lunes, 10 de septiembre de 2018

VESTIGIO DEL MAL


LA MONJA
(The Nun)
2018. Dir. Corin Hardy.



         Un prólogo nos lleva a un convento en la Rumania de 1952. Un par de monjas van a entrar a un recinto cerrado. Una de ellas se aventura en la oscuridad, escuchamos sus gritos, luego reaparece ensangrentada y pasa un rosario y una extraña llave a la otra, a la cual le dice que ya sabe qué debe hacer. La monja corre hacia su cuarto, se enreda una cuerda al cuello y se deja caer por la ventana, matándose. En el Vaticano se cita al padre Burke (Demian Bichir, correcto), especialista en exorcismos para que vaya a investigar los hechos en el convento. Se le recomienda que lleve consigo a la novicia Irene (Taissa Farmiga, dulce) porque es una joven que ha tenido visiones desde pequeña. Al llegar ambos al pueblo rumano, encuentran a Frenchie (Jonas Bloquet, magnético) quien era el mandadero que llevaba provisiones a las monjas y fuera quien había descubierto el cuerpo colgante de la hermana suicida. Le piden que los transporte al convento, algo que hace con cierto recelo. En el lugar comenzarán a suceder hechos extraños e inexplicables hasta que se descubre que ese convento fue el lugar donde un noble invocó al demonio en un pasado remoto. Al soltar a este espíritu provocó que, con el paso del tiempo, los habitantes del lugar (las monjas) fueran poseídas y eliminadas por este espíritu maligno.


A CONTINUACIÓN SE REVELARÁN ALGUNOS PUNTOS DE LA TRAMA. 

         De esta manera se introduce al espectador (sobre todo al fanático) al universo de El conjuro, otro inteligente proyecto del genial James Wan que ha sabido mover sus piezas narrativas en diversas épocas. Comenzando en 1971, luego pasó a 1976 en El conjuro 2. Annabelle vino a ser un antecedente de la primera película al considerar el personaje de una muñeca poseída por un espíritu demoníaco en momentos previos al inicio de la trama primigenia, y todavía Annabelle 2 fue otro antecedente previo que se fue aún hasta años más tempranos para establecer la creación del juguete. Ahora La monja narra el origen del demonio que acosaba al personaje del investigador Ed Warren percibido por su esposa Lorraine en las primeras cintas. La saga se va complementando y no deja cabos sueltos. El espíritu tuvo un origen y, a pesar de las intenciones del sacerdote y de la novicia por exterminarlo, no sucederá tan fácilmente y hará que 20 años más tarde (al inicio de El conjuro) se explique la permanencia y la amenaza del personaje que, si tenemos suerte, deberá aparecer en el siguiente “episodio” de El conjuro 3 o tal vez a La monja 2 (si se considera el gran éxito taquillero obtenido ahora en su estreno global.

         La monja destaca por su atmósfera de horror contenido. El realizador Hardy nos ofreció Los hijos del diablo (The Hallow, 2015) donde una pareja se mudaba a los bosques irlandeses para luchar contra criaturas que defendían sus lares como una forma de protección contra la depredación ecológica, solicitando un sacrificio. El estilo de mostrar usualmente la amenaza y luego, la consecuencia, denota ligereza y efectividad. En este caso, Hardy está permitiendo al espectador que sea testigo de la manifestación del demonio con sus resultados (el suicidio de la monja, el entierro inesperado de Burke, el ritual de Irene) para alcanzar su permanencia: así se ha ido deshaciendo de las monjas del convento sin encontrar a la propicia para hallar a la que pueda poseer e inmortalizarse: hay una manera de eliminar al demonio que tiene que ver con la sangre de Cristo. Cuando todo ha fallado, al menos tiene la opción de alcanzar otra oportunidad a través de Frenchy y cultivarse con el tiempo. Y esto nos lleva a un epílogo cuyo desenlace ocurrirá al inicio de la serie, a ese principio de los años setenta, para que todo quede redondeado nuevamente: es la gran cualidad del productor Wan que siempre explica, justifica, deja en claro que la maldad es omnipresente (una constante del género: las diferencias residen en las formas de presentarlo), que puede lucharse contra ella, que se piense eliminarla, aunque siempre quedarán vestigios, pedazos, semillas para germinar (de ahí la inteligencia para haber seleccionado al director adecuado: fíjese en la escena de las campanillas en las tumbas o el momento en que Irene se encuentra en medio de las hermanas que repentinamente son arrastradas a las columnas para ser tatuada a latigazos: espléndida fotografía del belga Maxime Alexandre, especialista en el género). El cine de terror contemporáneo es la mejor metáfora para entender al mundo en que vivimos donde cada día los horrores y los absurdos  son más incomprensibles y sorprendentes pero superiores al día anterior: el objetivo de La monja y del cine dirigido o producido por Wan…

