lunes, 11 de junio de 2018

OBRA MAESTRA


EL LEGADO DEL DIABLO
(Hereditary)
2018. Dir. Ari Aster.



         Así como James Wan revitalizó al género de terror dentro del tema de la casa embrujada, ahora el debutante Ari Aster lo logra al tratar el asunto de la brujería y el culto al demonio. Estamos dentro de la atmósfera que hace cincuenta años logró Polanski con La semilla del diablo (Rosemary’s Baby, 1968) donde la antiquísima cofradía de adoradores del demonio establecía las condiciones para el nacimiento del Anticristo. En este caso, el mismo título original de la cinta (“Hereditario” en español) ya nos introduce a una tradición de familia. Sin embargo, todo se irá desarrollando lentamente aunque sus personajes se encuentran atrapados dentro de un destino implacable, así como los muñequitos miniatura que la artista Anne (Toni Collette, magnífica como siempre) fabrica para sus creaciones que le han dado renombre en las galerías.


         Annie acaba de perder a su madre. Está casada con Steve (Gabriel Byrne, excepcional actor quien nunca se ha retirado pero ya requería una cinta taquillera) y tiene un hijo quinceañero, Peter (Alex Wolff) y una hija de trece años, Charlie (la feísima Milly Shapiro que, sin embargo, queda perfecta para su papel). Annie asiste a una reunión de motivación para quienes han perdido a algún ser querido y ahí da a conocer que la relación con su madre fue tirante: no le permitió que dominara a su hijo, pero le entregó a su hija quien ahora extraña a su abuela. Un accidente cambiará toda circunstancia previa. Una persona se acercará a la mujer para consolarla y hacerle saber una forma de resignación y recuperación que pondrá a toda la familia en jaque. Es muy difícil hablar de este tipo de cinta sin echar a perder la sorpresa y la delicia del descubrimiento del espectador.


         Se habla del libre albedrío imposible. Estamos ante una nueva tragedia griega donde el destino, como lo mencioné antes,  ha marcado a sus protagonistas. Existe la conspiración insospechada. Habrá un descubrimiento que permitirá conocer el legado de una madre alejada de todo estereotipo pero acorde con la fidelidad hacia sus creencias a través de su familia: otra forma de abnegación. No podrá haber escape, no se cumplirán las reglas del juego. El mal acechante sigue adelante. Narrada magistralmente, la trama se desenvuelve dejando pistas visuales, solidificando a cada personaje, interiorizando en las angustias y en los sentimientos internos, dando giros que luego serán sorpresas. Dejarán al espectador con alguna confusión que no es grave: la finalidad se cumple sin complacencia. No puedo decirle más, por desgracia. No deje de verla. Una de las mejores películas del género y en lo que va del año.

miércoles, 6 de junio de 2018

UNA PASIÓN SUSPENDIDA


SUEÑO EN OTRO IDIOMA
2017. Dir. Ernesto Contreras.



         Un joven lingüista, Martín (Fernando Álvarez Rebeil) llega a una población en el sureste de México. Anda en busca de los sobrevivientes de la cultura (inventada) Zikril para rescatar su lengua a punto de extinción. Se encuentra con la vieja Jacinta (Mónica Miguel) y la triste novedad de que los otros dos restantes, Evaristo (Eligio Meléndez) e Isauro (José Manuel Poncelis) están peleados a muerte y no se hablan, algo que afecta la investigación del joven porque la única manera de escudriñar la casi desaparecida lengua, se requiere escucharla en una conversación. Martín trata de persuadirlos a través de la anciana pero luego, de pronto, ella muere. Martín inicia una relación con la nieta de Evaristo quien le cuenta los motivos del pleito: cuando eran jóvenes, ambos conocieron a María (Nicolasa Ortiz Monasterio). Isauro descubrió a Evaristo teniendo sexo con la muchacha. Cuando volvieron a verse Isauro se le insinuó sexualmente por lo que, primero, fue rechazado por Evaristo quien luego recapacitó y dio rienda suelta a su sentimiento, su verdadera orientación. No puede contarse más sin que se limite el disfrute de la película.

