sábado, 28 de julio de 2012

VIOLENCIA GRATUITA

EL CABALLERO DE LA NOCHE ASCIENDE
(The Black Night Rises)
2012. Dir. Christopher Nolan.



            La cinta que, aparentemente, termina con esta fase de la franquicia “Batman”, no se aleja de sus antecesoras en cuanto a la atmósfera oscura. Técnicamente es impecable y el reparto es lujoso (Gordon-Levitt, Hathaway, Cotillard y Hardy se unen con los integrantes previos: puro talento comprobado). Nadie le quita lo espectacular y el sentido de entretenimiento popular. Sin embargo, siempre he pensado que Nolan es un realizador sobrevaluado. Si se fijan en todas las películas, su acción es muy fragmentada en tomas y los pleitos corporales no están muy definidos. Nolan es mejor en las cintas pequeñas: la superproducción sirve para sus fantasías ambiguas (“El origen” es tan amplio como los sueños que mostraba: todo es posible y todo puede ser infinito) o para el regodeo de los que se dedican al efecto visual. Es un cine muy violento y queda perfectamente demostrado en esta cinta: el villano Bane ha puesto en cuenta regresiva una bomba de neutrones mientras juzga a ricos y privilegiados aparte de matarlos de la manera más gratuita y brutal pero será igualmente víctima. Otros personajes reaccionan de una forma inesperada y aparecen o desaparecen arbitrariamente (el mayordomo Alfred; el mismo Bruce Wayne). Uno piensa que el criminal del cine en Colorado ya había visto esta cinta porque en su última hora suceden hechos muy semejantes a lo que produjo en su matanza. La película es larga y pudo haberse contado en menos tiempo y con mayor efectividad. Sus cualidades son aquellas que tiene cualquier cinta de acción bien filmada.

-¿Te fijaste en la moto de la gatúbela? Las llantotas que se movían según daban vuelta o no…
-Pero el helicóptero del güey no estaba tan espectacular…
-Lo que estuvo bruto fue la explosión del estadio, cómo se iba hundiendo la tierra…
-Oye ¿y porqué no podía respirar Bein si le quitaban los tubitos de la máscara?... En el pozo no la traía luego que lo golpearon y respiraba…
-Y el final, no mames, lo hicieron para seguir con otra película, pero no dicen que ya era el final de la trilogía…
-no sé para qué tanto pedo con lo de la violencia, si no hubo más que en otras y ya ves, al final de cuentas, siempre ganan los chingones en las películas…

            Esta conversación escuchada en partes (no quería que se me descubriera entrometido) y reproducida de memoria fue entre dos jóvenes que tendrían veinte años. Lo que me importa establecer es que nunca hubo un comentario sobre lo que les había dejado como discurso, ni su relación con la realidad, ni siquiera que encadenaran la violencia con los hechos recién sucedidos en Estados Unidos porque seguramente habrían visto la película previa con el malogrado Heath Ledger como el famoso “Guasón”, héroe indirecto del multiasesino. Es la respuesta usual de quien asiste al cine para pasar el rato sin la conciencia de que las películas son nuestras interlocutoras, platican con nosotros, como lo hace un libro o la misma televisión. Jamás hubo, al menos, alguna observación sobre lo que estaba bien o estaba mal: meras imágenes que adormecen al individuo. Estereotipos que evitan el juicio ("chingones en las películas").









domingo, 22 de julio de 2012

EL AMOR Y LA FAMA


DE ROMA CON AMOR
(To Rome with Love)
2012. Dir. Woody Allen.


            Luego de las usuales vistas de Roma (como hizo con París en su cinta anterior), el maestro Allen establece que vamos a adentrarnos en varias historias. Utiliza un personaje común en Roma, que hace años lo era en el DF según lo muestra Salón de belleza (Díaz Morales, 1951): el agente de tránsito en cruceros, para advertirlo. Entonces se entra de lleno a cuatro tramas diversas que no se van a interrelacionar. Si en Medianoche en París (2011) se había inspirado en el aura simbólica de la bohemia e intelectualidad de los años veinte para hablarnos de la irrecuperabilidad del pasado y la necesidad de vivir el presente, en esta película, Allen habla de dos elementos básicos en la Roma de siempre: el amor y la fama.


