domingo, 9 de junio de 2019

LOS HÉROES ESTÁN FATIGADOS


X-MEN: FÉNIX OSCURO
(X-Men: Dark Phoenix)
2019. Dir. Simon Kinberg.

         Jean Gray sobrevive a un accidente automovilístico donde fallecen sus padres. Es protegida por el profesor Xavier (James McAvoy) para llevarla a su escuela, ya que tiene características mutantes: puede leer la mente y controlar la materia. Al crecer, Jean (Sophie Turner) es enviada, junto con sus compañeros, a una misión para rescatar a unos astronautas varados en el espacio, donde es expuesta a un destello solar que refuerza sus poderes. Luego se entera que su padre vive. Le reclama a Xavier la mentira, hay unos enfrentamientos donde Jean provoca la muerte de Raven (Jennifer Lawrence) y prefiere alejarse para buscar refugio con Magneto (Michael Fassbender) quien la rechaza por la muerte de su querida Raven. Mientras tanto, unos extraterrestres llegan a la tierra. Uno de ellos, Vuk, se apodera del cuerpo de una mujer (Jessica Chastain) y su intención es extraerle ese gran poder.
         Última entrega (y aparentemente sí será la última) con los personajes creados por Marvel que fue narrándose con alternancias en el tiempo (desde la primera cinta en 2000), además de dedicarle episodios especiales al personaje de Wolverine, como ahora sucede con otro de los originales, Jean que, por desgracia, no alcanza ni el magnetismo ni las calidades narrativas previas. Los héroes están cansados. La cinta misma carece de las cualidades y de la espectacularidad que la serie misma nos había brindado en el pasado. Fuera de la excelente secuencia del rescate de los astronautas, la película se pierde entre discusiones, rechazos y enfrentamientos particulares entre Xavier, Magneto y Jean. Los demás personajes quedan relegados y fuera de pocos momentos, se pierden entre la verborrea y la inopia, tanto de guion como de producción.
         Los héroes están fatigados. A pesar de presentarlos como jóvenes, el sentimiento de tedio se transmite. Es increíble cómo no se ha notado el entusiasmo por parte del público para esta cinta (la vi un sábado noche y éramos veinte espectadores) y es que la vida de esta fénix particular (así llamada luego de sobrevivir al destello solar: surgir desde las cenizas) no es interesante. Ni siquiera la villana es interesante ni amenazante ni cruel (alguna vez se ha comentado que las telenovelas son efectivas mientras más malvada y calculadora sea la antagonista: lo mismo se aplica al cine, claro). Tampoco las presencias de los primordiales Magneto y Xavier se tornan entrañables.
         Finalmente, porque en realidad no hay mucho que decir, estamos ante la enésima repetición de situaciones (el accidente automovilístico, la pérdida de los padres) como de efectos especiales que no recurren a la inventiva ni a la variación. Uno esperaría mejores resultados cuando era la ópera prima del productor de toda la serie. La cinta no tiene un final alternativo que anuncie la continuidad o permita cierto suspenso para el futuro. Triste final de una saga que tuvo grandísimos aciertos (la cinta original, X-Men: días del futuro pasado).
Simon Kinberg, productor
y ahora en su fallida ópera prima

