lunes, 3 de junio de 2013

LA SOLIDARIDAD


RÁPIDOS Y FURIOSOS 6

(The Fast and the Furious 6)

2013. Dir. Justin Lin.

 

 

            La gran novela de acción cierra el círculo doméstico. Toretto (Vin Diesel) y Brian (Paul Walker) reúnen a su grupo de amigos porque un poderoso delincuente, Shaw (Luke Evans) está buscando las partes para conformar una máquina que cortará las telecomunicaciones mundiales por 24 horas. Además, el objeto amoroso de Toretto, la chicana Letty (Michele Rodriguez) que se tenía por muerta, ahora es miembro de la banda de Shaw.

 
            Lo que inició como una cinta urbana de delincuentes automotrices cuya principal meta de acción eran las carreras clandestinas y donde un agente de la ley se introducía encubierto en la banda para desenmascararlos para luego tornarse en cómplice (por amor a la hermana de Toretto y por amistad inesperada y cálida con éste) fue convirtiéndose paulatinamente en una saga internacional. La banda de quebrantadores de la ley fueron utilizando sus cualidades veloces y su ingenio improvisado para ir contra grandes hampones de otras naciones. Luego de la cinta original (Rob Cohen, 2001) se tuvieron dos intentos de franquicia que funcionaron como tramas independientes. La cuarta película reunió a Walker y Diesel con los otros personajes para darle forma a lo que ahora ha adquirido su propia personalidad. En esta continuación aparecen además Dwayne Johnson (con un cuerpo extremadamente musculoso) y la maravillosa Gina Carano, en rol sorpresivo; ambas estrellas aumentan el valor icónico de la cinta.



            El realizador Justin Lin ha sabido impartirle su sentido de acción imparable, coreográfica, que equipara a la serie con las populares cintas orientales de artes marciales donde los héroes volaban y los villanos soportaban los feroces enfrentamientos más allá de la fortaleza humana. Es lo inverosímil de estas grandes producciones de Hollywood mezcladas con el sentido de humanidad y solidaridad lo que propician un entretenimiento innegable. La edición y los efectos especiales son tan espectaculares e inesperados que uno queda sorprendido (acuérdese de ese verbo “volar” cuando vea la película) cuando piensa que ya todo está hecho en cine.



            Y vuelvo a la cualidad principal de la cinta: el sentido de familia y solidaridad (lo que se vió en “Duro de matar 5”) con la cual comenzó la serie y ahora se recupera. Está aparte el humor. Y luego viene el amor: la tensión romántica y sensual entre la amnésica Letty y el rudo Toretto que se desarrolla por medio de un reto automovilístico, sin cuerpos ni camas. Por eso la cinta es coherente consigo misma en su esencia. (más alegría causa el anuncio de la siguiente secuela: aunque alabemos a Lin como realizador, ahora será dirigida por James Wan a quien debemos “Juego macabro”, “Sentenciado a morir” o “La noche del demonio”: no puede pensarse que bajará la calidad ni la audacia:  además el villano será Jason Statham. Más delirio, imposible.).

domingo, 12 de mayo de 2013

EFECTISTA Y EFECTIVO


GILBERTO GAZCÓN
(1929 – 2013)

 

Única foto disponible del realizador en toda la Internet... Ni modo.
         Hijo del poderoso productor Valentín Gazcón quien era cuñado de Raúl de Anda, a Gilberto Gazcón le tocó seguir el camino de las dinastías cinematográficas en México. A pesar de las conexiones familiares batalló para ingresar como director por cuestiones sindicales pero lo logró en 1957 con El boxeador,
 
"El boxeador" fue la primera película como director de Gilberto Gazcón,
que le diera fama y premios.
un melodrama estilizado que llamó la atención porque su narrativa se alejaba de la que se utilizaba en las cintas mexicanas por esos tiempos y, además, llegaba a lo que era un final inesperado. Se ganó varios premios y de ahí que a Gazcón se le considerara un realizador de nuevo aliento, algo que él se tomó en serio e intentó ser distinto, con temas audaces o situaciones fuera de la común, en las que serían sus siguientes películas.


