jueves, 22 de diciembre de 2011

DIABLO PANZÓN


PASTORELA
2009. Dir. Emilio Portes.


Chucho (Joaquín Cosío) es un agente judicial que siempre ha interpretado al Diablo en la pastorela de su iglesia. La muerte del sacerdote titular trae consigo el nombramiento de un nuevo párroco, Edmundo (Carlos Cobos), que hace cambios radicales: ahora será un compadre del judicial, Bulmaro (Eduardo España), quien personifique al ser infernal lo que produce un desequilibrio en las tradiciones de la comunidad. Una confusión hace que Bulmaro sea considerado como el asesino de un subprocurador, lo que lleva a que sean encarcelados muchas personas vestidas como diablos, y un exorcismo no terminado de Edmundo, hace que el demonio que poseía a su víctima (un desaprovechado Héctor Jiménez) quede suelto para llegar a un final excesivo.

El segundo largometraje de Emilio Portes (Conozca la cabeza de Juan Pérez, 2004) quiere ser transgresor en una época cuando los límites de honestidad y moralidad, y todo aquello que podría ser atacado, han sido rebasados hasta el cansancio (y el público que se escandalizaría no va a ver este tipo de películas: ellos ven El gran milagro). Tiene el mismo defecto que su ópera prima: la comicidad deriva de verborrea y palabrotas más que de situaciones y sugerencias. Los personajes son estereotipados: la monja que fornica con el sacerdote, fuma y es tan corrupta como los personajes que representan a la iglesia; los judiciales que torturan a sus víctimas mientras hablan de otros asuntos. Lo que se presenta como novedoso es la repetición de las mismas fórmulas en esfuerzos que terminan yendo contra sí mismos con el afán de conseguir la atención de un público que ya no ve cine mexicano. Uno ya no cree en este tipo de denuncia social por medio del cine, ni siquiera a través de la comicidad.

El reparto tiene a varios de los actores probados en teatro (y otras películas) que, por desgracia, han caído en el estereotipo, pero ya sin el carisma ni el misterio del sistema estelar de antaño cuando se aceptaba en verdaderas personalidades. Joaquín Cosio es el eterno violento; Ana Serradilla es la puta constante; Carlos Cobos y Eduardo España son los pequeños seres con voces chillonas.

Pastorela es otro de los grandísimo fracasos del cine nacional estrenado en 2011 y otro énfasis en realizadores que "hacen" cine en lugar de "vivir" y "amar" al cine como este Emilio Portes, bisnieto del expresidente Emilio Portes Gil (quien en su tiempo confesó públicamente ser creyente: ahora llega su "irreverente" descendiente). Se equipara con Tequila (Sánchez Suárez, 2010) al ser producciones millonarias que desean recuperar géneros cuando el tiempo y la distancia (además de Hollywood) los han destrozado para los nuevos espectadores. Tenemos una cinematografía desechable (salvo honrosas, humildes y menos pretenciosas producciones): úsese y tírese, no hay mayor valor ni trascendencia.

lunes, 19 de diciembre de 2011

FAMILIAS DE ARTISTAS


VÍCTOR MANUEL “GÜERO” CASTRO
(1924 – 2011)


El reciente fallecimiento del “Güero” Castro pone en evidencia y nos recuerda lo que eran las dinastías artísticas de antaño (independientemente del tipo de arte que se desee: en este caso, me refiero a lo popular) que iniciaban por la compañía de opereta y zarzuela, la carpa, el teatro "serio" o de revista, para luego ir, si acaso, posicionándose en el cabaret, la radio o el cine. Padres a hijos que se heredaban una forma de vivir porque se sentían atraídos a la profesión familiar y, si tenían el talento (o la gracia; y en muchos casos, como sucede actualmente, el padrino, la madrina o el azar), ser extensión natural de ellos. El caso más evidente es el de los Soler con calidad uniforme y el teatro prestigioso como base común.

Eduardo Arozamena (1877 – 1951) conocido como “El nanche”
fue cantante y se distinguió como barítono. Apareció en el incipiente cine mexicano silente en la película La soñadora (que codirigió con Enrique Rosas en 1917) y aparte de estar en los escenarios teatrales viajó a Hollywood donde participó en, por ejemplo, la versión hispana de Drácula (Melford, 1931)
interpretando el rol del profesor Van Helsing. De vuelta a México, inició una larga carrera con roles secundarios en el cine mexicano hasta el año de su muerte. Don Eduardo se casó con la tiple Clemencia Sánchez, con la cual tuvo seis hijos, todos dedicados al arte de alguna u otra forma: entre ellos a Juan (autor de “Las chiapanecas”), Lupe (actriz y bailarina) y Amparo, la menor (distinguida como versátil actriz, aunque más encaminada hacia la comedia).

Manuel Castro Padilla (1890 – 1940) fue compositor. Según la "Enciclopedia de México" estudió con maestros particulares y en 1918 tuvo gran éxito con la revista musical “La tierra de los volcanes” para Roberto Soto, apodado “El panzón” (y padre del futuro cómico “Mantequilla”). Casó con la bailarina Guadalupe Arozamena (1904 – 1997) a la cual abandonó cuando estaba embarazada del que sería su único hijo, aunque con el paso del tiempo se reconciliaron y el niño volvió a su lado. Castro Padilla fue todo un personaje que, según narra el maestro Silvino Jaramillo, usaba fragmentos de obras clásicas en sus arreglos. Organizó un festejo en conmemoración del centenario de la consumación de la independencia y fue el responsable de los fondos musicales de películas como El compadre Mendoza , Sor Juana Inés de la Cruz o Águila o sol, entre otras. En 1940 fue asesinado porque “ofendió” a unos líderes sindicales en una de sus revistas musicales paródicas.

