Sobre todo cine, efemérides y mucho más: inquietudes que deseo compartir... luego, el infinito.
martes, 30 de marzo de 2010
GENTE ESTÚPIDA
En el Diccionario de la Real Academia Española, se define la palabra estúpida como adjetivo que indica la falta de inteligencia; a la inteligencia se le describe como capacidad para comprender, entender, resolver problemas. La gente que estuvo en el estadio universitario, el pasado sábado 27 de marzo, y provocó un zafarrancho, golpeando personas y dejando de lado a la razón estaba integrada por fanáticos estúpidos de un deporte que solamente sirve para enajenar a las masas. No hay otra manera para etiquetarlos. El fanatismo tiene límites: luego se torna violencia y ¿de qué sirven las marchas artificiales y los consejos interreligiosos? Son estas personas a las que quisieramos ver en medio de un enfrentamiento militar-sicarios en lugar de gente útil que es asesinada por una situación semejante a los propios actos que ocurrieron en dicho estadio. ¿Suena cruel? Es peor lo que sucedió esa noche.
miércoles, 24 de marzo de 2010
CHUCHERÍAS


En el canal de cable donde exhiben viejas comedias de la televisión mexicana, me tocó disfrutar un capítulo del programa "Chucherías", en blanco y negro, realizado en 1962, donde Chucho Salinas (baterista, cómico talentoso y hermano de los otros integrantes del Quinteto Salinas), Héctor Lechuga y Leonorilda Ochoa eran los protagonistas estelares con las actuaciones secundarias de Alejandra Meyer, Ricardo Pascual, Alfonso Zayas y Alejandro Suárez. El locutor era Jorge Labardini quien aparecía adelante de las imágenes de marcas comerciales (productos Herdez y pasta dentífrica Tami) que por entonces eran quienes mandaban sobre la programación que las agencias de publicidad vendían directamente.
En este programa Leonorilda canta "Son tus ojos verde mar" (de Gonzalo Curiel) y junto con Chucho Salinas interpreta el "dúo de los paraguas" (de la zarzuela "El año pasado por agua" de Chueca y Valverde); luego, Chucho, Lechuga y Leonorilda interpretan su versión de "Pretty Baby" (una bella canción de 1916), vestidos al estilo de los años veinte.
Hay un par de sketches sobre mujeres neurasténicas que reclaman a sus maridos que uno de ellos nunca pase la noche con ella, ante lo que le responde que no puede ser posible ya que trabaja como velador. Otra le exige que ya no llegue sucio a casa y el hombre le dice que es muy difícil porque trabaja como albañil.
En una sección fija llamada "Lo que sueña un mexicano", Lechuga narra que soñó que iba a reclamar el sobrecargo de un peso en su recibo de luz. Todos los empleados de la compañía renunciaban y el director de la misma iba a la cárcel porque era un deshonor. Lechuga jamás volvería a pagar un recibo y podría conseguir gratis todos los electrodómésticos deseados. Luego decía que lo había soñado mientras esperaba su torno en la compañía de luz al haberle cobrado 350 pesos en una casa que estaba vacía. El responsable de quejas lo corría y hasta le reclamaba.
Finalmente llegaba la entrevista política donde Salinas platicaba con un tipo que había ido a España y criticaban veladamente a Franco.
Fue muy disfrutable porque mostraba la manera en que se hacían estos programas en vivo, con mínima producción y apresuradamente porque no había cortes y se estaba grabando con el tiempo encima.
Siempre me toca la nostalgia (una característica que siempre percibirán en este blog) y recordé los domingos por la tarde cuando nos llegaba este programa, una semana después, al canal 3 local. Lo veíamos toda la familia y mi memoria es de que me carcajeaba con lo que ahora solamente me hace sonreír, conmover y añorar.
Hoy ya no están entre nosotros Meyer o Labardini ni Chucho; Leonorilda padece Alzheimer y está internada en una casa de reposo; Lechuga, muy viejo y enfermo, de repente aparece por algún rumbo.
¡Qué rico programa!
¡Qué rico programa!
