jueves, 1 de abril de 2021

DUELO DE TITANES

 

GODZILLA VS. KONG
2021. Dir. Adam Wingard.

         En 2014 escribí lo siguiente por el estreno de Godzilla, dirigida por Gareth Edwards:

Sabemos que este tipo de película “de verano” no es para gente pensante sino para personas que quieren solamente ver imágenes pasar ante sus ojos y quedarse con la anécdota y los efectos especiales: quizás por eso la cinta fracase (o gane por el morbo, mientras no se deje de recomendar a la película). O tal vez le agrade esta soberbia alegoría sobre el descontrol del poder o el peligro inminente de la energía nuclear (cf. Chernobyl) o el caos paranoico luego de las Torres Gemelas o el entendimiento tardío de los sacrificios personales.

Siete años más tarde, luego de Kong: Isla Calavera (2017) y Godzilla: rey de los monstruos (2019), el mismo estudio nos trae una confrontación, que será aparente, entre ambos iconos del cine de fantasía y aventura, bajo la idea de congraciarlos con el espectador.

         Kong vive en una isla donde es observado bajo un biodomo por la doctora Andrews (Rebecca Hall) quien protege a la huérfana (sordomuda) Jia que tiene una relación intuitiva con el gran gorila. Cuando el Dr. Lind (Alexander Skarsgard) es contratado por Simmons (Demián Bichir), el dueño de la compañía Apex, para que llegue hacia la Tierra Hueca (en el centro del planeta) y pueda conseguirse un tipo de energía poderosa, deberá utilizarse a Kong como guía, debido a su fortaleza. Mientras tanto, ha reaparecido Godzilla, porque no quiere que existan dos titanes en el mundo y busca a Kong, además de destruir las instalaciones de Apex en Florida. Por otra parte, un trío de jóvenes, extrañados por el resurgimiento de Godzilla, investigan cuáles son los motivos del hecho.

         Estos elementos dan lugar a una trama esquemática que no produce confusiones y que repite, de otra manera, con espléndidos efectos visuales, el mismo discurso de seres que, en principio, son destructores y amenazantes para la humanidad, pero finalmente son justificados como benéficos. Lo que busca esta cinta es darle un sentido de pertenencia y origen al gran mono, además de reivindicar al gran reptil. La exploración hacia el centro de la tierra da lugar a una serie de cuestionamientos interesantes que no se exploran y permanecen como mera idea de un origen. La facilidad del viaje nos trae, como referencia obligada, las tribulaciones narradas por Julio Verne en su novela, que eran más imaginativas. Un director mediocre como Wingard debió disfrutar mucho sus efectos especiales.

         El personaje de Godzilla es una marca de la compañía japonesa Toho que ha producido infinidad de cintas a su alrededor. De hecho hubo ya una confrontación entre King Kong y Godzilla en 1962,  pero también “Godzilla contra Mecagodzilla” en 1974. La diferencia, ahora, es, aparte de muchos millones de dólares en producción, que la ciudad destruida ya no es Tokio sino Hong Kong. Esta nueva entrada en la franquicia de universo de monstruos queda como mero entretenimiento banal. No posee las características que mencioné al inicio por la cinta de Edwards. Viene a ser el regodeo con los efectos especiales de moda, sin profundizar en el peligro de la energía descontrolada, ni en las conspiraciones corporativas. Se explica de manera sencilla ante la tragedia que hemos vivido en 2020 con la pandemia: hay que divertir y divertir. No debe reflexionarse sobre un posible apocalipsis alegórico.

miércoles, 24 de marzo de 2021

UN GRAN ACTOR

GEORGE SEGAL (1934 – 2021)
por Roberto Villarreal Sepúlveda

         Uno de mis actores favoritos. Antes de que se diera a conocer de manera más penetrante y universal por ¿Quién teme a Virginia Woolf? (Mike Nichols, 1966), basada en una polémica – para su tiempo- obra teatral, me había tocado verlo en La nave del mal (Ship of Fools, Stanley Kramer, 1965) en el Cine América, cuando las películas de la Fox y de Columbia solamente se exhibían en salas independientes por un lío comercial, lo mismo que en Talla de valientes (Lost Command, Mark Robson, 1966) y, sobre todo, en El caudillo de los desalmados (King Rat, Bryan Forbes, 1965). Nunca fue galán porque solamente tenía la frescura de la juventud y transmitía la imagen de un ser rebelde, como sucede con el artista inconforme y atormentado por la diferencia de clases sociales con su novia (Elizabeth Ashley), en la cinta de Kramer; o el líder árabe, pleno de furia y deseo de venganza, por las crueldades bélicas en la de Robson, aunque tuvo mayor lucimiento como el cínico prisionero de guerra cuya deshonestidad le permitía lucrativos negocios, aún dentro de la desgracia, en la cinta del genial Forbes. Estos roles fueron determinantes para que obtuviera el coestelar en la versión fílmica del drama de Albee, donde la cuarteta de protagonistas fue nominada al Óscar, entre otros premios, y para que, George Segal se tornara en uno de los actores más populares y buscados en los años sesenta, situación que continuaría hasta casi terminados los años setenta. Luego vendría la madurez y la irregularidad de roles, aunque nunca disminuyó su importancia y prestigio.

