domingo, 18 de octubre de 2009

OTRO TIPO DE CAMBIO


Aquí estamos junto con Refugio Ruiz Díaz (a.k.a. Cuco), quien fuera mi excelente maestro de fisicoquímica (por él la comprendí y se tornó en materia favorita, aparte del análisis químico) en aquellos años de la Facultad de Química (hablo de 1970), y que ahora ha publicado su primera novela dentro del género negro que lleva el título de esta entrada. Me invitó a presentarla en el último día de la Feria del Libro. Está editada por Font y vale la pena: un ingeniero de Piedras Negras viene a Monterrey a resolver un crimen para involucrarse con narcotráfico, lavados de dinero y tráfico de influencias, pero lo más importante recae en la descripción de una realidad urbana, política, social, que es terrible y de la cual parece imposible librarse... Ojalá la consigan, la lean y la disfruten como le pasó a este humilde bloguero...

La presentación será publicada, tal vez, en www.revistapantagruelica.com, según ofrecimiento del Mtro. Xavier Araiza. Estén atentos y espero que al leerla, con mayor razón se animen a acercarse a dicha novela.

Les añado una foto tomada por mi apreciadísimo Fernando Gaona quien asistió al evento y fue tan amable de dejar testimonio visual de este pobre sujeto ya con escasos cabellos pero con la sonrisa constante porque hay que agradecer que tengamos vida: lo demás es accesorio (como los libros que conseguimos en la Feria: maravillas que afectaron al bolsillo pero cuya naturaleza producirá un placer infinito como ¡¡¡el Diario de León Bloy!!!).

También tuve la alegría de reencontrar en esa presentación a Rosy Trejo, esposa del autor, quien fuera mi jefa en Asarco y compañera de idas al teatro, a las muestras de cine y hasta a los antros de esos años (tan diferentes como emocionantes si se les compara con los terribles de ahora). Estuvo el gran (el mejor) actor coahuilense Jesús Valdés y el maestro Javier Treviño Castro, inteligente, insigne, promotor cultural de abolengo. Todos, personas entrañables para mí.

Otro dato: escuche a Fernando Gaona con sus comentarios sobre cine mexicano, los viernes a las seis de la tarde por Radio Nuevo León, AM 1510; también puede verlo en el programa "Ayer y hoy" de TV Nuevo León, esos mismos viernes, más temprano, alrededor de las dos de la tarde.

Ya volveremos con nuestros propios delirios fílmicos en este espacio...

miércoles, 14 de octubre de 2009

UN POCO DE PACIENCIA...


He tenido mucho trabajo...
Voy a presentar un libro este domingo 18 a las 14:30 h en la feria del libro...
Estamos en espera de cosas que pueden suceder...
Un poco de paciencia y les prometo futuras entradas espléndidas y apasionantes...
No me dejen ni me olviden...
Abrazos a todos...

Les pongo una foto maravillosa de "Horizontes de grandeza" (The Big Country) de William Wyler, filmada en 1958, donde aparecen Carroll Baker y Charlton Heston. Fue una producción de United Artists, con un tema musical maravilloso de Jerome Moross.

domingo, 4 de octubre de 2009

EL FIN DE SHEILA



En 1974 se estrenó "El fin de Sheila" (The Last of Sheila, Herbert Ross, 1973) en el Cine Encanto. Fue todo un descubrimiento porque era una película con sentido detectivesco, una buena carga de chistes privados sobre Hollywood y sus personajes (el director venido a menos, el guionista decadente que solamente hace "tratamientos" sobre argumentos originales casado con una millonaria hija de papá, la representante vulgar y promiscua, la estrella sexy y su marido vividor), además de una frescura sin igual, un ritmo frenético y, al final, una canción-tema interpretada por Bette Midler (entonces de moda, muy vigente) llamada "Friends" que venía en su nuevo elepé. Acabo de volver a verla porque me llegó un anhelado DVD: esos disquitos que parecen traer prisionero a un genio enloquecedor dentro de ellos.

