lunes, 27 de agosto de 2018

MUÑECOS PROCACES


 ¿QUIÉN MATÓ A LOS PUPPETS?
(The Happytime Murders)
2018. Dir. Brian Henson.



         En un Los Ángeles distópico conviven Puppets (marionetas de peluche) y seres humanos. Estos últimos desprecian a los primeros y existe cierto racismo generalizado. El investigador privado Phil Philips (voz de Bill Barretta, genial) empezará a investigar los asesinatos paulatinos del elenco de un viejo programa de televisión junto con su antigua compañera que era su pareja mientras fue el primer y único policía puppet en la ciudad, hasta que cayó en desgracia. Al mismo tiempo, recibe la visita de una mujer que le pide investigar un chantaje del cual está siendo víctima. Todo se irá concatenando, además de revelarse secretos del pasado.



         Dirigida por el hijo de Jim Henson, creador de los popularísimos Muppets, tenemos una película que va más adelante en audacia. Sin utilizar a los personajes inocentes de la serie original, la cinta nos cuenta una trama de cine negro, con muñecos y seres humanos que abusan de las palabrotas, del consumo de drogas y de las perversiones sexuales. Lo mejor de todo es que dentro de su vulgaridad, logra convencer por la gracia de sus actores humanos y la perfecta contraparte de villanos y seres negativos a través de los muñecos. Es chocante para el espectador no informado de lo que va a ver y de ahí, tal vez, la incomprensión con la cual ha sido recibida. Al no ser una cinta para niños se ha podido disfrutar sin doblaje, con las voces originales: su carga irónica es extrema y uno no puede más que soltar la carcajada… si se tiene idea de los antecedentes fílmicos.


         Y es que la trama nos lleva a Sam Spade de El halcón maltés, con investigador endurecido y secretaria avezada en los negocios de su jefe, aunque puesto al día y sin censura. Nos muestran tiendas de sexo y cabarets de bailarinas de tubo. Hay relaciones sexuales extremas y el vocabulario con groserías peca de excesivo. Si a esto se le añade a Melissa McCarthy, como la compañera policial, con su enorme carisma que se impone siempre, aún en sus peores películas, estamos ante una cinta bastante heterodoxa e iconoclasta pero plena de gracia. No es posible contar más sin revelar situaciones sorpresa, pero las descripciones no podrán jamás igualar a las imágenes.


         La idea no es nueva: ya se había producido una comedia musical en Broadway, que luego fue traducida e interpretada en otros países, donde los actores utilizaban a estos muñecos para seguir la acción, con vulgaridades en libreto y canciones. A nivel de caricaturas animadas, los antecedentes pornográficos o audaces se pierden en la noche del pasado. Es refrescante ver esta cinta que, de todas maneras, es otro paso adelante en la ruptura de tabúes o zonas de respeto. Uno tendrá sus restricciones ante la falta de respeto que ahora es rampante en todo el mundo, pero es otro reflejo de la realidad. ¡Y uno se divierte mucho!


viernes, 24 de agosto de 2018

UNA DECLARACIÓN DE FE



LOS ADIOSES
2017. Dir. Natalia Beristáin.


 
Ser de río sin peces, esto he sido.
Y revestida voy de espuma y hielo.
Ahogado y roto llevo todo el cielo
y el árbol se me entrega malherido.



En inglés la cinta se llama "The Eternal Feminine" 
como una de las obras de Rosario Castellanos




         Las Cartas a Ricardo publicadas de manera póstuma contribuyeron a magnificar la importancia de Rosario Castellanos como gran figura de las letras mexicanas en la segunda mitad del siglo XX. Una correspondencia iniciada desde la juventud en 1950 para terminar diecisiete años más tarde donde la mujer era la que se desbordaba en su expresión para recibir a cambio unas cuantas por parte del hombre. La riqueza de estas cartas es el valor literario: a través de confidencias, inquietudes, reflexiones, se tornan indirectamente en otra novela que refleja a un ser humano seguro de sí mismo, en lucha por conseguir el respeto como mujer. Falta subrayar que las cartas fueron dirigidas a Ricardo Guerra Tejada quien fuera su cortejante, posteriormente su marido.