 ¿QUIÉN ES QUILLER? como espía en una reflexión sobre el género

         Poseedor de una versatilidad absoluta que le permitía interpretar desde roles ácidamente sardónicos en comedia, o plenos de acción, hasta dramas más personales y complejos, Segal se involucró en todos los géneros que la cinematografía norteamericana producía por ese tiempo (hasta llegó a grabar un disco donde tocaba el banjo y cantaba canciones en ragtime). Al revisar su filmografía de ese tiempo, se encuentran títulos que reflejan el sentir de una época: a) el género de espionaje que se había disparado con el gran éxito del personaje de James Bond dio lugar tanto a parodias como imitaciones, además de intentos serios de reflexión, como sucedió con ¿Quién es Quiller? (The Quiller Memorandum, 1965, Michael Anderson) donde un guion conciso y circular de Harold Pinter (el inicio de la cinta daba pie a una secuencia semejante casi al final) permitía que Segal interpretara nuevamente a un personaje nada convencional, norteamericano en misión especial en Berlín, para hablar acerca del mal inherente en el ser humano donde ese mal (un grupo de neonazis) volvía a acechar; b) el melodrama existencial donde las relaciones humanas eran puestas a prueba: ¿es importante amar y ser fiel a estar simplemente amando? Y Segal era el artista que vivía conmocionado entre una amante, una esposa abnegada y la doble moral imperante en El amor es así (Loving, 1969, Irvin Kershner); o c) la comedia vulgar para complacer a todo público y darle otra dimensión a la entonces emergente Barbra Streisand en El búho y la gatita (The Owl and the Pussycat, 1970, Herbert Ross) como prostituta, a pesar suyo, que encuentra el amor con un escritor en ciernes, intelectual pretencioso, donde el ritmo y la palabra eran los elementos graciosos. Y estos son solamente tres simples ejemplos entre una rica filmografía.

 EL CAUDILLO DE LOS DESALMADOS o el cinismo dentro del caos

         En 1973, George Segal filma una de sus más grandes películas: Los amantes de Venecia (Blume in Love, Paul Mazursky), que ya se inscribe en el nuevo Hollywood que daba su lugar a los directores con proyectos de expresión personal (Coppola, Bogdanovich, Friedkin). Blume es un abogado exitoso que se da cuenta del inmenso amor que profesa hacia su exesposa (Susan Anspach). La infidelidad los llevó al divorcio. Ella se sintió liberada y, como tal, empezó a vivir la vida a su manera: un amante, yoga, un trabajo satisfactorio. Blume, empezó a acosarla, al grado de hacerse amigo de ese amante, aunque la obsesión y la distancia lo llevaron hasta la violación. Todo se narra desde la perspectiva de Blume, en los canales de Venecia (donde había pasado su luna de miel), donde recuerda el pasado, su relación, su extrañamiento. La cinta es el retrato de un personaje que siempre está tomando riesgos, pensando que nunca habrá consecuencias graves… hasta que éstas suceden. En ese instante, no quedará más que buscar la manera de resarcir el daño. El director Mazursky volvía a cuestionar el sentido de pareja, su permanencia o su fragilidad, como había hecho con Bob & Carol & Ted & Alice o lo haría más adelante con Una mujer descasada. La pareja convencional o aquella que prefería partirse a continuar encadenada. También era una reflexión sobre el amor y su esencia. George Segal viene a resumir toda su capacidad actoral, todas las caras de su prisma, al conjuntar cinismo, comicidad, drama, ironía y hasta verdadero dolor. Una gran película donde su reflejo queda adherido, indeleble. Ahí están sus películas para recordarlo joven y rebelde, magnífico.

 LOS AMANTES DE VENECIA o la nueva pareja

GEORGE SEGAL... Gracias...