Sheila, una columnista de Hollywood, sale enojada de una fiesta, por la madrugada, y se lanza a caminar por las calles del suburbio de Bel Air, en Los Ángeles. Un automóvil que viene a gran velocidad la atropella y la mata. Pasa un año. Su viudo, un sarcástico, cruel y burlón productor (James Coburn), invita a los personajes que previamente les comenté, para conmemorarlo, llevándolos en un viaje por el Mediterráneo en su yate para ir desarrollando un juego que revelará un secreto de cada uno de ellos y que tiene que ver con homosexualidad, cleptomanía, delación (apenas había pasado un cuarto de siglo de la cacería de brujas), pedofilia, entre otras intimidades. Sin embargo, luego de la segunda pista, el anfitrión es asesinado y lo que importará será descubrir quién de los participantes fue el asesino o asesina, muy en el estilo de las novelas de Agatha Christie donde debe encontrarse al culpable dentro de un grupo exacto de sospechosos pero con un sabor contemporáneo (para los fabulosos setentas).

El argumento y guión fue escrito por el compositor y letrista Stephen Sondheim ("Amor sin barreras", "Gypsy", "Compañía") junto con el actor Anthony Perkins ("Psicosis"), quienes eran fanáticos de los juegos de mesa y aportaron su experiencia experta para jugar con esta trama que involucraba a la gente que conocían con la maravillosa inteligencia de aplicar reglas del juego, tradiciones de la novela policiaca, un sentido del humor pleno de frivolidad. Y es que los personajes toman a la muerte como algo que llegará y que no debe afectar sus vidas. Lo importante es la supervivencia porque tienen conciencia del ambiente competitivo y hipócrita dentro del cual se mueven. Más importante: no se toman en serio.

La acción sucede en falsos pueblos costeros y otro viejo falso monasterio de estudio en islas ignotas del Mediterráneo que brindan una atmósfera adecuada y seductora para la trama. La cinta fue filmada en el sur de Francia y en los estudios de Niza (como sucedería ese mismo año con "La noche americana" de Truffaut: otra película que empata dentro del montón de favoritas de 1973). El reparto es con gente entonces joven (o casi) como una bella Raquel Welch (a punto de los setenta años), Dyan Cannon (ahora ochentona), James Mason, Coburn y Joan Hackett (espléndidos pero ya fallecidos) así como un Richard Benjamin y un Ian McShane que eran buenos actores pero sin el "glamour" de Hollywood. Al resolverse la trama, el victimario se torna víctima y vuelve a caer en el infierno del Hollywood que no se ve en las pantallas de cine porque ahí solamente están la gloria y el ensueño: en la realidad es un infierno.

Su realizador fue Herbert Ross, exparticipante del American Ballet Theatre, coreógrafo en Broadway, hasta que en 1969 fue llamado por la MGM para una costosa versión musical de "Adiós Mr. Chips" que había sido llevada a la pantalla en 1939 para que su estrella, Robert Donat, se ganara el Óscar. Aunque no fue el taquillazo que se esperaba, Ross continuó dirigiendo y creando una carrera exquisita y placentera ("Magnolias de acero", "La chica del adiós" o "Footloose" estarían entre sus títulos futuros). Ross tenía la gracia de la ligereza y de la fluidez narrativa: no permitía el aburrimiento ni que el ritmo decayera. "El fin de Sheila" fue su quinta película. Filmaría un total de 24 películas que fueron del éxito al fracaso (muy pocos casos) pero ninguna tiene la calidad de pasiva o indiferente.

