martes, 22 de diciembre de 2009

LAS CINCUENTENARIAS (1)


LA JOVEN (Luis Buñuel, 1960)


Una película mexicana, filmada en los alrededores de Acapulco, producida por George P. Werker a quien se le agradecen los esfuerzos por realizar un cine independiente durante los años cincuenta en nuestro país a través de sus Producciones Olmeca ( "Torero", "Los pequeños gigantes"), aunque hablada en inglés, que vino a ser la número 22 en la filmografía del genio aragonés (no cuento sus "codirecciones" durante la República Española) y que se ganó una Mención Especial en el Festival de Cannes de 1960, llegará a su cincuentenario en este ya muy próximo año nuevo.

Escrita por Hugo Butler (uno de los guionistas excelsos de Hollywood que sufrió el McCarthismo, la lista negra y la prohibición de seguir trabajando para el espectáculo), bajo el seudónimo "H.B. Addis", sobre un cuento de Peter Mathiessen llamado "Travelin' Man" que había sido publicado en la revista Harper's en febrero de 1957, tuvo una coadaptación y guión final por el mismo Buñuel quien alguna vez la clasificó como una de sus cintas más personales. Se narra lo que sucede en cuatro días en una pequeña isla frente a las costas de Carolina. Ha muerte Pee Wee, el ayudante de Miller (Zachary Scott), cuidador de la propiedad, dejando sola a su nieta de 14 años, Evalyn (Kay Meersman) quien es, de todas formas, bastante avezada en las cuestiones de los apiarios y el apoyo doméstico del lugar. Llega inesperadamente Traver (Bernie Hamilton), un hombre de color que está huyendo de la justicia: una mujer blanca lo ha acusado de violación. Miller debe ir al pueblo para arreglar la situación de Evvie, como la llama. Ella es quien encuentra y apoya a Traver con alimentos; el hombre se lleva una escopeta que luego, se disparará y hará un boquete en su lancha. Traver deberá repararla por lo que vuelve al lugar. Al día siguiente retorna Miller quien, a la fuerza, acepta al negro como ayudante a cambio de paga y alojamiento. Por tal motivo, muda el catre de Evvie a su cabaña donde la posee durante la noche. Al tercer día ha llegado uno de los alguaciles del pueblo, Jackson (Crahan Denton), quien ha traido consigo al reverendo Fleetwood (Claudio Brook) para llevarse a Evalyn y alojarla en la iglesia del lugar. Jackson entera a Miller de la acusación sobre Traver y deciden atraparlo para ajusticiarlo. Evvie le ayuda a escapar. Mientras tanto, el reverendo Fleetwood ha bautizado a Evvie en el agua y se ha enterado de su relación sexual con Miller. Jackson pelea con Traver al cual quiere matar pero cuando éste le toma ventaja y puede quitarle la vida, prefiere no hacerlo. Miller ayuda a Traver a escapar, para evitar que sea muerto sin un juicio, al asegurar a Fleetwood que cumplirá sus obligaciones con Evvie (quien se marchará con el reverendo).

Así tenemos una trama sencilla donde aparentemente lo que sucede no tiene complicaciones, aunque están presentes el odio racial y la supremacía de un personaje sobre otro. La adolescente vive de manera salvaje, sin tener idea de este tipo de diferencias y discriminaciones, con la inocencia de hablar sobre todo y contar todo lo que sucede ya que no entiende las convenciones de las personas mayores. Buñuel introduce a las abejas por el lado productivo; a un mapache como depredador de gallinas sin mayor interés que matarlas ya que no se alimenta con ellas; a un ciervo atado como inútil mascota ya que su estado normal sería la libertad en el bosque.

De esta manera llegamos a la metáfora de la inocencia sin protección y la amenaza circundante. Traver y Evalyn serán las víctimas de un juego de persecuciones, seducciones, maltratos, que tienen que ver con sus cuestiones de raza y de género, respectivamente. Está un reverendo, hombre que sigue sus convicciones morales y representa a la "bondad", aunque nunca de manera absoluta: al tener que dormir en el catre donde yació el negro la noche anterior, pregunta cuánto tiempo lo utilizó. Como fue mínimo, entonces será suficiente con darle vuelta al colchón de paja y hojas.

Buñuel muestra otra de sus obsesiones con los pies del muerto Pee Wee, del cual nunca vemos el rostro. Luego estarán las sandalias de Evvie que al final de la cinta se habrán transformado en zapatos de tacón. Ese fetichismo tan usual en el director que llegaría a tomar importancia plena en "El diario de una recamarera" (1964): a lo largo de este corto lapso, una niña se ha convertido en mujer. Y es precisamente ese oscuro objeto del deseo (que coronará la carrera buñueliana) que un hombre mayor tiene por una mujer de menor edad: en este caso, una niña (como sucedia en la cinta ya mencionada de 1964) pero que ya estaba presente en "La edad de oro" (1930), "Ensayo de un crimen" (1955), "Viridiana" (1961) y "Tristana" (1969) para terminar con el Mateo (Fernando Rey) que enloquece por Conchita (Ángela Molina o Carole Bouquet) en "Este obscuro objeto del deseo" (1977).

La joven Kay Meersman era completamente aficionada y su naturalidad se debía a su falta de talento: vino a ser una de sus cualidades indirectas porque su presencia es efectiva en la película. No le interesaba hacer cine y solamente intervendría en otra cinta más: "La isla de los amores prohibidos" de Damiano Damiani, 1961. Zachary Scott (1914 - 1965), actor legendario de Hollywood en cintas clásicas como "El suplicio de una madre" de Curtiz, 1945, había sido dirigido por Jean Renoir en una de sus cintas norteamericanas: "El amor al terruño" (1945) y que había sido escrita por el propio Hugo Butler. Bernie Hamilton (1928 - 2008), quien interpreta a Traver era hermano del jazzista Chico Hamilton y su rol más popular sería como el Capitán Dobey en la serie de televisión "Starsky y Hutch". Claudio Brook (1927 - 2005) es un actor icónico del cine mexicano.

El autor Mathiessen ha contado que su escrito original relataba el simple enfrentamiento entre un cazador y un hombre de color en las montañas sureñas, con pocos diálogos al final. Werker, el productor, le ofreció 1500 dólares por los derechos de su escrito, de los cuales solamente le entregó quinientos. Culpaba a los inversores de la película que se hubiera modificado tanto con la inclusión del personaje femenino y los otros masculinos. Se avergonzó de la versión fílmica pero se sorprendió por la respuesta crítica. Años más tarde, ya muerto Werker, su viuda le llamó porque se había dado cuenta de la deuda pendiente por los derechos del cuento. Mathiessen le afirmó que faltaban mil dólares por pagar, mismos que recibió puntualmente pocos días después. La viuda de Werker quedaba como dueña de los derechos todavía y Mathiessen con la esperanza de que alguien retomara su cuento para filmarlo (según él) "como debería trasladarse a la pantalla".

Cuando uno se reencuentra con esta película y nota el resultado final, no puede estar de acuerdo con Mathiessen. Butler y Buñuel tuvieron que modificar de alguna manera lo que sería una obvia y aburrida lucha entre dos hombres de razas distintas añadiendo otro ingrediente: distinto sentido del pecado, de la sensualidad latente, del deseo que exuda una joven inocente como símbolo de la víctima, de la presa a la cual acecha la mirada. Otro tipo de lucha que todos conocemos y que puede llevar a la perdición o a la redención. Extraordinaria, subestimada: es el momento para rescatarla.

lunes, 7 de diciembre de 2009

RICHARD TODD (1919 - 2009)



Me entero, gracias a Pepe Quintanilla, que ha fallecido el actor irlandés Richard Todd a los noventa años. Tuvo una larga carrera y estuvo lúcido hasta la vejez, pero su recuerdo fílmico consta principalmente de tres películas: "Alma en tinieblas" (The Hasty Heart, Vincent Sherman, 1949) basada en una exitosa obra teatral de John Patrick (el mismo autor de "Luz que agoniza") donde interpretaba a un soldado que estaba muriendo en un sanatorio, en la Birmania de 1945 (ahora se llama Myanmar) en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial, donde se daba cuenta del sentido de la humanidad y la amistad sin fronteras. Otra cinta importante es "Celos mortales" (Lightning Strikes Twice, King Vidor, 1951)donde Todd es sospechoso del asesinato de su esposa y está a punto de ir a la silla eléctrica cuando surge algo que permite un segundo juicio que le dará la duda razonable para salir libre. Sin embargo, la película más importante es "Desesperación" (Stage Fright, Alfred Hitchcock, 1950) donde Todd es sospechoso de un asesinato que pone a la joven Jane Wyman a investigar a la perversa Marlene Dietrich a la cual se cree culpable: sin embargo, todo ha partido de una mentira y Todd es ciertamente el criminal.