Eligio Meléndez y José Manuel Poncelis

         Estamos ante la pérdida de una cultura porque sus representantes están muriendo o no se hablan. Transversalmente, la estación de radio local que llega a la población de bajos recursos o ascendencia indígena, transmite lecciones de inglés ya que la mayoría de los oyentes pretende emigrar (o sueña trasladarse) a Estados Unidos. Estamos en la época de la multiculturalidad y la pérdida de las tradiciones.  El falso lenguaje zikril es mera metáfora que universaliza la destrucción (ya sea natural o intencional, en nombre del progreso) de un mundo que va quedando en el pasado. Las tradiciones y creencias van también muriendo: los zikriles creen que pueden comunicarse con las aves, además de poder reunirse con los muertos en una gran caverna.



Los viejos recuerdan a sus jóvenes imágenes

         Todas estas grandes pérdidas traen consigo otro tipo de quebranto: una pasión suspendida por los atavismos y las limitaciones sociales que solamente podrá redimirse cuando se llegue a otra dimensión. El realismo mágico de indígenas que permanecen, aves que cantan en momentos cruciales, recuerdos que no se abandonan pero que se continúan reprimiendo. La película toma dos grandes rumbos: uno en cuanto al importante señalamiento de la extinción de especies, lenguas, tradiciones, pero más importante, otro que resulta del amor no permitido que dio lugar a la extinción del alma. 

domingo, 27 de mayo de 2018

CUIDAR A LOS OTROS


NUNCA ESTARÁS A SALVO
(You Were Never Really Here)
2017. Dir. Lynne Ramsay.



         Basada en una novela corta (ni siquiera alcanza las 100 páginas) de Jonathan Ames publicada en 2013, tenemos la historia de Joe (Joaquín Phoenix), un mercenario a sueldo que se encarga de rescatar a niñas que han sido secuestradas para explotarlas sexualmente. Utiliza un martillo que compra nuevo para cada trabajo y tiene un “agente” que le consigue trabajos.  A través de imágenes cortas que muestran su pasado, uno se entera que fue abusado y torturado por un padre cruel o que estuvo en la guerra donde fue testigo de sus atrocidades. Joe, sin embargo, tiene otro aspecto en su vida: cuida de su madre anciana. El siguiente trabajo será encontrar y salvar a la hija de un senador que lo llevará a involucrarse con la perversión y podredumbre inherente en los círculos del poder. Debe seguir cuidando a los demás.

Cuidar de la madre y de las víctimas

         La cinta nos habla de alguien que se preocupa por los demás, por los inocentes sin protección, por los seres que muestran compasión, pero que puede matar sin ella a quienes abusan de los demás. Joe no tiene mayor aspiración en la vida y de ahí que, cuando las cosas se revierten, no le queda más que pensar en el suicidio y, paradójicamente, es lo que le vuelve a dar esperanza. La trama se narra con infinidad de elipsis (se muestra menos de lo que el espectador va creando por pistas que se le ofrecen) y aunque la violencia está presente (hay sangre, disparos, cuerpos), en realidad se evita mostrarlo: todo está en el sonido o en la situación indirecta (pantallas de cámaras de seguridad o tiros en cierta dirección para luego ver al cuerpo herido). Lo que se explicaba en la novela (ex agente de la CIA y anterior marino combatiente en Afghanistán) aquí se sugiere. Lo que se narraba con palabras aquí se compone de imágenes.