         La grandilocuencia temática estaría presente con los chicanos (Los desarraigados, 1958, que ojalá resurgiera por algún lado) o los cómicos callejeros (La risa de la ciudad, 1962). Las situaciones extremas las presentaría por medio de una mujer hipócrita que seducía a todos los hombres de una ranchería (Remolino, 1959, como una derivación de la Susana buñueliana) o el recorrido por el desierto de un convicto y su guardián (La cárcel de Cananea, 1960) o el médico amenazado por la hidrofobia (El mal, 1965) donde realizó una coproducción con Estados Unidos y tuvo a Glenn Ford cuyo estrellato en Hollywood ya iba declinando, así como a la estrella Stella Stevens, por cortesía de la Columbia Pictures.


         Sin embargo, Gazcón era director efectista más que propositivo; técnico y eficiente en lugar de reflexivo. Tenía muy buen olfato comercial para encontrar los elementos adecuados para sus películas. De esa manera los repartos atractivos (Silvia Pinal y Julio Alemán en Los novios; Jorge Rivero, Zulma Faiad y Rodolfo de Anda en Al rojo vivo; Resortes y Joaquín Cordero en Suerte te dé Dios que serían sustituidos en la segunda versión Dos de abajo con Valentín Trujillo y Andrés García; por no mencionar a Sonia Furió en varias películas). Y todo ese conjunto fílmico permite un cúmulo de entretenimiento y momentos que dejaron recuerdos felices a los espectadores.

 
         Grandilocuencia y efecto. Filmó una película en 1970 llamada El cielo y tú donde Braulio Castillo interpretaba al padre Mauro, sacerdote progresista, admirador de Juan XXIII, al cual una de sus fieles aristócratas definía como “de esos padres nuevos que quieren hacer una revolución en la iglesia”.  Amigo de sus jóvenes feligreses con los cuales jugaba billar y futbol, aparte de discutir temas “peligrosos” como cuando una de las muchachas le decía que no tenía experiencia para aconsejarla sobre el sexo por lo que respondía “eres de las que pretenden que para saber conocer algo hay que vivirlo”. Al salvar a una muchachita del mal camino por donde la llevaba el joven judío Kohner al cual le imprecaba “no seas pendejo”, no lograba convencerlo. El muchacho moría pero su padre, agradecido por su labor con la juventud, le hacía viajar hasta Acapulco para regalarle cien mil pesos (una fortuna en esos años) que provocaba la ambición de uno de sus sirvientes que golpeaba, disparaba al sacerdote y lo abandonaba desnudo en la playa.

Braulio Castillo (1933) fue un galán puertorriqueño, importante en las telenovelas latinoamericanas de los años sesenta. "Renzo el gitano" o "Simplemente María", por ejemplo.
         El hombre era encontrado por cinco “jipis” (tres muchachas, dos hombres) que lo creían muerto al principio, pero al darle un sorbo de alcohol, lograba reaccionar. Una de ellas, Susana (Irán Eory), le daba respiración de boca a boca. Lo llevaban a su refugio en otra playa, el hombre recobraba conocimiento, pero había perdido la memoria. Para no hacer el cuento largo, el hombre se enamoraba de Susana, a lo que ella correspondía. Tenían relaciones sexuales, ella quedaba embarazada. Al volver al pueblo, mientras pasaban por una iglesia, las campanas repiqueteaban, el hombre recuperaba su memoria para entrar en conflicto moral y encontrarse con la rebeldía de Susana, su odio hacia Dios y la vida. Finalmente, el hombre retornaba al sacerdocio. Durante una misa Susana llegaba con su hijo en brazos para recibir la hostia de su hombre.

Irán Eory (1938 - 2002)
         Gazcón escribió este argumento junto con el productor Óscar Brooks y Adolfo Torres Portillo. Los temas estaban de moda: la teología de la liberación y el movimiento hippie (aunque ya de salida). Por un lado, todos los cuestionamientos antes prohibidos a la iglesia y al sacerdocio, aparte de las actitudes generales de estos personajes con la sociedad; por otro lado, la juventud que ya se desataba de las convenciones del pasado, buscaba la libertad sexual y el amor libre. Gazcón y sus cómplices pensaron en el contraste entre aquellos muchachos conformistas con ciertas preguntas naturales y quienes simplemente rompieron con las costumbres y tradiciones para vivir su vida. De esta manera la grandilocuencia: enfrentar al mismo Dios con las obligaciones impuestas por su iglesia utilizando un caso fortuito, una situación inopinada y casual. Si se rompía el voto de castidad era porque se había roto el equilibrio personal.

