sábado, 1 de enero de 2011

HACE CINCUENTA AÑOS… (segunda parte)

LAS GRANDES PELÍCULAS 1961
2. ESTADOS UNIDOS


La producción norteamericana siempre ha sido abundante. En los años sesenta comenzó a notarse cierta apertura temática debido a los cambios del cine mundial (en realidad ya los años cincuenta se habían permitido ciertas audacias), aunque todavía existía una censura limitante que daba lugar a sugerencias y pistas de asuntos prohibidos.

Un caso que puede destacarse es con el melodrama musical “Amor sin barreras” que fue estrenado en México hasta 1963 (y en Monterrey más tarde) donde una simple escena que mostraba a unos jóvenes amantes yaciendo en cama, luego de haber tenido relaciones sexuales, fue cortada para su exhibición nacional. Lo que en Estados Unidos ya era permitido, aquí no se aceptaba.

En otros ejemplos, la prostituta elegante de “Muñequita de lujo” o la tensión sexual en “Esplendor en la hierba” o el lesbianismo de “La mentira infame” o el amante de paga en “Primavera romana” eran personajes y situaciones impensables en otros tiempos, pero esas cintas se realizaron en 1961.


• AMOR SIN BARRERAS
(West Side Story)
Dirección: Robert Wise & Jerome Robbins.

Versión fílmica de la adaptación de Romeo y Julieta al teatro musical. Amor imposible entre dos jóvenes pertenecientes a etnias diferentes cuyos odios se demuestran ante la rivalidad de pandillas que viven en el lado poniente de Manhattan. Nuevas imágenes del deterioro social a través de los jóvenes. Coreografías espectaculares de un gran creador cuyo trabajo ha quedado inmortalizado en la cinta. Despliegue técnico más avanzado de la época en imagen y sonido.


• MUÑEQUITA DE LUJO
(Breakfast at Tiffany’s)
Dirección: Blake Edwards.

Lectura fílmica de una noveleta extraordinaria por uno de los grandes escritores norteamericanos, o sea Truman Capote. Holly Golightly es un personaje inolvidable con un pasado tormentoso y un presente turbio. Llama la atención de un nuevo vecino en el departamento donde vive. Su profesión nunca se dice abiertamente pero se sugiere. El juego de palabras del nombre (sagrada, ir de manera ligera, frivolidad) da una idea mayor. La cinta viene a ser una historia de amor cuya gran cualidad fue un reparto adecuadísimo y una dirección elegante. El triunfo de la forma sobre el fondo, sobre todo porque se insertó un final feliz que traicionó al personaje pero encantó al espectador.


• ESPLENDOR EN LA HIERBA
(Splendor in the Grass)
Dirección: Elia Kazan.

Un argumento original del dramaturgo William Inge se fue a los tiempos previos a la Gran Depresión Económica para narrar diferencias de clase, abusos de poder, tensión sexual entre jóvenes que lleva a la locura. El título se basa en unos versos de William Wordsworth: “Aunque nada puede devolvernos la hora del esplendor en la hierba, de gloria en la flor; no lamentaremos, más bien encontraremos fuerza en lo que dejamos atrás” ya que la joven Deanie (Natalie Wood) debe reprimir su deseo sexual por el rico Bud (Warren Beatty, en su debut cinematográfico) porque primero están los valores virginales.


• LA LEY DEL HAMPA
(Underworld U.S.A.)
Dirección: Samuel Fuller.

Un realizador completo, autor total, nos introduce en una historia de bajos fondos criminales para hablarnos sobre la venganza y su valor de redención. El jovencito Tolly es testigo del asesinato de su padre a manos de unos hampones. En lugar de delatarlos espera otro momento. Pasa el tiempo y ahora como hombre adulto (Cliff Robertson, gran actor, en su mejor momento) ingresa al mundo del hampa para cobrarse el rencor contenido. Otro personaje inadaptado que vive por motivos ingratos y nunca podrá alcanzar ni felicidad ni equilibrio social.


• EL CID
(El Cid)
Dirección: Anthony Mann.

El gran poema anónimo de la literatura española tuvo una inteligente lectura visual y narrativa en esta versión filmada por uno de los grandes realizadores del cine épico (policiaco y del oeste). Don Rodrigo logró unificar a España al luchar contra los moros. Filmada en los estudios del productor Samuel Bronston en España, es una superproducción norteamericana de altos vuelos con un Charlton Heston especializado en roles de personajes magnos y una Sophia Loren que ese mismo año se distinguiría como gran actriz en “Dos mujeres”.