        

 

        

 

         


sábado, 27 de febrero de 2021

CONTROL DE LA MENTE

 

POSSESSOR: CONTROLADOR DE MENTES

(Possessor)

2020. Dir. Brandon Cronenberg.

         La joven Holly se inserta un conector en su cráneo y sale hacia un restaurante donde toma un cuchillo y se dirige hacia un hombre al cual ataca con saña. Al terminar, se pone una pistola en la boca después de solicitar que la saquen del cuerpo. No logra apretar el gatillo: llega la policía, ella les apunta para ser acribillada de inmediato. En ese momento, Tasya (Andrea Riseborough) despierta de una sesión y pasa con Girder (Jennifer Jason Leigh) a una prueba de verificación de su equilibrio mental… Y es que Tasya trabaja para una compañía que asesina a control remoto. Su mente es implantada en otra persona a la cual manejará para alcanzar sus fines y que sea exterminada, lo mismo que sus objetivos. Tasya pasa unos días con su marido e hijo antes de encargarse de otra misión al poseer la mente de Colin Tate (Christopher Abbott) donde se encontrará con sorpresas en su desempeño.

         Una cinta de ciencia ficción que nos trae ecos de Días extraños (Bigelow, 1995) o eXistenZ (David Cronenberg, 1999) cuyas variantes también se referían al uso de la memoria o de los cuerpos de otros para llevar a cabo experiencias distintas. En este caso, la culpa se encuentra lejos de Tasya: es una asesina invisible porque se transforma en la máquina que mueve los actos de otros. No obstante, en la misión con Holly, hubo un simple debate de conciencias: no se llevó a cabo el suicidio de la asesina. Este tipo de variante o de inestabilidad científica se manifestará de manera más notable en el siguiente caso: Colin Tate tendrá la suficiente voluntad para luchar internamente con aquella de Tasya,

         Colin Tate deberá asesinar a su futuro suegro, el altivo y acaudalado hombre que lo humilla por aspirar a casarse con su hija Ava, quien será, además otra de las víctimas. Colin, poseso por Tasya, inicialmente lleva a cabo su actuación yendo a trabajar, conviviendo con Ava, aunque percibiendo pequeñas alucinaciones. Las imágenes de un video pornográfico mientras trabaja además de las relaciones carnales con la joven, le hacen “liberarse” parcialmente de su esclavitud mental. De esta manera, la trama se irá por un camino de luchas internas, de alternancia entre la supremacía de cada voluntad, donde todo deberá resolverse bajo ese control remoto de manipulaciones.

         El joven Cronenberg, en su segundo largometraje, rinde homenaje indirecto a su padre David, al volver a utilizar al cuerpo como medio de terror ajeno, de límites que pueden romperse involuntariamente, como era temática usual y congruente de un creador inteligente (aparte de la presencia de Jennifer Jason Leigh). En este caso, el tema se vuelve más vigente al hablarse de la vulnerabilidad del ser humano para ser poseído en sus actos y en su forma de actuar. Lo que en el pasado era la invasión de cuerpos por extraterrestres, en este caso, aún dentro de una ciencia ficción, se considera a la máquina como la principal operadora. No obstante, queda la esperanza de que prevalezca cierta voluntad personal. La trama no es esperanzadora ni se torna metáfora de bondades y dulzuras. Es el tono amargo acorde con los años en que estamos sumergidos.

El director Brandon Cronenberg, con su padre David.



 

        

sábado, 13 de febrero de 2021

SIN ACCIÓN, TEDIOSA Y POBRETONA

 

EL CAZADOR DE MONSTRUOS

(The Head Hunter)

2018. Dir. Jordan Downey.

Han vuelto a abrir las salas de cine y, tal parece, se están estrenando películas de bajos presupuestos, con uno o dos años de antigüedad, como una manera simple y poco costosa para que la gente vuelva a estos lugares. Ahora anda en Cinépolis, EL CAZADOR DE MONSTRUOS (The Head Hunter), cinta de 2018, dirigida por Jordan Downey en locaciones de Portugal y California, con el actor noruego Christopher Rygh, con largos cabellos y barbas, además de ser un chaparro fortachón. Con menos de 70 minutos de duración si se le quitan los créditos iniciales y finales, estamos ante una época medieval a la altura de los videojuegos. La trama es acerca de un guerrero que busca monstruos para matarlos y cortarles sus cabezas que cuelga en un muro de su cabaña. Además, el hombre es hechicero que crea pociones mágicas que lo curan de heridas cuando las sufre en batalla. Filmada con apenas 30,000 dólares, se nota la economía necesaria porque toda la acción sucede fuera de cámara: la cinta se limita a mostrar al tipo caminando o cabalgando en bellos escenarios naturales y solamente lo reencontramos malherido, sangrante, con las cabezas de las criaturas que nunca veremos. Sin embargo, se sabe que busca venganza en un ente al cual siempre espera y quien fuera la culpable de la muerte de su hija pequeña a la cual ha enterrado al pie de un árbol. Tediosa, sin acción de interés, llega a un clímax igualmente contenido con final sorpresivo que, de todas maneras, no vale tanto la pena esperar, aunque sea simplemente una hora. Viene a ser una variante, en otro nivel, de la estupidísima El proyecto de la bruja de Blair, cinta suprema de la nada cinematográfica, ya que podrá apantallar a ingenuos que “sienten lo que se sugiere”. Con este tipo de oferta, mucho menos van las salas a lograr que retorne un público que tiene mejores opciones en las plataformas de “streaming”. Como antecedente, le diré que el director es el responsable de “Thankskilling” (2009) donde un pavo asesino, notoriamente de plástico, asesinaba a cinco estudiantes universitarios (interpretados por sendos actores tan antipáticos como los personajes), en el día de acción de gracias. El tema de venganzas personales es apasionante, pero al menos se exige que esté bien hecho… ¡Un fraude!