            De esta manera un hombre común y corriente (Roberto Benigni, misteriosamente contenido) se despierta una mañana para ser perseguido por los medios y los paparazzi por ningún motivo en especial. Un comentario a la fama efímera que se vive en estos tiempos por tantos seres pusilánimes (los asistentes a los “reality shows” de escándalo, por ejemplo) o por estrellitas de un día (como las “modelos” de programas vulgares de televisión).


            O tenemos a un arquitecto famoso por sus edificios comerciales que visita el barrio donde vivió cuando estaba en Roma como estudiante. Conoce a otro joven que también aspira a la arquitectura y se convertirá en personaje mágico alrededor de la infatuación que invade al muchacho cuando conoce a una vieja amiga de su novia, ahora estrella de cine entre amantes y sin rol importante en alguna película que lo seducirá gracias a la frivolidad.


            La joven norteamericana que conoce a un exitoso muchacho del cual se hace novia y deciden casarse. El padre de ella, productor musical, llegará a Roma para darse cuenta que su futuro consuegro tiene una voz maravillosa de tenor con la única limitante de que solamente la posee mientras toma la ducha.

            Y la pareja provincina, recién casada, que llega a Roma a visitar a la familia del nuevo marido quien anhela conseguir un buen trabajo con sus familiares para salir de las limitaciones de su pequeña ciudad. Ella se pierde por la ciudad, conoce a un importante actor que está filmando en la calle, al cual siempre ha admirado. El actor se aprovecha de esta situación para invitarla a su habitación con el objetivo de seducirla. Mientras tanto, el marido ha tenido que presentar a una prostituta como su esposa, a los estirados parientes.


            Allen logra exponer la esencia de una ciudad a través de las obsesiones de sus habitantes. No es casual que la fama esté ligada a todas las tramas: absurda, artificial, frívola, abusiva. De ahí la presencia estridente y común de la ópera (Allen llegó al grado de crear una deliciosa puesta en escena de “Pagliacci” de Leoncavallo), de los paparazzi, de una estrella de cine, de la infidelidad casual, de la prostituta chillante. Y está la maestría narrativa: tornar al arquitecto en presencia del pasado, omnipresente en la realidad del joven estudiante que cae en las redes de una muchacha superficial, plagada de lugares comunes, metafórica encantadora de serpientes.


            Se siente el cine italiano clásico, del cual Allen es admirador: la trama de la pareja recién casada es una variación de El sheik blanco (Fellini, 1952); la búsqueda de la fama que logró contundencia con Bellísima (Visconti, 1951); la Fuente de Trevi y los paparazzi inventados en La dulce vida (Fellini, 1960), por mencionar lo más evidente sin que se deje de lado la atmósfera de De Sica y el inicial Antonioni.

           
 Sus cintas no son ejercicios vacuos, centrados en una ciudad. Ya fuera Londres, París y ahora Roma, o tramas completamente serias (La provocación) o intermedias (Conocerás al hombre de tus sueños) o netamente humorísticas (Amor y muerte o la que hoy nos ocupa), Allen establece un discurso sobre el tiempo, la vida, la muerte, la ironía del destino. Es una bendición y privilegio que Allen esté constantemente dirigiendo y brindándonos una película por año (al menos)… Perdón, obra maestra tras obra maestra.


lunes, 16 de julio de 2012

LA HIDRA SOBRE LA TIERRA

SALVAJES
(Savages)
2012. Dir. Oliver Stone.


            No he sido fanatico de este director. Hay películas suyas que me parecen detestables y grandilocuentes (Pelotón, Asesinos por naturaleza). Sus películas menos populares han sido excepcionales (Camino sin retorno, Alexander o Las torres gemelas). Tal parece que esta excepcional Salvajes seguirá por ese camino. Cuando Oliver Stone no se siente el dueño de la historia ni el gran exégeta de los tiempos contemporáneos, es cuando su cine se torna emocionalmente atractivo y visualmente agresivo. Salvajes utiliza una novela como base argumental para dar idea de cómo están las cosas dentro del mundo del narcotráfico.