sábado, 8 de septiembre de 2018

LA COMEDIA DE ENREDOS



DOS TIPOS DE CUIDADO
1952. Dir. Ismael Rodríguez.



         Un prólogo nos muestra que los rancheros Jorge Bueno y Pedro Malo (Pedro Infante) son amigos desde la infancia. Pedro es novio de Maruca (Yolanda Varela), hermana de Jorge, mientras que éste corteja a la prima de Pedro, Rosario (Carmelita González). Pasa un año y sorpresivamente nos damos cuenta que Pedro se ha casado con Rosario ante la justificada ira de Jorge quien se había ido del lugar por ese tiempo. Ahora ha regresado y comienzan las rivalidades entre ellos ya que Jorge se siente traicionado. La trama continuará con enredos y malentendidos que tendrán al espectador divertido y preguntándose qué motivó los hechos repentinos. Jorge humillará a Pedro y éste le responderá con otras consecuencias hasta que tenga que surgir la verdad.

Yolanda Varela y Pedro Infante
Carmelita González
         Exhibida en una copia nítida y restaurada, la comedia no ha perdido su gracia y vigencia, a pesar de los años. Mucho tiene que ver el carisma y la simpatía de Pedro Infante que contrasta con la soberbia y seriedad de su antagonista, aunque, sobre todo, está la calidad de un guion sólido que, según su realizador, tardó dos años en quedar resuelto. Con todos los ingredientes que eran necesarios para la época: las canciones obligadas, porque eso esperaban los públicos (nacionales e internacionales: no olvidemos que todavía México tenía fuertes mercados extranjeros), al tener a sus ídolos cantantes de la única manera posible (la televisión era incipiente en México pero todavía no se implementaba en muchos países). Por otro lado, estaban los enredos del género, los intereses románticos y las confrontaciones entre galanes o rivales.

Las parejas bailan y cantan "Mía",
uno de los momentos entrañables
         Sin embargo, esta cinta destaca por la inteligencia de su realizador, quien fuera niño prodigio del cine (debutó a los 25 años en la dirección fílmica). Miembro de una dinastía cinematográfica (inventores del sistema de sonido primitivo en nuestro cine sonoro), supo escoger sus tramas y entender perfectamente cuáles eran sus inquietudes personales para expresar a través del cine. Ismael Rodríguez supo dominar al cine popular e identificar los elementos que podrían atrapar a los seres humanos a través de su sensibilidad (o sensiblería, para muchos) y su capacidad de asombro (o truculencias, para otros). Su sentido comercial permitió grandes logros y supo explotar las personalidades de sus intérpretes. Sabía muy bien que en esta película era necesario continuar con el atractivo y la simpatía de Pedro, así como la arrogancia de su contraparte: esta oposición mediaría ante el gusto de espectadores admiradores de cada una de las estrellas. Pedro: vulnerable, paciente, aventado y consciente. Su rival: arrogante, con cierta antipatía y en el plan de prepotente. Cualidades o defectos usuales en las personas reales que enaltecieron a los personajes logrando esa magnífica representación. La mejor secuencia que lo comprueba ocurre cuando se cantan las coplas, bastante ingeniosas (que se deben a la agudeza de su creador Pedro de Urdimalas, quien fuera colaborador previo del director).

Una ingeniosa composición fotográfica
         Por otro lado está el discurso machista que, ahora, resulta “políticamente incorrecto” al mostrarse las actitudes establecidas para cada género: de manera abierta se habla de la tolerancia que debe tener la mujer ante el comportamiento del hombre. A pesar de cortejar a una muchacha, el macho puede invitar a otra si aquella no le acompaña a una fiesta, por ejemplo, y la respetaría más si ya fuera su novia. Aunque todo terminará por aclararse, cada galán lleva serenata a las mujeres opuestas. A pesar del enojo aparente de las mujeres, se sienten halagadas. La sumisión es mayor porque están rendidas por el amor, aunque una de ellas sea más rebelde (Maruca golpea a Pedro pero éste lo tolera porque es hermana de su amigo). Y siempre está presente el sentimiento del lazo masculino (se menciona el dolor de perder a un amigo que no es lo mismo si fuera la traición de una mujer).

