sábado, 18 de enero de 2020

TRIBUTO AL HEROISMO


1917
2019. Dir. Sam Mendes.
         Dos cabos del ejército británico, Schofield (George MacKay) y Blake (Dean-Charles Chapman) descansan en un bucólico prado que es un espacio aislado, contrastante, con las trincheras que se encuentran cercanas y que colindan con campos de batalla áridos, plenos de cráteres, agua, animales muertos o cadáveres humanos. Platican, recuerdan y bromean mientras Blake está acostado y Schofield reclinado sobre un árbol. Llega otro soldado a pedirle a Blake que vaya con el General Erinmore (Colin Firth) quien requiere dos reclutas para una misión. Blake nombra a Schofield y ambos van con el oficial quien les informa que un batallón que va a atacar a los alemanes, a la mañana siguiente, que se encuentra a quince kilómetros de distancia, debe ser informado que están en una trampa y serán masacrados. No hay otro modo de informarles más que yendo directamente hacia ellos; por otro lado, un hermano de Blake se encuentra en ese lugar. Los dos cabos inician su encomienda porque tienen apenas el tiempo suficiente para llegar a su destino. De esta manera se lanzan por caminos inseguros, inciertos, siempre amenazantes porque la muerte está flotando sobre el aire. Así comienza una aventura de 24 horas.
Blake y Schofield
         Filmada en dos falsos planos secuencia que, gracias a la tecnología actual, pueden engañar al espectador y dar la ilusión de que la cámara empezó a filmar para no dejar jamás a sus protagonistas durante el lapso de la trama, 1917 es un tributo al pasado y a mirar al presente desde una perspectiva anterior. Al inicio de la película aparece la fecha 6 de abril de 1917 que indica el primer día en que los norteamericanos se unieron a la lucha europea. La cámara pasa de las flores a la placidez a la aridez a la amenaza de muerte. Los protagonistas quedarán entrampados en trincheras alemanas abandonadas, o llegarán a granjas quemadas donde una vaca deambula solitaria, o sortearán a un avión enemigo que se estrella en su cercanía, o visitarán pueblos derruidos con supervivientes escasos como una muchacha con un bebé abandonado, o lucharán sumergidos en ríos violentos con desembocaduras en cascada.
         La película está basada en historias que le contaba su abuelo al director Mendes y que le sirvieron para darle una significación actual y no una simple recreación de época porque eso ya no debe interesar a los espectadores del siglo XXI. Termina siendo un tributo al heroísmo del soldado sacrificado y la reiteración de que la guerra no tiene sentido desde el momento en que la misión consiste en entregar un mensaje para cancelar la batalla, de no pelear para poder salir vencedores y permanecer vivos. Si se aplica a nuestros días, la película nos comenta la fragilidad de las decisiones que pueden llevar a la tragedia como pasa con los líderes contemporáneos. Más que nada, habla de la responsabilidad moral, de la necesidad de vernos como guardianes de nuestros semejantes y que los actos individuales pueden ofrecer resultados comunitarios para que se cumpla la circularidad del destino, los ciclos de la vida, volver a reclinarse en otro árbol cuando la conciencia ya está tranquila.
Sam Mendes, realizador extraordinario

