miércoles, 2 de febrero de 2022

UN SONIDO

 

MEMORIA
2021. Dir. Apichatpong Weerasethakul.

         Jessica (Tilda Swinton), productora y vendedora de orquídeas, despierta cierta madrugada debido a un sonido seco, que oye en su departamento de Medellín, en Colombia. La vibración hace que los coches en un estacionamiento empiecen a hacer sonar sus alarmas. La inquietud queda en la mujer que desea encontrar el motivo y la naturaleza del sonido, que se vuelve hecho misterioso y que se irá repitiendo a lo largo de la acción, siendo ella la única que lo escucha. Logra encontrar a un ingeniero de sonido al cual le describe su sentir sobre lo que escuchó (“como una bola de concreto que golpea sobre un metal”), por lo que el hombre le empieza a mostrar diversos efectos de sonido que se usan en el cine hasta que llega a un acercamiento de lo que expresa la mujer. Luego se irá a la selva amazónica para buscar otra explicación.

         La anécdota mencionada (que ya es lo que menos importa en muchos relatos contemporáneos del cine) es un simple resumen de lo que, en realidad, es asunto complejo. El título de la cinta puede referirse a la memoria del sonido en el cerebro de la mujer que lo escucha. O tal vez sea la memoria milenaria, la que parte de la teoría de que todos los sonidos permanecen como ecos resguardados en objetos o paredes. Quizás sea el reflejo de lo que, en su momento, fue acción vivencial o recuerdo de guerra, humillación, muerte. Todo es aparente y hasta uno duda de la lucidez de Jessica: días más tarde, cuando la mujer va a buscar al ingeniero de sonido, no lo encuentra, ni nadie ha sabido de él: después, en la selva, reaparece como un hombre maduro que experimenta con meditaciones y sueños provocados. Más adelante, habrá una explicación extrema que reúne todas las teorías que podrían recaer en una psicofonía.

         La cinta tiene el ritmo lento, con toda intención, usual en este realizador tailandés, que se regodea en la imagen estática, para que el espectador alcance a ver lo que pueda suceder (un hombre en trance, inmóvil, con los ojos abiertos, mientras que la yerba sobre la que se encuentra tirado, se mueve). Un cine donde la imagen tiene mayor poder que la palabra, pero que no es pretencioso (estilo del insoportable Reygadas) ni limitado (como el sobrevalorado Escalante), ya que posee un ritmo interior que se intuye y atrapa (como en el cine de Nicolás Pereda, usualmente ignorado). 

        El espectador puede sentirse incómodo, pero percibe que el tiempo fluye. Hay algunas secuencias donde las conversaciones (en inglés y español) van dando lugar a que el personaje femenino siga adelante en la resolución de su misterio. Más que anécdota, la cinta es otro despliegue visual. El realizador nos habla de la memoria, a través de lo auditivo, aunque nunca podamos saber, a ciencia cierta, el origen ni el antecedente, de lo que, de pronto, se nos revela en la vida…

El realizador tailandés con su actriz...



lunes, 31 de enero de 2022

VERDAD SOBRE MENTIRAS

 QUERIDOS VECINOS
(Favolacce)
2020. Dirs. Damiano y Fabio D’Innocenzo.

         Un narrador comenta al inicio de la película que se ha encontrado el diario incompleto de una jovencita. Luego de aclarar que es una historia verdadera basada en una mentira, se entra de lleno a la vida en un suburbio al sur de Roma. Un vecindario de clase media alta donde conviven diversas familias. Una noche, varias parejas con sus hijos cenan en casa de Bruno (Elio Germano, tan excelente como detestable) y Dalila. El hombre hace que sus hijos Dennis y Alessia, lean en voz alta sus reportes de calificaciones con puras notas altas. En el verano, compra una alberca inflable que se torna en la atracción de todos los jovencitos que están siempre en ella. Una de las niñas, Viola, se infecta con piojos, por lo que sus padres le cortan el cabello y la culpan por haber estado en esa alberca. Uno de los compañeros de estos niños es Geremia, de clase baja, con padre que es mesero en una pizzería… Y así, se van sucediendo episodios que describen la vida cotidiana de estos personajes, entre otros. No obstante, hay toda una realidad oscura, oculta, detrás de las amables apariencias.