lunes, 3 de junio de 2019

EL ODIO CONTENIDO


MA
2019. Dir. Tate Taylor.
         Sue Ann (Octavia Spencer, carismática pero aquí tenebrosa) ayuda a unos adolescentes comprándoles las bebidas que ellos no pueden adquirir directamente al ser menores de edad. Luego, los delata a la policía que los encuentra donde estaban bebiendo y fumando mariguana. Sue Ann los busca otra vez pero en esta ocasión los invita a ir al sótano de su casa que se encuentra alejada del centro del pueblo donde viven. Las reglas que les impone es no expresar palabrotas ni subir hacia el interior de su casa. Previamente los ha identificado y en secuencias que se van al pasado, el espectador se da cuenta que estos jóvenes son descendientes de quienes la humillaron en sus tiempos de estudiante. Paulatinamente, el odio contenido da rienda suelta a la violencia y al ajuste de cuentas.
Sue Ann como anfitriona de adolescentes
         Estamos ante una variante de Carrie: extraño presentimiento (De Palma, 1976) aunque en este caso toma más de veinte años llegar a las consecuencias fatales. En lugar de una burla pública con sangre de marrano, ahora tenemos una infame y truculenta iniciación sexual con el joven amado. Vivimos otra lectura de los rencores guardados desde el acoso cruel de la adolescencia que deben estallar acorde con la vehemencia pasional. En otros casos habría perdón y olvido: para Sue Ann ha sido la gran prórroga del castigo.  En el momento en que Sue Ann identifica al barbilindo Andy (Corey Fogelmanis) como hijo de un viejo compañero de escuela, se detona el ayer, el momento terrible. Si siempre ha estado latente el deseo de venganza, ahora es cuando ejercerla. Las culpas de los padres las pagan los hijos como expresa la cita bíblica en el libro del profeta Ezequiel, aunque negándola: el padre que ha pecado es quien debe pagar.
Maggie y Haley enfrentando a Sue Ann
Los jóvenes Chaz y Andy
         La cinta se va narrando con fluidez. La trama gira alrededor de Maggie (Diana Silvers) quien ha retornado junto con su madre Erica (Juliette Lewis), mujer que ha vivido realizando siempre vuelcos en su vida, al pueblo natal. Su primer día en la nueva preparatoria le permite ayudar a una compañera de color, en silla de ruedas, además de conocer a un grupo de chicos hermosos y populares que la invitan a divertirse con ellos. Así conocen a Sue Ann para que el espectador vaya adentrándose en motivaciones y precedentes. Todo se cuenta con calma y la tensión se va construyendo en etapas. Apenas en la primera fiesta que organiza la mujer en su sótano, donde todos comienzan a llamarla “Ma” amenaza con una pistola a Chaz (Gianni Paolo), el rubio pretendiente de Haley (McKaley Miller), la otra joven del grupo de amigos, al cual obliga a desnudarse para luego expresar a carcajadas que todo ha sido una broma, una manera de romper el hielo, lo que deja sentimientos ambiguos entre los jóvenes.
         Igualmente vamos conociendo indirectamente a los otros compañeros de Sue Ann: al padre de Andy, Ben (Luke Evans) quien fuera el amor imposible de la mujer durante el paso por la secundaria, así como a su nueva pareja, otra antigua compañera Mercedes (Missi Pyle). La madre de Maggie también formó parte de los compañeros acosadores, excedidos en su broma. También nos damos cuenta de la vida cotidiana de Sue Ann: una jefa exigente y abusiva, la veterinaria Brooks (una irreconocible Allison Janney con peluca gris) en su trabajo, aparte de una casa nítida pero con extrañas estructuras que semejan jaulas porque Sue Ann también guarda un secreto.
Cuando el odio da lugar
a violencia y locura
         Producida por BlumHouse que se ha distinguido con cintas de terror y violencia dirigidas principalmente a un público juvenil, además de ser dirigida por Tate Taylor, un realizador impersonal cuya obra se distingue acorde con la temática que predica como sucedió con la exitosa Historias cruzadas (The Help, 2011) o la fallida La chica del tren (The Girl on the Train, 2016), pero que su gran cualidad es el buen ritmo y los grandes repartos: en este caso, Spencer, Juliette Lewis, Luke Evans, Janney, además del acertado grupo de actores incipientes que exudan juventud y vulnerabilidad.
Sue Ann haciendo que los hijos
paguen los pecados de su padre
          La cinta quiere concientizar sobre los abusos y las consecuencias inesperadas que pueden traer consigo. Por otro lado, posee el mensaje oculto contra el uso de drogas y la afición alcohólica. Paradójicamente, toda la humillación que se le procuró a Sue Ann en su adolescencia vuelve ahora a repetirse en la edad adulta como corolario a la máxima de que la violencia solamente genera violencia. Lo que debe destacarse es que se realza al amor apasionado; a los sentimientos que siempre permanecen cuando uno se imagina lo que hubiera podido ser; a la ilusión de que el tiempo haya cambiado las cosas y luego destrozarla con la realidad de que no ha podido suceder. Al menos, ante la cercanía de la muerte, queda la satisfacción de besar unos labios fríos y posarse, como atribulada y atormentada Julieta, al lado de su Romeo, padre que ha pagado su pecado.  
El director Tate Taylor al centro
al lado de su actriz preferida y coproductora
de la película, Octavia Spencer.

sábado, 25 de mayo de 2019

APOCALIPSIS FRANCÉS


DESASTRE EN PARÍS
(Dans la brume / Just a Breath Away)
2018. Daniel Roby.