jueves, 16 de enero de 2020

EL TRISTE FINAL DE UNA VIDA


JUDY
2019. Dir. Rupert Goold.
         La película abre con una joven Judy Garland en el set de filmación de El mago de Oz (Fleming, 1939) donde el productor Louis B. Mayer prácticamente la condena a una vida de engaños y sacrificios para alcanzar el estatus estelar por manipularla todo el tiempo, recordándole que sería una más del montón si no estuviera bajo su cuidado. Luego, la acción nos lleva al invierno de 1968, el año previo a su muerte, cuando Judy vive de hotel en hotel mientras no le nieguen el crédito económico, la acompañan sus hijos pequeños Lorna y Joey Luft, a los cuales tiene que llevar a casa de su padre, el productor Sid Luft (Rufus Seawell), del cual se ha separado y está en constante disputa por su custodia, cuando no le queda otro remedio. ni otro lugar a dónde ir. Su único refugio es la casa de su hija mayor, Liza Minnelli, donde conoce a Mickey Deans (Finn Witrock), con el cual iniciará una nueva relación y lo convertirá en su último marido, pero antes partirá hacia Londres donde su agente le ha conseguido cinco semanas de conciertos diarios en el espléndido centro nocturno “Talk of the Town”, porque la quieren, le pagarán bien y no tiene los problemas que la rodean en Estados Unidos. Ahí tendrá experiencias que le harán reflexionar sobre su realidad pero será también su final.
         Inspirada en una obra teatral que ficcionaliza ciertos momentos (la relación que tiene con una pareja gay o con su asistenta personal durante estas presentaciones) pero resalta otros verdaderos (la boda con Mickey Deans quien resultó ser un oportunista), la película sirve para ofrecer el retrato de un alma atormentada: Judy Garland fue un ser especial, con talento múltiple (actriz de excelencia, bailarina capaz, aparte de contar con una voz única y privilegiada) pero sin mostrar una belleza física y gran tendencia a la gordura, por lo que tuvo desde pequeña grandes presiones por parte de la MGM, su estudio de cine, que la sometió a tratamientos de pastillas para adelgazar, que le causaban insomnio, y otras para dormir, por lo cual su cuerpo estuvo siempre dominado por las drogas.
Una extraordinaria caracterización que se eleva
por la prodigiosa actuación de Renée Zellweger
         La cinta refleja esa tortura emocional ya en etapa avanzada. Son los tiempos en que las consecuencias de tanto abuso y uso de pastillas están presentes. Judy es un manojo constante de nervios, la inseguridad la lleva a beber en exceso y, por lo tanto, estropear sus presentaciones. La búsqueda de afecto, además de la soledad, le permite abrirse ante cualquiera que se lo ofrezca, y de ahí que se refugie por una noche en la pareja de admiradores que le dan a entender que el amor está presente en el público, aunque en su calidad de estrella, por lo que nunca será suficiente.
         Judy está cimentada en una gran actuación de Renée Zellweger quien reproduce gestos, manierismos, expresiones corporales y parece ser que es la misma Judy quien está actuando en la película. Su audacia consistió en cantar con su propia voz en lugar de realizar “playback” pero eso le da mayor autenticidad. Para quienes conocemos la voz de Garland, nos damos cuenta de que hay cierta semejanza con la original y se debe principalmente a que estamos viendo la imagen de la Garland, como si fuera ella. Zellweger parte de fotos icónicas: el cuerpo reclinado mientras está sentada, los vestuarios idénticos a los originales, las coreografías, la mirada, la forma de mover los labios, los minúsculos temblores de manos y rostro. Ya lleva varios premios importantes por esta película. 
Judy y su joven marido Mickey (Finn Witrock)
         En alguna entrevista, Bette Davis, hablando de sí misma, comentó que tuvo, por suerte, la disciplina y educación de su familia, además de que pudo siempre mantenerse saludable, pero que le costó gran esfuerzo, si se consideraba que el espectáculo producía nervios persistentes y constantes. Garland, por el contrario, cayó presa de las exigencias de su profesión y fue víctima de la ambición e intereses de un negocio donde las estrellas eran materia prima para explotar mientras representaran ingresos económicos y tornarse fácilmente desechables cuando les fueran inútiles. Fue persona frágil, sensible. La película nos muestra esta última etapa, su destino final, su soledad, su hartazgo del sufrimiento, su autodestrucción, de manera admirable.


martes, 14 de enero de 2020

FELLINI CENTENARIO


FELLINI CENTENARIO
(1920 – 1993)
Y
LA DULCE VIDA
(La dolce vita)
1960. Dir. Federico Fellini
         Este 20 de enero se celebra el centenario del nacimiento de Federico Fellini, realizador extraordinario, modelador del cine contemporáneo en el siglo XX, creador de imágenes únicas que luego fueron copiadas infinidad de veces. Como joven periodista, luego argumentista, asistente de director y finalmente como autor de una filmografía sin paralelo, siempre dirigió la misma película (según sus propias palabras) basándose en sus experiencias de vida o adaptándolas como metáforas existenciales. Sus primeros títulos en los años cincuenta, más cercanos a las narraciones neorrealistas (de hecho, colaboró con Rossellini y Germi como guionista y actor) son conmovedoras y nos llevan hacia las vidas miserables aunque esperanzadoras (La strada, Las noches de Cabiria) o hacia las críticas, todavía suaves, de los habitantes pueblerinos (El sheik blanco, Il bidone), pero abrió la década de los años sesenta con “La dulce vida”, otra de sus tantas obras maestras que cumple su sexagésimo aniversario sin mostrar señales de envejecimiento: quizás parezca ingenua para nuestros ojos audaces de siglo XXI, pero su esencia, su disección del desencanto y del vacío emocional, hoy se encuentra más vigente que nunca.