STEVE McQUEEN (1930 - 1980)



Treinta años sin el magnífico McQueen: personalidad avasalladora aunque no fuera niño bonito. Entre mis recuerdos gozosos está "El gran escape" (The Great Escape, Sturges, 1963), en el Cine Juárez, que era larga pero entretenidísima para mis ojos de niño. Luego vino "Desliz de una noche" (Love with the Proper Stranger, Mulligan, 1963) donde también salía mi adorada María de "Amor sin barreras" (West Side Story, Wise & Robbins, 1961), o sea Natalie Wood, en un melodrama estupendo (en glorioso blanco y negro) acerca de una muchacha que le informaba a un músico desempleado que estaba embarazada por haber tenido relaciones casuales. Esto fue en el Cine Elizondo, por los mismos tiempos en que a pesar de corta edad tenía permiso por parte de mis padres para ver audaces películas (ese tema en 1964, cuando se exhibió aquí en Monterrey era "too much").Ahora, gracias al DVD puedo recuperar esas imágenes aunque siempre añoraré la magnificencia del Juárez donde podía verse perfectamiente bien desde cualquier asiento o los adornos orientales del Elizondo con su extraordinaria capacidad. "Papillon" (Schaffner, 1973) la pude ver en Laredo, Texas, antes de que ir a la frontera fuera como ir a la guerra, en una sala chiquita pero acogedora. Esa es una de las maravillas del cine: su relación con momentos entrañables de nuestras vidas. Esas son las herencias de las personalidades del cine: conectarnos con esas maravillas mencionadas por lo que se forma un círculo nada vicioso, simplemente pleno de felicidad. Gracias al querido McQueen con sus otras tantas películas: debíamos recordarlo.
lunes, 1 de marzo de 2010
LA CRUZ DE SU DOLOR



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Acabo de ver (más bien: gozar, disfrutar, deleitarme con) una extraordinaria película de Vincent Sherman que tuvo como título original "La cruz de su dolor" (Mr. Skeffington, 1944), producción de la Warner Bros. para el lucimiento de su entonces estrella principal y diva absoluta Bette Davis. En este caso interpreta al personaje de Fanny Trellis, una bella joven neoyorquina, con poco más de veinte años de edad, en 1914, cuando conoce al rico y poderoso Skeffington, jefe de su parásito hermano Trippy (Richard Waring)quien va a advertirle que lo entregará a las autoridades correspondientes por un fraude. Ella es cortejada por diversos hombres pero selecciona al mencionado Job Skeffington (un Claude Rains impecable, del cual ya platicaremos en una entrada específica) porque de esa manera logra salvar a Trippy, aunque lo pierde cuando éste, enojado por tal decisión, decide enlistarse y, al menos, morir honrosamente durante la Primera Guerra Mundial.
La cinta nos habla de una mujer frívola y vanidosa. Job Skeffington hace honor a su obviamente simbólico nombre, ya que tolera con paciencia a la mujer de la cual está locamente enamorado y soporta que ella siga siendo cortejada o que busque a otros hombres. Le dice a Fanny: "Una mujer es tan bella como es amada", por lo que ella está segura de su atractivo y hasta permanece hermosa a pesar del paso de los años. Fanny no es cruel con su marido, simplemente indolente, y hasta tiene una hija que luego, le cede al solicitar el divorcio. Job decide partir hacia Alemania en los inicios de los años treinta. Fanny sigue su enloquecida vida hasta que contrae una difteria por la cual se esfuma belleza y cabello; engruesa el cuerpo; su cutis pierde la lozanía y se reseca. Ofrece una fiesta donde todos sus invitados critican la pretensión de sentirse hermosa cuando ya no queda nada. Luego, llega su exmarido. Job ha escapado de Alemania donde sufrió vejaciones terribles por los nazis. Fanny teme que la vea, pero sorpresivamente, el Sr. Skeffington está ciego. Ella siempre quedará en su memoria como era cuando joven. Seguirá siendo amada por lo que se mantendrá, al menos en el recuerdo, como bella y hermosa mujer.
