martes, 11 de junio de 2013

LA VIDA NOS SUCEDE


UN AÑO AJETREADO
(Une Année Studieuse)
de Anne Wiazemsky.

Gallimard, 2012.
Anagrama, 2013.
 


            La actriz y novelista Anne Wiazemsky fue esposa del director Jean-Luc Godard por doce años. Su carrera fílmica comenzó en 1966 al protagonizar Al azar Baltazar (Au hasard Baltasar) de Robert Bresson, donde se trataba el abuso, en todos los sentidos, a través de una muchacha campesina y su burro.
La cinta fue aclamada universalmente. Bresson utilizaba actores desconocidos. Algunos de ellos seguirían adelante (muy notablemente Dominique Sanda) o quedaban en la única cinta. Anne Wiazemsky, como nieta del literato Francois Mauriac, había alcanzado esta oportunidad en 1966 sin pensar en una carrera cinematográfica. Seguía siendo una chica simple, de 19 años, estudiante del bachillerato.
 
 
            Sin embargo, siempre había tenido atracción por el cineasta Jean-Luc Godard. Alguna vez habían tenido acercamientos desastrosos por la timidez del director y la juventud de la muchacha. Alguien le sugirió que le escribiera una carta a la cual Godard respondió de inmediato. Había correspondencia amorosa pero ella era una chica estudiante, menor de edad, y él le llevaba 17 años. Estuvo
casado con la actriz Anna Karina, protagonista de muchas de sus cintas, y se encontraba en el punto alto de la fama. En 1960 Sin aliento había causado sensación y lo colocó entre los directores importantes de la Nueva Ola con una filmografía subsiguiente de reconocimiento. Cuando se relacionó con Anne, estaba filmando Dos o tres cosas que sé sobre ella
Anne Wiazemsky narra en este libro lo que sucedió entre el momento en que inició su relación con Godard, los obstáculos y alegrías que vivieron, el comienzo de su intimidad ante el rechazo de su madre y, por ende, de su conservador abuelo Mauriac. Igualmente, su ingreso en la Universidad de Nanterre para estudiar filosofía y el ofrecimiento de Godard para que interpretara La Chinoise. Por tal motivo aparecería en varias de sus cintas y con otros realizadores importantes: Pasolini (Teorema), Cournot (Los gauloises azules), Deville (Los libertinos), Tanner (El retorno de África), entre otras.
            El libro habla de este tiempo. Muestra a un Godard vanidoso (compraba un Alfa Romeo para impactar a la jovencita) y caprichoso   que abusaba de su posición importante como realizador para lograr ciertas ventajas. Además, confiesa la pasión que sentía por el cómico Louis de Funés que, por esos años, era popular en todo el mundo y denostado por la crítica. Resulta que el crítico, niño terrible de la Nueva Ola Francesa, reía con las boberías que la gente exquisita rechazaba.
            Como ejercicio que revela tiempos, sentimientos y situaciones, satisface la curiosidad del cinéfilo viejo (o del joven que gusta del pasado y la referencia): Aparecen Jean Pierre Léaud, Juliet Berto, Jeanne Moreau, como personalidades alrededor de ella. Como obra profunda de memoria, funciona para Wiazemsky como ancla sobre la tierra de lo que fue su antecedente romántico, su lugar en la historia (sin tener conciencia de ello) que apenas el tiempo da valor. La mera presencia en una película bressoniana y el estelar de otra cinta godardiana (en su tiempo más puro y esencial: luego fue el manifiesto político y el cine hermético) dan a entender, por medio de la experiencia de la Wiazemsky, que la vida nos sucede sin entenderla: solamente la reflexión, tiempo transcurrido, nos da la oportunidad de disfrutar, rechazar, tener vergüenza, sentir placer por todo aquello que nos pasó por cuerpo y alma. Un libro maravilloso.
Anne Wiazemsky en la actualidad, ganadora de diversos premios literarios, luego de una importante carrera cinematográfica.