martes, 1 de diciembre de 2020

LA CIENCIA LIGERA

 

TENET

2020. Dir. Christopher Nolan.

         La cinta inicia en un operativo dentro de la ópera de Kiev para el rescate de una carga de plutonio que resulta ser falsa. El agente responsable es capturado para hacerle confesar quiénes lo han enviado, pero antes de que suceda toma una píldora de veneno que también es falsa. Al despertar, ya que se ha comprobado su lealtad de preferir morir a confesar secretos, es reclutado para una operación llamada Tenet donde se busca afianzar la seguridad mundial. Una científica le muestra al agente una pistola que recupera balas del futuro. Hay un billonario ruso, llamado Sator, quien se ha apoderado de la tecnología para revertir la entropía de la materia, pero alternándola con el tiempo lineal. Su finalidad es conseguir un algoritmo que le permitirá producir una reversión total, o sea, el fin del mundo. Habrá que evitarlo.

         Al realizador Nolan le ha interesado siempre el tema del tiempo o la memoria, y sus paradojas o su relativismo. Desde Memento (2000) e Insomnio (2002) donde la memoria se confundía, ya fuera por cuestión orgánica o por la falta de sueño, para llegar a esa deliciosa obrita maestra que fue El truco final (2006) donde la ciencia permitía la replicación personal para llegar a un espectáculo macabro de magia, y luego caer en las millonarias producciones, grandilocuentes y aparatosas (gracias a sus experiencias, muy taquilleras, con la trilogía del personaje de Batman) donde trató los asuntos que le interesaban. Si algo puede decirse de Nolan, es que es un realizador congruente con las temáticas que le intrigan. De ahí que surgieran El origen (2010) e Interestelar (2014) donde el proceso del sueño o la relatividad del tiempo eran básicos para sus argumentos. Dunkerque (2017) fue otra cinta menor en alcance, soberbia en resultado, pero fiel a sus experimentos temporales. Y ahora llegó Tenet.

         Considerada la película que haría que el público retornara a las salas de cine cuando se levantó parcialmente la restricción de la pandemia (que no parece acabar nunca), tuvo un paso continuo y lento en pantalla hasta que en el mundo ha podido ingresar una buena cantidad de dinero sin alcanzar lo que hubiera sucedido en tiempos de normalidad. Ahora ya puede verse en ciertas plataformas virtuales y habrá que ver si alcanza a recuperar los doscientos millones de dólares que costó, y que se ven en pantalla: el choque y explosión de un verdadero avión 747 (comprado como cascarón, claro), además de múltiples secuencias con efectos especiales que resultan complicados y costosos: alternar un tiempo lineal con otro que corre de manera contraria sin que se note, resulta verdaderamente apantallante.

         Nolan fue lo suficiente y convenientemente listo para poner en boca de la científica (Clémence Poésy), un consejo que le explica al agente cuando le muestra la realidad de las balas recuperadas del futuro “no trates de entenderlo, simplemente siéntelo”, que se puede extrapolar al público lego en teorías científicas. Cuando empieza a mostrarse la alternancia del tiempo lineal contra el revertido, se expresa “lo que ha pasado, ya pasó”, como indicando que no puede provocarse una diferencia en el futuro que altere al presente. Y se menciona a la paradoja del abuelo donde se menciona que si alguien viaja al pasado para matar a su abuelo, él mismo no tendría existencia porque eliminó a su origen, que no se puede explicar porque es una paradoja teórica y que, obviamente, nadie ha podido comprobar, sólo reflexionarla a través de la lógica y la razón.

