martes, 27 de abril de 2021

NADIE SÍ ES PERFECTO

 

NADIE
(Nobody)
2021. Dir. Ilya Naishuller.

         Fuera de todo realismo y toda lógica, dentro de la categoría de cintas como Búsqueda implacable, Otro día para matar, la saga de Rápidos y furiosos  o la reciente entrega de Rambo, estamos ante una cinta que posee ritmo, gracia y personaje cautivador. Cualquier objeción vendrá de quienes no aprecian al cine como lugar de catarsis o proyección de deseos reprimidos contra toda instancia de abuso o prepotencia. Nadie narra el resurgimiento de Hutch Mansell (Bob Odenkirk) hacia su propia naturaleza. Un tipo manso, un “don Nadie” que resulta ser un lobo con piel de oveja. Una noche su casa es invadida por una pareja de asaltantes. Aunque tiene la oportunidad de defenderse y golpear a uno de ellos, prefiere contenerse, aunque eso le deje mala impresión a su hijo adolescente y cierto rechazo por parte de su esposa, aparte de las burlas de su suegro y cuñado, para los cuales trabaja como contador en una compañía que maneja diversos metales. No obstante, al enterarse de que los ladrones se apropiaron de un brazalete de su hija pequeña, quien lo admira de manera incondicional, se despierta una fiera dormida. Antes, su hijo le ha pedido una entrevista para un trabajo escolar donde debe narrar las experiencias de un familiar en el ejército: el padre le responde que solamente fue “auditor”, por lo que la decepción del hijo es todavía mayor.

         Lo que se desconoce es que un “auditor” era un asesino oficial, el encargado de eliminar a todos los delincuentes y personas non gratas en diversas misiones para el gobierno, por lo que su identidad es ultrasecreta. Hutch había decidido renunciar a todo aquello para formar su propia familia cayendo en la rutina cotidiana, con tal de disfrutar de sus seres queridos. Ahora, está a punto de perder su confianza, por lo que debe de tomar una decisión. El brazalete debe ser recuperado: unos tatuajes en la muñeca de uno de los asaltantes es la clave para encontrarlos, pero eso lo coloca en un camino donde ya no habrá retorno. Un enfrentamiento. La ira de la mafia rusa. La necesidad de recrear la vida anterior, revitalizar a un padre retirado, exoficial del FBI, además de otro ser cuya identidad se revelará hasta el final.

         Nadie utiliza la calma y el sosiego como detonadores de violencia que se justificará en términos de justicia. El tema de la familia, a la cual se deberá de proteger contra cualquier obstáculo, hará que se derriben las barreras morales y los escrúpulos personales. Lo que acerca más al espectador a esta trama rica en humor e ironía, y mucha aspereza, es esa presencia plácida de un ser que, en apariencia, “no rompe un plato”, pero que se transformará radicalmente para defender lo suyo. Hutch es la persona de la que menos esperarías una reacción violenta, pero quien, contrariamente a cualquier personaje cínico, muestra seguridad y entereza para enfrentar al enemigo. Fuera de la rudeza de trato cuando se encuentra inflamado de enojo, está un sentimiento interior que le ablanda. Mucho tiene que ver el guion compacto (apenas 90 minutos), equilibrado (al inicio, se muestra la rutina sin cambios de Hutch), extremo (una vez que inicia la acción, ya no puede detenerse), bien realizado y actuado por un reparto que se encuentra medido y preciso. Canciones del pasado sirven como coro griego que comenta consecuencias o realidades (“I gotta be me” –“tengo que ser yo” se escucha cuando Hutch debe tomar una decisión violenta; “Don’t Let Me Be Misunderstood” – “no me mal entiendas” cuando no reacciona inicialmente; el concierto de piano de Tchaikovski se escucha cuando entran en escena los rusos; y así, inteligentemente se suceden otras melodías). Y no hay mejor recompensa que efectuar una venganza, cumplir con la justicia, y salir con un Van Gogh bajo el brazo.

UN INTELIGENTE PÁJARO

 

UN MILAGRO INESPERADO
(Penguin Bloom)
2020. Dir. Glendyn Ivin.

         Basada en hechos de la vida real, tenemos la historia de Sam Bloom (Naomi Watts), madre de tres hijos pequeños, cuya vida con su marido fotógrafo, Cam (Andrew Lincoln) era perfecta, en su casa frente a la playa australiana. En unas vacaciones a Tailandia, Sam se apoyó sobre un barandal que cedió, provocando una caída que la dejó paralizada. Así, inició un período de depresión. Cierto día, uno de sus hijos trajo a casa a una urraca que estaba herida, con problemas en un ala. Aunque al inicio Sam no le prestaba atención, luego se fue convirtiendo en una de sus preocupaciones. Hay que aclarar que en Australia existe una variedad de urraca, distinta a la común, negra, que vemos todos los días aquí en México. Esta especie se considera superior e inteligente ante sus reacciones hacia el exterior.