Víctor Manuel “Güero” Castro
fue ese hijo de Manuel y Guadalupe. Tenía apenas dieciséis años cuando muere su padre por lo que dejó sus planes de estudiar una carrera. Entró, entonces, a trabajar para el sostenimiento de su familia. Fue bailarín (se le puede ver como comparsa en algunas de las películas con Rosa Carmina, Meche Barba o Ninón Sevilla) hasta que comenzó a tener participaciones pequeñas en algunas películas. Mientras tanto, era el teatro y la televisión (sobre todo; lo recuerdo en muchos programas cómicos de antaño) donde se encontraba con más facilidad. Fue cuando inició su carrera como escritor o guionista. En teatro sobresalió por obras picarescas y audaces para su tiempo y fue precisamente Las ficheras que pasó al cine como Bellas de noche (Delgado, 1974 para crear un subgénero derivado del cine de cabaret y perdición propiciado por Cinematográfica Calderón desde los años cuarenta.

Su “trancazo comercial” como director fue con La pulquería (1980)
exitosísima variante que se conoció como “sexycomedia” con elementos fantásticos (el diablo llegaba a la tierra para que un suicida potencial le enseñara el significado del amor a cambio de curarle la impotencia sexual) sin dejar de lado albures, palabrotas y desnudos femeninos. A partir de ahí vinieron secuelas, otros éxitos, hasta que el género (con el cine mexicano total) cayó en la decadencia. Ya no era el cabaret con sus muchachas sino diversificaciones: Macho que ladra no muerde, El mofles, Los plomeros, Dos camioneros con suerte. En 1991 intentó una cinta “seria” (repitiendo el argumento de los melodramas Noche de ronda, Cortázar, 1942 y La mesera del café del puerto, Orol, 1954) llamada Noches de ronda (Bolero) cuando el cine nacional ya no tenía remedio. Una gran curiosidad que debe destacarse es que la cinta con la cual debutó: Sexo contra sexo (1980) ha sido el último título en la filmografía de ¡Sara García!

Hasta 2007 no dejó de escribir, producir y dirigir “videohomes” que seguían la corriente del albur, el chiste con doble sentido, los desnudos femeninos y repartos con tanta estrella que apoyó y llevó a la fama: Alberto Rojas, Rafael Inclán, Alfonso Zayas entre tantos. El “Güero” Castro será objeto de valorización dentro de la picardía mexicana dentro de la cultura popular del siglo XX. Su trabajo como actor fuera de este género (películas con Clavillazo, Tin Tan, Piporro, aunque en roles pequeños) es harina de otro costal: los actores secundarios nacionales. El tiempo cambia todo con la nostalgia. Lo que fue vulgar en un momento se ha tornado entrañable: sucedió con Tin Tan y Resortes, por ejemplo (o la música grupera y las canciones de arrabal que traspasaron barreras sociales). Es cuestión de generaciones y de pasiones particulares. Para seguir con el tema inicial de este pequeño ensayo, dos hijas de Castro se casaron con sendos cómicos emblemáticos de cierta época: Manuel “Flaco” Ibáñez y César Bono, intérpretes de muchas películas dirigidas por Castro. La mata sigue dando frutos aunque su valor será analizado por alguien allá en las postrimerías del siglo en que vivimos (si todavía existe alguien a quien le interese). Descanse en paz.


-Muy bien diablo ¿y entonces por qué te me apareciste?
-Porque ibas a cometer la estupidez de suicidarte y hay algo que quiero saber.
-Se supone que el Diablo sabe todo
-Sí, casi todo, pero hay algo de los mortales que no entiendo…
-A mí se me hace que eres un diablo medio pendejo…
-Pendejo, pendejo, pero no me ando suicidando…

Diálogo entre Gerardo (Jorge Rivero) y el Diablo (Alfonso Zayas) en La pulquería (Víctor Manuel Castro, 1980).

miércoles, 7 de diciembre de 2011

SABROSA DISFUNCIÓN


LABIOS ROJOS
2007. Dir. Rafa Lara.


Ricardo (Jorge Salinas) recuerda el momento en que se volvió “hombre” al descubrir la masturbación. Posteriormente, pasó de la fantasía manual a la realidad corporal con varias mujeres hasta que encontró a Blanca (Silvia Navarro) con sus fetichistas labios rojos a la cual desposó. Los hijos, el trabajo y los compromisos naturales hicieron que el romanticismo se fuera volando. Luego, al ser llamado a otra agencia publicitaria (era productor creativo) mejoró su situación económica pero se incrementó su carga laboral, encontró un jefe exigente, clientes insoportables y comenzó con problemas de disfunción eréctil y el cansancio de tener relaciones sexuales.
El argumento sigue entre las sospechas de Blanca por una supuesta infidelidad del marido y las tentaciones y sugerencias que recibe Ricardo por parte de amigos y compañeras de trabajo.

Lo que podría ser una comedia vulgar, plena de estereotipos y lugares comunes (como las cintas de Sariñana, por ejemplo) se convierte en una película con excelente ritmo y buenísima factura. La picardía no ocurre por chistes que no estallan porque son pólvora remojada (al estilo de No eres tú, soy yo de Springall –una lástima-) sino en sugerencias y actitudes. Los hechos son consecuencia de equivocaciones inoportunas y algunas secuencias que en otras manos habrían sido pretenciosos remedos de acción (como Seres: génesis de Ángel Mario Hueco) o sugerencias eróticas desperdiciadas (como Cansada de besar sapos de Jorge Colón), aquí tienen una extraordinaria solvencia narrativa: la persecución en el periférico, las compras en la “sex shop” o los fallidos intentos de Blanca por recuperar a su amado ya sea con cremas o falsos brujos.


