martes, 8 de octubre de 2019

DESECHAR CULPAS


EL JILGUERO
(The Goldfinch)
2019. Dir. John Crowley.





         Si se cuenta de manera lineal, tenemos a Theo (Oakes Fegley, excelente), niño de 13 años, que pierde a su madre durante un atentado en el Museo Metropolitano de Nueva York. A partir de ese momento, con una carga fuerte de culpa (la madre tenía que ir a su colegio pero como había tiempo lo llevó al museo), será protegido por la familia de un compañero de clases, luego reaparecerá el padre que les había abandonado quien lo llevará consigo a Las Vegas, conocerá a un vecino de origen ucraniano que le introducirá al alcohol y a las drogas hasta que por azares del destino retornará a Nueva York.
         La cinta no sigue ese orden: alternando varios tiempos que muestran a Theo ya joven (Ansel Elgort) en un hotel de Amsterdam, junto con su vida tanto en Nueva York como Las Vegas, para además hacernos saber que durante la confusión del atentado, tomó un pequeño cuadro del siglo XVII llamado El jilguero, de Carel Fabritius, quien fuera discípulo de Rembrandt, perdiera la vida en una explosión, quedando intacto. Al haberlo tomado libremente, tiene en su conciencia que ha cometido un robo, por lo que no desea retornarlo. Así conocemos a un personaje que vive marcado por la culpa y, a pesar de sí mismo, no puede deshacerse de ella. Aunque la cinta tiene un inicio más críptico que tarda un poco en mostrar tono y ritmo, viene a ser un drama que refleja a la sociedad contemporánea, lejos de efectos especiales o de situaciones de comedia. Una cinta inteligente, en pocas palabras.
         Su vida estará plena de condiciones trágicas: apenas inicia alguna etapa de normalidad, algo surge para acentuar su negro destino. Theo permanecerá por años encadenado a un pasado que iniciara con la muerte de su madre para continuar hasta su adultez. El joven Theo creerá haber encontrado el amor para sufrir otro golpe o su negocio de antigüedades quedará en entredicho. Todas las condiciones estarán dadas para que el joven Theo vaya creciendo emocionalmente y alcance la recuperación de un momento previo a la fatalidad. Así como la joven Eilis, protagonista de Brooklyn: un nuevo hogar, la cinta que el irlandés Crowley filmó en 2015, tendrán que superarse los obstáculos para alcanzar la armonía personal. Si en esa cinta el camino era menos tortuoso, ahora se ha tomado la senda tenebrosa, donde la finalidad será encontrar la paz interior. Aparte maneja la tesis de que hay objetos inmortales que pasan de generación en generación porque nosotros, humanos, morimos, pero el arte permanece por siempre.
Recuperar el momento fatal
para encontrar la paz interior
         Vilipendiada por la crítica norteamericana, acusada de ser inerte y lenta, aparte de una taquilla bajísima (que significa baja calidad para los vecinos del norte), la película ha sufrido el maltrato de los distribuidores nacionales al ser enviada a pocas salas en condiciones difíciles (se exhibe, sobre todo, en lugares “fifís” a $170 el boleto) y horarios limitados. Basada en una magnífica novela-mamotreto (750 páginas) de Donna Tartt (cuya edición en español puede encontrarla en la Editorial Lumen: ya hay edición de bolsillo, también), que se ganó el Pulitzer en 2014 y fue de los mejores libros del 2013, se ha escamoteado para el público de Monterrey: no quedará más que esperar el Blu-ray o el paso por algún servicio de streaming. Una lástima, porque vale la pena.
El realizador irlandés
John Crowley


        

viernes, 4 de octubre de 2019

UNA PROPUESTA DE VILLANO


GUASÓN
(Joker)
2019 Dir. Todd Phillips.