La cinta pertenece a Joaquin Phoenix

         Joaquín Phoenix ganó el premio como mejor actor en Cannes 2017 (una de las ediciones más afortunadas según se comprueba con todas las películas que nos han tocado ver) y fue muy merecido: la cinta le pertenece por completo y no puede uno dejar de verlo (como pasó en Un hombre irracional o Ella). Aparece la legendaria Judith Roberts (de Cabeza borradora y dos joyas de James Wan: El títere donde era la siniestra Mary Shaw y Sentenciado a morir donde era la jueza) como madre amorosa y necia que se asusta con Psicosis luego de verla por televisión o inunda el baño por descuido para subrayar el amor de su hijo. La realizadora escocesa Ramsay nos había ofrecido previamente otra cinta de culto (Tenemos que hablar de Kevin) y su estilo críptico y sugestivo nos trae a la memoria el cine de Mike Hodges (Carter – asesino implacable, 1971) y de John Boorman (A quemarropa, 1967), adaptados a los tiempos posmodernos,  por su narración entrecortada que reta al espectador para que ate cabos y disfrute de una trama harto conocida donde lo que la distingue es la forma para contarla.

viernes, 25 de mayo de 2018

LA CRUEL GUERRA


ENSIRIADOS
(Insyriated)
2017. Dir. Philippe Van Leeuw.




         Una coproducción entre Bélgica, Francia, Líbano y Alemania que sucede en un departamento en medio del desastre urbano de Damasco, en Siria, víctima de las luchas entre gobierno y facciones rebeldes. Todo sucede en un día, dentro de este espacio, donde vive Oum Yazan (la extraordinaria Hiam Abbass) con su suegro, dos hijas, un hijo pequeño, la criada Delhani (Juliette Navis, otro monumento a la actuación), el novio de la hija mayor, así como un matrimonio conformado por la rubia Halima (Diamand Abou Abboud, conmovedora) y Samir, con su pequeño bebé. Este último, se sabe, eran vecinos en un departamento superior ya derruido y arrasado por ladrones.

Estos personajes han hecho de este lugar su refugio existencial. La criada sale solamente para traer agua. Hay luz en ciertos momentos del día. A lo lejos se escuchan disparos y bombazos. Nadie se atreve a estar en el exterior porque hay francotiradores que simplemente disparan.

La extraordinaria Hiam Abbass

Delhani y Oum miran a lo lejos el cuerpo de Samir

         Halima y Samir piensan abandonar el país esa noche. Cuando Samir deja el apartamento por la mañana para encontrarse con su acarreador hacia el extranjero, resulta víctima de disparos. Lo atestigua la criada quien se lo cuenta a la señora Oum. Ésta, a su vez, le ordena que no le comente nada a Halima. Es preferible mantener la calma y evitar que se pierda la paz que hay dentro del hogar, único bastión y recuerdo de otros tiempos mejores. No obstante, esta tranquilidad se perderá al incursionar dos intrusos en el departamento dando lugar a un acto de valentía y de prudente cobardía por otro lado.

La cocina es el refugio ante los ataques y bombazos

Oum pide silencio ante la amenaza del exterior

         La cinta es un estrujante y emotivo drama claustrofóbico donde se mezclan libros, muebles, vestidos, que dan fe de tiempo atrás cuando existía la calma y el esplendor de ciudad y país, junto con el miedo, las carencias, los pleitos por lo cotidiano, el latente deseo sexual, la necesidad de estar encerrados con cerrojos y barrotes en la puerta. Cada vez que hay un bombazo, el polvo cunde y la tecnología desaparece. Oum se acostará sobre la mesa del comedor como escondite mental y símbolo de la unión familiar que tanto trata de preservar aunque su esposo militante no se encuentre en casa. El abuelo se sentará frente a sus libros y hojeará un álbum de viejas fotografías. Cada mañana, su mirada es hacia el exterior para ser testigo de la sinrazón, la idiotez humana, la ambición insensible al dolor con tal de mantener el poder.

Halima y Oum luego del ultraje y la cobardía.
Estamos ante una cinta de actrices extraordinarias.