         Las cintas con temática apocalíptica tienen la constante de personajes que determinan luchar por su sobrevivencia. Esto sucede en esta coproducción franco-canadiense con la familia compuesta por Anna (Olga Kurylenko), maestra a distancia por internet y Mathieu (el formidable Romain Duris), quien vive pensando en un mundo mejor para su hija adolescente Sarah (Fantine Harduin) quien vive dentro de una burbuja esterilizada ya que sufre de una enfermedad inmunológica. Sin embargo, todos los planes se vienen abajo: después de un terremoto inesperado en París, surge una bruma café del subsuelo que mata a humanos pero no así a ciertos animales. Al darse cuenta de inmediato, Mathieu toma a su esposa y ambos corren hacia los pisos superiores dejando a Anna en su espacio aislado que la preserva segura. Entran al departamento del matrimonio de ancianos Lucien (Michel Robin) y Colette (Anna Gaylor). La bruma ha llegado a cierto nivel solamente. A la altura a que han llegado se encuentran a salvo. Ahora los problemas son mantener funcionando la burbuja de Sarah y encontrar una manera de escape.

Mathieu corre hacia su salvación.
Mathieu y Anna miran el gas venenoso
desde el balcón de Lucien y Colette
         Roby, alternadamente director de fotografía, propone una cinta que mezcla al cine fantástico con un mensaje de advertencia ecológica: dos elementos que quedan perfectos para el género de desastres naturales. Por otro lado, la cinta exalta el amor de padres a hijos aunque en una situación excepcional. Sarah vive solitaria en un mundo de pantallas, desde donde se conecta con otros jovencitos en su misma condición, y de realidad virtual, que su padre le ha ido regalando para que ella sienta lo que significaría encontrarse en libertad. Por su parte, el matrimonio de vecinos ancianos le comenta a Mathieu que su hijo vive en planta baja, a pocos metros de ellos, pero confían en su astucia para haber encontrado un sitio seguro: aquí vive la esperanza.
Las imágenes externas son impactantes,
sorpresivas y angustiantes
         Este amor vendrá a ser el leit motiv de la cinta. Mathieu saldrá al exterior utilizando una bombona de oxígeno que tenía uno de sus vecinos para encontrar a su vez a una partida de oficiales, con sus máscaras de aire, que reparten los mismos equipos a sobrevivientes que han rescatado. Así se hace de una par de ellos para que, luego, Anna y Mathieu vayan en pos de un traje especial que permitiría la salida de Sarah al exterior. Roby sabe manejar estas secuencias para dotarlas de instantes inesperados, acordes con las consecuencias de esta bruma inhóspita.

Mathieu y Anna: el amor al final de todo
         El hecho de que este batido gaseoso se encuentre nivelado a cierta altura, evita los efectos letales en el departamento en que se ha refugiado, permite a Mathieu subir a la azotea y darse cuenta de la terrible realidad: todo París sometido a una extraña sustancia, liberada desde las entrañas de la tierra, quizás como un castigo de juicio final. Produce una extraña sensación ver a Notre Dame a lo lejos con una manta de S.O.S., además de que el hacinamiento de sobrevivientes en las áreas altas de la ciudad está produciendo una reacción destructora entre ellos. Uno como espectador no imagina cuál será el rumbo del desenlace. No obstante la cinta conmueve y, como toda buena cinta europea, suceden giros narrativos para llegar al sorprendente y verdaderamente inesperado final. Se llega a la conclusión de que una cinta europea de desastres no alcanza los niveles convencionales de su congénere hollywoodiense.

