Sobre todo cine, efemérides y mucho más: inquietudes que deseo compartir... luego, el infinito.
miércoles, 28 de marzo de 2012
ESPAÑA CON ACIDEZ
ESA PAREJA FELIZ
1951. Dirs. Luis G. Berlanga y Juan A. Bardem
Acaba de iniciar un ciclo dedicado a Luis García Berlanga (1921 - 2010) en la Cineteca Nuevo León donde se mostró una joya inesperada: la ópera prima del propio Berlanga pero codirigida por otro debutante Juan Antonio Bardem (1922 - 2002) , algo que nunca se especificó ni aprovechó en la publicidad. Ambos personajes significan el mejor cine de posguerra español pleno de audacias y burlas a la censura franquista. Su cine dijo muchas cosas entre la sugerencia y la metáfora de lo que pasaba y estaba mal en su sociedad, obnubilada por la falsa frescura de Franco.
Esa pareja feliz muestra a Luis (Fernando Fernán Gómez) y Carmen (Elvira Quintillá) que viven con el poco dinero que él gana como eléctrico en los Estudios de Cine CEA y lo que ella aporta cosiendo. Durante la cinta habrá unos retrocesos en el tiempo para mostrar cómo eran jóvenes e idealistas con gran esperanza en el futuro para terminar como pareja con problemas.Ella sueña con la suerte: entra a un concurso patrocinado por un jabón para seleccionar a la “pareja feliz”. Se les promete que pasará un día pleno de sorpresas, regalos, comida, cena y cabaret. Paradójicamente, el premio llega cuando el hombre ha sufrido una estafa, ha perdido su empleo y todo lo culpa a la mujer.
Berlangacon su acidez característica, confronta a la pareja cuando ha llegado el engañoso estado ideal: la fortuna, la suerte; Bardemha colocado a personajes aparentemente salvadores para mostrarlos como fraudulentos.
La pareja finalmente continuará junta y con esperanza, aunque las ventajas de su premio los repartan entre los indigentes que duermen en las bancas de un parque de la capital del país que se supone perfecto.
Aquí es notoria la afición de ambos directores por el cine. El hecho que Luis trabaje en unos estudios hace que veamos la filmación de una ridícula película histórica donde la reina salta por una ventana equivocada y cae para golpearse (“La monarquía se nos ha echado encima”, dice uno de los técnicos) y hay una secuencia donde Carmen mira en el cine “Dos corazones” (Love Affair, Leo McCarey, 1939) para que Luis le explique lo que significa un “travelling”: otro parroquiano lo calla y le dice “este Juan de Orduña quiere explicar toda la película”, haciendo alusión a un director bastante convencional y tradicional del viejo cine español (director de “Locura de amor” y futuro realizador de “El último cuplé”). Por otro lado, está el desprecio hacia las convenciones sociales. Luis vive enojado por su situación cotidiana, lo que viene a negar las promesas de bienestar total en una sociedad cerrada y rígida: por más que busca y se esfuerza, no logra salir de su pobreza y mediocridad.
Estas constantes del cine de Berlanga pueden disfrutarse en Bienvenido, Mr. Marshall (1953) donde un pueblo espera la visita de los redentores norteamericanos para quedar revelados como oportunistas basados en el folklore, tan usual en esos tiempos del cine español; Calabuch (1956) ocurre en el pueblecito del título donde se ha refugiado un científico norteamericano que desea alejarse de la destrucción y vivir feliz entre gente sencilla; Plácido (1961) se burla de una campaña franquista donde se pedía a la gente que invitara a algún indigente a su casa en Navidad: Plácido es uno de ellos que recibe comida pero no satisface sus necesidades urgentes; y El verdugo (1963) donde un joven solicita el puesto de verdugo a petición de su futuro suegro, quien ejerce dicho empleo, para obtener beneficios económicos y materiales, sin imaginar que llegará el día en que tenga que matar a un condenado.
Ya sea en ciudad o en pueblos pequeños está presente la ignorancia y el abuso de la misma para rendir pleitesía a los ídolos oficiales; está el mandato de compartir con los pobres en una sola fecha del año aunque se les sirva lo peor de la cena y no importe su futuro; está la soberbia de alcanzar un estatus sin sacrificio ni remordimiento hasta que llega la hora de enfrentar la realidad. Berlanga continuaría su cine hasta alcanzar poco más de la veintena de títulos en épocas ya posfranquistas donde recordó y juzgó el pasado contra un presente más liberador.
