domingo, 24 de junio de 2012

MELANCOLÍA Y OTROS VÍDEOS


MELANCOLÍA
(Melancholia)
2011. Dir. Lars von Trier.

MIS TARDES CON MARGUERITTE
(La tête en friche)
2010. Dir. Jean Becker.

LA INCREÍBLE HISTORIA DE ALBERT NOBBS
(Albert Nobbs)
2011. Dir. Rodrigo García.

INMORTALES
(Immortals)
2011. Dir. Tarsem Singh.

¡ESTO ES GUERRA!
(This Means War)
2012. Dir. McG.

GIGANTES DE ACERO
(Real Steel)
2011. Dir. Shawn Levy.

FURIA DE CENTURIONES
(Centurion)
2010. Dir. Neil Marshall.

         Hay mucho cine que tenemos que ver en vídeo. Ya no queda otra porque el trabajo, la distancia, lo que Ud. quiera, hace que no podamos llegar a las salas de cine. La gran ventaja es que para cuando llegan muchas cintas a pantalla grande ya han salido en DVD (¡o Blu-ray magnífico!) previamente (excepto con los estrenos simultáneos y recientes, claro, aunque la piratería ayuda pero con copias infames: no es lo indicado). Aquí reviso varias cintas que tal vez ya vieron, o pueden conseguirlas en videoclubes, o podrán ver en la Cineteca esta semana ( 26 y 27 de junio: “Melancolía”).


Melancolía es la siguiente cinta pretenciosa de quien fuera un deslumbrante cineasta. Luego de la obvia “Anticristo” (2009) con su imagen del antijardín del edén como sardónica broma a sus espectadores (que cayeron redonditos como moscas impresionadas en un ambiente de insecticida en aerosol) al mostrar al matrimonio como infierno en la tierra, ahora vuelve a las andadas. El primer juego hacia el espectador es dar a entender que su cinta es sobre la melancolía (esa tristeza inexplicable que definieron los griegos) cuando es el nombre de un planeta que se acerca fatalmente para chocar con el nuestro y provocar la destrucción total. La cinta tiene dos partes: primero es “Justine” (Kirsten Dust, excelente y seductora) quien se va a casar, a pesar de la amenaza, mostrando una falsa alegría y echando a perder su fiesta de bodas. Luego es “Claire” (Charlotte Gainsbourg, fea pero magnética), su hermana, con la cual está pasando los momentos previos al desenlace. Al querer mostrar una sociedad decadente como metáfora de aniquilación, Von Trier cae en el ridículo total porque todo es superficial, volviendo a caer en la obviedad. En vez de llegar al delirio, cunde el tedio. No puede negarse que alguna vez deslumbró y ofreció melodramas excelsos. Es otro triste equivalente a los desprestigiados Reygadas que se ganan premios porque es la moda, lo que hay que hacerse, para continuar con la entropía que nos llevará hacia esa destrucción: es más divertida en la vida real.


Mis tardes con Margueritte es la penúltima cinta de Jean Becker, surgido en la Nueva Ola (hijo de otro gran realizador), quien ahora, a sus casi 80 años, nos muestra una historia conmovedora. Basada en una novela de Marie-Sabine Rogier (que puede conseguirse en librerías) cuyo título original es “La cabeza en la nada” porque el personaje principal, Germain (Gérard Depardieu) es un hombre lento, ingenuo, ignorante, con una madre que lo desprecia aparentemente, y cuya existencia se mejora cuando conoce casualmente a la anciana Margueritte (Gisèle Casadesus, con 95 años encima) quien le abre los ojos a la lectura y a la ternura nunca experimentada.  La hermosa película es una metáfora sobre las oportunidades que están flotando sobre el aire para que seamos mejores: si las tomamos o no, dependerá de muchas circunstancias, pero siempre de nosotros mismos.


La increíble historia de Albert Nobbs sucede a finales del siglo XIX en Irlanda. Albert Nobbs es una mujer que se ha hecho pasar como hombre desde que era adolescente, luego de ser violada, como una manera de protegerse y subsistir. Ha sido mayordomo y mesero desde entonces. La llegada de otro personaje semejante que la descubre y luego le confiesa su naturaleza verdadera (otra mujer travestida) le incrementa sus ilusiones de una vida normal que la lleva, por desgracia, a su destrucción. Glenn Close, fea y andrógina, ofrece una actuación impactante que todavía es sobrepasada por Janet McTeer (todavía más hombruna en sus rasgos y estatura) como su inesperado cómplice. La trama se basa en un cuento del libro “Vidas célibes” de George Moore, autor naturalista irlandés, bohemio que escandalizó a la sociedad de su tiempo con sus escritos. Quizás una película sobre este personaje sería más interesante.