         Todo un descubrimiento y una sorpresa. Podría esperarse la cinta convencional donde el villano crece dentro de una atmósfera adecuada para toda la familia. Su maldad usualmente aséptica para llegar a finales casi felices o irónicos para dar lugar a secuelas. Este no es el caso. Guasón es una propuesta simplemente. ¿Cuál podría ser el mejor origen fuera de una criminalidad sin crueldad ni terror? Tanto Phillips (realizador de la trilogía ¿Qué pasó ayer? o de la subestimada Starsky y Hutch) como su coguionista Scott Silver (El peleador, 8 Mile: calle de ilusiones, Patrulla juvenil -que también dirigió-) nos han compartido personajes inadaptados o parias de la sociedad: un rapero blanco, delincuentes que se tornan detectives, solteros torpes en busca de aventuras, entre otros, por lo que ahora tenían que pintar un paisaje oscuro, perverso, enfermo, para enmarcar a uno de los mayores villanos de la historieta cómica.
         Arthur Fleck (Joaquin Phoenix, excelso) quiere ser comediante pero no tiene gracia (su propia madre se lo echa en cara). Sufre las injusticias sociales porque se ríe de manera incontrolable y exagerada (que se encuentra en el límite del llanto) debido a una supuesta enfermedad. Su rostro es triste usualmente: el maquillaje le permite disfrazar una sonrisa pero usa los dedos para forzar la mueca de la risa (como hacia Lillian Gish en la centenaria cinta de Griffith Capullos rotos) ante la adversidad de su destino que lo mantiene solitario, pleno de ensoñaciones, sin que nadie le escuche, compartiendo la soledad con su madre que vive esperanzada a que su antiguo patrón, ahora candidato a alcalde, le responda a sus cartas para que les ayude. Cierto día es humillado y golpeado por unos pandilleros. Uno de sus compañeros en la agencia de payasos donde trabaja, le regala una pistola que ofrecerá otra alternativa de vida, el sentido de poder que solamente la violencia puede brindar.
Lillian Gish en "Capullos rotos" de Griffith (1919)
         Entonces la cinta adquiere otro tono y nos sumerge en el horror psicológico, el quiebre de una personalidad compleja, el descubrimiento de que causar daño a otros (como se le infligía a él) le hace sentirse bien. Desde el principio se establece que Ciudad Gótica está en medio de un caos porque hay basura y ratas por todas partes. Las diferencias sociales son extremas entre los ricos y los desventurados provocando un odio que siempre está a punto de estallar (y al enterarnos recientemente que ha crecido el índice de pobreza entre los norteamericanos, aparte de todos los problemas por la expresión constante de supremacía blanca, se subraya una metáfora del presente). 
Todo es oscuro y será la mejor forma para contextualizar al débil Arthur quien se irá alimentando de ese encono contra los otros. Todo es aparente: Arthur revela el verdadero rostro de aquellos a quienes admiraba que en realidad mostraban un interés falso hacia los semejantes; o por otro lado, imagina lo que pensamos bondadoso en su vida (la aparición incidental en un programa de televisión donde el conductor lo acoge con humildad o la relación en su cerebro con una vecina que será su compañera en la imaginación). Todo es admirable en su narración a través de un guion inteligente que sabe mezclar tiempos, realidades, ficciones. 
Uno admiraba al realizador en otras cintas más frívolas pero aquí alcanza niveles altísimos, inesperados. El propio Phillips cuenta que quería darle un tono de película de los años setenta hasta inicios de los ochenta, un período de cambio en el cine de la fábrica de sueños que se tornaron pesadillas (como bien lo expresa Tarantino en Había una vez en Hollywood con el cambio de paradigmas y modelos). Menciona entre otros títulos a Poder que mata (Lumet), El rey de la comedia (Scorsese), Atrapado sin salida (Forman), y por supuesto que no puede faltar Taxi Driver (Scorsese) donde Robert De Niro, quien aquí interpreta al conductor de un programa de entrevistas, mostraba también la cara oculta de la violencia alimentada por la desesperación y la rabia. 
No se puede continuar sin dar a conocer situaciones que deben ser descubiertas por el espectador. Lo que es obligatorio enfatizar es la actuación de Joaquin Phoenix. Si bien siempre ha demostrado su calidad interpretativa, en este caso se sublima. En el aspecto físico ha cambiado desde su Johnny Cash en Johnny y June (Mangold) o el panzón alcoholizado en Un hombre irracional (Allen) o el detective jipi de Vicio propio (Anderson) o el veterano traumatizado de Nunca estarás a salvo (Ramsay) al delgadísimo, casi desnutrido Arthur de esta película. Se nota su entrega al oficio y su entendimiento sobre un rol que ya tuvo intérprete magnífico [Heath Ledger en El caballero de la noche (Nolan)], aunque ahora con un tono particular.
Heath Ledger fue otro intérprete genial del personaje