Gran ciclo que no deben perderse. Ojalá, en otro momento, pueda traerse un ciclo con el Bardem inicial. Felicidades a Cineteca y a Alejandro Gómez, su coordinador y programador, porque esto solamente se puede encontrar en otros países y en grandes festivales.
sábado, 3 de marzo de 2012
DEMENTE CON PODER
PODER SIN LÍMITES
(Chronicle)
2012. Dir. Josh Trank.
Durante un rave en una vieja fábrica en las afueras de Seattle, tres estudiantes de una preparatoria descubren un gran hoyo en un terreno cercano. Bajan y encuentran una extraña estructura cristalina con colores cambiantes. Se dan cuenta que han adquirido los poderes de telequinesis y vuelo. Uno de ellos, Andrew (Dane DeHaan)tiene padre alcohólico y madre enferma terminal de cáncer, además de ser víctima de los bravucones de su escuela. Gracias a los poderes, se vuelve popular entre sus compañeros hasta que las circunstancias cambian, lo mismo que su personalidad.
La película utiliza el recurso del vídeo para narrar lo que está sucediendo. Uno imagina que estamos viendo el recuento de los hechos porque de pronto es la cámara de este joven, o la de una muchacha que es novia de su primo. Lo que es bastante limitante, se torna en manera efectiva de contar lo que hubiera sido impersonal y desarticulado. Se permite la elipsis natural de los cortes que ocurren cuando uno apaga, prende, traslada la cámara. Hay momentos en que vemos a Andrew en su cama mientras la cámara está flotando sobre él, gracias a la telequinesis. En otros, se encuentran volando en las alturas, entre nubes, para que de pronto aparezca un avión que los toma por sorpresa.
La cinta habla, nuevamente, de cómo la ciencia (o hablemos de lo desconocido para darle un trato genérico) trastoca al ser humano. Al estilo de El hombre invisible (Whale, 1933) o El hombre sin sombra (Verhoeven, 2000);o imposible dejar de lado la referencia de Carrie: extraño presentimiento (De Palma, 1976), las consecuencias de algo (sustancia, radiación, material extraterrestre: nunca se sabe) transforman las circunstancias. Dependerá de la madurez o irracionalidad de quien recibe estos dones, cómo será la forma en que se desarrollará el futuro. Andrew tiene una existencia miserable: padre desempleado y alcohólico, madre desahuciada, vecinos traficantes que lo abusan, lo mismo que sus compañeros grandulones de escuela. Su equilibrio es frágil y la posibilidad de supremacía tendrá que trastornarlo. Sus amigos, en cambio, son un primo, más racional, y un joven aspirante a la presidencia de la sociedad de alumnos, más formal. Primero los vemos como niños con juguetes nuevos haciendo bromas a la gente. Luego vienen situaciones más serias.
Hay secuencias que son significativas: Andrew, con un dedo, hace que la camioneta que va detrás de la suya, tocando el claxon y molestando, salga de la carretera y caiga sobre una laguna. Otra es terrorífica: el descubrimiento del poder de volar que mantiene al espectador esperando un desenlace fatal. Otra es vergonzante (e indirecta: no la vemos) pero subraya la inocencia de Andrew: al estar en el momento de perder la virginidad, la eyaculación precoz hace que su semen vuele hacia su saco, produciendo el asco de su seductora (solamente se muestra esa situación). Poco a poco va siendo presa de la desesperación y de la locura.
Imagine usted que de pronto tiene el poder para destruir a sus enemigos o todo aquello que le molesta. Imagine que ese poder cae en manos de alguien que está al punto del desequilibrio. La cinta viene a ser simbólica de quienes ansían y utilizan de mala manera ese poder. En algún momento se cita a Schopenhauer con su definición de la Voluntad ("no es otra cosa que un ciego afán, un impulso o pulsión, carente por completo de fundamento y motivos"). En Andrew, la voluntad de vivir no tiene fundamento y no le queda más que apoyarse en un poder que le torna súperhumano pero vacío.