Inmortales es una cinta visualmente esplendorosa.  Los efectos por computadora son evidentes pero dan lugar a espacios y situaciones que llaman la atención del espectador y complementan la que, de por sí, es una trama simple que habla del libre albedrío, de la supuesta inmortalidad que en realidad deviene trascendencia. Henry Cavill, un actor con buena presencia pero poco carisma, interpreta a Teseo, campesino que llega a la heroicidad gracias al patronazgo de Zeus, el gran dios del olimpo.


¡Esto es guerra! es una comedia tan simple y tan boba que se salva gracias al atractivo reparto: Chris Pine es el más blandengue, pero Reese Witherspoon con su gracia natural y Tom Hardy finalmente en un rol ligero que acentúa su magnetismo dan vida a tres personajes tan inverosímiles y harto convencionales: dos agentes de la CIA, grandes amigos que dan lugar a ese homoerotismo tan común que existe pero no se consuma, conocen a la misma mujer y se tornan rivales. Ella no sabe a cuál seleccionar. Ellos utilizan sus recursos tecnológicos para espiarla y espiarse. La cinta fue un gran fracaso crítico-taquillero (para las expectativas económicas usuales) pero en realidad es una comedia amable que será mejor valorada con el paso del tiempo.


Gigantes de acero ocurre en un futuro cercano: los boxeadores han sido reemplazados por robots para llegar a excesos que con seres humanos serían fatales y carniceros.  La cinta narra la historia de un pícaro manejador ambulante con robot viejo y barato que vive emproblemado por deudas y audacias mal pensadas. La reunión con un hijo de once años le llevará a darse cuenta del desperdicio de su existencia. La mera presencia de Hugh Jackman (quien es ejemplo de lo que significa ser una estrella magnética, una personalidad del cine, independientemente del talento: otros casos serían Clooney, Pitt o Denzel Washington; Willis y Neeson en su momento; Michael Fassbender, más recientemente) eleva a la película. El realizador no cae en el chantaje sentimental ni en la salida fácil. Tampoco hay un robot mágico que repentinamente adquiera vida: todo es inherente a la naturaleza humana, al valor de los sentimientos. Gran entretenimiento con sensibilidad.


Furia de centuriones es otra versión de la misma trama de “El águila de la legión perdida” (McDonald, 2011) donde se narraba la desaparición de una legión romana en tierras escocesas. Mientras que en ésta, el punto de vista era más novelesco (el hijo del general extraviado buscaba recuperar el honor del padre) en la que ahora les comento se centra en el sentido épico y en el enfrentamiento con la tribu bárbara. Quintus (Michael Fassbender) sobrevive con otros pocos soldados a una emboscada sangrienta que produce la eliminación de dicha legión. Junto con sus amigos debe recobrar el honor y vengar la muerte de sus congéneres. Visualmente impacta y el personaje de una guerrera casi indestructible (Olga Kurylenko) mantiene el suspenso (y la indignación) del espectador.

sábado, 16 de junio de 2012

PROMETEO Y OTROS SERES


PROMETEO
(Prometheus)
2012. Dir. Ridley Scott.

COLOSIO: EL ASESINATO
2011. Dir. Carlos Bolado.

BLANCANIEVES Y EL CAZADOR
(Snow White and the Huntsman)
2012. Dir. Rupert Sanders.



            Prometeo nos devuelve a Ridley Scott a los terrenos de Alien: el octavo pasajero (Alien, 1979) con esa atmósfera oscura y amenazante. En realidad viene a ser el antecedente de dicha cinta aunque al principio no lo parezca. Dos prólogos separados por siglos donde primero un ente extraño, musculoso-deforme, se sacrifica para crear la vida sobre nuestro planeta. Luego, un grupo de científicos descubre una serie de pinturas rupestres que dan a entender el origen de estos personajes: deciden, entonces, ir en su busca al más recóndito de los posibles planetas. Pasan más de dos años y ha llegado el momento en que una tripulación que se ha mantenido en estado criogénico, al cuidado de un sofisticado robot llamado David (Michael Fassbender, rubio, atractivo, versátil), despierta para que la nave pueda llegar a su destino. A partir de este momento comienza el descubrimiento de los verdaderos motivos de los seres que generaron a la humanidad; la revelación de los armamentos que en realidad devendrían criaturas indestructibles; la fatua ambición de la inmortalidad por parte de un personaje viejo que representa a la sociedad en que vivimos (aunque la acción suceda en las postrimerías del 2093).



