sábado, 14 de julio de 2018

SIN VÉRTIGO DE ALTURA


RASCACIELOS: RESCATE EN LAS ALTURAS
(Skyscraper)
2018. Dir. Rawson Marshall Thurber.



         Will Sawyer (Dwayne Johnson) es un especialista en seguridad que es contratado por el billonario Zhao (Chin Han) para encargarse de su espléndido edificio en Hong Kong que consta de 220 pisos y 900 metros de altura. Para ello, Will ha llevado consigo a su esposa Sarah (Neve Campbell) y su par de gemelos. Ocurre un sabotaje que incendia al edificio dos pisos debajo de donde se encuentran la mujer y los niños. Will tiene, por lo tanto, que salvarlos. Así, de manera sucinta, le comento la trama de una película bastante fallida: filmada con fórmulas ya conocidas, carece de frescura. Realizada con la intención de darle otros matices a tramas conocidas [el antecedente cinéfilo y  obligatorio es Infierno en la torre (The Towering Inferno, 1974) y la cuestión familiar es asunto de muchísimas películas, aunque al ocurrir todo en un edificio se refiere, básicamente, a Duro de matar (Die Hard, 1988)] y volver a dotar de casi súper poderes al hombre aparentemente común, pero que entre sus características para que sea invencible es poseer un pasado de instrucción policiaca o militar (en este caso, Will estuvo en el FBI, Sarah fue doctora en campos de combate). Todavía se complica más el asunto al presentar a Will como hombre con una sola pierna, por lo que usa una artificial: hecho que no será más importante que detener una puerta.


         El problema de la película reside en que sus personajes no producen empatía y son muy evidentes: inmediatamente se da uno cuenta que alguien del equipo del billonario será traidor; el amigo del héroe, al ser interpretado por un actor ya encasillado en villano (Pablo Schreiber), se abrirá de capa a los quince minutos de la cinta; los otros personajes negativos serán terriblemente malvados. Hemos visto esta película en tantas ocasiones que, al menos, se pide gracia. Dwayne Johnson ha salvado muchas películas por su innegable simpatía y en este caso, el guion no le ofrece posibilidades.


         Lo más ingenioso de la película es una habitación llena de pantallas que presentan diversos ángulos de cada persona que se encuentra dentro de ella: es una posmoderna casa de espejos. Remite, inevitablemente, al final de la cinta de Welles, La dama de Shangai (The Lady from Shanghai, 1948) y su truco narrativo se repite, puesto al día, para darle, al menos, cierta soltura a la trama: lástima que llega cuando todo se ha perdido.

jueves, 5 de julio de 2018

LA SIMPATÍA ABSOLUTA


ANT-MAN Y LA AVISPA
(Ant-Man and the Wasp)
2018. Dir. Peyton Reed.



         Retorna el delicioso personaje de los Estudios Marvel que, junto con Deadpool, fueron las sorpresas del 2015. Personajes menores, iconoclastas, ligeros, con defectos, que tuvieron la suerte de ser interpretados por actores carismáticos, tener un reparto que en conjunto funciona de manera perfecta, además de poseer un sentido del humor inteligente y desternillante (fíjense en las distracciones que ocurren durante las conversaciones o, sobre todo, en la maravillosa secuencia del “suero de la verdad” donde Michael Peña, con su voz y simpatía, transforma a todos los personajes).


         Luego de una corta intervención en Capitán América: Guerra civil, ahora tenemos a Scott (Paul Rudd, magnífico como siempre), estelar, en su mundo, pero privado de su libertad en prisión domiciliaria, a dos días de cumplir su condena, sin la posibilidad de comunicarse con su mentor Pym (Michael Douglas) ni su amada Hope (Evangeline Lilly). Un prólogo nos narra la pérdida que tuvieron ambos treinta años atrás cuando Janet, la esposa de Pym se perdió en la región cuántica, el intersticio que existe entre las moléculas donde se confunden el tiempo y el espacio, por disminuir tanto su tamaño que quedó atrapada. Scott pudo hacerlo y retornar en el pasado por lo que hay cierta conexión mental que permitirá localizarla y traerla de vuelta a la realidad: es el interés por parte de los científicos que, de alguna manera, reprochan las acciones anteriores de Ant-Man.


         La cinta vuelve a ofrecer un guion bien escrito, compacto, con un par de villanos (uno normal, otra con superpoderes) que andan tras el edificio que contiene laboratorio y tecnología del Dr. Pym, por lo que la cinta no pierde rumbo, alterna los absurdos naturales, las partes heroicas, los momentos de suspenso, además de ese humor extraordinario. Los efectos visuales son delicados [la región cuántica es una explosión de colores y formas que recuerdan, de forma primitiva, al interior del cuerpo humano en Viaje fantástico (Fleischer, 1966) aunque con mejor resolución] y frenéticos (los cambios de tamaño y la edición, sobre todo en momentos de persecuciones, son magistrales).