Jorge Salinas, usualmente de pesadita presencia (aquí tiene, además, cierto sobrepeso físico aunque no se nota tan acabado como en la telenovela en que actualmente se presenta), se encuentra contenido. Silvia Navarro, mismo caso de actriz antipática, no se va a sus extremos telenovelescos usuales (“Cabeza de Buda”). Fernando Luján, como un exigente español que vive usando el verbo “cagar” para denotar su nacionalidad, demuestra que su talento siempre estuvo presente y los años lo cimentaron.
Estos invaluables logros de equilibrio actoral se deben indudablemente a la buena mano del director Rafa Lara
quien ha sido en extremo inteligente para seguir una carrera discreta pero efectiva (La milagrosa se exhibió hace unos meses, tenía producción colombiana y distribución internacional) y es otro caso inusual como Jesús-Mario Lozano, Nicolás Pereda o Gerardo Naranjo, dentro de los escasos directores del neocine mexicano que valen la pena admirar y esperar sus películas porque, al menos, tendrán algo que decir sin caer en la aspiración o la copia de Hollywood. Labios rojos nos llega cuatro años después de ser filmada pero no afecta a su propuesta temática.

Comentada por ignorantes del cine mexicano y despreciada como un producto de “lugares comunes” que quedan demostrados, irónicamente, en sus propios escritos, la película es un respiro de aire fresco entre tanta mala producción nacional que nos ha invadido en los últimos meses tipo Tequila, Crepúsculo rojo y tantos etcéteras. No la deje morir y alcáncela en las salas de cine, todavía.

martes, 29 de noviembre de 2011

PAÍS DE TELENOVELA


ELLA Y EL CANDIDATO
2010. Dir. Roberto Girault.


Luego de ver esta espantosa película, uno se pregunta en qué país vive el director Roberto Girault. Ya con El estudiante (2008) había mostrado un México irreconocible porque todo estaba pintado de color de rosa donde el embarazo, la violencia, la drogadicción y, sobre todo, el acceso tardío a la educación de un viejo, tenían solamente matices positivos: nunca se llegaba a mostrar los extremos ni la podredumbre ni las vejaciones ni las limitaciones. Así presentó una película “blanca” que se tornó en gran éxito con las generaciones mayores, las damas que leen libros de superación personal, los jóvenes con ideología plana que viven en ese mundo privilegiado y sin problemas que ha de ser el mismo de su director.

Ahora, con Ella y el candidato, Girault presenta a un aspirante presidencial que se enfrenta a la pérdida de su familia (y del amor que todo lo sustenta) en caso de ganar el puesto. Las situaciones se ilustran y muestran, como en la otra cinta mencionada, de manera ingenua y simple: hay personajes mal intencionados pero jamás se profundiza en ellos. La solución se resume en el amor como si un hombre con dichas ambiciones no antepusiera ni sacrificara cualquier cosa con tal de apropiarse del poder. Fundamentada en premisas falsas, cursis, inverosímiles, Girault logra otra película “bonita” (y tediosa) donde la vida se transforma en telenovela. Uno puede aceptar la fantasía con discurso crítico, ácido y corrosivo, pero no de esta manera. Girault toma asuntos serios que en la vida real son pavorosos (¿Peña Nieto, única opción del PRI?: Si por ahí hubiera llevado el rumbo de este personaje copetón, joven, con pasado dudoso y esposa-estrella de Televisa, otro gallo nos cantara) y luego los mueve de acuerdo con una visión chata y monocorde.

Según sus propias palabras en una entrevista, nos damos cuenta de sus ambiciones como “cineasta”: la mediocridad absoluta, al explicar su producto: “Es una película que te lleva por una montaña rusa de emociones, con la cual puedes reir, llorar y asustarte, pero lo mejor es que te deja una sonrisa de oreja a oreja y una reflexión que va a durar toda la semana”, argumentó Girault, (sin darse cuenta que debió añadir los verbos "bostezar" o "aburrirte", aunque el más acertado es "llorar" por los tristes productos que ofrece nuestro cine mexicano; además nunca hay esa montaña rusa: una carretera plana sin emociones).

sábado, 19 de noviembre de 2011

EL MUNDO ERA PEQUEÑO...


1997: ESCAPE DE NUEVA YORK
(Escape From New York)
1981. Dir. John Carpenter.


A la memoria de Don Beto (1916 – 1982)

El 19 de noviembre de 1981, hace exactamente 30 años, se estrenó en México una de las tantas obras maestras de John Carpenter
con tema futurista y un sentido crítico-irónico de las instituciones políticas y de los sistemas sociales. La acción de 1997: Escape de Nueva York (Escape From New York) se adelantaba 16 años cuando Manhattan era ya una isla amurallada, prisión extrema donde sus habitantes vivían bajo sus propias reglas: un lugar amoral, promiscuo, peligroso, o sea, el infierno sobre la tierra. Cierto día, el avión presidencial era secuestrado y aterrizaba en este lugar. Había presión para rescatar al presidente norteamericano (Donald Pleasence) ya que tenía una reunión importante con su par chino para evitar la devastación mundial. Se exigía al astuto exconvicto Snake Plissken (Kurt Russell)
que se introdujera al lugar (donde llegaba en un deslizador aéreo) para encontrar al mandatario y rescatarlo. Si no lograba su misión en 24 horas, su cabeza explotaría ya que se le inyectaba una microbomba en el cuello.