La frívola actriz de cine
         “La dulce vida” es como una larga novela. Su personaje principal, Marcello Rubini (Marcello Mastroianni) es un periodista de espectáculos y chismes sociales. A lo largo de la película vamos siendo testigos de su vida cotidiana que significa días y noches de fiesta, centros nocturnos, las mesas de los cafés de la Vía Veneto, aventuras con personas de sociedad o gente vulgar, como si fueran los capítulos que lo van describiendo y analizando; la acción es constante y nunca cesa. Su frustración como escritor, porque no ha logrado continuar con su deseo de terminar una novela, se ancla en otro escritor al cual admira, Steiner (Alain Cuny), porque sabe interpretar a Bach, vive en un ambiente modelo de arte, libros, intelectualidad, aparte de tener una bella esposa y dos hijos pequeños. De alguna manera es quien lo anima a dejar su vida vacía y a perseguir su sueño, algo que Marcello toma en serio para luego caer en una gran decepción. Así, vemos los altibajos de una existencia que no encuentra solución a la vida rápida e insensible que le rodea: estrellas de cine que muestran frivolidad, una novia con tendencias autodestructivas, un padre siempre lejano que aparece para todavía subrayar ese alejamiento.
Steiner y Marcello
La vida nocturna
         Imágenes surrealistas como el inicio donde un helicóptero transporta a una inmensa estatua de Jesús con los brazos abiertos para trasladarlo con el Papa o un monstruo marino que complementa a la sociedad en la cual está inmerso. La cinta introduce el nombre de un fotógrafo insistente y escandaloso llamado Paparazzo, para que se acuñara como nuevo término en plural (paparazzi) que se hizo famoso. La música incidental de Nino Rota es de las que se quedan en la mente, aunque también se utilizan fragmentos de melodías (“Arrivederci Roma”,“Stormy Weather”, “Jingle Bells” y hasta “Patricia”, la famosa canción de Pérez Prado). Y así, como el término mencionado, el título se volvió famoso en todo el mundo. Para hablar de riqueza o de comodidad o de decadencia simplemente hay que definirla como “la dolce vita”. Hay mucho más que decir, pero es mejor que usted lo descubra...
Los paparazzi
         Fellini filmaría otras joyas con los años: Ocho y medio, Julieta de los espíritus, Satiricón, Roma, Amarcord, siempre con la calidad y prestigio que lo llevó a ganarse muchos premios internacionales. Es de los realizadores que afectaron los mundos personales de los espectadores al mostrar la esencia del ser humano. No deje de revisarlo con cualquiera de sus películas, como tributo a sus 100 años. ¡Viva Federico Fellini!
El desencanto

domingo, 12 de enero de 2020

EL JOVEN RADICAL

EL JOVEN AHMED
(Le jeune Ahmed)
2019. Dirs. Jean-Pierre y Luc Dardenne.
         Ahmed (Idir Ben Addi) es un jovencito de 13 años, mitad belga y mitad árabe, quien se ha radicalizado en su religión musulmana debido a las enseñanzas de un estricto imán. Por tal motivo, critica a su madre por beber alcohol y no utilizar el hijab, además de discutir con su hermana porque se viste de manera indecente o no saludar de mano a su maestra de toda la vida, la Srita. Agnès, porque va en contra del Corán. Va a parar a un centro de rehabilitación juvenil por atacar, afortunadamente sin consecuencias fatales, a esta maestra que enseña el árabe musicalizando al Corán aparte de tener un novio judío. Ahmed muestra un perfecto comportamiento aunque se sobreentiende que no ha disminuido su deseo de atacar a la mujer. 
         Ahmed viene a representar a la mente fresca que fácilmente cae presa de fanatismos (su imán es contundente y fundamentalista), además de carecer de figura paterna. La influencia de su maestro de rezos ha hecho que el jovencito cambie en un tiempo muy corto: su madre le reclama que no sea como antes cuando se divertía con los videojuegos. Al nombrar el Imán a quienes no siguen estrictamente las reglas del Islam como apóstatas o herejes, hace que la pasión de Ahmed se inflame. Posteriormente, en el centro juvenil, Ahmed tiene la ventaja de trabajar en una granja donde la hija de los dueños, adolescente como él, le propone que la bese porque le gusta. El muchacho se siente sucio y la única manera para volver a sentirse digno se encuentra en el escape y las acciones para lograrlo. 
         La cinta ganó la Palma de Oro en Cannes por la mejor dirección. Los belgas Dardenne han sido usualmente consentidos de dicho Festival (han ganado en dos ocasiones por mejor película). Su cine se ha distinguido por presentar de manera directa, más que nada por hechos concretos, situaciones límite de personajes que han tenido problemas legales o laborales o cuya manera de soportar la vida es por medio de la indolencia o el estoicismo, alejándose de sentimientos o emociones. Ahmed complementa, ahora por medio de una cuestión religiosa, ese cuadro de seres que se sienten marginados. No obstante, es una cinta menor dentro de esta vasta obra: el hecho de no mostrar el proceso de radicalización hacia la religión contrasta con su rápida solución (aunque puede justificarse al considerar que Ahmed es apenas un joven que no tiene idea de la vida real) pero la película es absorbente y nos habla, unitaria e  indirectamente, de un problema importante para el mundo actual.