Posteriormente filmaría otras películas memorables ("La reina tirana", "Operación Crossbow", "Santa Juana") pero su tiempo más feliz reside en esos inicios cuando era un joven de treinta años, beneficiado con roles estelares en tramas entretenidas e inteligentes (con todo y la chapuza de Hitchcock).

Descanse en paz.

(Dos imágenes del paso del tiempo: Richard Todd)

jueves, 26 de noviembre de 2009

GRAN DECEPCIÓN




En la pasada Feria del Libro pude conseguir una edición de la UNAM sobre el actor mexicano David Silva, escrito por el crítico de cine Rafael Aviña y publicado en 2007 bajo el título de David Silva, un campeón de mil rostros. A pesar de conocer de su existencia no lo había encontrado (ni buscado) y al tenerlo pensé que habría un retrato interesante, bien documentado, novedoso, con aportaciones de entrevistas a personas que lo conocieron o dirigieron (claro que, considerando que Silva nació en 1917 y muriera en 1976, aparte que su esposa Paquita Estrada falleció en 1979, sin descendencia directa, habría pocas personas de su tiempo todavía lúcidas o simplemente vivas). Pero... ¡qué decepción!

Aunque el autor es claro en sus fuentes que cita principalmente: una edición especial de la revista Somos dedicada al actor; una entrevista de Ximena Sepúlveda publicada en los Cuadernos de la Cineteca Nacional #2; y la Historia documental del cine mexicano de García Riera, en su segunda edición por la UdeG, uno se encuentra una vida novelada e imaginada en parte ("ese día Paquita Estrada leyó la sección de horóscopos de...") o una recopilación de datos en esas fuentes primarias. Si habla de "La casa del ogro" de Fernando de Fuentes, donde intervino Silva, hace una larga perorata sobre la película, su tiempo, el actor Manuel Tamés, entre otros asuntos, estilo que continuará a lo largo del libro. Se nota cuando no había visto algunas películas y hay casos donde dedica poco espacio a títulos importantes. No obstante hace una descripción de momentos de la desconocida "A la sombra del puente" de Gavaldón y es de los pocos aportes significativos.

Apenas los últimos capítulos traen algunos datos que ya no conocíamos. La selección de fotogramas de sus películas es excelente, aunque no hay fotos personales ni siquiera de su esposa ni algunas informales. Podrá decirse que un público general no posee estas referencias (y a ellos dirigió el libro, como se indica más adelante). Sin embargo, uno esperaría que Aviña hubiera contactado a, por ejemplo, los directores y actores todavía vivos en 2007 de los últimos tiempos de Silva para encontrar datos, claves, anécdotas, cuestiones. Se habla de unos sobrinos que eran considerados como hijos del actor y su esposa: no hay testimonios. El escritor vivía en la Ciudad de México y tenía una beca del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Su prestigio y cualidades como crítico eran para esperar más de él. El libro está muy bien escrito (aunque tiene errores varios de edición), pero nos habla de muchas cosas alrededor de Silva al cual hubiéramos querido conocer mejor como persona. Gran decepción.

Me entero, además, que el libro ganó el premio de la Cámara Editorial como "mejor biografía" y que el autor lo dirigió a "chavos, adolescentes", aunque el precio del libro (con todo que sea UNAM y feria librera) no es accesible. Bueno, pues cada quien con su conciencia y su manera de "hacer libros".

domingo, 1 de noviembre de 2009

NOSTALGIAS DE CINE: EL GRUPO


Luego de muchos años de esperar a que la pasaran por televisión o que la editaran en DVD, finalmente pude conseguir una copia en VHS, usada pero impecable y hasta con "closed caption", a través de uno de los proveedores de Amazon. El grupo (The Group, Sidney Lumet, 1966) fue una película que en sus tiempos se anunció "suggested for mature audiences" (para adultos maduros) porque todavía no se creaba el famoso sistema de clasificación que fue producto de la permisividad temática, debida a la época que se estaba viviendo, obligatoria para un cine norteamericano que tenía que dejar atrás las restricciones en lenguaje, desnudos y hasta la presentación de sexo simulado en pantalla si quería estar a la altura de las cinematografías de otros países y a los cambios en mentalidades, sobre todo de los jóvenes.

Basada en una novela de Mary McCarthy, extraordinaria escritora, mujer avanzada para su tiempo, audaz en sus temas, que presentaba a ocho muchachas de la generación 1933 egresada de Vassar, una universidad femenina, para ironizar sobre la condición de las mujeres y burlarse veladamente del discurso masculino en su efecto contra el sexo opuesto, parecía infilmable por su longitud y la infinidad de situaciones que sucedían a cada una de sus protagonistas. No obstante, gracias a un guión de Sidney Buchman, legendaria figura del cine de Hollywood de la época dorada (colaborador de Capra, Stevens, McCarey, entre otros), quien también fungió como productor, además de la dirección de Sidney Lumet, realizador salido de la televisión en vivo de los años cincuenta, tenemos una versión en imágenes que nunca llega a los niveles prodigiosos y narrativos de la novela, pero cuenta con un reparto de excelencia que corporiza con justicia a sus protagonistas.

Fue el debut de Candice Bergen. La segunda película de Elizabeth Hartman. Y para las otras seis, que ya habían aparecido en teatro, televisión u otras cintas, la posibilidad de un rol estelar. En la foto de conjunto, comenzando con Candice Bergen (sombrero blanco) en la dirección de las manecillas del reloj tenemos a Shirley Knight, Joanna Pettet, Jessica Walter, Kathleen Widdoes, Mary-Robin Redd (con el velo sobre la frente), Elizabeth Hartman y Joan Hackett (las últimas dos ya fallecidas). La crítica de cine Pauline Kael publicó un larguísimo reportaje sobre la filmación de la cinta a la cual aprobó en lo general aunque siempre se le hizo que Lumet le dio un tratamiento de cinta para la televisión. El tiempo demostró la calidad del director. Sobre todo ahora que a sus 85 años nos diera "Antes que el diablo sepa que estás muerto": impecable y apasionante, como "El grupo".

domingo, 18 de octubre de 2009

OTRO TIPO DE CAMBIO


Aquí estamos junto con Refugio Ruiz Díaz (a.k.a. Cuco), quien fuera mi excelente maestro de fisicoquímica (por él la comprendí y se tornó en materia favorita, aparte del análisis químico) en aquellos años de la Facultad de Química (hablo de 1970), y que ahora ha publicado su primera novela dentro del género negro que lleva el título de esta entrada. Me invitó a presentarla en el último día de la Feria del Libro. Está editada por Font y vale la pena: un ingeniero de Piedras Negras viene a Monterrey a resolver un crimen para involucrarse con narcotráfico, lavados de dinero y tráfico de influencias, pero lo más importante recae en la descripción de una realidad urbana, política, social, que es terrible y de la cual parece imposible librarse... Ojalá la consigan, la lean y la disfruten como le pasó a este humilde bloguero...

La presentación será publicada, tal vez, en www.revistapantagruelica.com, según ofrecimiento del Mtro. Xavier Araiza. Estén atentos y espero que al leerla, con mayor razón se animen a acercarse a dicha novela.

Les añado una foto tomada por mi apreciadísimo Fernando Gaona quien asistió al evento y fue tan amable de dejar testimonio visual de este pobre sujeto ya con escasos cabellos pero con la sonrisa constante porque hay que agradecer que tengamos vida: lo demás es accesorio (como los libros que conseguimos en la Feria: maravillas que afectaron al bolsillo pero cuya naturaleza producirá un placer infinito como ¡¡¡el Diario de León Bloy!!!).

También tuve la alegría de reencontrar en esa presentación a Rosy Trejo, esposa del autor, quien fuera mi jefa en Asarco y compañera de idas al teatro, a las muestras de cine y hasta a los antros de esos años (tan diferentes como emocionantes si se les compara con los terribles de ahora). Estuvo el gran (el mejor) actor coahuilense Jesús Valdés y el maestro Javier Treviño Castro, inteligente, insigne, promotor cultural de abolengo. Todos, personas entrañables para mí.

Otro dato: escuche a Fernando Gaona con sus comentarios sobre cine mexicano, los viernes a las seis de la tarde por Radio Nuevo León, AM 1510; también puede verlo en el programa "Ayer y hoy" de TV Nuevo León, esos mismos viernes, más temprano, alrededor de las dos de la tarde.

Ya volveremos con nuestros propios delirios fílmicos en este espacio...

miércoles, 14 de octubre de 2009

UN POCO DE PACIENCIA...


He tenido mucho trabajo...
Voy a presentar un libro este domingo 18 a las 14:30 h en la feria del libro...
Estamos en espera de cosas que pueden suceder...
Un poco de paciencia y les prometo futuras entradas espléndidas y apasionantes...
No me dejen ni me olviden...
Abrazos a todos...