            Chon (Taylor Kitsch, el héroe de John Carter: entre dos mundos)            


y Ben (Aaron Johnson, el joven seductor de La increíble historia de Albert Nobbs) son productores, cultivadores, negociantes de droga, en particular, marihuana, y viven en Laguna Beach, California, junto con su amante mutua Ophelia, llamada “O” (Blake Lively) 


quien narra la historia y en una advertencia muy original nos especifica que tal vez, al final de la misma, ya no siga viva. Entonces nos enteramos que el cártel de Baja les está obligando a que se les una, algo que los jóvenes no desean. Para obligarlos, la reina del cártel, Elena (Salma Hayek) hace secuestrar a “O”.


            Lo que sigue es una serie de intrigas para tratar la recuperación de la muchacha. De esta manera, Stone y sus guionistas (entre ellos el autor de la novela original, muy recomendable, Don Winslow) nos introducen a la manera interna de operar entre narcotraficantes. Una grabación que antecede a la entrevista entre cártel y jóvenes, muestra a siete hombres amarrados, viendo a la cámara. Luego, se pasa a imágenes de sus cuerpos decapitados, con las cabezas rodeándolos. Nos enteramos que estos cultivadores de marihuana tienen a un protector, un agente federal (John Travolta) y que los narcotraficantes tienen pleito con uno de sus ex miembros, ahora coludido con las “próximas elecciones presidenciales”, deseoso de ganar la partida. Tal es el motivo de querer anexar a estos norteamericanos al cártel mexicano de frontera: están débiles.


            La película es incómoda. Al exponer tanta corrupción, uno quisiera que el mundo se acabara y volviera a comenzar. Dan deseos de salirse de la sala y dar la espalda a la realidad reflejada por esta ficción que uno sabe que es verdad. No hay gente buena o sin fallas en la película. Chon fue soldado en Irak y Afganistán donde lucró, aparte asesinó gente sin remordimiento. Ben es quien tiene altruismo: entre sus ganancias ha aportado beneficios al tercer mundo y desea retirarse para vivir en Indonesia, apostándole a la ecología. Sin embargo, nadie puede aprobar ese dinero mal habido. 
La misma “O” comparte su cama con ambos jóvenes porque puede disfrutar la gloria y el infierno del sexo. Lado, el lugarteniente de la reina Elena (Benicio del Toro, detestable como personaje) y el agente federal son dos caras del mismo monstruo.

            Salvajes tiene la congruencia necesaria en su discurso y no echa culpas a nadie. En medio de todo está el dinero y el poder. Hay traición y venganza. No existe la compasión. Está lejos de la caricatura de El infierno o del esquema ambiguo de Tráfico. Se piensa que hay seres sin alma: todavía puede irse más allá de esta metáfora. La cinta tiene un doble final porque no podía permitirse un apocalipsis ideal y parcial. Sabemos que no hay solución fácil y que siempre habrá salidas para los corruptos. Lo que debe alabarse a Oliver Stone
es que se puso dentro de la situación y no se quedó en la hegemonía del norteamericano como fin último y final feliz. La película muestra a los personajes dentro de su dimensión trágica: absorbidos por su ansia de poder, son seres (in)humanos también. Otro sector social. Shakespeare redivivo en este siglo XXI.

            Hay una secuencia excepcional sobre un enfrentamiento. La vasta llanura, el espacio amplio, la tierra seca, da idea de una película del oeste. Sin embargo, en este caso no es el personaje heroico que quiere lavar una afrenta contra su honor o borrar para siempre al mal personificado. Es la transmutación del género: es la Hidra mitológica, ese monstruo que tenía hasta 10,000 cabezas pero que al cortarle una, aparecían dos o más. Ahora los enfrentamientos son para vengar el deshonor y alcanzar las ambiciones. De nada sirve matar o capturar al capo de moda: en su lugar aparecerá el sucesor. Es inútil atrapar a los miembros de la banda: ellos mismos se matan, saben que hay montones para sustituirlos.  El apocalipsis es total.


           

            

"¿QUIÉN SOY YO?"


EL SORPRENDENTE HOMBRE ARAÑA
(The Amazing Spider-Man)
2012. Dir. Marc Webb.