         Segunda película escrita y dirigida por los hermanos D’Innocenzo, que se ganó el Oso de Plata al mejor guion en el Festival de Berlín 2020, y que resulta desagradable en cuanto a lo que está narrando y que resulta ser, paradójicamente, su mayor atractivo fascinante. La cinta nos habla del fracaso parental y de la insatisfacción filial. Las formas de actuar de los padres no corresponden con las expectativas de los hijos. Todos ellos obedientes, inteligentes, sometidos a la voluntad y dictados de las personas mayores. Alrededor está la complacencia o a violencia. Nunca hay un diálogo para propiciar la comprensión ni dilucidar las esperanzas de los niños, casi adolescentes, que se encuentran en los umbrales de la sexualidad, de la búsqueda de respuestas hacia su futuro y del sentido de la existencia. Ante la complacencia de todos por la alberca que se ha vuelto comunitaria, su dueño decide reventarla, aduciendo que fue un acto de vandalismo.

         Una de las niñas le muestra a Dennis el celular donde su padre ha guardado vídeos pornográficos y le propone que pierdan la virginidad. Geremia contrae sarampión, por lo que la madre de Viola le pide a su padre que le permita que ambos pasen una tarde juntos para que la jovencita pueda contagiarse y quitarse ese “pendiente” natural, ya que todos sus amigos ya lo han sufrido previamente. Luego está la presencia de un maestro que sirve como guía de alternativas destructivas y quien será el único que pueda proveer de salidas extremas a las situaciones insostenibles que viven sus alumnos. El horror que se deriva ni siquiera pone en aviso a los padres de que algo anda mal.

         Una cinta difícil gracias a las situaciones perversas de lo que, idealmente, sería una fábula con todo y moraleja. En este caso, como el título original lo indica, son “fabulillas”, mencionadas de manera despreciable (como un equivalente despectivo de “palabrotas” o “palabrejas”). Al nivel de un Todd Solondz (Bienvenidos a la casa de las muñecasHappiness) en cuanto a la disección moral de la familia o un Michael Haneke (Funny Games) ante el envilecimiento y la fatalidad, no es una película para sensibilidades débiles. La cinta tiene una circularidad en su narrativa, cambiando personajes y circunstancias, pero siempre estableciendo una terrible frustración y desesperanza. Y sin embargo, seduce, atrapa, permite reflexionar…

Los hermanos D'Innocenzo


jueves, 20 de enero de 2022

EL DIABLO NO EXISTE

EL MAL NO EXISTE
(There is No Evil)
(Sheytan vojud nadaran)
2020. Dir. Mohammad Rasoulof.

         Las películas iraníes muestran grandes contrastes entre la vida cotidiana y las restricciones que impone el gobierno islámico. Por las calles circulan automóviles europeos y orientales, existen franquicias de pizzas y cafés elaborados, además de que las familias hacen sus compras en supermercados modernos: todo da lugar a una imagen cosmopolita, como cualquier ciudad europea. Por otro lado, están las persecuciones ideológicas, aparte de las obviamente criminales, que producen un gran número de ejecuciones. En sus inicios, luego de la derrota del Shah de Irán, se acostumbraban fusilamientos. Ahora es la horca que se lleva a cabo de manera sofisticada, donde un botón elimina automáticamente a la superficie donde están parados los condenados a morir, pero también, y muy usual, es que un familiar, o un soldado, sea quien tumbe un simple y primitivo taburete.

         Esta película, ganadora del Oso de Oro en Berlín 2020 fue filmada por el realizador Rasoulof desafiando a un sistema que lo ha condenado a no hacer cine. Obviamente, la película no puede ser vista en su país. A través de cuatro historias, se cuestiona a un sistema que utiliza la pena de muerte como castigo, aunque sea por las razones más nimias e inofensivas. Igualmente, está el aspecto moral, el sentido de culpa, los secretos. Por eso, en una de las historias, un soldado está lamentando su destino porque el servicio militar le obliga a ser verdugo. Si rehúsa, no tendrá alternativa para poseer pasaporte, conseguir trabajo, tener todas las ventajas de cualquier civil. Los cuatro segmentos nos hablan de la interacción que esta práctica salvaje tiene entre sus protagonistas. Así como existen personas que se acostumbran a una sociedad que les obliga a mantener una doble existencia, hay otras que no toleran la violencia irracional debida a mentalidades obtusas y cerradas. Hay que tomar decisiones para seguir viviendo. El título original en farsi es “El diablo no existe”. La traducción literal del título en inglés es “El mal no existe” y así se le bautizó en español. La cinta nos comprueba que, por supuesto, se encuentra entre nosotros, siempre, acechante, real, sin caer en la ciencia ficción ni en la fantasía…

El director Mohammad Rasoulof


EL CINE COMO RESPUESTA

RIFKIN'S FESTIVAL:
UN ROMANCE EQUIVOCADO
EN EL LUGAR ADECUADO
2020. Dir. Woody Allen.