 
         Y luego estaba el efecto: al utilizar como dos polos a lo profano (jipis) y lo sagrado (hombre consagrado) era retador (y excitante para ciertos espectadores) ver a una de las mujeres besar el cuerpo desnudo  del hombre comenzando desde el mentón para seguir hacia adelante y ser detenida por Susana al llegar a la cintura (“solamente a una enferma como tú se le ocurre abusar de un hombre inconsciente”) o ver al hombre acariciar y luego someter carnalmente a la mujer porque ellos no saben lo que el espectador conoce. Esta es una de las formas narrativas que el cine ha explotado en toda su existencia pero es más fuerte cuando el tema reviste otras circunstancias: no olvidemos que era 1971 cuando se estrenó la película.

 
         De esta manera podemos definir al cine audaz y diferente que intentó realizar Gazcón aunque no haya soportado el paso del tiempo. Quedan sus películas como atrevimientos formales y temáticos de una época, aunque sus alcances hayan sido sobrepasados por los cambios de mentalidades. Lo que en esos años impactó y estrujó, ahora queda como melodrama bien realizado. En estos tiempos de clérigos pederastas o con familias y amantes, aunque se haga a la chita, callando, el hecho de que un sacerdote tenga sexo y procree, a nadie sorprende.

 
Podría hacerse un parangón ilustrativo entre Remolino de Gazcón donde una mujer llegaba al rancho de quien había sido novio de su madre y Susana de Buñuel (que le antecede  casi una década) donde una presidiaria escapaba de la cárcel para llegar a la hacienda de un buen hombre. En ambos casos, la mujer seducía a todos los hombres del lugar pero, mientras que en Susana la movía su inclinación al mal, su experiencia del pasado, su amargura frente al trato de la vida para lograr sus fines, escapando de la justicia sin interesarle víctima alguna ni las consecuencias, en Remolino era simple producto de la frivolidad con la intención de satisfacer el deseo hacia uno de los hombres usando a los otros. Lo que en Buñuel era comentario social, ironía, humor, en Gazcón era perfección técnica y complacencia al público: colmillo comercial.

Lo que debe destacarse de Gazcón fue su deseo de hacer un cine diferente, narrarlo de la mejor manera posible y, en el camino, dejar constancia de momentos espléndidos, cálidos, imborrables. Descanse en paz. 

jueves, 9 de mayo de 2013

UNA PELÍCULA ADMIRABLE


UNA FAMILIA DE TANTAS
1948. Dir. Alejandro Galindo.

 


         Gracias al 15° aniversario de la inauguración de Cineteca Nuevo León se organizó un ciclo con películas de directores nacidos en nuestro estado. Se incluyó a don Alejandro Galindo (nacido el 14 de enero de 1906 en Monterrey, debutante como realizador en 1937 con Almas rebeldes y fallecido en el Distrito Federal el 1 de febrero de 1999, luego de una larga carrera) con una de sus múltiples cintas distinguidas: Una familia de tantas.

 

Alejandro Galindo (1906 - 1999)
         A pesar de los 65 años transcurridos desde su filmación, en los tiempos cuando se iría consolidando la clase media y la disciplina era valor primario (aunado a los sentimientos de respeto y obediencia), la cinta no ha perdido interés ni deja de sorprender. La criada de la familia Cataño (Enriqueta Reza) sospecha que algo anda mal con el hijo mayor Héctor (Felipe de Alba) y le dice, con segunda intención a la madre (Eugenia Galindo), que los niños de ahora son más vivos. Luego nos enteramos que embarazó a la novia (Nora Veryán), tuvo que casarse con ella porque el padre ha criado hijos responsables y vivir de manera pusilánime en la casa paterna. La hija mayor Estela (Isabel del Puerto) sufre una golpiza que la deja tirada en el suelo porque su padre la pescó besuqueándose con el novio Rodolfo (Manuel de la Vega) con la consecuencia de que abandona el hogar para que tome un rumbo desconocido.