Por supuesto que es una sinopsis muy simple. Lo que debe destacarse es que es una cinta realizada para el público femenino que se encontraba solo, sin los hombres que entonces peleaban una Segunda Guerra Mundial. Es otra oportunidad para que la Davis se desborde con personaje extremo y pueda jugar con maquillajes que la avejentan y le dan matices impensables en las bellas de Hollywood que no aceptaban una apariencia alejada del glamour. Su cutis se nota blanco (como un antecedente de su Baby Jane en los años sesenta)y es impecable el maquillaje falso cuando llega a su etapa decadente. El aspecto moral es audaz: Fanny es amasia de un hampón en los tiempos de la prohibición alcohólica, mientras Job tiene relaciones con sus secretarias. En una secuencia insospechada, ambos se encuentran con sus respectivos amantes e intercambian lo que sería una moderna conversación para su momento.
También hay una secuencia delirante donde la vieja Fanny visita a un psicoanalista ya que es una "nueva" técnica médica. El médico Byles (un extraordinariamente cínico George Coulouris)la recibe, pero antes de atenderla, abre la ventana del consultorio, por lo que nosotros, espectadores, sentimos que hubo un mal olor (o exceso de olor). Luego le dice que está "sobreperfumada" cuando le asesta en su cara la vejez. Ella se ofende pero el hombre le espeta que su trabajo está asentado en la verdad.
El director Vincent Sherman dirigió la segunda de sus dos cintas con la Davis (la primera fue "Vieja amistad" de 1943). Melodrama antológico como tantos que podemos señalar del Hollywood de los años treinta y cuarenta, sobre todo (en la década siguiente, se sofisticaría el género), porque permitió el establecimiento de personajes únicos, que llegarían a niveles inesperados. Sherman lograría otras joyas con Ida Lupino, Joan Crawford, Ann Sheridan y Rita Hayworth, por ejemplo, para morir a pocas semanas de cumplir cien años en 2006. Qué maravillosa herencia nos ha tocado recibir a los cinéfilos de hueso colorado: los que nos desvivíamos en el pasado por ver cine a como diera lugar, en vez de estar pescando el último grito de la moda o la espectacularidad ultratecnológica.
Aquí hay unas fotos de la Davis, Rains, y del personaje de Fanny tanto joven como avejentada.
sábado, 20 de febrero de 2010
JOHN GARFIELD (1913 - 1952)




Acabo de leer la biografía de John Garfield, una de las presencias más interesantes del cine hecho en Hollywood. Bajo el título "He Ran All the Way - The Life of John Garfield" (Limelight Editions, Nueva York, 2003), el autor Robert Nott pasó más de diez años investigando periódicos, papeles, cartas; entrevistando a personas que lo conocieron; revisando todas sus películas y las poquísimas intervenciones en televisión (que se preservaron). El título del libro corresponde al de la última cinta filmada por el actor, estrenada el mismo año de su fallecimiento (aunque realizada a fines del año previo) bajo el título de "Prisionera de un amor" (1951, John Berry).
Conocemos la vida de Jules Garfinkle, hijo de una familia rusojudía que había emigrado a los Estados Unidos a principios del siglo XX. "Julie" como le llamaban sus conocidos (y siguieron haciéndolo por toda la vida) perdió a su madre a temprana edad y su padre, un sastre, no le atendió ni a él ni a su único hermano, como debería hacerlo la figura paterna. Se crió con un tío y luego tuvo el apoyo del director de la secundaria a la cual asistía. Sin embargo le picó el gusanito del teatro desde una intervención en una puesta escolar de "Sueño de una noche de verano" y así comenzó una carrera que lo llevó desde la compañía prestigiosa, de izquierda, que se cultivaba en Broadway hasta Hollywood.
En 1938 debutó en "Cuatro hijas" (Four Daughters, Michael Curtiz) gracias a un contrato en la Warner Brothers. Su presencia causó furor. El personaje de un arreglista musical, joven, cínico, rebelde, que seduce a uno de los personajes femeninos para que lo despose, traicionando a un amigo, y luego demostrar que no tenía el empuje para sacar adelante un matrimonio, hizo que el público se sintiera atraido hacia su personalidad. Garfield era intolerante y sensual. Inicia un contrato de siete años con esta productora que, por desgracia, lo encasilló en roles duros, aunque ocasionalmente podía filmar en otros estudios.