            Scott es un realizador talentoso e inteligente. No se deja llevar por la salida fácil y su manejo de la acción resulta turbulenta, inesperada, contínua. Como en tantas otras películas, sus personajes femeninos son fuertes (Charlize Theron, bella y fría se contrapone con la sueca Noomi Rapace, desangelada pero tenaz) y llegan a sobrevivir o morir, pero nunca en vano. Scott es cuidadoso con la imagen porque los efectos especiales son precisos: no se nota un error técnico. Recurre a la exageración narrativa con la finalidad de mantener al espectador en el constante suspenso (a estas alturas del cine de acción, cualquier persona que rechace extremos como una cesárea exprés para que su víctima siga adelante con su misión, resultará ser persona boba amargada o ingenua: se parte de ficción y fantasía, no podemos exigir lógica). Finalmente es una vuelta a los orígenes: tanto Scott como la trama misma viene a ser un cierre explicativo aunque todavía exista otra serie de interrogantes que quizás nos resuelva una secuela.



            Prometeo, en la mitología griega era un titán: ser gigantesco que quiso proteger al hombre, robó el fuego a los dioses para brindarlo a la humanidad: por esto, fue castigado. En esta cinta tenemos una gran ironía metafórica ya que el titán llega al grado de dar origen a nuestra civilización para luego darse cuenta de que no contó con las debilidades del producto - hombre. No obstante, Scott agrega un soplo de esperanza. El robot David, mientras cuida a la tripulación dormida, juega, aprende y ve películas del lejano pasado, entre ellas, la que es su favorita: muestra la escena de Lawrence de Arabia (David Lean, 1962) donde el personaje apaga un cerillo entre un dedo y su pulgar: uno de sus compañeros intenta lo mismo y exclama que le duele, a lo que Lawrence le contesta que “el truco consiste en que no te importe que te duela”. Esto se convierte en una especie de regla para el ser mecanizado que imita al humano por lo que éste a su vez adquiere una lección de fortaleza. Extraordinaria película.

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Colosio: el asesinato es otra película que, como los documentales Presunto culpable o De panzazo realiza una supuesta denuncia de la corrupción que se queda en mera “anuencia” porque simplemente expone sin mayores expectativas. Narra su teoría sobre los motivos del asesinato y la forma en que ocurrió el mismo desde lo que siempre ha sido  la explicación usual que ofrece cualquier ciudadano: lo mandaron matar desde dentro del mismo ámbito de altísimo poder. La película insiste en que es una “ficción” basada desde los hechos reales. Se manda realizar una investigación privada paralela a la oficial sobre el asesinato. Uno se pregunta los motivos de llevarla a cabo porque finalmente resultará en el exterminio de los involucrados: pretexto narrativo inútil como la cinta misma. ¿Qué va a pasar? ¿Reabrirán el caso? ¿Castigarán a los corruptos ex políticos? La cinta pudo llamarse “Fulano de tal: el asesinato” y se llegaría a la misma cosa. El director Bolado “deslumbró a sus cuates” con Bajo California: el límite del tiempo (1998) para luego demostrar su pequeñez en Sólo Dios sabe (2005), una mescolanza de símbolos religiosos y oníricos. Ahora entra a la acción seudopolítica y uno mejor sigue llorando por la corrupción que nos inunda en este país donde nunca pasa nada. Debe destacarse una buena ambientación y un reparto que va desde el estereotipo (Giménez Cacho instalado en político corrupto pleno de lugares comunes) hasta las presencias camaleónicas, maravillosas, intermitentes y efímeras (Harold Torres, Karina Gidi, Gustavo Sánchez Parra). 