         La película Los adioses no es una biografía fílmica per se, sino que toma elementos de la relación de pareja entre Rosario y Ricardo para analizar a una mujer inquieta por su situación, precursora feminista, exigente de sus derechos para eliminar los estereotipos del pasado. Natalia Beristáin dirige una película donde el icono Castellanos se erige como símbolo de un discurso femenino. Una mujer lúcida e inteligente, reflexiva y autorreflexiva, que bien podría ser cualesquiera, se refuerza mejor si la referencia es un personaje importante, destacado y trascendente.


Tessa Ia y Karina Gidi, soberbias

         Entre el pasado y presente se van narrando las relaciones impetuosas entre el joven Ricardo (Pedro de Tavira, bastante desagradable) y la joven Rosario (Tessa Ia, una de las mejores actrices emergentes del cine nacional), para compararlas con las relaciones tempestuosas del matrimonio entre el filósofo Guerra (Daniel Giménez Cacho en su enésima repetición como él mismo) y la maestra Castellanos (Karina Gidi, ganadora justísima de su Ariel por este papel, gran actriz versátil). Luego de sus amoríos, Guerra se casó con otra mujer, luego se divorció y busco a Rosario con la cual procrearon un hijo. Beristáin narra la rivalidad entre esposos debida a la mentalidad machista del hombre, y como quien no quiere la cosa, los celos debidos a la creatividad infinita, el triunfo de la escritora que fluía, la maestra que destacaba y la funcionaria que brillaba.


         El estilo de la cinta nos remite al cine de la Nueva Ola Francesa. Imágenes al estilo de Godard (Una mujer casada) o Resnais (Hiroshima mon amour) que muestran cuerpos entrelazados de manera fragmentada: piernas entrelazadas, manos que acarician espaldas, ojos, cuellos. O los rostros partidos por la mitad en el extremo del encuadre de la pantalla panorámica. O la hermosísima toma de una joven Rosario sentada, mientras lee, rodeada por estanterías plenas de libros. Formalmente bella, visualmente magnética, la cinta complementa su buena recreación de época (vestuario, escenografía, edificios) que tanto ocurre en las décadas representadas. Hay actores incidentales que son magníficos (Haydeé Boetto, Luis Eduardo Yee, David Gaitán, entre otros) como reparto coral de gran nivel.


         Las referencias a poemas, fragmentos de prosa o conferencias, acercan al espectador entre el discurso que ata una acción y la realidad cotidiana, de lucha, que vivía el personaje – símbolo: se cumple la función de panorama de un tiempo que da lugar a que el espectador compare el cambio que ha tenido, en muchos aspectos, la condición femenina (sigue faltando justicia; se requiere erradicar la violencia), que no pudiera haber sucedido sin mujeres combatientes desde sus trincheras (valga el lugar común) como Rosario Castellanos. 

Rosario Castellanos (1925 - 1974)
Natalia Beristáin

lunes, 20 de agosto de 2018

LO QUE FUE, YA NO SERÁ



EL REENCUENTRO
(Sage Femme)
2017. Dir. Martin Provost


         La partera cuarentona Claire (Catherine Frot) recibe una llamada inesperada de Beatrice (Catherine Deneuve) quien fuera amante de su padre y que cierto día desapareció repentinamente de sus vidas. Claire se reencuentra con ella para contarle que su padre se suicidó luego que ella le abandonó. Claire la odia por ese motivo. Beatrice insiste en buscarla: le confiesa que tiene cáncer. Esta es la base argumental de una cinta delicada e intimista acerca de las relaciones que le dan sentido a la vida. La misma Beatrice explica que uno pudo haber tenido al amante de un día que jamás será olvidado en toda la existencia. Beatrice es una personalidad apasionada y viva, envuelta en sí misma. Claire, por el contrario, es una mujer profesional, pragmática, entregada a su vocación de traer niños al mundo. Sin embargo, las pistas que irán surgiendo durante la película harán que el espectador entienda que, aparte del odio, existe una atracción interna, una fascinación por la figura exótica y enigmática que los ojos de la niñez aplican al ser cercano que deslumbra por la fachada, por el sentido del mito que se crea para sí mismo.