            Al terminar la película, durante los créditos, me di cuenta de la calidad conjunta, con todas las diferencias radicales, entre los guionistas. Esto me vino a justificar que estuve viendo una película de Marc Webb donde lo que importaba era dimensionar a los personajes más allá de la acción y sus efectos especiales, apoyado por escritores cuyos antecedentes estaban dirigidos más hacia cierto tipo de comedia humana que a la simple descripción del personaje por sus logros y esfuerzos físicos. Acababa de disfrutar una nueva versión de una misma historia básica. Era el preámbulo de lo que el conjunto de obras maestras de Sam Raimi, con Tobey Maguire (2002, 2004 y 2007), procuró para un público ávido de héroes con poderes para darle sentido y justicia a un mundo ya exiguo de valores.

En este caso tenemos una amplia descripción de la niñez y juventud del joven Peter Parker (Andrew Garfield, toda una revelación fuera de personajes realistas):


sus problemas de relación e identidad. La falta de respuesta a la ausencia del padre. La picadura de la araña viene a ser el catalizador para darse una respuesta que es magistralmente concluida cuando termina la película: el toque genial con la maestra que resume todos los posibles temas narrativos de la literatura en la respuesta a la pregunta “¿Quién soy yo?” para que Peter establezca de manera contundente su labor como apoyo a la defensa civil, al respeto por los valores éticos, a su amor como ser humano (que en esta ocasión se subraya enfáticamente con su “telaraña” o su vulnerabilidad) y con ello, cerrar coherentemente lo que hemos disfrutado por 135 minutos.


            La trama es muy conocida y creo que está de más repetirla. Conviene detenerse un poco en el villano, lagartija humana, que puede regenerar sus miembros fácilmente y crece las garras con uñas afiladas para darle poder mortal. Una imagen fascinante sucede en las entrañas urbanas, cuando miles de lagartijas caminan por los hilos de telaraña para encontrarse con este monstruo. Y el monstruo en sí mismo es caricaturesco. Quizás fue el deseo de seguir subrayando la realidad: recordarnos que es una película basada en una historieta y que se está tratando todo un universo fantástico para que sirva como metáfora de la necesaria moralidad: hilo conductor de todas las tramas animadas.

La selección de Marc Webb 


se entiende luego de 500 días con ella, película donde las cosas tenían que suceder aunque no de la manera esperada. La relación amorosa entre dos jóvenes, llevada a cabo de manera suave y azarosa, era perfecto antecedente para pensarlo en que fuera realizador de una película donde lo que importa es la pareja juvenil como pretexto para el avance de la trama: Sin Gwen (una Emma Stone que reitera su carisma absoluto), Peter no conocería a su padre, el jefe de policía, para llegar a la consumación de su destino.


Otra cosa que comprendí, luego de ver esta joyita, es por qué hay quienes dicen que “no vale la pena” o “es una porquería”. La película no cubrió las expectativas filmofágicas: la adicción a las mismas escenas realizadas con efectos especiales que satisfacen por unos minutos y luego se olvidan. Es el caso de los espectadores pasivos para quienes el cine cumple otra función sin que les importe descubrir el propio dilema de Peter Parker o sea, saber quiénes son ellos por medio de las películas.




sábado, 14 de julio de 2012

MUJER PODEROSA


AGENTES SECRETOS
(Haywire)
2011. Dir. Steven Soderbergh.



            Fui de los que se deslumbraron a finales de los ochentas con la cinta independiente de Steven Soderbergh Sexo, mentiras y video. 


Eran los tiempos en que se batallaba para la distribución de películas. Ya comenzaba la piratería con fuerza y fue de los títulos que me tocó ver de esa manera aunque llegaría a alguna sala local. Su director ganó muchos premios. Diez años más tarde filmó una película romántica con su toque de acción y suspenso llamada Un romance peligroso 


donde Jennifer López era la autoridad, George Clooney era el ladrón y surgía la disyuntiva romántica: entregarlo o ceder al recuerdo de la seducción. Luego llegó la autocomplacencia con la oscareada y ligerísima Erin Brokovich con la sobrevalorada Roberts y sus juegos estelares con la serie de La gran estafa que uno pensó que Soderbergh ya se había perdido entre el “glamour” y la frivolidad de Hollywood.