Jean Pierre y Luc Dardenne

miércoles, 8 de enero de 2020

SER BUENAS PERSONAS


UN BUEN DÍA EN EL VECINDARIO
(A Beautiful Day in the Neighborhood)
2019. Dir. Marielle Heller.
         El cine norteamericano, en otra de sus revisiones de personajes del pasado (pronto llegará Judy que recrea los últimos seis meses de vida de la icónica cantante, con una actuación impactante de Renée Zellweger; por Netflix apareció Mi nombre es Dolemite, con Eddie Murphy, donde se recupera a Rudy Ray Moore, uno de los actores-cineastas representativos del género que se valió de la nueva sensibilidad hacia la gente de color para explotarla en la pantalla, bajo otras perspectivas), ahora nos presenta a Mr. Rogers, un personaje de la televisión pública cuyo programa Mr. Rogers’ Neighborhood vino a ser un antecedente de Plaza Sésamo y también ocupó un lugar importante en el recuerdo, y la educación, de varias generaciones de niños en Estados Unidos.
Tom Hanks y el verdadero Mr. Rodgers
         Fred Rogers comenzó su programa de televisión en 1968 y así continuó hasta 2001, presentando a un hombre de aspecto cotidiano que llegaba a su casa (cantando la canción tema del programa que invitaba a sus escuchas a convertirse en su vecino), se ponía cómodo con un suéter y zapatos casuales,  antes de empezar a platicar sobre distintos tópicos con su público (algunos capítulos pueden verse por YouTube) que iba ilustrando con diversas acciones y objetos, marionetas, personas invitadas. Rogers reflejaba mucha parsimonia e inspiraba bondad: una atmósfera de  Disneylandia resumida en un ser humano donde todo era perfección y bonhomía. Rogers incitaba a que la gente fuera cortés y viviera con alegría, considerando a toda persona como su vecino, merecedor de nuestra comprensión para crear una armonía universal.

         En esta película, basada en un reportaje que apareció en la revista Esquire en 1998 por Tom Junod, el personaje de Mr. Rogers no es el personaje principal, directo. El guion partió de los hechos relatados en el artículo para crear a un personaje ficticio, Lloyd Vogel (Matthew Rhys), indolente, endurecido con la vida por haber sufrido el abandono del padre, dejándole, junto con su hermana, al cuidado de una madre enferma de cáncer terminal. La cinta nos muestra cómo su acercamiento hacia un ser bondadoso, que refleja interés en el prójimo y lo exalta a perdonar, a convivir, a dejar de lado las penas de la vida, lo transforma. 
         El reencuentro con el padre, Jerry (Chris Cooper), es violento al inicio. Luego viene la entrevista con Rogers. Lloyd es testigo de la grabación de un capítulo de su programa. El conductor se equivoca al colocarse el suéter; en otro momento, intenta abrir y montar una tienda de campaña al aire hasta que se da por vencido. Sin embargo, al revisar las tomas, prefiere que se noten los errores. Rogers quiere transmitir la verdad de la vida donde hay equivocaciones e ineptitud para que todo fluya naturalmente y nos perdonemos. Hay otra secuencia donde Lloyd tiene un sueño en el cual se transforma en invitado y luego participante, como marioneta, del programa de Rogers para aprender una lección.
         La cinta utiliza lo que servía como apertura del programa: la reproducción de una ciudad, sus vecindarios, edificios, trenes, autobuses, autos, que pululan por las calles, todas de juguete. La realizadora Heller juega con la realidad y la ficción: las mezcla como si fuera realismo mágico dentro de su narración pero respeta las coordenadas de cada una de ellas. Tom Hanks, cuya personalidad y trayectoria lo han presentado como personaje positivo, en la mayoría de las veces, resulta ser el equivalente perfecto fílmico de un Rogers en sus objetivos, cualidades e intenciones. Matthew Rhys es un hombre atormentado por el rencor del pasado que accede a romper su coraza con el deseo de esfumar a sus fantasmas.
         Para quienes no conozcan a Mr. Rogers (que seguramente será la mayoría de los espectadores nacionales), no será problema para irlo identificando de manera abstracta (un conductor bonachón de televisión). Para cualquier espectador, el mensaje de paz, armonía y convivencia será evidente. Lo mejor de esta película es que no intenta establecerlo a fuerza, ni busca salidas baratas, ni recurre a las emociones primarias. Su mayor cualidad es que nos va convenciendo, como Rogers, de que en el fondo, por naturaleza, somos buenas personas.
La realizadora Marielle Heller con el bueno de Hanks

domingo, 5 de enero de 2020

UNA POBRE PELÍCULA MEXICANA DE TERROR


LA MARCA DEL DEMONIO
2020. Dir. Diego Cohen.