Los años setenta fueron de transición para la industria de Hollywood, casi arruinado a finales de la década previa porque el modelo de viejos géneros inflados ya no funcionaba. Ahora venían los directores (Coppola, Friedkin, Bogdanovich) y las cintas con contenido ( "El padrino", "La conversación") o el entretenimiento estilizado ("Luna de papel", "El gran Gatsby", "El exorcista") donde "El fin de Sheila" encaja perfectamente y que fueron las causas del retorno a las salas de públicos que se habían alejado de ellas (y todavía no existían las videocaseteras ni los teléfonos celulares ni tantos aditamentos que ya son puro margallate para los viejitos que disfrutamos cuando fuimos jovencitos con este tipo de películas).

En la foto, de izquiera a derecha: Mason, Welch, Hackett, McShane, Cannon y Benjamin.

sábado, 3 de octubre de 2009

DIABÓLICA TENTACIÓN (Jennifer's Body)



La segunda gran película de terror del año, luego de "Arrástrame al infierno". Una película delirante, escrita por Diablo Cody (la guionista de "Juno"), donde vuelve a aparecer el demonio para transgredir la calma de un pueblo (llamado "Hell's Kettle", que traducen como "La caldera del diablo", cuando debería ser "La caldera del infierno", aunque más bien como "La cafetera del infierno", más adecuado para el tono irónico de la cinta). Una muchacha es ofrecida en sacrifico al demonio, pero no es virgen. Entonces sobrevive con el diablo dentro y debe alimentarse con carne y sangre de humanos. La bella Megan Fox es el monstruo. La rubia Amanda Seyfried (quien fuera la hija de Meryl Streep en la aburrida "Mamma mia" )es la amiga supuestamente "nerd" (aunque no tanto como para tener sexo con su noviecito guapetón) quien tendrá otra transformación y otra perspectiva vital. Todo está dentro del ámbito fantástico y la película no admite medias tintas. Fue dirigida por una realizadora extraordinaria llamada Karyn Kusama ("La gran pelea", "Aeon Flux"). Para mí, es una cinta estupenda, y no deben perder la experiencia. Lean mi comentario extenso en
www.dianagonzalez.com.mx

martes, 29 de septiembre de 2009

PETER, PAUL AND MARY



Me entero que hace un par de semanas falleció Mary Travers (1936 - 2009), un tercio del grupo Peter, Paul and Mary, que fue popularísimo durante la década de los sesenta. Mi papá me trajo de Laredo su segundo disco de larga duración y poco más tarde pude conseguir el primero. Ellos habían sido los que habían lanzado "If I Had a Hammer" (Si tuviera un martillo) que poco después popularizó mundialmente Trini López con su versión muy rítmica y latina, y que fuera bautizada en español como "El martillito".

La música denominada "folk" en Estados Unidos estaba considerada como música popular de las masas, tradicional, heredada de padres a hijos. Una de sus grandes promotoras entre la juventud de estos finales de los cincuentas e inicios de los sesentas fue Joan Baez (además de otros grupos o solistas) gracias a los festivales del género y su acercamiento dulce, lírico, a las viejas melodías.

Dentro de la tradición de consumo en el país vecino, se capitalizaron dichas interpretaciones como grabaciones que tuvieron grandes ventas. Peter, Paul and Mary fue creado como otra alternativa distinta y atractiva. Aparte del mencionado "martillo", ofrecieron diversas canciones que trascendieron con el tiempo ("500 miles", "Lemon Tree" o "Puff, The Magic Dragon", entre muchas).

Después, como sucede a menudo, la novedad disminuyó pero su fama continuó. A finales de los sesentas surgieron "Leaving on a Jet Plane" y "I Dig Rock and Roll Music" que los volvieron a colocar en primeros lugares. Luego se separaron para que cada uno continuara con sus proyectos individuales. De pronto se reunían y daban conciertos nostálgicos.