Los destellos de Intriga en Berlín 


y la excelente factura-manifiesto de Contagio 



nos han devuelto la fe en el realizador, sobre todo con la reciente visión, en DVD, porque pasó por las salas sin mucha gloria Agentes secretos (Haywire), una cinta con mucha acción y mucha inteligencia. Nunca se detiene en su ritmo y siempre estamos junto a la protagonista. Pero… vayamos por partes.

Gina Carano

            Mallory Kane (la campeona de MMA, Gina Carano) es una agente secreta que trabaja para una firma privada que vende sus servicios al gobierno. Le piden que viaje a Barcelona para que rescate a un periodista chino que ha sido secuestrado. Cumple con su misión, para luego ser enviada a otro trabajo en Dublín, donde descubre que ha sido víctima de una traición: su propio contratante la quiere muerta. Sobrevive y debe encontrar motivos y culpable. Este es un resumen muy básico que se complementa con la visión de la cinta. La estructura es distinta: inicia con un reencuentro en una cafetería de carretera con un viejo compañero de la misión en Barcelona. Sigue con un inocente que la ayuda y es confidente de todo lo que le ha acontecido (de esta manera nosotros, como espectadores, nos enteramos de los hechos).

Gina Carano somete a Michael Fassbender 
quien desea eliminarla

            Soderbergh juega, de esta manera, con su trama. Ya no es la simple historia de una traición: es la odisea personal de una agente capaz y bien intencionada. No es la mujer fatal que resulta invulnerable: es la agente entrenada y ágil. No es una historia de amor que sigue adelante y se torna en motivo lateral de las acciones subsecuentes de la heroína. Tenemos a una mujer con un caso que resuelve y luego se complica. Estamos ante alguien que es tan perspicaz e inteligente que sabe lidiar con todas las variables que se le presentan. Aparte está el juego del destino: tiene un amorío que no se consumará. Tuvo una aventura que no llegó a buen término. El ciclo se cierra con la justicia para cada personaje.

 Ewan McGregor es el jefe y viejo amor de Mallory

            El elenco está encabezado, como les dije, por Gina Carano, campeona de lo que se conoce como Artes Marciales Mixtas, quien se enfrenta a la actuación con buenos resultados: tiene presencia, convence en lo que tiene que interpretar, impacta cuando entra a la acción y el pleito. Y entonces viene la gran decisión de guionista y director: se le rodea con puros hombres, nombres estelares, quienes además, hicieron sus propias escenas de lucha: Channing Tatum,

Con Channing Tatum, en Barcelona

 Michael Fassbender, Ewan McGregor, además de Michael Douglas, Antonio Banderas y Michael Angarano. La mujer como elemento esencial, poderoso, implacable e invencible.

Steven Soderbergh, siempre irregular, pero muy efectivo

            Soderbergh se reinventa. Aunque en sus cintas el personaje femenino usualmente destaca, no había tenido alguno tan fuerte y con tanta seguridad como esta Mallory. No deje de darle una oportunidad a través de su televisor.

domingo, 24 de junio de 2012

MELANCOLÍA Y OTROS VÍDEOS


MELANCOLÍA
(Melancholia)
2011. Dir. Lars von Trier.

MIS TARDES CON MARGUERITTE
(La tête en friche)
2010. Dir. Jean Becker.

LA INCREÍBLE HISTORIA DE ALBERT NOBBS
(Albert Nobbs)
2011. Dir. Rodrigo García.

INMORTALES
(Immortals)
2011. Dir. Tarsem Singh.

¡ESTO ES GUERRA!
(This Means War)
2012. Dir. McG.

GIGANTES DE ACERO
(Real Steel)
2011. Dir. Shawn Levy.

FURIA DE CENTURIONES
(Centurion)
2010. Dir. Neil Marshall.

         Hay mucho cine que tenemos que ver en vídeo. Ya no queda otra porque el trabajo, la distancia, lo que Ud. quiera, hace que no podamos llegar a las salas de cine. La gran ventaja es que para cuando llegan muchas cintas a pantalla grande ya han salido en DVD (¡o Blu-ray magnífico!) previamente (excepto con los estrenos simultáneos y recientes, claro, aunque la piratería ayuda pero con copias infames: no es lo indicado). Aquí reviso varias cintas que tal vez ya vieron, o pueden conseguirlas en videoclubes, o podrán ver en la Cineteca esta semana ( 26 y 27 de junio: “Melancolía”).