Pedro Infante: simpatía y carisma
         Todo lo anterior se borra ante la gracia de una trama muy bien estructurada. La fotografía de Ignacio Torres (otro cinematografista que requiere revaloración) es bella y las composiciones visuales, apoyadas por una edición rápida, ayudan al ritmo perfecto. Se comprueba la maestría de los realizadores pioneros en el cine mexicano. Lo que antes eran los conceptos de “churros” o “películas de aliento”, por completo contrastantes, han borrado sus líneas divisorias y ahora son arcaísmos.
Ismael Rodríguez dirigiendo a sus estrellas

viernes, 7 de septiembre de 2018

GRISES Y CLAROSCUROS


EL SILENCIO
(Tystnaden)
1963. Dir. Ingmar Bergman.



         Dos hermanas: la voluptuosa Gunnel Lindblom exaltando su carnalidad como Anna y la fría e intelectual Ingrid Thulin en equivalencia con mente. cerebro e inteligencia como Ester, viajan por tren junto con el pequeño Johan (Jörgen Lindström), hijo de la primera, a un ficticio país de la Europa Central que se encuentra al borde de la guerra, ya que hay tanques militares por las calles. Su relación es tirante, según se nota en la actitud de Anna, y todo explotará en el par de días que pasen en el cuarto de hotel de la inexisente ciudad de Timoka donde se habla un extraño idioma que ni siquiera la traductora Ester conoce , fuera de unas palabras. Ester, además, se encuentra enferma. Anna, por su parte, sufre del calor que impera, se baña, duerme con ventilador. Dentro y fuera de esta habitación, el pequeño Johan tomará una siesta o dibujará para matar el rato antes de deambular por los pasillos del hotel, donde tendrá un inesperado encuentro con un grupo artístico conformado por siete enanos españoles, compartirá un chocolate con el camarero del piso (Häkan Jahnberg) que come y está alerta de los requerimientos de los huéspedes dentro de un mínimo cuartucho, además de mostrarle unas extrañas fotos familiares de infancia al lado del ataúd de un pariente. Anna saldrá a pasear: entrará a un bar donde un mesero (Birger Malmsten) flirteará con ella, será espectadora de una pareja que hace el amor abiertamente para finalmente caer en los brazos del hombre. Ester tendrá una confrontación con su hermana donde surgen rivalidades del pasado, pequeños enconos, hartazgo de Anna por los juicios de Ester que darán lugar a una crisis respiratoria en ésta y el abandono de Anna, quien parte junto con su hijo dejándola sola.


         Como parte de la trilogía de la pérdida de fe, el silencio de Dios, la dificultad de la comunicación humana, El silencio confirma y se erige, cincuenta y cinco años después de su estreno, en obra maestra que refleja la ausencia de compasión así como el contraste entre cuerpo y alma (carne y espíritu) que se contraponen, discuten y cada cual sigue sus características y naturalezas. El cuento moral entra en otra dimensión: el bien y el mal ya no son maniqueos: es una lucha de grises y claroscuros. Hay un testigo inocente que se mueve entre los dos polos y que tendrá el albedrío para seleccionar el camino a seguir, aunque eso ya quedará en el imaginario del público una vez que la cinta termina. El pequeño Johan, dentro de su pureza, viene a catalizar el estallido emocional que pondrá al descubierto la ira contenida, el reclamo reprimido. El hecho de que Bergman instale a sus personajes en un país ficticio con lengua desconocida habla de este silencio funcional, aparte de romper el silencio amargo para luego retornar a la soledad.


         El maestro Bergman ya se encontraba en una etapa evolucionada en su discurso. Luego de una comedia sobre la deliciosa infidelidad, las alegorías medievales o las reflexiones sobre la muerte, entraba de lleno en las relaciones interpersonales: el infierno de dos. A través de un espejo oscuro (1961) y Luz de invierno (también conocida como Los comulgantes, 1963), Bergman se interesó por estos ámbitos de la pareja con sus limitantes y contradicciones, sus odios y sus amores, que alcanzará el punto álgido en Persona (1966) y sus siguientes películas.