Esa nostalgia se manifestó al enterarme que Mary ya no estaba viva sobre la tierra, por lo que busqué los CD's de esos álbumes para escucharla junto con sus compañeros de aventura. Recordar la alegría que mi papá me dio cuando me trajo el elepé de vinilo (que todavía tengo, claro); y la angustia eliminada de completarlo más adelante con el primero de ellos. Luego surgió Trini López "martillando" con su ritmo latino y ya tenía la posibilidad de contrastarlo como luego lo haría con las versiones en otros idiomas "Datemi un martello" de la chaparrita italiana Rita Pavone o el "Se j'avais un marteau" del rubio francesito (chiquito y flaquito) Claude Francois o el grupo malgache (también chaparrones) de Les Surfs. No recuerdo quién la cantaba en español ("con un martillito yo saqué un clavito..."), pero lo que es cierto es que mi preferida siempre será la de Mary Travers, al lado de sus complementarios Peter y Paul. Eternamente agradecido.

lunes, 28 de septiembre de 2009

LOS FEOS (1)





La reciente revisión de “El llanto de los pobres” (Rubén Galindo, 1976) donde el feísimo, rechoncho, chaparro Cornelio Reyna (1940 - 1997) se convertía en objeto amoroso para dos bellas muchachas me impulsó a escribir una serie de entradas acerca de los hombres poco agraciados físicamente, tanto en rasgos faciales como cuerpos, que se han convertido en estrellas del cine mexicano e, imagino, tortura para sus compañeras de trabajo al tener la perspectiva u obligación de besos o caricias.

Para ello, primero tomo prestadas varias definiciones y referencias acerca de “la fealdad”: la palabra feo viene de “feodus” que significa fétido o impuro, por lo que su relación tiene que ver con el sentido del olfato, mientras que “belleza” se relaciona con armonía, bondad, forma (de ahí “hermoso”) más dirigida hacia los sentidos de la vista, el oído, y con mucha más suerte en la vida real: el tacto y el gusto. La fealdad es el alejamiento del canon de belleza: aquellas características que una sociedad considera convencionalmente como atractivo o deseable.

En el cine se estableció dicho canon con gente magnética, aquella que la cámara traducía como ejemplo de perfección. Bellos eran los hombres y las mujeres que despertaban pasiones, convencían como seres seductores, poseían los rasgos delicados que se sentían armónicos, los cuerpos esbeltos (o fornidos pero deseables). Así eran los galanes: jóvenes atractivos por las bondades de la edad; maduros que desprendían un poder, una experiencia amatoria, una promesa de placer y amor sin igual.

El cine mexicano fue conformando su propio canon con el paso del tiempo. De hombres que solamente tenían experiencia actoral (Julio Villarreal, Domingo Soler, Juan José Martínez Casado, quienes luego se tornaron característicos) se fue creando poco a poco al galán atractivo (Pedro Armendáriz, Rafael Falcón, Arturo de Córdova, David Silva, Pedro Infante, Julio Alemán, Joaquín Cordero, Jorge Rivero, Fernando Allende) que convencía con sus promesas placenteras. Eran los hombres indicados para sus contrapartes, las actrices o estrellas, las mujeres hermosas, apasionadas, armónicas, sensuales, que cumplían con sus respectivas cualidades de belleza.

Sin embargo, he aquí que repentinamente llegaba el hombre feo, surgido por circunstancias especiales (la música, sobre todo) para ocupar un lugar en el cine y explotar esa área de oportunidad: el público asistiría para escucharlo y satisfaría la curiosidad morbosa de comprobar sus posibilidades histriónicas. Y ya entraremos en materia.

Aquí tenemos, como contraste, las fotos de David Silva (1917 - 1976), luego un anuncio con Julio Alemán (1933), el ojiverde Pedro Armendáriz (1912 - 1963) y la portada del disco que Jorge Rivero (1936) grabó, donde aparece dibujado, mostrando una estética de galán de historieta romántica.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

UNAS DAMAS DE HITCHCOCK





Agradezco a Alejandro Gómez, querido amigo y sensible persona, que me haya regalado otra hermosa edición de Editorial Lumen llamada "Las damas de Hitchcock" (Spellbound by Beauty) de Donald Spoto que salió el mismo año de la publicación norteamericana y donde se dedica a disectar a las protagonistas femeninas de todas las películas filmadas por el maestro inglés (1899 - 1980), tan vigente aún con el paso del tiempo; tan imitado u homenajeado; tan estilizado que uno detecta las relaciones intertextuales de cinta a cinta.