Michael Peña (en medio) y los amigos de trabajo de Scott
son los que producen hasta la carcajada

La fábula moral que se repite y toma matices (la villana tiene motivos familiares que permiten la comprensión; el villano terrenal es completamente malo y caricaturesco). El gran éxito de estas sagas heroicas ha ocurrido cuando los actores y actrices son los adecuados, simpáticos y empáticos, aparte de atractivos. Mayor ventaja cuando todo es familiar (Scott es un padre amoroso; Pym hace todo por su esposa e hija) además de permitir la risa y hasta la carcajada. No elaboro más porque estas películas tienen un marco de referencia general que requiere un análisis global que alguna vez realizará una mente crítica, sin escrúpulos. ¡A gozarla!

El realizador Peyton Reed


        

lunes, 2 de julio de 2018

LA VIOLENCIA QUE NOS UNE


SICARIO: EL DÍA DEL SOLDADO
(Sicario: Day of the Soldado)
2018. Dir. Stefano Sollima.



         Retornan los personajes del abogado vuelto mercenario  Alejandro Gillick (Benicio del Toro) y el consultor (ejecutor) del Departamento de Justicia Matt Graver (Josh Brolin) porque han ocurrido actos terroristas en Estados Unidos. Los responsables del acceso de estos criminales suicidas se debe a los cárteles de la frontera que ayudan a su entrada ilegal al país vecino. Debe, entonces, buscarse la manera de que los cárteles se peleen entre sí para tener un pretexto de ataque y eliminación. Se secuestra a la hija del mafioso Reyes, Isabel (Isabela Moner) haciéndolo pasar como acción del cártel rival pero las cosas se salen de control.


         La acción inicia en la frontera mexico-estadunidense donde un terrorista se inmola matando a policías norteamericanos. Luego, varios de estos hombres cometen los mismos actos suicidas en un supermercado en Kansas City. Graver busca al líder somalí que permite el traslado de estos tipos hacia México para, de ahí, pasarse al otro lado. Deben detenerse estos accesos: Graver viaja hasta Bogotá buscando a Alejandro quien tiene pendiente, además, la venganza por la muerte de su esposa e hija a manos de Reyes. Los hechos suceden con rapidez y no se detiene ante fronteras o soberanías: en todos lados hay corrupción, pactos de pseudocaballeros (porque finalmente se traiciona al otro) y la fina línea que separa al bueno del malo, ya se desdibuja. La gran diferencia de esta cinta con la original (Sicario, 2015, Denis Villeneuve) reside en el escrúpulo moral que representaba la agente Kate (Emily Blunt), quien ya no aparece aquí, y dejaba de lado todo asqueada por los manejos amorales de todos.


         La gran ventaja es que sigue siendo el mismo guionista (Taylor Sheridan) por lo que se mantiene la unidad de trama y objetivos de los personajes. Alejandro se redondea al ser humanizado (utiliza el lenguaje de señas con un sordomudo porque su hija tenía esa discapacidad; la alternativa de vengarse en la persona de Isabel está siempre contenida) y hasta tiene un final casi inverosímil aunque todo se debe a una razón: la siguiente secuela. Matt sigue siendo ajeno a las reglas y no se detiene ante la destrucción o el desprecio hacia los seres inferiores (no puede evitarse: la cinta tiene su matiz racista). Nada importa si se busca mantener la paz, si se quiere limpiar la casa de uno sin que les importe las de los otros.


         Hay un personaje secundario desde el inicio de la cinta: Miguel (Elijah Rodriguez) quien es el aspirante a hampón, a pertenecer a los crueles cárteles donde solamente importa cumplir órdenes. De alumno de escuela que vive en la frontera norteamericana, junto al río, en McAllen, su primo lo introduce al coyotaje haciéndole ganar mucho dinero y presentándolo al operador de estos cruces ilegales, Gallo (Manuel García-Rulfo, siempre excelente). Su lealtad lo llevará a un conflicto de conciencia (aquí se desvía, indirectamente, la personalidad de la soldado Kate en la cinta original, aunque sin contundencia) que, no obstante, seguirá marcándolo para la vida.


         El realizador Sollima (hijo de Sergio Sollima quien, en los años sesenta, filmaba cintas de gladiadores, caballitos a la italiana o tramas violentas como Asesino vengador con Charles Bronson antes de que alcanzara su segundo aire, y el estrellato, con la serie de El vengador anónimo y otras cintas afines) mantiene una narración firme, plena de suspenso. Su experiencia, más que nada en series de televisión, con el tema de la mafia y el crimen sin sentido, se nota en esta interesante película.