Con esta premisa, ya se imaginarán que la mezcla de acción y suspenso con la ciencia-ficción futurista (algo que era novedoso para esos años) era bastante atractiva.
Quinto largometraje, para salas de cine, del maestro Carpenter quien había deslumbrado al público con sus cintas previas Masacre en la crujía trece, Halloween y La niebla donde había demostrado su dominio narrativo de los géneros de acción y terror, podía finalmente hacer una cinta con gran presupuesto. Carpenter pertenece al grupo de realizadores que se habían consolidado en los años setenta, dentro del cine B, sin mayores presupuestos, pero con esencia creativa, en el cine, para ofrecer (sobre todo en la década siguiente), cintas que se convertirían en clásicos instantáneos y ocupar un lugar privilegiado en diversos géneros. 1997: Escape de Nueva York era la imagen del apocalipsis que se anunciaba, la eliminación de los valores, la perversión social (el mismo chantaje mortal para el exconvicto)
sobre todo que se pensaba que todo se iba fraguando antes de llegar al siglo XXI (lejanísimo para nuestra juventud de entonces).

Esta mínima recuperación de una cinta extraordinaria se debe a que tanto ella como yo estamos festejando aniversario de vida. En su momento, yo entraba a otra década y a una etapa maravillosa en mi experiencia profesional (bueno, debo confesar que he tenido la suerte de ser feliz y afortunado en esta existencia, porque todas mis etapas han sido maravillosas).

Más importante es el hecho de que fue la última cinta que vimos mi papá y yo (él moriría a inicios del año siguiente). A él le debo mi cinefilia pura, apurada y depurada porque de jovencito (eran los años veinte o los primeros treinta) se iba al cine desde la mañana hasta la noche a ver series de episodios. En una ocasión agarró el rumbo contrario a su casa porque estaba obnubilado: esa anécdota siempre me fascinó ya que la comprendí (y recordaba) cuando me emocionaba con el cine, quería gritar por las imágenes poderosas que entraban por mis ojos, veía tres o cuatro películas en un día, me peleaba con la discusión apasionada con otros cinéfilos de entonces (verdaderos: no los remedos posmodernos del siglo XXI), cuando las películas importaban y no se determinaban por estrellitas, ligerezas o banalidades. El mundo era más pequeño pero las películas eran grandiosas.

domingo, 13 de noviembre de 2011

UNA PELÍCULA DE VIDA


AMOR SIN BARRERAS
(West Side Story)
1961. Dirs. Robert Wise y Jerome Robbins.


El 18 de octubre de 1961 se estrenó en Nueva York como premiére. El 13 de diciembre siguiente tuvo su estreno oficial en Los Ángeles y por ese motivo entró en la carrera de los Óscares de su año llegando a obtener once nominaciones para ganar en diez categorías. Costó seis millones de dólares en esos tiempos, lo que era un gran capital, pero llegó a recuperar siete veces su costo solamente en Estados Unidos por exhibiciones contínuas. Si añadimos los ingresos mundiales y, ahora, lo que se ha recaudado por proyecciones en televisión, ventas en Beta, VHS, Láserdisc, estamos ante una de las comedias musicales más exitosas de todos los tiempos. Este 15 de noviembre sale a la venta una edición de cincuenta aniversario en el sistema Blu-ray, por lo que “Amor sin barreras” (West Side Story) permanece como un gran clásico del siglo veinte.

La base de esta película fue una comedia musical de Broadway estrenada en septiembre de 1957. El texto de Arthur Laurents se inspiró en “Romeo y Julieta” de Shakespeare, cuyo argumento se adaptó a Manhattan en la mitad de los años cincuenta donde existía una fuerte rivalidad entre bandas juveniles de inmigrantes puertorriqueños y nacionales norteamericanos.
Una joven latina y un muchacho idealista estadunidense se enamoraban perdidamente, a pesar de las limitaciones y los odios de raza. Por este motivo se enfrentaban las pandillas
donde moría el líder de los norteamericanos, amigo y casi familiar del muchacho, a manos del hermano de la joven que, a su vez, era atacado por éste. Inocente de todo, la joven recibe la noticia deformada donde se le dice que su amado ha muerto. Cuando se encuentran, el muchacho es asesinado por otro miembro de la banda puertorriqueña, dejando sola a la joven.

La vieja trama clásica tenía un conjunto de canciones compuestas por Leonard Bernstein, joven conductor y compositor, con letras de Stephen Sondheim quien debutaba así en Broadway. La partitura era elegante y bastante bien elaborada mezclando la canción popular y romántica (“María”), el sonido latino (“Mambo”) y el jazz (“Cool”) con contrapuntos (“Quinteto”) y tesituras operáticas. Esta música daba lugar a coreografías espectaculares del director Jerome Robbins.
Todos esos elementos se unieron para seducir a un público que la tornó en obra legendaria y clásica instantánea que llegó a casi 800 representaciones en su primera puesta en escena.

En 1960 comenzó la filmación de la versión cinematográfica donde el guionista fue Ernest Lehman (“Intriga internacional”,“La mentira maldita”) y la dirección quedó en manos del mismo Robbins aunque se decidió que se apoyara con un realizador experimentado de cine por lo que entró Robert Wise ( “El día que la tierra se detuvo”, “La que no quería morir”)
para cuestiones técnicas. Sin embargo hubo diferencias creativas que provocaron rivalidades aunque se mantuvieron las excitantes coreografías de Robbins
produciendo otro documento visual de algo que se disfrutaba solamente en los efímeros escenarios. El elenco estuvo encabezado por una estrella establecida, Natalie Wood en el rol de la joven latina, sobre un grupo de actores con experiencia aunque poco conocidos: Richard Beymer,
George Chakiris, Rita Moreno, siendo la excepción un extraordinario bailarín, Russ Tamblyn.