Desde las británicas Anny Ondra, Nova Pilbeam, Margaret Lockwood, de los años treinta hasta Joan Fontaine, Ingrid Bergman, Grace Kelly, Kim Novak, Tippi Hedren, entre otras y muchas, de su carrera posterior norteamericana, se van descubriendo hechos, secretos, relaciones, circunstancias. Conocemos el lado desconocido de Hitchcock quien era dado a contar chistes obscenos o provocar a sus damas fílmicas. Sus obsesiones. El encuentro de las personalidades favoritas (Bergman, Kelly).

Hay un capítulo dedicado a "Agonía de amor" (The Paradine Case, 1947) aunque bajo el título traducido literalmente en España: "El caso Paradine" donde se habla de Alida Valli (1921 - 2006), actriz italiana, con cierta fama en su país natal, quien había sido contratada por el productor David O. Selznick. La primera opción de Hitchcock había sido la retirada Greta Garbo quien rechazó volver al cine; luego Ingrid Bergman, a punto de terminar su contrato con Selznick y ya comprometida con otras producciones. Tuvo que conformarse con la Valli, mencionada así en los créditos, con la cual se portó bien y sintió que ella estaba ávida de aprender. No así con Ann Todd (1909 - 1993), la otra protagonista de este drama, a la cual agredió verbal y físicamente, aunque de manera indirecta.

Sobre "Agonía de amor" he escrito un artículo largo que aparecerá en la siguiente edición de "Armas y letras" que publica la UANL. Ya les avisaré para que me hagan el favor de leerlo y entender mi amor hacia esa película. Sin embargo, este libro nos abre la oportunidad de conocer a las cintas desde adentro, a través de las relaciones de Hitch con sus mujeres actrices. Otra visión del horizonte. Ojalá se acerquen a este libro (al menos a Hitchcock, siempre estupendo, aunque este libro lo muestre como patán ocasional en la realidad: eso no importa para la excelencia creativa)del cual quise hacer una pequeña referencia desde la cinta desconocida o menospreciada. Otra vez gracias a Alejandro por este delicioso regalo.

Fotos de Alida Valli con Gregory Peck; la rubia Ann Todd; por supuesto, el adorado mago del suspenso...

ESPAÑOL DE CINE





Bajo este título, la editorial Blume ha publicado un hermoso volumen que lleva como subtítulo "Lo que hay que ver". Con edición general de Antxon Salvador, se recomiendan 250 películas españolas y latinoamericanas que son "imprescindibles". El requisito es que estuvieran habladas en español independientemente de su nacionalidad (por eso está "Sierra de Teruel", André Malraux, 1939, con producción francesa). Se consideran desde inicios del sonoro (obviamente) y la primera cinta consignada es "La mujer del puerto" (Boytler, 1933, México) y la siguiente es "Nobleza baturra" (Rey, 1935, España) para recorrer más de setenta años y terminar con una desconocida (para nosotros, regiomontanos hasta septiembre del 2009, claro) "La teta asustada" (Claudia Llosa, 2009, Perú/España).