Luego de 1945, Garfield decidió ser independiente. Fue pionero de lo que vendría a ser el Hollywood en una nueva etapa cuando los actores eran socios de sus cintas, dejando atrás el sistema de contrato en los grandes estudios. Con su compañía Enterprise Productions, logró dos de las mejores películas norteamericanas en la historia: "Carne y espíritu" (Body and Soul, Robert Rossen, 1947) y "La fuerza del mal" (Force of Evil, Abraham Polonsky, 1948). En ellas, Garfield fue boxeador y abogado decadente, respectivamente.
Antes de ellas, sin embargo, aceptó participar en producciones de estudio en películas que se tornarían clásicas: como cine negro, "El cartero llama dos veces" (The Postman Always Rings Twice, Garnett, 1946) para la MGM, al lado de una rubia platinada que lo lleva a la condenación interpretada por Lana Turner; como gran melodrama, "De amor también se muere" (Humoresque, Negulesco, 1946) al lado de Joan Crawford, para la Warner Bros, donde provocaba el amor imposible de una alcohólica, mayor en edad que él. También estuvo en la producción Fox "El sol sale para todos" (Gentlemen's Agreement, Kazan, 1947) donde interpretó un papel secundario, como soldado judío sujeto a discriminación por sus orígenes étnicos.
Sin embargo, su carácter liberal y rebelde, además de sus participaciones en asociaciones de izquierda y comunistas, durante sus años mozos, hicieron que fuera colocado dentro de la famosa lista negra durante los años de la Guerra Fría. Su última película ocurrió antes de que comenzara a ser vetado tanto por el cine como la televisión. Murió en esos tiempos a los 39 años de edad, al lado de una de sus últimas amigas íntimas. Garfield estuvo casado desde los veinte años con Robbe Seidman, aunque tuvo infinidad de amoríos casuales con el paso de los años. Al morir, tenía algunos meses de separación de su esposa.
Su funeral fue tumultuoso. No había sucedido algo semejante desde la muerte de Valentino, por lo que quedaba establecida su presencia en el corazón de miles y miles de fanáticos. Garfield no tenía rasgos bellos en el sentido convencional de la imagen masculina de Hollywood (como Tyrone Power, por ejemplo). Era de baja estatura por lo que tenía que usar elevadores en sus zapatos. No obstante, exudaba cierta sexualidad. Su tipo rebelde, sin concesiones, con la actitud retadora, daban a entender una naturaleza fogosa. El mejor ejemplo estaría en la cinta con la Turner, mencionada anteriormente.
LAS CINCUENTENARIAS (2)

LOS JÓVENES (Luis Alcoriza, 1960)
Hace cincuenta años solamente debutaron dos directores en el cine nacional: Luis Alcoriza para la Filmex de Gregorio Walerstein con "Los jóvenes", dentro de la industria, con todas las obligaciones sindicales; por otro lado, Servando González con "Yanco", producción independiente que contó con el apoyo de la primera dama, o sea Eva Sámano de López Mateos, gracias al Instituto Nacional de Protección a la Infancia (INPI), institución precedente al contemporáneo DIF. Las dos películas resultaron ser completamente opuestas: mientras "Los jóvenes" fue un intento de expresión personal, "Yanco" se quedó en la cursilería total, preconcebida y convencional.
"Los jóvenes" inicia con anuncios de neón publicitarios (KLM, Coca Cola, Tastee-Freez, entre otros)antes de posar la cámara sobre una rockola donde cae un disco con música de jazz. Seis jovencitos bailan al ritmo afuera de la lonchería donde se reunen. Pasan dos muchachas que comienzan a ser acosadas por los jóvenes pero cuyos intentos de abuso son detenidos cuando llega Lorenzo, apodado El Gato, (un Julio Alemán veinteañero) sobre una carcacha convertible conducida por otro muchacho. Les silba y todos se meten en el auto, pintarrajeado con, por ejemplo, ofensas hacia los "tamarindos" (como eran llamados los oficiales de tránsito). La acción corta a una pareja (Adriana Roel y Guillermo Herrera) que se está besando dentro de un Thunderbird último modelo, en un lugar baldío. Llegan los pandilleros que los amenazan con cuchillos, manoplas y un látigo de cuero. Les quitan dinero, los tapones de las llantas (una de ellas es tasajada), pero Lorenzo ha inquietado a la joven Alicia quien al día siguiente cuenta su aventura a sus compañeras de la Mexico City Academy, la descarada Olga (Tere Velázquez) y la asustadiza Tere (Dacia González) destacando a su joven asaltante ("tenía unos ojos que... parecía que te estaban desnudando... era alto, con la mirada triste, triste").