         Estamos ante otro retrato de perseverancia y resiliencia, aunque la cinta se enfoca en el proceso inicial de rechazo y frustración, además del sentimiento de culpa por parte de uno de los niños. La metáfora es obvia y es innegable que habrá una conclusión satisfactoria dentro de lo razonable. Naomi Watts, camaleónica, que tanto pasa de Lynch y Cronenberg hasta las cintas más comerciales, es el principal punto de atracción en lo que sería una cinta más adecuada para los espectadores promedio de Netflix o el canal Lifetime (de hecho, Netflix la está distribuyendo en Europa y Estados Unidos: hace mucho que se pudo ver por plataformas). Debe de destacarse que el conjunto actoral, entre ellos los pequeños actores, cumple con creces. Es admirable y destacado el trabajo que se hizo con las aves utilizadas para encarnar a “Penguin” (así llamada la urraca, porque al estar herida, solamente saltaba como pequeño pingüino). Es el retrato de una familia que acoge a seres lastimados para unir energías y salir adelante.

         Lo que sucede es doloroso y nadie lo puede desear. El proceso de sanación es fuera de lo común y eso es lo que se vio como gancho comercial. En estos tiempos de tristeza y baja moral, cualquier indicio de esperanza, en diversas circunstancias, es bienvenido. Quizás eso sea lo que pueda darle oportunidad a lo que viene siendo otra cinta de casos inusuales de la vida real para que el espectador se sienta bien. Extrañamente, al terminar, se olvida: será porque no hay urracas heridas e inteligentes al alcance de nuestra mano.

UN PUNTO DE PARTIDA CANINO

 

MI PERRO TONTO
(Mon chien stupide)
2019. Dir. Yvan Attal.

         Henri (Yvan Attal) es un escritor que tuvo un éxito literario hace veinticinco años, lo que le permitió tener muchas comodidades, como la enorme casa donde vive ahora junto con su mujer y cuatro hijos. Desde entonces, solamente ha podido publicar novelas sin importancia y guiones de películas de baja calidad. Culpa a su familia porque las responsabilidades le han evitado tener la tranquilidad de años atrás cuando, en Roma, pudo producir su gran creación. Todos los hijos viven en casa: el mayor no hace nada y pasa el tiempo inmerso en las drogas. La hija, igualmente, tiene novio y solamente exige dinero. Uno de los hijos menores le gusta surfear y desea continuar con el deporte en su vida. El otro es brillante, pero su activismo social lo mete en problemas. Una noche encuentra en su jardín a un enorme perro gris, babeante y apestoso que toma posesión de la casa. Le nombra “Estúpido” y lo adopta contra las quejas de su mujer. La llegada del perro será el inicio de una transformación completa en su cotidianidad: los hijos se irán alejando, la esposa lo abandonará, para que su soledad sea la mejor consejera.

         Basándose en una novela del norteamericano John Fante (1909 – 1983), publicada póstumamente en 1986, estamos ante una deliciosa representación del proceso creativo. Es el cínico sentido del humor que Attal explota en su personaje, lo que le da mayores fundamentos a lo que sería otra comedia de rupturas familiares. Henri toma de manera casual, pero objetiva, la partida de cada uno de sus hijos. Entiende que la rutina les ha enfrascado en disputas y dependencias que no les ha permitido crecer. Además, su constante queja del bloqueo en su inventiva e imaginación, soportan indirectamente la aceptación de la desbandada. De la misma manera, el amor que siente hacia su mujer, se ha debilitado por su falta de solidaridad.

         Cada hijo es un caso especial. La dependencia en las drogas o los proyectos fallidos. Las relaciones sentimentales tortuosas. Uno que se aprovecha de la madre, también con estudios literarios, para que le escriba ensayos que son mal calificados por evidente fraude. El más brillante es el más preocupado socialmente por lo que su activismo le lleva a juicio y cárcel temporal. Cuando la esposa decide también dejar al marido, no queda más que el perro, elemento que servirá para que el escritor realice una introspección, examine su vida previa y presente, para que todos esos elementos permitan que termine el bloqueo. Al final del día, cada uno de los integrantes de esta familia habrán encontrado un camino para su satisfacción individual.

sábado, 3 de abril de 2021

UNA CINTA DEL OESTE EN 2257

 

CAOS: EL INICIO
(Chaos Walking)
2021. Dir. Doug Liman.