• REY DE REYES
(King of Kings)
Dirección: Nicholas Ray.

Una versión distinta, más terrenal, contextualizada dentro del ámbito político en el cual se desarrolló la existencia de Cristo. El realizador Ray ofreció, de esta manera, una visión humanizada, alejada de la mera ilustración del pasaje evangélico. Barrabás juega un rol importante lo mismo que Judas para explicar el mecanismo de la traición. La gran convención de esta excelente vida de Jesús estriba en el atractivo de Jeffrey Hunter que lo aleja del hombre común y corriente, pero era Hollywood.


• LA MENTIRA INFAME
(The Children’s Hour)
Dirección: William Wyler.

Esta película fue una nueva versión de un melodrama teatral escrito por Lillian Hellman en los años treinta y que Wyler ya había filmado bajo el nombre de Infamia (These Three, 1936). Un par de maestras sufren el rechazo de los habitantes del lugar cuando una de sus alumnas cuenta una mentira. En la cinta anterior se hablaba de relaciones prohibidas entre el novio de una de ellas con la otra; ahora podía saberse que, a pesar de ser una mentira, la niña hablaba de atestiguar relaciones peculiares entre las dos maestras. Sin embargo, esa calumnia daba lugar a que surgiera una verdad: una de ellas estaba enamorada de la otra. Tratamiento sutil del lesbianismo reprimido que, por razones de época, llevaba al suicidio de la “anormal” (como entonces se les llamaba a los homosexuales).


• PRIMAVERA ROMANA
(The Roman Spring of Mrs. Stone)
Dirección: José Quintero.

Una novela de Tennessee Williams acerca de una mujer cincuentona, quien queda viuda y viaja hacia Roma. Ahí compra los favores sexuales de un joven que le hace tomar conciencia de su edad y de la falta de amor. Cuando queda sola, se da cuenta que no le quedará otra alternativa que seguir pagando la compañía de hombres jóvenes cuando era una situación en la que no pensaba caer. Las malas lenguas comentaron que era un autorretrato del propio Williams. Único largometraje para la pantalla grande de un director teatral distinguido. Un reparto extraordinario superó al esquemático guión.


• LOS INADAPTADOS
(The Misfits)
Dirección: John Huston.

Barbarie contra civilización. Un grupo de vaqueros va en busca de caballos salvajes para venderlos como posible alimento para perros. Uno de ellos conoce a una recién divorciada que se convertirá en la voz de la razón. Una mirada a los restos del viejo oeste y a prácticas ya largamente superadas. Último largometraje de Clark Gable y Marilyn Monroe. Presencia de leyendas como Eli Wallach, Montgomery Clift, Thelma Ritter.


• UNO, DOS, TRES
(One, Two, Three)
Dirección: Billy Wilder.

Una comedia ácida, con todo el ingenio de su director, acerca de la guerra fría: un ejecutivo de la Coca Cola en Alemania Federal recibe la petición de su jefe que cuide a su alocada hija. Lo peor llega cuando la muchacha se enamora de un revolucionario comunista de la Alemania del Este. El ejecutivo no puede perder sus esperanzas de ser nombrado Director europeo del mencionado refresco. Al tratar desde un fondo frívolo la situación política de su país natal, el maestro Wilder dijo más que cualquier tésis doctoral o comentario editorial.


• EL AUDAZ
(The Hustler)
Dirección: Robert Rossen.

Retrato del ser autodestructivo a pesar de su talento. Aunque su área de desarrollo es el juego de billar, la situación puede extrapolarse al artista de éxito que se deja dominar por sus pasiones y cae desde las alturas (y el médico de moda o cualquier talentoso alcohólico). Eddie (Paul Newman en el gran papel que lo lanzó al estrellato universal) ama lo que hace, lo mismo que a su novia, pero le falta la disciplina para triunfar.


• TUYA EN SEPTIEMBRE
(Come September)
Dirección: Robert Mulligan.

Una comedia cosmopolita que sucede en el mundo del millonario Rock Hudson quien cada año viaja en septiembre para encontrarse con su amante italiana Gina Lollobrigida en su gigantesca villa. Ahora adelanta su traslado a julio para darse cuenta que su mayordomo renta el lugar como hotel durante los restantes once meses. La situación se complica porque llega una maestra como chaperona de varias adolescentes norteamericanas. El millonario debe comportarse correctamente para no dar falsas ideas a sus indeseables inquilinos. El maestro Mulligan se distinguió por sus dramas estupendos (“Matar un ruiseñor” o “Desliz de una noche”, por ejemplo), pero su versatilidad e inteligencia daban para este retrato de la moralidad entendida como pureza y del sexo como algo que debe gozarse dentro del matrimonio, aunque dando guiños de ojos a cada rato.