El realizador y coguionista Josh Trank deslumbra con su ópera prima (antes solamente había dirigido televisión) basada en el argumento de Max Landis (hijo del otrora importante realizador de los ochentas John Landis que confirma la ocasional herencia del talento)al filmar una metáfora del estado del mundo que nos lleva a las guerras en oriente o al triunfo del totalitarismo en el pasado o a las amenazas que vivimos diariamente entre dementes con poder. La película no es tan simple como parece: no puede contarse más sin revelar cuestiones esenciales por lo que simplemente se recomienda mucho. Y dura menos de noventa minutos…
viernes, 24 de febrero de 2012
TRES NOMINADAS
CABALLO DE GUERRA
(War Horse)
2011. Dir. Steven Spielberg.
LOS DESCENDIENTES
(The Descendants)
2011. Dir. Alexander Payne.
EL ARTISTA
(L’artiste)
2011, Michael Hazanavicius
Dentro del grupo de cintas nominadas al Óscar tenemos dos propuestas excepcionales realizadas por directores cuya trayectoria es impecable (aunque hayan tenido algunos fallos en el camino). Steven Spielberg ya es una leyenda: 40 años de brindar la imagen idealizada de la realidad norteamericana ya sea a través del abuso (“El color púrpura”), el miedo a la intrusión externa (“La terminal”, “La guerra de los mundos”), la fantasía extrema (“E.T. El extraterrestre”), la aventura insospechada (“Cazadores del arca perdida”, “Las aventuras de Tin Tin”, “El imperio del sol”) o la saga del heroísmo contra todo obstáculo que llega a preservar la vida (“Caballo de guerra”), entre muchos títulos.
Alexander Payne habla de emociones y sentimientos basados en las irregularidades de la justicia y el deber ser: “La venganza” (un maestro contra la hipócrita alumna brillante); las búsquedas del sentido de la vida y la identidad propia (“A propósito de Schmidt”, “Entre copas”) o la elección entre permitir el bien común del planeta o el goce egocéntrico normado por amor o ceguera (“Los descendientes”).
“Caballo de guerra” es la historia de un caballo y su aventura de vida: nacido para otros fines y menesteres por ser un animal fino, el destino lo lleva a integrarse a la guerra. Es arrebatado de las manos del joven Albert (Jeremy Irvine) por una subasta que salvará la granja del padre, por una deuda, y su participación debida al inicio de la primera conflagración mundial.Albert promete a Joey, el caballo, reencontrarse algún día y sabemos, como espectadores, que es una promesa que llegará a cumplirse. La cinta narra las aventuras que vive el caballo al pasar de mano en mano: cada nuevo dueño o benefactor es la representación simbólica de los elementos de la guerra: el enemigo sin escrúpulos, el militar con honor, la joven víctima que ha quedado huérfana, los enemigos de cada bando que se dan una tregua porque finalmente son seres humanos separados por la invisible línea de la frontera. Como espectadores somos testigos de la crueldad de la guerra, de la esperanza de armonía y de la bondad del destino. La familia como base de la sociedad (sin caer en estereotipos ni demagogia ni discriminaciones). La cinta conmueve: un listón de valor humano; una conversación entre soldados enemigos que se despiden y ofrecen sus espacios de vida cuando ésta sea pacífica. 2011 fue el gran año de Spielberg ya que “Las aventuras de Tin Tin” fue un homenaje indirecto al cine y esta película fue otra inmersión en la esencia del cine que fabrica sueños y produce emociones diversas en el espectador.
“Los descendientes” inicia con una tragedia: la esposa del abogado Matt (George Clooney en uno de sus más grandes logros actorales)está en coma luego de haber sufrido un accidente. Matt es descendiente de una importante familia mestiza de Hawai donde vive; ha decidido junto con sus primos, deshacerse de un terreno inmenso que se convertirá en desarrollo urbano y turístico. Tiene una hija adolescente, rebelde; otra hija pequeña que va desarrollándose sin límites. Matt descubre que su mujer le era infiel. Decide buscar al amante junto con su hija. Esto le dará otra perspectiva de vida. La cinta nos muestra un cambio de actitud. El egocéntrico Matt podrá reflexionar sobre el valor de la familia. Los antepasados lucharon por proveer de bienes y bienestar a sus descendientes. Ellos, ahora, luego de más de cien años, quieren despojarse de lo que es una gran fortuna en metálico: una mina de oro en tierra que todavía preserva la grandeza de la Naturaleza y el pasado. Matt compara, sin imaginarlo, esa realidad que lo rodea junto con sus hijas que están también siendo despojadas de lo que permite un símbolo de unión, pasado, preservación de la tierra como aporte ecológico individual. Una tragedia da lugar a una reflexión trascendente en tiempo y espacio. La familia importa porque indica cohesión, trabajo común, intercambio de sentimientos: sobre todo, amor.