         La acción sucede en el planeta denominado Nuevo Mundo y es el año 2257. Hay una civilización primitiva en el pueblo llamado Prentisstown donde solamente viven hombres. Años atrás, los nativos del planeta, denominados “Spackles” aniquilaron a las mujeres, según cuenta Prentiss (Mads Mikelsen), el alcalde del lugar. Entre los jóvenes se encuentra Todd Hewitt (Tom Holland), quien cierto día descubre a una joven, Viola (Daisy Ridley), sobreviviente de un fallido descenso exploratorio desde una nave espacial que sobrevolaba al Nuevo Mundo. La cinta, entonces, cubrirá el intento de la joven por comunicarse con la nave, y será apoyada por Todd para lograrlo. Un detalle importante es que los hombres del lugar, llegados también desde años atrás como colonizadores, pueden escuchar, entre ellos, sus pensamientos. Eso es lo que provoca “el ruido”, algo que solamente el alcalde puede dominar para encubrirlos y someter a sus pobladores.

         El género es ciencia ficción, pero en realidad estamos ante una cinta del oeste. El pueblo es primitivo y hay algunos caballos. La búsqueda de una posible salida para lograr la comunicación será a través de un escape por los espacios abiertos, el bosque, ríos, aparte de tener que enfrentar las aguas caudalosas de uno de ellos, mientras requieren alejarse de la partida de enemigos. La chica viene a tornarse fugitiva cuya cabeza es anhelada por el alcalde porque representa un peligro. Y tenemos al héroe, de bondadoso corazón con pureza de sentimientos. Existe todo un código moral y tenemos al predicador que oculta, igual que el alcalde, secretos que han definido la existencia de Prentisstown. Si en el cine del oeste habrá que llegar a la confrontación entre bien y mal, representados por personajes bastante configurados, en esta película no podrá dejar de ocurrir.

         Un elemento común en estas distopías es que mientras se muestran lugares plenos de vegetación, entre otras ventajas, con civilizaciones que debieron adaptarse, siempre coexisten elementos negativos. La historia previa de la exterminación de las mujeres nos lleva a pensar que en un futuro cercano también significará la eliminación total al no haber posibilidades para la reproducción de nuevos seres. De hecho, Todd ha sido adoptado, desde que murieron sus padres, por dos hombres que conviven como pareja. Al darnos cuenta de la terrible realidad climática y poblacional en la cual estamos sumidos, resulta esperanzador la búsqueda de otros lugares para sobrevivir, aunque sea mera ficción (por el momento: nadie sabe cuál será el progreso científico).

         Y es una película del maestro Doug Liman. Sus anteriores incursiones en el género (Jumper, 2008; Al filo del mañana, 2014) mostraban al héroe ignorante de sus circunstancias, en espera de que la experiencia y el progreso de sus aventuras le fueran aclarando su realidad. Lo mismo sucedía con Identidad desconocida (2002) donde el agente Bourne ni siquiera conocía su propia historia. Y en el caso de la farsa, tenemos a Sr. y Sra. Smith (2005) con una pareja cuya intimidad estaba sesgada por sus realidades profesionales. En fin, entre otros ejemplos, estamos ante uno de los realizadores más interesantes surgidos a finales del siglo XX y quien se consolidara con el paso de los años. Tom Holland, en su tercer estreno distinto al rol de Spiderman, continúa demostrando su versatilidad y carisma. El reparto reúne a actores de excelencia (Mads Mikelsen, David Oyelowo y a un contenido Demián Bichir).

         Basada en una trilogía de novelas de aventuras dirigidas a un público juvenil, queda solamente la incógnita de su continuidad, algo difícil de definir ante la pandemia y su éxito en taquilla o plataformas, además del hecho de que su distribución fue detenida por Lionsgate en una fecha inicial para 2019: ya conocemos los motivos. Caos: el inicio es otra representación de un mundo posible. Es cine escapista que refleja realidades actuales transpuestas a otras. Un concepto interesante reside en las mujeres que fueron exterminadas y de las cuales no se podía leer su pensamiento, o sea que no producían “ruido”. Esta lectura, materializada en nubes colorizadas con algunas imágenes, alrededor de las cabezas masculinas, viene a ser uno de los sustentos de esta narración. Ante la crueldad contra las mujeres, el personaje femenino se fortalece (y en otra secuencia, que no contaré, se redime).

 El maestro Doug Liman

 

        

jueves, 1 de abril de 2021

DUELO DE TITANES

 

GODZILLA VS. KONG
2021. Dir. Adam Wingard.

