma Ha´rel.

            Esta película fue escrita por Shia LaBeouf como un ejercicio terapéutico para librarse de sus demonios acerca de la relación con su padre. Narrada en dos tiempos: 1995, cuando el niño Otis (alter ego del actor) tiene doce años, es actor emergente en la televisión, y vive con su padre James en un motel californiano; y 2005 cuando ya Otis, en su primera juventud, debe pasar por otro de tantos tratamientos de rehabilitación, en este caso sobre manejo de la ira. Otis niño tiene a su padre, alcohólico y drogadicto en recuperación, como representante. Es un tipo abusivo que le grita y somete. Otis, ya mayor, más consolidado como actor, vive las consecuencias de esa relación durante su niñez. La cinta nos muestra tanto la génesis de un daño emocional y afectivo, como el proceso de exorcismo para alcanzar redención.
            Uno como espectador comprende que los antecedentes personales de James, que nunca son expresados abiertamente sino que se sugieren por mínimos comentarios (pelear en la guerra, la cercanía hacia las drogas) no le daban gran capacidad para comprender el significado y la atención hacia un menor. La madre sólo está presente en la distancia. A pesar de la cercanía con el hijo, James resiente y teme a que encuentre otra figura paterna, como ocurre con Tom (Clifford Collins Jr.), miembro del programa de “hermano mayor”, con el cual Otis se refugia… En el caso de Otis adulto está la rebeldía, el enojo ante la incompetencia y el abuso, recibido de manera callada, por el padre, aparte de que las demostraciones de afecto eran sobre agresiones a lo que él consideraba cálido (la jovencita de la cual se enamora, el hermano mayor rechazado, el pleito perenne con la madre).
Dulce y extraordinario Noah Jupe
            No obstante, la cinta se siente más indulgente que redentora, más autocomplaciente que liberadora. Al mismo tiempo que se condena a un padre cuya conducta era tóxica, se le rinde tributo (en los créditos finales hay fotografías de Shia y su padre, en la vida real). Una última secuencia muestra a Otis joven llevando a James en su motocicleta y a la siguiente escena, va solitario. Es esta ambigüedad y ligereza lo que no convence en cuanto al discurso de denuncia y supuesta liberación. Sin embargo, la gran cualidad de la película reside en el dulce Noah Jupe, una de las mayores revelaciones infantiles de la década pasada: al mismo tiempo que fuerza, presenta fragilidad. Hay toda una gama de emociones que logra transmitir y con las cuales desgarra al espectador. Por cuestiones de sensibilidad política (tenía 13 años al filmar esta cinta), solamente se insinúa la relación carnal con la chica que se torna en su refugio sentimental, con una carga erótica inocente. Él es la razón principal por ver una cinta que en su totalidad resulta mediana.