         Y eso pasa con Tenet: es un espectáculo brillantemente concebido y realizado pero que se mueve, como en El origen bajo la libertad absoluta. Todo puede suceder porque es una narrativa, un cuento, un juego temporal. Nolan disfruta con sus propias elucubraciones, producto de sus obsesiones, y provoca un sinfín de interpretaciones y cuestionamientos a sus espectadores. En realidad, es un entretenimiento de acción que ofrece muchas interrogantes pero que se gozan libremente. Sólo resultará ser un martirio para quienes se la tomen en serio queriendo discutir sobre la trascendencia o importancia de las tesis científicas: de seguro, las personas doctas en estos menesteres se han de aburrir ante su ligereza. Lo que debe reconocerse a Nolan es que no deja cabos sueltos ni en forma ni en fondo. Todos los personajes tienen un lugar en la trama y se justifican plenamente.

         Por otro lado, uno puede seguir las instrucciones de la científica que nos aconseja “sentir” lo que vemos sin comprenderlo, pero al final de cuentas estamos ante una película muy bien hecha, apabullante, que no posee calidez. Las relaciones entre los personajes son distantes. Todos actúan de manera mecánica, llevando a cabo sus misiones directamente, sin dar lugar a alguna emoción o sentimiento entre ellos. Es notoria la necesidad de mostrar el espectáculo, la violencia, las explosiones, los trucos de la imagen, como fórmula a seguir. Eso nunca falta en las cintas con James Bond, por ejemplo (con todo y lo oscuras que han sido las últimas entregas).

 El irregular director Christopher Nolan

        

domingo, 15 de noviembre de 2020

EL DESORDEN SOCIAL

 

GREENLAND: EL DÍA DEL FIN DEL MUNDO

(Greenland)

2020. Dir. Ric Roman Waugh.

         Se anuncia el paso del inmenso cometa Clarke, tan cerca de la tierra, que podrá verse día y noche a simple vista. De esto se entera el constructor John Garrity (Gerard Butler) cuando regresa a su casa de la cual se ha alejado por un problema con su esposa Allison (Morena Baccarin), ya que cumplirá años su hijo pequeño Nathan (Roger Dale Floyd). Recibe en su celular una alerta de emergencia donde se le avisa que su familia ha sido seleccionada para ir a búnkers especiales. Al principio no lo entiende, ni puede creer, pero el mensaje se repite sobre su pantalla en casa provocando el desaliento de los invitados a la fiesta de cumpleaños infantil, ya que en ese momento ocurre una terrible onda de energía debida a la caída de un gran fragmento del cometa en el otro extremo del continente. John, esposa e hijo se preparan para ir a tomar un avión que los transportará a su refugio y ahí comenzarán sus desventuras. Es que el cometa es destructor de planetas y proviene de otro sistema solar.

         La dupla Butler-Waugh se repite luego de la exitosa Angel bajo fuego (2019) en una cinta planeada y filmada antes de la pandemia. Curiosamente, cuando uno podría pensar que este tipo de cintas sobre desastres no son adecuadas para nuestros tiempos difíciles, resultan ser complemento y comentario. La película muestra el desorden público cuando se suscita una emergencia nacional, así como el vandalismo y destrucción. Los que no han sido llamados y no creen en la noticia ni en la inminente destrucción festejan, beben y maldicen al fenómeno. Cuando comienzan a caer los petardos desde el cielo (como bombas durante una guerra), la impotencia es rampante. Hay que buscar un techo que quizás salve. La tecnología falla y todo pierde sentido. Se muestran autos abandonados, casas sin gente, objetos que en la normalidad son queridos y propios dejan de tener valor para cualquiera porque su dueño ya no está presente, disfrutándolos. (Y en sentido opuesto, el suegro de John, interpretado por un anciano Scott Glenn, prefiere morirse en su casa, su origen y sentido de la felicidad). Estamos ante una alegoría de la vida misma: todo lo material es transitorio.

         La película es truculenta, obviamente. Como toda cinta del género, los espacios geográficos se tornan cómodos y ajustables para la pérdida y reencuentro de personajes. La odisea posible ya no sigue su curso: debe tener desviaciones para llegar a un final que se anuncia y se espera. El tema de la familia es primordial y se defiende la unidad: a la hora final no importan infidelidades ni enojos. Cualquier acción se torna válida con tal de sobrevivir y llegar a la reunión. En este caso, John se enfrentará directamente a la violencia y al crimen. Allison, a la estupidez humana. El pequeño Nathan, dentro de su inocencia y fiel a los valores aprendidos, no miente y es lo que ofrece una solución parcial a su persona. Sin haber sido pensada para el coronavirus, pueden extrapolarse sus causas y efectos, así como las consecuencias para la pesadilla en la que estamos inmersos. No se piense en una gran película (pierde ritmo en ocasiones, la duración es mayor de lo que debería, sus actos son forzados), pero ¡qué bien refleja al comportamiento social!, ¡cómo podemos pensarla y extrapolarla hacia nuestra coronavirulenta realidad!