• EL ÚLTIMO ATARDECER
(The Last Sunset)
Dirección: Robert Aldrich.

El cine del oeste como escenario de tragedia griega. Un criminal llega a México al rancho donde vive una mujer que fue su amante. Ahora casada y con una hija le ofrece trabajo. Llega un oficial texano con la intención de capturar al hombre. Mientras éste se enamora de la mujer, el criminal enamora a la hija. Luego descubre que en realidad es también su hija biológica. Decide participar en un duelo con su pistola descargada para que se cumpla su destino. El maestro Aldrich nos ofrece una impactante cara natural del género: ese vasto espacio donde todas las pasiones se incendian.


• LOS CAÑONES DE NAVARONE
(The Guns of Navarone)
Dirección: J. Lee Thompson.

El cine espectacular de esos tiempos: hay que destruir dos cañones gigantescos que los alemanes han colocado en una isla griega para destruir a las tropas británicas asentadas en otros lugares que están dentro del rango de ataque de estas armas. Un equipo de hombres tendrá que buscar la manera para destruirlos. Entretenimiento puro y épico que explota las cualidades propias del género de acción, con reparto estelarísimo (Gregory Peck, Anthony Quinn, entre otros).


• JUICIO EN NUREMBERG
(Judgment at Nuremberg)
Dirección: Stanley Kramer.

Tres años después del término de la Segunda Guerra Mundial se llevaron a cabo varios juicios para quienes habían sido, a su vez, jueces que determinaron las prácticas de esterilización y experimentación médica entre las personas de raza judía. Entre los deseos de olvidar el pasado y de hacer justicia, la cinta muestra la visión de la derrota, las consecuencias de la megalomanía y del poder aplicado por medio de un loco.

Y por supuesto que hay muchos títulos entrañables... "Milagro por un día"
de Capra, "El rostro impenetrable"
de Brando, "Homicida"
de William Castle, entre otros...

Y ya solamente les debo las películas de otros países... Muy pronto, aquí estarán...

jueves, 30 de diciembre de 2010

HACE CINCUENTA AÑOS... (primera parte)

LAS GRANDES PELÍCULAS 1961
1.MÉXICO


Es tan difícil establecer listas de películas preferidas con números específicos. He hecho un ejercicio previo a esta publicación donde quise limitarme a diez títulos por país o región y me fue imposible. Son muchas las admiraciones y han sido tantos los talentos que han trascendido en el tiempo. Aquí quiero compartirles mis preferencias de esos títulos que se tornarán cincuentenarios a partir del primero de enero. Fue la huella que dejaron en mis ojos infantiles (algunas las vi en su estreno) o adolescentes (las que pude conocer por la televisión o el cineclub o el estreno tardío o el “relleno” inesperado de los programas dobles) o más recientemente en la mirada adulta que el DVD nos permite.

La lista viene separada por cintas mexicanas; luego norteamericanas; finalmente del resto del mundo. En las primordiales he colocado un corto comentario; luego me he limitado a enlistar títulos con datos que permiten su localización tanto para profundizar en ellos o buscarlos en el formato DVD.

Ahora bien, el calificativo de "grandes" se refiere a la estética cambiante. Los años nos han dado otra perspectiva cultural. Siempre habrá el amargado que se escude con la palabra "churro" sin haberlo disfrutado. ¿Quién puede negar que lo que se consideraba "basura" del pasado es "prestigio" contemporáneo? Ahora todo mundo adora a Tin Tan y usa a El Santo como emblema de mexicanidad. Este cine es, contra toda opinión negativa, el que nos modificó la mirada a quienes lo gozamos y vimos. ¿Quién puede negar doctamente, con conocimiento de causa, que los adolescentes de "Partes usadas", "Amores perros" o la que se les venga en gana no sean los descendientes de "Los falsos héroes"? Hay límites y niveles, pero todo tiene su valor...


•VIRIDIANA
Dirección de Luis Buñuel.
Coproducción con España.

La novicia Viridiana (Silvia Pinal en la gran oportunidad de su vida) deja el convento cuando cree que su tío Jaime ha abusado de ella. El hombre se suicida y deja su fortuna en dos partes. Una para Viridiana y la otra para su hijo bastardo Jorge quien vendrá a darle otro sentido a la vida de la exnovicia. Una imagen crítica de quienes piensan que el mundo se salvará de acuerdo a su voluntad sin considerar a los otros con sus faltas y defectos. Los ideales de Viridiana están alejados de su realidad.