La víctima, Halima, será mártir, recipiente de la brutalidad y falta de solidaridad porque existe el deseo de preservar la vida para recuperar, alguna vez, el pasado: algo que parece imposible cada amanecer.
Phillippe Van Leeuw filmó una coproducción
belga con actores multinacionales
y temática extranjera...

lunes, 21 de mayo de 2018

VUELVE EL HÉROE DIFERENTE


DEADPOOL 2
2018. Dir. David Leitch.



El tiempo que pasa uno riendo es tiempo que pasa con los dioses.
Proverbio japonés

         En 2016, la cinta original (Deadpool, Tim Miller) fue toda una sorpresa: un hombre con cáncer terminal adquiría superpoderes luego de ser sometido a un falso tratamiento que, en realidad, lo dejaba con el cuerpo estriado, aspecto seco. Malhablado, pansexual, incorrectamente político, llevaba a cabo sus hazañas de salvaguarda moral para la humanidad. Ahora, dos años más tarde llega la secuela que levantaba pocas expectativas: era difícil pensar que pudiera sobrepasar, pasada la novedad, los logros de la película primigenia. Sin embargo, estamos ante una total delicia, una farsa cómica que provoca la risa impulsiva, irreflexiva, por las situaciones, por lo absurdo del personaje, por la distancia que la misma cinta establece, sus parodias, burlas y risas contra otros personajes del mundo Marvel (hasta se ironiza contra el rival DC Comics). La cinta es tan buena que uno sale feliz de la sala (sobre todo si se vio en idioma original y la pantalla inmensa del IMAX).


La trágica amada de Wade

         Wade (el maravilloso Ryan Reynolds, también coguionista y coproductor: nada tonto) se quiere suicidar al inicio de la cinta… y lo logra. Nos muestra el antecedente cuando un tipo disparó sobre su amada Vanessa (Morena Baccarin) matándola. La vida ya no tiene sentido y expresa que quiere morir para emular a Wolverine (quien murió en la cinta de Logan). Sin embargo sabemos que eso no puede ser: sus pedazos son recogidos por Coloso quien lo lleva a la casa de los X-Men, de la cual deben partir hacia un orfanatorio donde un adolescente mutante se ha descontrolado: Russell (Julian Dennison), obeso, cuya mutación es la creación de bolas de fuego a través de sus puños. Tanto Russell como Wade son llevados a la prisión que encierra a mutantes hasta que llega Cable (Josh Brolin), un ciborg del futuro que desea eliminar a Russell para evitar que se convierta en un temible asesino con el paso de los años.


Deadpool debe salvar al obeso mutante

         Comienzan los enfrentamientos a los cuales ya estamos acostumbrados (en algún momento el héroe informa que sigue una obvia  secuencia con efectos visuales) pero tienen tanta gracia, los diálogos son tan divertidos por el ingenio y las referencias, que solamente estamos esperando cuál será el giro o el comentario a las usuales e inverosímiles peleas. En otro momento, para salvar a Russell, Wade recluta a varios superhéroes “menores” para conformar su X-Force (ya que piensa que X-Men es discriminatoria al mencionar solamente al género masculino) que da lugar a una secuencia hilarante e inesperada porque el destino de estos seres no es nada halagüeño y provoca la carcajada (no se lo contaré para que le sorprenda). La vulgaridad está presente: el uso de profanidades es extrema pero tiene sentido (no es como los comediantes de pacotilla o “standoperos” cuya nulidad graciosa se centra en palabrotas), lo mismo que la sexualidad (nuevamente Wade sugiere diversidad: abraza al metálico Coloso pero posa su mano en las esculpidas nalgas del personaje; hasta hay una referencia a Bajos instintos).


