jueves, 22 de septiembre de 2022

FALACIAS

EL HOMBRE DEL SÓTANO
(L’homme de la cave)
2021. Dir. Phillipe Le Guay.

                   Simón (Jèrèmie Renier), arquitecto judío, vende un sótano de su edificio a un profesor retirado, Fonzic (François Cluzet), como almacén, para que guarde las pertenencias de su madre, recientemente fallecida. El hombre le paga directamente y se efectúa un contrato civil de venta. Sin embargo, Fonzic se muda al sótano, a pesar de que no se había contemplado como vivienda. Simón empieza a investigar sobre el pasado del hombre y descubre que su madre había fallecido diez años atrás y que la salida de la escuela donde enseñaba se debió a las ideas negacionistas y racistas del hombre. Al querer disolver la venta, Simón se encuentra con obstáculos legales. De esta manera, empieza, junto con su familia, a sufrir las consecuencias de la presencia del hombre en su edificio.

                   El realizador Le Guay escribió su guion basándose en un hecho de la vida real que le había ocurrido a un amigo en el pasado. La idea de tratar el asunto del “negacionismo” era interesante y bastante oportuno para los momentos del rodaje, en plena pandemia, ya que surgieron muchas personas negando la existencia del coronavirus, expresando que todo era una conspiración universal. No obstante, este negacionismo parte de la gente que refuta la realidad del holocausto judío. Todas sus variantes se derivan de estas premisas, sobre todo, ahora con la aparición de grupos neonazis, al ir desapareciendo, por el tiempo, los sobrevivientes de la Segunda Guerra Mundial. El personaje de Fonzic, por ejemplo, se defiende de sus acusaciones al expresar que solamente hace preguntas que resultan incómodas, por lo que la gente le persigue: de esta manera, se siente víctima.

                   Lo más interesante de esta película es que muestra el efecto de este hombre, y sus ideas, sobre la familia de Simón. Hélène, la esposa de Simón, empieza a sentir temores y acusa a su marido de debilidad, al guardarse todo para sí mismo, sin haber investigado previamente a Fonzic. La hija de ambos, adolescente que se encuentra en la edad de la vanidad (los frenos dentales) y el romance (el enamoramiento hacia un primo), hace que caiga en la facilidad de palabra de Fonzic y también comience a dudar de la perversidad del hombre. Una reunión entre vecinos solamente sirve para que surjan ideas encontradas, que se torna metáfora de la democracia mal entendida. Y todavía, más impresionante, es un comentario que el padre de Hélène expresa al hablar de sus propios problemas: “una familia senegalesa se ha mudado a mi edificio y son un verdadero problema”, para dejar claro que, en realidad, todos somos racistas, en mayor o menor proporción.

                   El hombre del sótano no es una cinta redonda, pero mantiene la atención. Todas las ideas que se han comentado en esta reseña se encuentran dispersas a lo largo de la trama y el espectador tiene que ir atando cabos, atrapando insinuaciones, interpretando señales, para darle mayor sustancia al tema principal del negacionismo. La cinta va avanzando hacia un final precipitado, que deja ambigüedad, queriendo enfatizar la amenaza constante, siempre acechante, de quienes sienten tener la verdad en sus manos y desean convencer con mentiras a una comunidad, para cambiar la historia, para negar un pasado que sucedió. (Algo que vivimos cada día en este México de la 4T). Lo que es muy disfrutable son las presencias de Cluzet y Renier: dos actores que han demostrado su calidad desde muchos años atrás y que aquí no resultan menos satisfactorios.

El director Phillipe Le Guay




martes, 16 de agosto de 2022

SOBREVIVIR POR AMOR

PELEANDO POR MI VIDA
(The Survivor)
2022. Dir. Barry Levinson.

                   Barry Levinson se dio a conocer con Diner (1982), que era un tributo a sus amigos y a su fin de la adolescencia. Luego llegaron, por destacar unos títulos, (y dejando fuera otros muy valiosos), El mejor (1984) acerca de un fenomenal beisbolista. Buenos días, Vietnam (1987) con su comentario de esperanza dentro del desastre que era la guerra en Indochina. Cuando los hermanos se encuentran (1988) que le dio el Óscar al narrar el proceso de comprensión entre un “yuppie” y un autista. Avalon (1990) fue el homenaje que rindió a su propia historia de una familia polaca, judía, que llegaba a Estados Unidos para crearse una nueva vida. Bugsy (1991) mostró el retrato del mafioso que creó a Las Vegas. Los hijos de la calle (1994) o la historia de un grupo de jóvenes víctimas del abuso en un reformatorio que encontraban su venganza. Usualmente, sus cintas suceden en el pasado, como una manera de explicar el devenir de sueños y pesadillas. Sus personajes viven en la duda existencial o dentro del abuso. Así como la presencia de seres que deben de superar obstáculos debidos a los momentos históricos o sufrir sus consecuencias.