Melancolía es la siguiente cinta pretenciosa de quien fuera un deslumbrante cineasta. Luego de la obvia “Anticristo” (2009) con su imagen del antijardín del edén como sardónica broma a sus espectadores (que cayeron redonditos como moscas impresionadas en un ambiente de insecticida en aerosol) al mostrar al matrimonio como infierno en la tierra, ahora vuelve a las andadas. El primer juego hacia el espectador es dar a entender que su cinta es sobre la melancolía (esa tristeza inexplicable que definieron los griegos) cuando es el nombre de un planeta que se acerca fatalmente para chocar con el nuestro y provocar la destrucción total. La cinta tiene dos partes: primero es “Justine” (Kirsten Dust, excelente y seductora) quien se va a casar, a pesar de la amenaza, mostrando una falsa alegría y echando a perder su fiesta de bodas. Luego es “Claire” (Charlotte Gainsbourg, fea pero magnética), su hermana, con la cual está pasando los momentos previos al desenlace. Al querer mostrar una sociedad decadente como metáfora de aniquilación, Von Trier cae en el ridículo total porque todo es superficial, volviendo a caer en la obviedad. En vez de llegar al delirio, cunde el tedio. No puede negarse que alguna vez deslumbró y ofreció melodramas excelsos. Es otro triste equivalente a los desprestigiados Reygadas que se ganan premios porque es la moda, lo que hay que hacerse, para continuar con la entropía que nos llevará hacia esa destrucción: es más divertida en la vida real.


Mis tardes con Margueritte es la penúltima cinta de Jean Becker, surgido en la Nueva Ola (hijo de otro gran realizador), quien ahora, a sus casi 80 años, nos muestra una historia conmovedora. Basada en una novela de Marie-Sabine Rogier (que puede conseguirse en librerías) cuyo título original es “La cabeza en la nada” porque el personaje principal, Germain (Gérard Depardieu) es un hombre lento, ingenuo, ignorante, con una madre que lo desprecia aparentemente, y cuya existencia se mejora cuando conoce casualmente a la anciana Margueritte (Gisèle Casadesus, con 95 años encima) quien le abre los ojos a la lectura y a la ternura nunca experimentada.  La hermosa película es una metáfora sobre las oportunidades que están flotando sobre el aire para que seamos mejores: si las tomamos o no, dependerá de muchas circunstancias, pero siempre de nosotros mismos.


La increíble historia de Albert Nobbs sucede a finales del siglo XIX en Irlanda. Albert Nobbs es una mujer que se ha hecho pasar como hombre desde que era adolescente, luego de ser violada, como una manera de protegerse y subsistir. Ha sido mayordomo y mesero desde entonces. La llegada de otro personaje semejante que la descubre y luego le confiesa su naturaleza verdadera (otra mujer travestida) le incrementa sus ilusiones de una vida normal que la lleva, por desgracia, a su destrucción. Glenn Close, fea y andrógina, ofrece una actuación impactante que todavía es sobrepasada por Janet McTeer (todavía más hombruna en sus rasgos y estatura) como su inesperado cómplice. La trama se basa en un cuento del libro “Vidas célibes” de George Moore, autor naturalista irlandés, bohemio que escandalizó a la sociedad de su tiempo con sus escritos. Quizás una película sobre este personaje sería más interesante.


Inmortales es una cinta visualmente esplendorosa.  Los efectos por computadora son evidentes pero dan lugar a espacios y situaciones que llaman la atención del espectador y complementan la que, de por sí, es una trama simple que habla del libre albedrío, de la supuesta inmortalidad que en realidad deviene trascendencia. Henry Cavill, un actor con buena presencia pero poco carisma, interpreta a Teseo, campesino que llega a la heroicidad gracias al patronazgo de Zeus, el gran dios del olimpo.