martes, 3 de marzo de 2020

FALSO PERFIL


NO SOY QUIEN CREES
(Celle que vous croyez)
2019. Dir. Safy Nebbou.
         Claire (Juliette Binoche), una profesora de literatura francesa, divorciada, madre de dos hijos, que ha llegado a los 50 años, acude con la psiquiatra Catherine (Nicole Garcia) para contarle su caso. Luego de que fuera cortada por su amante Ludo (Guillaume Gouix), decide crear un perfil falso en Facebook: será Clara, mujer de 24 años, quien será lo suficientemente atrayente para seducir a Alex (François Civil), amigo de Ludo, con la finalidad de acercarse a él. Lo que sucede es que comienza una relación a distancia donde el joven enloquecerá de deseo, llegando al sexo por teléfono. Todo se saldrá de control por lo que Claire decide terminar con esta aventura. Sus consecuencias y derivaciones serán inesperadas.
         Imposible contar lo que sigue sin echar a perder la sorpresa y el juego narrativo. Lo más importante en esta relación será la pasión ascendente: Claire irá creciendo en nivel y tensión, jugando con una identidad falsa que podrá considerarse perversa al manipular el sentimiento de una posible y fiel pareja. Lo que inicia como una forma de venganza indirecta (Alex es quien contesta a una llamada que Claire hace a Ludo, negándolo y cortando la comunicación) se torna en la construcción de una pareja amorosa. Claire se transforma y baila, ríe, ofrece sus clases con brío, hablando de Marguerite Duras, como mujer que de pronto se vio envejecida pero carnal, o habla de Choderlos de Laclós hecho preso por su famosa novela epistolar, y establece que Nora toma conciencia de sí misma y de ahí su rebeldía en “Casa de muñecas”.
         Paralelamente, su relación con Catherine se vuelve dependiente y requiere de reforzamiento, del descubrimiento de que ella, como mujer, también quisiera sentirse joven, vivir su experiencia. Lo que logra es que luego de una inesperada revelación, escriba (y seamos testigos) de lo que pudo ser, de otro curso en el camino de la creación amorosa. Claire se confronta con Clara como rival. Y todavía habrá otra vuelta de tuerca narrativa para que sepamos que ciertos sueños siempre permanecerán en ese estado: nunca se tornarán realidad, el tiempo nos limita. La cinta es muy rica en situaciones y complejidades en sus personajes, aparte de que su desarrollo atrapa y envuelve. Juliette Binoche es una delicia y demuestra su gran calidad actoral con cada gesto, mirada, intención en su diálogo.
Safy Nebbou, director

domingo, 1 de marzo de 2020

EL TERROR ÓPTICO


EL HOMBRE INVISIBLE
(The Invisible Man)
2020. Dir. Leigh Whannell.
         Cecilia (Elisabeth Moss) escapa de su casa inteligente donde hay cámaras por todas partes. Huye de un marido controlador y cruel, Adrian Griffin (Oliver Jackson-Cohen). Se refugia en la casa de su amigo James (Aldis Hodge) quien vive con su hija adolescente Sydney (Storm Reid). Pasan dos semanas y Cecilia no quiere salir ni a recoger la correspondencia en el buzón. Se siente acosada. Su cuñado Tom (Michael Dorman) la cita para informarle que Adrian se ha suicidado y le ha heredado una buena suma de dinero. Sin embargo, a pesar de que ve las fotos del cadáver de su esposo, Cecilia sigue percibiendo una presencia a su alrededor y no cree que Griffin haya muerto.
         Sin tomar en cuenta la novela de H.G. Wells escrita en 1897, ni la cinta de James Whale filmada en 1933 y adaptada a su tiempo presente, solamente utilizando como apellido el Griffin, que era el mismo del personaje de la novela mencionada, el autor completo Whannell nos entrega su tercera película que deviene purísimo cine de terror que se sostiene gracias a miradas, sugerencias, cámaras que se fijan en paredes o ventanas o muebles. Cecilia mezcla su delirio de persecución debido al terror que le ha impuesto su marido con los hechos extraños que está segura de no haber cometido (el envío de un correo electrónico ofensivo, el olvido de su portafolio artístico) y su seguridad de que no ha enloquecido, algo que parece evidente a sus seres cercanos, hasta que ella lo comprueba en carne propia, pero en solitario, teniendo solamente al público como testigo lejano.
         El personaje original (de novela y cinta primitiva) era un científico que había descubierto la calidad de la invisibilidad (gracias a un cambio en la refracción de la luz) aunque bajo el efecto secundario de la creciente pérdida de la razón. En este caso, Adrian Griffin es un magnate de la electrónica, experto en óptica, por lo que su logro se convierte en una extensión de su sentido controlador. Cecilia comprende la amplitud de posibilidades que había a su alcance para poder estar enterado de todo lo que hacía. Ahora, en la versión de Whannell, es la sinrazón de los celos y el control. Además, transforma a la víctima en mujer para lograr su redención y clamar por cierta justicia acorde con el discurso feminista usual, aunque sin caer en el panfleto (como sucedió con la estupidísima Mujercitas de la Gerwig), gracias a un satisfactorio equilibrio y a una estupenda actuación de la Moss, casi siempre en pantalla, quien logra transmitir su desesperación aunque siempre la constante seguridad de su lucidez.
         La cinta nos habla de la tecnología con sus terribles consecuencias como arma de dos filos: algo que beneficiaría a la humanidad sería fatal al utilizarse para fines siniestros. Y esa es otra de las grandes cualidades de la cinta porque primero se sostiene en el aditamento electrónico para luego entrar al manejo del suspenso en el espectador. Una cinta extraordinaria porque sabe utilizar los elementos básicos del terror para ofrecer una lectura de la perversión tecnológica en estos tiempos avanzados, lejanos de las fantasías que soñaban proféticamente Verne y Wells, entre otros.
         La Universal ha querido replantear a sus “monstruos” del pasado en tiempos actuales sin lograrlo: Tanto La momia (The Mummy, Alex Kurtzman, 2017) como El hombre lobo (The Wolfman, Joe Johnston, 2010) resultaron fracasos. Por fin, gracias a uno de los grandes cultivadores del género del terror contemporáneo (Whannell fue colaborador del genial James Wan y por su cuenta ha mostrado su genio). No puedo dejar de mencionar que en el cine mexicano, gracias a efectos especiales primitivos, tuvimos un acercamiento serio al personaje (El hombre que logró ser invisible, 1957, Alfredo B. Crevenna), versión adaptada a suelo mexicano con Arturo de Córdova como el científico que enloquecía. A nivel más bajo está El asesino invisible (René Cardona, 1964) que marcó el debut de Jorge Rivero en el cine; pero a nivel ínfimo, con guión de Chespirito está Los invisibles (Jaime Salvador, 1961) con Viruta y Capulina (el grado cero del humor).
Leigh Whannell dirigiendo a Elisabeth Moss