                   Con estos antecedentes, se puede explicar su cinta más reciente. A sus ochenta años, Levinson nos brinda una obra de madurez (como todos los grandes realizadores) que sintetiza sus constantes temáticas y vuelve a reflexionar acerca del destino. Tomando como base un libro biográfico acerca del boxeador Harry Haft (escrito por su hijo Allan), Levinson nos lleva a tres momentos definitivos de su existencia: su juventud en el campo de concentración de Auschwitz al cual llegó en 1942, su presente (en la cinta) que ocurre en 1949 previamente a su enfrentamiento con Rocky Marziano. Y un corto prólogo, pero también un trascendente epílogo, en 1963, cuando su vida llega a un cierre emocional y sentimental que le permite darse cuenta de que todos sus esfuerzos por sobrevivir valieron la pena.

                   En 1949, Harry (Ben Foster, absolutamente extraordinario) se obsesiona con la búsqueda de quien fuera su novia, Leah, para saber si logró salir viva del Holocausto. Su deseo de ser boxeador famoso es para que su nombre sea conocido en todo el país, a través de los medios de comunicación: si Leah se entera, será posible que lo busque. El apodo con el cual se le conoce es como “El sobreviviente de Auschwitz”, que le ha dado unas cuantas victorias, pero muchos fracasos. Para que Marziano, futura promesa mundial del boxeo, se interese en pelear con él, le cuenta su historia personal a un periodista. De esta manera, la cinta retrocede alternadamente hacia su vida dentro del campo de concentración, donde un oficial nazi lo protegió, al darse cuenta de su talento boxístico. Por darle privilegios, lo tenía como espectáculo para los militares alemanes en combates que eran de vida y muerte.

 John Leguizamo (izquierda) y Danny DeVito (derecha)

                   Lo que hace que la cinta fluya rítmica y narrativamente, se debe a un estupendo guion que sabe dosificar la información y la construcción de los personajes. No estamos ante la común película de boxeo (aunque posee secuencias cruentas), ni tampoco el enfoque es directamente hacia los horrores del genocidio (aunque no deja de mostrarse el sadismo, el abuso y la repelencia del nazismo), ya que paulatinamente se van revelando las motivaciones de la supervivencia. Con el tiempo llegan los remordimientos, el sentimiento de culpa, las pesadillas constantes, aunque también deberá de existir el proceso de expiación y redención. Cuando parece que la cinta ha cumplido con su trama, todavía quedan cuarenta minutos que irán cerrando los hechos. Se llegará a ciertas ironías temporales, a cosas que no sucedieron porque no estaban destinadas a serlo, a cambio de otro tipo de recompensas. Todo tiene sentido: cada frase importa y el espectador la va comprendiendo según se desarrolla la película. Y las emociones van desde el repudio y repulsión hasta la calidez sentimental y conmovedora.

                   Producida por HBO para presentarse por su plataforma, la cinta está nominada al Emmy como mejor película. No obstante, fue estrenada en el Festival de Toronto, a finales del año pasado, con gran éxito, y por suerte, ahora llega a pantalla grande para ser disfrutada con mayor esplendor. El reparto es de excelencia. Como comenté previamente, Ben Foster ofrece otra de esas actuaciones excepcionales: aumentó y disminuyó de peso, en cantidades considerables, para aparecer demacrado en 1942, fornido en 1949 y ya maduro en 1963, además de prótesis faciales que lo siguen mostrando tan camaleónico como siempre. Vicky Krieps es la mujer que lo consuela, Peter Sarsgaard, el periodista que lo hace famoso y luego le cumple una promesa. En actuación corta, pero contundente, aparecen tanto Danny DeVito y John Leguizamo, además de Billy Magnussen como el abusivo oficial nazi. En uno de sus diálogos, le comenta al debilitado Harry que el problema de su pueblo fue que no supo luchar contra sus enemigos cuando las amenazas se hicieron presentes con Hitler. Esto, aunado a la supervivencia por amor de Harry, todavía le refuerza su esperanza y el anhelo de libertad. Una película que no debe dejar de ser “vivida”.

Ben Foster, Vicky Krieps y Barry Levinson, 
en el Festival de Toronto


jueves, 11 de agosto de 2022

GRAN SUSPENSO

BESTIA
(Beast)
2022. Dir. Baltasar Kormákur.