         Otra gran obra de madurez. Uno de los más grandes directores del cine norteamericano nos ofrece ahora su tributo personal hacia el cine como marco de su eterna obsesión por las relaciones de pareja, pero establece, sobre todo, que es la mejor manera para encontrarle sentido a las grandes preguntas de la vida. Mort Rifkin (Wallace Shawn) es escritor y fue maestro de cine. Platica con su analista y le cuenta lo que sucedió en su última visita al Festival de San Sebastián al cual acompañó a su esposa Sue (Gina Gershon), publirrelacionista del realizador Phillipe (Louis Garrel) quien se ha convertido en la sensación del momento. Mort no disfruta los festivales porque “ya no son como antes”. Empieza a darse cuenta de que hay algo más en la relación entre Sue y Philippe, con el cual no ha podido llevarse bien ya que lo siente pretencioso y que su cine se confunde como “artístico”. Tiene sueños que se relacionan con los grandes clásicos de antaño, donde reproduce sus propios momentos personales y de pareja: El ciudadano Kane, Ocho y medio, Jules et Jim, Sin aliento, Fresas salvajes, El ángel exterminador, Persona, Un hombre y una mujer, además de somatizar sus angustias que lo lleva a consultar a una doctora, Joanna (Elena Anaya), de la cual queda prendado porque representa todo aquello que pudo haber vivido.

         Homenaje al cine y al Festival de San Sebastián, mostrando la belleza de la ciudad, aunque critique la frivolidad y estulticia de los medios de comunicación, además de las actitudes y anhelos de los actuales creadores cinematográficos: un hombre le comenta a una rubia despampanante que está perfecta para interpretar a ¡Hanna Arendt! en su próxima cinta sobre el juicio a Eichmann. Otra persona expresa que se proyectará la versión del director de una cinta de “Los tres chiflados”. Las preguntas de los reporteros en las ruedas de prensa se reproducen como son en la vida real: idioteces superficiales que solamente muestran la ignorancia de los reporteros, nunca verdaderos profesionales del periodismo.

         Suma de homenajes a sus realizadores preferidos: el cine ya no es como antes, se queja Mort (como alter ego de Allen quien acaba de declarar que en las salas ya no se encuentran las verdaderas películas que antes se realizaban), ya que sus clases eran decepcionantes, aunque siempre había unos cuantos estudiantes verdaderamente interesados en la esencia y naturaleza del cine. Los sueños que reproduce son deliciosos y de ahí que Rifkin elabore su propio festival. Al estilo de Welles, un niño judío cuyo trineo lleva el nombre de “Rose Budnick”, una suicida, jugando con el Rosebud de "El ciudadano Kane". Al estilo de Bergman, su esposa y su doctora reproducen comentarios sobre fidelidad y pareja ¡en sueco!, con los encuadres de Personalas reuniones familiares de Fresas salvajes o el retorno a la Muerte y el ajedrez en El séptimo sello. Buñuel es recordado por el fetichismo hacia los pies femeninos. Woody Allen establece las diferencias entre lo que era la cinefilia apasionada y las obras fílmicas siempre personales y retadoras, contra el mercantilismo, la abundancia de propuestas y lo efímero del presente. ¿Por qué ahora se olvida tan rápidamente al estreno que es sustituido por otro y por otro y por otro, en cadena sucesiva y progresión infinita? ¿Dónde quedan los recuerdos memorables de las cintas de un festival cuando no hay tiempo para afianzarlos? ¿Dónde están los espacios de reflexión que permitan que el cine sea un punto de referencia personal y eje sobre el cual se mueva la historia?