        

sábado, 29 de febrero de 2020

PRIMERO, EL HONOR


EL ACUSADO Y EL ESPÍA
(J’Accuse)
2019. Dir. Roman Polanski.
         En 1894, el capitán francés Alfred Dreyfus fue acusado de espía para Alemania, considerado traidor y enviado con cadena perpetua a la Isla del Diablo. El oficial Georges Picquart (Jean Dujardin, extraordinario) ocupa el cargo de inteligencia militar para justificar y complementar el expediente de Dreyfus, pero se empieza a dar cuenta de que hay algo turbio en la condena de Dreyfus. A pesar de que él mismo es antisemita y no acepta al acusado, prefiere investigar y ponerse del lado de la justicia, porque por encima de todo se encuentra el honor y la verdad. Así, pasarán unos años antes de que pueda haber alguna aclaración.
Un extraordinario Jean Dujardin
que ha demostrado su calidad
a pesar del Óscar y de la truculenta "El artista"
         Utilizando un asunto de la vida real, el maestro Polanski analiza temas que se han vuelto muy vigentes en los últimos años: la manipulación de la mentira, además de las falsas acusaciones, las condenas inmediatas por parte de la sociedad, el racismo feroz. El caso Dreyfus fue muy sonado porque puso en evidencia el antisemitismo, tendencia y actitud de gran hostilidad hacia la raza judía, que alcanzaría su cenit durante la Segunda Guerra Mundial. El título original se refiere al artículo que el escritor Emile Zolá publicó en el diario “La aurora”, donde acusaba a militares y otras personalidades como farsantes y deshonestos. Llevado a juicio, fue acusado por difamación y condenado a un año de prisión. Todo su discurso volvería a exonerarse dentro de un tiempo.
Dreyfus (Louis Garrel), izquierda.
         Polanski se regodea con el personaje de Picquart, que se vuelve protagonista principal en esta narrativa. Personaje complejo cuya situación personal y política no presentaba problema alguno, pero quien decidió buscar la verdad  anteponiéndola a sus propios prejuicios, ventajas y limitaciones, demostrando así gran respeto a la dignidad humana. Pasarán años y habrá muchas acciones temerarias para alcanzar su objetivo. En contraste, los demás oficiales se presentan como fríos y despreciables. Amparados en la “etiqueta” del honor militar que, desgraciadamente, ha sido pisoteado por errores e intereses particulares, escuden sus ocultas perversiones, odios y defectos. Cuando se expresa que no es posible que la gente desconfíe de quienes representan al honor militar, uno tiembla y se enoja ante la corrupción rampante y tantos ejemplares que son modelos perfectos para todo lo contrario a la rectitud.
Zola, en el juicio (André Marcon)
         Polanski, acusado de violación en 1977, y luego de un largo juicio, e instancias legales (donde la misma víctima quiso retirar los cargos sin que se le permitiera), tuvo que radicar en Francia desde donde ha filmado sus siguientes obras maestras. En 2002 tuvo su gran éxito con El pianista que le llevó a ganar un Óscar como mejor director (para que luego la Academia, en su afán político, lo expulsara de la misma) para demostrar que el hombre y el artista son diversos: no puede juzgarse a uno como ser humano junto con su obra. Una carrera cimentada desde los inicios en calidad y talento no puede negarse de ninguna manera.
El caso Dreyfus (Mèliés, 1899)
¡Yo acuso! (Ferrer, 1958)
Prisioneros del honor (Russell, 1991)
El acusado y el espía (Polanski, 2019)
         El asunto de esta película ya había sido filmado por Georges Mèliés desde el aspecto documental, en varios cortos de un minuto, en 1899 (L’affaire Dreyfus), cuando Dreyfus fue retornado a Francia para su nuevo juicio. Posteriormente, en 1958, el actor José Ferrer dirigió y actuó en la producción británica de la MGM, Yo acuso donde se centraba en el propio oficial condenado. En 1991, Ken Russell filmó Prisionero del honor, cinta para la televisión donde Richard Dreyfuss interpretaba al Coronel Picquart. Con un elenco de primera categoría, Polanski nos ofrece su vigesimotercer largometraje para hablarnos de la intolerancia y la injusticia como elementos que han sido fatales para la humanidad y que él los ha vivido en carne propia.
El maestro Polanski dirigiendo a Dujardin...