         En 2014 escribí lo siguiente por el estreno de Godzilla, dirigida por Gareth Edwards:

Sabemos que este tipo de película “de verano” no es para gente pensante sino para personas que quieren solamente ver imágenes pasar ante sus ojos y quedarse con la anécdota y los efectos especiales: quizás por eso la cinta fracase (o gane por el morbo, mientras no se deje de recomendar a la película). O tal vez le agrade esta soberbia alegoría sobre el descontrol del poder o el peligro inminente de la energía nuclear (cf. Chernobyl) o el caos paranoico luego de las Torres Gemelas o el entendimiento tardío de los sacrificios personales.

Siete años más tarde, luego de Kong: Isla Calavera (2017) y Godzilla: rey de los monstruos (2019), el mismo estudio nos trae una confrontación, que será aparente, entre ambos iconos del cine de fantasía y aventura, bajo la idea de congraciarlos con el espectador.

         Kong vive en una isla donde es observado bajo un biodomo por la doctora Andrews (Rebecca Hall) quien protege a la huérfana (sordomuda) Jia que tiene una relación intuitiva con el gran gorila. Cuando el Dr. Lind (Alexander Skarsgard) es contratado por Simmons (Demián Bichir), el dueño de la compañía Apex, para que llegue hacia la Tierra Hueca (en el centro del planeta) y pueda conseguirse un tipo de energía poderosa, deberá utilizarse a Kong como guía, debido a su fortaleza. Mientras tanto, ha reaparecido Godzilla, porque no quiere que existan dos titanes en el mundo y busca a Kong, además de destruir las instalaciones de Apex en Florida. Por otra parte, un trío de jóvenes, extrañados por el resurgimiento de Godzilla, investigan cuáles son los motivos del hecho.

         Estos elementos dan lugar a una trama esquemática que no produce confusiones y que repite, de otra manera, con espléndidos efectos visuales, el mismo discurso de seres que, en principio, son destructores y amenazantes para la humanidad, pero finalmente son justificados como benéficos. Lo que busca esta cinta es darle un sentido de pertenencia y origen al gran mono, además de reivindicar al gran reptil. La exploración hacia el centro de la tierra da lugar a una serie de cuestionamientos interesantes que no se exploran y permanecen como mera idea de un origen. La facilidad del viaje nos trae, como referencia obligada, las tribulaciones narradas por Julio Verne en su novela, que eran más imaginativas. Un director mediocre como Wingard debió disfrutar mucho sus efectos especiales.

         El personaje de Godzilla es una marca de la compañía japonesa Toho que ha producido infinidad de cintas a su alrededor. De hecho hubo ya una confrontación entre King Kong y Godzilla en 1962,  pero también “Godzilla contra Mecagodzilla” en 1974. La diferencia, ahora, es, aparte de muchos millones de dólares en producción, que la ciudad destruida ya no es Tokio sino Hong Kong. Esta nueva entrada en la franquicia de universo de monstruos queda como mero entretenimiento banal. No posee las características que mencioné al inicio por la cinta de Edwards. Viene a ser el regodeo con los efectos especiales de moda, sin profundizar en el peligro de la energía descontrolada, ni en las conspiraciones corporativas. Se explica de manera sencilla ante la tragedia que hemos vivido en 2020 con la pandemia: hay que divertir y divertir. No debe reflexionarse sobre un posible apocalipsis alegórico.

miércoles, 24 de marzo de 2021

UN GRAN ACTOR

GEORGE SEGAL (1934 – 2021)
por Roberto Villarreal Sepúlveda

         Uno de mis actores favoritos. Antes de que se diera a conocer de manera más penetrante y universal por ¿Quién teme a Virginia Woolf? (Mike Nichols, 1966), basada en una polémica – para su tiempo- obra teatral, me había tocado verlo en La nave del mal (Ship of Fools, Stanley Kramer, 1965) en el Cine América, cuando las películas de la Fox y de Columbia solamente se exhibían en salas independientes por un lío comercial, lo mismo que en Talla de valientes (Lost Command, Mark Robson, 1966) y, sobre todo, en El caudillo de los desalmados (King Rat, Bryan Forbes, 1965). Nunca fue galán porque solamente tenía la frescura de la juventud y transmitía la imagen de un ser rebelde, como sucede con el artista inconforme y atormentado por la diferencia de clases sociales con su novia (Elizabeth Ashley), en la cinta de Kramer; o el líder árabe, pleno de furia y deseo de venganza, por las crueldades bélicas en la de Robson, aunque tuvo mayor lucimiento como el cínico prisionero de guerra cuya deshonestidad le permitía lucrativos negocios, aún dentro de la desgracia, en la cinta del genial Forbes. Estos roles fueron determinantes para que obtuviera el coestelar en la versión fílmica del drama de Albee, donde la cuarteta de protagonistas fue nominada al Óscar, entre otros premios, y para que, George Segal se tornara en uno de los actores más populares y buscados en los años sesenta, situación que continuaría hasta casi terminados los años setenta. Luego vendría la madurez y la irregularidad de roles, aunque nunca disminuyó su importancia y prestigio.