 

miércoles, 5 de junio de 2013

EL GRAN FRACASO


EL GRAN GATSBY

(The Great Gatsby)

2013. Dir. Baz Luhrmann.

 


“En mis años más jóvenes y vulnerables, mi padre me dio un consejo que siempre ha dado vueltas en mi cabeza: ‘cuando sientas que vas a criticar a alguien’ – me dijo – ‘solamente recuerda que toda la gente del mundo no ha tenido tus ventajas’”… Así inicia la novela de “El gran Gatsby” y luego de ver la película de Baz Luhrmann uno tiene que hacer caso omiso: este australiano ha tenido todas las ventajas para filmarla (presupuesto, estrellas, lujo al por mayor) y merece todos los reproches del mundo.
 


Uno se pregunta los motivos para filmar otra versión de “El gran Gatsby” en estos tiempos. Quizás para subrayar la frivolidad humana y enfatizar la carencia de sentimientos y obsesiones como los que posee el personaje. Tal vez para recuperar un tiempo pasado que “no puede repetirse” como se dice en la misma película aunque se quieran construir las condiciones del ayer. O seguramente, para utilizar una época enloquecedora, plena de estilo, sujeta a derroche y tiempos óptimos para la economía, a pesar de la prohibición, para mostrar una reproducción de época sin mayor sustancia.
 


Al final de cuentas, es la historia del gran amor que un hombre sintió por una mujer que resultó ser estúpida y convenenciera. Jay Gatsby (Leonardo DiCaprio) luchó por tener todo aquello que podría darle satisfacciones materiales a su adorada Daisy (Carey Mulligan); se involucró en actividades ilícitas para enriquecerse fácilmente; vivió con la obsesión de la mujer a la que adoró y abandonó para hacerse merecedor de ella, quien en lugar de esperarlo o entenderlo, se casó con un tipo tan frívolo y superficial como ella misma. Gatsby quiere que Daisy le diga, en su propia cara, que jamás amó a Tom (Joel Edgerton), su marido, porque esa es la idea que él ha forjado en su mente. De ahí que sea significativa la frase de Daisy al decir que amó a ambos. Entonces, ahora. Gatsby se sobresalta al escuchar que lo amó “también”.




Nick Carraway (Tobey Maguire) es el primo de Daisy y narrador de los hechos. Por él sabemos de los momentos íntimos: importantes para Gatsby, excitantes para Daisy, hasta que se confrontan con la realidad. Daisy buscaba revivir la aventura. Gatsby retornar al inicio y darle otro comienzo a lo que fue una relación interrumpida. Gatsby es un héroe trágico porque creyó en el amor y en su amada hasta el final: un tonto engañado, víctima indirecta de ese gran amor no correspondido.




En lugar de tener esa imagen del amor loco, Luhrmann ilustra todo con efectos especiales de mansiones casi irreales; coloca hip hop para darle un atractivo posmoderno y adecuado para los espectadores jóvenes que, seguramente, no se han metido a ver esta cinta: prefieren a “Rápidos y furiosos 6” (con toda razón); piensa que los excesivos vestuarios, el derroche visual, la moda replanteada permitirá que una sutil sensibilidad gay se apropie del estilo para trascenderlo en el siglo XXI cuando todo está tan alejado como hace casi un siglo y a nadie le importa. Estilo y forma sobre sustancia y fondo. No es la nueva lectura de un clásico literario; no es el punto de partida de nuestros tiempos apuntalada sobre una imagen retroactiva que nos devuelva al pasado que Gatsby anhela revivir.




 
Con Jack Clayton y Robert Redford como Gatsby (1974) hubo un personaje con aura de misterio (con la personalidad recia del actor), una Daisy fea (Mia Farrow) y tan ligera como su vocecilla chillona: ahora es un Gatsby vulgar que comete la estupidez de empaparse antes de reencontrar al amor de su vida, en una acción tan gratuita como inexplicable en un tipo que tenía autodominio. La música estaba compuesta por canciones populares del tiempo (“What’ll I Do?” de Irving Berlin o tangos ambientales): ahora es lo que importa en el momento y que, como las canciones de “Amor en rojo” serán tan intrascendentes como esa cinta misma.