                            El médico Nate Samuels (Idris Elba, siempre magnético) viaja al pueblo de Sudáfrica de donde era originaria su recientemente difunta esposa. Le acompañan sus hijas adolescentes Mare (Iyana Halley) y Norah (Leah Jeffries). Llegan a la casa de Martin (Sharlto Copley), amigo de la infancia de su esposa, que ahora trabaja como guardia del lugar, quien les lleva hacia una parte alejada, perteneciente a la reserva salvaje, fuera de zona turística. Al llegar a una pequeña villa, encuentran muertos a todos sus habitantes, atacados por un feroz león. Más tarde, ellos serán amenazados por la misma bestia salvaje. Esta es la base argumental de una modesta, pero efectivísima, producción, narrada de manera compacta, plena de situaciones que no se salen de las posibilidades reales, que mantienen al espectador con el alma en un hilo.

                             El viaje se suponía catártico para el hombre y sus hijas. El hecho de que el matrimonio se hubiera separado, sin considerar que la mujer tendría un cáncer terminal, había provocado una serie de reclamos y rencores en sus hijas (sobre todo la mayor, Mare). Ahora, este retorno a los orígenes se buscaba como intento de reconciliación y recomposición de la ruptura familiar. Este contexto servirá para que la unión pueda darse gracias a las variables no controladas por la familia: el encuentro con una bestia, una amenaza cualquiera, que ponga en jaque a la convivencia: puede darse otra muerte.

                            Aparte de la anécdota, hay un comentario sobre la cacería ilegal de leones (que, de hecho, da lugar a un prólogo que más tarde se justificará). Los motivos de la bestia se explican indirectamente ante una manada de leones cuya composición familiar es definida: los machos cuidan de las crías mientras las hembras salen a cazar; la presencia de otro león, ajeno a esta manada, puede producir tremendos pleitos que llevan a su propia aniquilación.

                            El realizador islandés Kormákur ha demostrado su eficiente manejo de la espectacularidad (Everest) o del melodrama íntimo (Reykiavik 101) o de la dosis de suspenso (Contrabando, A la deriva). En esta ocasión, la simple amenaza de un ataque imprevisto, impredecible, mantiene la atención, pero está tan bien dosificado, que la cinta va cerrando cabos, sin que se pierda el ritmo ni el sentido de alerta. Así como la mujer de A la deriva  sobrevivía gracias al recuerdo y la presencia inmaterial de su marido en la inmensidad del océano, en esta ocasión está la vasta sabana africana y la confrontación con el peligro: la familia está vulnerable, puede perderse, así que no queda más que el dulce recuerdo para que Nate logre avanzar y salvarla.

Idris Elba con su director Baltasar Kormákur



 

 

miércoles, 10 de agosto de 2022

LA EDAD Y LA MEMORIA

LOS AÑOS MÁS BELLOS DE UNA VIDA
(Les Plus belles années d'une vie)
2019. Dir. Claude Lelouch.

                   El gran éxito del realizador Lelouch fue Un hombre y una mujer (Un homme et une femme, 1966) que recorrió las pantallas del mundo, además de ganarse la Palma de Oro, en el Festival de Cannes, así como los Óscares a mejor película extranjera y mejor guion original. La historia del encuentro y desencuentro entre una mujer viuda, Anne (Anouk Aimée) y un corredor de autos, Jean-Louis (Jean-Louis Trintignant), narrada en alternantes colores o monocromo, acompañada de una música pegajosa, cuyo tema era sin palabras (“shabadabada”), provocó críticas opuestas. Mientras algunos la encontraban como una cursi trama romántica donde no pasaba nada, otros la veían como la recuperación del romanticismo en el cine. Al ser filmada dentro de los tiempos mayores de cineastas de la Nueva Ola Francesa, se le consideraba una copia complaciente de técnicas. Sin embargo, el tiempo le ha dado otra dimensión, además de que es un título clásico dentro del cine universal. En 1986, Lelouch filmó Un hombre y una mujer: veinte años después, sin recuperar el éxito de su cinta emblemática. No obstante, al cumplirse cincuenta años del título, en el propio Festival de Cannes, Lelouch pensó en volver a reunir a sus personajes y narrarlos ya en su tercera edad, ancianos y con situaciones propias del tiempo. En 2016 estaban vivos tanto Anouk Aimée, Jean Louis Trintignant, así como con el compositor Francis Lai, y los cantantes Nicole Croisille y Pierre Barouh. Sin embargo, la cinta se filmaría hasta 2018 y en ese año fallecerían Barouh y Lai.