• LOS HERMANOS DEL HIERRO
Dirección: Ismael Rodríguez.


Principios de siglo veinte. Norte de la república. Un par de medios hermanos han crecido alimentados por el rencor de su madre contra quien asesinó al segundo marido. El menor (Julio Alemán) tiene problemas psicológicos que lo convierten en frío asesino. El mayor (Antonio Aguilar)debe cargar con sus culpas y defectos, además de protegerlo. Imagen del destino trágico en conjunto, de las consecuencias funestas de la violencia, del sacrificio amoroso como metáfora de la piedad que surge entre los deseos de venganza. Prueba mayúscula del valor desperdiciado que fue el maestro Ricardo Garibay como guionista.



• TLAYUCAN

Dirección: Luis Alcoriza.

Los habitantes del pueblo llaman blasfemo a Eufemio (Julio Aldama) por haber robado la perla de la coronita de la virgen ya que pensó que era una señal milagrosa al ver los “flashazos” de las cámaras de unos turistas. Esto lo delata. Mientras tanto, su mujer (Norma Angélica) es el objeto erótico del mirón rico (Andrés Soler) del lugar; una solterona beata (Antia Blanch) se emborracha y copula con un mendigo ciego (Noé Murayama) que vendrá a ser su marido; los cerdos se tragan la perla y habrá que revisar sus excrementos; el erotismo y la ironía vendrán a ser los elementos que definen a un pueblo que todavía cree en el goce y en la solidaridad.


• EN EL BALCÓN VACÍO
Dirección: Jomí García Ascot

Cinta independiente, filmada por refugiados e hijos de refugiados españoles, que habla acerca del dolor de la separación, la historia que se trunca, los hechos absurdos de la política (sobre todo, la franquista). Nunca exhibida comercialmente, realizada en fines de semana, precursora del cine que se haría durante el Primer Concurso de Cine Experimental. Una mujer vuelve, en la imaginación, a la casa de su infancia para tratar de recuperar pedazos de vida: una vida que le fue arrancada contra su voluntad.


• PUEBLITO
Dirección: Emilio Fernández.

Luego de cinco años sin filmar, el Indio volvió a las andadas con esta relectura simple de “Río Escondido” donde ya no le importaba la violencia para acabar contra la tiranía, pero continuaba con su apología de la educación para ser libres: ahora era la misma ignorancia la que vencía al cacique (Fernando Soler) que añoraba a su mujer (Lilia Prado) y no podía leer la carta que le había escrito. La maestra (María Elena Marqués) quiere su escuela y un ingeniero (José Alonso Cano) buscará la manera de proveer, sobre todo cuando se une la autoridad analfabeta con la buena voluntad.


• ROSA BLANCA
Dirección: Roberto Gavaldón.

La película tardaría once años en estrenarse. La denuncia de compañías petroleras que llegaban al crimen con tal de apoderarse de terrenos donde estaba el oro negro pareció ofensiva a las autoridades gubernamentales para los países que luego sufrieron expropiación. Aparecía el personaje del gobernador de Veracruz (en la vida real Miguel Alemán) y actuaba Christiane Martell (en la vida real, relacionada con los Alemán). Estos elementos que le dieron miedo a mentes chatas pero poderosas le quitaron el impacto que la cinta hubiera tenido en sus tiempos de producción al ser estrenada cuando llegó la “apertura echeverrista”.


• ÁNIMAS TRUJANO
Dirección: Ismael Rodríguez.

Un indio zapoteca, borracho y soberbio, quien desea ser el mayordomo de las fiestas y llegará a cualquier extremo para lograrlo. Retrato de las ambiciones pequeñas e inútiles; indicio de la persona que se marea con un poder prácticamente nulo e indiferente; imagen de quienes viven sumergidos en su propia ignorancia con el sueño de triunfar sin mérito; Rodríguez importó a Toshiro Mifune para darle mayor resonancia y Figueroa filmó en efectivo Cinemascope que no ha sido restaurado para los medios electrónicos.


• EL TEJEDOR DE MILAGROS
Dirección: Francisco del Villar.

Una pareja de indígenas miserables, donde la esposa está a punto de parir, llega en Nochebuena a un pueblo donde les da posada una comadrona y abortera. La situación que asemeja al nacimiento de Jesús permite explotar al fanatismo religioso de la comunidad por parte de los ricos y cínicos del pueblo ante la ira de un sacerdote (Pedro Armendáriz ya mostrando su calvicie sin pudor) igualmente contrastante y ambiguo. Crítica de la ignorancia e imagen de la hipocresía. Un nuevo realizador que daría lugar a un vasto zoológico en sus títulos fílmicos.