         Un prólogo nos muestra a un sacerdote exorcizando a un niño que está amarrado a una cama, con espuma en la boca, agitándose desesperadamente. El niño pierde el conocimiento, aparece un libro bajo la cama, y el sacerdote toma el cuerpo, envuelto en una sábana, lo lleva por carretera hasta un precipicio donde lo tira. Sin embargo, se nota que el cuerpo se mueve cuando un cuervo se posa sobre él y empieza a picotearlo. Un intertítulo expresa que han pasado treinta años. La filóloga Cecilia (Lumi Cavazos) termina una clase donde habla de minucias sobre el arameo. Una amiga le entrega un libro que le ha llegado por mensajería, que es idéntico al que apareció en el prólogo. La mujer lo guarda en una caja fuerte pero su hija Fernanda (Nicolasa Ortiz Monasterio) lo toma a escondidas. Lo muestra a su hermana Camila (Arantza Ruiz) quien recita unas palabras del libro por lo que es poseída por un demonio. Por otro lado, nos encontramos al enigmático Karl (Eivaut Rischen) quien es el niño, ya crecido, del prólogo, el cual fue encontrado y protegido por el sacerdote Tomás (Eduardo Noriega), al cual provee de heroína para satisfacer su adicción. Cuando Camila empieza a mostrar los efectos de su posesión, Fernanda busca a Tomás para que la ayude a exorcizarla.
         Esta es la mínima sinopsis que se puede mencionar de otra producción dirigida por Diego Cohen, realizador que muestra su pasión por el género del terror con el terrible defecto de que repite fórmulas ya vistas en la cinematografía de otros países. Entre sus anteriores cintas están Perdidos (2014) donde se volvía a utilizar el procedimiento del vídeo encontrado para esclarecer lo que sucedía a unos estudiantes que exploraban un edificio abandonado con tal pobreza de producción que las secuencias eran largas y se volvía siempre a los mismos lugares. Luna de miel (2015) narraba la obsesión de su personaje masculino por poseer a la mujer de sus sueños dando lugar a secuestro, tortura y una respuesta inesperada pero gratuita por parte de ella. En este caso, el tema del exorcismo ya ha sido tantas veces narrado que las variaciones posibles son minúsculas y, como sucede en este caso, el deseo de alcanzar algo distinto, lo lleva a la confusión total para el espectador. 


Nicolasa Ortiz Monasterio - Aranza Ruiz

         Karl ha resucitado y tal parece que su experiencia consiste en poder exorcizar demonios que luego lo llevan a acciones terribles (canibalismo, por ejemplo) para posteriormente deshacerse de ellos (en retroceso, se muestra que así fue como asesinó al sacerdote del prólogo donde fue encontrado por Tomás). La cinta inicia con un epígrafe del popular H. P. Lovecraft (Que no está muerto lo que yace eternamente, y con eones extraños, incluso la muerte puede morir) que es una de las frases más citadas del ficticio libro Necronomicón (que es otra de las creaciones del autor dentro de sus historias de terror y cuya lectura daba lugar a situaciones terribles y que, se supone, es el que recibe la filóloga). Esto es lo que viene a “justificar” la resucitación de Karl pero ahora, al ser Camila poseída, él sufre en carne propia dicha posesión, para luego enfrentarse con ella porque tal parece que es un diablo difícil de eliminar. El papel de Tomás resulta accesorio, mostrando a su adicción como una debilidad humana y mero protector (guardián) del resucitado. Todo viene a terminar en masacre, otra resucitación, situaciones cíclicas que dan por resultado algo sin pies ni cabeza. El afán de cultivar un género da lugar a repeticiones sin sentido ni originalidad. El afán por alcanzar dicha originalidad da lugar al absurdo total dentro de lo fantástico. 
         En su favor está una bella fotografía aérea que plasma la belleza de Durango (donde la filmación inició en 2017 pero como ahora el cine mexicano sigue el canon norteamericano de indicar sus producciones por año de estreno, se indica que es el actual). El reparto, con buenas actrices jóvenes, cumple con lo mínimo necesario, dentro del pobre guion. La producción corrió a cargo de Armando Casas (quien inicialmente fue anunciado como director y Cohen como productor, pero algo debió ocurrir en el camino). No obstante, por el título y el mentado tema de terror, es por lo que ha obtenido una distribución en las cadenas de cine (aunque limitada, en Monterrey y su área metropolitana, a salas de poca monta: es comprensible).

viernes, 3 de enero de 2020

UNA PELÍCULA DESANGELADA


LOS ÁNGELES DE CHARLIE
(Charlie’s Angels)
2019. Dir. Elizabeth Banks.