                  Los años más bellos de una vida recupera a Jean-Louis, con demencia senil, internado en una residencia. Su hijo, Antoine (Antoine Sire, quien interpretara al hijo, niño, en 1966), busca a Anne, quien ahora atiende una pequeña tienda para pedirle que vaya a visitar a su padre, ya que es el único recuerdo que conserva. Anne acepta y esto es lo que dará tema y sustancia a una película simple (al estilo de la cinta original) donde la memoria intermitente y los recuerdos se alternan con sueños y realidades. Mientras que Jean-Louis tiene solamente fijo el recuerdo de ese romance, de quien fuera la mujer de su vida, a la cual no supo retener, Anne rememora con detalle todos los momentos vividos. Esto permite que se alternen imágenes de Un hombre y una mujer donde se puede ver al seductor Jean-Louis y a la impactante Anne, en la plenitud de su belleza, para comparar con la realidad cruel del paso del tiempo, que, no obstante, se justifica por los recuerdos: ¿de qué serviría nuestra vida si no gozáramos de aquello que nos hizo ser felices? La película viene a ser un ejercicio de estilo, una meditación sobre el significado del pasado, una pequeña sinfonía sobre la memoria y el recuerdo. Va a ser mejor comprendida por quienes conozcan la cinta original.

 "Un hombre y una mujer" (Lelouch, 1966)

                   Lelouch cuenta que se inspiró en la imagen de una pareja que estaba en la playa, junto con un perro. A partir de ahí, surgió su galardonado guion. Originalmente, Romy Schneider había sido elegida por el realizador para interpretar a Anne, pero a la actriz no le gustó la trama y declinó: de ahí que fuera Anouk Aimée la elegida. Y algo, accidental, debido al compositor, fue el famoso “shabadabada” que no estaba contemplado en el inicio. Lelouch se mantiene fiel a sus personajes. No deja cabos sueltos y hace referencia a los hechos que creó para su historia de veinte años después, para que todo quede congruente y uno acepte el destino de estos personajes que marcaron, contra toda opinión contraria o favorable, a una generación.

Claude Lelouch, Anouk Aimée y Trintignant en Cannes 2016



 

                  

        

miércoles, 3 de agosto de 2022

LAZO DE FAMILIA

MI PRIMO
(Mon Cousin)
2020. Dir. Jan Kounen.

                  Pierre (Vincent Lindon, dominante) es el presidente de una compañía vitivinícola de abolengo. Cada cinco años debe de renovarse un contrato para que las acciones puedan comercializarse. En esta ocasión, ha muerto su tía, propietaria del 50% y quien debe de firmar es el hijo de ésta, su primo Adrien (François Damiens, soberbio), para poder llevar a cabo una fusión con otro viñedo de alcurnia. Al volver a encontrarse, la alegría de Adrien es excesiva contra la pasividad y molestia de Pierre. Adrien ha tenido problemas emocionales luego de la muerte de su madre y el reencuentro con Pierre le ha sacado de un sanatorio al cual se había recluido voluntariamente. Con tal de seguir conviviendo con Pierre, Adrien va retrasando la firma, exigiendo acompañar a su primo por todas partes. La cinta, una comedia humana bien equilibrada, que juega con personajes disímbolos a los cuales el tiempo ha cambiado y distanciado, nos lleva por un viaje de reconocimiento y comprensión.

                   Lo que aparentemente puede parecer, por la publicidad y el comportamiento inicial del efusivo primo Adrien, una cinta de enredos y situaciones que provoquen la carcajada, en realidad es una cinta amable e introspectiva. Personajes complejos, cuyas acciones los van definiendo y estableciendo en sus dimensiones. Adrien, dado al misticismo, a la bondad, a la búsqueda del equilibrio de la naturaleza, contrasta sus actitudes con el frío y calculador Pierre, cuya vida ha sido alcanzar la perfección, el éxito, el alcance de metas, ya que es lo único que sabe hacer. El encuentro entre estos dos personajes, primero bajo el pretexto de la excentricidad de quien está considerado “loco”, y luego bajo la lógica dentro de la extravagancia, irá destruyendo las capas de cinismo y pragmatismo de Pierre.