Un reparto espléndido con una graciosa
Domino y un contrastante Cable

         El mismo equipo de guionistas de la cinta original tuvo la suficiente sabiduría para no repetirse, darle una vuelta de tuerca a las constantes de un personaje aunque la lógica y el raciocinio no tienen cabida en la narración. Hay que destacar a un personaje magnético: una heroína que se hace llamar “Domino” (aunque en realidad es una suertuda, interpretada por una carismática Zazie Beets) que nos va asombrando por la manera en que el azar la bendice. Otro superhéroe efímero es “Vanishing” (desaparecido), al cual nunca vemos porque es invisible (obviamente), excepto en un momento crucial y nos damos cuenta que el actor que lo “interpreta” es Brad Pitt. Así, entre sorpresas y momentos muy agradables (con un total reparto de excelencia), se va desarrollando el enésimo cuento moral del universo Marvel pero ¡qué manera de contarlo!, ¡qué sentido del humor!, ¡cuánta gracia! Una de las mejores películas en lo que va del año. 

El realizador David Leitch ha sido actor
y doble de acción por años

miércoles, 16 de mayo de 2018

REGRESO AL INFIERNO PERSONAL


EL CIUDADANO ILUSTRE
2016. Dirs. Gastón Duprat y Mariano Cohn.




         Daniel Mantovani (Óscar Martínez) es el arrogante, egocéntrico y displicente escritor argentino que ha ganado el premio Nobel. Su postura personal lo lleva a despreciar el protocolo de la nobleza y comenta que esta distinción será una especie de cierre de su carrera. Cinco años más tarde, en Barcelona, donde ha vivido desde hace cuarenta años, recibe la invitación de asistir a una ceremonia donde se le nombrará ciudadano ilustre de Salas, su pueblo natal. Comenta a su asistente que fue lo mejor que pudo haber hecho pero luego, dentro de sus contradicciones, acepta volver. Lo hace pidiendo que no haya periodistas ni anuncios oficiales. Su llegada es accidentada, se nota que los habitantes del pueblo no tienen la menor idea de lo que significa el trato a una personalidad. Inician los reencuentros con las viejas amistades o amores así como las actividades simples, convenencieras y políticas dentro del civismo pueblerino: impartir una cátedra, ser jurado de un concurso de pintura, recibir la medalla de ilustre, develar un busto en la plaza del lugar. Sin embargo, toda la corrección y admiración inicial se va transformando en un descenso al infierno de la mediocridad, los intereses particulares, la ignorancia, el sometimiento, el poderío de las personas ricas del pueblo, entre otros trances siniestros. Está dividida en cinco capítulos como novela que deviene la cinta en sí.

Óscar Martínez, excelente. Fue el mejor
actor en el Festival de Venecia 2017

         Daniel Mantovani se ha acostumbrado al trato especial y distinguido. Al llegar a su pueblo asume una actitud modesta en su trato pero resulta intolerante ante la estupidez o la ingenuidad de la cual quiso huir años atrás (“mis personajes no logran salir de donde yo escapé”). La cinta es mordaz inicialmente: asistimos a un desfile en el carro de bomberos donde el alcalde y la reina de la belleza del pueblo lo acompañan para recibir la ovación del pueblo; vemos un vídeo donde se narra su historia que está filmado de la manera más elemental y cursi; lo vemos en un programa de la televisión local donde el productor le pregunta cuál es su nombre y profesión. Luego viene el drama: el reencuentro con el viejo amigo que le confiesa que se casó con la novia que dejó detrás; las personas que piden favores: el que ha vivido la fantasía de que su padre inspiró uno de los personajes de una novela. El destino, la corrupción, la hipocresía se interponen en su camino. Lo más interesante es que no se recurre al retroceso en el tiempo: todo el pasado se puede descifrar con gestos, actitudes, algún dato, que viene a ser una cualidad. Se evita caer en el melodrama ramplón: Mantovani es producto de su pasado y ahora es el presente.

El evento oficial para nombrarlo ciudadano
distinguido al lado del alcalde y de la reina de belleza
del pueblo.

El reencuentro con el amigo y la novia que dejó,
quien ahora es su esposa.