 ¿QUIÉN ES QUILLER? como espía en una reflexión sobre el género

         Poseedor de una versatilidad absoluta que le permitía interpretar desde roles ácidamente sardónicos en comedia, o plenos de acción, hasta dramas más personales y complejos, Segal se involucró en todos los géneros que la cinematografía norteamericana producía por ese tiempo (hasta llegó a grabar un disco donde tocaba el banjo y cantaba canciones en ragtime). Al revisar su filmografía de ese tiempo, se encuentran títulos que reflejan el sentir de una época: a) el género de espionaje que se había disparado con el gran éxito del personaje de James Bond dio lugar tanto a parodias como imitaciones, además de intentos serios de reflexión, como sucedió con ¿Quién es Quiller? (The Quiller Memorandum, 1965, Michael Anderson) donde un guion conciso y circular de Harold Pinter (el inicio de la cinta daba pie a una secuencia semejante casi al final) permitía que Segal interpretara nuevamente a un personaje nada convencional, norteamericano en misión especial en Berlín, para hablar acerca del mal inherente en el ser humano donde ese mal (un grupo de neonazis) volvía a acechar; b) el melodrama existencial donde las relaciones humanas eran puestas a prueba: ¿es importante amar y ser fiel a estar simplemente amando? Y Segal era el artista que vivía conmocionado entre una amante, una esposa abnegada y la doble moral imperante en El amor es así (Loving, 1969, Irvin Kershner); o c) la comedia vulgar para complacer a todo público y darle otra dimensión a la entonces emergente Barbra Streisand en El búho y la gatita (The Owl and the Pussycat, 1970, Herbert Ross) como prostituta, a pesar suyo, que encuentra el amor con un escritor en ciernes, intelectual pretencioso, donde el ritmo y la palabra eran los elementos graciosos. Y estos son solamente tres simples ejemplos entre una rica filmografía.

 EL CAUDILLO DE LOS DESALMADOS o el cinismo dentro del caos

         En 1973, George Segal filma una de sus más grandes películas: Los amantes de Venecia (Blume in Love, Paul Mazursky), que ya se inscribe en el nuevo Hollywood que daba su lugar a los directores con proyectos de expresión personal (Coppola, Bogdanovich, Friedkin). Blume es un abogado exitoso que se da cuenta del inmenso amor que profesa hacia su exesposa (Susan Anspach). La infidelidad los llevó al divorcio. Ella se sintió liberada y, como tal, empezó a vivir la vida a su manera: un amante, yoga, un trabajo satisfactorio. Blume, empezó a acosarla, al grado de hacerse amigo de ese amante, aunque la obsesión y la distancia lo llevaron hasta la violación. Todo se narra desde la perspectiva de Blume, en los canales de Venecia (donde había pasado su luna de miel), donde recuerda el pasado, su relación, su extrañamiento. La cinta es el retrato de un personaje que siempre está tomando riesgos, pensando que nunca habrá consecuencias graves… hasta que éstas suceden. En ese instante, no quedará más que buscar la manera de resarcir el daño. El director Mazursky volvía a cuestionar el sentido de pareja, su permanencia o su fragilidad, como había hecho con Bob & Carol & Ted & Alice o lo haría más adelante con Una mujer descasada. La pareja convencional o aquella que prefería partirse a continuar encadenada. También era una reflexión sobre el amor y su esencia. George Segal viene a resumir toda su capacidad actoral, todas las caras de su prisma, al conjuntar cinismo, comicidad, drama, ironía y hasta verdadero dolor. Una gran película donde su reflejo queda adherido, indeleble. Ahí están sus películas para recordarlo joven y rebelde, magnífico.

 LOS AMANTES DE VENECIA o la nueva pareja

GEORGE SEGAL... Gracias...





        

 

        

 

         


sábado, 27 de febrero de 2021

CONTROL DE LA MENTE

 

POSSESSOR: CONTROLADOR DE MENTES

(Possessor)

2020. Dir. Brandon Cronenberg.

         La joven Holly se inserta un conector en su cráneo y sale hacia un restaurante donde toma un cuchillo y se dirige hacia un hombre al cual ataca con saña. Al terminar, se pone una pistola en la boca después de solicitar que la saquen del cuerpo. No logra apretar el gatillo: llega la policía, ella les apunta para ser acribillada de inmediato. En ese momento, Tasya (Andrea Riseborough) despierta de una sesión y pasa con Girder (Jennifer Jason Leigh) a una prueba de verificación de su equilibrio mental… Y es que Tasya trabaja para una compañía que asesina a control remoto. Su mente es implantada en otra persona a la cual manejará para alcanzar sus fines y que sea exterminada, lo mismo que sus objetivos. Tasya pasa unos días con su marido e hijo antes de encargarse de otra misión al poseer la mente de Colin Tate (Christopher Abbott) donde se encontrará con sorpresas en su desempeño.

