sábado, 19 de octubre de 2013

MÉXICO CONTRA EL FASCISMO


UN LIBRO INDISPENSABLE
por Roberto Villarreal Sepúlveda

(Texto de presentación del libro "Cine y propaganda para Latinoamérica")
 


 

En una entrevista al historiador Marc Ferro, personaje icónico del concepto “Cine e historia” se le preguntó:

-¿Cómo llegó a considerar el cine de ficción para el análisis de la historia?

“El cine es un poco como las novelas en la literatura; es decir, entrega a menudo una verdad social tan grande como los discursos políticos. En los filmes de ficción muchas veces vemos hechos y análisis que no entregan ni los documentos oficiales ni los discursos ni las estadísticas".

Y al solicitársele un ejemplo comentó:

-¿Recuerda algún ejemplo representativo?

"Está mi experiencia con las películas rusas de los años 1925-1930, donde se ve bien cómo vivía y se comportaba la gente en las ciudades y en el campo. El filme soviético 'Tres en un sótano' (1927) es la historia de una pareja en que el marido trabaja en una fábrica y ella es dueña de casa. Un día, llega un amigo desempleado a alojarse con ellos, quien tiempo después se convierte en amante de la mujer. Ella queda embarazada y los amigos -el marido y el amante- juegan a las cartas para saber de quién es el bebé. La esposa se escandaliza al verlos y va a una clínica para abortar, donde hay filas de mujeres esperando. Al final del filme, ella dice: 'Desde ahora seré una mujer libre y voy a ir a trabajar'. Eso es en 1927, pero jamás se habló del tema en la historia tradicional, ni Trotsky ni Lenin ni nadie lo hizo. Y, sin embargo, uno ve que era una realidad de la época, lo cual entrega una mirada absolutamente asombrosa de la Rusia de 1927".
(entrevista publicada en El Mercurio, de Santiago de Chile, en 2009)

                Esas miradas son las que nos va descubriendo Francisco Peredo en esta monumental obra con la cual alcanzó su Doctorado en Historia. Siempre se dice que toda película es un testimonio o documento. Otra forma de leer la realidad aunque sea indirectamente. Los vestuarios, los automóviles, las calles que vemos en las imágenes silentes (por mencionar un período ya lejano y que sentimos ajeno), nos ofrecen un panorama de cómo vivían nuestros antecesores en otros tiempos. Las actitudes, costumbres, diálogos, nos permiten confrontar una época con la nuestra para notar cambios, variaciones o diferencias.

 


            El autor nos explica que su tesis utiliza a las películas como documentos susceptibles de análisis, interpretación y explicación: puntos de partida y base de un estudio de carácter histórico, y el tema particular reside en la propaganda ideológica a través del cine latinoamericano. En esta segunda edición, aumentada con nuevos datos e ilustraciones, se plantean los antecedentes de las potencias europeas que crearon conflicto (el nazismo en Alemania, el fascismo en Italia, la guerra civil española para llegar al momento del enfrentamiento bélico) para dejar claras sus intenciones de penetración dentro de lo que era el medio más influyente de comunicación en la época. Argentina, España y México eran los países líderes en la producción cinematográfica. La supuesta neutralidad de Argentina y el apoyo franquista a los nazis hizo que Estados Unidos centrara su apoyo en México para fomentar el nacionalismo y contrarrestar las intenciones del fascismo para introducirse sutilmente en el espectador de la América Latina. Lo que ahora llamamos “la época de oro del cine mexicano”, más que explicarse tradicionalmente por las faltas de recursos técnicos y materiales y el cierre de mercados para Hollywood, ahora adquiere otro matiz porque Francisco Peredo, en su minuciosa investigación establece el trasfondo que dio lugar al apoyo norteamericano dentro del cine mexicano.

De esto nos habla el Dr. Peredo en su libro que se encuentra estructurado en tres bloques y seis capítulos. Un primer bloque de antecedentes y contexto histórico. El siguiente donde se trata ya de la industria fílmica y películas clasificadas por géneros para llegar a lo que será el desenlace y las consecuencias. De ahí que se tenga un tratado desde los años treinta hasta principios de los cincuenta.