La ciudad invadida
         Romain Duris ha sido actor camaleónico: ya sea como el propio protagonista de Molière (Tirard, 2007) o el viudo travestí de Una nueva amiga (Ozon, 2014) que en este caso como el padre desesperado.
Olga Kurylenko, versátil desde chica Bond en 007: Quantum (Forster, 2008) u objeto amoroso del confundido soldado Cruise en Oblivion: el tiempo del olvido (Kosinski, 2013).
La joven Fantine fue la nieta voyeurista de Un final feliz (Haneke, 2017).
Lo que es más entrañable para nuestros ojos cinefílicos por recuerdos del pasado son las presencias del casi nonagenario Michel Robin de La confesión (Gavras, 1970) o La invitación (Goretta, 1973),
pero sobre todo de la ahora anciana Anna Gaylor que nos deleitó en las joyas enloquecidas, casi surrealistas, del genial Alain Jessua (La vida al revés, Juego de masacre o Tratamiento diabólico).
Un reparto fenomenal desde la tierna edad adolescente hasta la casi terminal de ancianos. Todo esto: calidad histriónica, trama de suspenso y fantasía aderezada con drama familiar y toque de esperanza, hace que este Desastre en París, bien valga una misa, como el mismito París en su refrán que lo alaba y exalta.

El realizador Daniel Roby

sábado, 18 de mayo de 2019

CRÍMENES EN EL PORNO GAY


LA DAGA EN EL CORAZÓN
(Un couteau dans le coeur)
2018. Dir. Yann Gonzalez.


Una coproducción entre México,
Francia y Suiza.
         Es 1979 y la productora de cine porno gay Anne (Vanessa Paradis) acaba de romper relaciones amorosas con su editora Lois quien va a dejarla al terminar de cortar su última cinta. Alternadamente, uno de sus actores. Kurt, es seducido por un extraño mientras baila en una discoteca. Se van juntos, Kurt accede a que lo amarre boca abajo antes de tener sexo pero el extraño empieza a apuñalarlo con una navaja oculta en un dildo. Así inicia una serie de asesinatos crueles y despiadados entre los participantes de una anterior producción de Anne a manos del mismo extraño, así como una investigación personal que inicia la propia mujer por su cuenta.

El asesino seduce y luego mata
El ambiente gay de finales 
de los años 70
         La acción sucede durante los tiempos previos a la epidemia del SIDA y la mezcla de violencia criminal con el final de una relación lésbica nos permite introducirnos en una barroca trama de viejas vergüenzas, venganzas transpuestas en el tiempo, el ámbito desfachatado y desinhibido del mundillo pornográfico. Lo que resulta brillante es la forma: Gonzalez nos va brindando pistas que se mezclan entre lo real y fantástico (las plumas de un ave ya extinguida; el cementerio casi olvidado en un bosque), aparte de mostrar al deseo como eje principal (los actores mueren porque se entregan a la posibilidad del sexo; Anne está encadenada irremediablemente con un amor loco por Lois). Son dos tramas entrelazadas que ofrecen ironía y drama.

El gran amor que acaba
Una mujer entre el crimen y la decepción
         Por la época y las temáticas extremas de sexo y pasión romántica (casi siempre forzadas) que distinguieron al cine de Argento, Fulci, Dallamano, Martino, se le considera como homenaje al género del “giallo” italiano. Gonzalez se abre de capa como director con estilo personal y un peculiar desparpajo. Cine dentro del cine, referencias a historias y personajes de la industria francesa del porno, sangre por litros, para ofrecer al espectador variantes sobre tramas ya contadas porque es la única manera en que el cine actual puede sobrevivir. Una experiencia que se torna satisfactoria hasta que se llega al último minuto de las imágenes.
Yann Gonzalez, Vanessa Paradis y Nicolas Maury
en Cannes 2018 donde la cinta compitió por 
la Palma de Oro.


domingo, 12 de mayo de 2019

LOS SUPLANTADORES


NOSOTROS
(Us)
2019. Dir. Jordan Peele.

         La familia Wilson va de vacaciones a la playa de Santa Cruz, California, para pasar unos días con sus amigos, los Tyler, a pesar de las objeciones de Adelaide (Lupita Nyong’o), esposa de Gabe y madre de Zora y Jason. Un prólogo nos ha mostrado a Adelaide cuando era niña en Santa Cruz donde cierta noche se perdió al entrar a una casa de espejos en la feria del lugar. Ahí, de repente, había encontrado a una niña, de espaldas, semejante a ella. Los temores se vuelven certezas cuando esa noche, frente a su casa, aparecen cuatro personas que resultan ser físicamente idénticas a ellas. Empieza la violencia ante el deseo de estos “dobles” que desean ocupar sus lugares luego de eliminarlos. Logran escapar y van hacia la casa de los Tyler quienes ya han sufrido la invasión y muerte a manos de sus propios “dobles”. Es una situación que se está repitiendo en la nación. Adelaide deberá luchar para mantenerse viva junto con su familia hasta llegar a una revelación sorpresiva.