Con Elliott Nugent y Alan Ladd como Gatsby (1949) hubo una traslación de la novela al cine negro de época centrado en las acciones delictivas del héroe cuya única debilidad era el amor pero agredía al pusilánime que lo enfrentaba: ahora es un Gatsby que ordena golpear impersonalmente a quien se atreve a retarlo. No hay más que unas imágenes del Gatsby de 1926 filmado apenas un año luego del lanzamiento de la novela donde se nota el lujo que había estado cercano como los cinco años de diferencia entre la separación y el reencuentro de Jay Gatsby con Daisy Buchanan. Quizás fue una representación de su actualidad.
 



¡Qué desperdicio!

 

 

 

lunes, 3 de junio de 2013

LA SOLIDARIDAD


RÁPIDOS Y FURIOSOS 6

(The Fast and the Furious 6)

2013. Dir. Justin Lin.

 

 

            La gran novela de acción cierra el círculo doméstico. Toretto (Vin Diesel) y Brian (Paul Walker) reúnen a su grupo de amigos porque un poderoso delincuente, Shaw (Luke Evans) está buscando las partes para conformar una máquina que cortará las telecomunicaciones mundiales por 24 horas. Además, el objeto amoroso de Toretto, la chicana Letty (Michele Rodriguez) que se tenía por muerta, ahora es miembro de la banda de Shaw.

 
            Lo que inició como una cinta urbana de delincuentes automotrices cuya principal meta de acción eran las carreras clandestinas y donde un agente de la ley se introducía encubierto en la banda para desenmascararlos para luego tornarse en cómplice (por amor a la hermana de Toretto y por amistad inesperada y cálida con éste) fue convirtiéndose paulatinamente en una saga internacional. La banda de quebrantadores de la ley fueron utilizando sus cualidades veloces y su ingenio improvisado para ir contra grandes hampones de otras naciones. Luego de la cinta original (Rob Cohen, 2001) se tuvieron dos intentos de franquicia que funcionaron como tramas independientes. La cuarta película reunió a Walker y Diesel con los otros personajes para darle forma a lo que ahora ha adquirido su propia personalidad. En esta continuación aparecen además Dwayne Johnson (con un cuerpo extremadamente musculoso) y la maravillosa Gina Carano, en rol sorpresivo; ambas estrellas aumentan el valor icónico de la cinta.



            El realizador Justin Lin ha sabido impartirle su sentido de acción imparable, coreográfica, que equipara a la serie con las populares cintas orientales de artes marciales donde los héroes volaban y los villanos soportaban los feroces enfrentamientos más allá de la fortaleza humana. Es lo inverosímil de estas grandes producciones de Hollywood mezcladas con el sentido de humanidad y solidaridad lo que propician un entretenimiento innegable. La edición y los efectos especiales son tan espectaculares e inesperados que uno queda sorprendido (acuérdese de ese verbo “volar” cuando vea la película) cuando piensa que ya todo está hecho en cine.



            Y vuelvo a la cualidad principal de la cinta: el sentido de familia y solidaridad (lo que se vió en “Duro de matar 5”) con la cual comenzó la serie y ahora se recupera. Está aparte el humor. Y luego viene el amor: la tensión romántica y sensual entre la amnésica Letty y el rudo Toretto que se desarrolla por medio de un reto automovilístico, sin cuerpos ni camas. Por eso la cinta es coherente consigo misma en su esencia. (más alegría causa el anuncio de la siguiente secuela: aunque alabemos a Lin como realizador, ahora será dirigida por James Wan a quien debemos “Juego macabro”, “Sentenciado a morir” o “La noche del demonio”: no puede pensarse que bajará la calidad ni la audacia:  además el villano será Jason Statham. Más delirio, imposible.).

domingo, 12 de mayo de 2013

EFECTISTA Y EFECTIVO


GILBERTO GAZCÓN
(1929 – 2013)

 