Mapy Cortés en "Las cinco noches de Adán" (Martínez Solares, 1942), ejemplo del cine que fomentaba el panamericanismo, a través de la conga, la canción ranchera o el tango...
 
Es imposible tratar en esta charla por completo, o minuciosamente, todo lo que resulta ser un libro rico en detalle, que nos llevaría horas. Destacaré una sección que se me hace deliciosa y se llama “El cine que yo soñé”. Francisco Peredo disecta temas como el panamericanismo mostrado en cintas musicales que ahora resultan mera curiosidad porque eran canto a las américas y una forma de insistir en la unidad entre naciones al mostrar personajes de diversas nacionalidades en alguna situación amorosa donde finalmente la armonía imperaba como pasa en “Las cinco noches de Adán”; la hispanofilia que sirvió como alegoría para mostrar la ruptura civil en España como sucede en “La barraca” o la demostración de amor hacia los refugiados españoles como en “Los hijos de don Venancio” o “Los nietos de don Venancio”; a su vez, la adaptación de literatura latinoamericana como reforzamiento de identidad: se recreaba a otro país a través del cine mexicano con fuerza y realismo como sucedió con Rómulo Gallegos quien fuera adaptado en diversas ocasiones (“Doña Bárbara”, “Cantaclaro”, etc.) y hasta escribiera un guión original (“La señora de enfrente”) como mensaje de unión e identidad transmitido hacia el país de origen, como era en este caso, Venezuela; lo mismo sucedió con la literatura universal que permitió mostrar el lujo y la prosperidad de la industria del  cine mexicano aparte de exaltar los valores clásicos positivos de unidad y lucha contra la injusticia (“El conde de Montecristo”, “Los miserables”, “El camino de los gatos”).
 


Luego se llega al tema de “la búsqueda de la mexicanidad” que se ocupa de lo que son los “géneros” del cine mexicano que finalmente se podrían aglutinar en “melodrama” con sus variaciones.
 


Al hablar de la “Escuela Mexicana de Cine” nombrada así por el éxito obtenido por el equipo de Emilio Fernández que se coronaría al ganar premios en Cannes con “María Candelaria” se discute la oposición del gobierno por tratar el tema de la revolución que se hizo presente con “Flor silvestre” para luego llegar a “Las abandonadas” con la mención de la banda del automóvil gris. Tal parece que no era favorable para el discurso de unidad nacional, pero tampoco era bueno mencionar hechos donde estaban involucrados militares.

No así con el porfiriato que se dedicaba más a los problemas sentimentales que a los sociales durante la dictadura, sin exaltar al personaje, como pasa con “México de mis recuerdos”, por ejemplo, donde el Dr. Peredo nos habla del corte de una imagen donde una viejecita le besaba la mano a Porfirio Díaz el día de su partida de México. El melodrama ranchero venía a ser el espacio folklórico, idealizado con inocencia, en el cual irrumpía de pronto otra realidad como el caso de las “gringas”, objetos de pasión amorosa, en “Los tres García” y “Guadalajara pues”, por ejemplo, aunque su popularidad como género ya venía desde “Allá en el rancho grande” (1936).

La época dio lugar a la realización de un subgénero insólito para el cine mexicano con argumentos bélicos: “Cinco fueros escogidos” o “Tres hermanos”, por ejemplo, donde la primera sucedía en un pueblo europeo invadido por nazis que vengarían la muerte de uno de sus oficiales, matando a su vez a personas del pueblo que se tornaban solidarios y hasta voluntarios por orgullo como demostración de su sentido cívico, social, patriótico. En “Tres hermanos”, los personajes que no eran norteamericanos pero vivían en Estados Unidos, se debatían emocionalmente para ir a la lucha de un país que no era suyo, como mensaje sublime de apoyo a quien era protagonista principal del conflicto.

La religión fue simbolizada por el guadalupanismo y la biografía cristiana como “La virgen que forjó una patria” que partía del hecho de la independencia que portaría el estandarte de la virgen para narrar la historia del milagro del Tepeyac, para aprovechar el fervor católico como medio de unión entre el pueblo. Lo mismo sucedió con “La virgen morena”, o con el personaje de Cristo en “Jesús de Nazareth”.