El hecho de que la cinta ande rolando en festivales internacionales de prestigio (¡el León de Oro en Venecia!, ¡apertura del Festival de Cine de Nueva York!) nos da idea de lo que usualmente se etiqueta como “cine comercial” alcanza alturas de calidad como “cine de expresión”. Siempre hemos defendido la idea de que todo cine es documento, todo cine es comercial, todo cine busca a su público. Ojalá que este ejemplo devuelva el esplendor de Hollywood en sus famosos y devaluados Óscares: años atrás competían entre sí las grandes producciones del año (Cleopatra, Lawrence de Arabia, Ben Hur, entre muchas) y luego se perdió lo que era emblemático para dar paso a peliculitas de fin de año que pronto se olvidan. Guasón es una joya inesperada.
Todd Phillips dirige a un excelso actor

domingo, 29 de septiembre de 2019

ESTRENOS EN SEPTIEMBRE 2019


MIDSOMMAR: EL TERROR NO ESPERA LA NOCHE
(Midsommar)
2019. Dir. Ari Aster.

AD ASTRA: HACIA LAS ESTRELLAS
(Ad Astra)
2019. Dir. James Gray.


RAMBO: LAST BLOOD
2019. Dir. Adrian Grunberg.

SALVAJE(Sauvage)
2018. Dir. Camille Vidal-Naquet.

TOD@S CAEN
2019. Dir. Ariel Winograd.