Martha Roth
         Luego está la quinceañera (como la misma Cineteca NL: excelente metáfora) María del Refugio, llamada Maru (Martha Roth), confundida entre la crueldad paterna, las acciones de sus hermanos y el descubrimiento de lo que no puede definir entre la atracción sexual y el primer deseo amoroso hacia el vendedor de aspiradoras que se mira muy decente Roberto (David Silva) quien también ha quedado prendado de ella ante su inocencia. Será éste quien le abra los ojos a la realidad, alcance un mínimo grado de rebeldía que, sin embargo, le permite dejar en claro que no quiere al rico ranchero que es su primo Ricardo (Carlos Riquelme) yendo contra los deseos del padre que quiere brindarle un futuro seguro.


David Silva
         Y todo lo anterior ha girado alrededor de la figura paterna, Rodrigo Cataño (Fernando Soler), que tiene una pintura con el retrato de Porfirio Díaz en su sala. Aparte, hay una fotografía que muestra su rostro. En los momentos de alimentación se sienta en la cabecera de la mesa. Debe haber el rezo de agradecimiento antes de comer. Hay besos de manos entre hijos al padre; de esposa al esposo; del esposo a la esposa. Se escucha un discurso pasado de moda ante la hija que ha pasado de ser niña y ahora es mujer a sus quince años. Baila sin gracia, con pequeños saltitos, el primer vals de Maru. Es cobarde: pura apariencia con los hombres: golpeador con las hijas.

Alma Delia Fuentes, Fernando Soler, Martha Roth, Eugenia Galindo
         Es el gran acierto de esta invaluable película: la imagen del patriarca a la antigua: heredero de poses, actitudes y abusos del pasado porque la dictadura nacional debe reflejarse en la dictadura familiar. Ajeno a la modernidad que, repentinamente, irrumpe en la persona de ese terco y eficaz vendedor que logra venderle no uno, sino dos avances de la ciencia en el hogar. La cinta sucedía precisamente en los tiempos cuando presidía al país alguien que quiso llevar a México hacia una nueva era (finalmente corrupto y ladrón) y se necesitaba dejar atrás las tradiciones y costumbres. La cinta venía a ser un discurso en favor de este cambio: ya no era posible la barbarie disfrazada de rigor familiar.



         Fue una delicia verla en pantalla grande aunque en una irregular copia en 35 mm que requiere urgentemente de digitalización para que recupere su brillantez. Es la misma copia (cada vez más deteriorada) con la cual se hicieron las transferencias al DVD comercial porque tiene secuencias oscuras que luego adquieren mayor luz. De cualquier manera, la magia está presente. La recuperación del pasado en una cinta amena y entretenida que nos tenía a los espectadores absortos, a pesar de que, como sucede con un servidor, la hemos disfrutado muchas veces.



         Lo paradójico de esta cinta es que provoca el anhelo de esos tiempos de modernidad porque, fuera de esa familia anacrónica y disolvente, existía el respeto en mayor proporción: base de todas las demás cualidades que deberían exigirse al ser humano. Es que todo se veía muy decente como expresaba Maru ante el verdaderamente trabajador Roberto, al contrario de nuestro siglo XXI. ¡Felices quince años, Cineteca NL!
 

 Cineteca Nuevo León

martes, 23 de abril de 2013

¿QUIÉN TIENE LA RAZÓN?


OLIMPO BAJO FUEGO

(Olympus Has Fallen)

2013. Dir. Antoine Fuqua.

 


         Lo que sería un mero discurso de la hegemonía norteamericana respecto a su posición como “el país más poderoso del mundo” se convierte en gran entretenimiento y en otro episodio más de la serie con el súperheroe invencible y sobrenaturalmente invulnerable. Mike Banning (Gerard Butler en su mejor momento físico)
es un agente del servicio secreto que cae de la gracia de su gran amigo, el Presidente de los Estados Unidos (Aaron Eckhart), luego de una tragedia inesperada. Año y medio más tarde, Banning hace trabajo de oficina mientras la Casa Blanca sufre otro inesperado ataque que secuestra al mandatario y que hace que el ex agente pueda vivir su redención salvándolo.