         Una cinta de ciencia ficción que nos trae ecos de Días extraños (Bigelow, 1995) o eXistenZ (David Cronenberg, 1999) cuyas variantes también se referían al uso de la memoria o de los cuerpos de otros para llevar a cabo experiencias distintas. En este caso, la culpa se encuentra lejos de Tasya: es una asesina invisible porque se transforma en la máquina que mueve los actos de otros. No obstante, en la misión con Holly, hubo un simple debate de conciencias: no se llevó a cabo el suicidio de la asesina. Este tipo de variante o de inestabilidad científica se manifestará de manera más notable en el siguiente caso: Colin Tate tendrá la suficiente voluntad para luchar internamente con aquella de Tasya,

         Colin Tate deberá asesinar a su futuro suegro, el altivo y acaudalado hombre que lo humilla por aspirar a casarse con su hija Ava, quien será, además otra de las víctimas. Colin, poseso por Tasya, inicialmente lleva a cabo su actuación yendo a trabajar, conviviendo con Ava, aunque percibiendo pequeñas alucinaciones. Las imágenes de un video pornográfico mientras trabaja además de las relaciones carnales con la joven, le hacen “liberarse” parcialmente de su esclavitud mental. De esta manera, la trama se irá por un camino de luchas internas, de alternancia entre la supremacía de cada voluntad, donde todo deberá resolverse bajo ese control remoto de manipulaciones.

         El joven Cronenberg, en su segundo largometraje, rinde homenaje indirecto a su padre David, al volver a utilizar al cuerpo como medio de terror ajeno, de límites que pueden romperse involuntariamente, como era temática usual y congruente de un creador inteligente (aparte de la presencia de Jennifer Jason Leigh). En este caso, el tema se vuelve más vigente al hablarse de la vulnerabilidad del ser humano para ser poseído en sus actos y en su forma de actuar. Lo que en el pasado era la invasión de cuerpos por extraterrestres, en este caso, aún dentro de una ciencia ficción, se considera a la máquina como la principal operadora. No obstante, queda la esperanza de que prevalezca cierta voluntad personal. La trama no es esperanzadora ni se torna metáfora de bondades y dulzuras. Es el tono amargo acorde con los años en que estamos sumergidos.

El director Brandon Cronenberg, con su padre David.



 

        

sábado, 13 de febrero de 2021

SIN ACCIÓN, TEDIOSA Y POBRETONA

 

EL CAZADOR DE MONSTRUOS

(The Head Hunter)

2018. Dir. Jordan Downey.

Han vuelto a abrir las salas de cine y, tal parece, se están estrenando películas de bajos presupuestos, con uno o dos años de antigüedad, como una manera simple y poco costosa para que la gente vuelva a estos lugares. Ahora anda en Cinépolis, EL CAZADOR DE MONSTRUOS (The Head Hunter), cinta de 2018, dirigida por Jordan Downey en locaciones de Portugal y California, con el actor noruego Christopher Rygh, con largos cabellos y barbas, además de ser un chaparro fortachón. Con menos de 70 minutos de duración si se le quitan los créditos iniciales y finales, estamos ante una época medieval a la altura de los videojuegos. La trama es acerca de un guerrero que busca monstruos para matarlos y cortarles sus cabezas que cuelga en un muro de su cabaña. Además, el hombre es hechicero que crea pociones mágicas que lo curan de heridas cuando las sufre en batalla. Filmada con apenas 30,000 dólares, se nota la economía necesaria porque toda la acción sucede fuera de cámara: la cinta se limita a mostrar al tipo caminando o cabalgando en bellos escenarios naturales y solamente lo reencontramos malherido, sangrante, con las cabezas de las criaturas que nunca veremos. Sin embargo, se sabe que busca venganza en un ente al cual siempre espera y quien fuera la culpable de la muerte de su hija pequeña a la cual ha enterrado al pie de un árbol. Tediosa, sin acción de interés, llega a un clímax igualmente contenido con final sorpresivo que, de todas maneras, no vale tanto la pena esperar, aunque sea simplemente una hora. Viene a ser una variante, en otro nivel, de la estupidísima El proyecto de la bruja de Blair, cinta suprema de la nada cinematográfica, ya que podrá apantallar a ingenuos que “sienten lo que se sugiere”. Con este tipo de oferta, mucho menos van las salas a lograr que retorne un público que tiene mejores opciones en las plataformas de “streaming”. Como antecedente, le diré que el director es el responsable de “Thankskilling” (2009) donde un pavo asesino, notoriamente de plástico, asesinaba a cinco estudiantes universitarios (interpretados por sendos actores tan antipáticos como los personajes), en el día de acción de gracias. El tema de venganzas personales es apasionante, pero al menos se exige que esté bien hecho… ¡Un fraude!