El extraordinario Scott Glenn, aparece como suegro de Butler

Nota: el título “Greenland” se refiera a Groenlandia: lugar donde estarían los refugios para los sobrevivientes elegidos.

  El director Ric Roman Waugh

          

domingo, 8 de noviembre de 2020

EN MEDIO DE LA PANDEMIA

 

LOS NUEVOS MUTANTES

(The New Mutants)

2017 – 2020. Dir. Josh Boone.

         Dani Moonstar (Blu Hunt) escapa junto con su padre de lo que aparentemente es un tornado. La lleva al bosque y le pide que ahí permanezca para salvarse pero ella desobedece las órdenes, queda envuelta por el desorden que la rodea y luego despierta encadenada a una cama de lo que parece ser un hospital. Llega la Dra. Reyes (Alice Braga) quien le explica que se encuentra en un hogar para jóvenes seres mutantes que apenas empiezan el aprendizaje para dominar sus poderes. Más adelante conoce a otros cuatro compañeros: la escocesa Rahne, que puede convertirse en lobo; la rusa Illyana cuyo brazo se extiende en espada flamígera y puede desaparecer; el provinciano Sam quien vuela a altísima velocidad; y el brasileño Berto, que puede controlar la energía solar. Al principio, Illyana será la única rebelde contraria a Dani, de la que no se sabe todavía nada. La propia doctora es mutante que puede crear campos magnéticos: es la forma en que evita que los jóvenes escapen del lugar.

         Filmada a mediados de 2017, la cinta fue retrasando su estreno por diversos motivos, siendo los más pesados la fusión de Disney con los Estudios Fox y, posteriormente, la pandemia global. De hecho, fue de los primeros títulos estrenados durante la reapertura de salas de cine en el mundo. El objetivo principal era darle otro punto de salida a esta franquicia de los Estudios Marvel, pero tampoco ayudó el hecho de que la última entrega de la serie original (Dark Phoenix) fuera un estrepitoso fracaso. El elenco de esta película ya no representa la edad de los años en que fuera filmada y, por ejemplo, la actriz Anya Taylor-Joy (que interpreta a Illyana) ya ha alcanzado el estrellato (sobre todo por Emma, la más reciente adaptación de la novela de Austen, que puede verse en plataformas diversas).

         Y es que la película se aleja del ámbito en el cual ocurren las aventuras de los súper héroes, además de ofrecer el lado oscuro de sus personajes. Su premisa parte de los miedos personales. El hecho de que estos jóvenes no puedan dominar sus cualidades debido a que fueron la causa de sus pasadas desgracias (Berto quemó a su novia, Sam mató a su padre y otros compañeros, etc.) le imparte a la cinta una atmósfera de terror. Cuando se empiezan a desvelar los poderes de Dani, uno se entera de que logra materializar esos miedos. Y, por supuesto, las amenazas devienen retos para terminarlas. La película mantiene un ritmo favorable, pero su alcance no logra satisfacer a los fanáticos de estas franquicias, además de que tampoco sigue al pie de la letra las aventuras plasmadas en las historietas.

         Se puede destacar que todo el reparto es atractivo (conformado por actores que se habían consolidado a través de series de televisión) y que el suspenso para conocer la realidad detrás del personaje más destacado, además de las verdaderas intenciones de dicho lugar, se mantiene en buen nivel. Por otro lado, la diversidad cultural se respeta, a pesar de que se filmó cuando todavía no se llegaba a las absurdas reglas fílmicas actuales. Dani es nativa norteamericana y se privilegia más que nada a los latinos. Una situación que debe destacarse es que se haya introducido la naciente relación lésbica entre Dani y Rahne que se trata sin reservas. Una leyenda de los nativos americanos abre y cierra la película: nos habla, con metáfora, del bien y el mal que existen dentro de toda persona.

El director Josh Boone



lunes, 9 de marzo de 2020

PELÍCULA INDULGENTE


HONEY BOY: UN NIÑO ENCANTADOR
(Honey Boy)
2019. Dir. Alma Ha´rel.