         Y el personaje de Mort es un hombre mayor, casado con una mujer menor en edad, que ofrece las variables de la autoficción. Woody Allen siempre ha sido autor completo que desahoga en sus imágenes todo aquello que le afecta, le acontece, le produce reacciones debidas al pasado y a la experiencia. No deja de utilizar a sus creaciones fílmicas como una manera de asentar su presente. Sí, el cine ya no es como antes, y los nuevos creadores creen que pueden revolucionar al medio, sin darse cuenta de que sus narraciones son simples variaciones de tantas ya plasmadas en la pantalla, y que la soberbia, como pasa con el realizador Philippe, les torna en payasos caricaturescos por su ignorancia. Ahora, todo aquello que conmueve y produce dinero es confundido como “arte”. Todo lo que deslumbra al cinéfilo inexperto es prueba de sus faltantes. Para verdaderamente amar al cine hay que haber visto cine, mucho cine, porque además del placer que causa, nos define, nos ofrece nuestras claves personales, nos permite descubrirnos, nos asegura que la vida tiene un sentido y, siempre, nos ofrece las respuestas a las grandes preguntas.

El maestro Woody Allen dirigiendo a Wallace Shawn y Elena Anaya

miércoles, 12 de enero de 2022

LA JAULA DE ORO

SPENCER
2021. Dir. Pablo Larraín.

         La princesa Diana (Kristen Stewart) se pierde en el camino a la casa real en Norfolk, donde pasará la Navidad junto con la familia. Su punto de referencia es un viejo espantapájaros que viene a ser símbolo de sus tiempos de infancia ya que ahí fue donde creció. Al llegar a su destino, es recibida por el atávico mayor Gregory (Timothy Spall) quien se encuentra para cuidarla y evitar el paso de los infaltables paparazzi. Diana llega, entonces, a lo que se convierte en una jaula de oro. Son los inicios de los años noventa, cuando ya es considerada la oveja negra de la familia, está consciente del amorío que su principesco marido sostiene con su amante Camilla Parker-Bowles, y sabe que solamente puede encontrar solaz en el pasado (ya que dentro de la realeza solamente existen pasado y presente), que es cuando fue feliz, o al lado de sus hijos William y Henry, quienes la adoran y son sus compañeros de juego.

         El guion explora, de manera ficcional, los hechos que llevaron a la separación matrimonial de una princesa muy querida por el público: tres días en la Navidad de 1992. Diana se clasificó como personaje de cuento de hadas para el imaginario colectivo y se encontró inmersa en una serie de protocolos y ceremonias que iban más allá de lo práctico y terrenal. Todo era una serie de formas y fórmulas: lo que se iba a comer, lo que serían los vestidos para utilizar en cada día y ocasión del fin de semana; la llegada a comer, tomarse una foto, o una reunión, antes de la Reina Isabel. Y siempre, la mirada atenta, implacable, sobre ella y sus actos. El oído perspicaz para escuchar cualquier cosa que se dijera. Las cortinas cerradas para evitar que se tomaran fotografías a distancia. Según Diana: “soy un imán para la locura… para la locura de otras personas”.

         La aparición de una biografía sobre Ana Bolena, la esposa de Enrique VIII que fuera decapitada, para que éste pudiera casarse con Jane Seymour, colocada convenientemente sobre la cama de la princesa, hace que Diana establezca un parangón con sus propias circunstancias. Están los fuertes rumores acerca de la amante del príncipe Carlos, quien le hace ver a Diana que, entre ellos, (la realeza), siempre debe de haber una dualidad: la imagen pública, la imagen privada. Es la infidelidad de su esposo, junto con las presiones de una clase privilegiada, lo que hace que Diana empiece a descender a su infierno personal. Solamente sus hijos, y la presencia de una de sus vestidoras, Maggie (Sally Hawkins), persona de confianza, son los elementos que le permiten a Diana tener cierta esperanza, sin imaginar el futuro que se encontraba, trágicamente, a la vuelta de la esquina.

Pablo Larraín con Kristen Stewart en el Festival de Venecia



martes, 11 de enero de 2022

MERCANCÍA VIVA

EL HOMBRE QUE VENDIÓ SU PIEL
(L’homme qui a vendu sa peau)
2020. Dir. Kaouther Ben Hania.