La noche en que llegaron los dobles
         “Us” es el título en inglés que se traduce como “Nosotros” en español. Otra interpretación obvia es que “Us” son las siglas de “United States” si es que colocamos a ambas letras en mayúscula. El realizador Jordan Peele, a quien debemos como director su excelente ópera prima ¡Huye! (Get Out, 2017) así como la producción de El infiltrado del KKKlan (Blackkklansman, Spike Lee, 2018) nos ofrece otra visión sobre la condición social (y racial) en el Estados Unidos de la actualidad. Esta alegoría violenta y fantástica habla de conspiraciones fallidas que llevaron a la creación de una sociedad clandestina, sin privilegios, subterránea, semejante a quienes eran sus opuestos sobre la superficie del país. Aunque la descripción de motivos y de creaciones de estos “atados” que ahora se han liberado, deja varios huecos y no llega a cuajar del todo, la cinta nos habla de los polos de la naturaleza: ¿qué sucede si existe una persona semejante a nosotros que se encuentra del lado desprotegido, sin las ventajas que bien o mal poseemos?

         La cinta se presta a muchas posibles lecturas que siempre serán aproximaciones y ninguna llegará a ser definitiva si se realiza una discusión: nuestra naturaleza dual como la expresó Stevenson con su “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”; la alegoría política de las distinciones raciales, sociales, económicas; el levantamiento de la masa ante tanta injusticia, pobreza, migración; la imagen actual de una Norteamérica que vive entre absurdos, tensiones, mentiras e insultos. ¿Qué sucede si alguno de los no privilegiados logra colarse en la realidad de quienes viven sin problemas? ¿Se olvida de su antecedente y se integra al sistema? Este es el caso de quienes acceden al poder y se tornan víctimas y explotadores de lo que debería ser un arma de soluciones para los desequilibrios del mundo. Entra la cuestión moral, la pregunta sobre nosotros mismos, la valoración sobre cómo nos portamos como integrantes de la humanidad.

Red y Adelaide: un gran secreto entre ellas

         A nivel narrativo, el tema del alter ego se ha tratado en muchas ocasiones, casi siempre para distinguir el bien del mal. El caso más común ha sido el de las gemelas como ocurrió con La otra (Gavaldón, 1946) donde Dolores del Río manicurista pobre, asesinaba a Dolores del Río rica, para suplantarla (mismo argumento que serviría a Bette Davis, años después con ¿Quién yace en mi tumba?); o la hermana noble e inocente que era víctima de las maquinaciones mortales de su hermana calculadora y enferma en el caso de Olivia de Havilland en Tras el espejo (The Dark Mirror, Siodmak, 1946). La suplantación de ciencia ficción era posible en Muertos vivientes (The Invasion of the Body Snatchers, Don Siegel, 1956) que ha tenido otras versiones en décadas siguientes. A nivel psicológico, intelectualizado, tenemos el caso de las mujeres que emocionalmente se tornan indivisibles en Persona (Ingmar Bergman, 1966). Jordan Peele va a producir una nueva versión de la serie Dimensión desconocida (The Twilight Zone, 1959 – 1964) donde uno de los episodios (“Mirror Image”, 1960, con Vera Miles, dirigida por el subestimado John Brahm) narraba como el otro yo de la protagonista quería apoderarse de su realidad.
La pequeña Adelaide en el prólogo de la cinta
que vendrá a ser la clave al final de la misma

         No es de extrañarse, entonces, que el tema le haya resultado apasionante e interesante a Peele para su exitosa, confusa, pero muy entretenida película. Al final de cuentas, tenemos que pelear contra nosotros mismos en muchas ocasiones de la vida por las decisiones que tomamos y que nos pueden llevar al lado subterráneo de la existencia. Para estos tiempos posmodernos, líquidos, ligeros, inconsecuentes, sería ideal pensarnos aunque fuera poco pero frecuentemente.