Les comenté en otro escrito sobre la trivialidad de “La invención de Hugo Cabret”, misma que comparte con “El artista” donde la anécdota de un actor del cine mudo que pierde su fama y posición al llegar el sonido, se convierte en mero ejercicio de estilo: filmar una película muda (y en blanco y negro) en pleno siglo XXI como recuperación del pasado para valorar el presente pero que se queda en ilustración de un melodrama estereotipado con final feliz que quizás convence al público adulto o más conocedor.Un espectador joven no queda tan satisfecho y no asiste a verla. Insisto en la trivialización: darle importancia a algo insubstancial. Esa recuperación del pasado es más efectiva en “Medianoche en París” (2011, Woody Allen) porque reniega de la nostalgia como pérdida del tiempo, ya que es irrecuperable el ayer. Lo mejor de esta película es un perro maravilloso y gracioso (aparte de heróico en la cinta) que puede equipararse en otro sentido al que aparece en “Beginners: así se siente el amor” (2011, Mike Mills).
jueves, 23 de febrero de 2012
EL RACISMO TRIVIAL
HISTORIAS CRUZADAS
(The Help)
2011. Dir. Tate Taylor.
Basada en una exitosa novela, la película narra ciertos hechos que suceden en una ciudad sureña a principios de los años sesenta cuando Kennedy es presidente y Luther King está planeando su marcha por los derechos civiles. El retorno de Eugenia, llamada Skeeter (Emma Stone)luego de haber estado en la universidad, dará lugar a pequeñas situaciones que vendrán a demostrar los abusos racistas, la permanencia de los prejuicios entre blancos y negros, impensables en un siglo XX moderno, en el país más rico del mundo.
Skeeter quiere ser escritora. Su editora la impele a que busque un tema que tenga trascendencia si es que quiere publicar un libro. Ella nunca ha sido radical en su forma de pensar ni irrespetuosa contra sus sirvientes negros. Las actitudes y acciones de sus amigas de la infancia, ahora vistas desde otra perspectiva, además de la falta de la nana que la crió, y quien había aparentemente renunciado mientras ella estaba fuera de casa, le da la idea de entrevistar a las sirvientas del pueblo para conocer sus impresiones sobre las personas con las cuales han trabajado en el tiempo. Busca primero el apoyo de Aibeleen (Viola Davis, contenida)quien será la que detone el interés de otras mujeres, sobre todo luego de varias injusticias recientes.
La cinta es narrada por Aibeleen, aunque la trama se dirige hacia diversos personajes entre las señoras, otra sirvienta llamada Minny (Octavia Spencer, graciosa)y la propia vida familiar de Skeeter. Los mundos de blancos (caprichosos, prepotentes, con ciertas excepciones) y negros (su vecindario, iglesia, circunstancias) se muestran en ciertos aspectos para mostrar el contraste.
Y esa es la base argumental de una empresa peligrosa (la venganza del blanco, impune y soberbio, era extrema: los negros eran ciudadanos de ínfima clase)que vuelve todo superficial (la casa de Aibeleen es amplia, con comodidades, algo que en la realidad era imposible, por ejemplo). La cinta es muy entretenida y el reparto está conformado por varias de las mejores actrices que tiene el Hollywood contemporáneo. Sin embargo, todo ha sido trivializado y no hay ninguna aportación distinta, ni tampoco una confrontación. El secreto de Minny sobre la convencional y temible villana racista Hilly (Bryce Dallas Howard) es una broma privada que debe mantenerse así para evitar su desprestigio y muestra vulnerabilidad. Todo es inofensivo y se satisfacen las fantasías del espectador para que las villanas paguen lo que deben y las actitudes de algunos personajes cambien. Es el cine que le gusta a los Óscares: simple, sin complicaciones y con finales rosas. El realizador Taylor realizó su segundo largometraje con mucho presupuesto y gran colmillo sobre los elementos que logran el alcance del público, aunque se perdió en el estilo de algo que no tenía mayores aspiraciones ni conflictos: la novela se lee de tirón, algo que animaba a que fuera filmada.
lunes, 6 de febrero de 2012
TENEMOS QUE HABLAR DE HUGO
TENEMOS QUE HABLAR DE KEVIN
(We Need to Talk About Kevin)
2011. Dir. Lynne Ramsay.
LA INVENCIÓN DE HUGO CABRET
(Hugo)
2011. Dir.Martin Scorsese.
Kevin es un sociópata. Desde niño ha demostrado ambigüedad emocional hacia su madre. Tal parece que se odian. No habla, no aprende a controlar sus necesidades fisiológicas. Su atención se deriva al padre y la actitud hacia la madre es desafiante.Cuando es un bebé de brazos no cesa de llorar mientras lo carga Eva (Tilda Swinton, tan inigualable como siempre). Cuando es niño mayor, la madre lo avienta contra una pared y le rompe el brazo, algo que Kevin acepta. Ya adolescente comienza el desprecio, la crueldad y el crimen.