Luego viene la presentación de Gabriel (Rafael del Río, quien anteriormente se hacía llamar Rafael Etienne, en otras películas), joven estudiante de química quien además trabaja como visitador médico para ayudarse con sus gastos. Gabriel vive con su padre viudo (Enrique Rambal) cerca de la casa de Alicia, a la cual quiere, y casualmente resulta ser amigo de Lorenzo desde que eran niños. De esta manera sucede la relación de estos personajes tan diferentes: Lorenzo es ladrón, sin ambiciones personales, falto de amor, anhelante del afecto de Alicia. Gabriel es un joven clasemediero que busca la posesión de un automóvil para poder invitar a salir a la acomodada Alicia. Olga, por su parte, establecerá una relación meramente física con el joven Lorenzo quien respeta a la muchacha que desea, por respeto a su amigo de la infancia. Con todo lo que acabo de comentar podrá pensarse en el usual melodrama juvenil (que lo es: por eso le gustó al productor Walerstein), pero intervienen otros factores que le inquietaban a Alcoriza.
Está la sexualidad incipiente que se deriva en besos apasionados. Las chicas "buenas" saben hasta donde llegar. Las "fáciles" simplemente gozan. La rebeldía presentada en "Rebelde sin causa" (Ray, 1955) y "Semilla de maldad" (Brooks, 1955)era adaptada a México ya sin el tremendismo de las cintas de Díaz Morales para Cinematográfica Calderón de años anteriores: "Estos años violentos" o "Juventud desenfrenada" por mencionar pocos casos. No deja de ser un apunte que se quedó incompleto, pero es apasionante, sobre todo cuando las consecuencias de estos deseos llevan a un final triste e inquietante: el joven Gato es muerto por dos policías rurales y su cuerpo tirado a un río.
El maestro Alcoriza inició una carrera como realizador interesado en temas sociales ("Mecánica nacional" o "Día de muertos", por ejemplo). A través de estos retratos juveniles, esquemáticos, quiso dar idea del mundo cambiante en que la juventud se movía. El paso de cincuenta años la coloca como ingenua aparentemente cuando ahora leemos que chicos "bien", estudiantes de universidades caras, roban o trafican; cuando la idea de pareja es temporal; cuando abundan los hijos de nuevos conceptos de familia. Evolución presentida por uno de los discípulos más fieles y constantes de Buñuel.
domingo, 24 de enero de 2010
LORENA SANMILLÁN

Lorena Sanmillán es una escritora regiomontana que me parece inteligente y cuya obra me atrapa porque habla del ser humano con sus pasiones y sus limitaciones, de manera lúcida y sin concesiones. No, no soy experto en su trabajo; la he escuchado leer y he leído de vez en cuando sus artículos o poemas. Aquí reproduzco uno de sus trabajos sin mayor afán que recomendarla y pedirles que la lean. Espero que Lorena no se enoje por hacerlo sin su permiso.
Muertos
Nadie se da cuenta. Nadie. Estamos mezclados entre los vivos. Despertamos por la mañana, tomamos antidepresivos. Apagamos el despertador, nos lavamos los dientes. Encendemos la televisión; parecemos interesados en las noticias del día, hasta en el clima que dicta la ropa que usaremos en esa jornada. Nos bañamos, desayunamos cosas que saben a nada. Vamos a trabajar. Resolvemos pendientes, simulamos involucrarnos con los demás.