         La llegada de Beatrice en la vida adulta de Claire permitirá que ésta vaya despojándose de la rigidez en su vida. Será el catalizador para que busque el afecto, comprenda mejor a su hijo, deje que la compasión la invada ante la indefensión. Beatrice, alma libre y libertina, está consciente del próximo final pero no quiere dejar de vivir, aunque sea en los últimos momentos. La cinta, admirablemente, va diseccionando las motivaciones para la búsqueda del otro; la resignación a que siempre será temporal la cercanía de ese otro; la satisfacción de haber impulsado, aunque fuera por momentos, la pasión del otro. La cinta es un hermoso acercamiento a la mortalidad y a la necesidad de disfrutar la vida sin perderse en sus recovecos inútiles o en los pretextos fútiles.


         El título original significa literalmente “partera” en español. Nos habla de un oficio que ya va cambiando, que en sus orígenes era exclusivo de las mujeres (por eso “femme” o sea mujer) pero que ahora, en estos tiempos, ya no será exclusivo de un género y tal vez deberá llamarse “técnico en partos”, algo semejante a la desaparición del color rosa en los uniformes femeninos. Claire va descubriendo el cambio del mundo: lo que fue ya no será. La maternidad en la que trabaja va a cerrar. Su hijo quiere extrapolar sus estudios. La presencia de Beatrice la devuelve a un mundo del ayer,pleno
de sueños y mentiras que terminarán desapareciendo con sus revelaciones y la próxima muerte. Un viejo bote atracado en el río por años, casi inundado, tendrá que soltarse algún día y tomar su rumbo. Lo mismo pasará con Claire, con la fugaz Beatrice, con el espectador que está siendo conmovido por esta magnífica película. Todo no será, pero el aprendizaje del ayer no se olvida para el ahora.

         Es una delicia ver a Catherine Deneuve, ya setentona, impecable, guapa, demostrando la calidad y experiencia de tantos años bajo la dirección de realizadores inmortales. Lo mismo sucede con otra efectiva Catherine Frot (Marguerite, La diletante) quien ofrece la contraparte tierna y sobrecogedora. Todo un privilegio. Sin embargo, hay un momento sublime en la cinta cuando aparece, en una sola secuencia, la ochentona, icónica, legendario símbolo sexual del cine francés de cincuentas a setentas, Myléne Demongeot como la anciana Rolande. Se confirma aquello de “lo que fue ya no será”: todo ha cambiado, pero qué recuerdos quedan de su presencia en A causa de una mujer, Fantomas, Buenos días tristeza, entre tantos títulos que nos estremecieron de jóvenes.

El realizador Martin Provost, la octogenaria Myléne Demongeot
y el joven Quentin Dolmaire (quien sale como el hijo de Claire)






EL FASCINANTE OJO POR OJO


EL JUSTICIERO 2
(The Equalizer 2)
2018. Dir. Antoine Fuqua.



         Regresa Robert McCall (Denzel Washington) como el ex agente del FBI al cual se le ha dado por muerto, circunstancia que explota para impartir justicia a favor de quienes han sufrido alguna agresión o abuso. Si en la cinta original (2014) salvaba a una joven prostituta de las garras de un mafioso ruso para llegar a un enfrentamiento brutal dentro de la inmensa tienda donde trabajaba, ahora, en su secuela, adquiere mayor trascendencia: sale de las fronteras nacionales para llegar hasta lugares exóticos o las consecuencias de hechos que ocurren en el viejo continente se deben enfrentar acá, en su propia tierra. McCall ahora es chofer de un auto Lyft (competidor de Uber) en Boston. Su amiga Susan (Melissa Leo), quien sabe de su existencia, es brutalmente asesinada cuando investiga un crimen en Bruselas, por lo que McCall tendrá que buscar al asesino y eliminarlo para que se cumpla su destino: recibir el ojo por ojo, del cual la cinta toma su maravillosa esencia.