¡Esto es guerra! es una comedia tan simple y tan boba que se salva gracias al atractivo reparto: Chris Pine es el más blandengue, pero Reese Witherspoon con su gracia natural y Tom Hardy finalmente en un rol ligero que acentúa su magnetismo dan vida a tres personajes tan inverosímiles y harto convencionales: dos agentes de la CIA, grandes amigos que dan lugar a ese homoerotismo tan común que existe pero no se consuma, conocen a la misma mujer y se tornan rivales. Ella no sabe a cuál seleccionar. Ellos utilizan sus recursos tecnológicos para espiarla y espiarse. La cinta fue un gran fracaso crítico-taquillero (para las expectativas económicas usuales) pero en realidad es una comedia amable que será mejor valorada con el paso del tiempo.


Gigantes de acero ocurre en un futuro cercano: los boxeadores han sido reemplazados por robots para llegar a excesos que con seres humanos serían fatales y carniceros.  La cinta narra la historia de un pícaro manejador ambulante con robot viejo y barato que vive emproblemado por deudas y audacias mal pensadas. La reunión con un hijo de once años le llevará a darse cuenta del desperdicio de su existencia. La mera presencia de Hugh Jackman (quien es ejemplo de lo que significa ser una estrella magnética, una personalidad del cine, independientemente del talento: otros casos serían Clooney, Pitt o Denzel Washington; Willis y Neeson en su momento; Michael Fassbender, más recientemente) eleva a la película. El realizador no cae en el chantaje sentimental ni en la salida fácil. Tampoco hay un robot mágico que repentinamente adquiera vida: todo es inherente a la naturaleza humana, al valor de los sentimientos. Gran entretenimiento con sensibilidad.


Furia de centuriones es otra versión de la misma trama de “El águila de la legión perdida” (McDonald, 2011) donde se narraba la desaparición de una legión romana en tierras escocesas. Mientras que en ésta, el punto de vista era más novelesco (el hijo del general extraviado buscaba recuperar el honor del padre) en la que ahora les comento se centra en el sentido épico y en el enfrentamiento con la tribu bárbara. Quintus (Michael Fassbender) sobrevive con otros pocos soldados a una emboscada sangrienta que produce la eliminación de dicha legión. Junto con sus amigos debe recobrar el honor y vengar la muerte de sus congéneres. Visualmente impacta y el personaje de una guerrera casi indestructible (Olga Kurylenko) mantiene el suspenso (y la indignación) del espectador.

sábado, 16 de junio de 2012

PROMETEO Y OTROS SERES


PROMETEO
(Prometheus)
2012. Dir. Ridley Scott.

COLOSIO: EL ASESINATO
2011. Dir. Carlos Bolado.

BLANCANIEVES Y EL CAZADOR
(Snow White and the Huntsman)
2012. Dir. Rupert Sanders.



            Prometeo nos devuelve a Ridley Scott a los terrenos de Alien: el octavo pasajero (Alien, 1979) con esa atmósfera oscura y amenazante. En realidad viene a ser el antecedente de dicha cinta aunque al principio no lo parezca. Dos prólogos separados por siglos donde primero un ente extraño, musculoso-deforme, se sacrifica para crear la vida sobre nuestro planeta. Luego, un grupo de científicos descubre una serie de pinturas rupestres que dan a entender el origen de estos personajes: deciden, entonces, ir en su busca al más recóndito de los posibles planetas. Pasan más de dos años y ha llegado el momento en que una tripulación que se ha mantenido en estado criogénico, al cuidado de un sofisticado robot llamado David (Michael Fassbender, rubio, atractivo, versátil), despierta para que la nave pueda llegar a su destino. A partir de este momento comienza el descubrimiento de los verdaderos motivos de los seres que generaron a la humanidad; la revelación de los armamentos que en realidad devendrían criaturas indestructibles; la fatua ambición de la inmortalidad por parte de un personaje viejo que representa a la sociedad en que vivimos (aunque la acción suceda en las postrimerías del 2093).