                   Hay una secuencia de un viaje por avión privado, donde Adrien tiene un ataque de pánico. Hace notar que no ha descuidado su tiempo, recibiendo el producto de las inversiones familiares, adquiriendo diversos conocimientos. Se nota intuitivo y especialista. El vuelo a bajas alturas, los helicópteros que atacan a las aves en procesos de reproducción, los automóviles que deben de rentarse, su facilidad mecánica, las plantas que convienen a cada empleado de la compañía para curar sus males físicos o sentimentales. Adrien viene a ser una especie de shamán que llega a la vida de su primo para abrirle los ojos hacia el disfrute de la vida que debe de estar equilibrada. Kounen, el realizador, es especialista en los rituales de Ayahuasca (hasta filmó un documental al respecto y escribió un libro) porque ha sido activista sobre el medio ambiente: no podría faltar dentro de su discurso fílmico.

                   Y entrando con el realizador de origen holandés, pero radicado en Francia, Kounen, estamos ante un creador polifacético. Sus cintas han tocado diversos géneros. Desde su debut en Dobermann (1979), cinta con más estilo que sustancia, acerca de un delincuente sin escrúpulos, perseguido por un policía todavía peor que él, pasando por Renegado (2004), una cinta del oeste a la francesa, o su acercamiento a Coco Chanel y Stravinsky (2009) que narra la relación que se dio entre la modista francesa y el músico ruso, de vanguardia, siempre ha coincidido con personajes que requieren del enfrentamiento con “el otro” para definir su propia naturaleza. A pesar del cambio temático, las constantes de sus personajes permanecen y por eso es un realizador de interés.

 Unas actuaciones espléndidas por Damiens y Lindon

                   Mi primo es una película que debe verse con ojos sensibles. El gran amor de Adrien por Pierre tiene sus antecedentes que se irán revelando a lo largo de la cinta. Las motivaciones específicas de un rechazo que no se debe precisamente a la excentricidad de un pariente, sino a cuestiones más profundas. Dos actores excepcionales llevan los roles principales. Una fotografía espléndida, con tonos adecuados a los sentimientos y circunstancias de cada personaje y de cada momento. La cinta muestra la construcción de una nueva confianza, de una nueva esperanza.

El realizador Jan Kounen con su actor, el belga Damiens



        

martes, 26 de julio de 2022

EL HIJO ÚNICO

HASTA SIEMPRE, HIJO MÍO
(Di jiu tianchang / So Long, my Son)
2019. Dir. Wang Xiaoshuai.

                   Sin narración lineal, la película nos cuenta el destino de una familia a lo largo de 40 años. Lyun (Yong Mei) y Yaojun (Wang Jingchun) se ven envueltos en la Revolución Cultural y en la política de control de nacimientos (que fue de 1979 hasta 2013), que no permitía a las parejas tener más de un hijo. La cinta inicia con la muerte accidental del hijo biológico del matrimonio y luego continúa, quince años más tarde, con un hijo adoptivo, que pronto se irá de la casa. Antes de la primera muerte, Lyun se embaraza por segunda ocasión y es forzada a abortar por ley. Su relación con la familia de un amigo del niño que fallece tendrá fuerte incidencia sobre el significado de la culpa, aunque en realidad, los personajes se resignan a su destino: estar en un lugar, durante un tiempo de restricciones (semejante al artículo 175 contra la homosexualidad en lo que les conté acerca de “La gran libertad”). De esta manera, el realizador Xiaoshuai revisa la historia de su país y ejerce una crítica a las consecuencias del pasado sobre su presente.

Cada familia con su hijo único, acorde con la ley del país

                   La cinta exige atención al espectador. Lo que inicialmente son datos aparentemente inconexos, y sin explicación, que producen dudas, se irán despejando según se aportan mayores pistas. Y esto es lo que hace fascinante a una película que también refleja el caos emocional de una generación que tuvo que llegar a extremos impensables en otra era. De ahí surge la culpa que siempre tendrá la amiga de la protagonista quien, siendo su jefa y miembro del partido, la obligó al aborto: nunca se imaginaba el sufrimiento posterior con la pérdida del hijo. El realizador comentó que, finalmente, quiso mostrar que, a pesar de los cambios generacionales y del progreso económico en China “existe primacía de lo colectivo sobre lo individual". De ahí que Lyun sea una persona que comprenda su situación y logre perdonar. (Sin embargo, sutilmente en unas escenas se muestra un gran edificio comercial atrás de una monumental estatua del tiránico Mao Tsé-Tung, yendo contra todo su discurso previo, comunista, colectivo).