        

miércoles, 26 de febrero de 2020

INSPIRACIÓN PARA CREAR Y COMPARTIR


VARDA POR AGNÈS
(Varda par Agnès)
2019. Dir. Agnès Varda.

            Agnès Varda era consciente de su mortalidad desde que estaba a punto de cumplir los ochenta años. De ahí que se tomara el tiempo para ir cerrando inquietudes personales en cuanto a su trabajo artístico o estableciendo un testamento visual. Varda por Agnès se presentó en el Festival de Berlín en febrero del 2019 y a finales de marzo, un mes más tarde, falleció por cáncer. Ella bromeaba acerca del hecho que por la edad recibía premios por toda una vida de filmar a pesar de que sus películas no fueron taquilleras ni ella era digna de crédito financiero. Fue declarada “la abuela de la nueva ola” porque inició su carrera con un largometraje (La Pointe courte) en 1954 que ya predecía las formas narrativas y los procesos de filmación que sus sucesores utilizarían para sus propias creaciones: locaciones, blanco y negro, 16 mm (en ocasiones), actores jóvenes, historias con personajes de carne y hueso donde la esencia del ser humano era indispensable.
Varda mirando por la cámara de 16 mm,
mientras filma su primer película
            Varda por Agnès viene a ser un resumen de esa carrera, en sus propias palabras. Sentada frente a un público en una sala de teatro, Varda rememora lo que ha hecho y que se resume en tres palabras: Inspiración, para aclarar y aterrizar lo que se quiere hacer y decir; Creación, donde se incluye la forma para conseguirlo y los pasos para que se lograra; Compartir, porque nada tiene sentido si no sirve para hablar de algo o alguien y mostrárselo a otros para que guíe, aleccione, defina, complemente, explique sus acciones y circunstancias. Con imágenes de sus películas: largometrajes o cortos, ya sean de ficción o documentales, colocándolas en los contextos de espacio y tiempo diversos, o la referencia (tanto visual como oral) de su trabajo como artista visual (instalaciones y exposiciones o recursos que fueron efímeros, pero que dieron sustancia a sus documentales), Varda nos muestra cómo su trabajo se tornó en parte de vida… o viceversa.
             Demasiado plena de detalles, imágenes e historia personal o colectiva, Varda por Agnès es una herencia intelectual que las nuevas generaciones deben atesorar para que a su vez se inspiren, realicen sus propias creaciones y sirvan para compartir y mejorar a este mundo cada día más caótico. Obligatoria.
Con la cámara digital
en su última película