Somos los primeros en sonreír ante los chistes malos. Acudimos a las citas pactadas, somos puntuales pues entendemos que para los otros el tiempo sí cuenta. No sabemos reconocer a los iguales de lo bien que nos mimetizamos. Comentamos las novedades y con hipocresía irónica teorizamos sobre el futuro.
Transcurre el sol del oriente al poniente sin que nos importen las horas. Regresamos a casa y sin cenar tomamos somníferos. El siguiente amanecer nos espera con esa claridad que tanto nos angustia. La felicidad es un abstracto con el que nunca más jugaremos para complementar la conjugación de ninguno de los verbos conocidos. Se repetirá el ciclo hasta que se rompa el hechizo que nos mantiene aquí.
A los muertos nos confunden con personas ocupadas, vitales, llenas de energía. Pero estamos muertos, aunque respiremos y la sangre fluya; porque muerto no es quien no tiene vida. Muerto es aquel que carga sobre sus hombros el descomunal peso de su alma vacía.
Lorena Sanmillán
Artículo publicado en el suplemento Kultur, el 21/10/09
Y aquí pueden encontrar su página:
http://lorenasanmillan.wordpress.com
JEAN SIMMONS (1929 - 2010)


A punto de cumplir 81 años falleció la hermosa Jean Simmons quien nos deleitó con tantas películas que se convirtieron en iconos del cine universal. No podremos olvidarla como la joven Ofelia del "Hamlet" (1948, Laurence Olivier) que le dio la Copa Volpi como mejor actriz en el Festival de Venecia o la perversa Diane de "Cara de ángel" (1952, Otto Preminger)o la dulce Diana de "El manto sagrado" (1953, Henry Koster)donde se inauguraba el Cinemascope moderno o la sargento Sara del Ejército de Salvación en "Ellos y Ellas" (1955, Joseph L. Mankiewicz)donde usó su voz para cantar y bailar al lado de ¡Marlon Brando! (mucho antes de que éste se convirtiera en inmenso marrano humano)o la Varinia, esposa amante de "Espartaco" (1960, Stanley Kubrick)o la hermana Sharon del megalómano predicador "Elmer Gantry- Ni bendito ni maldito" (1960, Richard Brooks).
Fue importante personaje en múltiples películas y siguió participando tanto en cine como televisión o el teatro durante estos años en los cuales pasó de la madurez a la ancianidad. Hay una película maravillosa que no ha vuelto a surgir por muchos años y que pudimos disfrutar en los tiempos esplendorosos del Cine Juárez: "El final amargo" (1969, Richard Brooks) donde era la mujer que se daba cuenta que la habían educado para creer en la vida como si fuera un cuento de hadas con final feliz y luego descubrir que la habían engañado. De hecho ese era el título original (final feliz) que los inteligentes traductores opusieron totalmente al nombrarla en español. Eso es lo de menos: su actuación fue tan impactante que la nominaron al Óscar (de grata memoria: cuando se consideraban todas las cintas del año y no los fraudes comerciales de ahora) pero la película no tuvo tanto éxito en taquilla que fue relegada. Habremos de traerla siempre en el corazón por tantos buenos momentos que nos regaló. Descanse en paz.
martes, 22 de diciembre de 2009
LAS CINCUENTENARIAS (1)

LA JOVEN (Luis Buñuel, 1960)
Una película mexicana, filmada en los alrededores de Acapulco, producida por George P. Werker a quien se le agradecen los esfuerzos por realizar un cine independiente durante los años cincuenta en nuestro país a través de sus Producciones Olmeca ( "Torero", "Los pequeños gigantes"), aunque hablada en inglés, que vino a ser la número 22 en la filmografía del genio aragonés (no cuento sus "codirecciones" durante la República Española) y que se ganó una Mención Especial en el Festival de Cannes de 1960, llegará a su cincuentenario en este ya muy próximo año nuevo.