Les pongo una foto maravillosa de "Horizontes de grandeza" (The Big Country) de William Wyler, filmada en 1958, donde aparecen Carroll Baker y Charlton Heston. Fue una producción de United Artists, con un tema musical maravilloso de Jerome Moross.

domingo, 4 de octubre de 2009

EL FIN DE SHEILA



En 1974 se estrenó "El fin de Sheila" (The Last of Sheila, Herbert Ross, 1973) en el Cine Encanto. Fue todo un descubrimiento porque era una película con sentido detectivesco, una buena carga de chistes privados sobre Hollywood y sus personajes (el director venido a menos, el guionista decadente que solamente hace "tratamientos" sobre argumentos originales casado con una millonaria hija de papá, la representante vulgar y promiscua, la estrella sexy y su marido vividor), además de una frescura sin igual, un ritmo frenético y, al final, una canción-tema interpretada por Bette Midler (entonces de moda, muy vigente) llamada "Friends" que venía en su nuevo elepé. Acabo de volver a verla porque me llegó un anhelado DVD: esos disquitos que parecen traer prisionero a un genio enloquecedor dentro de ellos.

Sheila, una columnista de Hollywood, sale enojada de una fiesta, por la madrugada, y se lanza a caminar por las calles del suburbio de Bel Air, en Los Ángeles. Un automóvil que viene a gran velocidad la atropella y la mata. Pasa un año. Su viudo, un sarcástico, cruel y burlón productor (James Coburn), invita a los personajes que previamente les comenté, para conmemorarlo, llevándolos en un viaje por el Mediterráneo en su yate para ir desarrollando un juego que revelará un secreto de cada uno de ellos y que tiene que ver con homosexualidad, cleptomanía, delación (apenas había pasado un cuarto de siglo de la cacería de brujas), pedofilia, entre otras intimidades. Sin embargo, luego de la segunda pista, el anfitrión es asesinado y lo que importará será descubrir quién de los participantes fue el asesino o asesina, muy en el estilo de las novelas de Agatha Christie donde debe encontrarse al culpable dentro de un grupo exacto de sospechosos pero con un sabor contemporáneo (para los fabulosos setentas).

El argumento y guión fue escrito por el compositor y letrista Stephen Sondheim ("Amor sin barreras", "Gypsy", "Compañía") junto con el actor Anthony Perkins ("Psicosis"), quienes eran fanáticos de los juegos de mesa y aportaron su experiencia experta para jugar con esta trama que involucraba a la gente que conocían con la maravillosa inteligencia de aplicar reglas del juego, tradiciones de la novela policiaca, un sentido del humor pleno de frivolidad. Y es que los personajes toman a la muerte como algo que llegará y que no debe afectar sus vidas. Lo importante es la supervivencia porque tienen conciencia del ambiente competitivo y hipócrita dentro del cual se mueven. Más importante: no se toman en serio.

La acción sucede en falsos pueblos costeros y otro viejo falso monasterio de estudio en islas ignotas del Mediterráneo que brindan una atmósfera adecuada y seductora para la trama. La cinta fue filmada en el sur de Francia y en los estudios de Niza (como sucedería ese mismo año con "La noche americana" de Truffaut: otra película que empata dentro del montón de favoritas de 1973). El reparto es con gente entonces joven (o casi) como una bella Raquel Welch (a punto de los setenta años), Dyan Cannon (ahora ochentona), James Mason, Coburn y Joan Hackett (espléndidos pero ya fallecidos) así como un Richard Benjamin y un Ian McShane que eran buenos actores pero sin el "glamour" de Hollywood. Al resolverse la trama, el victimario se torna víctima y vuelve a caer en el infierno del Hollywood que no se ve en las pantallas de cine porque ahí solamente están la gloria y el ensueño: en la realidad es un infierno.

Su realizador fue Herbert Ross, exparticipante del American Ballet Theatre, coreógrafo en Broadway, hasta que en 1969 fue llamado por la MGM para una costosa versión musical de "Adiós Mr. Chips" que había sido llevada a la pantalla en 1939 para que su estrella, Robert Donat, se ganara el Óscar. Aunque no fue el taquillazo que se esperaba, Ross continuó dirigiendo y creando una carrera exquisita y placentera ("Magnolias de acero", "La chica del adiós" o "Footloose" estarían entre sus títulos futuros). Ross tenía la gracia de la ligereza y de la fluidez narrativa: no permitía el aburrimiento ni que el ritmo decayera. "El fin de Sheila" fue su quinta película. Filmaría un total de 24 películas que fueron del éxito al fracaso (muy pocos casos) pero ninguna tiene la calidad de pasiva o indiferente.

Los años setenta fueron de transición para la industria de Hollywood, casi arruinado a finales de la década previa porque el modelo de viejos géneros inflados ya no funcionaba. Ahora venían los directores (Coppola, Friedkin, Bogdanovich) y las cintas con contenido ( "El padrino", "La conversación") o el entretenimiento estilizado ("Luna de papel", "El gran Gatsby", "El exorcista") donde "El fin de Sheila" encaja perfectamente y que fueron las causas del retorno a las salas de públicos que se habían alejado de ellas (y todavía no existían las videocaseteras ni los teléfonos celulares ni tantos aditamentos que ya son puro margallate para los viejitos que disfrutamos cuando fuimos jovencitos con este tipo de películas).

En la foto, de izquiera a derecha: Mason, Welch, Hackett, McShane, Cannon y Benjamin.

sábado, 3 de octubre de 2009

DIABÓLICA TENTACIÓN (Jennifer's Body)



La segunda gran película de terror del año, luego de "Arrástrame al infierno". Una película delirante, escrita por Diablo Cody (la guionista de "Juno"), donde vuelve a aparecer el demonio para transgredir la calma de un pueblo (llamado "Hell's Kettle", que traducen como "La caldera del diablo", cuando debería ser "La caldera del infierno", aunque más bien como "La cafetera del infierno", más adecuado para el tono irónico de la cinta). Una muchacha es ofrecida en sacrifico al demonio, pero no es virgen. Entonces sobrevive con el diablo dentro y debe alimentarse con carne y sangre de humanos. La bella Megan Fox es el monstruo. La rubia Amanda Seyfried (quien fuera la hija de Meryl Streep en la aburrida "Mamma mia" )es la amiga supuestamente "nerd" (aunque no tanto como para tener sexo con su noviecito guapetón) quien tendrá otra transformación y otra perspectiva vital. Todo está dentro del ámbito fantástico y la película no admite medias tintas. Fue dirigida por una realizadora extraordinaria llamada Karyn Kusama ("La gran pelea", "Aeon Flux"). Para mí, es una cinta estupenda, y no deben perder la experiencia. Lean mi comentario extenso en
www.dianagonzalez.com.mx

martes, 29 de septiembre de 2009

PETER, PAUL AND MARY



Me entero que hace un par de semanas falleció Mary Travers (1936 - 2009), un tercio del grupo Peter, Paul and Mary, que fue popularísimo durante la década de los sesenta. Mi papá me trajo de Laredo su segundo disco de larga duración y poco más tarde pude conseguir el primero. Ellos habían sido los que habían lanzado "If I Had a Hammer" (Si tuviera un martillo) que poco después popularizó mundialmente Trini López con su versión muy rítmica y latina, y que fuera bautizada en español como "El martillito".

La música denominada "folk" en Estados Unidos estaba considerada como música popular de las masas, tradicional, heredada de padres a hijos. Una de sus grandes promotoras entre la juventud de estos finales de los cincuentas e inicios de los sesentas fue Joan Baez (además de otros grupos o solistas) gracias a los festivales del género y su acercamiento dulce, lírico, a las viejas melodías.

Dentro de la tradición de consumo en el país vecino, se capitalizaron dichas interpretaciones como grabaciones que tuvieron grandes ventas. Peter, Paul and Mary fue creado como otra alternativa distinta y atractiva. Aparte del mencionado "martillo", ofrecieron diversas canciones que trascendieron con el tiempo ("500 miles", "Lemon Tree" o "Puff, The Magic Dragon", entre muchas).

Después, como sucede a menudo, la novedad disminuyó pero su fama continuó. A finales de los sesentas surgieron "Leaving on a Jet Plane" y "I Dig Rock and Roll Music" que los volvieron a colocar en primeros lugares. Luego se separaron para que cada uno continuara con sus proyectos individuales. De pronto se reunían y daban conciertos nostálgicos.