(Harold Torres interpreta el rol de Aburto y otros sospechosos)

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Blancanieves y el cazador es una interesante vuelta de tuerca al famoso cuento de los hermanos Grimm. La jovencita es encerrada por su madrastra, asesina del padre en noche de bodas, hechicera que se ha mantenido inmortal y cuyo destino reside en la hijastra. Ahora la cinta se prende de la acción, la joven es guerrera (Kristen Stewart), el objeto de su amor es el cazador (Chris Hemsworth) que se enamora de ella, aunque como en todo cuento sobre clases sociales diferentes, no se consuma el matrimonio como pasaba con el periodista Gregory Peck viendo de lejos a la princesa Audrey Hepburn al final de La princesa que quería vivir (Roman Holiday, Wyler, 1953). Una gran lección sobre el amor que vence a la muerte, aunque la subtrama establezca que no viola las reglas entre nobleza y proletariado. Charlize Theron en otra película estrenada poco antes de Prometeo para recordarnos que belleza y talento no son necesariamente opuestos.





jueves, 17 de mayo de 2012


CARLOS FUENTES
(1928 – 2012)


            Siempre lo consideré un gran escritor con excelente manejo del lenguaje. Llegué tarde a “La región más transparente” pero leí con avidez “La muerte de Artemio Cruz”. Tardé mucho en traspasar “Cambio de piel” pero me daba curiosidad, misma que sacié con “Zona sagrada” por sus retratos ocultos de María y Enrique. “Aura” es un caso especial para todo adolescente que se respete y quiera nombrarse adolescente. Pude ver la puesta en escena de “El tuerto es rey” donde salían Lola Bravo y Javier Serna, en la escuelita de teatro original, la de Sergio García,  la de 15 de mayo (donde luego, en los primeros años ochenta, pasábamos cineclub magnífico: todo lo que yo no podía exhibir en la UDEM de Pino Suárez, antiguo Versalles, porque era temática delicada para esos tiempos de la universidad, lo exhibíamos gracias a César González y Nancy Saldaña en ese espacio maravilloso).

            Aunque siempre me pareció pretencioso. Tengo una joyita, un librito que se regaló con la edición navideña de 1973 de la revista “para caballeros” llamada “Él”, donde su editor James R. Fortson publicaba una larga entrevista realizada con Fuentes en París ("Perspectivas mexicanas desde París. Un diálogo con Carlos Fuentes" es el larguísimo título). El escritor tenía 45 años entonces (la plenitud). El diálogo es sabroso y egocéntrico. Los protagonistas son él con sus amigos, pero estos no son cualesquiera: William Styron, Shirley MacLaine, Gironella. Fuentes se sabía joven, bello y triunfador: modelo intelectual de escaparate: antítesis de Zoolander. Es el mejor resumen y retrato que puede hacerse de alguien que fue emblemático para mi generación. Su conferencia previa en Bellas Artes, recopilada en “Los narradores ante el público” era seria y contenida. Aquí había (hay) cinismo y desparpajo.

            Lo que más le agradezco a Carlos Fuentes es su colección de cuentos “Cantar de ciegos” que conseguí en la Serie del Volador de Mortiz. Esas narraciones se equiparaban con mis deseos personales (inalcanzados) de escribir, mis inquietudes sobre el arte que buscaba para satisfacerme, imágenes de una realidad añorada. Los años sesenta y la música de jazz, el concurso de cine experimental, el paso por la pantalla de “Un alma pura” y otro de esos cuentos que tardé mucho en encontrar (“Las dos Elenas”), aparte de todas las sugerencias eróticas que producían resquemores y concretos.

            
             Mucho más erudito, conocedor, lector, memorioso, humilde, simpático era (y sigue siendo) José Emilio Pacheco. Más farragosos (pero retadores para el intelecto) eran Salvador Elizondo y Juan García Ponce. Menos popular Juan Vicente Melo. Maravillosa y fuera de serie Inés Arredondo. Muchos otros nombres. Muchos recuerdos. Bellos momentos del descubrimiento de literatura, pintura, música, cine, en esos tiempos que fueron grieta cultural: lo que seguiría tendría otros tintes, lo mismo que la vida.

            Fuentes me aburrió en los últimos años pero esos latigazos que me brindó cuando fui joven marcaron mi piel, ese cambio de piel. Descanse en paz. Gracias. Léanlo. 

sábado, 5 de mayo de 2012

DELINCUENTES JUVENILES



COMANDO ESPECIAL
(21 Jump Street)
2012. Dirs. Phil Lord y Christopher Miller.