         Finalmente, es una triste realidad que el cine nos la muestre de manera tan cínica aunque sabemos que en lo cotidiano es peor, plena de injusticias, abusos, venganzas infinitas. Por otro lado, es una cara del país vecino donde la prepotencia y el hartazgo por la violencia da lugar a estas denuncias que siempre serán peores de nuestro lado: al acusar al otro, surge de inmediato el reflejo, como en un espejo, indicando que, en realidad todos somos culpables. El mundo ha decaído, la corrupción es rampante y no se elimina, ni se eliminará, por decreto.

martes, 26 de junio de 2018

LA EXTINCIÓN... DE LA RAZÓN


MUNDO JURÁSICO: EL REINO CAIDO
(Jurassic World: Fallen Kingdom)
2018. Dir. J. A. Bayona.



         El magnate Lockwood (James Cromwell) ha llamado a la joven Claire (Bryce Dallas Howard) para que recupere varias especies de dinosaurios que se encuentran en la Isla Nublar ya que un volcán activo amenaza a estos sobrevivientes del viejo parque de atracciones. Ella es la única que puede reactivar el sistema que tiene registrados electrónicamente sus ubicaciones. Para ello, busca al domador Owen (Chris Pratt), ahora retirado, trabajando en la construcción de su cabaña. Ambos reanudan su amistad, viejo romance, para llegar a la inestable isla. Ahí se dan cuenta que han caído víctimas de una intriga formulada por el protegido del magnate, Eli Mills (Rafe Spall) quien quiso rescatar a estos animales con el afán de venderlos entre los millonarios del mundo. Además, hay otro secreto terrible: Mills ha utilizado al genetista Wu (B. D. Wong) para “construir” un feroz e indestructible dinosaurio como futura arma bélica. Owen y Claire tendrán que evitar las siniestras pretensiones.


         Todo lo que había parecido negativo o soso en Mundo Jurásico (Trevorrow, 2015) ha desaparecido por arte de magia, o más bien, demolido, reconstruido y pulido debido a la magia de Bayona quien ya había demostrado su dominio del espectáculo en Lo imposible (2012) así como sus dotes de buen narrador desde El orfanato (2007). Aquellos dinosaurios que ya no provocaban asombro, ahora se tornan amenazantes y aterradores. La trama resulta compacta, se desarrolla con rapidez y abarca diversas circunstancias que pasan del altruismo a la ambición y finalmente a cierto desasosiego y predicción apocalíptica. Antes de la liminar trama que les he comentado, existe todavía el prólogo: el científico Ian (Jeff Goldblum) habla ante un consejo de seguridad del Congreso acerca del dilema: salvar o no a los animales que se encuentran en la volcánica isla. El científico dice que no: estos animales fueron creados por el hombre contra el orden de la naturaleza y es mejor que se extingan. Otras facciones de la sociedad lo rechazan. Sin embargo, no habrá recursos para salvarlos, lo que provoca la desazón de Claire. Es entonces cuando entra la labor altruista del magnate que ignora las negras razones de su empleado.


         Desde las acciones provocadas por la ambición inicia la angustia y desasosiego del espectador. Bayona sabe complementar las típicas secuencias de acción que incluyen el peligro de ciertas especies mortales con las vulnerabilidades humanas. No en vano el personaje de un joven genio cibernético que vive asustado (con razón), el domador narcotizado al cual la lava acecha casi sin tregua o la necesidad de alcanzar el último transporte que permitirá la continuidad de la aventura, al retornar a la California del Norte; sin embargo, a lo lejos, se ve la triste escena de un Diplodocus, de cuello largo, herbívoro, inofensivo, cuya imagen se va disolviendo entre el humo provocado por la lava que cae al mar: es la extinción.

Owen con el pequeño Blue
Owen con el ya crecido Blue

         O tenemos otra secuencia muy inspirada: mientras Owen ayuda en el intento de salvación de su querido Blue (ahora herido de bala), al cual había criado desde pequeño, demostrando su inteligencia, cuando existía el parque de diversiones, su mirada refleja un viaje al pasado que, por edición alterna, vamos reviviendo en imágenes que la nieta de Lockwood mira en un viejo vídeo en la pantalla de un laboratorio donde Owen entrena al dinosaurio infante. (Esta niña es otro personaje clave en la película de la cual no les comentaré nada pero que viene a ser un comentario sobre la ingeniería genética y el ser humano: hombre contra naturaleza).