Esa nostalgia se manifestó al enterarme que Mary ya no estaba viva sobre la tierra, por lo que busqué los CD's de esos álbumes para escucharla junto con sus compañeros de aventura. Recordar la alegría que mi papá me dio cuando me trajo el elepé de vinilo (que todavía tengo, claro); y la angustia eliminada de completarlo más adelante con el primero de ellos. Luego surgió Trini López "martillando" con su ritmo latino y ya tenía la posibilidad de contrastarlo como luego lo haría con las versiones en otros idiomas "Datemi un martello" de la chaparrita italiana Rita Pavone o el "Se j'avais un marteau" del rubio francesito (chiquito y flaquito) Claude Francois o el grupo malgache (también chaparrones) de Les Surfs. No recuerdo quién la cantaba en español ("con un martillito yo saqué un clavito..."), pero lo que es cierto es que mi preferida siempre será la de Mary Travers, al lado de sus complementarios Peter y Paul. Eternamente agradecido.

lunes, 28 de septiembre de 2009

LOS FEOS (1)





La reciente revisión de “El llanto de los pobres” (Rubén Galindo, 1976) donde el feísimo, rechoncho, chaparro Cornelio Reyna (1940 - 1997) se convertía en objeto amoroso para dos bellas muchachas me impulsó a escribir una serie de entradas acerca de los hombres poco agraciados físicamente, tanto en rasgos faciales como cuerpos, que se han convertido en estrellas del cine mexicano e, imagino, tortura para sus compañeras de trabajo al tener la perspectiva u obligación de besos o caricias.

Para ello, primero tomo prestadas varias definiciones y referencias acerca de “la fealdad”: la palabra feo viene de “feodus” que significa fétido o impuro, por lo que su relación tiene que ver con el sentido del olfato, mientras que “belleza” se relaciona con armonía, bondad, forma (de ahí “hermoso”) más dirigida hacia los sentidos de la vista, el oído, y con mucha más suerte en la vida real: el tacto y el gusto. La fealdad es el alejamiento del canon de belleza: aquellas características que una sociedad considera convencionalmente como atractivo o deseable.

En el cine se estableció dicho canon con gente magnética, aquella que la cámara traducía como ejemplo de perfección. Bellos eran los hombres y las mujeres que despertaban pasiones, convencían como seres seductores, poseían los rasgos delicados que se sentían armónicos, los cuerpos esbeltos (o fornidos pero deseables). Así eran los galanes: jóvenes atractivos por las bondades de la edad; maduros que desprendían un poder, una experiencia amatoria, una promesa de placer y amor sin igual.

El cine mexicano fue conformando su propio canon con el paso del tiempo. De hombres que solamente tenían experiencia actoral (Julio Villarreal, Domingo Soler, Juan José Martínez Casado, quienes luego se tornaron característicos) se fue creando poco a poco al galán atractivo (Pedro Armendáriz, Rafael Falcón, Arturo de Córdova, David Silva, Pedro Infante, Julio Alemán, Joaquín Cordero, Jorge Rivero, Fernando Allende) que convencía con sus promesas placenteras. Eran los hombres indicados para sus contrapartes, las actrices o estrellas, las mujeres hermosas, apasionadas, armónicas, sensuales, que cumplían con sus respectivas cualidades de belleza.

Sin embargo, he aquí que repentinamente llegaba el hombre feo, surgido por circunstancias especiales (la música, sobre todo) para ocupar un lugar en el cine y explotar esa área de oportunidad: el público asistiría para escucharlo y satisfaría la curiosidad morbosa de comprobar sus posibilidades histriónicas. Y ya entraremos en materia.

Aquí tenemos, como contraste, las fotos de David Silva (1917 - 1976), luego un anuncio con Julio Alemán (1933), el ojiverde Pedro Armendáriz (1912 - 1963) y la portada del disco que Jorge Rivero (1936) grabó, donde aparece dibujado, mostrando una estética de galán de historieta romántica.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

UNAS DAMAS DE HITCHCOCK





Agradezco a Alejandro Gómez, querido amigo y sensible persona, que me haya regalado otra hermosa edición de Editorial Lumen llamada "Las damas de Hitchcock" (Spellbound by Beauty) de Donald Spoto que salió el mismo año de la publicación norteamericana y donde se dedica a disectar a las protagonistas femeninas de todas las películas filmadas por el maestro inglés (1899 - 1980), tan vigente aún con el paso del tiempo; tan imitado u homenajeado; tan estilizado que uno detecta las relaciones intertextuales de cinta a cinta.

Desde las británicas Anny Ondra, Nova Pilbeam, Margaret Lockwood, de los años treinta hasta Joan Fontaine, Ingrid Bergman, Grace Kelly, Kim Novak, Tippi Hedren, entre otras y muchas, de su carrera posterior norteamericana, se van descubriendo hechos, secretos, relaciones, circunstancias. Conocemos el lado desconocido de Hitchcock quien era dado a contar chistes obscenos o provocar a sus damas fílmicas. Sus obsesiones. El encuentro de las personalidades favoritas (Bergman, Kelly).

Hay un capítulo dedicado a "Agonía de amor" (The Paradine Case, 1947) aunque bajo el título traducido literalmente en España: "El caso Paradine" donde se habla de Alida Valli (1921 - 2006), actriz italiana, con cierta fama en su país natal, quien había sido contratada por el productor David O. Selznick. La primera opción de Hitchcock había sido la retirada Greta Garbo quien rechazó volver al cine; luego Ingrid Bergman, a punto de terminar su contrato con Selznick y ya comprometida con otras producciones. Tuvo que conformarse con la Valli, mencionada así en los créditos, con la cual se portó bien y sintió que ella estaba ávida de aprender. No así con Ann Todd (1909 - 1993), la otra protagonista de este drama, a la cual agredió verbal y físicamente, aunque de manera indirecta.

Sobre "Agonía de amor" he escrito un artículo largo que aparecerá en la siguiente edición de "Armas y letras" que publica la UANL. Ya les avisaré para que me hagan el favor de leerlo y entender mi amor hacia esa película. Sin embargo, este libro nos abre la oportunidad de conocer a las cintas desde adentro, a través de las relaciones de Hitch con sus mujeres actrices. Otra visión del horizonte. Ojalá se acerquen a este libro (al menos a Hitchcock, siempre estupendo, aunque este libro lo muestre como patán ocasional en la realidad: eso no importa para la excelencia creativa)del cual quise hacer una pequeña referencia desde la cinta desconocida o menospreciada. Otra vez gracias a Alejandro por este delicioso regalo.

Fotos de Alida Valli con Gregory Peck; la rubia Ann Todd; por supuesto, el adorado mago del suspenso...

ESPAÑOL DE CINE





Bajo este título, la editorial Blume ha publicado un hermoso volumen que lleva como subtítulo "Lo que hay que ver". Con edición general de Antxon Salvador, se recomiendan 250 películas españolas y latinoamericanas que son "imprescindibles". El requisito es que estuvieran habladas en español independientemente de su nacionalidad (por eso está "Sierra de Teruel", André Malraux, 1939, con producción francesa). Se consideran desde inicios del sonoro (obviamente) y la primera cinta consignada es "La mujer del puerto" (Boytler, 1933, México) y la siguiente es "Nobleza baturra" (Rey, 1935, España) para recorrer más de setenta años y terminar con una desconocida (para nosotros, regiomontanos hasta septiembre del 2009, claro) "La teta asustada" (Claudia Llosa, 2009, Perú/España).

Dentro de nuestra cultura posmoderna donde los enlistados son esenciales para cumplir con la supuesta falta de tiempo y ser congruentes con la "rapidez" de todos los procesos, hay un sector de gente que los busca para sentirse con la conciencia tranquila. Si aparece la lista de "las 100 mejores películas de todos los tiempos", habrá quienes las busquen y coleccionen (si están disponibles, claro) para exhibirlas a sus amistades como sucede con "las 100 obras maestras de la literatura" en las bibliotecas regulares. De ahí el éxito de libros como "Las 1001 películas que hay que ver antes de morir". Es la cultura instantánea: como decir "tómese esta pastilla y resuelva el malestar de su ignorancia; demuestre a los demás que es culto". Lo más terrible es que estas listas evolucionan como referencias obligadas. Hasta la saciedad se ha utilizado al enlistado de "las 100 mejores películas mexicanas de todos los tiempos" que la revista "Somos" publicó en ¡1994! y que es un ejemplo del "amiguismo" de los críticos consultados o del peor lugar común. Si uno imaginara listas recientes, les aseguro que la aburridísima "Luz silenciosa" aparecería en ellas. Así que las listas siempre serán sospechosas y cuestionables, aunque sepamos que en realidad habrá títulos imprescindibles, porque la calidad -cuando es honesta y redonda- salta a la vista, permanece, trasciende. No puede negarse, por ejemplo, la inmortalidad de "El compadre Mendoza" (De Fuentes, 1933, México) pero... ¡no aparece en este libro!