            La película comienza 7 años atrás cuando Schmidt (Jonah Hill) y Jenko (Channing Tatum) estaban terminando la preparatoria. El primero era regordete, inteligente y sujeto a la burla de sus compañeros. El otro era atractivo, tonto y popular. 


Ninguno puede asistir al baile de graduación: el primero porque no consigue pareja; el segundo porque sus calificaciones lo evitan. Ambos entran a la academia de policía. Al reencontrarse se vuelven amigos porque uno puede complementar al otro en sus carencias. En tiempo presente se han graduado como policías. Luego de una fallida detención de narcotraficantes, son enviados a una unidad donde se realizan misiones encubiertas. Su encomienda: hacerse pasar como estudiantes de preparatoria para encontrar al responsable de la creación de una nueva droga que puede resultar fatal.


            A partir de esta premisa plena de absurdos y rindiendo homenaje a una popular serie de televisión de los años ochenta (donde apareció el incipiente Johnny Depp) 


donde unos jóvenes detectives resolvían casos relacionados precisamente con delincuentes juveniles en misiones encubiertas, estamos ante un divertimiento intrascendente e incoherente (hay personajes que uno no sabe si clasificar como buenos o malos; tanto Jenko como Schmidt llegan a comportamientos que en la realidad no serían lógicos; los aspectos físicos de ambos jamás podrían tomarse como estudiantes de ese nivel académico) cuya finalidad es asentar que la falta de creatividad hace recurrir a la repetición de viejas fórmulas y, de esa manera, autoparodiarse de la manera más libre y divertida que pueda pensarse.

            Tanto Hill como Tatum son tan carismáticos que producen la risa ( y la película misma, demostrando que conocen su oficio y apuntalan su futuro). El reparto en general está inteligentemente seleccionado. La cinta es una comedia dirigida a públicos jóvenes pero los mayores pueden acordarse del pasado (hay un momento en que la serie de televisión toma vigencia aunque apenas Ud. podrá descubrirlo). No es una película que dé para mucha discusión. Sus realizadores se hicieron famosos por la cinta animada “Lluvia de hamburguesas” que era tan insólita y cáustica como la que ahora le he estado comentando.


martes, 1 de mayo de 2012

UNA NOVELA TANTO ESPERADA


ÉL
1952. Dir. Luis Buñuel.


Francisco Galván (Arturo de Córdova) es Caballero del Sagrado Sacramento y mientras ayuda al lavatorio de pies en el jueves de Semana Santa se fija precisamente en los pies de Gloria (Delia Garcés) con la cual se obsesiona. Vuelve a la iglesia a buscarla hasta que la encuentra y le confiesa su amor. Ella le dice que está comprometida. Francisco la sigue y espía. Casualmente es novia de Raúl, un ingeniero amigo suyo (Luis Beristáin). Va a visitarlo y le invita a su casa junto con su novia y la madre de ella (Aurora Walker). Francisco aprovecha el momento para conquistar a Gloria. Raúl parte hacia la construcción de una presa. Pasan los meses. Raúl debe volver contra su voluntad al Distrito Federal. Mientras maneja, casi atropella, casualmente otra vez, a Gloria quien se ve extraña. Ella acepta que la lleve a su casa y empieza a contarle su historia como esposa de Francisco. Todo comenzó desde la luna de miel al mencionarle un defecto; luego, al encontrarse a un viejo conocido. Más tarde, con cambios súbitos de humor en su casona de Coyoacán. Luego de intentos por asesinarla (amenazas más que realidades) y ante la incredulidad de su madre y del sacerdote confesor de Francisco, Gloria huye de casa. Francisco la busca y es cuando empieza a quebrarse: siente que la gente se burla y en la iglesia ataca a su confesor. Pasan los años. Gloria y Raúl se han casado y tienen un hijo. Van de visita al monasterio donde Francisco esta recluido simplemente a preguntar por su estado y el padre prior asegura que se ha curado. Ellos deben regresar a Sudamérica donde viven. Cuando el prior se encuentra con Francisco, éste le pregunta por la pareja a la cual vio en la ventana. El prior le pide que vaya a seguir con sus oraciones. Francisco se aleja zigzagueando por un corredor.

            Este es el argumento de “Él”, otra de las obras maestras de Luis Buñuel durante su etapa mexicana.