Dentro de nuestra cultura posmoderna donde los enlistados son esenciales para cumplir con la supuesta falta de tiempo y ser congruentes con la "rapidez" de todos los procesos, hay un sector de gente que los busca para sentirse con la conciencia tranquila. Si aparece la lista de "las 100 mejores películas de todos los tiempos", habrá quienes las busquen y coleccionen (si están disponibles, claro) para exhibirlas a sus amistades como sucede con "las 100 obras maestras de la literatura" en las bibliotecas regulares. De ahí el éxito de libros como "Las 1001 películas que hay que ver antes de morir". Es la cultura instantánea: como decir "tómese esta pastilla y resuelva el malestar de su ignorancia; demuestre a los demás que es culto". Lo más terrible es que estas listas evolucionan como referencias obligadas. Hasta la saciedad se ha utilizado al enlistado de "las 100 mejores películas mexicanas de todos los tiempos" que la revista "Somos" publicó en ¡1994! y que es un ejemplo del "amiguismo" de los críticos consultados o del peor lugar común. Si uno imaginara listas recientes, les aseguro que la aburridísima "Luz silenciosa" aparecería en ellas. Así que las listas siempre serán sospechosas y cuestionables, aunque sepamos que en realidad habrá títulos imprescindibles, porque la calidad -cuando es honesta y redonda- salta a la vista, permanece, trasciende. No puede negarse, por ejemplo, la inmortalidad de "El compadre Mendoza" (De Fuentes, 1933, México) pero... ¡no aparece en este libro!

Entonces, estos 250 títulos son relativos. La edición y las fotos son muy bellas, por lo que vale la pena tenerla como referencia de datos. Hay una imagen, o varias en algunos casos de cintas excepcionales fuera de toda duda (las de Buñuel, por ejemplo). Viene una ficha filmográfica, un comentario con breve sinopsis argumental, así como dos líneas que indican la aceptación crítica y la del público. Por eso, podemos encontrar "El último cuplé" (Orduña, 1957, España) o "Un rayo de luz" (Lucia, 1960, España) donde resulta que la crítica las negó, pero el público las adoró, para escándalo de las mentalidades exquisitas. O por ejemplo "Japón" (Reygadas, 2002, México) tiene gran aprecio crítico pero mínima penetración entre el público mayoritario (excepto del exquisito). El mayor número de títulos cae en el cine español; Argentina y México andan a la par, después; finalmente Cuba, Ecuador, Colombia, etc.

Siempre he considerado que las mejores "listas" son las que uno genera individualmente. Las películas que llevamos en el corazón. Nadie se atreverá a colocar en este tipo de libros o de enlistados,por ejemplo, títulos como "Amor a ritmo de go go" (Delgado, 1966) o "Sólo de noche vienes" (Véjar, 1965) o "Vuelva el sábado" (Cardona, 1951), que para mí fueron descubrimientos, símbolos de momentos felices en mi vida, dichas compartidas y que yo les diría que son "películas que deben verse antes de morir", pero pueden darse cuenta que enfatizo a la primera persona y que ya las vi y que me garantizan que puedo morirme sin remordimientos.

"Español de cine" es un libro muy bello, pero con todas las limitaciones de los "enlistados".

jueves, 17 de septiembre de 2009

CABEZA DE BUDA


Pude ver otra cinta fuera del 13er. Tour de Cine Francés al cual no he dejado de asistir para encontrarme joyas como "Hace mucho que te quiero" o estupideces como "Mi gran fiesta judía".

Me refiero a Cabeza de Buda (Salvador Garcini, 2009) que es un melodrama a la vieja escuela, pleno de sentimentalismo y los lugares comunes más tontos. El personaje mata a un joven ladrón y le entran remordimientos como moderno Raskólnikov, pero el crimen comete otro castigo en los espectadores que deben aguantar a un niño insoportable, Alejandro Felipe, digno émulo de los pesaditos Nino del Arco, Juliancito Bravo o el más cercano Adrián Alonso, quien sale como angelito que no tiene conciencia de su condición... En la foto viene a la izquierda, junto con Becker.

Si la ven, disfruten cuerpos, texturas, presencias, pero olviden el argumento y sus chillantes sobreactuaciones y su nula aportación al "nuevo cine mexicano", que si les cuento sobre los cortometrajes nacionales que se han exhibido junto con las cintas francesas, me voy a hundir en la tristeza...

lunes, 14 de septiembre de 2009

¡AY...CALYPSO, NO TE RAJES!