El cine histórico daba lugar al nacionalismo rampante y, ahora sí, a la exaltación del héroe y uno de sus grandes exponentes fue “Simón Bolívar”, entre otros, así como las biografías de Morelos.


No he comentado, con todo propósito, el tema del espionaje. En un momento más se exhibirá su mejor ejemplo que es “Soy puro mexicano” y creo que Francisco o Genaro podrán platicar más de ella. Lo interesante es que muchas de las situaciones que describe Francisco en su libro, han sido eliminadas de las copias que circulan de la película. Una imagen de lo que significaba la amenaza del mundo hacia México y el macho bragado mexicano, sin miedo, que podía confrontarla.

Como todo tiene un inicio, lo mismo existe una conclusión. Pasó la guerra y el cine mexicano dejó de tener el interés y apoyo por parte de Estados Unidos que tendría que buscar la recuperación de sus mercados. México siguió adelante con una producción promedio, considerando que ya estaba encarrilada la industria.

Lo más importante de este libro es que abre otras perspectivas y puntos de vista hacia lo que ya eran argumentos manidos, sin explicaciones, de una época de auge en el cine mexicano. Es lectura obligatoria para quienes gustan y se complacen con sus películas. Agradecemos al Dr. Peredo la oportunidad de compartirlo y disfrutarlo.

 

 

 

 

 

 

 

 



 
 
 
 

domingo, 13 de octubre de 2013

STANLEY KAUFFMANN (1916 - 2013)


OTRO ARBOL QUE CAE…

(Stanley Kauffmann, 1916 – 2013)

            Uno miraba el bosque de la crítica de cine y se detenía a descansar bajo la sombra de unos árboles norteamericanos (Pauline Kael, Andrew Sarris, Manny Farber, Susan Sontag esporádica) o franceses (André Bazin, Michel Ciment) y las especies hispanomexicanas (García Riera, De la Colina) o netamente nacionales (Ayala Blanco, Pérez Turrent) y  locales (Escamilla, Labrada, un poco de César González). Eran los fabulosos años sesenta que fueron parteaguas de la cultura en todos ámbitos y aspectos. El cine era importantísimo. Uno se iba a descubrir lo que pasaban las salas formales, a redescubrir el pasado en los programas triples, y a complementar el goce con lo que solamente podía conocerse a través del cineclub.

 


            Un oasis, los sábados por la mañana, era la Biblioteca Benjamín Franklin cuando estaba en el piso bajo de un edificio que se localizaba por Juárez entre Padre Mier e Hidalgo. Ahí se encontraban el New York Times (aunque en ediciones no recientes), la revistas Time, Saturday Review, New York Review of Books, entre varias. Y claro, los libros. En la sección de cine pude encontrarme con quienes eran los bastiones de la crítica de cine en colecciones o antologías. Así pude enterarme de la existencia de Stanley Kauffmann porque estaba un volumen de “A World on Film" (Harper & Row, 1967) que compilaba sus críticas realizadas entre 1958 y 1965. Descubrí a una persona centrada que se dedicaba a la película, daba referencias, pero no se salía del tema. Tampoco insultaba ni ironizaba y, lo más interesante, derrochaba su cultura. Hablaba de Chejov o Flaubert para comparar a los personajes contemporáneos de, por ejemplo, “La aventura” de Antonioni o “Lola Montes” de Ophüls. Fue una gran enseñanza y así comenzó el aprendizaje y nuestra clasificación de los diversos estilos que los críticos de cine tenían para acercarse a las películas.



            Stanley Kauffmann acaba de morir el miércoles pasado. Todavía activo a los 97 años en The New Republic que lo empleó en 1958 cuando remitió, sin que se le solicitara, un escrito. El editor lo aceptó, le dio trabajo y así fue el crítico oficial de la revista hasta casi su muerte. La grandiosa Susan Sontag lo calificó como “tesoro nacional”; el prestigioso Roger Ebert le consideraba “el más sano y limpio de los críticos” y nunca tuvo pleitos ni tomó partido por sus colegas en el oficio.