            Esta película fue escrita por Shia LaBeouf como un ejercicio terapéutico para librarse de sus demonios acerca de la relación con su padre. Narrada en dos tiempos: 1995, cuando el niño Otis (alter ego del actor) tiene doce años, es actor emergente en la televisión, y vive con su padre James en un motel californiano; y 2005 cuando ya Otis, en su primera juventud, debe pasar por otro de tantos tratamientos de rehabilitación, en este caso sobre manejo de la ira. Otis niño tiene a su padre, alcohólico y drogadicto en recuperación, como representante. Es un tipo abusivo que le grita y somete. Otis, ya mayor, más consolidado como actor, vive las consecuencias de esa relación durante su niñez. La cinta nos muestra tanto la génesis de un daño emocional y afectivo, como el proceso de exorcismo para alcanzar redención.
            Uno como espectador comprende que los antecedentes personales de James, que nunca son expresados abiertamente sino que se sugieren por mínimos comentarios (pelear en la guerra, la cercanía hacia las drogas) no le daban gran capacidad para comprender el significado y la atención hacia un menor. La madre sólo está presente en la distancia. A pesar de la cercanía con el hijo, James resiente y teme a que encuentre otra figura paterna, como ocurre con Tom (Clifford Collins Jr.), miembro del programa de “hermano mayor”, con el cual Otis se refugia… En el caso de Otis adulto está la rebeldía, el enojo ante la incompetencia y el abuso, recibido de manera callada, por el padre, aparte de que las demostraciones de afecto eran sobre agresiones a lo que él consideraba cálido (la jovencita de la cual se enamora, el hermano mayor rechazado, el pleito perenne con la madre).
Dulce y extraordinario Noah Jupe
            No obstante, la cinta se siente más indulgente que redentora, más autocomplaciente que liberadora. Al mismo tiempo que se condena a un padre cuya conducta era tóxica, se le rinde tributo (en los créditos finales hay fotografías de Shia y su padre, en la vida real). Una última secuencia muestra a Otis joven llevando a James en su motocicleta y a la siguiente escena, va solitario. Es esta ambigüedad y ligereza lo que no convence en cuanto al discurso de denuncia y supuesta liberación. Sin embargo, la gran cualidad de la película reside en el dulce Noah Jupe, una de las mayores revelaciones infantiles de la década pasada: al mismo tiempo que fuerza, presenta fragilidad. Hay toda una gama de emociones que logra transmitir y con las cuales desgarra al espectador. Por cuestiones de sensibilidad política (tenía 13 años al filmar esta cinta), solamente se insinúa la relación carnal con la chica que se torna en su refugio sentimental, con una carga erótica inocente. Él es la razón principal por ver una cinta que en su totalidad resulta mediana.







martes, 3 de marzo de 2020

FALSO PERFIL


NO SOY QUIEN CREES
(Celle que vous croyez)
2019. Dir. Safy Nebbou.
         Claire (Juliette Binoche), una profesora de literatura francesa, divorciada, madre de dos hijos, que ha llegado a los 50 años, acude con la psiquiatra Catherine (Nicole Garcia) para contarle su caso. Luego de que fuera cortada por su amante Ludo (Guillaume Gouix), decide crear un perfil falso en Facebook: será Clara, mujer de 24 años, quien será lo suficientemente atrayente para seducir a Alex (François Civil), amigo de Ludo, con la finalidad de acercarse a él. Lo que sucede es que comienza una relación a distancia donde el joven enloquecerá de deseo, llegando al sexo por teléfono. Todo se saldrá de control por lo que Claire decide terminar con esta aventura. Sus consecuencias y derivaciones serán inesperadas.
         Imposible contar lo que sigue sin echar a perder la sorpresa y el juego narrativo. Lo más importante en esta relación será la pasión ascendente: Claire irá creciendo en nivel y tensión, jugando con una identidad falsa que podrá considerarse perversa al manipular el sentimiento de una posible y fiel pareja. Lo que inicia como una forma de venganza indirecta (Alex es quien contesta a una llamada que Claire hace a Ludo, negándolo y cortando la comunicación) se torna en la construcción de una pareja amorosa. Claire se transforma y baila, ríe, ofrece sus clases con brío, hablando de Marguerite Duras, como mujer que de pronto se vio envejecida pero carnal, o habla de Choderlos de Laclós hecho preso por su famosa novela epistolar, y establece que Nora toma conciencia de sí misma y de ahí su rebeldía en “Casa de muñecas”.
         Paralelamente, su relación con Catherine se vuelve dependiente y requiere de reforzamiento, del descubrimiento de que ella, como mujer, también quisiera sentirse joven, vivir su experiencia. Lo que logra es que luego de una inesperada revelación, escriba (y seamos testigos) de lo que pudo ser, de otro curso en el camino de la creación amorosa. Claire se confronta con Clara como rival. Y todavía habrá otra vuelta de tuerca narrativa para que sepamos que ciertos sueños siempre permanecerán en ese estado: nunca se tornarán realidad, el tiempo nos limita. La cinta es muy rica en situaciones y complejidades en sus personajes, aparte de que su desarrollo atrapa y envuelve. Juliette Binoche es una delicia y demuestra su gran calidad actoral con cada gesto, mirada, intención en su diálogo.
Safy Nebbou, director