         Sam Ali (Yahya Mahayni) es un hombre sirio que, eufórico por el amor que tiene hacia su novia Abeer, expresa una frase con tonos revolucionarios, de manera inofensiva, fuera de contexto, pero que levanta sospechas, mientras ambos se transportan en un camión urbano. Es encarcelado, pero dejado libre por un familiar que trabaja en la delegación, por lo que decide escapar del país hacia Líbano. Su novia se casa con un delegado de la embajada siria en Bélgica y el sueño de Sam es poderla alcanzar. Un día lo contacta un artista contemporáneo, Jeffrey Godefroi, quien le propone que le permita crear un tatuaje sobre su espalda. A su favor, Sam obtendrá una visa especial que le permitirá viajar libremente por Europa. A cambio, será una obra de arte viviente que se exhibirá en museos, con la posibilidad de ser vendido bajo ese concepto… A partir de un hecho de la vida real, iniciado en 2008, donde el artista belga Wim Delvoye, contrató a un hombre para realizarle un tatuaje en la espalda y exhibirlo, la realizadora tunecina Ben Hania se inspiró para ofrecer un matiz político y de reflexión que abarca desde los derechos humanos, la trata de personas, y más que nada, cuestiona la validez del arte contemporáneo como ya lo hicieron en su momento las extraordinarias Velvet Buzzsaw (2019, Dan Gilroy) The Square: la farsa del arte (2017, Ruben Östlund), a través del uso de lo sobrenatural y de la farsa, como elementos básicos para satirizarlo.

         Lo que mueve a Sam es el amor. Su relación con Abeer se torna imposible y, para sobrevivir, requiere reencontrarla. Al llegar el extraño ofrecimiento del artista, se da cuenta de que será su única salida. Hay mucho dinero y muchas ventajas para el desesperado hombre. No obstante, jamás toma conciencia inicial de que hay explotación detrás del proyecto artístico. Sam se convierte en objeto. Al cuestionarse a Godefroi sobre este aspecto, su respuesta es simple: las personas tienen obstáculos para trasladarse por el mundo, pero no así las mercancías. Sam se convierte en producto con valor. Por un lado, su estatus de refugiado en Líbano, inmigrante, limitado. Por otro, el absurdo mundo del arte contemporáneo donde se considera que los territorios de la creación son múltiples e infinitos, que deben ser explorados. Por tal motivo, el tatuaje sobre la espalda de Sam es una obra de arte que puede ser admirada en museos y adquirida por coleccionistas. Queda asegurado como obra de arte. Sufre las realidades de la piel (una espinilla que surge de repente) y las limitaciones como modelo que no puede acercarse a sus admiradores, entre otros sometimientos.

         La realidad se convierte en obra de ficción para cuestionar al mundo que habitamos. Se ponen en tela de juicio la falta de compasión humana, la frivolidad de los coleccionistas, el sentido mercantilista de los creadores artísticos, y más que nada, la problemática de la migración que lleva a sus víctimas a realizar actos inimaginables bajo otras circunstancias.  En la película aparece el artista que fue la inspiración de esta realizadora, autora total, como el asegurador de Sam, además de que se presentan otras obras suyas, dentro de los museos donde se exhibe al hombre-objeto. No es una cinta perfecta y cae en algunos momentos de autocomplacencia, pero su tesis es válida y su narración permite que se cuestionen elementos que en este mundo actual han tomado matices inesperados, absurdos…

La directora tunecina Kaouther Ben Hania, en Venecia 2020.


viernes, 10 de diciembre de 2021

EL AMOR IMPOSIBLE

 

AMOR SIN BARRERAS
(West Side Story)
2021. Dir. Steven Spielberg.

         La conocida trama de Romeo y Julieta trasladada al Nueva York de finales de los años cincuenta, entre pleitos de pandillas étnicas: los norteamericanos (descendientes de blancos, extranjeros) y los puertorriqueños, defendiendo su territorio, se narra a través de la historia de María (Rachel Zegler) y Tony (Ansel Elgort), enamorados apasionadamente, divididos por los odios raciales. En esta nueva adaptación de la comedia musical de Leonard Bernstein, se buscó la fidelidad hacia la puesta en escena, sin la intención de utilizar la referencia obligada y conocida de la versión cinematográfica de 1961. Para quienes conocemos y amamos la película de Wise y Robbins, es ineludible la comparación y el extrañamiento. Sin embargo, es otra película de Spielberg, con su narración fluida y su perspectiva visual.

         La comedia musical se estrenó en 1957, luego de haber estado una década como proyecto en las mentes de sus creadores, Bernstein y el letrista Stephen Sondheim, aparte del dramaturgo Arthur Laurents y el coreógrafo Jerome Robbins. Spielberg, con diez años de edad, quedó deslumbrado con las canciones del disco que reproducía esa versión teatral, adquirido por su padre, al cual dedica la película. Como era de esperarse, el nuevo guion ofrece contexto al colocar la acción en medio de las demoliciones del centro de Nueva York para la construcción del Lincoln Center. Igualmente, los personajes se definen con algunos datos que jamás se tocan en la puesta original: María llega a Nueva York para vivir con su hermano Bernardo, del cual se sabe que se dedica al boxeo y vive extramaritalmente con la modista Anita. Por su parte, el joven Tony acaba de purgar una condena de un año por haber golpeado a otro rival de la pandilla que había fundado, los Jets, de los cuales ahora es cabecilla Riff, amigo de siempre de Tony, que los ha abandonado, y trabaja en la tienda de Valentina (Rita Moreno, en un rol escrito para ella). De esta manera, se le da mayor sentido a la presencia latina en Nueva York por el carácter de estado asociado que tiene Puerto Rico y que se nota como amenaza hacia la hegemonía de los blancos que, en realidad, tienen ascendencia extranjera (italianos, irlandeses, polacos).