Entonces, estos 250 títulos son relativos. La edición y las fotos son muy bellas, por lo que vale la pena tenerla como referencia de datos. Hay una imagen, o varias en algunos casos de cintas excepcionales fuera de toda duda (las de Buñuel, por ejemplo). Viene una ficha filmográfica, un comentario con breve sinopsis argumental, así como dos líneas que indican la aceptación crítica y la del público. Por eso, podemos encontrar "El último cuplé" (Orduña, 1957, España) o "Un rayo de luz" (Lucia, 1960, España) donde resulta que la crítica las negó, pero el público las adoró, para escándalo de las mentalidades exquisitas. O por ejemplo "Japón" (Reygadas, 2002, México) tiene gran aprecio crítico pero mínima penetración entre el público mayoritario (excepto del exquisito). El mayor número de títulos cae en el cine español; Argentina y México andan a la par, después; finalmente Cuba, Ecuador, Colombia, etc.

Siempre he considerado que las mejores "listas" son las que uno genera individualmente. Las películas que llevamos en el corazón. Nadie se atreverá a colocar en este tipo de libros o de enlistados,por ejemplo, títulos como "Amor a ritmo de go go" (Delgado, 1966) o "Sólo de noche vienes" (Véjar, 1965) o "Vuelva el sábado" (Cardona, 1951), que para mí fueron descubrimientos, símbolos de momentos felices en mi vida, dichas compartidas y que yo les diría que son "películas que deben verse antes de morir", pero pueden darse cuenta que enfatizo a la primera persona y que ya las vi y que me garantizan que puedo morirme sin remordimientos.

"Español de cine" es un libro muy bello, pero con todas las limitaciones de los "enlistados".

jueves, 17 de septiembre de 2009

CABEZA DE BUDA


Pude ver otra cinta fuera del 13er. Tour de Cine Francés al cual no he dejado de asistir para encontrarme joyas como "Hace mucho que te quiero" o estupideces como "Mi gran fiesta judía".

Me refiero a Cabeza de Buda (Salvador Garcini, 2009) que es un melodrama a la vieja escuela, pleno de sentimentalismo y los lugares comunes más tontos. El personaje mata a un joven ladrón y le entran remordimientos como moderno Raskólnikov, pero el crimen comete otro castigo en los espectadores que deben aguantar a un niño insoportable, Alejandro Felipe, digno émulo de los pesaditos Nino del Arco, Juliancito Bravo o el más cercano Adrián Alonso, quien sale como angelito que no tiene conciencia de su condición... En la foto viene a la izquierda, junto con Becker.

Si la ven, disfruten cuerpos, texturas, presencias, pero olviden el argumento y sus chillantes sobreactuaciones y su nula aportación al "nuevo cine mexicano", que si les cuento sobre los cortometrajes nacionales que se han exhibido junto con las cintas francesas, me voy a hundir en la tristeza...

lunes, 14 de septiembre de 2009

¡AY...CALYPSO, NO TE RAJES!




La pasaron este sábado por televisión y la dirigió Jaime Salvador en 1957; fue producción de los Calderón que ya no podían mostrar muchachas desnudas pero nunca dejaban de contratar a chicas esculturales. En este caso Sonia Furió y Rosa Elena Durgel como feas maestras pueblerinas que van a la capital y son transformadas por obra, gracia y consejo de otra vedette Carmen Salomé (Lucy Gallardo, quien canta doblada pero baila luego, algo que no haría usualmente en sus películas) en despampanantes vedettes. Además sale un momentito quien fuera estrella de cabaret, Brenda Conde. Virma González, regiomontana, luciendo cuerpo escultural como parte de un trío excéntrico-musical llamado "Los 3" (donde la acompañaban José Silva y José Luis Aguirre, "Mr. Trotsky").

El argumento es acerca de tres rancheros (Antonio Badú, Fernando Casanova y Eulalio González "Piporro") que viven estafando a la gente de los pueblos. Les venden sus caballos y luego, ya lejos del lugar, les chiflan para que los animalitos vuelvan con ellos. Cuando los pesca el presidente municipal de uno de los pueblos son amonestados por su tía (Consuelo Frank). Cuando ella se entera, por medio de su apoderado (Óscar Pulido), que ha heredado el Teatro Pam Pam en la capital manda a sus sobrinos y al apoderado para que arreglen el asunto. Se encuentran con un empresario sinvergüenza (Daniel "Chino" Herrera) quien es apoyado por la cantante Amapola (Paquita de Ronda, en su última cinta mexicana y quien falleciera este junio pasado). El tipo los estafa y luego les ayuda Carmen Salomé para que todos triunfen y hagan que la tía exprese que las parejas resultantes (obviamente) deberán ir al altar antes de consumar su unión.

Como en otras películas de su tipo, el argumento no es importante. Un director pésimo que se protegía con tomas abiertas o simplemente ponía a los personajes frente a la cámara sin moverla, no puede darnos películas trascendentes por sí mismas. Lo que resulta maravilloso son las personalidades dentro del celuloide que continúan inmortalizadas. Desde las efímeras "muchachonas" que fueron contratadas por los productores: Meche O'Connell, Vicky Codina y Lilí Yavel; la mencionada desnudista Brenda Conde; la participación del ventrílocuo Carlos Monroy con sus muñecos Neto y Titino con los cuales canta "Mi querido capitán"; la orquesta de Pablo Beltrán Ruiz interpretando "A bailar calypso"; el conjunto del jazzista Chilo Morán con otro número de Calypso aparte del merecumbé "¡Ay, cosita linda!" o la cantante Elsa Marval. Virma González había aparecido con sus compañeros del grupo "Los tres" en "Nos veremos en el cielo" (J. Soler, 1955) y todavía saldrían en "Paso a la juventud" (Mtz. Solares, 1957) y "Melodías inolvidables" (Salvador, 1958) antes que ella apareciera sola en "Una canción para recordar" (Bracho, 1958) donde capitalizaba la popularidad que le había dado su exitosa participación en la comedia musical "La pelirroja" que estuvo aquí en Monterrey en el Teatro Florida donde actuó al lado de Armando Calvo, Manuel "Loco" Valdez y Plácido Domingo.

El Calypso fue un ritmo efímero, popularizado por el cantante Harry Belafonte, tomando como base la música tradicional, callejera, de islas antillanas. Como baile no tenía pasos ni movimientos especiales que le dieran el empuje de un mambo, un chachachá o un twist, por dar ejemplos de antaño. Sin embargo se utilizó en otras cintas musicales de esos tiempos para luego perderse aunque permanezca en este extraño título de película.

En las fotos: una mala de Paquita de Ronda y Sonia Furió; una de Los 3; otra de Lucy Gallardo en la actualidad a punto de cumplir ochenta años...

sábado, 12 de septiembre de 2009

LAS SEÑORITAS DE ROCHEFORT






Hace varios años, un buen amigo me consiguió una copia en VHS de "Las señoritas de Rochefort" (Les demoiselles de Rochefort, 1967) , segunda cinta musical de Jacques Demy (1931 - 1990) en colaboración con Michel Legrand. La había grabado de un canal especializado de satélite (eran los tiempos de las parabólicas) donde respetaban el formato de pantalla ancha, algo que no era tan fácil de encontrar en VHS. Para mí fue un gran descubrimiento porque la película se había exhibido a finales de los sesentas en mi añorado Cine Juárez, pero en único día, para jamás regresar, y ¡yo no había podido ir a verla! Los azares de la distribución en una época cuando ni siquiera teníamos televisión a color, mucho menos pensar en la gloriosa alternativa actual de los DVD, provocó una tragedia para mi experiencia fílmica que en ese momento estaba en ebullición constante: descubrir, descubrir, descubrir viejas glorias del pasado para tener referencias que solamente conocía por tanto libro leído y mucha revista consultada, así como el cine reciente que mostraba, dentro de las posibilidades, una visión del mundo que entonces estaba lejanísimo pero que las imágenes nos lo acercaban.

En 1975 conseguí un disco de la cantante Cleo Laine donde interpretaba "You Must Believe in Spring" que era un tema de la película, adaptado con letra en inglés para explotarla como canción independiente sin relación con la cinta. Me gustó tanto que la incluí en alguna de las comedias musicales que monté en la universidad privada donde trabajé en la década siguiente.

Hace un par de años conseguí el DVD con la versión restaurada por la viuda de Demy, una cineasta excepcional llamada Agnés Varda, que muestra con mayor fidelidad (que el VHS) el esplendor visual de una cinta que no puede ser vista más que bajo las mejores condiciones ya que color, escenografía, vestuario, necesitan de una proyección nítida. Una trama simple acerca de las hermanas gemelas Delphine (Catherine Deneuve) y Solange (Francoise Dorléac, 1942 - 1967; fue su penúltima cinta antes de morir en un accidente automovilístico) que son maestras, respectivamente, de danza y música. Sueñan con ir a París para triunfar dentro de la farándula. También viven soñando con el amor ideal. El fin de semana habrá un festival en la plaza de Rochefort donde ellas actuarán. Su madre (Danielle Darrieux, viva y activa en 2009 a los 92 años) tiene un restaurante y un hijo pequeño que concibió con un hombre al cual no quiso desposar. Llegan dos bailarines (George Chakiris y Grover Dale, extraordinarios), que terminan con sus novias, lo mismo que un marinero (Jacques Perrin) que pinta y tiene el cuadro de su mujer ideal (idéntica a Solange). Otro hombre, un músico y coreógrafo (Gene Kelly, 1912 - 1996) llega de visita con un amigo. La trama serán los caminos del destino: ¿se encontrarán?, ¿serán las personas adecuadas entre ellas mismas?, ¿triunfará el amor?