         El encuentro sexual con una joven contestataria y audaz; el enfrentamiento con el “artista” mediocre del pueblo quien preside la sociedad artística, además de participar el concurso que la misma organiza; la visita al burdel local o a la vieja casa donde vivió, ahora transformada en peluquería, proporciona un dejo de tristeza. Si uno lo compara con la realidad que vivimos se puede extrapolar a experiencias usuales en Latinoamérica. El ficticio pueblo de Salas puede equipararse con nuestros municipios con sus concursos de belleza, sus directores de cultura, su doble moralidad, su hegemonía de la riqueza. Ante la mediocridad que le rodea, Mantovani se irrita aunque, paradójicamente, refleja su propia realidad. Uno imagina la fuente que inspiró al guionista para crear este argumento: el Nobel de los supuestos progresistas pero en el fondo conservadores y presuntuosos explotadores de su poder. Finalmente el petulante personaje no puede despojarse de sus orígenes, ni evitar ser el reflejo, en otro nivel, de la misma gente que desprecia: uno, ellos, él mismo.

Mariano Cohn y Gastón Duprat


        
de

sábado, 12 de mayo de 2018

EL ANHELO POR VIVIR


VIOLETA AL FIN
2017. Dir. Hilda Hidalgo.



         “¿Qué edad tiene su tía?” – le pregunta Violeta, quien anda por los 72 años, a su inquilino Francisco.
         “No sé, creo que 66…” – es la respuesta a lo que la mujer contesta:
         “¡Ah!, entonces está joven”.

Eugenia Chaverri, una excepcional actriz costarricense
que apenas surge en pantalla

         La cinta nos presenta a Violeta (Eugenia Chaverri, excepcional) una mujer anciana como símbolo de vitalidad, divorciada, quien toma clases de natación y quiere convertir su enorme casa, reliquia de un pasado que ha transformado a las grandes urbes en colección de edificios de apartamentos, tiendas comerciales o estacionamientos, en una pensión, para aprovechar los cuartos vacíos y el hermoso jardín. La casa es un oasis en el centro de la costarricense San José, suya por derecho propio, ya que ahí pasó su niñez, adolescencia,  madurez, y sigue hasta ahora. Los hijos de Violeta no le encuentran razón de que permanezca ahí, cuando pudiera venderla con gran ventaja económica, e irse a vivir con uno de ellos. Violeta todavía tiene sueños y esperanzas: valora mucho su independencia. Cuando su nieto le pregunta si piensa vivir hasta los noventa años, ella le expresa que son muy pocos, que apenas hasta los ciento veinte quizás. Violeta es el ejemplo contrario de la persona que, si vive deprimida, ya no le encuentra sentido a la vida y espera la muerte. Aunque los hijos piensen que a su edad no es conveniente iniciar nuevos planes (su pensión, sus clases de natación), Violeta mantiene los pies en la tierra. Excomulgada por su divorcio, se confiesa, cumple penitencia, pero su sacerdote no le permite recibir la hostia. Ella misma, prudente y siguiendo una ética personal, no transgrede el mandato. Violeta es el retrato de la mujer que confía en sí misma y en sus reuniones semanales con las buenas amigas. Contra las ideas de sus hijos, coloca un anuncio para rentar un cuarto y es su profesor Francisco Rivera (Gustavo Sánchez Parra en un rol amable, alejado del estereotipo en el cual fue encasillado) quien lo toma. 

Violeta en familia con su hija e hijo, nuera y nietos,
aparte de su primer inquilino

         Todo va caminando perfectamente hasta que decide ir al banco a pedir un préstamo para arreglar la casa como su anhelada pensión y encontrarse con la triste realidad: la casa fue hipotecada por su ex marido quien nunca pagó las mensualidades y ahora la deuda ha alcanzado la cantidad de 60 millones de colones (unos dos millones de pesos). La amenaza es que el banco pueda requisarla para remate. Otra alternativa es la venta que tanto le han sugerido sus hijos. Violeta se encuentra ante una disyuntiva que tratará de salvar buscando alternativas. Mientras tanto, se refugia en el pasado, en su maravilloso jardín, en las pláticas con su inquilino, retrasando su agonía personal.