Ese bosque que les mencionaba al principio, se ha ido secando y talando desde hace tiempo. Los árboles se han caído. Ahora, gracias al Internet, uno encuentra centenares de “críticas” sin que haya quienes alcancen los niveles de estos robles, cedros, cipreses que tenían sensibilidad, conocimiento del cine precedente, referencias de cultura general, estructura metafórica, estilo propio. Ya es difícil encontrar a quienes comenten, por ejemplo, sobre “Los inadaptados” de John Huston, basado en un guión del dramaturgo Arthur Miller: “En forma, el guión es básicamente incómodo ya que Miller es un dramaturgo que tiene una visión utilitaria, generalmente, del arte teatral: El diálogo dialéctico está en su sangre” o en el caso de “La aventura” de Antonioni: “El tema  es la moralidad de la clase media alta… Es gente chejoviana en la Italia de hoy y, como sucede con la gente de Chejov, los vemos sobremadurar antes de caer… Antonioni no trata de mostrar la vida como es, sino cómo la ve”.



Honor a quien honor merece. Gracias a los verdaderos maestros. Descanse en paz otro de esos árboles que nos acogieron y nos dieron sombra, el respiro para seguir adelante, con energía, descubriendo al mundo a través del cine…

domingo, 29 de septiembre de 2013

CINE FACILÓN...


NO SE ACEPTAN DEVOLUCIONES
2013. Dir. Eugenio Derbez.

 


         Eugenio Derbez es un tipo simpático con un sentido del humor bastante reconocible, basado en juegos de palabras y con personajes que ya han quedado en la memoria colectiva (sobre todo el disfrutable “Lonje Moco”). Desde que estaba jovencito quiso ser distinto y recuerdo que en sus primeros programas intentó bailar tap e innovar formas de hacer televisión. Lo logró y su éxito permitió que se tornara consentido de Televisa. Debe reconocérsele sus intentos de internacionalizarse sin dejar de lado su forma de hacer reír. Su gran defecto ha sido la vulgaridad. En su afán de hacer reír llega a extremos que caen en el mal gusto (por ejemplo, su personaje femenino semejante a Blancanieves, donde mostraba un amplio escote impensado en el dibujo animado), pero esto permite que se conecte con un público poco exigente, acostumbrado al chiste barato o que, simplemente, ríe con cualquier cosa.

         Su película, donde debuta como director, está muy bien filmada y tiene ritmo. La trama es una copia de copia de copia de melodramas sobre parejas separadas, con el conflicto de la custodia de los hijos. Los matices se encuentran en el personaje que crea Derbez y que está inspirado en su pasado creativo. Está el juego de significado de palabras o la respuesta que parece obvia pero que toma otros rumbos. Está el sentimentalismo que apela a las emociones primarias del espectador para que ría y, sobre todo, que llore al final de la película con frases que son dignas de cualquier Cuauhtémoc Sánchez o César Lozano porque hablan “poéticamente” de la muerte, del más allá, de la injusticia-justicia de la vida, en el estilo del motivador personal. Y es la cinta que termina sorprendiendo al público porque lo que parecía que era destino fatal del personaje en realidad pertenecía al otro (como infra "Sexto sentido").

Las escenografías son de un mundo de juguete: el departamento donde vive el personaje con su hija tiene dos puertas: una normal y otra pequeña para que entre la susodicha.



         La trama ya ha sido muy comentada. Lo que debe destacarse es la niña que interpreta a su hija con bastante gracia y efectividad (Loreto Peralta, güerita, ojo claro, que seguramente pertenece a familia acomodada). El resto del reparto cumple y hay un momento delirante cuando se detiene un tráiler en la carretera ¡y la conductora es Rosa Gloria Chagoyán! (Claro que ya vieja, caballona, pero sin que se niegue su calidad de última gran estrella del cine nacional).