martes, 1 de diciembre de 2020

LA CIENCIA LIGERA

 

TENET

2020. Dir. Christopher Nolan.

         La cinta inicia en un operativo dentro de la ópera de Kiev para el rescate de una carga de plutonio que resulta ser falsa. El agente responsable es capturado para hacerle confesar quiénes lo han enviado, pero antes de que suceda toma una píldora de veneno que también es falsa. Al despertar, ya que se ha comprobado su lealtad de preferir morir a confesar secretos, es reclutado para una operación llamada Tenet donde se busca afianzar la seguridad mundial. Una científica le muestra al agente una pistola que recupera balas del futuro. Hay un billonario ruso, llamado Sator, quien se ha apoderado de la tecnología para revertir la entropía de la materia, pero alternándola con el tiempo lineal. Su finalidad es conseguir un algoritmo que le permitirá producir una reversión total, o sea, el fin del mundo. Habrá que evitarlo.

         Al realizador Nolan le ha interesado siempre el tema del tiempo o la memoria, y sus paradojas o su relativismo. Desde Memento (2000) e Insomnio (2002) donde la memoria se confundía, ya fuera por cuestión orgánica o por la falta de sueño, para llegar a esa deliciosa obrita maestra que fue El truco final (2006) donde la ciencia permitía la replicación personal para llegar a un espectáculo macabro de magia, y luego caer en las millonarias producciones, grandilocuentes y aparatosas (gracias a sus experiencias, muy taquilleras, con la trilogía del personaje de Batman) donde trató los asuntos que le interesaban. Si algo puede decirse de Nolan, es que es un realizador congruente con las temáticas que le intrigan. De ahí que surgieran El origen (2010) e Interestelar (2014) donde el proceso del sueño o la relatividad del tiempo eran básicos para sus argumentos. Dunkerque (2017) fue otra cinta menor en alcance, soberbia en resultado, pero fiel a sus experimentos temporales. Y ahora llegó Tenet.

         Considerada la película que haría que el público retornara a las salas de cine cuando se levantó parcialmente la restricción de la pandemia (que no parece acabar nunca), tuvo un paso continuo y lento en pantalla hasta que en el mundo ha podido ingresar una buena cantidad de dinero sin alcanzar lo que hubiera sucedido en tiempos de normalidad. Ahora ya puede verse en ciertas plataformas virtuales y habrá que ver si alcanza a recuperar los doscientos millones de dólares que costó, y que se ven en pantalla: el choque y explosión de un verdadero avión 747 (comprado como cascarón, claro), además de múltiples secuencias con efectos especiales que resultan complicados y costosos: alternar un tiempo lineal con otro que corre de manera contraria sin que se note, resulta verdaderamente apantallante.

         Nolan fue lo suficiente y convenientemente listo para poner en boca de la científica (Clémence Poésy), un consejo que le explica al agente cuando le muestra la realidad de las balas recuperadas del futuro “no trates de entenderlo, simplemente siéntelo”, que se puede extrapolar al público lego en teorías científicas. Cuando empieza a mostrarse la alternancia del tiempo lineal contra el revertido, se expresa “lo que ha pasado, ya pasó”, como indicando que no puede provocarse una diferencia en el futuro que altere al presente. Y se menciona a la paradoja del abuelo donde se menciona que si alguien viaja al pasado para matar a su abuelo, él mismo no tendría existencia porque eliminó a su origen, que no se puede explicar porque es una paradoja teórica y que, obviamente, nadie ha podido comprobar, sólo reflexionarla a través de la lógica y la razón.

         Y eso pasa con Tenet: es un espectáculo brillantemente concebido y realizado pero que se mueve, como en El origen bajo la libertad absoluta. Todo puede suceder porque es una narrativa, un cuento, un juego temporal. Nolan disfruta con sus propias elucubraciones, producto de sus obsesiones, y provoca un sinfín de interpretaciones y cuestionamientos a sus espectadores. En realidad, es un entretenimiento de acción que ofrece muchas interrogantes pero que se gozan libremente. Sólo resultará ser un martirio para quienes se la tomen en serio queriendo discutir sobre la trascendencia o importancia de las tesis científicas: de seguro, las personas doctas en estos menesteres se han de aburrir ante su ligereza. Lo que debe reconocerse a Nolan es que no deja cabos sueltos ni en forma ni en fondo. Todos los personajes tienen un lugar en la trama y se justifican plenamente.