“Tenemos que hablar de Kevin” es la historia del amor maternal sin condiciones ni fronteras. Nos sumergimos en los recuerdos de Eva desde que era joven y aventurera: las primeras imágenes nos la muestran participando en alguna extraña celebración europea donde la gente se baña con jugos rojos y ese color permanecerá a lo largo de la película como extremo, provocador, denotando inquietud: eso que provoca dicho color. La cinta se irá narrando fragmentariamente: no es una cinta lineal y lo que está pasando cambiará de circunstancias: Eva es empleada en una agencia de viajes; de pronto, como en un sueño o deseo interno, es escritora de libros de viaje. El marido la lleva a vivir a su nueva casa: una mansión infinita pero luego vemos que no es tan grande como parecía. Son los recuerdos que se agigantan o disminuyen con la memoria: son los deseos que nos fabrican momentos imaginarios.
Kevin es calculador. Ante el buen deseo de su madre para platicar sobre lo cotidiano, empieza a predecirle el rumbo de la conversación, dándole a entender que todo es fútil. No necesita hacer nada que cualquier madre realiza con un hijo normal. Kevin se sabe diferente y se anticipa a las cosas. Se masturba en el baño y cuando la madre lo sorprende sigue retador con su acción. Desde pequeño, mientras platica con la madre sobre algo que no le parece, va rompiendo sus colores de cera por la mitad, como algo natural. Eva, de pronto, le grita que ella podría estar en otro lugar, en ese momento, si no existiera.
La película no muestra la violencia directamente: la sugiere, da pistas sobre las consecuencias. Kevin ha encerrado a varios alumnos en un gimnasio y les ha disparado flechas ya que desde pequeño ha sido excelente arquero. Luego se ha entregado pacíficamente: tiene 16 años, no lo juzgarán como adultos. Su hermanita pierde un ojo accidentalmente debido a un líquido corrosivo que “nadie” dejó en sus manos. La desaparición del roedor mascota se intuye cuando el triturador de la cocina se tapa, ante el horror de la madre quien mira, luego lava sus manos enrojecidas.
Eva va a visitar a Kevin a la cárcel. No hay explicación. Fue “algo” motivado por “algo” de lo que ya no se acuerda. La madre tiene que abrazarlo porque al final de cuentas es su hijo. La habitación original, con mismos colores y cama junto a la ventana con persianas, se reproduce en la casucha donde ahora Eva vive sola porque ya no están marido, hijo e hija.
Con una banda sonora muy bien seleccionada: las canciones subrayan lo que está sucediendo aunque de manera irónica. Un reparto extraordinario porque los niños y el adolescente que interpretan a Kevin quedan en el deseo interno del espectador como seres odiosos que merecen golpizas y hasta la muerte misma.
Tilda Swinton, coproductora de la película, supo adquirir un rol adecuado para ella y su personalidad. Un acierto la cooperación entre Lynne Ramsay la directora y la impactante Swinton.
La génesis de un individuo socialmente inaceptable. No se explica el motivo de que una familia amorosa produzca este tipo de seres. No hay distinción del bien ni del mal: todo es indiferente. No hay emociones. La película bien puede tomarse como una imagen del deterioro social, la entropía natural. Igualmente es un retrato de los anhelos frustrados: un clavado en el subconsciente de una mujer que fue víctima de la vida.
Ese color rojo de jugo de frutas, de sangre derramada, de pintura lanzada contra una fachada, de sangre de mascota triturada, del vino no disfrutado, de sangre de jóvenes adolescentes flechados por la muerte, del padre, la niña, permanece constante en el alma desgarrada de un espectador que no imaginaba la obra desgarradora que confunde, que emociona, que le habla sobre lo cotidiano aunque sea sin ese color rojo directo.