Es el retrato de un esquizofrénico paranoide que, según se cuenta, era utilizada para ilustrar el caso clínico en escuelas de psiquiatría (dicen que hasta Lacan la ponía como ejemplo). Para Buñuel era una de sus cintas favoritas (“Quizá es la película donde más he puesto yo. Hay algo de mí en el protagonista”) y técnicamente es impecable en cuanto a fotografía, ritmo, edición. El propio Arturo de Córdova, tan igual a sí mismo (como toda estrella prestigiosa del cine mexicano –y universal, finalmente- que se respete) se siente distinto y sus poses, la voz engolada, las utiliza para apoyarle en su actuación: se le nota prepotente para luego cambiar a la vulnerabilidad, la imagen de niño desamparado.

            
             Antes de continuar déjeme contarle una anécdota: Cuando era estudiante en la Facultad de Ciencias Químicas, me encontré cierto día con una alumna nueva que había entrado con el flamante semestre. Lo que me llamó la atención fue, más que su aspecto hombruno (cabello corto, regordeta, lentes gruesos con aros de pasta y un vestuario acorde), el hecho de que estaba leyendo “Él” de Mercedes Pinto. Era una edición vieja por el color de las páginas y el tipo de portada del libro. Me acerqué a platicar con ella (tenía voz profunda, para reiterar lo que he descrito como un estereotipo del personaje lésbico, pero les aseguro que todo esto es cierto), además de tener un buen manejo de la palabra. Le comenté mi admiración hacia la autora y mi gran curiosidad por esa novela gracias a la película de Buñuel. Me hizo saber que tenía alguna relación familiar, lejana, con la escritora. Yo estaba muy emocionado en mi interior. El libro nunca visto en librerías ni en bibliotecas estaba frente a mí: La fuente primaria de una de mis películas favoritas


en una época cuando el anhelo de posesión material era muy fuerte (aunque no había dinero para financiarlo). Le dije que le agradecería mucho si me lo prestaba para  leerlo cuando ella lo terminara y me dijo que sí. Pasaron los días y se lo recordaba cuando nos encontrábamos, pero ella me daba la misma respuesta de que todavía no lo acababa, que esperara. Llegó el momento en que me resigné a no insistir (a veces el orgullo es más fuerte que el deseo o no habría telenovelas ¿verdad?). Esta alumna desapareció luego del semestre: nunca la volví a ver, ni recuerdo su nombre. Le agradezco haberme sembrado la inquietud por ese libro. Y yo, como Scarlett O’Hara prometiendo que nunca volvería a pasar hambre a punto del intermedio de “Lo que el viento se llevó”, dramáticamente me dije que alguna vez tendría “Él” entre mis manos (saciar otro tipo de hambre). Era una escena que mantenía la esperanza y reiteraba la convicción en el público que así sería. Lo mismo me pasó en ese momento de pasión.

            Ahora, luego de cuatro décadas, gracias a una pequeña editorial española (que ha reditado dos novelas de Mercedes Pinto) y al Internet (que ha tornado al mundo en grano de arena), tengo en mis manos “Él” (2011, Ediciones Escalera)
Lo leí de un tirón. No es un volumen grueso y está escrito en párrafos de corta longitud por lo que su lectura se hace más simple y no se siente. ¡Qué descubrimiento! ¡Qué manera de enfatizar, incrementar, desbordar mi admiración hacia el maestro Buñuel! La novela es la descripción minuciosa del infierno que vive una mujer con un marido paranoico: sus altas y bajas, sus extremos de crueldad con lapsos de romanticismo y amor. La película es una adaptación de esta descripción gracias a la imaginación y a la creatividad de Luis Buñuel y Luis Alcoriza al establecer una pareja donde el hombre adquiere ciertas características relacionadas con el fanatismo católico, las represiones personales y homosexualoides, el sentido del poder que produce el dinero, el fetichismo, pero más que nada con la esquizofrenia. 

          Mercedes Pinto (1883 – 1976)  

publicó este libro en 1926 cuando ya había dejado al primer marido, un Duque de Foronda, padre de sus tres hijos (entre ellos la actriz Pituka; con el segundo marido tuvo otros dos que serían los actores Rubén Rojo y Gustavo Rojo, todavía vivo) con el cual experimentó este horror.

            El maestro Buñuel llegó a darle sentido a la personalidad de quien es llamado solamente “Él” en toda la novela al convertirlo en Francisco, un hombre rico, producto de la vieja sociedad aristócrata guanajuatense que perdió tierras durante el agrarismo, pero sin perder fortuna. Lo hizo católico practicante que rendía honor a su castidad llegando virgen al matrimonio.