Para esos tiempos, se estaba ante una comedia musical contemporánea que ocurría en el lado oeste del moderno Manhattan, que desplegaba los mayores recursos técnicos y visuales, con efectos especiales, y mucho cuidado en su fotografía y en su sonido.
Aparte, la filmación directa en 70 mm permitía una brillantez de excelencia en sus proyecciones sobre pantallas con las dimensiones adecuadas. Así que ahora, en cine, había otro grupo de elementos que sedujeron nuevamente a un público ávido de modernidad en un género usualmente ligero, pleno de ensoñaciones.

Aquí en México se estrenó en 1963, en el Distrito Federal, en una sola sala equipada con esa pantalla de 70 mm, autorizada solamente para mayores de 21 años, donde duraría medio año en exhibición. A Monterrey nos llegó al año siguiente al Cine Montoya,
viejo teatro entonces adaptado como cine y para ese sistema de proyección, donde también provocó la admiración de los asistentes. Aunque no se tuvo la restricción de entrada, la película venía cortada en una escena donde el galán entraba en la recámara de la joven latina y tenían relaciones; igualmente, se mutiló la repetición de una canción casi al final de la película porque, un anónimo censor o distribuidor, pensó que ya era demasiado. Y es que, curiosamente, el público asistía a una cinta musical para abuchear a las canciones en cierto momento. Eran otros tiempos.

Fue mi película favorita. Llegué a verla cuatro veces en el Montoya (¡a diez pesos el boleto!, ¡mucho dinero!) y luego la seguí, con el paso de los años por otras veintidós ocasiones en el Elizondo, Araceli, Rodríguez… Cuando se comercializaron las videocaseteras la compré en el formato Beta, aunque se proyectaba sin pantalla ancha y se perdía la arquitectura fotográfica y la coreografía estilizada, ambas planeadas para ese sistema, aunque con la ventaja de que venían las secuencias cortadas que jamás había disfrutado.
Luego vino el VHS donde se vendía una versión “widescreen” y pude recuperar las imágenes admiradas. Ya con el DVD ni se diga: se tenía mucha fidelidad y calidad técnica. Ahora estoy en espera de que me llegue la cajita del cincuentenario para recuperarla en todo su esplendor gracias al Blu-ray.

Tenía que recordarla y rendirle un pequeñísimo tributo porque nunca podré expresar lo que me significó (contexto, momentos íntimos, nuevas experiencias, descubrimientos personales, apasionado cinéfilo) para la vida.

viernes, 4 de noviembre de 2011

ESTIRAR LA TRAMA


TEQUILA
Historia de una pasión
2010. Dir. Sergio Sánchez Suárez.


Antonio (Unax Ugalde, el actor español de Cefalópodo) es sobrino del hacendado Vicente (Salvador Sánchez) y amante de Lola (Daniela Schmidt) a la cual visita furtivamente por las noches en su recámara. Antes de partir a un viaje cuatros años antes, eran novios. Al estar lejos, fue obligada por sus padres a casarse con Vicente. En un período de poco tiempo, Antonio descubre que la campesina Milagros (Jimena Guerra), otra de sus aventuras, está embarazada. Vicente revela un secreto íntimo a su sobrino. La madre alcoholizada de Antonio se entera del estado de Milagros. Todo llevará a un final bastante esperado ya que al principio de la cinta se narra un mito donde un dios y una estrella se hicieron amantes hasta que murieron, fueron absorbidos por los agaves y su historia se recuerda por dicha bebida.

Es todo. Un melodrama a la vieja usanza muy bien realizado y ambientado, donde se nota la producción, la buena intención de su realizador para llevar a cabo su empresa y quizás, por eso, sea distribuido por Universal Pictures (a lo mejor les gustó la música “mexican style for gringous”). Se nota la pretensión del director (es su primer largometraje) por capturar las atmósferas del cine mexicano del pasado, sobre todo con el estilo del Indio Fernández, pero no se logra. El mundo posmoderno (los jóvenes o el espectador que antepone engullir palomitas y otros productos a una reflexión fílmica) en que estamos sumergidos ya no reconoce ese ayer aunque se mezcle con otros elementos que quieran impartirle un sabor contemporáneo; pero, sobre todo, el melodrama no consiste solamente en narrar una historia de amantes infieles ni la pasión sucede por meros acostones gimnásticos en una cama o en una alacena, ni por un linchamiento como en Río Escondido, ni por la presencia (inútil e injustificada) de dos norteamericanos (uno de ellos Edward Furlong, irreconocible por lo acabado) como el que andaba en Enamorada, ni por una enamorada (precisamente) despechada tipo La malquerida, por no mencionar más influencias, homenajes o insistencias.

La película no es un fracaso porque está cuidada formalmente y quizás llame la atención al espectador enajenado por las telenovelas ya que es ligera y complaciente. El gran defecto es que la anécdota es mínima y se alarga para ocupar sus poco más de cien minutos. El siguiente defecto es el reparto, aunque ya no quiero entrar en disquisiciones porque no pienso que valga la pena, ni quiero resultar ofensivo. Salió con muchas copias a nivel nacional. Es el cine apoyado por una compañía fuerte de Hollywood, pero no deja de ser tan poco interesante como muchas cintas nacionales. No obstante, esperemos que no le vaya mal en taquilla para que el director pueda tener la oportunidad de filmar otra mejor película que debe traer dentro de sí...

miércoles, 2 de noviembre de 2011

NO PASA NADA


CREPÚSCULO ROJO
2008. Dir. Carlos González Morantes.