         Y está la historia de amor más fuerte que los lazos familiares y que todo sentido moral. Spielberg se siente conmovido y decide regodearse sobre esa fuerza. La escena del balcón, que en este caso son las escaleras de escape de las viejas casas de apartamentos, muestra las barreras del título en español. Las rejillas estorban. Tony tiene que escalarlas para llegar hasta su objeto amoroso. Lo más impactante de esta historia reside en el sentido trágico: cuando todo se ha planeado de la mejor manera, interviene la fuerza del destino. Contra toda esperanza e ilusión, se enfrenta la imposibilidad amorosa. A pesar de que exista una pequeña alternativa de felicidad, no podrá ser. Hay detalles y pequeñas circunstancias que refinan a la trama. Spielberg evita los excesos que pueden dar lugar al ridículo (por estar pasados de moda). La vieja Valentina viene a ser el coro griego cuando canta “Somewhere”, hablando de una situación general, de humanidad, más que del caso singular de una pareja. Anita y Bernardo cantan sus ventajas y desventajas de vivir en “América”, al salir a la calle, a plena luz de día, para expresarse en medio de la gente.

         Y el reparto es muy adecuado. Ahora tiene actores que cantan y bailan. Ansel Elgort es muy expresivo, excelente actor, que deja muy atrás al inadecuado Richard Beymer en la versión de 1961: el momento en que se entera de la falsa muerte de María, su expresión vale por todo su desarrollo actoral en la trama. La coreografía de Robbins se respeta parcialmente, en su esencia, pero ahora se está adaptando a otro tipo de escenario. Se sigue la tendencia actual del cine: muchos cortes que solamente dan idea general de baile, en lugar de una cámara que permita disfrutar de los movimientos corporales: claro, no es teatro, ni es película musical de antaño: es la época de la rapidez. Los números de danza están como fondo, a distancia, de la trama que se está presentando. Spielberg muestra la derrota del sueño americano, aunque la trama permite cierto dejo de esperanza. La cinta es espléndida para el público al cual está dirigida, que no es, para nada, aquel que la disfrutó en su versión anterior.

El maestro Steven Spielberg con su elenco



 

          

viernes, 3 de diciembre de 2021

MASCULINIDAD

EL PODER DEL PERRO
(The Power of the Dog)
2021. Dir. Jane Campion.

         Montana, 1925. El rudo ranchero Phil (Benedict Cumberbatch, excepcional) y su hermano George (Jesse Plemons) llegan al restaurante de Rose (Kirsten Dunst), donde el primero, bravucón, impone su presencia. Se burla del hijo de la mujer, Peter (Kodi Smit-McPhee), por su delicadeza. George se enamora de Rose y se casa con ella. Así, inicia una relación tortuosa entre cuñados que llevan a Rose al alcoholismo. Cuando Peter llega de la universidad para pasar el verano, lo que primero acontece es una continuidad de burla y escarnio hacia su persona; de pronto se torna en amistad y acercamiento con Phil, que será significativa y determinante para el futuro… Imposible continuar describiendo lo que sucede sin revelar puntos importantes de la trama.


         Estamos ante los hermanos con personalidades opuestas: George es serio, obeso, siempre vestido de manera muy propia, aun cuando cabalga. Phil es vulgar, prepotente, siempre vestido con chaparreras, regodeándose en su suciedad y la peste que produce. Phil se burla de su hermano (le llama “fatso”: gordinflón), pero duermen en la misma cama. No obstante, se menciona que Phil estudió en Yale y es experto en latín y griego, aparte de cultivar una afición entomóloga, lo que es una total contradicción debida a su manera de comportarse. Al casarse George, y traer a Rose a vivir al rancho, Phil cambia el blanco para sus burlas. La mujer se angustia y encuentra una salida por medio del alcohol. La llegada de Peter al rancho todavía provoca otra redirección de su escarnio, algo que el joven larguirucho recibe impasible, pero luego capitaliza.