           Le otorgó la prepotencia resultante del poder económico al grado de querer equipararse a Dios. Lo mostró mimado, como niño berrinchudo cuando no alcanza lo que le encapricha. Lo caracterizó fetichista para tener un punto de desbordamiento para su sexualidad. Le inculcó la misoginia porque los hombres son mejores que las mujeres y ellas son las que seducen: por eso cuando su criado abusa de una sirvienta, ella es la que resulta despedida. 


Y como producto de su enfermedad mental, le distorsionó el sentido de las buenas costumbres: si alguien mira por el ojo de una cerradura, hay que pincharle el ojo; si la mujer le confiesa que tuvo que desahogarse con su antiguo novio, hay que coserle la vulva y cortarle el clítoris; si hay que dar una lección extrema, se tendrá que disparar una pistola con balas de salva. El marco de esta personalidad irregular y asimétrica es la casa, el hogar de Francisco : un remedo de art nouveau, extraño y desesperante.


            “Él” pertenece a un grupo de películas insólitas en el cine mexicano de ciertos tiempos (en realidad, los filmes de Buñuel son agresivos, transgresores, aparentemente inofensivos, porque nunca tuvo problemas con la censura en nuestro país). Los años cincuenta que dieron lugar a diversas audacias para estar a tono con los cambios que sufría el mundo (desnudos, temáticas atrevidas) permitieron que se sugiriera, por ejemplo, ese atentado sádico contra unos genitales o que el patrón fuera a quejarse de sus problemas con el fiel sirviente para dar un tono homosexualoide o que al final Francisco afirmara que siempre tuvo la razón porque Gloria y Raúl tienen un hijo llamado Francisco.

            “Él”, novela, narra lo que se encontró en una caja metálica como confesión extrema de una esposa amagada y sometida por un marido enfermo; “Él”, película, muestra con imágenes lo que pasaba por la mente de un enfermo y la tortura de ese sometimiento. Es el claro ejemplo real y logrado cuando se leen en los créditos las palabras “basado en” o “inspirado por” alguna obra literaria. Se busca el equivalente en imágenes. Lo que en un libro se comparte a través de la emoción, en una película se le da la ficcionalización narrativa que exprese ese discurso.


            Mercedes Pinto, quien vivió en México por muchos años (de hecho está enterrada en este país), quedó muy satisfecha con la película de Buñuel al metaforizar sentimientos vividos e ilustrar lo que sucede en tantos matrimonios donde lo que está aparente no es necesariamente verdadero. Han pasado sesenta años de la filmación de esta película y su vigencia es brutalmente constante y tristemente continua.

lunes, 23 de abril de 2012

ADICTO AL SEXO




SHAME: DESEOS CULPABLES
(Shame)
2011. Dir. Steve McQueen.

            Steve McQueen (Londres, 1969), homónimo del popular actor norteamericano (1930 – 1980) aunque físicamente sea su antítesis: obeso y de color 


se inició como artista visual en diversas escuelas desde su natal Inglaterra. Su inclinación por las instalaciones donde involucraba la imagen experimental le dio varios premios y fama. En 2008 debutó como realizador de largometrajes con “Hambre” (Hunger) que pasó en Cannes y le obtuvo el prestigioso reconocimiento “Camera d’or” para ópera prima. La historia del republicano irlandés Bobby Sands que en 1981 encabezó una huelga de hambre contra el gobierno de Margaret Thatcher que se negó a otorgarle derechos a los prisioneros políticos mostraba a un nuevo realizador que gustaba de la elipsis narrativa y temporal o del discurso largo para establecer motivaciones. Era una manera cruel de recordar las injusticias del pasado (¿qué país no las ha cometido?) y dejar testimonio sobre ellas. Sands era un hombre que luchaba por sus principios sin importarle la muerte (a la cual llegó). Una víctima más del sistema.

            Tres años más tarde filma “Shame: deseos culpables” para mostrar a Brandon (Michael Fassbender), ejecutivo con buen trabajo y buen nivel de vida, que es adicto al sexo. 