         El silencio significó también el escándalo. Para su tiempo, la cinta era bastante audaz al presentar una masturbación femenina, una pareja que hacía el amor, mujeres con pechos desnudos, posiciones muy eróticas, que para los ojos del siglo XXI (cuando tenemos producciones profesionales con escenas sexualmente explícitas y la pornografía instantánea a través de un click de computadora) resultan momentos ridículos pero que en ese año provocó censuras en algunos países y prohibiciones en otros, como fue el caso con México. La película se pudo exhibir a través de cineclubes, en copias de 16 mm, hasta ya entrado el sexenio del echeverriato. Es ahora que se está proyectando en salas comerciales, debido a la celebración del centenario de Bergman, que ha sido posible disfrutarla en copia restaurada y completa. Pero…


         Sin embargo, fuera de este placer personal que ahora comparto, se comprueba algo que es evidente para esta líquida modernidad: a nadie le importa. Según va pasando el tiempo, se está agotando la generación de los baby boomers que crecimos con la televisión primitiva, en blanco y negro, y fuimos cinéfilos de pantalla grande, con todas las limitaciones de distribución y censura. En la actualidad, al disponerse de tecnología que permite acceder al cine del pasado, de manera discriminatoria, aleatoria y entrópica, por teléfonos, laptops, tablets, etc..., es bastante relativa la exhibición en “pantalla grande”. Los nuevos y jóvenes cinéfilos que se interesan por las películas del pasado las “bajan” del internet. Usualmente están dobladas al español, en copias infames, que miran a través de su accesorio porque ya no se usan las reproductoras de vídeos. No poseen una sistematización histórica ni cronológica ni tienen idea de las constantes cinematográficas, ideológicas, temáticas, de directores. Carecen de los datos que solamente consiguen a través de Wikipedia y se vuelven repetidores de frases y estereotipos de otros jóvenes o influencers cuyo bagaje y conocimiento resulta ser el mismo de ellos, con dudosas referencias. Por supuesto que estoy generalizando, pero las excepciones, por desgracia, son pocas. El público actual consume “lo nuevo” con una rapidez que no permite la reflexión ni la permanencia. La crítica no es tomada en cuenta (porque se ha vulgarizado) y se confunde con estrellitas o una respuesta de sí o no, sin mayores implicaciones.


         E insisto con la paradójica frase de “a nadie le importa” ya no solamente con el espectador, sino con el propio distribuidor. Al menos se proyectan las películas de Bergman en un ciclo retrospectivo, pero están en dos salas, los sábados y domingos ¡a las once de la mañana! Además, hay otra exhibición que se agradece, más razonable, los jueves a las 8 de la noche. Mi experiencia con Persona fue un jueves donde solamente estuvo una pareja aparte de quien esto escribe. Mi siguiente ocasión con El silencio ya fueron dos parejas y otro ser solitario, por lo que de tres pasamos a seis espectadores: ¡doblamos la asistencia! En una sala de 300 butacas pasamos del 0.01% al 0.02%. A nadie le importa, pero al menos se exhiben ya que somos ciudad “importante”, valga la redundancia.

Para quienes tengan interés:
En Cineteca Nuevo León se logró que pudieran pasarse estos títulos con las limitaciones que el propio espacio tiene por estar dentro de Parque Fundidora y en horarios que les dan otras oportunidades relativas a estas excelentes copias. Consulte la cartelera en www.conarte.org.mx

miércoles, 5 de septiembre de 2018

LA ACCIÓN IRRESISTIBLE


MILLA 22: EL ESCAPE
(Mile 22)
2018. Dir. Peter Berg.