Lyun y Yaojun con su hijo adoptivo, nombrado igual que el otro

                   El estilo de Xiaoshuai es lo que alarga la cinta hasta poco más de tres horas. Hay secuencias donde la cámara recorre lentamente el espacio, y otras que pudieran, aparentemente suprimirse, pero que van abonando a la comprensión de los hechos. En una de ellas, el primer hijo y su amigo, responsable indirecto de su muerte, juegan en una especie de almacén antiguo, de piedra. El amigo siempre muestra una actitud envalentonada contra la timidez del hijo. Sin que se muestre el accidente fatal, y bajo la explicación que muchos años después ofrecerá el amigo, permite entender las reacciones que ocurrirían en la muerte del niño. En otra secuencia, un amigo de la familia, siempre socarrón y rebelde, es hecho preso, desafiando a la autoridad, por lo que entra a un programa de reinserción social que lo transforma, pero que permite conocer cómo una sociedad represiva ahogaba, de otra manera, a sus integrantes.

Yaojun y Lyun retornan a Beijing a su antiguo hogar, para sellar de una vez por todas, su resignación y resiliencia.

                   Y, no obstante, la cinta no llega a cansar. Es hipnótica. Uno no puede dejar de irse enterando de lo que sucede. Es una saga familiar, fragmentada, cuatro décadas de sufrimiento y resignación, de carga de culpas, de saber que uno no puede vivir de esa manera. Además, el reparto es excelente en su interpretación. Tanto Mei como Jingchun, ganaron los Osos de Plata como mejores actores en Berlín, así como muchos premios en su propio país. A pesar de que todavía el régimen es estricto, el permiso de estas críticas muestra avances y reconocimiento al desarrollo fílmico. Al realizador Xiaoshuai se le conoció principalmente por La bicicleta de Beijing (2001) donde este transporte permitía mostrar la diferencia de clases en una China ya en proceso de cambio. El título original de esta película se traduce como “Tierra antigua, vasto cielo” que simboliza la inmensidad de la patria y la necesidad de libertad, a lo que nos invita el cielo…

El realizador Wang Xiaoshiau



 

 

sábado, 23 de julio de 2022

EL CORDERO SACRIFICIAL

OLEG
(Oļegs)
2019. Dir. Juris Kursietis.

                   Oleg (Valentin Novopolskij, excelente) es un carnicero letón quien, dentro de las políticas de la Unión Europea, consigue permiso limitado de trabajo en Bruselas, para conseguir dinero y enviarlo a su abuela en Riga. Un accidente laboral, donde la víctima culpa, sin razón, a Oleg, provoca su despido. La necesidad de trabajar lo hace caer en las redes del afable polaco Andrzej (Dawid Ogrodnik, intenso) quien le ofrece un pasaporte falso y otra oportunidad de trabajo. Sin saber que, en realidad, Andrzej es un criminal buscado en su país, quien tiene sometidos a otros compatriotas, Oleg se encontrará en condición de esclavo.

 El extraordinario Valentín Novopolskij

                   La cinta inicia con una imagen de Oleg desvanecido sobre un lago congelado mientras se escucha una anécdota que cuenta Oleg, sobre su abuela cuando le platicó acerca del cordero sacrificial como símbolo de esperanza. Oleg le respondió que no era posible porque el cordero estaba muerto y entonces comprendió que él era un cordero listo para el sacrificio. En ese momento, Oleg se mueve y cae dentro de las aguas del helado río, buscando una salida. Esta metáfora oral/visual sirve como base del tema que se trata en la película acerca de la explotación de los trabajadores extranjeros que llegan, inocentes, con la única esperanza de conseguir dinero para enviar a sus familias, y terminan dentro de la peor esclavitud y abuso. Oleg buscará primero alternativas de trabajo ilegal (ya que su condición de trabajo era dentro de la carnicería exclusivamente), hasta que se topa con Andrzej. Luego de hacer trabajos meniales y darse cuenta de que no se le pagará, Oleg viaja a Gante en busca de otras oportunidades. Ahí puede conocer el políptico del cordero de pascua de los hermanos Van Eyck y conectarse indirectamente con la anécdota de la abuela.

 Fragmento del políptico de Jan y Hubert Van Eyck (1432), que viene a ser el símbolo en la persona de Oleg.

                   Luego de tener una aventura sexual, y todavía sin trabajo, decide retornar con Andrzej quien primero se lo reprocha, pero luego lo acepta, sometiéndolo a humillaciones, temores y amenazas. Le quita su celular y su pasaporte y le empieza a obligar a ciertos latrocinios y trabajos que no le son gratos. Durante todo este tiempo, el personaje de Oleg se ha mantenido estable y tolerante, aunque ahogándose en el mar de injusticia. Lo mueve la esperanza de ese sacrificio pascual, donde tal vez el cordero no muera. Por otro lado, la cinta también habla del destino de las mujeres: la novia de Andrzej viene a ser el retrato del maltrato y el abuso, a la cual no le quedará otra que seguir un destino cruel con tal de conservar su vida. En el caso del criminal, se le presenta como un personaje bipolar cuyo humor cambia de repente y es propenso al encanto de la serpiente y a la ira del demonio.