Cuando no se está masturbando (en su departamento o en la oficina) 


paga prostitutas a domicilio


o entra a sitios pornográficos. En el Metro acepta y mantiene la mirada de una mujer que coquetea pero finalmente se aleja cuando se da cuenta que el hombre la toma en serio. Luego de acompañar a su jefe a tomar una copa donde el hombre flirteó con unas mujeres


atrae a una de ellas que le ofrece un aventón para que terminen copulando en una calle oscura. Así mantiene un estilo privado de vida. Cierto día llega su hermana Sissy (Carey Mulligan) a pedirle que la acepte en su departamento. Hay una historia detrás de su relación pero nunca se define. Aunque inicialmente rechaza la petición, finalmente dobla las manos.

            La presencia de Sissy irrumpe en sus costumbres. Un día la mujer le pesca masturbándose; en otra ocasión, mira el sitio al cual Brandon entra para ver mujeres en actos sexuales.


Hay un enfrentamiento que tendrá cierta consecuencia. A Brandon no le quedará otra salida que buscar y extralimitarse en sus necesidades para satisfacer la adicción: el acoso descarado, el trío sexual, la experiencia homosexual.

            Sin embargo, McQueen no es morboso. Comparte al público lo que piensa necesario dentro de lo explícito: la desnudez masculina, los momentos en que se está consumando la relación sexual sin caer en las imágenes duras, el lenguaje obsceno y retador como situación autodestructiva. Y así como lo experimentó en “Hambre”, aquí también hay saltos en la acción o retrocesos intercalados en algún momento que ha sido consecuencia de la obsesión de Brandon.

            Brandon ha llegado al punto en que el sexo es una necesidad. Ya no hay placer sino dolor y en eso, McQueen logra una extraordinaria secuencia al mostrar el rostro del personaje al tener orgasmo: sufre porque no hay nada más. No es posible el acercamiento físico sin el sentimiento. Un sexo mecánico, motivado por la pornografía o la compañera carnal donde no se necesitan preámbulos ni palabras ni caricias previas: la mera acción que involucra el ayuntamiento genital.

A Brandon se le notarán reacciones emocionales en dos momentos únicamente: mientras Sissy (quien es cantante) interpreta “New York, New York” en el bar donde trabaja (el hecho de que sea esta canción en una película que rinde cierto tributo a la ciudad tiene otras connotaciones); el siguiente será casi al final, pero no puedo comentárselo para que usted lo descubra. La cinta es circular en cuanto a la escena del coqueteo en el Metro. Sin embargo, algo ha sucedido en los pocos días transcurridos. Esa es la magia y el sentido de esta excelente película.

Michael Fassbender ha sido el actor de McQueen en sus dos largometrajes.

En “Hambre” 


llegó al grado de bajar veinte kilos para mostrarse demacrado en las etapas finales de su huelga. 

Su carrera ha sido variada y sus participaciones abundantes: “300”, “Bastardos sin gloria”, “Jonah Hex”, “Jane Eyre”, “X-Men: Primera generación”, donde ha pasado desde personaje legendario hasta militar sin piedad, sicario cruel, héroe de novela clásica y el joven Magneto de la serie con personajes de historieta. 


En todos los casos ha sido distinto estableciendo su prestigio y calidad. Tiene la dureza necesaria para entrar en el personaje malvado y extremo además del atractivo suficiente para roles serios y atormentados, como en este caso. Versatilidad.

         
   Por otro lado, Carey Mulligan, en un rol secundario pero importante porque sirve como detonador de emociones, está impactante. Al interpretar su canción uno se pregunta si verdaderamente la gente pagaría por escucharla (aunque pensándolo bien, con tantos adefesios contemporáneos, resulta ser grandiosa). No es esencial porque al final su función sirve para conmover, hasta por la ingenuidad.  No sabemos su historia. Es otra de las cualidades narrativas de la película: vemos cicatrices de otros cortes sobre la piel. No se saben antecedentes del pasado de estos hermanos ni los motivos del rechazo inicial de Brandon (aparte de los obstáculos que presenta para su privacidad cotidiana en lo sexual).


            “Shame: deseos culpables” no se ha exhibido en las salas comerciales de Monterrey (quizás aparezca de repente). Ya ha llegado en Blu-ray y puede rentarse en los videoclubes. No deje de verla, si tiene la alternativa. Es una experiencia única donde se verá el retrato doloroso de una persona que ha perdido las emociones aunque permite un dejo de esperanza. También puede verse como metáfora de la insensibilidad que nos rodea: ¿hasta qué punto el sexo ya se ha convertido en lugar común? ¿Cuál es el valor de la ternura?