         La película es un gran éxito comercial. Tuve que hacer cola para entrar a una sala amplia que casi se llenó a las dos semanas de su estreno y paso por muchos cines. El público estaba gozando y riendo por cualquier tontería. Usualmente la crítica negativa se toma como soberbia ante cintas que gozan del gusto popular. No es así. Lo que sucede es que a uno le duele que se ofrezca un producto televisivo extendido a la gran pantalla donde hay una realidad ajena a la que se vive (las libertades y las poéticas del cine tienen sus límites). Molesta que se tomen situaciones sentimentales gratuitas y formularias. Derbez es inteligente y sabe manipular al público: lo logra, al grado de meter cuarenta millones de dólares en el país vecino (aunque uno imagina que es, sobre todo, público latino emigrado). Y ya ven que taquilla es sinónimo de éxito.

         Ni modo: el cine mexicano del siglo XXI logrará sentar sus reales con productos tipo “Nosotros los Nobles” y “No se aceptan devoluciones” o no será… Y sin embargo, son preferibles tonterías manipuladoras como esta película a verdaderas mierdas como "Heli", "Post Tenebras Lux" o "Lake Tahoe" que nunca alcanzan ni la centésima (¿milésima?) parte de espectadores que este empalagoso algodón de azúcar.

domingo, 15 de septiembre de 2013

MÁS BIEN, EL DELIRIO...


 
 
SANTO VS.EL ESTRANGULADOR
1963. Dir. René Cardona.

 

   Con la imagen del Teatro Juárez de la ciudad de Guanajuato, aunque luego, en otra toma, se indique que es cierto Teatro Variedades, propiedad de las hermanas Montes, Laura (María Duval) e Irene (Begoña Palacios) -quienes son la atracción estelar- surgen los créditos de la película.

 
Luego entramos, como los espectadores de la revista musical, a ver el número inicial que es Edith Barr (Lima, 1936: denominada en su tiempo como “embajadora turística” en su país).
 
 
 
Mientras tanto miran el espectáculo la envidiosa vedette segundona Lilian (Ofelia Montesco) al lado de otras dos tiples (Gloria Chávez y Mayté Carol, de quien sabemos que se llama Odette) y esta última explica que ya no actuará ahí porque tiene miedo que “El estrangulador” la mate. Más adelante sabremos que este personaje es "un maníaco que, por alguna causa desconocida, odia a las artistas teatrales".
Gloria Chávez y Mayté Carol
 
   Pero lo hemos visto en acción: al terminar Lilian su número musical (“Jazz negro”) y dirigirse Odette a su camerino (debe ser un teatro con mucho presupuesto al grado que cada bailarina tiene su espacio individual) encuentra una gardenia y luego un recado amenazante antes de ser estrangulada por el maníaco.
 
Mayté Carol estrangulada
 
Se pasa directamente a una lucha entre El Santo y un contrincante rubio para ser testigos de la pasión popular por el icono de la lucha libre. Corte al teatro donde Irene interpreta “Fiebre” entre jazz, mambo, twist.
 
Begoña Palacios (1941 - 2000)
 
Inmediatamente Alberto Vázquez (en el rol del cantante Javier, novio de Irene) canta “16 toneladas” en inglés, para ir
 
María Duval con los "boys"
 
al número de Laura que es “Una para todos” donde la intenta asesinar Marcos (Eric del Castillo), novio de Lilian, pero lo descubre un tramoyista por lo que desiste de su intención.

 
El Santo adelantándose al Skype, en una videoconferencia con Carlos López Moctezuma
 


     En todo ese tiempo se ha descubierto el cadáver de Odette y el Inspector Esteban (Carlos López Moctezuma) interroga a todas las personas involucradas. En ese momento va a ver a Santo para que le ayude porque está seguro que habrá más crímenes. Santo le responde que cuenta con él (“Ud. sabe Inspector que yo siempre estoy al servicio del bien y de la justicia”). Y así sigue la película (que tendrá una secuela llamada “Santo contra el espectro del Estrangulador” – filmada al mismo tiempo).