Gustavo Sánchez Parra en un rol amable,
tan destacado como siempre

         La cinta nos habla de la relatividad de la vida. Mientras más se envejece, se incrementa el valor del tiempo. Así como para Violeta una persona sexagenaria es joven, para un niño la treintena ya es el paso previo a la decrepitud. No queda más que alimentar el optimismo, aprovechar las ventajas de salud, apreciar lo que la misma existencia nos ofrece todavía como oportunidades. Sin embargo, está la contraparte: el instante que cambia todo. A Violeta pudo haberle dado una apoplejía y quitarle su independencia, pero en este caso se encuentra el error humano que la viene a limitar en sus sueños y en lo que reste de su futuro. No puede contarse lo que sucede, pero Violeta viene a comprobar que el pasado permanece dentro de nosotros; que los recuerdos son maravillosos pero solamente son eso y que, algún día, lo cotidiano, lo que se experimentó, lo que construyó nuestra realidad, se tornará en humo.

El agua: la independencia, la esperanza

         Una excelente coproducción entre México y Costa Rica, dirigida por una talentosa realizadora (en su segundo largometraje) que conmueve y nos hace reflexionar acerca de la edad y nos permite saborear el significado de la esperanza. No puede detenerse al tiempo ni al desarrollo pero si se pueden colocar individualmente los límites de su goce y disfrutarlo, aunque de repente todo pueda cambiar: algo natural.

La realizadora Hilda Hidalgo

martes, 8 de mayo de 2018

LA FÁBULA CANINA


ISLA DE PERROS
(Isle of Dogs)
2018. Dir. Wes Anderson.



         Siempre he comentado que Anderson es un realizador fuera de serie que se atreve a contar historias que suceden en ámbitos prácticamente irreales, notoriamente falsos, con personajes cuyos alcances son exagerados. Viaje a Darjeeling, Un reino bajo la luna o El Gran Hotel Budapest, por mencionar los logros más recientes, entrañables y conmovedores, nos hablaban de seres cuyas vidas usuales eran modificadas por situaciones externas e incontroladas. Ahora, por segunda vez, dentro de la animación cuadro por cuadro (stop-motion animation, en inglés), utilizando títeres magníficamente diseñados y creados, repite la temática con perros.

El malvado alcalde Kobayashi

         Luego de una lucha constante por la dinastía Kobayashi contra los perros, finalmente, en un futuro cercano en Japón, su líder ordena la expulsión de todas estas mascotas a una isla donde se concentra la basura. El pretexto es que los animales han contraído moquillo, entre otras infecciones. En realidad, todo ha sido provocado por el alcalde de Megasaki. El primer perro en ser expulsado es Spots (la voz de Liev Schreiber) que pertenecía Atari, hijo adoptivo del alcalde. Luego de cierto tiempo, el niño de doce años, roba un avión y llega a la isla para buscar a su mascota. Es recibido por cinco perros: uno de ellos es el rebelde Chief (con la voz de Bryan Cranston), callejero, desobediente, provocador de todas sus propias desgracias. Habrá muchas aventuras para encontrar a Spots, quizás ya muerto, para que se logre la camaradería entre Atari y el perro, para que se descubran muchos secretos.

Los cinco perros magníficos
y contradictorios y democráticos

         Estamos ante la fábula del perro que encontró su destino, del perro que descubrió sus cualidades internas, del perro que aprendió a amar, del perro que simboliza a todas las especies que son amigas fieles del ser humano. Su apoyo al joven niño logrará derrocar tiranías y hacer que su contraparte homínida encuentre su esencia. Un despliegue técnico magistral para narrar una trama que rinde homenaje al cine oriental y a los maestros de las técnicas de animación. Un divertimento que no profundiza ni adelanta la carrera del realizador pero que subraya el talento y la capacidad de dirigirse al espectador para provocarle reflexiones sobre sí mismo a través de metáforas visuales.