Jordan Peele en su segunda, ambigua
y taquillerísima película


        

miércoles, 10 de abril de 2019

SOLEMNE, FALLIDA, DESGASTADA


LA VOZ DE LA IGUALDAD
(On the Basis of Sex)
2018. Dir. Mimi Leder.
            Ruth Bader Ginsburg fue la abogada que logró combatir las leyes federales que propiciaban discriminación basada en género. Otras películas han insistido en las luchas que las minorías interpusieron durante el siglo XX para ir cambiando la mentalidad debida a la idea de la superioridad masculina. Felicity Jones interpreta a Bader con brío pero la cinta peca de solemnidad, quizás porque el personaje real todavía vive y es reverenciada, más ahora que no es favorita del insoportable Trump. Se muestra el apoyo y la solidaridad de su marido, también abogado, Martin (Armie Hammer), así como la mirada severa y crítica de su propia hija que la impulsa a seguir adelante con sus apasionamientos hacia la realidad. Admirable personaje en una cinta interesante, bien realizada, académica.



CEMENTERIO MALDITO
(Pet Sematary)
2019. Dirs. Kevin Kölsch y David Widmyer.
            La nueva versión de una novela del truculento Stephen King escrita en 1983 no posee el misterio ni transmite el horror de lo que significa el retorno de los muertos a la vida. Tanta cinta sobre zombies ha disminuido el impacto de la que fuera una cinta aterradora de 1989 (dirigida por la gran Mary Lambert y con guion del propio escritor). Ahora tenemos una cinta que quiso ser delirante pero se quedó en el intento y termina insatisfactoriamente. La trama cambia a las víctimas: en lugar de que muera el niño, la que vuelve a la vida es la hija. Es obvia la relectura del cuento “La pata de mono” de Jacobs (que diera lugar a la cinta mexicana Espiritismo) sobre el deseo de que los seres queridos pudieran resucitar sin pensar que nada volverá a ser igual.



¡SHAZAM!
(Shazam!)
2019. Dir. David F. Sandberg.
            Sin la picardía de Deadpool (original y secuela) ni la gracia natural de Ant-Man (original y secuela) ni el orgullo racial de Black Panther, estamos ante la repetición de los mismos efectos especiales, la misma fábula moral, los mismos enfrentamientos entre villano y héroe, que uno se pregunta cuándo será el término de este largo ciclo de producciones Marvel y DC (que han tenido logros maravillosos, ni duda cabe). Precisamente las cintas mencionadas se distinguieron por haberse salido de lo convencional, planteando otra dimensión. A pesar del carisma de Jack Dylan Grazer como el baldado Freddy, tanto Asher Angel como Zachary Levi permanecen en la caricatura total que cansa.

lunes, 25 de marzo de 2019

ESPLENDOR Y CAÍDA



LAS NIÑAS BIEN
2018. Dir. Alejandra Márquez Abella.


         Es 1982 y Sofía (una estupenda Ilse Salas) celebra su cumpleaños con una cena. La escuchamos mientras recorre su imponente casa y piensa sobre los cubiertos de plata, el Grand Marnier, tulipanes en lugar de alcatraces. Fernando (Flavio Medina), su marido, llega más tarde pero le trae un gran automóvil como regalo. Al día siguiente, por la televisión, escuchamos a la locutora Rebecca de Alba dar la noticia de que el peso ha vuelto a devaluarse frente al dólar. Sofía sigue su vida cotidiana: ir al club de tennis, de compras, visitar a las amigas. Ha enviado a sus hijos a Estados Unidos donde está su madre. Uno de los temas que comenta con su amiga Alejandra (Cassandra Ciangherotti) es sobre la advenediza y nueva rica Ana Paula (Paulina Gaitán), casada con el dueño de una casa de bolsa quien es “alto, naco pero tiene algo interesante” (como lo describe Alejandra), cuando las invita a comer. Luego, poco a poco, las cosas empiezan a cambiar: en una comida, el viejo socio de Fernando le cuenta que se ha derrumbado un negocio en dólares que afecta a su empresa, no le aceptan una tarjeta de crédito, no se le ha pagado a la servidumbre, nota que las amigas se alejan y cuchichean, el marido empieza a emborracharse, etc…