         Antoine Fuqua, director experto en este género,
 
excelente para reflejar paradójicamente la oscuridad interna al mostrar a seres ladinos y traidores (acuérdense del genial personaje de Denzel Washington en “Día de entrenamiento”) tiene su gran logro en uno de los villanos más dibujados y geniales de los últimos tiempos, Kang (Rick Yune, impecable, seductor, malévolo)
 
 
que sirve como contraste perfecto y retrato mayor de la demagogia radical que busca sus propios fines y beneficios. Sádico, golpea a la Secretaria de la Defensa con gran placer.


         La cinta promete mucha acción y cumple. Es impecable e impactante la destrucción de la Casa Blanca que tal parece que es un documental sobre la realidad. El espectador queda atrapado desde el inicio y sus emociones se comprometen. Se aprecia la debilidad de quienes se supone que son los “buenos” al ser diezmados sin piedad. El héroe se fatiga y se levanta con la energía esperada en un reactor.
 
 
Es el cine tan comercial que envuelve y tan bien hecho como espectáculo aunque el sueño sea pesadilla y sepamos perfectamente que todo podrá acabar bien, pero en el ínterin uno se involucra y cree que las cosas acabarán mal. Es la magia del cine. Es la esencia que se defiende en este cine “palomero” como le llaman quienes son filmófagos y “de género” como se inscribe en las historias serias del cine como en su tiempo lo fueron “Los cañones de Navarone” o “El gran escape”. Uno agradece también a los guionistas que la cinta no se desvíe en subtramas que la hubieran desequilibrado (el hijo del Presidente; la mujer de Banning).


 
         Por supuesto que hay un discurso triunfalista y en este momento los villanos son coreanos, aunque no se especifique territorio y se envuelvan en el terrorismo junto con asociados que traicionan a su propia patria. Claro que hay una paranoia debida a la vulnerabilidad manifiesta luego del atentado en Nueva York y se muestran posibles consecuencias futuras aunque se endulcen finalmente.
 
         El reparto es de primera categoría: Angela Basset, Melissa Leo, Morgan Freeman (infaltable), Robert Forster, una Ashley Judd (que viene a ser otra Drew Barrymore de “Scream”) y la película es satisfactoria. Uno sale del cine, contento porque le han divertido con acción y muerte. Sin embargo, siempre queda ese saborcito de boca y esa pregunta eterna: ¿quiénes tienen la razón? A uno le gusta que estos dilemas morales le sean embarrados en la cara.   

domingo, 14 de abril de 2013

SARA MONTIEL (1928 - 2013)


SARITÍSIMA

 


         A mí me tocó ver “El último cuplé” en el Cine Monterrey. Estaba muy chico porque debió ser en 1957 (el año en que se produjo apareció en América Latina y se tornó exitazo). Fui víctima de “Fumando espero”, “Clavelitos”, “Nena”, “El relicario”, “Valencia”, “La madelón” que Sara Montiel cantaba con gracia. Era tanta la pasión por esta música que el “long play” de la película se agotó y solamente estaban disponibles versiones de esas canciones con la mexicana Esmeralda. A partir de ahí, ya era obligatorio ir a ver las películas anuales o bianuales (dependiendo de la distribución) con Sarita Montiel porque así se le conocía, en diminutivo, aunque en los créditos apareciera como era originalmente: Sara. Había encontrado su gran papel. Su nicho. A todos nos atrapó y aunque ya había hecho muchas películas, parecía que apenas empezaba.
 
 
      “La violetera”, “Carmen la de Ronda”, “Mi último tango”, “Pecado de amor”, “La bella Lola”, “La reina del Chantecler”, “Bésame”, “Samba”, “Cada noche un amor”, “La mujer perdida”, “Tuset Street”, “Esa mujer” y “Cinco almohadas para una noche” : 14 películas en 18 años, contando solamente lo que fue su segunda carrera española.