         Una joven científica, Elena (Naomi Scott) está a cargo de la creación de un aditamento que producirá energía limpia, a bajo costo. Sin embargo, advierte a su jefe Peter (Nat Faxon) que detenga todavía al dueño de la empresa, Alexander (Sam Claflin), para su presentación, porque todavía implica peligro y podría hasta ser utilizada como arma mortal. Cuando Peter desaparece con los prototipos ya fabricados, Elena pide ayuda a la agencia de investigación privada de Charlie Townsend (del cual solamente se escucha su voz) para que sus espías-agentes (a las cuales se les nombra “ángeles”) le ayuden a recuperarlos. De esta manera se establece una conexión entre dos de estas mujeres, Sabina (Kristen Stewart) y Jane (Ella Balinska) junto con su mentora y guardiana Bosley (Elizabeth Banks) para la misión. Así narrada la sinopsis de este nuevo relanzamiento de la que fuera exitosa serie de televisión de los años setenta para luego convertirse en exitosa dupla de películas en 2000 y 2003, solamente se menciona el simple hilo conductor de la trama sin que se consideren un prólogo, matices, detalles previos para la recuperación de los aditamentos, los viajes por muchas capitales europeas, traiciones, agentes dobles, muerte de algunos personajes, persecuciones y explosiones.


         La cinta establece que a lo largo del tiempo han existido varios Bosley, sobre todo porque ahora la cobertura de la agencia es mundial por lo que las anteriores “ángeles”, desde las de serie de televisión y las cintas precedentes, vienen a ser las empleadas previas del misterioso e ignoto Charlie. La agencia ha sido una fábrica de espías y ahora le ha tocado el turno a las dos mujeres mencionadas junto con Elena. De esta manera se justificará que la cinta sea una continuación, aunque no secuela directa, de las películas de principios de siglo. Sin esta aclaración, podría fácilmente haberse filmado otra cinta de espías contemporáneas sin la necesidad de darles el título. Hay el equivalente con James Bond en la persona de un personaje, Santo (Luis Gerardo Méndez, tan gris e igual a sí mismo como siempre) quien provee de armas sofisticadas y vestuarios especiales a las damas. Sabina es una heredera mal portada y Jane era agente de la policía especializada en Inglaterra. Y el Bosley vendría a ser el rol de la persona que está al pendiente de las operaciones como ocurre con “M” en la saga de Bond. 
         De ahí que estemos ante otra película de acción con mujeres poderosas y hábiles que saben defenderse y poseen un vigor que solamente la fuerza extrema puede extenuar, pero nunca destruir. El pretexto de una serie con tres personajes femeninos se vuelve adecuado para el discurso feminista que se ha desatado con fuerza en los últimos tiempos y que Hollywood ha visto con buenos ojos apoyar como una especie de paliativo a los escándalos del #MeToo y de las críticas de la falta de igualdad o paridad de género. La cinta, escrita, dirigida y actuada por la actriz-comediante Banks sirve para establecer la presencia omnipotente y universal de las mujeres (como lo viene enfatizando en las secuencias finales). Es interesante notar que una de las actrices se ha declarado bisexual (Stewart) en su vida privada, y que las otras dos son mulatas, también para seguir acorde con el discurso de diversidad y tolerancia, sin que esto afecte o sea de importancia dentro de la trama. Stewart tiene una belleza muy particular que aquí explota con pelucas, vestuarios e insinuaciones eróticas, con una feminidad muy sugerente: un grave problema es que no proyecta encanto ni gracia como tampoco lo logran sus compañeras. El espectador añora a Drew Barrymore, Cameron Diaz y sobre todo a Lucy Liu (cuyas cintas eran divertidamente intrascendentes pero irradiaban un magnetismo muy particular). Tampoco estas nuevas actrices poseen el carisma de Farrah, Jaclyn o Kate.
         La cinta va de menos a más formalmente: un prólogo que sirve para incitar a la acción y otro que establece el objeto de interés para despertar a la ambición humana. Luego comienzan los enfrentamientos con una secuencia inteligente donde las tres mujeres se visten de igual manera para buscar los aditamentos dentro del edificio de la corporación, produciendo toda una confusión para quienes buscan capturarlas. Y a partir de este momento, la coreografía de las secuencias de acción y el ritmo que no cesa atrapan al espectador. Termina siendo una película efectiva, con momentos brillantes pero que, en general, resulta desechable. Ni como manifiesto feminista ni como discurso trascendente contra la violencia. Carece de humor, tal vez porque todo se tomó muy en serio y lo empieza a mostrar casi al final cuando ya es demasiado tarde. Ángeles desangelados...
Elizabeth Banks, directora (derecha).