   Había debutado para el cine en 1958 (“Santo contra el cerebro del mal”, Joselito Rodríguez), El Santo tardaría tres años para retornar al cine (aunque en 1960 apareció la historieta de José G. Cruz que mostraba sus aventuras) 


dentro de la producción regular en los Estudios Churubusco para volverse en icono del cine nacional, figura de los años sesenta. Sus películas tenían mayor éxito en salas de barriada y a pesar de que “Santo contra las mujeres vampiro” (Alfonso Corona Blake, 1962) provocó ciertos comentarios en algún festival europeo, no se convirtió en “propiedad cultural” hasta los años del posmodernismo. Ahora todo mundo se declara amante de este personaje y de Tin Tan, sobre todo los jóvenes que nacieron cuando ya la popularidad había menguado y su afición es posterior en el tiempo.

 


   En realidad son malas películas: filmadas con bajos presupuestos y cuyas mayores cualidades residen en los repartos que las conforman y que, con el tiempo, han tomado otras dimensiones. Las tramas son inverosímiles y sirven para darle un aura de heroísmo al personaje que lucha contra seres fantásticos (marcianos, zombies, vampiros) o contra villanos reales (asesinos, contrabandistas, personas enloquecidas).   
 

Roberto Cañedo (1918 - 1998) como el Estrangulador
 

   Así que hablar de “las mejores películas de El Santo” se vuelve discusión bizantina. Solamente se podrá comprobar acorde con los gustos personales de quienes discuten pero jamás podrá comprobarse la búsqueda estética, la calidad actoral del personaje, las intenciones de establecimiento de un icono. El único argumento final será el carácter de cuento moral, el ejemplo del bienhechor, el triunfo de la justicia. Se puede hablar del “delirio personal” que produce en el espectador, sea viejo o moderno (aunque sin dejar de lado la pretensión y la pose intelectualoide: “más oide que intelectual”).


La leyenda de una máscara, el icono de los años sesenta...

   Fui testigo de la exhibición de películas de El Santo en sala cinematográfica. Era cierto que cuando llegaban las escenas de lucha, el público comenzaba a gritar “Santo, Santo, Santo…”. Ya eran finales de los años sesenta cuando se exhibieron “Operación 67” y “El tesoro de Moctezuma” en programa doble, donde había que ver a Jorge Rivero como compañero del luchador.


Luego me tocó en los años setenta ver “Santo contra el Aguila Real” (que en algunas ocasiones se anuncia como “Santo contra la Tigresa” porque la coprotagonista es Irma Serrano). Quien escribe fue a verla porque salía la Serrano, pero además, porque Emilio García Riera había escrito en su comentario del “Excelsior” que Alfredo B. Crevenna era muy mal director de gatos ya que uno de ellos, que debería aparecer como muerto, se movía en la toma. Son de los muchos recuerdos del Cine Monterrey.
 

   Una de sus cintas cincuentenarias –“Santo contra el Estrangulador”- es la que me da pretexto para hablar de “El Santo”, porque me atrapa su elenco y no abusa de las secuencias de lucha libre (no son muchas ni extensas). Este “estrangulador” fue una pobre copia de “El fantasma de la ópera” donde Roberto Cañedo era “El gran Goudini”, un ventrílocuo y transformista cuya cara fue deformada por el vitriolo (ácido sulfúrico) que una vedette celosa le lanzó al despreciarlo. Ella fue su primera víctimas y esa fue la “causa desconocida” que el Inspector Villegas descubre más tarde en la película. Igualmente la gardenia “fresca, recientemente cortada” que dejaba ante sus víctimas es explicada por Santo: "esta flor, inspector, tiene dos significados, amor y muerte, esto puede ser una clave".
 
La Sonora Santanera: el cantante Juan Bustos al centro
 

   Al ocurrir en un teatro tenemos la ventaja de ver números musicales: La Sonora Santanera interpreta “La pachanga del football” (así viene en los créditos), con su voz principal Juan Bustos, acompañado de Silvestre Mercado, Andrés Terrones y su efímera cantante, posterior a Sonia López, la regiomontana Rosita Gómez, anteriormente Rosa Cejudo, locutora e hija de otro locutor llamado Juan Cejudo. Gómez dejaría al poco tiempo la agrupación musical para lanzarse como solista.
 