La fiel amiga Susan (Melissa Leo) será el motivo
para que McCall entre en justa acción

         Mismo realizador y guionista dan lugar a un esquema narrativo semejante, dejando intactas sus nobles características: el trabajo como chofer le permite enterarse de realidades irónicas o crueles para servir como ángel guardián de alguno de sus clientes (en este caso, contra el abuso sexual de una joven pasante); la cercanía de un joven vecino que quiere estudiar dibujo, al cual busca, entonces, alejar de las malas influencias del vecindario donde vive (ir contra los vendedores de droga que obligan a otros a colaborar en sus acciones); y ahora, el asesinato de la única amiga, una mujer experimentada y honesta, a la cual se ataca para hacerla pasar como víctima de un asalto, cuando en realidad era para evitar su investigación en otro caso brutal, nos introduce en la vida íntima de McCall para complementar su perfil como personaje (nos enteramos de otros aspectos cuando estaba “vivo” oficialmente). Ojalá haya una tercera cinta para finalizar con la construcción de un ser aparentemente frío que, en realidad, vive preocupado por el bien común.

McCall defenderá a su amigo Miles (Ashton Sanders)
para evitar su perdición

         Una de las constantes en el cine del demoledor Antoine Fuqua es la violencia desgarradora (los aspectos visuales, destructivos, nos recuerdan a un reciente Peckinpah). No olvidemos sus cintas plenas de acción feroz externa (Los siete magníficos u Olimpo bajo fuego) o aquellas donde la furia es interna (la impecable Revancha) y, sobre todo, el fantasma de la corrupción (Día de entrenamiento). Las secuencias donde explota la agresión son crueles y bastante gráficas. Tal como comenté por la cinta original, la gran ventaja de esta película es cumplir con lo que promete desde el título: uno se complace por esta “igualdad”: la ecualización en lo que merece un villano para recibir su propio castigo, sufriendo. Uno disfruta de la saña con la cual llegan los ajustes de cuentas. Uno desea que eso pasara en la vida real y de ahí la satisfactoria catarsis.

El magnífico Antoine Fuqua (a la derecha), uno de los mejores
estilistas de la violencia en el cine actual

sábado, 11 de agosto de 2018

LA LIGEREZA EN EL CINE


MEGALODÓN
(The Meg)
2018. Dir. Jon Turteltaub.



         Jason Statham interpreta a Jonas Taylor, un rescatista especializado en aguas profundas, quien durante el prólogo de la cinta, debe sacrificar a varias personas por salvar a otras de la muerte. Por tal motivo se retira para vivir y emborracharse en Tailandia, pero cinco años después le solicitan que vuelva: su ex mujer junto con otros dos científicos ha quedado atrapada en lo más hondo del océano, al ser golpeada su nave submarina por algo desconocido. Contra su voluntad, solamente por ella, Jonas retorna a la actividad. Se descubre que un gigantesco tiburón prehistórico ha podido escapar de su hábitat recóndito y ahora es una amenaza. Todas estas cuestiones surgen de un avanzado laboratorio que investiga los fondos del océano, financiados por un astuto billonario.


         No se requiere mucho espacio ni disertaciones que busquen mayor sustancia a esta cinta cuya premisa elemental es la compasión por el prójimo, la ayuda mutua, el sentido de rescate en situaciones peligrosas que usualmente nos predican las cintas espectaculares que muestran desastres épicos. La gran producción que utiliza fondos chinos (como pasó con Rascacielos: rescate en las alturas, por lo que se explica la diversidad racial, además de la inclusión de estrellas chinas en el reparto) tiene los elementos para llamar la atención e invitar a la familia a pasar un rato entretenido sin otra preocupación. El héroe rudo y consciente de sí mismo (Statham posee la misma cualidad simpática de Dwayne Johnson); la heroína bella y oriental; una niña precoz y simpática; el hombre rico, tonto y ambicioso; un perrito que sabe nadar maravillosamente; los elementos para llamar la atención, sin la inteligencia para darle un sentido universal o un panorama existencial (como sucede con Tiburón, la joya de Spielberg). Al monstruo se le ve fragmentariamente, en silueta, o de repente. Uno se asusta y no se aburre: uno espera el siguiente ataque hasta el esperado final.