Hugo es un niño que vive en la estación de trenes en París donde da cuerda a los inmensos relojes mecánicos. Fue a dar a ese lugar cuando quedó huérfano y su padre le dejó con un muñeco descompuesto, de cuerda, y sin terminar un mensaje que quiere encontrar. Ese “automatón” será el camino que lo lleve a conectarse con un viejo cascarrabias al que descubre ser un amargado genio del cine, olvidado por todos, pensado muerto.
Es decepcionante “La invención de Hugo Cabret”. Duele decirlo. El maestro Scorsese, admirable en otras ocasiones, ha filmado una de sus cintas menores. Llega un momento en que su búsqueda del mensaje trascendente de su padre se convierte en el logro de un padre artista como sustituto. Hay toda una intriga que copia los trucos narrativos de toda cinta épica que se respete y que termina aburriendo. No posee el sentido de aventura y curiosidad que despiertan Las aventuras de Tin Tin del maestro Spielberg. La trama se desvía en los problemas personales de otros personajes: un guardia de estación tan gris e insoportable como el actor que lo interpreta (Sasha Baron Coen) que no se decide a hablarle a la florista que ama, o una pareja madura que muestra su amor a través de unos perritos.
Se extraña la mano maestra que nos dio La isla siniestra o, si prefieren de época, La edad de la inocencia. Martin Scorsese es un gran conocedor del cine y lo ha demostrado con creces (en la película sale esporádicamente como fotógrafo). Su labor como patrono para la preservación de joyas del cine es innegable. Por eso duele que este homenaje a Meliés (su 150° aniversario de nacimiento se celebró en diciembre del año pasado) se quede en una trama débil, diluida, difuminada y disparada hacia tantos sitios que no tenga la altura que merecía recordar al cine pionero.
Se comprende el entusiasmo de varios jóvenes espectadores que se dejan llevar por las imágenes de Meliés que quizás van descubriendo por primera vez o que jamás han disfrutado en otra extensión: uno de los magos del cine al imaginar formas de narrar en tiempos primitivos que no alcanzan a ser representados con la magia debida. Los pequeños insertos de imágenes de los Lumiére, del Gran asalto al tren, de William S. Hart o Douglas Fairbanks no son suficientes, ni siquiera esa secuencia colorizada con lo más espectacular de Meliés. A esos espectadores les recomiendo su propia excavación arqueológica en cuestiones de cine...
Técnicamente la cinta es impecable. Hay todo un gran cuidado en el uso de la tercera dimensión y aprovechó la lección de Spielberg al darle mayor brillantez a su imagen porque no se pierde en las opacidades de este truco visual. No es una película que avergüence a nadie y Scorsese es un gran director. No obstante queda disminuida en una carrera esplendorosa e impactante. Lo más triste es mencionar la palabra “aburrimiento” en una cinta de este realizador.
domingo, 29 de enero de 2012
EL SUPLICIO DE UNA MADRE
MILDRED PIERCE
Dirigida por Todd Haynes.
Miniserie HBO, 2011.
Basada en la novela de James M. Cain, autor de El cartero siempre llama dos veces y Doble indemnización, entre otros títulos, que dio lugar a una versión cinematográfica en 1945, producida por la Warner Bros. para ganarse varias nominaciones a los Óscares (y darle a Joan Crawford el único de su carrera), esta miniserie en cinco partes con una duración cercana a las seis horas, fue adaptada por su director Todd Haynes para recuperar la fidelidad a la trama original, imposible de pensar en los años cuarenta por los códigos morales establecidos por esos tiempos.
Mildred Pierce (Kate Winslet)se divorcia y debe mantener a sus dos hijas, Veda y Ray, primero como mesera y luego como empresaria de sus propios restaurantes. Ray muere por una rara enfermedad. Veda es una jovencita ambiciosa y altanera quien, al crecer (Evan Rachel Wood), se da cuenta que no tiene talento para ejecutar música pero descubre su potencial como cantante de ópera. Al descubrir Mildred que quiere chantajear a un joven rico haciéndole creer que está embarazada, se enoja y la corre de casa. Mildred reencuentra a un rico en desgracia que había sido su amante (Guy Pearce) y lo desposa. Éste procura la reconciliación entre la cantante Veda y su madre. Cuando sus negocios sufren un revés económico, Mildred va a buscar a Veda para pedirle que le preste dinero pero la encuentra en la cama con su padrastro. La ataca, casi estrangulándola, pero el hombre evita que llegue a matarla. Pasa el tiempo, Veda está en recuperación porque su voz se ha dañado; Mildred se ha divorciado y vuelto a casar con el padre de sus hijas. Veda regresa a pedirle perdón pero deja al descubierto que su enfermedad fue mentira para lograr un jugoso contrato que la llevará a Nueva York donde la espera su ex padrastro y ahora amante. Mildred se da cuenta de su perversión y la despide diciéndole que se vaya para siempre. Mildred y su esposo deciden que se vaya al diablo, aunque ella duda.