Andrés Terrones, Silvestre Mercado, Rosita Gómez y Juan Bustos:
Cantantes de la Sonora Santanera
 
Los discos de Rosita Gómez, solista
 
Además de las canciones interpretadas por el ídolo juvenil Alberto Vázquez, (muy alejado del arquetipo impuesto por los flaquitos Enrique Guzmán y César Costa), están María Duval y Begoña Palacios, dos estrellas del cine nacional que cantaban pero que no tuvieron carreras discográficas. No puede dejar de mencionarse a Ofelia Montesco que canta un “Jazz negro”, mostrando su bello cuerpo y expresa una inmortal frase para toda aspirante vanidosa: "Sí, es cierto que quiero ser estrella, porque soy joven y soy bella, y canto mejor que ésa" (refiriéndose a Begoña Palacios). Hace unos meses se cumplieron treinta años de su fallecimiento.
 
Ofelia Montesco (Grabowsky) cuando era actriz incipiente en su natal Perú
(10 de septiembre de 1936 - 16 de junio de 1983)
 
Eric del Castillo y Ofelia Montesco como amantes trágicos

   Como “gancho” para los públicos sudamericanos que todavía eran mercado importante para el cine nacional están la limeña Edith Barr, aprovechada por su paso por México (o quizás considerada por algún socio peruano del productor) y el niño Milton Ray (ecuatoriano) que en la película aparece como huérfano escapado de un hospicio que busca a Santo porque lo quiere como su papá. El Santo acepta, teniéndolo internado en una escuela de la cual sale para cantar en este Teatro Variedades una rara versión de “Por culpa del Bossa Nova”.

 Milton Ray, niño cantante ecuatoriano busca un papá en Santo

   Las producciones musicales son pobres pero divertidísimas. Al cantar Begoña Palacios “Fiebre”, hay un telón de fondo con palmeras y una hamaca entre dos árboles de utilería. Las “toneladas” de Alberto Vázquez muestran seis columnas con sendas bailarinas que les dan la vuelta. Al cantar María Duval, se añaden otras dos columnas, aunque con diversa ubicación mientras baila con sus cuatro danzarines. Luego, al volver a cantar Vázquez (“Cuando calienta el sol”) se usa el mismo telón que en la canción de Palacios, solamente con un falso balcón para dar a entender que es un hotel de playa. Milton Rey canta con un par de bailarinas que traen minifalda como si fuera vestuario de niñas pequeñas y con un carrusel de cartón al fondo como si fuera parte de una feria.

Alberto Vázquez tenía 23 años
 


   Además hay un ballet mixto con bailarines feos, que ya deberían andar en sus treinta años. Cumplen con sus malas coreografías y tal vez eran integrantes de grupos de danza. Aunque ya todos deben de andar cercanos a la ochentena y otros hayan muerto, es uno de los puntos a investigar del cine nacional: ¿quiénes eran estos “boys” o “girls” de las películas mexicanas? De años anteriores estuvieron entre ellos Roberto Cobo, su hermano Arturo, el Güero Castro y hasta el Loco Valdés.


Emma Arvizu (1924 - 1989) filmó varias películas y aquí resulta
ser una travesti, o sea, el disfraz del Estrangulador
 

Lo delirante de esta cinta ocurre cuando se descubre que la administradora del Teatro, interpretada por Emma Arvizu, es realmente el mismito Estrangulador, pero disfrazado como ella, que da lugar a una escena deliciosa: Santo le dirige la mano al rostro y por edición, quita una mascarilla dejando al descubierto a Roberto Cañedo con peluca femenina y su cara llena de maquillaje falso (semejante a plastilina) que muestra su deformidad, su rostro quemado. El hombre huye, es perseguido, cae de lo alto de la tramoya. La justicia ha triunfado.


En realidad no era Emma Arvizu, sino el Estrangulador

La escena final cuando Santo sale silenciosamente del cuarto donde están las hermanas Montes y el cantante Javier, permite que se escuche la siguiente frase: “Es un hombre... más bien, es una leyenda al servicio del bien y de la justicia...” para que quedara en suspenso la actuación del luchador hasta la siguiente película y la continuación del mito, la leyenda, el héroe popular.

El Santo (23 de septiembre de 1917 - 5 de febrero de 1984)