Única foto disponible del realizador en toda la Internet... Ni modo.
         Hijo del poderoso productor Valentín Gazcón quien era cuñado de Raúl de Anda, a Gilberto Gazcón le tocó seguir el camino de las dinastías cinematográficas en México. A pesar de las conexiones familiares batalló para ingresar como director por cuestiones sindicales pero lo logró en 1957 con El boxeador,
 
"El boxeador" fue la primera película como director de Gilberto Gazcón,
que le diera fama y premios.
un melodrama estilizado que llamó la atención porque su narrativa se alejaba de la que se utilizaba en las cintas mexicanas por esos tiempos y, además, llegaba a lo que era un final inesperado. Se ganó varios premios y de ahí que a Gazcón se le considerara un realizador de nuevo aliento, algo que él se tomó en serio e intentó ser distinto, con temas audaces o situaciones fuera de la común, en las que serían sus siguientes películas.


         La grandilocuencia temática estaría presente con los chicanos (Los desarraigados, 1958, que ojalá resurgiera por algún lado) o los cómicos callejeros (La risa de la ciudad, 1962). Las situaciones extremas las presentaría por medio de una mujer hipócrita que seducía a todos los hombres de una ranchería (Remolino, 1959, como una derivación de la Susana buñueliana) o el recorrido por el desierto de un convicto y su guardián (La cárcel de Cananea, 1960) o el médico amenazado por la hidrofobia (El mal, 1965) donde realizó una coproducción con Estados Unidos y tuvo a Glenn Ford cuyo estrellato en Hollywood ya iba declinando, así como a la estrella Stella Stevens, por cortesía de la Columbia Pictures.


         Sin embargo, Gazcón era director efectista más que propositivo; técnico y eficiente en lugar de reflexivo. Tenía muy buen olfato comercial para encontrar los elementos adecuados para sus películas. De esa manera los repartos atractivos (Silvia Pinal y Julio Alemán en Los novios; Jorge Rivero, Zulma Faiad y Rodolfo de Anda en Al rojo vivo; Resortes y Joaquín Cordero en Suerte te dé Dios que serían sustituidos en la segunda versión Dos de abajo con Valentín Trujillo y Andrés García; por no mencionar a Sonia Furió en varias películas). Y todo ese conjunto fílmico permite un cúmulo de entretenimiento y momentos que dejaron recuerdos felices a los espectadores.

 
         Grandilocuencia y efecto. Filmó una película en 1970 llamada El cielo y tú donde Braulio Castillo interpretaba al padre Mauro, sacerdote progresista, admirador de Juan XXIII, al cual una de sus fieles aristócratas definía como “de esos padres nuevos que quieren hacer una revolución en la iglesia”.  Amigo de sus jóvenes feligreses con los cuales jugaba billar y futbol, aparte de discutir temas “peligrosos” como cuando una de las muchachas le decía que no tenía experiencia para aconsejarla sobre el sexo por lo que respondía “eres de las que pretenden que para saber conocer algo hay que vivirlo”. Al salvar a una muchachita del mal camino por donde la llevaba el joven judío Kohner al cual le imprecaba “no seas pendejo”, no lograba convencerlo. El muchacho moría pero su padre, agradecido por su labor con la juventud, le hacía viajar hasta Acapulco para regalarle cien mil pesos (una fortuna en esos años) que provocaba la ambición de uno de sus sirvientes que golpeaba, disparaba al sacerdote y lo abandonaba desnudo en la playa.

Braulio Castillo (1933) fue un galán puertorriqueño, importante en las telenovelas latinoamericanas de los años sesenta. "Renzo el gitano" o "Simplemente María", por ejemplo.
         El hombre era encontrado por cinco “jipis” (tres muchachas, dos hombres) que lo creían muerto al principio, pero al darle un sorbo de alcohol, lograba reaccionar. Una de ellas, Susana (Irán Eory), le daba respiración de boca a boca. Lo llevaban a su refugio en otra playa, el hombre recobraba conocimiento, pero había perdido la memoria. Para no hacer el cuento largo, el hombre se enamoraba de Susana, a lo que ella correspondía. Tenían relaciones sexuales, ella quedaba embarazada. Al volver al pueblo, mientras pasaban por una iglesia, las campanas repiqueteaban, el hombre recuperaba su memoria para entrar en conflicto moral y encontrarse con la rebeldía de Susana, su odio hacia Dios y la vida. Finalmente, el hombre retornaba al sacerdocio. Durante una misa Susana llegaba con su hijo en brazos para recibir la hostia de su hombre.