¿Por qué filma Todd Haynesesta novela en 2010?
Encuentra similitud entre los tiempos de la Gran Depresión económica (la acción inicia en 1931, en Glendale, California) y los años de los problemas con bancos, intereses, falta de pagos de vivienda, en los Estados Unidos casi al terminar la primera década de nuestro siglo. Las ambiciones materiales y el consumismo se han disparado aunque no haya dinero para pagar, como sucedía en esa etapa del siglo veinte. Por otro lado, la película de la Warner Bros. había hecho una labor endemoniada para mantener la atmósfera de la novela sin poder adaptarla fielmente por razones morales. Era necesaria, entonces, una versión fiel, adecuada al lenguaje y a los tiempos de la narración literaria.
La película de la Warner Bros., titulada en español como “El suplicio de una madre”no podía mostrar la perversión de Veda. La cinta inicia con el asesinato del interesado padrastro, Monty (Zachary Scott), cuyas últimas palabras se refieren a Mildred (Joan Crawford). La policía la detiene y comienza a narrar en retroceso su historia. Todo sigue casi igual a la sinopsis referida previamente, excepto que Veda (Ann Blyth) se casa con el joven rico que la embaraza aparentemente para chantajearlo.Luego de que es corrida de casa por su madre, pasa a ser cantante de cabaretuchos donde la reencuentra Mildred quien accede a casarse con Monty para tener la clase de su apellido. Veda empieza a coquetear con Monty lo que lleva a una decepción. Veda es quien realmente dispara sobre Monty y Mildred toma la culpa aunque finalmente se descubre la verdad.
Haynes presenta a Veda (la actriz Wood está extraordinaria)con toda su maldad y crueldad. Desde pequeña reta a Mildred fumando un cigarrillo y maldiciéndola: la madre le abofetea para arrepentirse posteriormente. La furia de Mildred cuando se entera del engaño y chantaje hacia el joven rico que la adoraba se disuelve luego de unos momentos pero Veda ya ha decidido irse de casa. El descubrimiento de la relación casi incestuosa entre el padrastro e hijastra ocurre en el momento pensado por Veda para que ocurra la agresión de su madre y utilizarla dentro de sus planes calculados. Veda viene a ser la gran creación del escritor Cain en un momento cuando había que tener mucha inventiva para decir lo que se deseaba sin expresarlo directamente. Una víbora, es como la describe su maestro de canto. Luego de que la encuentra Mildred, sus movimientos para tomar un cigarrillo, salir de la cama sin ropa en su cuerpo y moverse suavemente, para adoptar una posición perfecta, con un pie de punta y el otro perpendicular, viéndose al espejo, mostrando su triunfo ante la madre que ya no puede más por lo que reacciona. Mildred ha quedado estupefacta, sin moverse, viendo al hombre y a la hija que muestran una desfachatez ilimitada. No obstante, todavía llega esa revelación final: todo ha sido organizado para lograr sus fines: ganar un jugoso contrato y, como añadido extra, quedarse con el hombre de apellido aunque sin cualidades.
No hay castigo para la malvada. La novela muestra una revuelta moral. Hay todo un camino circular: Mildred se divorcia de su marido quien le es infiel con una mujer casada, aunque separada en la distancia de su propio marido, y queda al cuidado de sus hijas para terminar vuelta a casar con el mismo hombre luego de haber vivido aventuras que la fueron normando. Mildred estaba en la pobreza y ha vuelto a una situación poco mejor que la previa. Ha tenido relaciones sexuales con un ex colega de su marido quien le ayuda en su empresa; luego ha estado con un hombre rico venido a menos para finalmente volver a los brazos de un marido que fue abandonado por su amante.
Mildred Pierce muestra dos retratos femeninos excepcionales: la mujer que pudo salir adelante gracias al amor por su familia: esa clase de amor sin precio ni límites; la mujer sin sentimientos (lo que ahora catalogamos como “sociópata”) que no valora más que su propio beneficio y desea colmar su ambición. Son dos modelos bastante apreciados y conocidos en este siglo veintiuno aunque la cabeza de un genio los ideó desde el anterior y la sensibilidad de otro creador los aterrizó para los ojos contemporáneos.