         La cinta se distingue por las miradas, los gestos. La realizadora hace uso de acercamientos que dicen más que cualquier diálogo. El mejor ejemplo está en la noche de bodas de George cuando duerme con su mujer en un cuarto adjunto al de su hermano. Phil escucha los gemidos del acto sexual y se nota su rechazo, su disgusto, o tal vez un deseo reprimido. El título de la cinta (por ende, de la novela en la cual está basada) proviene de un salmo bíblico: Libera a mi alma de la espada; libera a mi querida del poder del perro, que vendrá a darle sentido a las acciones, y a sus consecuencias, que realizan los personjes.

         Una visión existencialista sobre la sensibilidad masculina. Dos seres, Phil y Peter, cuyas condiciones humanas buscan encontrar sentido a sus vidas. Cada uno guardando apariencias, ocultando sus naturalezas, disfrazando sus deseos. Cada uno con motivaciones distintas para esas acciones que se confunden bajo otros objetivos. Dividida en cuatro capítulos que van estableciendo personajes, encaminándolos en sus destinos, la película va lanzando cabos sueltos para unirlos, magníficamente, al finalizar. La realizadora neozelandesa Campion se ha distinguido por la descripción de sus personajes masculinos a lo largo de su carrera (como el rudo campesino ante su esposa comprada en El piano, 1993; o el detective libre que investiga un asesinato en En carne viva, 2003), algo que ahora resulta más distintivo gracias a, como ella dice en una entrevista, el movimiento #me too. La cinta aborda dicha esencia desde otra óptica. Extraordinaria.

Jane Campion y Kirsten Dunst en el Festival de Venecia 2021



domingo, 21 de noviembre de 2021

TRIBUTO AL PASADO

 
LA CRÓNICA FRANCESA
(The French Dispatch)
2021. Dir. Wes Anderson.

 

         Un tributo a las revistas norteamericanas que publicaban ensayos, críticas, relatos cortos, reportajes de investigación, y que han ido desapareciendo de la edición impresa ya sea en forma total o trasladándose al soporte digital y, en varios casos, de manera híbrida. Son revistas (las que persisten) como The New Yorker, Harper’s, The Atlantic Monthly (entre otros títulos, cuyos ejemplares físicos resultan demasiado caros en ocasiones y dividen su existencia ante personas que todavía prefieren el olor de papel y tinta en lugar de la fría pantalla). En este caso, la cinta se divide en tres historias y un obituario perteneciente a Arthur Howitzer Jr. (Bill Murray), editor de un periódico en Liberty, Kansas, cuyo hijo se exilió en Francia, enviando artículos para publicación, que devinieron el suplemento “The French Dispatch”. Las otras tres tramas suceden en fechas que van de los años cincuenta a los sesenta. La película nos narra, entonces, estas tres historias, con las cuales cierra el periódico su existencia, para dar una idea del contenido que, en esos tiempos, llamaban la atención de los lectores.

 

         La reportera Berensen (Tilda Swinton) narra la historia de un artista abstracto, Rosenthaler (Benicio del Toro), cuya obra se produce dentro de prisión ya que ha cometido un crimen. Por su lado Krementz (Frances MacDormand) recuenta su involucramiento con el apasionado y joven activista Zeffirelli (Timotheé Chalamet) en los levantamientos estudiantiles de los años sesenta. Finalmente, Roebuck Wright (Jeffrey Wright), hace la crónica de un secuestro que tiene que ver con la policía francesa y su cocinero oriental. Tanto las técnicas narrativas (animación, vídeo, formatos distintos que van de la proporción académica casi cuadrada hasta la panorámica, color o blanco y negro), como los detalles de las tramas y el inmenso reparto, obligan a que el espectador se preste a una atención constante para no perderse. En ocasiones, la fluidez se detiene para hacer alguna acotación, antes de retornar a su punto anterior.