Escrita por Hugo Butler (uno de los guionistas excelsos de Hollywood que sufrió el McCarthismo, la lista negra y la prohibición de seguir trabajando para el espectáculo), bajo el seudónimo "H.B. Addis", sobre un cuento de Peter Mathiessen llamado "Travelin' Man" que había sido publicado en la revista Harper's en febrero de 1957, tuvo una coadaptación y guión final por el mismo Buñuel quien alguna vez la clasificó como una de sus cintas más personales. Se narra lo que sucede en cuatro días en una pequeña isla frente a las costas de Carolina. Ha muerte Pee Wee, el ayudante de Miller (Zachary Scott), cuidador de la propiedad, dejando sola a su nieta de 14 años, Evalyn (Kay Meersman) quien es, de todas formas, bastante avezada en las cuestiones de los apiarios y el apoyo doméstico del lugar. Llega inesperadamente Traver (Bernie Hamilton), un hombre de color que está huyendo de la justicia: una mujer blanca lo ha acusado de violación. Miller debe ir al pueblo para arreglar la situación de Evvie, como la llama. Ella es quien encuentra y apoya a Traver con alimentos; el hombre se lleva una escopeta que luego, se disparará y hará un boquete en su lancha. Traver deberá repararla por lo que vuelve al lugar. Al día siguiente retorna Miller quien, a la fuerza, acepta al negro como ayudante a cambio de paga y alojamiento. Por tal motivo, muda el catre de Evvie a su cabaña donde la posee durante la noche. Al tercer día ha llegado uno de los alguaciles del pueblo, Jackson (Crahan Denton), quien ha traido consigo al reverendo Fleetwood (Claudio Brook) para llevarse a Evalyn y alojarla en la iglesia del lugar. Jackson entera a Miller de la acusación sobre Traver y deciden atraparlo para ajusticiarlo. Evvie le ayuda a escapar. Mientras tanto, el reverendo Fleetwood ha bautizado a Evvie en el agua y se ha enterado de su relación sexual con Miller. Jackson pelea con Traver al cual quiere matar pero cuando éste le toma ventaja y puede quitarle la vida, prefiere no hacerlo. Miller ayuda a Traver a escapar, para evitar que sea muerto sin un juicio, al asegurar a Fleetwood que cumplirá sus obligaciones con Evvie (quien se marchará con el reverendo).
Así tenemos una trama sencilla donde aparentemente lo que sucede no tiene complicaciones, aunque están presentes el odio racial y la supremacía de un personaje sobre otro. La adolescente vive de manera salvaje, sin tener idea de este tipo de diferencias y discriminaciones, con la inocencia de hablar sobre todo y contar todo lo que sucede ya que no entiende las convenciones de las personas mayores. Buñuel introduce a las abejas por el lado productivo; a un mapache como depredador de gallinas sin mayor interés que matarlas ya que no se alimenta con ellas; a un ciervo atado como inútil mascota ya que su estado normal sería la libertad en el bosque.
De esta manera llegamos a la metáfora de la inocencia sin protección y la amenaza circundante. Traver y Evalyn serán las víctimas de un juego de persecuciones, seducciones, maltratos, que tienen que ver con sus cuestiones de raza y de género, respectivamente. Está un reverendo, hombre que sigue sus convicciones morales y representa a la "bondad", aunque nunca de manera absoluta: al tener que dormir en el catre donde yació el negro la noche anterior, pregunta cuánto tiempo lo utilizó. Como fue mínimo, entonces será suficiente con darle vuelta al colchón de paja y hojas.
Buñuel muestra otra de sus obsesiones con los pies del muerto Pee Wee, del cual nunca vemos el rostro. Luego estarán las sandalias de Evvie que al final de la cinta se habrán transformado en zapatos de tacón. Ese fetichismo tan usual en el director que llegaría a tomar importancia plena en "El diario de una recamarera" (1964): a lo largo de este corto lapso, una niña se ha convertido en mujer. Y es precisamente ese oscuro objeto del deseo (que coronará la carrera buñueliana) que un hombre mayor tiene por una mujer de menor edad: en este caso, una niña (como sucedia en la cinta ya mencionada de 1964) pero que ya estaba presente en "La edad de oro" (1930), "Ensayo de un crimen" (1955), "Viridiana" (1961) y "Tristana" (1969) para terminar con el Mateo (Fernando Rey) que enloquece por Conchita (Ángela Molina o Carole Bouquet) en "Este obscuro objeto del deseo" (1977).