         Durante los créditos de esta vigorosa película nos vamos enterando de las características físicas y psicológicas de James Silva (Mark Wahlberg) quien fuera hiperactivo, impulsivo, excelente militar al grado de alcanzar un estado  mánico-depresivo. Previamente hemos sido testigos de una misión donde la CIA, a través de un programa denominado Overwatch (tan sofisticado que todo lo maneja desde satélites que se introducen hasta los esqueletos de una casa) pudo eliminar a espías rusos. Silva, en un momento límite, mata a un jovencito que estaba dentro del predio. Pasan 16 meses y la acción pasa a un país imaginario en el sureste asiático. Se andan buscando cinco contenedores de Cesio-139, polvo radiactivo que puede exterminar fácilmente a poblaciones enteras. Llega un ex policía, Li Noor (el indonesio Iko Uwais), buscado por su propio país, que busca asilo en la embajada norteamericana a cambio de dar información sobre el lugar donde se encuentra este peligroso material. No obstante, todo lo tiene encriptado en un disco que se autodestruirá en cierto tiempo. Para dar la contraseña exige que lo trasladen a Estados Unidos. Aquí inicia toda una odisea para que Noor sea transportado hasta el avión que lo llevará al exilio. 
Mark Wahlberg en su
cuarta cinta con el realizador Berg

         Con ecos de otras cintas semejantes donde deben saltarse obstáculos para que una persona requerida por ser criminal (El tren de las 3:10 a Yuma, Daves 1957), objeto de esperanza (Niños del hombre, Cuarón 2006) o mero testigo de cargo (16 calles, Donner 2006), llegue a su destino para que se cumpla la justicia, en esta variante se tiene a un personaje que ofrece suspicacias por las condiciones chantajistas, pero debe ser apoyado por cuestiones de seguridad mundial. Este es el motivo por el cual debe volver a intervenir Overwatch cuya razón de ser se equipara con las acciones de la saga de Misión imposible donde el gobierno se desliga de responsabilidades debido a que se salta todas las convenciones legales para acceder a sus intervenciones sobre las soberanías nacionales o los derechos individuales.

Lauren Cohan,
la implacable Alice

         Es interesante el estilo narrativo donde el personaje de James se exalta, expresa sus inseguridades o enojos, alargando y matizando los momentos de acción. Nos lleva al complemento de la personalidad de Silva quien resulta ser el más redondo de los seres que pueblan esta ficción (aunque lo mismo puede decirse de la implacable agente Alice, interpretada por la actriz Lauren Cohan de la famosa serie The Walking Dead, cuya vida personal la lleva a una encrucijada emocional: sacrificar su deber maternal por servir a su patria). Otra curiosidad es que se pone en jaque a la esperada hegemonía norteamericana: todo el discurso implica la revolución y el avance tecnológico más refinado, pero en esta ocasión, en esos afortunados giros narrativos, el espectador logra sorprenderse.

Iko Uwais, toda una revelación

         La acción no da tregua: hay destrucción constante y acechanzas en cada esquina. Aún dentro de la embajada suceden enfrentamientos súbitos e imprevistos que ofrecen otra visión de vulnerabilidad que llegará a su pico máximo al término de la película. Debe destacarse el excelente ritmo: la cinta dura apenas 90 minutos y así pasan rápidamente para el espectador al cual no se le da tiempo de respiro. Y se destaca la personalidad y magnetismo de Iko Uwais, anteriormente doble de cine, actor en algunas cintas, pero cuya presencia se impone: uno no puede dejar de admirarlo. Viene a representar lo que sucede con la película entera: parece común y corriente pero termina siendo irresistible.

El director Peter Berg,
especialista en cine de acción


          

lunes, 3 de septiembre de 2018

EL MONOPOLIO DEL DOLOR


EL INSULTO
(Qadiat raqm 23 /L’insulte)
2017. Dir. Ziad Doueiri.


         Cuando el capataz palestino Yasser, refugiado en Beirut, arregla un drenaje ilegal en la casa del cristiano libanés Toni, éste lo destruye provocando que el palestino le responda “maldito idiota”. Ante esta situación, Toni exige una disculpa a lo cual Yasser se niega porque piensa tener la razón. Cuando finalmente, convocado por su jefe, Yasser va al taller de Toni para solicitar perdón, sin poder expresar palabra, el libanés le dice “ojalá Sharon hubiera acabado con todos los palestinos” provocando la ira de Yasser quien lo golpea rompiéndole dos costillas. Esto da pie a que Toni vaya al hospital pero siga alimentando su ira. Al no obedecer órdenes médicas, se desmaya en su taller ante lo cual su esposa, embarazada, da a luz una niña prematura. Toni decide demandar a Yasser con el apoyo de un astuto abogado. A Yasser no le quedará más que aceptar la ayuda de una abogada que se ofrece a defenderlo.

