domingo, 2 de agosto de 2015

EL JUEGO DE LA INTELIGENCIA

MISIÓN IMPOSIBLE: NACIÓN SECRETA
(Mission: Impossible - Rogue Nation)
2015. Dir. Christopher McQuarrie.


         Luego de cuatro años finalmente llega otro episodio en la serie de cintas de Misión: Imposible. Uno espera con ansia estas películas porque se tiene la seguridad de que habrá inteligencia detrás de los guiones y de los realizadores. Es una franquicia con gracia que ha sabido equilibrar la fantasía con la realidad; la mezcla de espionaje con la acción vertiginosa que tendrá alguna falla para tomar una decisión de último minuto; los personajes más interesantes, atractivos y perdurables en la memoria. Además, se tiene a Tom Cruise demostrando que la edad le sienta bien, a pesar de tanta cinta inflada, fallida e inútil de su juventud y primera madurez. Es ejemplo de cinta bien producida porque sabe que uno de los ingredientes del éxito reside en el reparto y en eso nunca se ha fallado.

Jeremy Renner, Tom Cruise, Simon Pegg y Ving Rhames,
reparto excelso...


         Reencontramos a Ethan Hunt junto con sus colaboradores en otra de sus misiones: ahora es evitar que una carga de gas tóxico sea transportada por rebeldes chechenos. Luego, nos enteramos que el proyecto de “Misión Imposible” ha sido cancelado y que Hunt es ahora un fugitivo de su país. No obstante, ha descubierto que el Sindicato existe (la organización criminal enemiga que es negada oficialmente), así como su líder, por lo que requerirá ir tras ella y su cabecilla: de ahí que se viaje de Cuba a Francia a Viena a Marruecos a Londes. La trama es tan inteligente y el ritmo tan bien cuidado que la cinta se pasa como agua fresca en verano.


 Rebecca Ferguson tiene increíble química
con Cruise y sorprende como mujer de temple

         Es una franquicia afortunada: Las primeras dos misiones fueron realizadas por Brian de Palma que le impartió su impresionante sentido del suspenso (una gota de sudor) y luego siguió con John Woo que le dotó de su poética violenta. El paso del tiempo y la evolución de los efectos especiales dieron lugar a las inigualables cintas de los efectivos Abrams y Bird, para llegar a esta tercera cinta del anteriormente irregular guionista, ahora autor completo McQuarrie (con quien Cruise compartió la subvalorada “Jack Reacher”) que logra absorber al espectador: uno se angustia, se desespera, pero ríe con el sentido del humor y cuando quien debe tener su merecido lo merece…



         Tenemos una secuencia subacuática, una conspiración en la Ópera de Viena, una persecución por calles y autopistas marroquíes, además de villanos tan odiosos como adorables (Sean Harris es un exquisito malvado; Jens Hultén es un sádico que guiña el ojo).




Sabemos que el cine es fantasía y lugar de sueños: 
por eso las situaciones van cambiando de tono y de pronto hay giros donde uno desconoce si es verdad o mentira lo que está sucediendo. Todo es según el cristal con que se mira y por eso tenemos la circularidad de un mismo hecho (las declaraciones ante un tribunal en Washington que adquieren tonos contrarios, con misma respuesta, al principio y al final).

Christopher McQuarrie, autor total,
con su productor-actor