La extraordinaria Ilse Salas

         Partiendo de la clasificación que Guadalupe Loaeza realizara en sus columnas del periódico “Unomásuno” que luego fueron recopiladas en libro para aparecer en 1985 y convertirse en éxito de ventas ya que revelaba de manera satírica los comportamientos, anhelos y vicisitudes de las damas de la clase pudiente, la realizadora Márquez Abella creó una trama donde Sofía viene a representar a una de tantas que sufre, por los azares del destino (y de las malversaciones políticas y económicas), la pérdida de su fortuna, llevándola a extremos que jamás imaginó tocar. Lo que debe alabarse, y es el gran acierto de la película, es que seleccionó un tono dramático para su mirada crítica: el espectador empieza con el esplendor para luego ser testigo de la decadencia y caída de una mujer que vive y permanece ajena a la realidad de su entorno.



         Sofía desarrolla un rol secundario y pasivo en su vida matrimonial: es la responsable de la casa, la servidumbre. Su obligación es permanecer bella, al tanto de lo que ocurre en su mundillo de relaciones femeninas: importa la crema importada de cierta marca, adquirir un vestido que es modelo único en El Palacio aunque ella está acostumbrada a comprar siempre en el extranjero (expresa que todas la envidian y todas quieren copiarla, algo común entre ellas) o jugar en el club deportivo. No está enterada de los negocios del marido al cual le cree todo a pie juntillas. Al enviar a sus hijos a Estados Unidos les ordena que no se junten con mexicanos.


         Otra de las grandes cualidades es que todo se dice a través de los ojos expectantes de Sofía. Uno imagina lo que está pensando y cuando reacciona, cada uno de sus actos resulta congruente con su realidad. Se siente el temor de la pérdida acechante aunque la actitud sea una aparente indolencia intentando retrasar lo que parece ir llegando. Hay una secuencia magistral que ocurre durante la piñata que Ana Paula ofrece a su hijo, al cual asisten las mujeres que la aceptan por el simple hecho de que su marido es adinerado y tiene poder: la directora parte la continuidad, y la narración de estas horas es fragmentada ya que va hacia adelante para luego regresar al presente pero mostrando diversos momentos de Sofía ya sea deambulando por la casa, atosigando al hijo malcriado de la anfitriona, recogiendo enloquecidamente los dulces que caen al pasto al romperse la piñata, escuchando las verdades que le comenta Ana Paula sobre sus amigas. Aquí se va construyendo lo que será la expulsión final del paraíso artificial y la transformación que obligatoriamente deberá tener esta niña bien para seguir siendo, aunque sea en el recuerdo, fiel a sí misma.


         Ilse Salas encabeza el reparto y ofrece uno de esos roles envidiables y adecuados para la actriz adecuada: su personalidad y la elegante belleza la vuelve tan creíble como ninguna. Aunque todo el elenco es experimentado y capaz, nadie se encuentra a su altura. Márquez Abella supo solicitar los encuadres de su estupenda fotógrafa (Dariela Ludlow, la responsable de Los adioses y No quiero dormir sola, como dos ejemplos) para destacarla, dar fe de su actuación y modelar una ficticia niña bien en ser de carne y hueso. La realizadora insiste en que esta temática no se ha tratado en el cine nacional como en otras cinematografías (la argentina y la chilena), pero no olvidemos que, desde siempre, han estado presentes los ricos burgueses del melodrama: sin ir más lejos,  con nuestro querido Buñuel mexicano. Lo que puede afirmarse en su favor es que ha logrado un retrato preciso utilizando una etapa del pasado: las niñas bien siguen existiendo con su esencia y poder.
La potosina Alejandra Márquez Abella filmó su primer
largometraje "Semana Santa" en 2015.
Puede verse en Netflix para reiterar su talento.


miércoles, 6 de marzo de 2019

PROFESIÓN: CRIMINAL


EL ÁNGEL
2018. Dir. Luis Ortega.