domingo, 29 de julio de 2018

LA RUSIA DE PUTIN


EL DISCÍPULO
[(M)uchenik]
2016. Dir. Kirill Serebrennikov



         Veniamin (Pyotr Skvorsov) es un estudiante de secundaria que cierto día comienza a rebelarse contra el orden establecido. A pesar de no ser un alumno brillante, empieza a citar frases de la Biblia y a negarse a participar en actividades porque van contra la moral y las ordenanzas de Cristo. Empieza por no tomar las clases de natación ya que no está de acuerdo con las mujeres que vistan bikinis en la alberca. Luego, se desnuda ante la clase de biología cuando la maestra Elena (Viktoria Isakova) reparte condones invitando a sus alumnos a cuidarse indicando que la única manera es siendo célibe. La maestra, siempre indiferente y contraria a las acciones de Venia, se convierte, entonces, en su enemiga. Ante el asombro de ella, va notando que el cuerpo académico y administrativo defiende al joven y toma partido por sus acusaciones: el colmo ocurre cuando, vestido como gorila, se rebela contra la teoría darwiniana ya que la Biblia enseña el creacionismo.

La rebeldía ante los compañeros y la maestra Elena

         La cinta, basada en una obra alemana de Marius von Mayenburg que fue adaptada por el mismo autor y el propio director, viene a ser una alegoría del régimen actual del represivo Putin. Imagen de espejo ante la insensatez y el fanatismo que ha provocado un retroceso en la sociedad libre posterior a la Perestroika y al Glasnost. La actitud conservadora de Veniamin, quien aparte de fanático se le representa como un jovencito que forma parte de la nueva generación. Su discurso contra las aperturas de pensamiento se centra en la doctrina cristiana más cerrada y oscurantista, además que su ataque contra la maestra que no cree en su posición, es obscenamente antisemítica. Una gran curiosidad es que durante la cinta, cada frase bíblica, aparece escrita sobre la pantalla: una manera de subrayar lo que ahora resulta anticuado y sin sentido.

El estudiante fanático, hasta corrupto

         Veniamin piensa que es la encarnación contemporánea de Cristo. Si se siguen al pie de la letra los conceptos de fe y espiritualidad, podrá haber salvación y redención. En algún momento, le indica a uno de sus seguidores, el frágil y débil Grigoriy (Aleksandr Gorchilin) quien tiene una pierna más corta que la otra por un problema congénito, que será capaz de hacerle crecer el miembro deforme. Grigoriy confunde el acto soberbio de Venia con el interés sexual y eso produce un malentendido que traerá consecuencias funestas. 

Veniamin con su fiel Grigoriy

         El realizador Serebrennikov ha estado en arresto domiciliario desde hace años. No pudo ir a presentar su más reciente película (Leto) en Cannes. Se le acusa de un fraude cuando fue director de un importante teatro en Moscú, acción todavía sin pruebas, pero que vino a ser un castigo por presentar obras y ballets que van contra los mandatos y prohibiciones del régimen ruso: homosexualidad, libertad de cátedra y libertad de expresión. No es difícil identificar estos hechos con las actitudes del falso profeta Veniamin pero tampoco, y esto es lo más delicado, la actitud social ante sus hechos: es preferible callar que tomar decisiones contra el amenazante fanático. Triste realidad para una sociedad que alcanzó un gran desarrollo al dejar atrás el comunismo: ahora la amenaza es peor.

El realizador Serebrennikov

sábado, 28 de julio de 2018

¿FALSO O VERDADERO?


MISIÓN: IMPOSIBLE - REPERCUSIÓN
(Mission Impossible: Fallout)
2018. Dir. Christopher McQuarrie.



         Ethan Hunt (Tom Cruise) está de vuelta. Ahora le piden que recupere tres cabezas de misiles hechas con Plutonio que un grupo llamado "Los apóstoles" quieren utilizar para bombardear espacios religiosos con terribles consecuencias. Sin embargo, durante el trato para obtenerlas, ocurre una traición que hace que se pierdan. Se enteran que las tiene una mujer conocida como “Viuda blanca” a la cual debe encontrar tomando la identidad de un desconocido delincuente llamado “John Lark”. La mujer busca que le devuelvan a Solomon Lane (interpretado por Sean Harris, el estupendo villano de la cinta previa al cual Hunt dejó vivir y solamente capturar). Inician las traiciones, los enfrentamientos, la destrucción. Solamente logra conseguir una de las cabezas pero quedan pendientes las otras dos. A todo esto debe añadirse que a Hunt se le ha forzado a traer consigo a un agente sin escrúpulos por parte de la CIA llamado Walker (un fortachón Henry Cavill) quien será toda una sorpresa de manera posterior.