Kamel El Basha como el personaje palestino

         A partir de una situación donde quedan evidentes los odios étnicos debidos a una historia de guerras crueles y criminales, el realizador Doueiri nos enfrenta a dos seres lastimados que se aferran a sus propias situaciones, más que nada a sus dignidades. La cinta se torna, entonces, en una serie de confrontaciones que serán subrayadas por los respectivos abogados con una curiosa serie de argumentos que resultan, en ocasiones, extremos y fuera de lugar para nuestra sensibilidad occidental. La frase que más se distingue es que “nadie tiene el monopolio del sufrimiento” cuando se van conociendo experiencias y circunstancias de cada personaje marcados por los conflictos bélicos. En Líbano se prohíbe a sus ciudadanos que pisen suelo israelita. Por otro lado, no se olvida al Septiembre Negro criminal.

Adel Karam como el personaje cristiano libanés

         El realizador Doueiri acepta que su cinta no es trágica ni busca crear polémica, sino enfatizar sobre acciones que la mayoría de los habitantes de Medio Oriente han experimentado. No puede darse “vuelta a la hoja” de manera tan sencilla. El dolor está presente ante la pérdida de seres queridos o la pérdida de facultades por la lucha. La trama de la película viene a ser una metáfora particular con el deseo de eliminar el fanatismo y buscar el respeto que todo ser humano merece. El reparto es preciso: el actor Adel Karam interpreta a Toni y es perfectamente detestable desde el inicio por su actitud prepotente y despreciativa hacia el palestino: paulatinamente irá cambiando lo mismo que la vida que le rodea. Por su parte, Kamel El Basha, como el palestino, es un ser digno cuya responsabilidad profesional se erige contra su antagonista hasta que la actitud le hace reaccionar.

Un juicio que alcanza difusión nacional

         Hay un momento donde ambos se encuentran por motivos que el espectador descubrirá. Yasser tiene problema con su automóvil. Toni se da cuenta y le ayuda para que arranque el motor. Es un mínimo toque donde ambos se dan cuenta de las posibilidades de convivencia pacífica, a través de lo que puede verse como una contradicción. Se le ha criticado a la película de ligera porque no presenta una “solución” ni establece un “mensaje”. No es necesario ya que el objetivo es enaltecer el honor humano y la cortesía que se merece cualquiera. Una película ejemplar.

El realizador Ziad Doueiri entre
sus dos actores de excelencia

domingo, 2 de septiembre de 2018

EL CICLO DE LA VIOLENCIA


MENTE REVÓLVER
2017. Dir. Alejandro Ramírez Corona.




         Ocurre en un mundo imaginario donde Mario Aburto (Baltimore Beltrán), el supuesto asesino de Luis Donaldo Colosio, sale libre por buena conducta luego de veinte años de condena, de una cárcel en Tijuana; además, hay una pepenadora en Los Ángeles que se llama Jenny (Bella Merlin) quien encuentra un revólver en la basura. Y de vuelta en Tijuana, el joven Chicali (Hoze Meléndez) es despedido de su trabajo, por lo que entra a la academia de policía ya que tiene que mantener a su abuela enferma. Aburto encuentra trabajo en una maquiladora pero no logra hallar a su familia. Jenny viaja a Tijuana para vender el revólver a un tipo que le propone que acarree droga a Estados Unidos. Chicali se torna héroe al matar a dos asaltantes en un supermercado por lo que es reclutado por la delincuencia para que sea matón a sueldo.


El excelente Hoze Meléndez se ha consolidado
como excelente actor ("Almacendos" o "Sueño en otro idioma")

         La película nos mostrará a estos tres personajes en sus vidas alternas. Mario en busca de un afecto ya perdido y sobreviviendo en libertad, bajo rutina, aunque luego recibirá una amenaza por la simple razón de que siga vivo. Chicali recibirá sus órdenes a través del celular, cumpliendo con sus encargos, batallando con su responsabilidad familiar. Jenny tendrá que aceptar el transporte de droga por cuestiones de dinero si es que ya no quiere seguir con las condiciones infrahumanas de su existencia. La película está situada en una de las zonas más representativas de la violencia: ahí fue el asesinato de Colosio y nunca sabremos con certeza la verdad de este crimen. Droga y muerte son elementos naturales y cotidianos: fuera de ellos podrá haber una distracción al tocar en un grupo musical, como lo hace Chicali; o tener el acostón con una potable prostituta para creer en el espejismo del amor; o pasar unas noches en hotel, con agua y cama limpia para la miserable Jenny.