Midsommar: el terror no espera la noche es una visión sobre la permanencia de los cultos fanáticos, religiosos, sociales. Un grupo de estudiantes universitarios asisten en la veraniega y alejada campiña sueca al rito de Midsommar que les permitirá a algunos a expiar sus culpas internas como sucede con Dani, una joven con antecedentes de tragedia familiar, quien acompaña a Christian (Jack Reynor), su novio, cuya relación se encuentra desmoronándose.  Los demás han ido por curiosidad personal o académica. Sus lazos se irán quebrando paulatinamente. Serán testigos de los hechos extremos que ocurren dentro de esta cerrada sociedad que proviene de siglos atrás. La cinta no es perfecta: sus imágenes son nítidas pero tarda en arrancar, sobre todo porque es de larga duración. El ritmo es pausado por lo que algunos espectadores pueden desesperarse. Una vez que ocurre un primer impacto visual, la cinta toma el tono adecuado y llega a un cierre coherente aunque cruel. Dani ha encontrado otra familia que, sin embargo, incrementará sus culpas. 
Ad astra: hacia las estrellas es la búsqueda del padre perdido, pero también es la búsqueda de Dios. El astronauta Brad Pitt se pregunta cuál es el sentido de lo que hacemos y podrá hallar una respuesta a costa de sacrificio. Es el retorno a los valores que se habían perdido pero, para llegar a esa conclusión, debe realizarse un viaje espacial (Luna, Marte, Neptuno) que bien podría ser el que nos toca realizar a nuestro interior. El realizador Gray se mantiene fiel a sí mismo con sus personajes que se autocuestionan su existencia. Una experiencia extraordinaria.
Rambo: Last Blood viene a cerrar una saga que fue popularísima desde los inicios, personaje favorito de Ronald Reagan y soldado invencible e indestructible cuyos problemas psicológicos se debieron siempre a la guerra y sus crueldades, además del retorno a su sociedad para encontrarse el mayor rechazo y discriminación. Un paria que ahora vive, ya viejo, en su rancho, al lado de una fiel sirvienta y la nieta de ésta, que insiste en ir a la frontera mexicana para conocer al padre que la abandonó. La consecuencia es desprecio paterno y la caída en las garras de un par de tratantes de blancas. Al ir a rescatarla, la chica muere, pero esto pone en marcha su plan de venganza. Esta viene a ser la parte medular de la trama: ojo por ojo, diente por diente. Los villanos se presentan como seres sin alma ni valor alguno. Las mujeres son objetos, mercancía desechable, nada, para ellos. Es muy satisfactorio que los villanos paguen con dolor y sufrimiento lo que la sociedad, en la vida real, deja impune. Uno disfruta las torturas antes de que mueran porque al menos hay un ente dañino menos en el planeta. El director Grunberg ofrece una trama compacta que resume esencia, antecedentes y redención final. Paradójicamente, lo que en los años ochenta se sentía fascista y conservador, en el siglo XXI se torna necesario.
Salvaje es el retrato de un joven que se prostituye porque así fueron sus circunstancias. No se explican antecedentes, solamente que tiene 22 años y tiene tiempo vendiéndose. Asiste con trabajadoras sociales y mantiene una amistad cercana con otro compañero del cual se ha enamorado. Cuando le preguntan si no quiere cambiar, él responde ¿para qué? y sigue adelante en medio de violencia, humillaciones, posibles amoríos, siempre hundido en su realidad. A veces no se entiende que para ciertos individuos no hay otra salida. Uno permanece en su zona de confort a pesar de que ésta sea terrible. Otro tipo de felicidad, por más que algunos deseen negarlo.
Tod@s caen es nuevamente la copia de fórmulas de la comedia norteamericana a nuestras pantallas. En este caso son dos personajes que presumen de ser muy conocedores para encontrar la relación perfecta. La parte técnica está muy bien resuelta pero en estos tiempos ya es común. La pareja Chaparro-Higareda ha sido exitosa y quiere ocupar el lugar que antes tenían Meche Barba-Fernando Fernández o Marga López-Arturo de Córdova, o si se desea el equivalente naco de Taylor-Burton, Doris Day y Rock Hudson de petatiux. Al final de cuentas se torna tediosa. De esos momentos que aprovechamos para pedir perdón por nuestros pecados ante la tortura que se está recibiendo...










UNA FAMILIA PERVERSA


BODA SANGRIENTA
(Ready or Not)
2019. Dirs. Matt Bettinelli-Olpin y Tyler Gillett.