Irán Eory (1938 - 2002)
         Gazcón escribió este argumento junto con el productor Óscar Brooks y Adolfo Torres Portillo. Los temas estaban de moda: la teología de la liberación y el movimiento hippie (aunque ya de salida). Por un lado, todos los cuestionamientos antes prohibidos a la iglesia y al sacerdocio, aparte de las actitudes generales de estos personajes con la sociedad; por otro lado, la juventud que ya se desataba de las convenciones del pasado, buscaba la libertad sexual y el amor libre. Gazcón y sus cómplices pensaron en el contraste entre aquellos muchachos conformistas con ciertas preguntas naturales y quienes simplemente rompieron con las costumbres y tradiciones para vivir su vida. De esta manera la grandilocuencia: enfrentar al mismo Dios con las obligaciones impuestas por su iglesia utilizando un caso fortuito, una situación inopinada y casual. Si se rompía el voto de castidad era porque se había roto el equilibrio personal.

 
         Y luego estaba el efecto: al utilizar como dos polos a lo profano (jipis) y lo sagrado (hombre consagrado) era retador (y excitante para ciertos espectadores) ver a una de las mujeres besar el cuerpo desnudo  del hombre comenzando desde el mentón para seguir hacia adelante y ser detenida por Susana al llegar a la cintura (“solamente a una enferma como tú se le ocurre abusar de un hombre inconsciente”) o ver al hombre acariciar y luego someter carnalmente a la mujer porque ellos no saben lo que el espectador conoce. Esta es una de las formas narrativas que el cine ha explotado en toda su existencia pero es más fuerte cuando el tema reviste otras circunstancias: no olvidemos que era 1971 cuando se estrenó la película.

 
         De esta manera podemos definir al cine audaz y diferente que intentó realizar Gazcón aunque no haya soportado el paso del tiempo. Quedan sus películas como atrevimientos formales y temáticos de una época, aunque sus alcances hayan sido sobrepasados por los cambios de mentalidades. Lo que en esos años impactó y estrujó, ahora queda como melodrama bien realizado. En estos tiempos de clérigos pederastas o con familias y amantes, aunque se haga a la chita, callando, el hecho de que un sacerdote tenga sexo y procree, a nadie sorprende.

 
Podría hacerse un parangón ilustrativo entre Remolino de Gazcón donde una mujer llegaba al rancho de quien había sido novio de su madre y Susana de Buñuel (que le antecede  casi una década) donde una presidiaria escapaba de la cárcel para llegar a la hacienda de un buen hombre. En ambos casos, la mujer seducía a todos los hombres del lugar pero, mientras que en Susana la movía su inclinación al mal, su experiencia del pasado, su amargura frente al trato de la vida para lograr sus fines, escapando de la justicia sin interesarle víctima alguna ni las consecuencias, en Remolino era simple producto de la frivolidad con la intención de satisfacer el deseo hacia uno de los hombres usando a los otros. Lo que en Buñuel era comentario social, ironía, humor, en Gazcón era perfección técnica y complacencia al público: colmillo comercial.

Lo que debe destacarse de Gazcón fue su deseo de hacer un cine diferente, narrarlo de la mejor manera posible y, en el camino, dejar constancia de momentos espléndidos, cálidos, imborrables. Descanse en paz. 

jueves, 9 de mayo de 2013

UNA PELÍCULA ADMIRABLE


UNA FAMILIA DE TANTAS
1948. Dir. Alejandro Galindo.