            Scott es un realizador talentoso e inteligente. No se deja llevar por la salida fácil y su manejo de la acción resulta turbulenta, inesperada, contínua. Como en tantas otras películas, sus personajes femeninos son fuertes (Charlize Theron, bella y fría se contrapone con la sueca Noomi Rapace, desangelada pero tenaz) y llegan a sobrevivir o morir, pero nunca en vano. Scott es cuidadoso con la imagen porque los efectos especiales son precisos: no se nota un error técnico. Recurre a la exageración narrativa con la finalidad de mantener al espectador en el constante suspenso (a estas alturas del cine de acción, cualquier persona que rechace extremos como una cesárea exprés para que su víctima siga adelante con su misión, resultará ser persona boba amargada o ingenua: se parte de ficción y fantasía, no podemos exigir lógica). Finalmente es una vuelta a los orígenes: tanto Scott como la trama misma viene a ser un cierre explicativo aunque todavía exista otra serie de interrogantes que quizás nos resuelva una secuela.



            Prometeo, en la mitología griega era un titán: ser gigantesco que quiso proteger al hombre, robó el fuego a los dioses para brindarlo a la humanidad: por esto, fue castigado. En esta cinta tenemos una gran ironía metafórica ya que el titán llega al grado de dar origen a nuestra civilización para luego darse cuenta de que no contó con las debilidades del producto - hombre. No obstante, Scott agrega un soplo de esperanza. El robot David, mientras cuida a la tripulación dormida, juega, aprende y ve películas del lejano pasado, entre ellas, la que es su favorita: muestra la escena de Lawrence de Arabia (David Lean, 1962) donde el personaje apaga un cerillo entre un dedo y su pulgar: uno de sus compañeros intenta lo mismo y exclama que le duele, a lo que Lawrence le contesta que “el truco consiste en que no te importe que te duela”. Esto se convierte en una especie de regla para el ser mecanizado que imita al humano por lo que éste a su vez adquiere una lección de fortaleza. Extraordinaria película.

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Colosio: el asesinato es otra película que, como los documentales Presunto culpable o De panzazo realiza una supuesta denuncia de la corrupción que se queda en mera “anuencia” porque simplemente expone sin mayores expectativas. Narra su teoría sobre los motivos del asesinato y la forma en que ocurrió el mismo desde lo que siempre ha sido  la explicación usual que ofrece cualquier ciudadano: lo mandaron matar desde dentro del mismo ámbito de altísimo poder. La película insiste en que es una “ficción” basada desde los hechos reales. Se manda realizar una investigación privada paralela a la oficial sobre el asesinato. Uno se pregunta los motivos de llevarla a cabo porque finalmente resultará en el exterminio de los involucrados: pretexto narrativo inútil como la cinta misma. ¿Qué va a pasar? ¿Reabrirán el caso? ¿Castigarán a los corruptos ex políticos? La cinta pudo llamarse “Fulano de tal: el asesinato” y se llegaría a la misma cosa. El director Bolado “deslumbró a sus cuates” con Bajo California: el límite del tiempo (1998) para luego demostrar su pequeñez en Sólo Dios sabe (2005), una mescolanza de símbolos religiosos y oníricos. Ahora entra a la acción seudopolítica y uno mejor sigue llorando por la corrupción que nos inunda en este país donde nunca pasa nada. Debe destacarse una buena ambientación y un reparto que va desde el estereotipo (Giménez Cacho instalado en político corrupto pleno de lugares comunes) hasta las presencias camaleónicas, maravillosas, intermitentes y efímeras (Harold Torres, Karina Gidi, Gustavo Sánchez Parra). 


(Harold Torres interpreta el rol de Aburto y otros sospechosos)

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Blancanieves y el cazador es una interesante vuelta de tuerca al famoso cuento de los hermanos Grimm. La jovencita es encerrada por su madrastra, asesina del padre en noche de bodas, hechicera que se ha mantenido inmortal y cuyo destino reside en la hijastra. Ahora la cinta se prende de la acción, la joven es guerrera (Kristen Stewart), el objeto de su amor es el cazador (Chris Hemsworth) que se enamora de ella, aunque como en todo cuento sobre clases sociales diferentes, no se consuma el matrimonio como pasaba con el periodista Gregory Peck viendo de lejos a la princesa Audrey Hepburn al final de La princesa que quería vivir (Roman Holiday, Wyler, 1953). Una gran lección sobre el amor que vence a la muerte, aunque la subtrama establezca que no viola las reglas entre nobleza y proletariado. Charlize Theron en otra película estrenada poco antes de Prometeo para recordarnos que belleza y talento no son necesariamente opuestos.