         Cuando Grace (la atractiva Samara Weaving) se casa con el multimillonario Alex (Mark O’Brien) debe pasar por un viejo ritual donde los nuevos miembros de la familia participan en un juego: Grace debe sacar una carta que indica lo que se hará esa noche y a ella le toca jugar a las escondidas. Lo que se entera hasta después de iniciar es que si la encuentran, la matarán porque cada uno de sus nuevos parientes políticos traen hachas, pistolas, arcos y flechas. No tendrá escapatoria a no ser que permanezca escondida hasta la madrugada. 
         Lo que pudo ser otra cinta más, de bajo presupuesto, con litros de sangre y sustos ya trillados es, en realidad, una cinta divertida, plena de intriga, con humor e ironía, y cumple con los litros de sangre. Es nuevamente el juego del gato y el ratón con tono lúdico, aunque macabro. Es otra visión de la familia como núcleo de unión, aunque en este caso estamos ante la perversión total, sin alternativas de redención. La trama habla de un pacto que se realizó desde generaciones atrás con uno de los fundadores del vasto imperio de juegos de magia, salón y hasta equipos deportivos. Es la familia de altos vuelos, con mansión laberíntica y jardines amplísimos.
         El tono es realista pero va transformándose paulatinamente en fantástico: Grace será el cordero para sacrificar dentro de un ritual donde se ofrecerá su alma. La trama es metafórica en cuanto a una nación cerrada en su sociedad que no acepta la entrada de gente extraña a no ser que demuestre estar a su altura. Y lo más importante es que dentro de los hechos terribles que estamos viendo, se introduce de pronto el gesto o la ironía que provoca que uno se ría, aunque no se regodee en esto y nos recuerde que esto es horror. Según se acerca al final, el cierre es redondo, y nos ofrece la esperanza de solución. También el estilo visual es admirable porque estamos en interiores iluminados por velas o lámparas atenuadas que apoyan esta atmósfera oscura (en reflejo y en trama).
         La película se realizó para celebrar los 25 años de Fox Searchlight Movies, una subsidiaria de la Fox que se dedica a las producciones de bajo presupuesto o a las cintas independientes que se cosechan en los mercados de festivales o que se filman buscando competir por los Óscares. Con todo, tuvo un éxito mayor del esperado en Estados Unidos.
Un equipo exitoso: Chad Villela, productor, Bettinelli-Olpin, 
director y Gillett (codirector, extrema derecha). 
El tercero de izquierda a derecha es el actor Mark O'Brien.

jueves, 12 de septiembre de 2019

ENFRENTA A TUS MIEDOS


IT: CAPÍTULO DOS
(It – Chapter Two)
2019. Dir. Andy Muschietti.
         La continuación fílmica de la extensísima novela de Stephen King concluye con esta segunda parte que resulta mucho mejor que la primera. Aunque en la anterior se contaba con el encanto de un elenco fresco y juvenil de preadolescentes, en este caso se alternan las versiones adultas con sus contrapartes menores y eso produce mayor riqueza. Se logra que haya un contraste, una relectura del pasado y un final que cierra la saga del grupo que se autodenominaba “Los perdedores”, del cual se enorgullecían porque no tenían nada que perder. 