Ya sabía uno que serían melodramas excesivos o fuliginosos. Usualmente habría amores imposibles o se llegaría a un desenlace feliz con otras implicaciones. En todos ellos habría vestuarios muy lujosos, canciones al por mayor y Sara luciría su bello cuerpo ya fuera con escotes descomunales o simplemente en ropa escasa teniendo como pretexto que eran números en revistas musicales de teatro o de cabaret o porque iba a tomar un baño, pero el elemento de la fórmula era mostrar piel dentro de las limitaciones que permitía la censura franquista.

 
En los años de Sara, primero estaría Joselito y luego Marisol, poco después Rocío Dúrcal. Todos tendrían extensión en las películas porque el cine era el medio de difusión natural. (Más tarde sería la televisión y ahora, para qué les cuento). Y esas películas recorrían al mundo iberoamericano (y en algunos casos otros mercados)...
...para crear y mantener los ídolos de quienes éramos chicos y teníamos la ingenuidad para adorarlos porque el cine era parte de la vida y el mundo no estaba globalizado. Teníamos una opinión de España por estas películas que eran inteligentemente producidas y distribuidas fuera de los cánones de la intelectualidad. Aunque la crítica haga creer que solamente cierto cine vale la pena, es una mentira: todos tenemos aquellos títulos o muchas estrellas que marcaron nuestras existencias.

Por otro lado, al revisar a los directores de Sara, estamos ante nombres prestigiosos: personas que destacaron en su tiempo con otras cintas que, dentro de su momento y realidad, estaban bien hechas y a las cuales el tiempo ha dado cierta dimensión y revaloración. Tulio Demicheli, Rafael Gil, Luis César Amadori, Mario Camus, Jorge Grau, entre otros, destacando a Juan Antonio Bardem quien la dirigió en “Varietés” (1971), nueva versión de su primera cinta en solitario (“Cómicos”, 1954).

 
He destacado en este corto artículo la segunda etapa española de Sara. La primera es mera curiosidad donde puede vérsele como jovencita rubia, con 17 años a cuestas, en roles chiquitos (“Alhucemas”, “Bambú”) o de importancia (“Locura de amor”), pero sin que destaque su personalidad.
 
 
Luego vino la etapa mexicana con las inolvidables cintas al lado de Pedro Infante o los melodramas de calidad (rostro cortado en “Piel canela”; presidiaria en “Cárcel de mujeres” y sigamos). Después las cintas en Hollywood bajo la mano de Anthony Mann, Samuel Fuller y Robert Aldrich (nada menos). Y vino a ser el accidente feliz, la pequeña producción en que participó mientras iba de vacaciones a Madrid la que la lanzó verdaderamente al estrellato universal y sirvió para darle la fama de gran diva y de mito por excelencia.

 
Debe reconocérsele que hizo lo que quiso. Tuvo amoríos, maridos viejos y jóvenes, hijos adoptivos: divorciada o viuda. Y alcanzó sus ambiciones. Apareció desnuda en revistas pero nunca se vulgarizó ni se volvió lugar común a pesar del tiempo. En su última entrevista, donde duele verla ochentona y vieja aunque con mucha dignidad, expresa que logró su deseo de ser famosa, de ser artista. Así da gusto haber vivido la vida ¿verdad?

domingo, 31 de marzo de 2013

DEPREDADORES EMOCIONALES


PERVERSOS: TRISTANA: EL OCASO DE UNA VIDA
 

Hay ocasiones en que coinciden temas y situaciones sin esperarlas. Me llega un paquete de películas donde están, entre otras, Tristana (Luis Buñuel, 1970) y El ocaso de una vida (Sunset Boulevard, Billy Wilder, 1950) en nítidas versiones Blu-ray y aprovecho este período vacacional para disfrutarlas de corrido. Dos cintas clásicas donde se habla de la apropiación del otro.
 

Tristana (Catherine Deneuve) es una jovencita que queda huérfana y es protegida por el decadente, convenenciero y socialista Lope (Fernando Rey) quien, con el tiempo, la posee carnalmente de una manera ventajosa: sin ataduras legales. Conoce a un pintor que se enamora de ella y parten para vivir juntos. Tres años más tarde, ella regresa enferma, pierde una pierna y Lope, entonces, enriquecido por una herencia legada por su hermana, le ofrece matrimonio. Tristana es ahora una mujer llena de rencor que ayuda a provocar la muerte de Lope.