        



        






miércoles, 1 de enero de 2020

LA JUSTICIA, POR ENCIMA DE TODO


EL CASO DE RICHARD JEWELL
(Richard Jewell)
2019. Dir. Clint Eastwood.
         Richard Jewell era guardia de seguridad en el Parque Centenario de Atlanta donde se llevaban a cabo conciertos populares durante los Juegos Olímpicos de 1996. Una noche se dio cuenta de una mochila sospechosa que se encontraba debajo de una tarima. Avisó a sus superiores que se dieron cuenta de que efectivamente eran 3 bombas caseras, pero entre el momento de desactivar y mientras se desalojaba lo más que se podía a personas cercanas al bulto, ocurrió el estallido. Dos personas murieron y muchas otras quedaron heridas pero se le declaró como héroe al haber sido quien descubriera el paquete. Sin embargo, una periodista ambiciosa en contubernio con un agente del FBI lo declararon como principal sospechoso. A partir de ahí, comenzó una persecución indirecta tanto de los medios como de los federales en cuanto a la comprobación de indicios que confirmaran sus conjeturas.
         Clint Eastwood retoma la historia cercana de héroes de la vida real para dramatizar sus acciones y, de esa manera, subrayar y compartir su admiración, pero, sobre todo, darle importancia a lo que puede ser rescatable en esta sociedad contemporánea donde todo se pone en duda, se vive entre las ficciones que se hacen pasar como realidades o simplemente se declara culpable a alguien por meras insinuaciones. Así, en los últimos años hemos tenido el caso de Chris Kyle en Francotirador (American Sniper, 2014), Chester Sullenberger en Sully: Hazaña en el Hudson (Sully, 2016), Alek, Anthony y Spencer, los 3 soldados que evitaron una masacre en un tren parisino en 15:17 Tren a París (The 15:17 to Paris, 2018) o el anciano Earl Stone en La mula (The Mule, 2018) tan patriota como su ficticio Walt Kowalski de Gran Torino (2008). Si consideramos el pasado conservador de Eastwood, sabemos que su tendencia es preservar y defender sus principios norteamericanos, pero siempre antepondrá la ley y el orden como base de su discurso. Todos los personajes mencionados han sido obedientes a los mismos y este Richard Jewell no será la excepción. Todos estos casos del pasado vienen a ser magníficos ejemplos (hasta advertencias) para el presente.
         Gordito, apocado, Richard (Paul Walter Hauser) trabaja como auxiliar de almacén en una oficina legal donde establece amistad, por su bonhomía y eficiencia, con el abogado Watson Bryant (Sam Rockwell), del cual se despide cuando entra a trabajar como guardia de seguridad ya que su deseo es pertenecer a la fuerza pública para mantener el orden. Diez años más tarde lo encontramos como guardia de una universidad privada de la cual es despedido por sobrepasar su autoridad. Sin embargo, ya serán los juegos olímpicos de verano que permitieron la contratación de muchos guardias. Ahí, sigue siendo tan servicial y observador de las reglas como siempre. Es su entrega y agudeza por los detalles lo que le lleva a fijarse en la mochila con explosivos y de ahí surge su problema.
         Basándose en los hechos, al realizador Eastwood le interesa la denuncia de la autoridad que no entiende de límites y se ciega en la soberbia de la sospecha infundada. El agente Shaw (Jon Hamm) viene a ser el símbolo de la corrupción de la ley, sus métodos no son éticos, la forma en que desea obtener una confesión es por medio de engaños, la burla e ironía hacia el bonachón acusado hace que explote sus sentimientos. La periodista Scruggs (Olivia Wilde) es tan ambiciosa y amarillista que no le importa llegar a lo que sea (acostarse con Shaw; introducirse al auto de Watson) con tal de conseguir noticia y brillar En el otro extremo se encuentra el amigo abogado, Watson, quien será el que equilibre la situación y luche porque triunfe la justicia. Hay un momento en la película donde la asistente de Watson, Nadya (Nina Arianda) le pide a éste que le llame a Jewell cuando ha sido detenido (Si el gobierno dice que es culpable, debe ser inocente) y en un cuadro detrás del escritorio del mismo abogado hay una leyenda que dice Le temo más al gobierno que al terrorismo (tomemos en cuenta que esto sucedió antes del 9/11).
         Y finalmente está el personaje de Richard Jewell, donde un actor secundario, Paul Walter Hauser, consigue el papel estelar de su vida, luego de haber destacado como el guardaespaldas de Tonya Harding en Yo Tonya o uno de los conspiradores del Klan en El infiltrado del KKKlan o uno de los guionistas de Emma Thompson en Ellas mandan, por mencionar algunos de sus tantos roles de apoyo, ya que es la representación perfecta, físicamente (hay una secuencia donde aparece a lo lejos, en una entrevista de televisión, el verdadero Jewell y uno aseguraría que era Hauser), y actoralmente, el carácter de persona educada para obedecer a la autoridad, tan ingenua al grado de hacer más de lo que debe con la finalidad de evitar futuros problemas o tan amable con el prójimo que regalaba botellas de agua a las mujeres embarazadas que andaban por las noches calurosas dentro del Parque Centenario. Su bondad y su aparente pasividad, su enojo ante la reprimenda de su abogado por nunca demostrar ira ni odio, su terquedad en abrir la boca cuando debería mantenerla callada, sirven para que estemos ante una de las grandes actuaciones de la pantalla. Y luego está el rol de la madre de Richard, Kathy Bates interpreta soberbiamente a Bobi Jewell quien se encontrará de repente, dentro del torbellino de los hechos, viuda, empleada, niñera en sus ratos libres, junto con un hijo amoroso que de un momento a otro pasa de héroe a presunto asesino terrorista. 
         El genial Eastwood ha llegado a la madurez total (ya había ocurrido con otras de sus grandes películas en los años previos: Los imperdonables o Río Místico) y ya se encuentra en el olimpo de los realizadores universales (como Allen, Scorsese o Almodóvar). En esta cinta repite sus obsesiones, la narrativa fluye sin notarse, sin planos de más, ni de menos, demostrando que sabe interpretar perfectamente la obra de sus guionistas para lograr los objetivos que busca plasmar (en este caso es Billy Ray, a quien le debemos otras joyas como Terminator: destino oscuro u Operación Overlord por citar un par de ellas). Obra maestra, sin lugar a dudas.
El maestro Eastwood dirige
a Paul Walter Hauser