Los niños del verano de 1989
         27 años han pasado y en el verano de Derry, Maine vuelve a aparecer Pennywise, el payaso fantasmal, criminal, monstruoso, que hace desaparecer a niñas y jóvenes. Los miembros de la pandilla juvenil del verano de 1989, retratados en la cinta anterior reciben la llamada del único de ellos que permaneció en la ciudad buscando, investigando, intentando encontrar la fórmula para terminar con el monstruo recurrente.
Los adultos del verano de 2016
         Nos encontramos con aquellos jovencitos, casi niños, que ahora son, en general, triunfadores, porque todos tienen carreras o matrimonios o circunstancias que les permiten una buena vida económica, aunque en sus interiores sigan existiendo traumas y, sobre todo, miedo a cada una de sus fobias, secretos, parejas, posesiones. Uno de ellos, Stan, se suicida porque piensa que no podrá sobrevivir nuevamente al enemigo sobrenatural. Los otros se reúnen aún contra sí mismos, en algunos casos, para luego recordar por completo todos los horrores del verano de su pasado y hay quienes quieren desistir. 
         Finalmente permanecen para que se cumpla la premisa básica y elemental de la cual surge, y se alimenta, la novela inmensa de Stephen King: todos vivimos rodeados y sometidos a nuestros miedos. Luego viene la solución y moraleja: hay que enfrentarlos para crecer como persona. ¿De cuál manera?, haciendo que ellos sean los que se reduzcan al grado de desaparecer. Así es la base argumental de esta película. Veremos cómo cada personaje, ya mayor, hace surgir sus miedos, contrastándolos con su origen desde que tenían menos edad.
         Y la cinta funciona perfectamente bien. A pesar de su duración larga de casi 3 horas, no se siente pasar el tiempo debido al ritmo, a la fluidez narrativa y a una edición magistral que alterna tramas y momentos de tal manera que todo se torna imperceptible. Las secuencias de terror son sanguinarias y más aún cuando sabemos (como sucedió desde el excelente avance en salas de la primera parte: una de las campañas comerciales más inteligentes y redituables en la historia del cine actual) que se involucra a niños. 
Una de las secuencias más crueles
y terroríficas en esta película
         Hay, además, algunos referenciales fílmicos desde la aparición momentánea de Stephen King en un rol irónico e incidental, además de recordarnos los baños de sangre al estilo El resplandor (Kubrick, 1975) o el final de Carrie (De Palma, 1976) que han logrado sublimar y trascender cinematográficamente la ligereza y truculencia de King como novelista. En este caso, el mensaje de autoayuda que transmitió el escritor aderezándolo con sustos y amenazas, va más allá de la enseñanza cuando pone los elementos del cine al servicio de una narración simple que devuelve al espectador a los sustos de la infancia, tal y como sucede en la película misma. La lectura cinematográfica deviene una lectura de nosotros mismos: ese es uno de los objetivos del cine: del arte, en general.
El realizador Andy Muschietti