Baltimore Beltrán es toda una revelación aunque
ya lleva tiempo en el medio ("Rabioso sol, rabioso cielo")

         Sin embargo, la realidad está presente: un ciclo de violencia que nunca termina. Así como Jenny encuentra una pistola en el basurero, así se repetirá el hecho como espejo reflejante en las diversas etapas de este ciclo: otra pistola será desechada en otro bote de basura. Igual que Chicali quien se torna en presa fácil del crimen al demostrar sus cualidades heroicas, así se tienen tantas buenas intenciones que se corrompen porque son la vía fácil para conseguir objetivos y recursos personales: un buen policía no puede seguir bajo esa condición, es impensable. Una visión pesimista de un mundo que, por desgracia, no presenta soluciones, ni parece que tiene retroceso, vuelta atrás. El mismo hecho del crimen de Colosio fue el anuncio de la instalación del cinismo y la impunidad. De ahí la genialidad de utilizar al personaje de Aburto, imaginado, como gran ejemplo de que todo se repite, que la maldad está instalada en posición favorable e inviolable a la cual no se puede derrotar.

Bella Merlin es maestra y teórica de teatro 
en universidades de California

lunes, 27 de agosto de 2018

MUÑECOS PROCACES


 ¿QUIÉN MATÓ A LOS PUPPETS?
(The Happytime Murders)
2018. Dir. Brian Henson.



         En un Los Ángeles distópico conviven Puppets (marionetas de peluche) y seres humanos. Estos últimos desprecian a los primeros y existe cierto racismo generalizado. El investigador privado Phil Philips (voz de Bill Barretta, genial) empezará a investigar los asesinatos paulatinos del elenco de un viejo programa de televisión junto con su antigua compañera que era su pareja mientras fue el primer y único policía puppet en la ciudad, hasta que cayó en desgracia. Al mismo tiempo, recibe la visita de una mujer que le pide investigar un chantaje del cual está siendo víctima. Todo se irá concatenando, además de revelarse secretos del pasado.



         Dirigida por el hijo de Jim Henson, creador de los popularísimos Muppets, tenemos una película que va más adelante en audacia. Sin utilizar a los personajes inocentes de la serie original, la cinta nos cuenta una trama de cine negro, con muñecos y seres humanos que abusan de las palabrotas, del consumo de drogas y de las perversiones sexuales. Lo mejor de todo es que dentro de su vulgaridad, logra convencer por la gracia de sus actores humanos y la perfecta contraparte de villanos y seres negativos a través de los muñecos. Es chocante para el espectador no informado de lo que va a ver y de ahí, tal vez, la incomprensión con la cual ha sido recibida. Al no ser una cinta para niños se ha podido disfrutar sin doblaje, con las voces originales: su carga irónica es extrema y uno no puede más que soltar la carcajada… si se tiene idea de los antecedentes fílmicos.


         Y es que la trama nos lleva a Sam Spade de El halcón maltés, con investigador endurecido y secretaria avezada en los negocios de su jefe, aunque puesto al día y sin censura. Nos muestran tiendas de sexo y cabarets de bailarinas de tubo. Hay relaciones sexuales extremas y el vocabulario con groserías peca de excesivo. Si a esto se le añade a Melissa McCarthy, como la compañera policial, con su enorme carisma que se impone siempre, aún en sus peores películas, estamos ante una cinta bastante heterodoxa e iconoclasta pero plena de gracia. No es posible contar más sin revelar situaciones sorpresa, pero las descripciones no podrán jamás igualar a las imágenes.


         La idea no es nueva: ya se había producido una comedia musical en Broadway, que luego fue traducida e interpretada en otros países, donde los actores utilizaban a estos muñecos para seguir la acción, con vulgaridades en libreto y canciones. A nivel de caricaturas animadas, los antecedentes pornográficos o audaces se pierden en la noche del pasado. Es refrescante ver esta cinta que, de todas maneras, es otro paso adelante en la ruptura de tabúes o zonas de respeto. Uno tendrá sus restricciones ante la falta de respeto que ahora es rampante en todo el mundo, pero es otro reflejo de la realidad. ¡Y uno se divierte mucho!


viernes, 24 de agosto de 2018

UNA DECLARACIÓN DE FE



LOS ADIOSES
2017. Dir. Natalia Beristáin.