Me acaba de llegar, apenas ayer, el CD con la banda original de la película donde puedo escuchar y recordar las hermosas imágenes de una cinta tan subestimada como desconocida y que ocupa su lugar al lado de tantísimas grandes películas que nunca alcanzaron la oportunidad de llegarle a su público original (en tiempo, espacio y momento cultural) y quedar en nichos particulares.

Jacques Demy habló sobre su película expresando que deseaba hacer feliz al espectador triste que llegara al cine sin imaginar lo que iba a ver. También expresó que buscaba la relación entre cine, música, pintura, literatura y coreografía: esa fusión y el hecho de que las personas adecuadas no se encontraran entre sí. La ligereza, el artificio, un vestuario siempre contrastante en color y estilo para la música o la acción general eran elementos básicos para lograr sus objetivos. Demy fue producto de la Nueva Ola Francesa donde sus creadores eran admiradores de los géneros de Hollywood por lo que le rindieron homenaje, recreándolo, homenajeándolo, estilizándolo (sin copiar como hacen ahora los neocineastas mexicanos con resultados ridículos y frustrantes). Demy gustó siempre del cine musical, romántico o fantástico. De ahí que haya producido un conjunto de cintas apasionantes, simples, con aparente frivolidad cuando en realidad están sucediendo cosas terribles, tristes o pesimistas en el interior de personajes comunes y corrientes.

En 1964 Demy había triunfado mundialmente (excepto México) con "Los paraguas de Cherburgo" que le dio premios y que permitió una ópera contemporánea ya que toda la cinta era cantada. En esos tiempos era una apuesta audaz más adecuada para públicos con otras experiencias culturales. Aquí en Monterrey también se exhibió en el Cine Juárez donde tuve que soportarla ante rechiflas y quejas de quienes se desesperaban porque todo era música. Luego llegó el VHS y el DVD, claro, para repetir historias que han sido cíclicas en mi vida. Siempre agradezco a la vida tantas experiencias fabulosas que he podido experimentar a lo largo de los años. Hoy quise compartir una de ellas.

Les anexo una foto de Jacques Demy a quien se le agradece la alegría que heredó al mundo; además hay imágenes de las estrellas y de la película.

miércoles, 9 de septiembre de 2009

09 - 09 - 09

Deberán pasar cien años para volver a escribir esta fecha de la manera en que he titulado la entrada. El año próximo le va a tocar al 10 de octubre; pero si no disfrutaron de este trío de nueves, espérense hasta el 9 de septiembre de 2109. No podía dejar que terminara el día sin hacer este comentario: frívolo, pero no, tiene mucho sentido acerca del significado del tiempo: cómo lo usamos; cómo lo perdemos...

lunes, 7 de septiembre de 2009

EL IMPERIO DESVANECIDO





Dentro de la Semana del Cine Ruso que Cinépolis ha patrocinado con escasa respuesta de público, pero títulos magníficos, pude ver "El imperio desvanecido" (Karen Shajnazarov, 2008), impactante y contrastante añoranza del pasado por parte de quienes vivieron el régimen cerrado, totalitario, limitante, de la Unión Soviética. Sergei (Aleksander Lyapin, en su debut fílmico, extraordinario) es un joven de dieciocho años, en la Moscú de 1973, sin interés en la academia, como corresponde a "la poca edad sin experiencia" pero quien dirige sus intereses a las muchachas, la música, la ropa de contrabando. Vende libros de su abuelo, arqueólogo famoso, a las librerías de segunda mano, donde consigue los rublos suficientes para sus lujos. La cinta nos muestra su noviazgo con Liuda (Lidiya Milyuzina), jovencita conservadora con la cual lleva una relación convencional pero con crasos errores (le es infiel con otra compañera; la deja plantada cuando van a ir al teatro); por otro lado están las relaciones con Stepán (Yegor Baranovsky), uno de sus amigos ortodoxos y con Kostya (Ivan Krupeyenko), el amigo que participa en un grupo de rock y quien lo inicia en la mariguana. Con el tiempo, Liuda lo deja por Stepán con quien se casa; Sergei escupe a su amigo cuando lo reencuentra en los pasillos de la escuela. El muchacho abandona los estudios y entrará a la milicia, pero antes deberá ir a las ruinas de Khorezm, en Uzbekistán, porque su abuelo se lo exige. Ante las majestuosas ruinas de una ciudad de la antigüedad, conquistada por Ghengis Khan, Sergei toma conciencia del pasado imponente y uno imagina que eso lo llevará por otros caminos. Un epílogo, treinta años más tarde, nos muestra a un hombre regordete que se dirige hacia un maduro Sergei (que nunca veremos porque la cámara queda sobre el otro) y se presenta como Stepán. Ya no hay rencores. Solamente queda el deseo de que las cosas fueran como antes. Y aceptar una realidad ya inamovible ya imparable...

Aunque en la película escuchamos de repente la frase de que se quiere ser libre, viajar por donde se desee y tener acceso a lo que se antoje, todavía faltarían años para que ocurriera el final de la Unión Soviética, el "Glasnost", Gorbachov y la realidad actual con los problemas naturales de la decadencia mundial. Sin embargo, esos jóvenes que tenían que encontrar rublos donde fuera para comprarse el último álbum de los Rolling Stones o los pantalones de mezclilla Wrangler, arriesgándose a ser atrapados en redadas policiacas; los civiles que tenían que entregar sus pertenencias de mercado negro a la autoridad para evitar la cárcel; la sociedad que recibía adoctrinamiento nacionalista (las bondades de Lenin y el comunismo o la literatura que cantaba al pueblo) tanto por academia como por la televisión y los discursos de Brezhnev, ahora ha terminado por aferrarse al deseo, el ensoñamiento de volver a aquellos tiempos más cerrados pero más controlados.

Lo más importante es que ese deseo está en el discurso del gran realizador Shajnázarov (nacido en 1952; veinteañero en los setentas) y su punto de enlace es una ciudad de la antigüedad en el corazón de su URSS. Es el canto de una generación que nota la magnificencia del pasado con toda la miel que la nostalgia y la memoria derraman sobre los recuerdos.

Habría que preguntar a los jóvenes. Los que ahora son adolescentes o veinteañeros y quienes tienen menos restricciones y han vivido otro país y otras circunstancias desde que nacieron, sin contrastes con la experiencia del pasado. Es lo mismo que los jovencitos usuarios del Blackberry, el WiFi, el XBox, el Twitter o el bombardeo de imágenes con todo un mundo tecnológico gracias al celular que viven en un México del cual no vivieron Avándaro ni Tlatelolco (al menos en contexto noticioso cotidiano), ni los Estados Unidos de Manson, Kent State, Woodstock o Nixon y Vietnam.

Es el mismo caso de los cinéfilos o "filmmakers" que viven sin la referencia del cine que les antecedió.

¡Qué extraordinaria película! (Varias fotos y una del maestro Karen Shajnazarov).

P.D. Si leen esta entrada, busquen los datos de las cintas que faltan de aquí al jueves 10 dentro de esta Semana deliciosa. Para seguir con la presión: el viernes 11 comenzárá el Tour de Cine Francés para que no nos quejemos de que no hay material interesante ni sólo norteamericano...

MIGUEL COVARRUBIAS (1904 - 1957)




Veo un fragmento del documental de José Benítez Muro (regiomontano, nacido en 1954) sobre el pintor, caricaturista, etnólogo Miguel Covarrubias y me emociono porque representa momentos maravillosos de nuestro pasado cultural, cuando México era nación emergente y el Distrito Federal era habitable. Covarrubias estuvo en Nueva York donde hizo caricaturas para diversas publicaciones; luego se fue a París donde realizó escenografías para revistas musicales parisinas, por ejemplo, la de Josephine Baker. En México pintó murales e ilustró libros de la Secretaría de Educación Pública, además de colaborar en el rescate y la investigación arqueológica, sobre todo, de la cultura olmeca.