• LA FURIA DEL RING
Dirección: Tito Davison.

Un honesto promotor de lucha libre es asesinado porque se niega a arreglar sus encuentros. Su hijo es golpeado y hereda el negocio pero no así la manera de ser de su padre. Regresa un amigo que desea ser luchador y logra triunfar. Entran en disputa afectos e intereses particulares para que se vaya desarrollando lo que en realidad es un melodrama acerca de la dignidad humana dentro del género. El realizador Davison era un hombre cuidadoso y la cinta se nota diferente a las de El Santo, sobre todo en las secuencias de lucha libre que ya no son filmaciones de rutina sino escenas planeadas para su filmación.


• LOS FALSOS HÉROES
Dirección: Carlos Toussaint.

Un joven (Alfonso Mejía) es atropellado por una mujer mayor (Evangelina Elizondo) y ella lo protege y convierte en su amante. Además, ella lo introduce dentro de un grupo de otros jóvenes vividores para hacerlo consciente de su situación personal: es pobre, hijo de alcohólicos y nunca ganará lo que ahora disfruta fácilmente. Se une con los otros para robar bancos. Interesante descripción de la perversión dentro de cierto grupo social que incluye tanto a ricos ociosos como las rémoras que solapan corrupción y aspiran a una vida fácil.


• JÓVENES Y BELLAS
• MUCHACHAS QUE TRABAJAN

Dirección: Fernando Cortés.

Dos películas generacionales que muestran retratos idealizados de la juventud y el desarrollo económico de la capital. Ya sea por idilios en el campo donde las tensiones sexuales están presentes entre jóvenes sanos y optimistas hacia muchachas urbanas, sin problemas; ya sea porque hay un centro comercial en la incipiente área suburbana de la capital para brindar otro tipo de oferta consumista; ya sea porque los repartos juveniles describen una etapa particular de nuestro cine (Gastón Santos, Alfonso Mejía, Erna Martha Bauman, Ofelia Montesco, Angélica María, Álvaro Ortiz, entre otros que pronto serían desplazados); ya sea porque son divertidas, tienen música entrañable y contrastan mundos ideales y realistas.


• SANTO CONTRA LOS ZOMBIES
Dirección: Benito Alazraki.

Inicio de una industria icónica del cine nacional. El Santo debutó para la producción regular de los estudios Churubusco, fuera de las cintas en episodios que marcaran su debut tiempo atrás (y que volvería a hacer en este año y después). En esta película debe luchar contra una organización que “fabrica” zombies, apoyado por tres agentes especiales donde uno de ellos es una mujer interpretada por la también debutante Irma Serrano. La fórmula se instala: largas secuencias de lucha libre en una repleta Arena Coliseo, algún número musical, aditamentos entonces impensables para el personaje aunque realizados de manera paupérrima con cartón y pegamento.


• EL BARÓN DEL TERROR
Dirección: Chano Urueta.

Película de culto entre los aficionados al cine de terror: Vitelius es quemado por la inquisición en 1661 y retorna tres siglos más tarde gracias a un profético cometa para convertirse en una especie de hombre con cabeza de mosca que succiona masa encefálica a sus víctimas que son, en general, descendientes de sus verdugos. El monstruo es ridículo pero más gracioso resulta Abel Salazar, actor del personaje y productor de esta cinta como lo había sido de “El vampiro” y a quien deberemos otras joyas del género (como “La maldición de la llorona”, filmada poco después, bajo la dirección de Rafael Baledón).

Y “Cielo rojo”, “Atrás de las nubes”, “El tigre negro”,"Espiritismo", etc…

LAS SOMBRAS QUE ENVUELVEN



RABIA
2009. Dir. Sebastián Cordero.



Basada en una novela del argentino Sergio Bizzio acerca de un hombre que comete un asesinato y se esconde en la inmensa mansión donde trabaja su novia como sirvienta, sin que ella lo sepa, Rabia es una película acerca de las prisiones que nosotros mismos nos formamos intentando escapar de ellas. José María (un gigantesco y meritorio Gustavo Sánchez Parra
quien llega hasta cambiar físicamente entre inicio y final de película) primero golpea a los tipos de un taller que habían insultado a su novia Rosa (Martina García);
luego, mata al capataz de la construcción donde trabaja como albañil cuando éste lanza una frase injuriosa hacia la muchacha. Apenas acababa de conocer la casona donde trabajaba ella y aprovecha su ausencia para introducirse y comenzar a escapar de la justicia escondiéndose en un desván y vagando como alma en pena durante los tiempos muertos para sobrevivir. Así pasan los días, luego semanas y meses. Todavía alcanza a matar al hijo de la familia, un tipo pusilánime que había violado a Rosa haciéndolo pasar como accidente. Rosa, embarazada, recibe llamadas de José María, sin saber que usa la segunda línea de la casa, desde dentro.