Valente (Alberto Estrella) va a ser despojado de su rancho porque adeuda dinero al banco. La crisis financiera nacional provocada por el salinismo incrementó los intereses y mucha gente perdió sus propiedades. Valente no lo entiende y dice al abogado que va a embargarlo que está consciente que debe pero solamente la cantidad que le prestaron. Pide ayuda a su compadre Dagoberto (Enoc Leaño), alguacil del pueblo, quien primero le dice que no se preocupe para luego firmar como testigo. Valente decide, entonces, asaltar el banco del lugar, durante la celebración del patrono del pueblo. Valente está casado con Rosaura (Janneth Villarreal) pero se cuenta que es padre de la hija de una prostituta, Esperanza (María Rebeca), cuando en realidad lo es Dagoberto. Aparte, este hombre es tuerto y ha vivido con ese rencor constante contra Valente al cual cree culpable del accidente donde perdió su ojo, cuando en realidad lo fue su ayudante Ramón (Fernando Leal). Todo terminará en un enfrentamiento, accidentalmente desigual y trágico.

La película, según el director y el actor, trata sobre la disparidad entre ley y justicia, fielmente demostrada durante esos años aciagos que empobrecieron más a la sociedad e hicieron más ricos a los poderosos. Es lo que se quiso contar, y lo hace, pero en una forma insatisfactoria, sin sentido del ritmo y con pésimas actuaciones que, aunadas, dan una idea de que es (mal) teatro filmado. Se aprovechan las locaciones naturales del sur del estado de Nuevo León, pero la trama es tan extrema en su discurso y tan mal estructurada en su guión, que acaba por ser otro (mal) producto al que nos tienen acostumbrados las personas que intentan hacer cine por estos rumbos (acuérdense de esa metáfora del vómito que se llama “Seres: génesis”).

Coproducida por IMCINE, otras productoras privadas, y los apoyos de la Universidad Autónoma de Nuevo León junto con CONARTE (Consejo para la Cultura y las Artes de Nuevo León), en tiempos del Dr. Romeo Flores Caballero (a quien mencionan como “licenciado” en los agradecimientos de la película), debido a la convocatoria del Promocine, uno se pregunta qué motivó al jurado que seleccionó este proyecto como el más viable o adecuado para ser apoyado. Quizás leído, el guión sea más atractivo y coherente que lo que vemos en pantalla.

Bastante ambiguas las relaciones entre personajes. Reacciones que son inesperadas o inexistentes. Situaciones que se alargan o que se cortan para luego seguir sin la continuidad esperada. Personajes desaprovechados. Actuaciones mediocres que son productos de una nula dirección. Debe salvarse solamente la atmósfera del pueblo y la belleza natural de montañas, riachuelos, lagunas que todavía no ha sido devastada por la ambición y la avaricia de esos ricos que la cinta denuncia (ya ven que La Pastora será violada por el famoso estadio: otro ecocrimen). Lo que hubiera sido delirante, como el linchamiento del abogado despojador de tierras o la denuncia del alcalde que hubo varios asaltantes al banco que eran altos y parecían judiciales, le habría dado al menos ese sentido de pueblo que conspira solidario contra los abusos para subrayar el discurso que aparentemente le interesaba al guionista (César Jaime, ya fallecido): pero se queda en la nada porque en realidad todo lo que se ve en la cinta nos deja con el sentimiento de que no pasa nada.

Sin embargo, debe hacerse justicia: hay un personaje mudo interpretado por César Cubero que se salva por la gracia del actor aunque no tenga mayor trascendencia; Luis Martín interpreta a un alcalde convenenciero que da idea de corrupción; Isela Vega pulula por la película con su rol ingrato que no le da oportunidad de lucimiento aunque quizás, le permitió tomarse vacaciones en ese hermoso pueblo norteño, lo mismo que Fernando Leal, desaprovechadísimo, en un papel difuso, a años luz de esa magnífica interpretación que sobresalió de todo el elenco de “En el paraíso no existe el dolor” (Víctor Saca, 1984). Los demás sobreactúan o dan pena ajena por ser casi invisibles.

El director Carlos González Morantes (Monterrey, 1945) llamó la atención por cintas independientes de los años setenta, cuando la hazaña de filmar volvía a sus realizadores tuertos en el país de ciegos. Con los años, revisando su tercer largometraje “El otro crimen” (1988), se da uno cuenta que nunca se superó, que los faltantes han sido constantes (talento) y que el cine no está hecho solamente de algunos buenos encuadres. Así como este "Crepúsculo rojo" llegó cinco años después de nacer (en 2006 fue seleccionado el proyecto; en 2007 se filmó; en 2008 fue registrada), no tardó ni una semana para salir rápidamente de cartelera: cruel destino, como se llamaba una película de Juan Orol cuyo cine fue criticadísimo en su tiempo, pero duraba semanas en las salas porque satisfacía las necesidades de un público... Y luego nos quejamos que no se apoye a la exhibición de producciones nacionales.

sábado, 29 de octubre de 2011

EL VAMPIRO Y EL SEXO


EL VAMPIRO Y EL SEXO
(Santo en el tesoro de Drácula)
1969. Dir. René Cardona.



Si algo hay que rescatar de la versión para exportación de “Santo en el tesoro de Drácula” , aparte de las escenas con chicas desnudas, es el color (aunque sin correcciones digitales). La versión que se vende en DVD está en blanco y negro. Los créditos aparecen sobre un fondo donde está escurriendo lo que se sugiere como sangre, y uno ya puede descubrir que era el rojo bermellón de pintura vinílica que alguien está vaciando sobre alguna superficie. En el DVD uno lo imagina obviamente, aunque pudiera ser, por ejemplo, lodo.

El primer crédito es de Cinematográfica Calderón S.A. cuyo cine de culto se debe más que nada a las películas con Ninón Sevilla y a las cintas con escenas de desnudos femeninos estáticos en 1955 y 1956, aunque en el futuro, habrá quienes consideren al cine de ficheras, que proliferó a finales de setentas e inicios de ochentas, dentro de esta categoría. En otras palabras, Calderón siempre fue sinónimo de audacia o picardía.