domingo, 1 de septiembre de 2019

EL HÉROE CAÍDO QUE SE LEVANTA...


AGENTE BAJO FUEGO
(Angel Has Fallen)
2019. Dir. Ric Roman Waugh.

         Tercera entrega de la saga de Mike Banning (Gerard Butler), agente secreto quien, en las cintas previas (Olimpo bajo fuego, 2013 y Londres bajo fuego, 2016) tenía como misión proteger al presidente de Estados Unidos contra ataques terroristas (en la primera, dentro de la Casa Blanca, en la segunda, mientras había una visita a Londres), ahora vuelve a suceder aunque de manera más indirecta ya que, el mismo título lo indica, el ángel guardián (o sea el propio Banning) es quien cae en desgracia al ser acusado como el perpetrador de un terrible ataque contra el presidente mientras éste pasaba unos días de descanso pescando en un lago. El mandatario queda en estado de coma mientras Banning, único sobreviviente con evidencias sembradas con dinero fuera del país, ADN en los transportes del enemigo, y hasta pláticas con los rusos, tiene que huir para buscar la manera de comprobar su inocencia y la esperanza de que el Presidente recupere la conciencia.
         La cinta es predecible desde el principio: los sospechosos del ataque son los que el espectador imagina y son revelados pronto dentro de la trama. Los hechos que suceden tanto durante el ataque inicial como la defensa del propio Banning ante las amenazas de ser capturado desafían toda lógica y razón, van contra las leyes de la física, contra la naturaleza humana, la salud mental y corporal de los protagonistas pero ¡no importa! Pertenece al género de acción que entra en el dominio de la fantasía por lo que sirve para el entretenimiento escapista… Sin embargo, no olvidemos que toda cinta es testimonio y documento de época cuya importancia se valora con el paso del tiempo. En este caso, indirectamente, con la vicepresidencia norteamericana (Tim Blake Nelson es un caprichoso vicepresidente), se cuestionan políticas contemporáneas y los peligros de las “fake news”. Se vuelve al tema de familia y se subraya la importancia del patriotismo, de no rendirse jamás y defender lo que le da sentido a nación y existencia, aunque claro, dentro de una mentalidad muy particular.
         La cinta inicia con una secuencia de acción que, en principio, confunde al espectador pero que luego se revela como una rutina de entrenamiento para agentes especiales que Banning está probando para recomendar a las autoridades y un futuro contrato. El dueño es Wade Jennings (Danny Huston), viejo compañero de Banning. Lo que sucede en este inicio importará para un enfrentamiento final. Posteriormente habrá otros momentos de tensión (un ataque de drones, un escape con tráiler en camino sinuoso, una cabaña plena de explosivos laterales y, por supuesto, la gran destrucción usual en esta saga). Banning tendrá que recurrir a quien le quede cerca del escape y dará lugar a un reencuentro inesperado con un personaje que se tornará entrañable dentro de la narrativa (Nick Nolte). 
         Banning tendrá un secreto personal que no ha confesado a nadie: los dolores y el deterioro físico producido por una vida de acercamiento a grandes extremos físicos y ahora se ha tornado en adicto a las pastillas contra el dolor. Al ser propuesto como posible Director del Servicio Secreto, su decisión está en jaque por la cuestión de salud. De esta manera, Banning adquiere una dimensión humana complementada por la necesidad de familia y un pasado triste en este aspecto que la cinta se encargará de ordenar. Dentro de la fantasía y la acción, tenemos una trama que se ha ido redondeando con el tiempo.
         Gerard Butler retorna en su papel ya icónico, aparte de fungir como uno de varios productores: se le nota el paso del tiempo ya que su rostro presenta más surcos y no muestra como en otras cintas el físico imponente de antes. Ahora el Presidente es interpretado por Morgan Freeman quien era funcionario en las anteriores cintas. Algunos personajes han sido sustituidos por otros actores pero al ser una franquicia es lo que menos tiene trascendencia. El reparto es maravilloso porque aparte del tenebroso Huston y el simpático anciano Nolte, está Jada Pinkett Smith como tremenda jefa del FBI y el magnético Lance Reddick como colega de Banning quien se encuentra con la ambigüedad de creer en su ético compañero. 
         Ya es ocioso repetir que no es una cinta para espectadores exquisitos que solamente buscan temáticas que exploran la condición humana y sus vericuetos (uno debe estar abierto a toda alternativa de cine y equilibrarse). No es cine europeo, sino el norteamericano de más pura acción (aunque se haya filmado en Bulgaria e Inglaterra principalmente) que también habla del hombre y sus dilemas, sus preocupaciones, su sentir político. Se antepone el entretenimiento que, en este caso es extraordinario: uno no puede dejar de ver cada imagen que se le presenta; uno no puede aislarse de expresar sus sentimientos ante lo que sucede. Si éste no es uno de los fines del cine, sobre todo del que nos ha conformado siempre,se está negando una gran tradición y costumbre. Ojalá regrese otro espacio o personaje “bajo fuego” dentro de otros dos o tres años, y que estemos aquí para disfrutarla (uno nunca sabe). 
El realizador Ric Roman Waugh