Estuvo casado con Rosa Rolando, mujer de temple, quien no permitió el amorío que Covarrubias quiso perpetrar con la bailarina Rocío Sagaón, a quien pudimos ver en "Islas Marías" (Fernández, 1950) o "En este pueblo no hay ladrones" (Isaac, 1964) y con la cual se lió a golpes cuando el pintor estaba en el lecho de muerte. Fue director de la Escuela de Danza del INBA, entre sus muchas cualidades. Aquí les anexo su caricatura de la desnudista Sally Rand con la bailarina Martha Graham, además de una foto del mismito personaje y otra de Rocío Sagaón en la actualidad (nacida en 1933). Extraordinario, ¡qué tiempos! Les recomiendo el libro de la Poniatowska, publicado por Editorial Era, Miguel Covarrubias, vida y mundos (2004), donde hay muchos datos y bastantes anécdotas sabrosas sobre su vida. Además, claro, ver el documental del mencionado realizador...

domingo, 6 de septiembre de 2009

PEDRITO FERNÁNDEZ



Domingo al mediodía en casa. Hora de comida. Se enciende el televisor y va comenzando Los dos carnales (Gómez Vadillo, 1981, aunque en los créditos aparece como "Badillo") con Pedrito Fernández, Julissa, Pedro Armendáriz Jr., Jaime Garza, Carmen Molina, José Chávez y Jaime Santos, entre otros.

Pedrito (apenas once años de edad por lo que todavía se le nombraba con diminutivo) cuyo personaje se llama Pablo, vive junto con Toño (Jaime Santos), no van a la escuela sino que trabajan en empleos eventuales para ir sobreviviendo. Nos enteramos que la mamá de Pablo, llamada Dolores (Julissa) está en la cárcel por un robo que no cometió en la joyería donde trabajaba, pero su jefe la acusó porque ella no accedió a ser su amante. Toño perdió a sus padres y gracias a Dolores ha vivido junto con ellos. Esto lo platican los niños en una primera secuencia, como si ellos nunca lo hubieran comentado, para que nosotros, intrusos espectadores, nos enteremos de su situación.

Luego de una serie de pequeñas escenas donde nos damos cuenta de varios trabajos donde siempre "meten la pata" y son despedidos, el capataz (José Chávez Trowe) de una constructora les emplea para que limpien afuera de la oficina. Se dan cuenta de que hay un empleado activista, Francisco (Jaime Garza), que busca la sindicalización y el contrato colectivo de los trabajadores, a lo que se niega Cristobal (Pedro Armendáriz, Jr.) el dueño de la empresa. Hay enfrentamientos con golpes y sangre.

El casero del departamento donde viven Pablo y Toño les embarga sus muebles, donde estaba guardado un dinero para pagar al abogado defensor de la madre del primero. Quedan en la calle pero vuelven a la constructora donde la cocinera e intendente, doña Manuela (Carmen Molina), les consigue que ahí puedan dormir y tener otros empleos simples. Cristóbal ve a Pablo y lo reconoce: es su hijo.

Después de otro enfrentamiento ocurre un incidente: Pablo cae en un pozo profundo en una de las construcciones de la empresa. Toño corre a pedir ayuda. Todos, empleados y Cristóbal, corren al lugar. Llega la policía y los bomberos. Toño es bajado con una cuerda pero no puede sacar a Pablo. Ocurre un derrumbe que deja a ambos niños en el fondo. Entre todos, hacen un túnel paralelo para entrar y efectuar el rescate. Cristóbal va hasta la cárcel para sacar a su exmujer y llevarla al lugar de la tragedia. Luego de varias horas, logran abrir el acceso, entrar por ellos y sacarlos. Cristóbal pide perdón a la madre de Pablo y le dice que ya no tendrá que volver a prisión. Firma el contrato con los trabajadores y ocurre una fiesta para celebrarlo.

Fue una producción de los Galindo, productores que introdujeron al pequeño (y dulce: era un niño bonito) cantorcito jalisciense al cine. Sus películas son una larga fila de argumentos absurdos, fuera de toda realidad, vehículos para escuchar muchísimas canciones (en esta película que les he comentado, son siete canciones que incluyen al "Ave María" de Schubert) y llegar a las emociones básicas, primarias, de los fanáticos de la estrella (primero cuando niño, luego como adolescente y ya joven: ahora tiene 39 años -el 28 de septiembre de 2009 será ¡cuarentón!- y en estos momentos triunfa en una telenovela) así como los espectadores (en esos años) ingenuos, gustosos de ver una trama (cual fuera) donde se disfrutaría de las tribulaciones y alegrías del niño, adolescente, joven.

Una lista de sus películas nos indica que comenzó en 1979 con La niña de la mochila azul (1979) , para luego seguir con Amigo (1980), El oreja rajada (1980), Mamá solita (1980), Allá en la Plaza Garibaldi (1981), La niña de la mochila azul II (1981), La mugrosita (1982), Niño pobre, niño rico (1983), Los dos carnales (1983), La niña de los hoyitos (1984), Coqueta (1984), Delincuente (1986), Un sábado más (1987), Había una vez una estrella (1989), Vacaciones de terror (1989), Pánico en la montaña (1989), Un corazón para dos (1990), Trampa infernal (1990), Vacaciones de terror II (1991), Crónica de un crimen (1992), El ganador (1992). (Si me faltara cualquier título y algún lector me lo hiciera saber, se lo agradeceré).

En esta película los niños no van a la escuela, sino que trabajan para subsistir. Pablo vive solo junto con su amigo en un departamento, algo que en la vida real no podría ser, mucho menos con madre en la cárcel. Pablo vive en un mundo paralelo que la ficción cinematográfica mexicana creaba sin mayores problemas. Y la secuencia del accidente es genial porque llega todo un convoy de rescate que sugiere ¡la excavación de otro pozo para sacar al niño! De esta manera, ocurre algo semejante a "Metrópolis" (Lang, 1927) porque trabajo y capital se unen por el corazón, pero... con todísima proporción guardada. Tenía que reconciliarme con Pedrito del que siempre me burlé en mi columna del periódico: fue una estrella por las circunstancias y con el tiempo demostró que no iba a ser fugaz. No significa que defienda una pésima película, simplemente mencionar a un fenómeno cultural. Ya volveremos con el tema...

martes, 1 de septiembre de 2009

YOLANDA VARELA (1930 - 2009)


Falleció el sábado pasado dentro del total anonimato que respetó luego de aparecer en su última cinta Departamento de soltero (Cardona Jr., 1969), al lado de Mauricio Garcés. Había comenzado muy pequeña en una cinta llamada Recuerdos de mi valle (Morayta, 1944) y luego en Escuela para casadas (Zacarías, 1949). Fue hasta los años cincuenta cuando Dos tipos de cuidado (Ismael Rodríguez, 1952) y las cintas con Tin Tan o Resortes, la colocaron entre las estrellas bellas y jóvenes del cine nacional. En 1960 dejó el cine para casarse con Fernando de Fuentes Jr. Solamente regresaría en El niño y el muro (Ismael Rodríguez, 1964) y la mencionada al principio de esta entrada luctuosa. Descanse en paz la estrella de cintas como Llamas contra el viento (Gómez Muriel, 1955) o La torre de marfil (Corona Blake, 1957) o Los hijos del divorcio (De la Serna, 1957) que están entre mis favoritas de la Varela.

sábado, 29 de agosto de 2009

COMENTARIOS A SUS COMENTARIOS...

Al joven que se enojó por mi comentario sobre "El burro jorobado", primero le agradezco que me haya leído. ¡O sea que este blog tiene visitantes! (A otros lectores, los refiero al comentario que viene en la entrada acerca del Festival de Cine Monterrey).

Luego, le aseguro que no se necesita, en ocasiones, y ésta fue una de ellas, quedarse a ver toda una sarta de tonteras visuales, sin ritmo ni sentido, para corroborar que es un plomo insoportable, y por eso lo dije (fui honesto) y por eso hablé sobre lo que había visto.

Sus razones son correctas: lo que comenta sobre pasado, presente, funcionamiento de la mente, etc... tiene validez siempre y cuando se sepa narrar. Aquí estábamos ante imágenes sin interés general.Yo también tengo madre, tuve padre, familia, etc... pero lo que estaba en esa ¿película? no me tocaba por ningún lado. Distante, en situaciones familiares muy cercanas a su autor, pero no a un público diverso. En la vida real cuando te enseñan fotos o videos de familia o vacaciones, por ejemplo, son tormentos sin igual.

Ud. debe ser amigo o pariente del joven Quintanilla por lo que ha perdido la objetividad. Es una de las explicaciones cuando se siente el enojo.

Otra causa de enojo es cuando el pseudocrítico que ha hecho comentarios que no agradan al lector que se siente agredido, se basa en lo que escriben otros o engañan a sus lectores haciendo creer que poseen grandes referencias o lecturas o experiencias de muchos tipos, cuando son pobres diablos ingenuos (o quizás muy listos).