        

EL CANTO DE LA SIRENA


EL FARO
(The Lighthouse)
2019. Dir. Robert Eggers.
         Son los años finales del siglo XIX y a una isla en el Atlántico Norte llega el joven Ephraim Winslow (Robert Pattinson) para trabajar como ayudante del guardián del faro del lugar, o sea Tom Wake (Willem Dafoe). Serán 4 semanas mientras llega un reemplazo y provisiones. La relación empieza mal y distante: Winslow no acepta beber ni terminar una oración durante la cena; Wake empieza a exigir demasiado a su segundo, incluyendo la estricta prohibición de que acceda a la maquinaria del faro. Lo que el joven ha pretendido es hacerse de dinero para tener su propio hogar. El paso del tiempo va mostrando sus efectos. Por un lado, están las alucinaciones: una sirena atrapada entre las piedras que canta pidiendo socorro o tal vez una satisfacción a sus deseos; por otro, las supersticiones donde las gaviotas son almas de marineros que entregaron su vida en el mar. Winslow empieza a emborracharse con Wake y es cuando tienen sus mejores o peores momentos: gran camaradería o rechazos violentos. Inicia el deterioro del entendimiento, porque la soledad va ganando la batalla.
         La cinta nos muestra a dos hombres con secretos. Cada uno trae culpas y remordimientos encima. La atmósfera es cerrada y limitante, aparte de que el trabajo es rudo y continuo. Dos personajes cuyas relaciones tirantes predicen el resquebrajamiento total. Al término de la película se declara la influencia de algunos escritos de Melville (del cual hay una corta referencia por parte de Winslow), de viejas leyendas de primitivos marineros y a la obra de la novelista Sarah Orne Jewett.  Y es que los diálogos utilizan brillantemente al inglés antiguo (que uno reconoce gracias a los subtítulos), además de escuchar invocaciones a Tritón por parte del viejo, para maldecir al joven que se insubordina en cierto momento, conformando el ámbito mitológico, pagano, que vendrá a alimentar la imaginación, el miedo.
         Las actuaciones de ambos actores son admirables: Pattinson, versátil, tiene la fuerza para ir desarrollando el proceso de quiebre mental. Willem Dafoe tiene momentos sublimes con diálogos intensos que resaltan gracias a voz, expresión facial y corporal. El hecho de que la cinta sea en blanco y negro contrastante, con iluminación mínima debida a lámparas de petróleo durante secuencias nocturnas, permite incrementar el sentido de terror, desgaste por la soledad. El canto de la sirena llevaba a la locura y a la perdición total. En esta cinta se equipara con el graznido violento y amenazador de las gaviotas como resultado final del desequilibrio mental.
Robert Eggers, director.