La joven Kay Meersman era completamente aficionada y su naturalidad se debía a su falta de talento: vino a ser una de sus cualidades indirectas porque su presencia es efectiva en la película. No le interesaba hacer cine y solamente intervendría en otra cinta más: "La isla de los amores prohibidos" de Damiano Damiani, 1961. Zachary Scott (1914 - 1965), actor legendario de Hollywood en cintas clásicas como "El suplicio de una madre" de Curtiz, 1945, había sido dirigido por Jean Renoir en una de sus cintas norteamericanas: "El amor al terruño" (1945) y que había sido escrita por el propio Hugo Butler. Bernie Hamilton (1928 - 2008), quien interpreta a Traver era hermano del jazzista Chico Hamilton y su rol más popular sería como el Capitán Dobey en la serie de televisión "Starsky y Hutch". Claudio Brook (1927 - 2005) es un actor icónico del cine mexicano.
El autor Mathiessen ha contado que su escrito original relataba el simple enfrentamiento entre un cazador y un hombre de color en las montañas sureñas, con pocos diálogos al final. Werker, el productor, le ofreció 1500 dólares por los derechos de su escrito, de los cuales solamente le entregó quinientos. Culpaba a los inversores de la película que se hubiera modificado tanto con la inclusión del personaje femenino y los otros masculinos. Se avergonzó de la versión fílmica pero se sorprendió por la respuesta crítica. Años más tarde, ya muerto Werker, su viuda le llamó porque se había dado cuenta de la deuda pendiente por los derechos del cuento. Mathiessen le afirmó que faltaban mil dólares por pagar, mismos que recibió puntualmente pocos días después. La viuda de Werker quedaba como dueña de los derechos todavía y Mathiessen con la esperanza de que alguien retomara su cuento para filmarlo (según él) "como debería trasladarse a la pantalla".
Cuando uno se reencuentra con esta película y nota el resultado final, no puede estar de acuerdo con Mathiessen. Butler y Buñuel tuvieron que modificar de alguna manera lo que sería una obvia y aburrida lucha entre dos hombres de razas distintas añadiendo otro ingrediente: distinto sentido del pecado, de la sensualidad latente, del deseo que exuda una joven inocente como símbolo de la víctima, de la presa a la cual acecha la mirada. Otro tipo de lucha que todos conocemos y que puede llevar a la perdición o a la redención. Extraordinaria, subestimada: es el momento para rescatarla.
lunes, 7 de diciembre de 2009
RICHARD TODD (1919 - 2009)


Me entero, gracias a Pepe Quintanilla, que ha fallecido el actor irlandés Richard Todd a los noventa años. Tuvo una larga carrera y estuvo lúcido hasta la vejez, pero su recuerdo fílmico consta principalmente de tres películas: "Alma en tinieblas" (The Hasty Heart, Vincent Sherman, 1949) basada en una exitosa obra teatral de John Patrick (el mismo autor de "Luz que agoniza") donde interpretaba a un soldado que estaba muriendo en un sanatorio, en la Birmania de 1945 (ahora se llama Myanmar) en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, donde se daba cuenta del sentido de la humanidad y la amistad sin fronteras. Otra cinta importante es "Celos mortales" (Lightning Strikes Twice, King Vidor, 1951)donde Todd es sospechoso del asesinato de su esposa y está a punto de ir a la silla eléctrica cuando surge algo que permite un segundo juicio que le dará la duda razonable para salir libre. Sin embargo, la película más importante es "Desesperación" (Stage Fright, Alfred Hitchcock, 1950) donde Todd es sospechoso de un asesinato que pone a la joven Jane Wyman a investigar a la perversa Marlene Dietrich a la cual se cree culpable: sin embargo, todo ha partido de una mentira y Todd es ciertamente el criminal.
Posteriormente filmaría otras películas memorables ("La reina tirana", "Operación Crossbow", "Santa Juana") pero su tiempo más feliz reside en esos inicios cuando era un joven de treinta años, beneficiado con roles estelares en tramas entretenidas e inteligentes (con todo y la chapuza de Hitchcock).
Descanse en paz.
(Dos imágenes del paso del tiempo: Richard Todd)
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