Rabia
habla de los celos que desatan la furia interna. Estos celos equivalen a una mimesis del sentido del honor. Igualmente es un amor enceguecido que lleva al hombre a extremos que naturalmente no se encuentran a flor de piel. Por otro lado, el escondite ideal sería aquel que te permitiera estar lejos y próximo a la misma vez. Un desván que separa la cercanía física pero que deja escuchar, ofrece la alternativa para ver, incrementa la impotencia ante la soledad o la indefensión del ser amado. No obstante, da lugar a la justicia, ya sea como verdugo de criminales o teniendo la oportunidad de conocer al fruto del amor antes de expirar.

Uno ve la película para darse cuenta que Cordero era el realizador adecuado para ella. Su primera cinta “Ratas, ratones, rateros” filmada en su Ecuador natal (1999)
era acerca de los delincuentes jovencitos que perdían lo poco que le daba sentido a sus existencias debido a motivos poco importantes; la segunda cinta “Crónicas” (2004)
era acerca de la justicia cuando se culpaba a un inocente de cometer crímenes perversos, aunque podía informar acerca del verdadero monstruo (un violador y asesino de niños). Ahora tenemos la confluencia de temáticas aunque con mayor fineza y un esquematismo eficaz. Está el tema de la justicia, del honor, pero en esta ocasión se enfatiza en el amor como detonante de hechos extremos que no tendrán otra alternativa que un final de redención, pero con muerte obligada.

La cinta utiliza la canción peruana “Sombras” en la voz de Julio Jaramillo, ecuatoriano, primero, para luego dar paso a la voz ya cascada de Chavela Vargas como correlato musical (“Cuando tú te hayas ido me envolverán las sombras… Te buscarán mis brazos, te buscará mi boca…”) para ilustrar metafóricamente esa soledad, esos sentimientos oscuros de cada integrante de la pareja. De esa imagen primera donde la pareja yace desnuda en una “pequeña alcoba” (como dice la canción) hasta el magistral final cuando un largo recorrido visual viaja desde el piso alto hasta la parte exterior de la casona que ahora significa despedida, muerte, liberación, hemos sido testigos de esa creación de sombras alrededor del desesperanzado y amoroso personaje hasta el momento de su desaparición...

martes, 28 de diciembre de 2010

CINE MEXICANO, AÑOS TREINTA (II)

SU ÚLTIMA CANCIÓN
1933. Dir. John H. Auer.




John H. Auer (1906 – 1975) fue un realizador húngaro que inició su carrera como asistente de dirección y responsable de versiones extranjeras en los Estudios Universal de finales de los años veinte. En 1932 fue llamado por la Compañía Nacional Productora de Películas (responsable de “Santa”) para filmar la tercera cinta sonora mexicana (“Una vida por otra” ) donde fue asistido en los diálogos por Fernando de Fuentes (quien así comenzaría a dirigir para el cine nacional). La cinta se distinguió entre la precaria producción de esos tiempos (seis cintas en el año) por lo que al año siguiente se le asignó “Su última canción” para lucimiento del cantante Alfonso Ortiz Tirado.



Los créditos indican “La última canción”, aunque es de esperarse que se deba a alguna distribución posterior de la cinta ya que en la Cartelera Cinematográfica 1930-1939 (de Jorge Ayala Blanco y Ma. Luisa Amador) se le asigna ese título y el libro fue producto de una exhaustiva investigación hemerográfica. Sería la única incursión del médico y cantante Ortiz Tirado en el cine nacional donde aparece como Pepe Limón, cantante venido a menos debido a su alcoholismo. La película (novena sonora según el índice oficial mexicano) inicia con el hombre caminando sin rumbo por las calles nocturnas junto con su perro. Se sienta en la banca de un parque. A un lado, una joven intenta suicidarse pero Pepe logra arrebatarle el veneno que quería tomar. Ella explica que no tiene a nadie, se siente sola y no vale la pena vivir. El hombre le da alimento y habitación en su cuartucho. Busca trabajo y lo encuentra como lavaplatos de un centro nocturno donde lo reconoce un antiguo empresario. A pesar de su mala reputación, este hombre lo contrata para que vuelva a la ópera. Delia (nombre de su protegida, interpretada por María Luisa Zea) también consigue un rol como comparsa. Conoce a otro miembro de la compañía, Juan (Víctor Urruchúa), del cual se enamora. Pepe ha vuelto a adquirir fama y renombre. Cuando quiere declarar su amor a la muchacha, ésta se le adelanta y le pide su consentimiento para casarse con Juan. Pepe, decepcionado, finge alegría, pero los felicita. Luego, quema su contrato y vuelve a caer en el alcohol, el juego y en la nada. Dos años más tarde, barbón y desaliñado, pasa por la casa donde viven Delia y Juan quienes no lo reconocen, ni siquiera porque canta, y le dan una limosna.