domingo, 25 de agosto de 2019

UN MADURO CUENTO DE HADAS


HABÍA UNA VEZ EN HOLLYWOOD
(Once Upon a Time in… Hollywood)
2019. Dir. Quentin Tarantino.
         Así como empiezan los cuentos de hadas, es lo que viene a definir la más reciente cinta de Tarantino quien se va a una de las etapas más importantes y definitivas en la historia de Hollywood: 1969 fue el año en que se estrenaría Busco mi destino (Easy Rider, Dennis Hopper) para que el cine independiente sentara sus reales dándole paso a la figura del director o escritor que proponía los temas adecuados para las nuevas audiencias; también marcó el final de las grandes producciones, las musicales que fracasaban (El camino del arcoíris, Coppola y, sobre todo, ¡Hola Dolly!, Gene Kelly): la televisión iba adquiriendo nuevamente notoriedad y se tornaría en el refugio de los ídolos de la pantalla que ya iban envejeciendo o no eran del agrado de los jóvenes espectadores, además de ir alimentando en sentido contrario al cine con las estrellas que surgían de la televisión (Goldie Hawn o Sally Field, por ejemplo). 
         E insisto que es un cuento de hadas porque Tarantino nos propone la fórmula maravillosa que le dio notoriedad a Bastardos sin gloria (Inglorious Basterds, 2009) al cambiar la historia real para proponer otros caminos de lo que pudo haber sido: ahora, gracias a los héroes veteranos del Hollywood que fenecía, y ahí sí, sin remedio. Rick Dalton (Leonardo DiCaprio, fantástico) había surgido en una popular serie de 1958 para que años más tarde, se viera como protagonista de cintas con bajos presupuestos y papeles como invitado especial a algunos episodios de las series que estaban ahora de moda. Siempre lo ha seguido su doble de pantalla Cliff Booth (Brad Pitt quien confirma su atractivo) que también le sirve como chofer y guardaespaldas. Su decadencia lo tiene preocupado, más aún cuando un agente Marvin (Al Pacino) le propone filmar un espaghetti western en Italia “bajo la dirección del segundo realizador más importante del género: Sergio Corbucci”. (Hay que pensar que Tarantino le da el primer lugar a Sergio Leone).
         Al mismo tiempo que nos enteramos de vida y obra de Dalton, se inserta una segunda historia, ahora de éxito: Roman Polanski y Sharon Tate (Margot Robbie) se han mudado como vecinos de Dalton. Éste lo menciona a Cliff cuando se topan carro a carro como el director con el cual todos quieren filmar luego de La semilla del diablo. Tate está apenas despuntando luego de haber aparecido en El valle de las muñecas (Mark Robson, 1967) y ahora tiene en las pantallas de cine Las demoledoras (Phil Karlson, 1968), lo que da lugar a una secuencia extraordinaria donde el personaje que interpreta a Tate, la mira y se asombra cuando asiste a una sala de cine para verse en la pantalla donde aparece la verdadera Tate: un momento en el cual la ficción se enfrenta con la realidad para recrear un momento que tal vez nunca existió y nos subraya que en este cuento, todos son personajes en una trama que ojalá hubiera sucedido.
         Hay otro momento muy significativo donde Rick toma un descanso mientras filma su rol especial como villano en la serie Los Lancer donde el actor es James Stacey (Timothy Oliphant) quien lo ha recibido con regocijo. No obstante, en este descanso se topa con una niña actriz, seguidora del Método de Stanislavski – Lee Strasberg con la cual discute un libro que éste va leyendo y que habla de la decadencia de un actor, lo que pega en la realidad propia de Dalton quien sufre un relativo shock de identificación, depresión, pero luego, al ser reconocido por su perfecta actuación, todo lo olvida. Cliff, mientras tanto ha ofrecido un aventón a una jipi hasta un rancho que servía como locación de películas del oeste: ahí se da cuenta que el mundo ha cambiado. El dueño está ciego y vive complacido al lado de varios jipis a los cuales les ha permitido establecer su comuna. Un incidente servirá para redondear el episodio final de la película.
         Pasan seis meses durante los cuales Rick adquiere cierta popularidad por varias cintas filmadas en Italia y Sharon Tate ya muestra un avanzado estado de embarazo. Lo demás no se puede describir pero será una sorpresa para quienes no lo esperan, pero conocen la historia de los crímenes de Charles Manson. Quienes desconozcan esta trama acerca del asesinato de Sharon Tate, la verán como una secuencia a la altura de lo que nos tiene acostumbrado Tarantino, extrema, cruel y gráfica. 
         La cinta es otro homenaje que realiza Tarantino a sus raíces cinefílicas y que lo muestra, como pasó con Almodóvar con su Dolor y gloria, en completa madurez. En la versión original (que es la que debería de verse solamente) no se subtitulan algunos comentarios de la radio o de la prensa donde se reconocen a títulos de cintas emblemáticas de 1969 (El hombre ilustrado, Jack Smight), pero hay muchas marquesinas que ofrecen el panorama de estos tiempos. Las referencias visuales de series de televisión en la proporción de pantalla adecuada o de otros programas en los cuales había intervenido Dalton (FBI o como anfitrión de Hullabaloo). Además, utiliza el logotipo de ese año que aplicaba la Columbia Pictures en sus películas. La dirección artística es impecable como todos los elementos técnicos. Tarantino reescribe la historia para rendir homenaje a una era que nos marcó aunque sea solamente en la pantalla: como niños que se van a dormir, nos cuenta un cuento para soñar, aunque al despertar, la realidad siga siendo tan terrible como siempre.