 
Ser de río sin peces, esto he sido.
Y revestida voy de espuma y hielo.
Ahogado y roto llevo todo el cielo
y el árbol se me entrega malherido.



En inglés la cinta se llama "The Eternal Feminine" 
como una de las obras de Rosario Castellanos




         Las Cartas a Ricardo publicadas de manera póstuma contribuyeron a magnificar la importancia de Rosario Castellanos como gran figura de las letras mexicanas en la segunda mitad del siglo XX. Una correspondencia iniciada desde la juventud en 1950 para terminar diecisiete años más tarde donde la mujer era la que se desbordaba en su expresión para recibir a cambio unas cuantas por parte del hombre. La riqueza de estas cartas es el valor literario: a través de confidencias, inquietudes, reflexiones, se tornan indirectamente en otra novela que refleja a un ser humano seguro de sí mismo, en lucha por conseguir el respeto como mujer. Falta subrayar que las cartas fueron dirigidas a Ricardo Guerra Tejada quien fuera su cortejante, posteriormente su marido.



         La película Los adioses no es una biografía fílmica per se, sino que toma elementos de la relación de pareja entre Rosario y Ricardo para analizar a una mujer inquieta por su situación, precursora feminista, exigente de sus derechos para eliminar los estereotipos del pasado. Natalia Beristáin dirige una película donde el icono Castellanos se erige como símbolo de un discurso femenino. Una mujer lúcida e inteligente, reflexiva y autorreflexiva, que bien podría ser cualesquiera, se refuerza mejor si la referencia es un personaje importante, destacado y trascendente.


Tessa Ia y Karina Gidi, soberbias

         Entre el pasado y presente se van narrando las relaciones impetuosas entre el joven Ricardo (Pedro de Tavira, bastante desagradable) y la joven Rosario (Tessa Ia, una de las mejores actrices emergentes del cine nacional), para compararlas con las relaciones tempestuosas del matrimonio entre el filósofo Guerra (Daniel Giménez Cacho en su enésima repetición como él mismo) y la maestra Castellanos (Karina Gidi, ganadora justísima de su Ariel por este papel, gran actriz versátil). Luego de sus amoríos, Guerra se casó con otra mujer, luego se divorció y busco a Rosario con la cual procrearon un hijo. Beristáin narra la rivalidad entre esposos debida a la mentalidad machista del hombre, y como quien no quiere la cosa, los celos debidos a la creatividad infinita, el triunfo de la escritora que fluía, la maestra que destacaba y la funcionaria que brillaba.


         El estilo de la cinta nos remite al cine de la Nueva Ola Francesa. Imágenes al estilo de Godard (Una mujer casada) o Resnais (Hiroshima mon amour) que muestran cuerpos entrelazados de manera fragmentada: piernas entrelazadas, manos que acarician espaldas, ojos, cuellos. O los rostros partidos por la mitad en el extremo del encuadre de la pantalla panorámica. O la hermosísima toma de una joven Rosario sentada, mientras lee, rodeada por estanterías plenas de libros. Formalmente bella, visualmente magnética, la cinta complementa su buena recreación de época (vestuario, escenografía, edificios) que tanto ocurre en las décadas representadas. Hay actores incidentales que son magníficos (Haydeé Boetto, Luis Eduardo Yee, David Gaitán, entre otros) como reparto coral de gran nivel.


         Las referencias a poemas, fragmentos de prosa o conferencias, acercan al espectador entre el discurso que ata una acción y la realidad cotidiana, de lucha, que vivía el personaje – símbolo: se cumple la función de panorama de un tiempo que da lugar a que el espectador compare el cambio que ha tenido, en muchos aspectos, la condición femenina (sigue faltando justicia; se requiere erradicar la violencia), que no pudiera haber sucedido sin mujeres combatientes desde sus trincheras (valga el lugar común) como Rosario Castellanos. 

Rosario Castellanos (1925 - 1974)
Natalia Beristáin