La película pertenece a uno de los años más interesantes de nuestra pionera industria porque se estaban estableciendo temáticas, la censura era prácticamente inexistente y se buscaban argumentos que atrajeran a un público que prefería escuchar diálogos en su idioma. “Su última canción” no deja en claro hasta qué punto intervino De Fuentes cuando Auer abandonó la filmación. No obstante, el productor Gustavo Sáenz de Sicilia y el propio realizador habían escrito argumento y adaptado el guión, por lo que llaman la atención la imaginación visual de ciertas secuencias.

El tema es sencillo: dos almas que no tenían motivos para vivir se apoyan para continuar con sus existencias. Cuando una de ellas alcanza el amor, se redime y encuentra la felicidad. La otra, decepcionada, vuelve a perderse. Pepe Limón cayó en el vicio porque no valoró la fama y no tenía soporte amatorio. Delia estaba sola y sin esperanza. Su relación les permitió tener otras perspectivas. Dentro de la fantasía cinematográfica, Pepe consigue trabajo de inmediato por la nueva obligación adquirida al proteger a la muchacha. Igualmente es reconocido por un empresario que el Destino le colocó enfrente cuando ya le tocaba una buena etapa en su gris existencia: otra oportunidad. Surge el amor, pero la muchacha lo encuentra en un hombre joven y atractivo mientras que Pepe era una simple figura paterna. Pepe, entonces, fue una mera escala de salvación en la vida de la joven. Estamos ante el héroe trágico como víctima del azar.

Sin embargo, a nivel narrativo, para ser una cinta pionera, “Su última canción” se sale de los estudios y nos muestra a una capital con bellos parques, muchos árboles, un Xochimilco (donde pasean Delia y Juan en trajinera) limpio, sin la avalancha turística, además de calles que mostraban, por ejemplo, un restaurante que ofrecía comidas completas a 50 centavos. Un ingenioso juego de edición muestra a Pepe admirando al cuartucho desaliñado alternando con imágenes del lugar limpio en diversas partes gracias a la aportación de la agradecida Delia luego de pasar la noche en él. Otro momento importante es cuando Pepe vuelve a caer en el vicio: su nombre aparece sobre la pantalla, de manera intermitente, mientras que en el fondo vemos instrumentos musicales, copas, una fila de mujeres que ríen. Luego viene la convención del calendario cuyas hojas se mueven para dar idea del paso del tiempo, pero en este caso es elíptica: una mano arranca una hoja que indica 1930 para dar lugar a otra fecha de 1931 y finalmente a 1932.

Alfonso Ortiz Tirado (1893 – 1960) nació en el mismo pueblo sonorense de María Félix. Fue doctor de Frida Kahlo, Cantinflas y de Agustín Lara. Su incursión en la farándula se debió a su voz de tenor que lo llevó hacia diversas giras pero nunca descuidando su profesión médica. Esta cinta sirve como documento para conocerlo en su faceta artística (interpreta un aria de “Manón” de Puccini, aparte de “Estrellita” de Ponce, entre otras) y en realidad no era mal actor.

María Luisa Zea (1913 – 2002) tuvo una larga carrera en el cine mexicano y debutó con esta película (de hecho, solamente en 1933 filmó seis películas) para convertirse en estrella importante de una década pionera. No era agraciada de rostro (un servidor la llama “María Luisa Fea”) pero tenía buen físico que la mantenía vigente e interesante describiéndola como ejemplo de “india bonita”. Fue modelo del pintor Helguera para sus imágenes de calendarios, además como cantante realizó giras en varios países sudamericanos.



Víctor Urruchúa (1912 – 1981), estudiante de arquitectura, fue amigo de Xavier Villaurrutia quien lo introdujo en el ambiente artístico. Fue actor de teatro e intervino en una cinta muda de 1926 hasta que en 1932 apareció en la segunda cinta sonora (“Águilas frente al sol”). “Su última canción” puede considerarse como el primer estelar en su carrera que le permitió obtener un lugar como galán pionero. Al año siguiente sería uno de los “Dos monjes” (Juan Bustillo Oro), melodrama expresionista donde compartía créditos con Carlos Villatoro para contar desde diferentes perspectivas una rivalidad por el amor de una mujer.