 Dawid Ogrodnik (a quien se le vio en "Ida" de Pawlikowski), como el explotador Andrzej, al centro...

                   Al ver la película, uno puede extrapolarla al caso de los latinos en Estados Unidos; de las personas que huyen de sus países por cualquier medio, para escapar de un cruel destino, para encontrarse, en muchos casos, en peores condiciones; o puede pensarse en los niños y adolescentes obligados a pertenecer a cárteles o que son secuestrados para el comercio de órganos o sexual. Desde otra perspectiva, es comentario acerca de la realidad de la Unión Europea, donde las condiciones de vida cambian radicalmente entre países, a pesar de la idealización que se tiene del viejo continente. Uno se cuestiona el sentido humanitario y la cinta nos permite darnos cuenta del verdadero significado del cordero pascual.

El director Juris Kursietis




miércoles, 20 de julio de 2022

EL AMOR QUE ENTREGAS

LA GRAN LIBERTAD
(Grosse Freiheit)
2021. Dir. Sebastian Meise.

         Hans (Frank Rogowski) es homosexual. Fue enviado al campo de concentración por pertenecer a la raza judía y por su orientación y, al ser liberado del lugar, directamente a prisión, ya que para los nazis era indeseable, pero para las leyes, quebrantaba el artículo 175. En esta película lo vemos en tres momentos que se van alternando: 1945, 1957 y 1969. En cada ocasión, su retorno a la cárcel, para sufrir condenas que iban de 12 a 18 meses, se debe a que seguía su naturaleza y orientación: la visita a baños públicos donde tenía sexo con hombres, sin saber que estaba siendo vigilado. En la cárcel conoce a Víktor (Georg Friedrich), su compañero de celda, un criminal condenado a perpetua, drogadicto, quien inicialmente lo rechaza, pero paulatinamente, cuando ve su número tatuado en el antebrazo, y se ofrece a cubrírselo, las cosas van cambiando. Así como Hans regresa repetidamente a prisión, Víktor mantiene su adicción. La cinta va reflejando ese acercamiento mutuo que durará por años, aunque cada uno siga adelante con sus propios hábitos: La libertad (su libertad) será cuestión de enfoques y de esperanzas personales.

Hans y Víktor en 1945

         El brillante guion va mostrando los pasos del tiempo sin producir confusión alguna. Las caracterizaciones de Hans y Víktor son una pista, además de alguna que otra referencia. Cada personaje, además, vive de sus propias esperanzas o resignaciones. Hans encuentra en prisión a sus semejantes con los cuales busca la manera de escapar la vigilancia y estar reunidos: castigos que permiten pasar la noche juntos para copular o el envío de un libro en clave al ser amado para insistir en su pasión. En 1969, un maestro, Leo (Anton von Lucke), llevado a la cárcel porque Hans comentó que él le había presionado al sexo. En 1957, el gran amor de su vida fue Óskar (Thomas Prenn), -encarcelado al mismo tiempo que Hans-, atormentado por la mancha que esa condena le otorgaría en su vida exterior, a pesar de los sueños de escapatoria en conjunto hacia otro país, una vez conseguida la libertad. Oskar buscará la suya propia, falsa.

Hans y Leo, en 1969: una relación para la redención personal

         La relación entre Hans y Víktor irá pasando del rechazo, a otra etapa que deviene amor fraternal y, finalmente, un entendimiento mutuo en lo que se refiere a su compañía. De la violencia primera, se pasa a la comprensión por el destino terrible del judío sobreviviente, despreciado por homosexual, para que, con los años, se vaya produciendo una especie de amor fraterno que irá transformándose ya por la unión carnal, por las demostraciones de afecto, por la necesidad del calor humano en noche de frío. Es esta comunión de almas la razón por la cual se irá cuestionando el sentido de libertad. A pesar de desearla, ya existe una forma de vida. Hans ha retornado, a pesar de haber sufrido previamente castigo. Víktor, en algún momento, tendrá la oportunidad de salir bajo palabra y él mismo se boicotea. Inesperadamente, llega la abolición del artículo 175. Hans podrá salir libre.