Se puede conseguir en Blu-ray nacional (la edición norteamericana trae tanto el DVD como el Blu-ray con comentarios y extras); seguramente se repetirá en algún momento por HBO, su casa productora; a pesar de que le haya contado la trama, nunca igualará a la emoción, el descubrimiento, el goce de disfrutar actuaciones de primera, atmósfera perfectamente recreada y conceptos que van conmoviéndonos desde la mirada.
sábado, 14 de enero de 2012
RETRATO DE UN MONSTRUO
J. EDGAR
2011. Dir. Clint Eastwood.
J. Edgar o el retrato de un monstruo. La película nos lleva a sus inicios, a su delirio de persecución, a su egocentrismo, su discriminación hacia todo lo que pareciera “antiamericano”, su homosexualidad reprimida y abierta, sus míticos archivos confidenciales y privados. Desde Calvin Coolidge en 1924 hasta Richard Nixon en 1972 fue jefe del FBI que impulsó a fundar y fortalecer con el tiempo.
J. Edgar Hoover fue temido por las grandes personalidades políticas de su tiempo porque los tenía en sus manos según les contaba y amenazaba. Un hombre que abominaba de la homosexualidad y gustaba de vestirse como mujer. Un niño de mamá que era su motor pero también su limitante. No podía ser una “florecita” porque para la madre era preferible tener un hijo muerto que un hijo maricón.
J. Edgar Hoover, el gran mentiroso que narraba sus hazañas cuando no había estado presente en ellas. El gran verdugo porque llevó a la muerte al supuesto secuestrador del hijo del aviador Charles Lindbergh aun con muchas dudas sobre su culpabilidad. El terrible sádico que sentía placer ayudando al malhadado senador McCarthy en la cacería de comunistas cuando la guerra fría. El que rehusaba aceptar mujeres, negros y homosexuales en las filas de su poderosa FBI.
El maestro Eastwood ha logrado una de sus cintas más secas y frías porque era el único tono que merecía un personaje de esta naturaleza. Un ser contradictorio que disfrutaba el momento de un beso para luego gritarle a su amado compañero de cama y trabajo Calvin Tolson que jamás volviera a hacerlo y, sin embargo, siempre lo quería a su lado y lo nombró su heredero. Un hombre pleno de contradicciones y astucia: no puede negarse que fuera brillante para haberse mantenido por 48 años en el mismo puesto.
La película nos habla de un ser despreciable, con doble moral y cara oculta. ¿Qué mejor que este siglo XXI para recordarlo y mostrarlo como espejo de tantos otros personajes semejantes que ahora padecemos? El maestro Eastwood, en su versatilidad de temas, sabe perfectamente cuál es el discurso para compartir con su público. Redentores que nadie solicita pero que llegan a sus puestos para imponer su voluntad porque es el gran beneficio para el pueblo. El guión es equilibrado. Fue escrito por el autor de "Milk" pero no se regodea en el tema homosexual: todo está en su justa medida y todo es adecuado. Un ejemplo: Cuando está sufriendo por la muerte de su amado, el ya también viejo Clyde lee una carta privada dirigida a la esposa de Roosevelt por una amante lesbiana donde habla de un beso y las comisuras de los labios: sin estridencia ni obviedades, sabemos lo que está sintiendo el hombre gracias a las palabras de una personalidad que estuvo amenazada por este tipo que compartía esa preferencia sexual. Hasta en ese momento, se muestra la contradicción presente...
Y luego tenemos la brillantez del reparto: Leonardo DiCaprio alcanza la madurez: uno no podría imaginarlo en este rol y, sin embargo, está perfecto. Físicamente oculta sus ojos azules con los cafés oscuros que proveen la dureza del monstruo original. Su sobrepeso es el adecuado y sus gestos, ademanes, tonos, dan idea de su valor actoral. En un rol poco agraciado (aunque importante) está Naomi Watts y como el amado Clyde aparece el joven Armie Hammer. Judi Dench es la estricta madre.
La fotografía es luminosa pero casi monocromática en cuanto a la falta de colores brillantes y diversos. Hay que darle esa opacidad a un personaje nada admirable porque era una vida en blanco y negro, monótona y oculta. ¡Qué gran realizador es Clint Eastwood!
Cada película es una obra soberbia, ejemplar, trascendente.
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