Iniciando con “La zandunga” de 1937 y con el paso de los años sendas biografías de Francisco de Asís e Ignacio de Loyola, Pedro A. Calderón, el patriarca original de la compañía, quien uniría esfuerzos con su hermano Guillermo, encontró que el melodrama atrevido era sinónimo de taquilla, sobre todo el que se basaba en pecadoras o mujeres infieles referidas en las letras de las canciones por Agustín Lara. Así llegaron “Revancha”, “Perdida”, “Aventurera”, para llegar a otras variaciones sobre el mismo tema con “Burlada”, “Víctimas del pecado”, “No niego mi pasado”.

Cuando el tema cabaretil fue perdiendo atractivo popular pasó a los melodramas que incluían desnudos femeninos, permitidos por la censura mexicana, al tenerse la competencia del cine europeo. Entonces llegaba la infidelidad matrimonial o el pecado de la lujuria, con el pretexto de las modelos de pintores que posaban estáticas, sin ropa con “El seductor”, “La fuerza del deseo”, “La Diana cazadora”. Esto fue efímero ya que nuevamente cayó la prohibición, pero estaba el sexo reprimido y las perversiones consecuentes: lesbianismo, impotencia, maternidad indeseada, la locura para llegar a “Manicomio”, “Las cosas prohibidas”. Entre Pedro y Guillermo fueron llegando a los diversos géneros que se ponían de moda. El terror o el cine del oeste y luego su desarrollo.

Para 1968 ya Calderón había producido películas con luchadoras del ring, las mujeres pantera y hasta una curiosidad con Maura Monti como “La mujer murciélago” y es cuando inicia una serie de cintas con el popularísimo luchador “Santo”
quien ya llevaba una década filmando películas taquilleras. Las tramas eran simples ya que el luchador enfrentaba al mal en forma de monstruos, personajes fantásticos, seres extraterrestres, científicos ambiciosos, espías o simples ladrones, además de secuencias largas donde se mostraba al luchador sobre el cuadrilátero.

“Santo en el tesoro de Drácula” es una de las cintas ínfimas del luchador. Una trama estúpida que involucra un viaje al pasado donde la heroína (Noelia Noel) conoce al conde Drácula y es vampirizada. Se sabe que hay un tesoro en el lugar donde el vampiro es muerto por una estaca. Para evitar que la muchacha sea muerta la devuelven al presente. Todo esto ha sido visto por Santo, el científico que es padre de la mujer y un personaje metido por calzador, a través de una televisión. Luego…
No importa tanto el argumento como destacar que hubo una versión alterna para exportación donde se mostraba a varias mujeres mostrando pechos y nalgas, aunque con un notorio triángulo de tela cubriendo sus pubis, y es lo que le da su característica de interés para nuestros ojos de siglo XXI. Según comentarios generales, esta situación se repitió en otras producciones, pero al menos, gracias a una documentalista, pariente de los Calderón, se pudo rescatar este metraje que es una curiosidad cultural.

Indirectamente, la cinta cumple con mostrar la larga relación que se ha hecho entre el personaje vampírico y el deseo sexual: los colmillos que penetran al cuello ha sido metafórico, elemental y obvio, del rompimiento del himen. El hecho de mostrar en el cine más convencional al personaje del vampiro como un hombre atractivo y seductor se repite en esta película con un Aldo Monti (que nunca alcanza el misterio de un Germán Robles y mucho menos el magnetismo de un británico Christopher Lee, pero eso sí, con notorio rímel alrededor de sus ojos) a punto de los cuarenta años, con pésima actuación, que toquetea y luego besa previamente los pezones de las mujeres a las cuales va a tornar en “muertas vivas”.
Sin embargo, lo que dan pena ajena son las mujeres que se prestaron (por necesidad, por deseo de estrellato, por lo que Ud. imagine) a posar desnudas. Cuerpos exuberantes con obvios pechos incrementados por el silicón y nalgas con celulitis o plegadas por el sobrepeso, aparte de rostros nada agraciados, que simplemente producirían afanes masturbatorios en públicos sin sentido de discriminación o el nulo sentido estético: el sexo instintivo (“mientras haya donde…”). Una de ellas, al principio de la fila en que la colocan, con una abundantísima y falsa cabellera rojiza, hasta posa sonriendo. Uno imagina su ilusión de salto a la fama: era el paso anterior al estrellato, quizás en Europa.

Otras curiosidades: fue la primera película de Alberto Rojas quien sería conocido como “El caballo” cuando saltara al estrellato de los cómicos albureros. Su papel no tiene mayor justificación que como ayudante del luchador. Fernando Mendoza interpreta al profesor Van Roth, cazador de vampiros, fue un gran actor de teatro, sobre todo, y se dedicaría a la televisión, doblaje y poco cine. No hay muchos datos de la argentina Noelia Noel: cuando fue pareja de Noé Murayama, el actor de ascendencia mexicojaponesa anunció que se cambiaría el apellido a Nurayama para compartir iniciales con su amada: nunca fue oficial y eso sí, tan efímero como su romance.

El guionista fue Alfredo Salazar, hermano del actor Abel Salazar, quien nunca se distinguió ni brilló en estos menesteres, mucho menos como director (llegó a filmar diez cintas menores, entre ellas, una gran ridiculez “La Virgen de Guadalupe” donde Fernando Allende demostró su completa falta de talento). Al director René Cardona
se le pueden encontrar cintas artesanales bien logradas, pero en este caso no había de dónde aferrarse para evitar el ridículo.