Oskar, 1957, el gran amor, el deseo de escapar, la tragedia

         Al terminar su último período, y encontrarse en la calle, Hans llega a un antro llamado “La gran libertad” donde los homosexuales ya pueden vivir sus vidas. Hans baja a un sótano donde encuentra a hombres que se masturban, tienen relaciones sexuales en diversas posiciones, se besan, demostrando que ya no existen barreras. Durante esta secuencia se escucha la canción “L’amour” de Mouloudji (que fue un cantante importante al estilo de Yves Montand o Jacques Brel), que termina con esta letra:

El amor es cuando te amo,

el amor es cuando me amas,

sin decírtelo yo

sin decírmelo tú.

Ya no son los años de riesgo y consecuencia. Ya es natural dar rienda suelta a las preferencias o a la demostración del afecto por un ser del mismo sexo. Hans se cuestiona esta realidad que desconoce: su actividad era siempre en la oscuridad, oculta, porque era una falta legal. ¿Cuál es la diferencia entre amar o darle rienda suelta al instinto sexual? Sobre todo, cuando se ha comprendido lo que significa la cercanía entre dos personas que se aman.

El apoyo de Hans contra la adicción de Víktor, en 1969

         La película nos habla sobre las injusticias de la historia. Los cambios sociales que han ofrecido mayor libertad y reconocimiento a las que eran consideradas minorías. Parte de la evolución histórica, al grado de que las nuevas generaciones ni idea tienen de lo que era la represión y la humillación. Pero ese es un pretexto: en realidad, lo más importante es el amor entre seres humanos, independientemente de sus circunstancias y deseos, que surge del entendimiento.

El realizador Sebastian Meise




 

        

 

 

jueves, 7 de julio de 2022

LA COMEDIA DEL HÉROE

 
THOR: AMOR Y TRUENO
(Thor: Love and Thunder)
2022. Dir. Taika Waititi.

         Un prólogo nos muestra al indigente Gorr (Christian Bale, de nuevo camaleónico) perdido en el desierto, junto con su hija pequeña, pidiendo a Dios agua y sustento. Sin embargo, la niña muere. Al encontrarse con uno de los dioses, quien le responde cínicamente sobre su tragedia, Gorr adquiere la fuerza para apoderarse de la necroespada con la cual puede eliminar a los dioses. Junto con esta línea de acción, se encuentra la realidad que vive la científica Jane Foster (Natalie Portman) al encontrarse con un cáncer avanzado. Al revisar un libro sobre mitos escandinavos, decide ir hasta Asgard donde el martillo Mjolnir se encuentra hecho pedazos, pero que se reconstruye con la presencia de la mujer quien así, se convierte en el equivalente femenino de Thor. Empieza el ataque de Gorr en Asgard, llega Thor (Chris Hemsworth, con un físico envidiable), quien al verse al lado de Jane, revive su viejo romance, y juntos deciden luchar contra el villano. Así, de manera sucinta, se tiene otra de las aventuras del rubio y, en realidad, poco brillante dios noruego, que confirma el hecho de que “mucho músculo, poco seso”.

         Y así como sucedió en Thor: Ragnarok, también dirigida por el neozelandés Waititi, el sentido del humor y la ligereza es el tono que se le imparte a una cinta cuya duración apenas alcanza, por fortuna, dos horas, y de manera compacta, nos narra una aventura moral, el mal contra el bien, la redención esperada. La cinta cumple con las convenciones actuales y obligatorias de la diversidad (todas las razas, aunque se llegue a absurdos reales: los nórdicos originales eran blancos). Una de las grandes cualidades de esta película es que nos recuerda, para quienes no somos fanáticos de hueso colorado del universo Marvel, las tramas previas. Una representación teatral revive la historia de Thor, Loki y Hela, para ponernos al día. En la secuencia que nos introduce a Thor, lo vemos acompañado por los Guardianes de la Justicia, quienes lo dejan para que cumpla su misión mientras ellos parten hacia la siguiente producción de Marvel.

         Thor, junto con sus compañeros Korg, Valkiria y Jane, asisten al palacio donde habitan los dioses. Ante ellos, aparece el Dios principal, o sea Zeus (Russell Crowe), quien resulta ser vano y caprichoso. Es una de las secuencias divertidas de la cinta: Crowe interpreta con gran sentido satírico (algo impensable en el usualmente torturado actor) al dios griego (hasta utiliza un ligero acento, aparte de que al bajar escalones, juega con su faldita). Y otro incidente llevará al usual segundo final de la cinta para dejar atrapado y cautivado al espectador. Con excelentes efectos especiales y visualmente apantalladora, la película se desliza ágil. Lo que más se puede rescatar de esta cinta entretenida es la idea de que los dioses se pueden sacrificar con el fin de salvar a la humanidad. La cinta lo enfatiza, la maldad se esfuma, revive la esperanza.

El director Taika Waititi y su personaje Korg