Auer haría una carrera discreta, abundante en cintas con bajo presupuesto, en Hollywood. Sus cintas mexicanas fueron peculiares por estar entre los primeros intentos de un cine sonoro que no deja de ser apasionante. “Su última canción” es todo un descubrimiento para nuestros ojos empapados de siglo XXI.

LA FE EN DIOS



MARCELINO, PAN Y VINO
2010. Dirección: José Luis Gutiérrez Arias.




La pregunta que más importa es conocer el motivo o la necesidad de filmar una nueva versión, en estos tiempos que vivimos, del cuento de José María Sánchez Silva que tanto éxito tuviera en 1955, dentro de la producción franquista, al grado de ganarle a su director Ladislao Vajda el Oso de Plata en el Festival de Berlín (aunque siendo justos, dicho evento fue adquiriendo mayor seriedad en los siguientes años). Una trama netamente sustentada en la fe del espectador católico que utiliza las convenciones más elementales para narrar cómo un niño abandonado desde bebé en las puertas de un convento franciscano (al cual nombran Marcelino por ser el santo que se celebraba en el día de su hallazgo) llega hasta los cinco años de edad para tener un encuentro directo con una efigie del Cristo crucificado (quien toma vida ante sus ojos) al cual lleva pan y vino para alimentarlo. La obsesión de Marcelino es encontrarse con su ignota madre y el Cristo se lo cumple. En la cinta española el niño muere al lado de la efigie; en la versión nacional, por medio de los efectos especiales parece un rapto alienígena que se convierte en ascensión al cielo.

Esta nueva versión sucede en los albores de la Revolución Mexicana (hay una imagen al inicio de la película donde la actriz Teresa Ruiz repite la posición de la famosa fotografía de la soldadera que mira interrogante hacia la derecha porque hay un actor interpretando a un fotógrafo que debería apellidarse Casasola en la vida real: ¿sutilezas de guión?) y quizá se le quiso insertar dentro de las conmemoraciones que vivimos hasta el mes pasado. Sin embargo, su mismo realizador lo negó. Por otro lado, el autor original nació en 1911 y ya está cercano su propio centenario, pero nadie lo ha destacado. La cinta habla de solidaridad y de que se están viviendo tiempos peligrosos, donde nadie sale de casa. Tal vez se quiso continuar con el discurso de reafirmación católica que inició ese bodrio higiénico y optimista llamado “El estudiante” (2009, Roberto Girault) donde todo se soluciona gracias a la buena voluntad de las personas y a la intervención divina. Aquí tenemos a un jefe revolucionario como testigo del milagro donde Marcelino es subido a los cielos y la imagen final es la de un convento que celebra abiertamente a Marcelino, con el catecismo para los niños y la vida feliz cuando estaba por aparecer el movimiento cristero.

No encuentro, entonces, mayor respuesta a mi pregunta que la fe como solución a los problemas, luego de ver una producción muy bien filmada, con fotografía espléndida de lugares que uno ni se imagina que todavía existen en este país depredador, con elenco desigual (Alejandro Tommasi es el padre guardián que no lleva tonsura mientras que sus subordinados sí, con mayor o menor proporción dependiendo de la peluca; actores magnéticos como Guillermo Larrea o Waldo Facco o caricaturescos como Jorge Lavat, luego de, precisamente, “El estudiante” ). Y lo que se asemeja mucho con la cinta española es en el intérprete infantil Mark Hernández: tan bobito como Pablito Calvo, que recuerda a nuestra nacional María Gracia de aquella “La sonrisa de la virgen” (1957, Roberto Rodríguez), pero que tiene ojitos verde olivo y aunque se diga que apenas tenga cinco años, no es pretexto para que parezca tontito: el niño que sale a su lado, del cual no recuerdo el nombre (solamente el de su personaje: Eleuterio niño) tiene mayor coherencia y más simpatía.

Lo que más me sorprende es que el realizador José Luis Gutiérrez Arias haya sido el responsable de “Todos los días son tuyos” (2007), su ópera prima, que hablaba de temas más terrenales. Quizá su decepción ante el recibimiento de esa cinta lo llevó a los niveles celestiales y a quienes nos gustó ese debut, nos la contagió, paradójicamente, con este nuevo resbalón... perdón, quise decir escalón en su carrera.