 


         Gracias al 15° aniversario de la inauguración de Cineteca Nuevo León se organizó un ciclo con películas de directores nacidos en nuestro estado. Se incluyó a don Alejandro Galindo (nacido el 14 de enero de 1906 en Monterrey, debutante como realizador en 1937 con Almas rebeldes y fallecido en el Distrito Federal el 1 de febrero de 1999, luego de una larga carrera) con una de sus múltiples cintas distinguidas: Una familia de tantas.

 

Alejandro Galindo (1906 - 1999)
         A pesar de los 65 años transcurridos desde su filmación, en los tiempos cuando se iría consolidando la clase media y la disciplina era valor primario (aunado a los sentimientos de respeto y obediencia), la cinta no ha perdido interés ni deja de sorprender. La criada de la familia Cataño (Enriqueta Reza) sospecha que algo anda mal con el hijo mayor Héctor (Felipe de Alba) y le dice, con segunda intención a la madre (Eugenia Galindo), que los niños de ahora son más vivos. Luego nos enteramos que embarazó a la novia (Nora Veryán), tuvo que casarse con ella porque el padre ha criado hijos responsables y vivir de manera pusilánime en la casa paterna. La hija mayor Estela (Isabel del Puerto) sufre una golpiza que la deja tirada en el suelo porque su padre la pescó besuqueándose con el novio Rodolfo (Manuel de la Vega) con la consecuencia de que abandona el hogar para que tome un rumbo desconocido.


Martha Roth
         Luego está la quinceañera (como la misma Cineteca NL: excelente metáfora) María del Refugio, llamada Maru (Martha Roth), confundida entre la crueldad paterna, las acciones de sus hermanos y el descubrimiento de lo que no puede definir entre la atracción sexual y el primer deseo amoroso hacia el vendedor de aspiradoras que se mira muy decente Roberto (David Silva) quien también ha quedado prendado de ella ante su inocencia. Será éste quien le abra los ojos a la realidad, alcance un mínimo grado de rebeldía que, sin embargo, le permite dejar en claro que no quiere al rico ranchero que es su primo Ricardo (Carlos Riquelme) yendo contra los deseos del padre que quiere brindarle un futuro seguro.


David Silva
         Y todo lo anterior ha girado alrededor de la figura paterna, Rodrigo Cataño (Fernando Soler), que tiene una pintura con el retrato de Porfirio Díaz en su sala. Aparte, hay una fotografía que muestra su rostro. En los momentos de alimentación se sienta en la cabecera de la mesa. Debe haber el rezo de agradecimiento antes de comer. Hay besos de manos entre hijos al padre; de esposa al esposo; del esposo a la esposa. Se escucha un discurso pasado de moda ante la hija que ha pasado de ser niña y ahora es mujer a sus quince años. Baila sin gracia, con pequeños saltitos, el primer vals de Maru. Es cobarde: pura apariencia con los hombres: golpeador con las hijas.

Alma Delia Fuentes, Fernando Soler, Martha Roth, Eugenia Galindo
         Es el gran acierto de esta invaluable película: la imagen del patriarca a la antigua: heredero de poses, actitudes y abusos del pasado porque la dictadura nacional debe reflejarse en la dictadura familiar. Ajeno a la modernidad que, repentinamente, irrumpe en la persona de ese terco y eficaz vendedor que logra venderle no uno, sino dos avances de la ciencia en el hogar. La cinta sucedía precisamente en los tiempos cuando presidía al país alguien que quiso llevar a México hacia una nueva era (finalmente corrupto y ladrón) y se necesitaba dejar atrás las tradiciones y costumbres. La cinta venía a ser un discurso en favor de este cambio: ya no era posible la barbarie disfrazada de rigor familiar.



         Fue una delicia verla en pantalla grande aunque en una irregular copia en 35 mm que requiere urgentemente de digitalización para que recupere su brillantez. Es la misma copia (cada vez más deteriorada) con la cual se hicieron las transferencias al DVD comercial porque tiene secuencias oscuras que luego adquieren mayor luz. De cualquier manera, la magia está presente. La recuperación del pasado en una cinta amena y entretenida que nos tenía a los espectadores absortos, a pesar de que, como sucede con un servidor, la hemos disfrutado muchas veces.