Hay una secuencia divertidísima que ilustra la mediocridad del guionista y la rutinaria dirección de Cardona, donde Fernando Mendoza, como el cazador de vampiros Van Roth, escribe sobre una hoja de papel el nombre “Drácula”, pero al revés “alucard”. Sin embargo, coloca las letras como las conocemos y al ser reflejadas sobre un espejo, vemos perfectamente el nombre del vampiro cuando la “D” debería aparecer con la curva en sentido contrario o la “L” con la línea inferior en sentido contrario. En ese momento llega el vampiro que lo sorprende al decirle “buenas noches”, a lo que el científico le dice “buenas noches, no lo sentí llegar” para que Drácula le responda “dice la gente que tengo los pasos muy ligeros”. Van Roth le comenta: “¡Qué extraño! Este espejo refleja todo, menos a usted”, por lo que Drácula toma un jarrón y lo avienta sobre el espejo, destrozándolo. Luego, como si nada, le dice: “Perdón. No me gustan los espejos: son los juguetes de la vanidad humana”. ¿Cómo evitar la risa ni la valoración de estos momentos absurdos que eran tomados en serio?

En realidad “Santo en el tesoro de Drácula” es una versión disminuida de “El vampiro y el sexo”. Luego de compararlas, se da uno cuenta que la que vimos en México era una adaptación de otra cinta en la cual los Calderón tenían postrados sus deseos de ganancias económicas y que cumplía con su convicción constante en el sexo como gran motor que mueve al mundo y a las taquillas de cine. Hay que agradecer a Alejandro Gómez y a la Cineteca Nuevo León por habernos permitido conocer esta película.

sábado, 22 de octubre de 2011

VIVIR EN FAMILIA


EL ÁRBOL DE LA VIDA
(The Tree of Life)
2011. Dir. Terrence Malick.



Una muerte esclarece a la vida. Al enterarse del fallecimiento de su hermano menor, Jack (Sean Penn, genial, sin diálogos, mera fuerza expresivo-actoral)
recuerda fragmentos de su niñez al lado de su estricto padre (Brad Pitt) que representaba a la Naturaleza y a su madre que era la Gracia (Jessica Chastain). Es como inicia la película con imágenes soberbias (que se mantendrán durante todo el tiempo) y la voz narrativa que comenta lo que tenía que hacerse para vivir en familia. Nunca sabremos qué motivó la inesperada muerte: hay sollozos, gestos desesperados y desolación. Entonces, el director Malick nos lleva al principio de los tiempos: el caos, los planetas, el mar, la vegetación, los primitivos protozoarios, las medusas, los dinosaurios, en una Tierra que da idea de virginidad y pureza (hasta sentimos que el aire está fragante). Luego viene el choque de un meteoro que cimbra a nuestro planeta. Inicio. Nace Jack y vamos de momentos en momentos (no hay secuencias largas; la continuidad es cronológica) siguiendo su evolución al lado de padres y dos hermanos menores.


Malick nos lleva a una visión global de la humanidad al unir esa cosmogonía con una historia individual que muestra lo que deben ser los rasgos esenciales y básicos de una familia que ama y produce efectos negativos al mismo tiempo. Vemos cómo un hombre inseguro de sí mismo no sabe si ha logrado lo que sería su gran triunfo terrenal: los hijos.

Todo es ambiguo, como la vida misma. Jack va descubriendo paulatinamente que puede odiar y hasta desear la muerte: producir dolor en sus seres queridos y arrepentirse para demostrar su ternura interior. La reunión con los pícaros y malvados lo torna malo; otros momentos hacen que abrace a su padre ofreciendo una imagen ejemplar.

Quinto título en una filmografía que ha cumplido 38 años. Luego de la nunca estrenada en México “Badlands” (Malas tierras o Yermos, serían las traducciones literales) filmada en 1973 acerca de una pareja de jóvenes asesinos, Terrence Malick
pasó a la espléndida y visualmente impactante “Días de gloria” (Days of Heaven, 1978) para luego callar por veinte años hasta que llegó “La delgada línea roja” (The Thin Red Line, 1998) con su visión cruel sobre la segunda guerra mundial que producía la unión afectiva, casi familiar, de soldados exhaustos y hartos. Siete años más tarde vuelve al cine épico con la historia de John Smith y Pocahontas en los albores de un nuevo país, o sea “El nuevo mundo” (The New World, 2005) y afortunadamente no han pasado muchos años para que nos entregue la cinta que hoy comentamos.

La acción sucede en los años cincuenta pero alcanza al tiempo contemporáneo cuando Jack es adulto. Vemos edificios, ciudad moderna, desarrollo contra la imagen tranquila y calmada de la niñez en un pueblo del sur (un vehículo oficial indica que es Waco, Texas). El tema de la familia es constante en toda la filmografía de Malick y la película muestra un segmento que no debo narrar en este artículo porque es importante que el lector lo descubra para que se cierre el círculo y quede establecido este árbol existencial.

Me he limitado a una descripción básica y somera destacando el discurso y la continuidad de una obra rica en temas, grandiosa en metáforas, pero habrá otras visiones desde el punto psicológico, teológico, evolutivo que los expertos podrán descubrir en esta cinta ganadora de la Palma de Oro en el pasado Festival de Cannes, entre abucheos y aplausos, porque es una cinta polémica que primero desconcierta (toda la propuesta cosmológica) para luego atrapar y no soltar al espectador que siente que su propia vida se está desplegando sobre la pantalla. Doble alabanza para Brad Pitt como excelente actor y como productor de la cinta.
Los jovencitos, destacando al actor Hunter MacCracken,
como Jack pequeño, están justos; son talentosos. Uno se pregunta dónde los encuentran y qué atinado es el director de reparto y más que nada el genio del realizador.

No debe de perdérsela: primero emborráchese de imágenes y luego conmuévase con esta cinta que es sencilla y complejísima en todos sus niveles.