         Wes Anderson se va nuevamente hacia el siglo veinte, para indicar las formas en que se manifestaba la cultura por medio de lo literario, utilizando todas las alternativas que la tecnología actual permite. Dentro de este hiperpostmodernismo, la mezcla de actitudes, pasiones, intereses de los personajes, nos recuerda los elementos en que se informaba con una perspectiva profunda y enunciativa sobre los hechos que iban sucediendo e impactaban al público. Por eso, la reportera que se involucra sentimentalmente con el activista estudiantil ofrece una visión desde “adentro”, de la relación personal, de las emociones que rodearon al hecho. En la actualidad leemos múltiples blogs, páginas especializadas, las redes sociales y, por supuesto, los portales de estas revistas. Ahora se “escarba” en el pasado para que lo conozcan las nuevas generaciones, aunque desde el desconocimiento y el dato erróneo: lo único que cuenta es el presente. Es el tinte nostálgico de Anderson respecto al acercamiento que era muy definido y completo en su momento.

         La cinta adquiere un tono diferente para cada espectador. El sentido del humor pertenece a una época diferente. La brillantez de narración es contemporánea gracias a la tecnología. El estilo de pastiche excepcional, antología incompleta, permite que al final de cuentas todo se unifique en el especial tributo a reporteros, escritores y articulistas que permitieron el florecimiento de esas revistas (que son mencionados en los créditos finales) y la construcción de universos personales. Una cinta aparentemente grácil y simple, que en realidad es compleja y propositiva, sin limitaciones en su interpretación.

El director Wes Anderson entre Chalamet y Adrien Brody 
en el Festival de Cannes 2021.




sábado, 6 de noviembre de 2021

OTROS PERSONAJES: REDONDOS

ETERNALS
2021. Dir. Chloé Zhao.

         Nueva incursión (e inclusión) dentro del Universo Marvel. Otro tipo de superhéroes con poderes distintos, pero que terminan siendo variaciones de personajes. Los Eternals tienen 7000 años de existencia, creados por una deidad superior, lo mismo que los Deviants, a quienes deben de detener. La trama inicia en la Mesopotamia de la antigüedad y sigue en la actualidad, cuando, aparentemente, todo ha permanecido con tranquilidad en cuanto a los objetivos de estos seres inmortales (quienes solamente pueden morir entre ellos o a causa de sus enemigos mencionados). El personaje principal será Sersi (Gemma Chan) que ahora es científica viviendo en Londres, enamorada de un humano, Dane (Kit Harington), acompañada de la adolescente Sprite. Repentinamente, aparece un Deviant, al mismo tiempo que Ikaris (Richard Madden), otro de sus congéneres, y del cual se sabrá que fue su amado en el pasado. La narración no será linear, ya que irá del pasado al presente, en diversos años y locaciones (por ejemplo, Tenochtitlán en 1521), para ofrecer explicaciones y motivaciones. La reaparición de los Deviants se debe al calentamiento global: estaban congelados en glaciares que se han venido derritiendo.

         Sin salir de la usual narrativa moral donde los héroes luchan contra la maldad, lo que debe buscarse en este universo fílmico, son los matices y las diferencias: en este caso, es la importancia que se le da a los personajes para brindarles su propia dimensión.  Así, conoceremos las pasiones e inquietudes de la mayoría de ellos (ante la duración y tantos personajes: diez en inicio, algunos quedan desdibujados). La terquedad y obsesión de Ikari que le lleva a tomar decisiones erróneas, la dualidad sentimental en Sersi ante su amante Ikari y su pretendiente Dane, la insatisfacción de la eterna adolescente Sprite quien desea conocer las emociones humanas en las edades adecuadas, el narcisismo de Kingo como actor de Bollywood o el remordimiento de Phastos ante la mala utilización de la ciencia para provocar destrucción que viene a neutralizar con familia homoparental. Todo lo anterior intercalado con las escenas de mucha acción que requieren del exterminio de los Deviants y, como en otros casos, evitar la aniquilación de la especie humana.

         La cinta se siente desequilibrada ante el afán de conseguir ambos objetivos: las secuencias de acción contra el establecimiento de personajes. Se pierde el ritmo ocasionalmente, el tono visual tiende a lo oscuro, ya que la directora prefiere la luz natural, aunque su cualidad es que resulta ser una cinta diferente a lo que estamos acostumbrados. Al permitirse una escena de intimidad entre la pareja enamorada o el beso entre dos hombres, se está sentando un precedente que ya no puede dar marcha atrás. Todo se debe a la sensibilidad de su realizadora que maneja ahora una maquinaria enorme, alejada de las mínimas circunstancias que se tienen en una producción independiente, con presupuesto reducido. Seguramente tendrá éxito que no se comparará a otras de las entregas de estas franquicias. Con sus irregularidades, no deja de ser una cinta importante, atractiva.

La directora Chloé Zhao instruyendo a Richard Madden