 
Norma Desmond (Gloria Swanson) fue una estrella del cine silente que perdió popularidad al llegar el sonido. Ahora, con cincuenta años encima, bastante rica, vive encerrada en su vieja y descuidada mansión en las colinas de Hollywood. A este lugar llega el guionista Joe Gillis (William Holden), escapando de unos acreedores. Norma le ofrece que adapte un guión que ha escrito por muchos años para su soñado retorno. Joe aprovecha la situación para sacar dinero. Norma lo va acorralando paulatinamente para que permanezca a su lado. Cuando Joe decide abandonarla, Norma lo mata y enloquece.

 
Son dos tramas tan distintas pero que comparten un mismo tema. Lope utiliza a Tristana, primero por las convenciones del tiempo (los años veinte, en Toledo), con su lema “mujer honrada, pierna quebrada y en casa”, la obediencia de la jovencita y lo que sería un derecho machista: al ser su protector podía utilizarla para su gusto. Tristana se somete, pero será años más tarde cuando exprese su asco por el viejo, sobre todo comparándolo con el atractivo joven que la encuentra y demuestra su amor. Norma, por su lado, encuentra una salida a su soledad y un alivio para su hambriento narcisismo en la persona de Joe, un hombre que le llevara veinte años menos, una ilusión del pasado, aunque le declare que no estaba en sus planes enamorarse. La frase que utiliza Norma cuando Joe toma sus maletas para partir es “nadie abandona a una estrella” comprobando que más que un sentimiento pasional tenía a alguien que llenaba su necesidad de reconocimiento, aunque fuera falso.

 
Me encuentro, luego de ver ambas maravillas, un artículo de María Teresa Priego en El Universal, donde habla sobre “La perversión narcisista”. Expresa en algunos párrafos varias ideas que me conectan con estos personajes fílmicos. “El perverso narcisista es un depredador emocional […] vengándose en los demás por su propia incapacidad de amar”. Tanto Norma, casada tres veces desechando maridos (el primero fue el que la descubrió ¡y ahora es su mayordomo!) como Lope (solterón, ocioso, que vive de sus rentitas para no trabajar porque es denigrante lo que hacen los patrones) creen en la idea del amor, nunca en su realidad, y así se han mantenido a lo largo de los años. Los demás son cosas.

 
“(El perverso narcisista) primero idealiza: esta persona sí podrá sanarlo de su desierto emocional a través de un éxtasis fusional en el que los atributos del otro serán todos suyos”. Tanto Tristana como Joe caerán presas del proceso que utiliza este perverso: “seducción, manipulación-dominación, destrucción”. Aún en el caso donde Tristana queda libre del yugo de Lope por su muerte, ella ha sido destruida por las circunstancias de su vida: de la dulce joven con anhelos artísticos ha quedado una paticoja amargada, sin mayores prospectos. Joe queda literalmente anulado.
“El perverso no puede vivir sin la mirada ni el amor de los otros, pero le produce un odio intenso, y una envidia sin límites el amor de los otros”. Lope, dentro de su cobardía va a exigir satisfacción al pintor que quiere llevarse a Tristana: lo abofetea con guante para recibir un puñetazo que le pone en su lugar: ha pasado el tiempo, es un viejo ridículo, pero su seguridad personal es que la mujer volverá a su lado. Norma intriga contra Joe en la persona de una joven guionista con la cual trabaja, a escondidas, un proyecto para cine. Joe debe terminar esta relación y abrirse de capa ante su condición de mantenido.

 
Todo el artículo puede ir explicando diversas partes de las películas y ofreciendo mayor comprensión de los personajes involucrados. Recomiendo la visión de estas películas: hay versiones en DVD en las tiendas especializadas, pero más que nada que empaten la experiencia con la lectura del artículo de la inteligente Ma. Teresa Priego (www.eluniversalmas.com.mx) o buscarla en Facebook donde comparte sus siempre interesantes opiniones sobre la condición humana.