El equipo de Ethan Hunt

         La franquicia de Misión: imposible mantiene su energía. La inteligencia de sus guiones que saben equilibrar realidad con demasiada fantasía que siempre se acepta, ya que se tiene conciencia de que es una película. Bien planeada, la cinta nos lleva de Irlanda a París, a Londres y luego hasta a la India. Las secuencias son extraordinarias e impresionantes: todo se nota real: uno no sabe dónde inicia el efecto especial, la magia de la edición o si se está realizando una acción espectacular donde se asombra uno de los”dobles” de cine (o los límites hasta los cuales el propio Tom Cruise ha llegado: al cual, de todos modos, no se le puede exponer indiscriminadamente: otra interacción entre publicidad y realidad). Fíjese en la secuencia áerea con paracaídas o la persecución en motocicleta o la carrera sobre los edificios parisinos: obras maestras de composición, filmación y edición.


Henry Cavill y Angela Bassett: dos personalidades

         Luego se encuentra la esencia de todo este conjunto de cintas (que fue la motivación de la serie de televisión en la cual se basó) donde uno nunca sabe qué es verdad o qué es mentira. La actividad del equipo que maneja Hunt se basa en estas simulaciones. Uno se entretiene porque, además de la acción, se encuentra adivinando si lo que sucede en pantalla es toda una certeza o un fraude bien concebido. Dentro de los discursos de este cine espectacular existe el aspecto de documento: las mismas corporaciones tienen infiltrados que las traicionan; el mundo actual se debate entre lo que son las noticias falsas y gracias a la tecnología la realidad se puede manipular; cada vez más, la línea divisoría con la virtualidad es más fina e ir al cine es ya no solamente acceder al sueño, sino vivirlo plenamente. La saga de Misión: imposible nos coloca en ese límite y lo aceptamos porque nos sigue gustando soñar.

El estupendo Sean Harris como Lane: villano excelso

sábado, 14 de julio de 2018

SIN VÉRTIGO DE ALTURA


RASCACIELOS: RESCATE EN LAS ALTURAS
(Skyscraper)
2018. Dir. Rawson Marshall Thurber.



         Will Sawyer (Dwayne Johnson) es un especialista en seguridad que es contratado por el billonario Zhao (Chin Han) para encargarse de su espléndido edificio en Hong Kong que consta de 220 pisos y 900 metros de altura. Para ello, Will ha llevado consigo a su esposa Sarah (Neve Campbell) y su par de gemelos. Ocurre un sabotaje que incendia al edificio dos pisos debajo de donde se encuentran la mujer y los niños. Will tiene, por lo tanto, que salvarlos. Así, de manera sucinta, le comento la trama de una película bastante fallida: filmada con fórmulas ya conocidas, carece de frescura. Realizada con la intención de darle otros matices a tramas conocidas [el antecedente cinéfilo y  obligatorio es Infierno en la torre (The Towering Inferno, 1974) y la cuestión familiar es asunto de muchísimas películas, aunque al ocurrir todo en un edificio se refiere, básicamente, a Duro de matar (Die Hard, 1988)] y volver a dotar de casi súper poderes al hombre aparentemente común, pero que entre sus características para que sea invencible es poseer un pasado de instrucción policiaca o militar (en este caso, Will estuvo en el FBI, Sarah fue doctora en campos de combate). Todavía se complica más el asunto al presentar a Will como hombre con una sola pierna, por lo que usa una artificial: hecho que no será más importante que detener una puerta.