La pasaron este sábado por televisión y la dirigió Jaime Salvador en 1957; fue producción de los Calderón que ya no podían mostrar muchachas desnudas pero nunca dejaban de contratar a chicas esculturales. En este caso Sonia Furió y Rosa Elena Durgel como feas maestras pueblerinas que van a la capital y son transformadas por obra, gracia y consejo de otra vedette Carmen Salomé (Lucy Gallardo, quien canta doblada pero baila luego, algo que no haría usualmente en sus películas) en despampanantes vedettes. Además sale un momentito quien fuera estrella de cabaret, Brenda Conde. Virma González, regiomontana, luciendo cuerpo escultural como parte de un trío excéntrico-musical llamado "Los 3" (donde la acompañaban José Silva y José Luis Aguirre, "Mr. Trotsky").

El argumento es acerca de tres rancheros (Antonio Badú, Fernando Casanova y Eulalio González "Piporro") que viven estafando a la gente de los pueblos. Les venden sus caballos y luego, ya lejos del lugar, les chiflan para que los animalitos vuelvan con ellos. Cuando los pesca el presidente municipal de uno de los pueblos son amonestados por su tía (Consuelo Frank). Cuando ella se entera, por medio de su apoderado (Óscar Pulido), que ha heredado el Teatro Pam Pam en la capital manda a sus sobrinos y al apoderado para que arreglen el asunto. Se encuentran con un empresario sinvergüenza (Daniel "Chino" Herrera) quien es apoyado por la cantante Amapola (Paquita de Ronda, en su última cinta mexicana y quien falleciera este junio pasado). El tipo los estafa y luego les ayuda Carmen Salomé para que todos triunfen y hagan que la tía exprese que las parejas resultantes (obviamente) deberán ir al altar antes de consumar su unión.

Como en otras películas de su tipo, el argumento no es importante. Un director pésimo que se protegía con tomas abiertas o simplemente ponía a los personajes frente a la cámara sin moverla, no puede darnos películas trascendentes por sí mismas. Lo que resulta maravilloso son las personalidades dentro del celuloide que continúan inmortalizadas. Desde las efímeras "muchachonas" que fueron contratadas por los productores: Meche O'Connell, Vicky Codina y Lilí Yavel; la mencionada desnudista Brenda Conde; la participación del ventrílocuo Carlos Monroy con sus muñecos Neto y Titino con los cuales canta "Mi querido capitán"; la orquesta de Pablo Beltrán Ruiz interpretando "A bailar calypso"; el conjunto del jazzista Chilo Morán con otro número de Calypso aparte del merecumbé "¡Ay, cosita linda!" o la cantante Elsa Marval. Virma González había aparecido con sus compañeros del grupo "Los tres" en "Nos veremos en el cielo" (J. Soler, 1955) y todavía saldrían en "Paso a la juventud" (Mtz. Solares, 1957) y "Melodías inolvidables" (Salvador, 1958) antes que ella apareciera sola en "Una canción para recordar" (Bracho, 1958) donde capitalizaba la popularidad que le había dado su exitosa participación en la comedia musical "La pelirroja" que estuvo aquí en Monterrey en el Teatro Florida donde actuó al lado de Armando Calvo, Manuel "Loco" Valdez y Plácido Domingo.

El Calypso fue un ritmo efímero, popularizado por el cantante Harry Belafonte, tomando como base la música tradicional, callejera, de islas antillanas. Como baile no tenía pasos ni movimientos especiales que le dieran el empuje de un mambo, un chachachá o un twist, por dar ejemplos de antaño. Sin embargo se utilizó en otras cintas musicales de esos tiempos para luego perderse aunque permanezca en este extraño título de película.

En las fotos: una mala de Paquita de Ronda y Sonia Furió; una de Los 3; otra de Lucy Gallardo en la actualidad a punto de cumplir ochenta años...