         La primera vez que vemos a Carlitos (Lorenzo Ferro, impresionante) es mientras camina por una calle en el Buenos Aires de 1971. De pronto, se introduce en una casa que primero comprueba que se encuentra sin nadie dentro y empieza a recorrerla para robar. Se escucha su voz que cuenta que su madre no podía concebir, luego un médico le recomendó que se lo pidiera a Dios y él llegó: directo del cielo, como un milagro para su vida. Carlitos tiene 17 años, es esbelto y tiene cabello rizado y rubio: sin decirlo, fue como el ángel enviado del cielo. 
         Basada en la historia real de Carlos Robledo Puch, el asesino en serie más famoso de Argentina (lleva 47 años en prisión), el director Luis Ortega quiso replantear el caso, dramatizarlo, evitar la realidad tal cual y recrear aquello que pudo haber sido para extraer la esencia de la persona, sus motivaciones para reconstruirlo como personaje de ficción. De esta manera, Carlitos conoce al atractivo Ramón (Chino Darín, magnético), compañero de escuela, hijo de ladrón, que se convierte en su objeto de pasión y afecto, además de cómplice absoluto. Ambos llegarán al robo constante y audaz.
La primera vez que se conocen
El robo de un auto
         Del robo se pasa al crimen como producto de esa posesión. Aunque Carlos Robledo nunca admitió ser homosexual, la película juega con esa alternativa y ofrece pistas homoeróticas: los regalos que se dan, las miradas cercanas; cuando Carlitos se pone unos aretes durante el robo a una joyería, Ramón le comenta que se parece a Marilyn Monroe; durante la presentación de Ramón en un programa de televisión, Carlos ensueña que está bailando a su lado; mientras Ramón duerme, Carlos le destapa y coloca las joyas de un robo en su pubis; a pesar de que Ramón niega su orientación, se entrega fácilmente a una felación por un personaje homosexual. El énfasis determina una resolución: el hecho de la sociopatía de Carlos (“disfruta” le exige a Ramón mientras roban) no admite su sentido de humanidad y, sin embargo, su compañero se convierte en su única vía pasional que le hará llegar a la destrucción.
"Te parecés a Marilyn Monroe"
         Lo que impacta es la imagen decadente y de criminalidad a la cual, por azar, acorde con la ficción, llega Carlitos. El inventado Ramón es hijo de hombre ladrón y mujer fácil. Las variables se unen para que pueda dar rienda suelta a sus aficiones. Una caja llena de pequeños objetos, como los que roba en el primer asalto que muestra la cinta, indica que tal vez, desde niño, Carlos inició como inocente  cleptómano: tomando cosas de aquí y de allá hasta que su afición se convirtió en vida cotidiana. Luego está el impulso asesino: Carlos no siente nada al disparar contra alguien. A los que han atacado a su amado les mata mientras duermen. 
La completa insensibilidad
         Una Argentina que se encontraba en la antesala de la dictadura militar. Carlos actúa sin miedo ni prisa: no había respuesta ni contraataque. No obstante, jamás se presenta a la policía corrupta: lo que aparentemente era chantaje resultaba ser posible trampa. Y luego viene la eterna duda: ¿por qué nace un ser amoral dentro de una familia recta, honesta y amante? Carlos no carecía de comodidades ni tenía motivos para robar. La delincuencia era su goce y su destino: para eso nació, lo subraya la película.
A la izquierda el verdadero
Carlos Robledo en 1972
Cecilia Roth como madre sufrida
e ignorante de la verdad
         Y luego está el reparto. Lorenzo Ferro debuta en un papel que le queda perfecto: hasta físicamente se parece al asesino original y es de esos actores que se entregan sin pudor ni vergüenzas a su vocación. Chino Darín, hijo del prominente actor Ricardo Darín, del cual ha heredado el talento y la audacia, además de poseer una carnalidad que hace creíbles a sus personajes (vea “Muerte en Buenos Aires” o “La noche de doce años” por Netflix). Cecilia Roth, ya sexagenaria, lejos de sus roles con Almodóvar es la madre sufrida. Y el impactante rostro de Daniel Fanego como padre de Ramón, ladrón y heroinómano, es suficiente para mostrar la mala calaña de ciertos individuos que siembran y perpetúan el mal. El realizador Luis Ortega lleva años entre otras cintas y series de televisión. Aquí ha logrado una de sus mejores obras.
El director Luis Ortega 
y el debutante Lorenzo Ferro