martes, 25 de febrero de 2020

DESCUBRIR LA ESENCIA


EL LLAMADO SALVAJE
(The Call of the Wild)
2020. Dir. Chris Sanders.
         Buck es una mezcla de inmenso y torpe San Bernardo y Pastor Inglés que vive mimado en la casa del juez Miller (Bradley Whitford) en California. Cierta noche es robado para venderlo como perro de trineo en Alaska donde se necesitan ejemplares fuertes y grandes. De esta manera, Buck pasa de la comodidad a la dureza de algo que nunca ha hecho previamente. No obstante, su nuevo dueño, el cartero Perrault (Omar Sy) quien cubre una ruta de 800 millas en el helado norte, junto con su esposa Françoise (Cara Gee), es amable y se irá dando cuenta del valor del perro, sobre todo cuando éste va haciendo méritos que despertarán el enojo del perro líder de la jauría, Spitz, un Husky Siberiano, al cual derrotará en una pelea. Todo va bien hasta que la ruta se cancela debido a la llegada del telégrafo, por lo que Buck pasará a otras manos, tortura y posterior alegría.
El buen Perrault (Omar Sy)
La nueva vida de Buck
         No es conveniente contar toda la trama que, en este caso, se vuelve más fiel a la novela original de Jack London en que está basada. De cualquier manera, pensando en una cinta familiar, se diluyó la violencia que se muestra discretamente, además de sugerirse. Lo más importante es que se mantiene el espíritu original de la tesis darwinista de London donde el instinto natural es pasado por el material genético. Buck piensa en la supervivencia del más fuerte, utiliza su sentido de lealtad hacia su equipo y semejantes, aparte de sentirse poderoso. Cuando llegue, más adelante, hacia los valles del Yukón donde viven los lobos, se sentirá en familia. En su rudo camino de aprendizaje se le ha aparecido su esencia en forma de un inmenso y poderoso lobo que le guía instintivamente. Buck, en la novela, mantendrá el recuerdo de Jack Thornton (Harrison Ford), su último y protector amo que tendrá un triste final, aparte de reintegrarse con la manada cánida que le corresponde.
Descubrir la esencia

         La cinta utiliza una mezcla de efectos digitales creados por computadora con acción viva. Buck fue generado para que pudiera ser el personaje principal, aquel que el narrador de la novela iba explicando para que se le leyera como animal que entendía los sucesos a su alrededor, las reacciones de los demás. Con la fotografía impactante de Janusz Kaminski, quien ha sido colaborador múltiple de Spielberg (La lista de Schindler o Rescatando al soldado Ryan), el realizador Sanders, especializado en animación previamente  (Cómo entrenar a tu dragón) nos ofrece un espectáculo visual pleno de auroras boreales, lagos helados, avalanchas de nieve. Una película que nos habla del encuentro con nuestro destino, nuestra esencia, nuestra supervivencia.

1935 - 2020
2020
Antes de 1935

Nota curiosa: Con esta película Disney, nueva propietaria de lo que era la 20th Century-Fox, ha despojado de la palabra Fox al vetusto logotipo que ahora es 20th Century Studios. Casualmente, una versión de esta misma novela (muy alejada de la narración original) titulada, erróneamente, en español “Un grito en la selva” (cuando el panorama era el hielo y la montaña) filmada en 1935 y con Clark Gable, fue la última que llevó el logotipo de 20th Century Pictures, Inc. antes de la fusión con Fox Films para convertirse en la conocida marca que vimos en infinidad de películas: una triste destrucción de nuestro pasado por el poderío económico...