         Lo paradójico de esta cinta es que provoca el anhelo de esos tiempos de modernidad porque, fuera de esa familia anacrónica y disolvente, existía el respeto en mayor proporción: base de todas las demás cualidades que deberían exigirse al ser humano. Es que todo se veía muy decente como expresaba Maru ante el verdaderamente trabajador Roberto, al contrario de nuestro siglo XXI. ¡Felices quince años, Cineteca NL!
 

 Cineteca Nuevo León

martes, 23 de abril de 2013

¿QUIÉN TIENE LA RAZÓN?


OLIMPO BAJO FUEGO

(Olympus Has Fallen)

2013. Dir. Antoine Fuqua.

 


         Lo que sería un mero discurso de la hegemonía norteamericana respecto a su posición como “el país más poderoso del mundo” se convierte en gran entretenimiento y en otro episodio más de la serie con el súperheroe invencible y sobrenaturalmente invulnerable. Mike Banning (Gerard Butler en su mejor momento físico)
es un agente del servicio secreto que cae de la gracia de su gran amigo, el Presidente de los Estados Unidos (Aaron Eckhart), luego de una tragedia inesperada. Año y medio más tarde, Banning hace trabajo de oficina mientras la Casa Blanca sufre otro inesperado ataque que secuestra al mandatario y que hace que el ex agente pueda vivir su redención salvándolo.

         Antoine Fuqua, director experto en este género,
 
excelente para reflejar paradójicamente la oscuridad interna al mostrar a seres ladinos y traidores (acuérdense del genial personaje de Denzel Washington en “Día de entrenamiento”) tiene su gran logro en uno de los villanos más dibujados y geniales de los últimos tiempos, Kang (Rick Yune, impecable, seductor, malévolo)
 
 
que sirve como contraste perfecto y retrato mayor de la demagogia radical que busca sus propios fines y beneficios. Sádico, golpea a la Secretaria de la Defensa con gran placer.


         La cinta promete mucha acción y cumple. Es impecable e impactante la destrucción de la Casa Blanca que tal parece que es un documental sobre la realidad. El espectador queda atrapado desde el inicio y sus emociones se comprometen. Se aprecia la debilidad de quienes se supone que son los “buenos” al ser diezmados sin piedad. El héroe se fatiga y se levanta con la energía esperada en un reactor.
 
 
Es el cine tan comercial que envuelve y tan bien hecho como espectáculo aunque el sueño sea pesadilla y sepamos perfectamente que todo podrá acabar bien, pero en el ínterin uno se involucra y cree que las cosas acabarán mal. Es la magia del cine. Es la esencia que se defiende en este cine “palomero” como le llaman quienes son filmófagos y “de género” como se inscribe en las historias serias del cine como en su tiempo lo fueron “Los cañones de Navarone” o “El gran escape”. Uno agradece también a los guionistas que la cinta no se desvíe en subtramas que la hubieran desequilibrado (el hijo del Presidente; la mujer de Banning).


 
         Por supuesto que hay un discurso triunfalista y en este momento los villanos son coreanos, aunque no se especifique territorio y se envuelvan en el terrorismo junto con asociados que traicionan a su propia patria. Claro que hay una paranoia debida a la vulnerabilidad manifiesta luego del atentado en Nueva York y se muestran posibles consecuencias futuras aunque se endulcen finalmente.
 
         El reparto es de primera categoría: Angela Basset, Melissa Leo, Morgan Freeman (infaltable), Robert Forster, una Ashley Judd (que viene a ser otra Drew Barrymore de “Scream”) y la película es satisfactoria. Uno sale del cine, contento porque le han divertido con acción y muerte. Sin embargo, siempre queda ese saborcito de boca y esa pregunta eterna: ¿quiénes tienen la razón? A uno le gusta que estos dilemas morales le sean embarrados en la cara.