Atari logra conmover al rebelde Chief
quien siempre ha evitado ser feliz

         La cinta está tan bien narrada que la mitad contiene diálogos en japonés que no son traducidos y no hacen falta. Posee la gran ventaja de presentarse en idioma original, sin doblaje, porque “no está dirigida a niños” (aunque en realidad no contiene nada ofensivo ni cuestionable para los pequeños). Sus sagaces comentarios sociales incluyen a un perro llamado “Oráculo” porque simplemente repite lo que escucha por una televisión convirtiéndole en “profeta”. Todo el escenario ofrece referencias a viejos estilos de decoración y decorados orientales.
Oráculo, el profeta visionario, porque
repite lo que ve por televisión


         Es una película que merece muchas repeticiones: su riqueza visual, de detalles, de comentarios, de voces al fondo, hace que de repente se pierdan algunos o algunas. Hay que retornar para ir complementando y abundando en toda la minuciosa laboriosidad de ejecución. Anderson es un artista fuera de serie con mundos particulares que nos parecen extraños pero que en realidad son en los que estamos inmersos. Deliciosa experiencia.

Kunichi Nomura, Jason Schwartzman,
Wes Anderson y Roman Coppola,
los cuatro guionistas


        

sábado, 28 de abril de 2018

INFINIDAD DE SUPERHÉROES


AVENGERS: INFINITY WAR*
2018. Dirs. Anthony Russo y Joe Russo.



         Puede decirse que es la película más estelar de toda la serie de producciones que han salido de los estudios Marvel. Al reunir a la mayoría de sus personajes, estamos ante la reunión de grandes nombres del Hollywood contemporáneo. Con esto, ya se ganó un lugar en el futuro. Segundo gran taquillazo del año luego de Black Panther, que demuestra las posibilidades de un género. Al pensarse que se han agotado las cintas con superhéroes, llega otra que asombra de alguna manera por dos motivos: el giro que se le da a la trama añadiéndole sorpresas inesperadas, además del director (directores, en este caso) que le imparte textura, ritmo y toque personal (hay una bella secuencia donde Thanos recuerda, y sublima, un raro momento de humanidad, producto de su crueldad y ambición). Al repetir a los guionistas de sus dos cintas previas con el personaje del Capitán América, se mantiene cierta congruencia y se nota mayor habilidad narrativa.


         La cinta muestra básicamente al titán Thanos (Josh Brolin, caracterizado digitalmente) en busca de las piedras preciosas que regulan al universo (tiempo, espacio, realidad, etc…) y le darían, al reunirlas, el poder necesario para acabar con media humanidad: su respuesta genocida para acabar con lo que piensa que es el mal del universo. Ha invadido los lugares donde se mantienen a estas gemas, dejando desolación y muerte. Al inicio casi ha terminado con Thor y se deshace de Loki. Ante la situación, comienzan a unirse los diferentes personajes que conocemos para formar un frente común de combate. No puede contarse más. 


         Con una peligrosa duración de dos horas y media (por la tendencia a caer en el aburrimiento), la cinta se mantiene equilibrada gracias a su estructura narrativa: se divide la acción entre varios grupos de luchadores y otra con el villano de la fábula. La alternancia logra mantener la atención, y la trama, al unir a todos los personajes, permite la diversificación de locaciones. Lo más importante: suceden hechos inesperados aunados al sacrificio, a los secretos revelados, a la invulnerabilidad que resulta recurrente en personajes que se pensaban indestructibles. Todo se resume en la premisa básica de cuento moral que, en este caso, no se resuelve convencionalmente: aparte del peligro de la duración, estaba otro mayor ante la posible desilusión del público por el desenlace. Tal parece que el magnetismo de la obra total ha sido superior a estas decisiones aventuradas que se agradecen. Ahora habrá que esperar a 2020.



*La película se ha estrenado mundialmente sin título traducido en los idiomas correspondientes a cada país. Su mejor traducción en español sería: Los vengadores: la guerra del infinito, más que guerra infinita.