         El problema de la película reside en que sus personajes no producen empatía y son muy evidentes: inmediatamente se da uno cuenta que alguien del equipo del billonario será traidor; el amigo del héroe, al ser interpretado por un actor ya encasillado en villano (Pablo Schreiber), se abrirá de capa a los quince minutos de la cinta; los otros personajes negativos serán terriblemente malvados. Hemos visto esta película en tantas ocasiones que, al menos, se pide gracia. Dwayne Johnson ha salvado muchas películas por su innegable simpatía y en este caso, el guion no le ofrece posibilidades.


         Lo más ingenioso de la película es una habitación llena de pantallas que presentan diversos ángulos de cada persona que se encuentra dentro de ella: es una posmoderna casa de espejos. Remite, inevitablemente, al final de la cinta de Welles, La dama de Shangai (The Lady from Shanghai, 1948) y su truco narrativo se repite, puesto al día, para darle, al menos, cierta soltura a la trama: lástima que llega cuando todo se ha perdido.

jueves, 5 de julio de 2018

LA SIMPATÍA ABSOLUTA


ANT-MAN Y LA AVISPA
(Ant-Man and the Wasp)
2018. Dir. Peyton Reed.



         Retorna el delicioso personaje de los Estudios Marvel que, junto con Deadpool, fueron las sorpresas del 2015. Personajes menores, iconoclastas, ligeros, con defectos, que tuvieron la suerte de ser interpretados por actores carismáticos, tener un reparto que en conjunto funciona de manera perfecta, además de poseer un sentido del humor inteligente y desternillante (fíjense en las distracciones que ocurren durante las conversaciones o, sobre todo, en la maravillosa secuencia del “suero de la verdad” donde Michael Peña, con su voz y simpatía, transforma a todos los personajes).


         Luego de una corta intervención en Capitán América: Guerra civil, ahora tenemos a Scott (Paul Rudd, magnífico como siempre), estelar, en su mundo, pero privado de su libertad en prisión domiciliaria, a dos días de cumplir su condena, sin la posibilidad de comunicarse con su mentor Pym (Michael Douglas) ni su amada Hope (Evangeline Lilly). Un prólogo nos narra la pérdida que tuvieron ambos treinta años atrás cuando Janet, la esposa de Pym se perdió en la región cuántica, el intersticio que existe entre las moléculas donde se confunden el tiempo y el espacio, por disminuir tanto su tamaño que quedó atrapada. Scott pudo hacerlo y retornar en el pasado por lo que hay cierta conexión mental que permitirá localizarla y traerla de vuelta a la realidad: es el interés por parte de los científicos que, de alguna manera, reprochan las acciones anteriores de Ant-Man.


         La cinta vuelve a ofrecer un guion bien escrito, compacto, con un par de villanos (uno normal, otra con superpoderes) que andan tras el edificio que contiene laboratorio y tecnología del Dr. Pym, por lo que la cinta no pierde rumbo, alterna los absurdos naturales, las partes heroicas, los momentos de suspenso, además de ese humor extraordinario. Los efectos visuales son delicados [la región cuántica es una explosión de colores y formas que recuerdan, de forma primitiva, al interior del cuerpo humano en Viaje fantástico (Fleischer, 1966) aunque con mejor resolución] y frenéticos (los cambios de tamaño y la edición, sobre todo en momentos de persecuciones, son magistrales).

Michael Peña (en medio) y los amigos de trabajo de Scott
son los que producen hasta la carcajada

La fábula moral que se repite y toma matices (la villana tiene motivos familiares que permiten la comprensión; el villano terrenal es completamente malo y caricaturesco). El gran éxito de estas sagas heroicas ha ocurrido cuando los actores y actrices son los adecuados, simpáticos y empáticos, aparte de atractivos. Mayor ventaja cuando todo es familiar (Scott es un padre amoroso; Pym hace todo por su esposa e hija) además de permitir la risa y hasta la carcajada. No elaboro más porque estas películas tienen un marco de referencia general que requiere un análisis global que alguna vez realizará una mente crítica, sin escrúpulos. ¡A gozarla!

El realizador Peyton Reed


        

lunes, 2 de julio de 2018

LA VIOLENCIA QUE NOS UNE


SICARIO: EL DÍA DEL SOLDADO
(Sicario: Day of the Soldado)
2018. Dir. Stefano Sollima.