         Por otro lado, uno puede seguir las instrucciones de la científica que nos aconseja “sentir” lo que vemos sin comprenderlo, pero al final de cuentas estamos ante una película muy bien hecha, apabullante, que no posee calidez. Las relaciones entre los personajes son distantes. Todos actúan de manera mecánica, llevando a cabo sus misiones directamente, sin dar lugar a alguna emoción o sentimiento entre ellos. Es notoria la necesidad de mostrar el espectáculo, la violencia, las explosiones, los trucos de la imagen, como fórmula a seguir. Eso nunca falta en las cintas con James Bond, por ejemplo (con todo y lo oscuras que han sido las últimas entregas).

 El irregular director Christopher Nolan

        

domingo, 15 de noviembre de 2020

EL DESORDEN SOCIAL

 

GREENLAND: EL DÍA DEL FIN DEL MUNDO

(Greenland)

2020. Dir. Ric Roman Waugh.

         Se anuncia el paso del inmenso cometa Clarke, tan cerca de la tierra, que podrá verse día y noche a simple vista. De esto se entera el constructor John Garrity (Gerard Butler) cuando regresa a su casa de la cual se ha alejado por un problema con su esposa Allison (Morena Baccarin), ya que cumplirá años su hijo pequeño Nathan (Roger Dale Floyd). Recibe en su celular una alerta de emergencia donde se le avisa que su familia ha sido seleccionada para ir a búnkers especiales. Al principio no lo entiende, ni puede creer, pero el mensaje se repite sobre su pantalla en casa provocando el desaliento de los invitados a la fiesta de cumpleaños infantil, ya que en ese momento ocurre una terrible onda de energía debida a la caída de un gran fragmento del cometa en el otro extremo del continente. John, esposa e hijo se preparan para ir a tomar un avión que los transportará a su refugio y ahí comenzarán sus desventuras. Es que el cometa es destructor de planetas y proviene de otro sistema solar.

         La dupla Butler-Waugh se repite luego de la exitosa Angel bajo fuego (2019) en una cinta planeada y filmada antes de la pandemia. Curiosamente, cuando uno podría pensar que este tipo de cintas sobre desastres no son adecuadas para nuestros tiempos difíciles, resultan ser complemento y comentario. La película muestra el desorden público cuando se suscita una emergencia nacional, así como el vandalismo y destrucción. Los que no han sido llamados y no creen en la noticia ni en la inminente destrucción festejan, beben y maldicen al fenómeno. Cuando comienzan a caer los petardos desde el cielo (como bombas durante una guerra), la impotencia es rampante. Hay que buscar un techo que quizás salve. La tecnología falla y todo pierde sentido. Se muestran autos abandonados, casas sin gente, objetos que en la normalidad son queridos y propios dejan de tener valor para cualquiera porque su dueño ya no está presente, disfrutándolos. (Y en sentido opuesto, el suegro de John, interpretado por un anciano Scott Glenn, prefiere morirse en su casa, su origen y sentido de la felicidad). Estamos ante una alegoría de la vida misma: todo lo material es transitorio.

         La película es truculenta, obviamente. Como toda cinta del género, los espacios geográficos se tornan cómodos y ajustables para la pérdida y reencuentro de personajes. La odisea posible ya no sigue su curso: debe tener desviaciones para llegar a un final que se anuncia y se espera. El tema de la familia es primordial y se defiende la unidad: a la hora final no importan infidelidades ni enojos. Cualquier acción se torna válida con tal de sobrevivir y llegar a la reunión. En este caso, John se enfrentará directamente a la violencia y al crimen. Allison, a la estupidez humana. El pequeño Nathan, dentro de su inocencia y fiel a los valores aprendidos, no miente y es lo que ofrece una solución parcial a su persona. Sin haber sido pensada para el coronavirus, pueden extrapolarse sus causas y efectos, así como las consecuencias para la pesadilla en la que estamos inmersos. No se piense en una gran película (pierde ritmo en ocasiones, la duración es mayor de lo que debería, sus actos son forzados), pero ¡qué bien refleja al comportamiento social!, ¡cómo podemos pensarla y extrapolarla hacia nuestra coronavirulenta realidad!

El extraordinario Scott Glenn, aparece como suegro de Butler

Nota: el título “Greenland” se refiera a Groenlandia: lugar donde estarían los refugios para los sobrevivientes elegidos.

  El director Ric Roman Waugh