domingo, 1 de marzo de 2020

EL TERROR ÓPTICO


EL HOMBRE INVISIBLE
(The Invisible Man)
2020. Dir. Leigh Whannell.
         Cecilia (Elisabeth Moss) escapa de su casa inteligente donde hay cámaras por todas partes. Huye de un marido controlador y cruel, Adrian Griffin (Oliver Jackson-Cohen). Se refugia en la casa de su amigo James (Aldis Hodge) quien vive con su hija adolescente Sydney (Storm Reid). Pasan dos semanas y Cecilia no quiere salir ni a recoger la correspondencia en el buzón. Se siente acosada. Su cuñado Tom (Michael Dorman) la cita para informarle que Adrian se ha suicidado y le ha heredado una buena suma de dinero. Sin embargo, a pesar de que ve las fotos del cadáver de su esposo, Cecilia sigue percibiendo una presencia a su alrededor y no cree que Griffin haya muerto.
         Sin tomar en cuenta la novela de H.G. Wells escrita en 1897, ni la cinta de James Whale filmada en 1933 y adaptada a su tiempo presente, solamente utilizando como apellido el Griffin, que era el mismo del personaje de la novela mencionada, el autor completo Whannell nos entrega su tercera película que deviene purísimo cine de terror que se sostiene gracias a miradas, sugerencias, cámaras que se fijan en paredes o ventanas o muebles. Cecilia mezcla su delirio de persecución debido al terror que le ha impuesto su marido con los hechos extraños que está segura de no haber cometido (el envío de un correo electrónico ofensivo, el olvido de su portafolio artístico) y su seguridad de que no ha enloquecido, algo que parece evidente a sus seres cercanos, hasta que ella lo comprueba en carne propia, pero en solitario, teniendo solamente al público como testigo lejano.
         El personaje original (de novela y cinta primitiva) era un científico que había descubierto la calidad de la invisibilidad (gracias a un cambio en la refracción de la luz) aunque bajo el efecto secundario de la creciente pérdida de la razón. En este caso, Adrian Griffin es un magnate de la electrónica, experto en óptica, por lo que su logro se convierte en una extensión de su sentido controlador. Cecilia comprende la amplitud de posibilidades que había a su alcance para poder estar enterado de todo lo que hacía. Ahora, en la versión de Whannell, es la sinrazón de los celos y el control. Además, transforma a la víctima en mujer para lograr su redención y clamar por cierta justicia acorde con el discurso feminista usual, aunque sin caer en el panfleto (como sucedió con la estupidísima Mujercitas de la Gerwig), gracias a un satisfactorio equilibrio y a una estupenda actuación de la Moss, casi siempre en pantalla, quien logra transmitir su desesperación aunque siempre la constante seguridad de su lucidez.
         La cinta nos habla de la tecnología con sus terribles consecuencias como arma de dos filos: algo que beneficiaría a la humanidad sería fatal al utilizarse para fines siniestros. Y esa es otra de las grandes cualidades de la cinta porque primero se sostiene en el aditamento electrónico para luego entrar al manejo del suspenso en el espectador. Una cinta extraordinaria porque sabe utilizar los elementos básicos del terror para ofrecer una lectura de la perversión tecnológica en estos tiempos avanzados, lejanos de las fantasías que soñaban proféticamente Verne y Wells, entre otros.
         La Universal ha querido replantear a sus “monstruos” del pasado en tiempos actuales sin lograrlo: Tanto La momia (The Mummy, Alex Kurtzman, 2017) como El hombre lobo (The Wolfman, Joe Johnston, 2010) resultaron fracasos. Por fin, gracias a uno de los grandes cultivadores del género del terror contemporáneo (Whannell fue colaborador del genial James Wan y por su cuenta ha mostrado su genio). No puedo dejar de mencionar que en el cine mexicano, gracias a efectos especiales primitivos, tuvimos un acercamiento serio al personaje (El hombre que logró ser invisible, 1957, Alfredo B. Crevenna), versión adaptada a suelo mexicano con Arturo de Córdova como el científico que enloquecía. A nivel más bajo está El asesino invisible (René Cardona, 1964) que marcó el debut de Jorge Rivero en el cine; pero a nivel ínfimo, con guión de Chespirito está Los invisibles (Jaime Salvador, 1961) con Viruta y Capulina (el grado cero del humor).
Leigh Whannell dirigiendo a Elisabeth Moss