Mi discurso es honesto; lo sustento; está basado en la visión de miles de películas con los años. Mi columna diaria, por más de 17 años, (aparte de artículos y ensayos publicados desde 1982 en ese mismo periódico, otras publicaciones, y hasta un frívolo, pero documentado, libro coescrito con Edgardo Reséndiz) en El Norte es una prueba de ello o mis comentarios en www.dianagonzalez.com.mx

Así que su enojo se ha de deber a cualquiera de esos motivos. Muy sus respetables motivos que no me quitarán el horrible sabor de boca, ni la pesadez o la somnolencia vivida por esa hora de "El burro jorobado".

jueves, 27 de agosto de 2009

NO, NO SOY CATÓN, PERO...

Hay un chiste viejísimo acerca de una nueva rica que presumiendo a su amiga del talento de su marido le dijo: "Pues mi marido es sifilítico", a lo que el esposo le respondió: "filatélico, babosa, filatélico". No, no soy Catón quien escribe una columna de humor en la página editorial de El Norte.. Tampoco tengo gracia para contar chistes, pero...

Lo saco a colación porque me gustan los chistes (o accidentes verbales en la vida cotidiana) con juegos de palabras. Alguna vez, una amiga me contó que otra amiga le espetó: "¡me quedé putrefacta!" cuando en realidad quiso decir: "¡me quedé estupefacta!

Y es que ahora, viniendo en el coche, escuchaba la radio y el conductor de un programa de música instrumental anunció: "y ahora les presento a Raymond Lefebvre con su orquesta interpretando el "Cañón" de Pachelbel". En realidad se refería al "Cánon" de Pachelbel.

Termino con otro error de reportero de radio: "y la víctima se encuentra en estado vegetariano", cuando en realidad debía expresar ¡estado vegetativo!

Así es la vida, compleja y violenta, pero qué risa causa en ocasiones.

TORTURA EN EL FESTIVAL DE CINE

No había podido asistir a las funciones del 5° Festival de Cine Monterrey (saludos a los organizadores) hasta que decidí escaparme a la Cineteca para ver un largometraje de Raúl Quintanilla, joven de Nuevo León, llamado "El burro jorobado". El realizador ha comentado que lo hizo sin presupuesto, por dos años, como trabajo final de su carrera como comunicólogo en la UDEM. Se narra una trama que inicia con el protagonista (el propio director) yendo con su padre a buscar petroglifos en cierto lugar. Reciben la noticia de que su madre ha sufrido un accidente. Corte a un entierro en cementerio donde imaginamos que la mujer ha muerto. El joven comienza a revisar viejos videos donde aparece como niño al lado de su madre en fiesta de cumpleaños, navidad, viajes a Hollywood, etc... Mientras tanto usa una baraja de tarot, unas velas, unos videocasettes de 8 mm para hacer cierto ritual que, imagino, era para invocar el espíritu de su madre muerta.

Y digo que imagino porque me salí a la hora de proyección. No pasaba nada sustancioso ni interesante. El ritmo era desigual y el tedio, espantoso. Era una "oda a mí mismo" porque el realizador se presentaba como niño o más jovencito en sus cintas caseras, que se tornaba en "joda a los demás" ya que era el gran aburrimiento soplarse sus recuerdos personales que solamente le deben interesar a su papá, hermanos, novia, etc. Las cómodas butacas y el clima de la Sala Uno de Cineteca invitaban al sueño. Preferí salirme.

Si esta película le sirvió para graduarse al joven realizador pues qué discutibles serán los criterios de los maestros de cine de la UDEM. No comulgo con la idea de que hay que ser "moderados y amables" con los jóvenes directores porque haya que apoyar al "nuevo cine mexicano": el cine se hace con talento y discurso. Si no existe, pues ni modo. Han habido varias óperas primas felices y extraordinarias. Este "burro jorobado" es un desastre. Fue una tortura terrible como la que habrá pasado el burro verdadero que atan a una camioneta y luego lo llevan a velocidad que se notaba criminal para el pobre animal (y no, no había efectos especiales). Por otro lado, el joven aparece con una faja que se usa para forzar a tener una postura corporal erecta. Si eso resuelve al extraño título, pues me quedé sin saberlo hasta que me encuentre con alguien que me revele lo que sucedió en la última media hora.

Aunque Truffaut dijo: "qué pobre es una película que tiene que estructurarse para justificar su título".

domingo, 23 de agosto de 2009

100 AÑOS DE LAMBERTO MAGGIORANI


El próximo 28 de agosto se cumplirá el centenario de Lamberto Maggiorani (28-VIII-09/22-04-83)quien era obrero y fue visto, elegido y luego ingresado a las leyendas de la cultura fílmica por Vittorio de Sica, al cual se le agradece haber sido gran cultivador del neorrealismo en el cine italiano. La película fue Ladrón de bicicletas (1948).

Maggiorani interpretó a Antonio Ricci, hombre que llevaba años sin empleo debido a la crisis económica de posguerra. El mismo día que consigue un trabajo que le exige la posesión de una bicicleta, su mujer sacrifica algunas prendas para apoyarlo. Va a laborar con su hijito Bruno (Enzo Staiola, un niño también sin experiencia en el cine) y sufre el robo de su vehículo. Entra la desesperación. Antonio llega al grado de querer robar una bicicleta pero entonces se da cuenta que caería, además de la miseria, en la falta completa de su dignidad, sobre todo luego de sufrir una terrible humillación.

Al terminar la cinta y experimentar, lo mismo que su personaje, la falta de empleo, decidió permanecer en la actuación. Filmaría otras quince películas, aunque siempre papeles pequeños, de las cuales solamente puedo mencionar algunas que conozco: Achtung! Banditi! de Lizzani, Anna de Lattuada, Mamma Roma de Pasolini o Mare matto de Castellani.

Por supuesto que nunca se haría rico con esta filmografía tan magra llevada cabo durante veinte años (1949 - 1970). Sin embargo, la gloria obtenida con su talento que quedó al descubierto en esa cinta clásica del cine mundial trasciende cualquier pobreza, cualquier injusticia. Había que darle un cariñito. Y usted que me lee, busque esta película y gócela, disfrute, llore, reflexione, que los tiempos parecen haber cambiado aunque en realidad estamos peor que entonces...

ARRÁSTRAME AL INFIERNO...


Cómo da gusto encontrar una película a la vieja escuela, entretenida, plena de sorpresas, con personajes cotidianos e imágenes impactantes. Sam Raimi nos ha devuelto aquellas tardes de Cine Rodríguez o Araceli cuando veíamos tres películas, por dos pesos, del viejo Hollywood. Ese cine que ahora podemos releer gracias al DVD pero que de vez en cuando se aparece reciclado con inteligencia en películas como "Arrástrame al infierno" (Drag Me to Hell, 2009).

Me acordé de las producciones de la Universal o de la Hammer Films donde aparecían gitanos con sus maldiciones extremas. Aquí utiliza a una actriz genial, Lorna Saver, que ha hecho sobre todo series de televisión. Ya en la posmodernidad, recordé las primeras cintas de Raimi que lo mostraban exagerado, con atmósferas insólitas, que luego fue refinando gracias a "Darkman" o "Por amor al juego" y sobre todo con esa subvalorada pero extraordinaria revisión del cine del oeste llamada "Rápida y mortal" (The Quick and the Dead, 1995).

Lean mi comentario específico en la página donde colaboro gracias a la querida amiga Diana González: www.dianagonzalez.com.mx

viernes, 21 de agosto de 2009

LOS SIMULADORES: BAZOFIA NACIONAL




No había visto esta serie de televisión (Canal Sony, coproducción con Televisa) porque detesto sinceramente a Tony Dalton después de esa oda a la brutalidad y a la mala entraña llamada "Matando cabos", aparte de haber sido cómplice con el pesado Kristoff de situaciones vergonzantes. Luego me enteré que entre los escritores se encontraba mi admirado Luis Mario Moncada y no me había dado cuenta de que estaba Alejandro Calva en el reparto, además del simpático Rubén Zamora.

Vi un capítulo y a pesar de Luis Mario, Alejandro y Rubén, no me quedaron deseos de repetir la experiencia. Se supone que son un cuarteto de personas que simulan situaciones para arreglarle la vida a los demás. Me tocó el de un niño pusilánime (Adrián Alonso, el horrible niño de "La misma luna") que es objeto de burla de sus compañeros en la escuela. Nada fue original, ni tuvo sorpresa, ni siquiera una venganza adecuada o castigo tremendo para el torturador.

Más tarde me entero que es un programa producido por Adal Ramones y Yordi Rosado, ejemplares copiones de programas norteamericanos, quienes ni siquiera eso saben hacer bien... ¡Qué desperdicio de talento! ¡Qué manera de mostrar la inferioridad nacional! Si a usted le gusta, le recomiendo que analice sus circuitos interiores...

Les pongo las fotos de López (Alejandro Calva) y Medina (Rubén Zamora), lo único excepcional de la mentada serie...