         Retornan los personajes del abogado vuelto mercenario  Alejandro Gillick (Benicio del Toro) y el consultor (ejecutor) del Departamento de Justicia Matt Graver (Josh Brolin) porque han ocurrido actos terroristas en Estados Unidos. Los responsables del acceso de estos criminales suicidas se debe a los cárteles de la frontera que ayudan a su entrada ilegal al país vecino. Debe, entonces, buscarse la manera de que los cárteles se peleen entre sí para tener un pretexto de ataque y eliminación. Se secuestra a la hija del mafioso Reyes, Isabel (Isabela Moner) haciéndolo pasar como acción del cártel rival pero las cosas se salen de control.


         La acción inicia en la frontera mexico-estadunidense donde un terrorista se inmola matando a policías norteamericanos. Luego, varios de estos hombres cometen los mismos actos suicidas en un supermercado en Kansas City. Graver busca al líder somalí que permite el traslado de estos tipos hacia México para, de ahí, pasarse al otro lado. Deben detenerse estos accesos: Graver viaja hasta Bogotá buscando a Alejandro quien tiene pendiente, además, la venganza por la muerte de su esposa e hija a manos de Reyes. Los hechos suceden con rapidez y no se detiene ante fronteras o soberanías: en todos lados hay corrupción, pactos de pseudocaballeros (porque finalmente se traiciona al otro) y la fina línea que separa al bueno del malo, ya se desdibuja. La gran diferencia de esta cinta con la original (Sicario, 2015, Denis Villeneuve) reside en el escrúpulo moral que representaba la agente Kate (Emily Blunt), quien ya no aparece aquí, y dejaba de lado todo asqueada por los manejos amorales de todos.


         La gran ventaja es que sigue siendo el mismo guionista (Taylor Sheridan) por lo que se mantiene la unidad de trama y objetivos de los personajes. Alejandro se redondea al ser humanizado (utiliza el lenguaje de señas con un sordomudo porque su hija tenía esa discapacidad; la alternativa de vengarse en la persona de Isabel está siempre contenida) y hasta tiene un final casi inverosímil aunque todo se debe a una razón: la siguiente secuela. Matt sigue siendo ajeno a las reglas y no se detiene ante la destrucción o el desprecio hacia los seres inferiores (no puede evitarse: la cinta tiene su matiz racista). Nada importa si se busca mantener la paz, si se quiere limpiar la casa de uno sin que les importe las de los otros.


         Hay un personaje secundario desde el inicio de la cinta: Miguel (Elijah Rodriguez) quien es el aspirante a hampón, a pertenecer a los crueles cárteles donde solamente importa cumplir órdenes. De alumno de escuela que vive en la frontera norteamericana, junto al río, en McAllen, su primo lo introduce al coyotaje haciéndole ganar mucho dinero y presentándolo al operador de estos cruces ilegales, Gallo (Manuel García-Rulfo, siempre excelente). Su lealtad lo llevará a un conflicto de conciencia (aquí se desvía, indirectamente, la personalidad de la soldado Kate en la cinta original, aunque sin contundencia) que, no obstante, seguirá marcándolo para la vida.


         El realizador Sollima (hijo de Sergio Sollima quien, en los años sesenta, filmaba cintas de gladiadores, caballitos a la italiana o tramas violentas como Asesino vengador con Charles Bronson antes de que alcanzara su segundo aire, y el estrellato, con la serie de El vengador anónimo y otras cintas afines) mantiene una narración firme, plena de suspenso. Su experiencia, más que nada en series de televisión, con el tema de la mafia y el crimen sin sentido, se nota en esta interesante película.

         Finalmente, es una triste realidad que el cine nos la muestre de manera tan cínica aunque sabemos que en lo cotidiano es peor, plena de injusticias, abusos, venganzas infinitas. Por otro lado, es una cara del país vecino donde la prepotencia y el hartazgo por la violencia da lugar a estas denuncias que siempre serán peores de nuestro lado: al acusar al otro, surge de inmediato el reflejo, como en un espejo, indicando que, en realidad todos somos culpables. El mundo ha decaído, la corrupción es rampante y no se elimina, ni se eliminará, por decreto.