domingo, 4 de noviembre de 2012

PERVERSIÓN EN FAMILIA




¿QUÉ PASÓ CON BABY JANE?
(Whatever Happened to Baby Jane?)
1962. Dir. Robert Aldrich.


            Este miércoles 31 de octubre se cumplió el cincuentenario del estreno de una de las películas capitales en la carrera del cineasta Robert Aldrich y en la filmografía de dos divas del Hollywood de antaño. Ese mismo día estaba la edición Blu-ray de la misma película, en una tienda de la localidad. Esa noche volvimos a visitar una obra maestra que nuestros ojos todavía infantiles disfrutaron en segunda corrida en el Cine Rodríguez de la calle Juárez (no hubo quien me llevara al estreno y la cinta era considerada "fuerte", pero uno era diferente) como parte de un programa doble. Fue, aparte de una celebración personal hacia una cinta favorita, otro ejercicio de nostalgia personal porque las películas duplican su importancia como discursos y como objetos culturales que se anclan en nuestra memoria como parte de un momento de vida.


            Y su carga emocional todavía se aleja en el tiempo porque la cinta inicia con el año 1917 en letras blancas sobre fondo negro, para mostrarnos una función de “vaudeville” donde la pequeña estrella Baby Jane Hudson canta y baila para sus seguidores: un teatro lleno de pequeños espectadores con sus padres a los cuales se ha ofrecido la venta de muñecas que la reproducen: La niña tiene cabellos rubios en forma de bucles, ojos azules y una bella voz. Su padre le acompaña al piano y chantajea sentimentalmente a los admiradores con una canción triste. Luego sabemos que es una niña caprichosa y voluntariosa, que tiene una hermana sumisa y tartamuda, que la madre posee una actitud pasiva dominada por el padre explotador del talento de la hija. Todo en una secuencia que dura pocos minutos.


            La acción se desplaza al año 1935 con otro letrero semejante para darnos cuenta que ambas niñas son ahora jóvenes hermosas: Blanche (Joan Crawford), la sumisa, también ha entrado al mundo del espectáculo y es una actriz de importancia. Baby Jane (Bette Davis) sigue con su carrera en el cine pero no convence a nadie por ser mala actriz que ha sido impulsada por su famosa hermana: las vueltas que da la vida. Una noche, mientras una hermana baja del auto en que se transportaban, a abrir el portón de la casa, la otra pisa el acelerador para lanzar el vehículo contra otra. Se escuchan gritos y luego gemidos mientras aparecen los créditos de la cinta sobre una de las viejas muñecas con la cabeza rota.


            Luego se pasa a la imagen de un suburbio de Los Ángeles donde se sobreimpone la leyenda “Yesterday” (ayer, en el sentido de un tiempo actual). Blanche Hudson está en silla de ruedas, encerrada en su habitación donde ve sus viejas películas por televisión. Jane Hudson es ahora una mujer grotesca, con maquillaje exagerado, vestuario descuidado, alcohólica. Hay una mujer que va a hacer el aseo varios días a la semana, Elvira (Maidie Norman), quien detesta a Jane y se da cuenta que esconde las cartas que llegan a Blanche y es su confidente: sabe que Blanche quiere vender la casa e internar a Jane en un asilo. Jane se da cuenta de ello y comienza a torturar a Blanche, aparte de aislarla del mundo. Sueña con volver a la farándula y contrata a un gordo pianista, Edwin (Victor Buono) para que le apoye con sus viejos arreglos. Va perdiendo paulatinamente su ancla con la realidad y de hecho mata a Elvira cuando ésta se introduce a la casa a ayudar a Blanche. Casi agonizante, Jane lleva a Blanche a la playa donde iban cuando eran pequeñas. Blanche le cuenta la verdad a Jane: ella fue quien intentó matarla en la reja de la casa pero todo salió mal. La alcoholizada Jane quedó a un lado del auto y Blanche sufrió un mal golpe que le quebró la espina dorsal. Siempre le hizo creer a Jane que ella había sido la agresora. Jane ya ha enloquecido. Se pone a bailar frente a la gente que se ha acercado a ver a ambas.


            Estamos ante una película que habla de la perversidad que puede ocurrir en una familia. El padre que aprovecha el talento de la hija para enriquecerse. La madre sumisa que no puede rebelarse. La hermana que es dejada de lado, alimentándole el odio. Sin embargo, las cosas se salen de lo esperado: la hermana menor es talentosa, mejor que la limitada hermana que al crecer demuestra que fue flor de un día. No obstante, el odio está presente y la venganza es dulce por lo que hay que ejercerla. Nuevamente ocurre lo inesperado: los hechos se contraponen. El resultado es opuesto. No obstante, de todas maneras, existe la manipulación de la culpa y la inocente sin talento ha cargado con ella. Ahora es el momento de la rebeldía, pero ya es muy tarde: la edad les ha caído encima. La nostalgia es solamente un sentimiento y la memoria es corta. No hay posibilidad de recuperar el pasado.


            La selección de Joan Crawford (1905 – 1977) y Bette Davis (1908 – 1989) fue un gran acierto del director Robert Aldrich. Dos grandes nombres cinematográficos desde que eran famosas en su juventud. Rivales al entrar Crawford a la Warner Brothers en 1943, donde Bette era reina, luego de ser desechada por la MGM. 


No obstante, con el paso del tiempo, cada una saldría de ese mismo estudio para retornar con esta producción donde se recuperaba a los grandes nombres de antaño, mujeres que ya estaban a punto de la sesentena, en un melodrama que iría cayendo en lo grotesco, la intriga y el suspenso. 


La filmación fue correcta: ambas actrices eran sumamente profesionales pero fríamente corteses entre sí. Joan era la elegante; Davis era la vulgar. Cuando llegaron las nominaciones del Óscar, Bette fue nominada para que Crawford la boicoteara y hasta fuera la suplente de otras nominadas para recoger el Óscar si acaso ellas ganaban. Así fue: Crawford recogió el premio otorgado a Anne Bancroft por “La maestra milagrosa”.


            Robert Aldrich (1918 – 1983) había iniciado su carrera como director asistente desde 1942. En 1953 realizó su primer largometraje, El ídolo de las multitudes (The Big Leaguer), pero fue hasta el año siguiente cuando empezó a producir sus grandes éxitos: Apache , Veracruz, El beso mortal, Intimidades de una estrella, Tal como somos (donde había dirigido a Crawford), títulos importantísimos en el Hollywood de los años cincuenta, para iniciar la siguiente década con una cinta del oeste que se acercaba a la tragedia griega El último atardecer o una épica bíblica acerca de la destrucción por la ira divina Sodoma y Gomorra, antes de llegar a esta cinta que sería otro parteaguas en Hollywood y que daría lugar al retorno al cine de estrellas de antaño en tramas semejantes: Tallulah Bankhead en ¡Muere, muere, querida mía!, Olivia de Havilland y Mary Astor en Cálmate dulce Carlota, por ejemplo.


            El Blu-ray viene en forma de libro con fotos de la película, apuntes biográficos y algunas notas de producción. En el disco se añade un reportaje que contrapuntea las carreras de ambas actrices indicando que siempre fueron aguerridas y ambiciosas: un documental sobre Davis, otro sobre Crawford. Un curioso vídeo del Show de Andy Williams donde Bette Davis interpreta la canción tema a ritmo de twist. En sí, una joya para fanáticos de estas estrellas, para amantes del cine de antaño o para jóvenes que necesitan fundamentar su amor por el cine. ¡Qué experiencia!