         Está el discurso político-económico: los animales son subastados al mejor postor. En estos tiempos neoliberales, los compradores son del mundo: se muestran a través de clichés entre rusos, orientales o británicos, todos como seres sin escrúpulos ni sentido ni razón más allá de la posesión. Que surja el capital, la circulación del dinero para obtener algo único que, hasta ese momento, no tiene copia aunque mañana sí, acorde con las intenciones del que los ha enajenado: es la total insensatez. No obstante, está la sensibilidad de una trama que utiliza la alegoría política para hablar de hechos actuales: los inmigrantes que requieren un nuevo hogar, pero que dejen ganancia (otro tipo de esclavitud al cual se someterá a estos especímenes). Peor aún, para utilizarlos como criminales potenciales.


         La cinta ofrece momentos gratos con la presencia de la legendaria Geraldine Chaplin (tan asentada en el cine español de los años sesenta y setenta, ahora muy avejentada). Bayona utiliza a su fotógrafo favorito, lo mismo que a su editor usual, quienes realizan una loable labor en sus oficios. Aparecen los usuales clichés: el pleito amigable entre viejos amantes o la frase “Dios no entra en esta ecuación” que Goldblum maneja ante las oposiciones a su petición de extinción, además del maniqueísmo de villanos absolutos, sin medias tintas, y personajes totalmente honrados y decentes. La cinta maneja un mensaje apocalíptico: es una nueva era a la cual tendremos que enfrentar. Uno piensa en los fenómenos climáticos, en alguna terrible epidemia, en la guerra nuclear, en los emigrantes que no encuentran asilo, en los populismos convenencieros, hipócritas y cercanísimos, en la economía emoliente, en la falta de esperanza, en la extinción de la razón: lo cotidiano.

 Bayona, otra vez deslumbrante










lunes, 11 de junio de 2018

OBRA MAESTRA


EL LEGADO DEL DIABLO
(Hereditary)
2018. Dir. Ari Aster.



         Así como James Wan revitalizó al género de terror dentro del tema de la casa embrujada, ahora el debutante Ari Aster lo logra al tratar el asunto de la brujería y el culto al demonio. Estamos dentro de la atmósfera que hace cincuenta años logró Polanski con La semilla del diablo (Rosemary’s Baby, 1968) donde la antiquísima cofradía de adoradores del demonio establecía las condiciones para el nacimiento del Anticristo. En este caso, el mismo título original de la cinta (“Hereditario” en español) ya nos introduce a una tradición de familia. Sin embargo, todo se irá desarrollando lentamente aunque sus personajes se encuentran atrapados dentro de un destino implacable, así como los muñequitos miniatura que la artista Anne (Toni Collette, magnífica como siempre) fabrica para sus creaciones que le han dado renombre en las galerías.


         Annie acaba de perder a su madre. Está casada con Steve (Gabriel Byrne, excepcional actor quien nunca se ha retirado pero ya requería una cinta taquillera) y tiene un hijo quinceañero, Peter (Alex Wolff) y una hija de trece años, Charlie (la feísima Milly Shapiro que, sin embargo, queda perfecta para su papel). Annie asiste a una reunión de motivación para quienes han perdido a algún ser querido y ahí da a conocer que la relación con su madre fue tirante: no le permitió que dominara a su hijo, pero le entregó a su hija quien ahora extraña a su abuela. Un accidente cambiará toda circunstancia previa. Una persona se acercará a la mujer para consolarla y hacerle saber una forma de resignación y recuperación que pondrá a toda la familia en jaque. Es muy difícil hablar de este tipo de cinta sin echar a perder la sorpresa y la delicia del descubrimiento del espectador.


         Se habla del libre albedrío imposible. Estamos ante una nueva tragedia griega donde el destino, como lo mencioné antes,  ha marcado a sus protagonistas. Existe la conspiración insospechada. Habrá un descubrimiento que permitirá conocer el legado de una madre alejada de todo estereotipo pero acorde con la fidelidad hacia sus creencias a través de su familia: otra forma de abnegación. No podrá haber escape, no se cumplirán las reglas del juego. El mal acechante sigue adelante. Narrada magistralmente, la trama se desenvuelve dejando pistas visuales, solidificando a cada personaje, interiorizando en las angustias y en los sentimientos internos, dando giros que luego serán sorpresas. Dejarán al espectador con alguna confusión que no es grave: la finalidad se cumple sin complacencia. No puedo decirle más, por desgracia. No deje de verla. Una de las mejores películas del género y en lo que va del año.

miércoles, 6 de junio de 2018

UNA PASIÓN SUSPENDIDA


SUEÑO EN OTRO IDIOMA
2017. Dir. Ernesto Contreras.



         Un joven lingüista, Martín (Fernando Álvarez Rebeil) llega a una población en el sureste de México. Anda en busca de los sobrevivientes de la cultura (inventada) Zikril para rescatar su lengua a punto de extinción. Se encuentra con la vieja Jacinta (Mónica Miguel) y la triste novedad de que los otros dos restantes, Evaristo (Eligio Meléndez) e Isauro (José Manuel Poncelis) están peleados a muerte y no se hablan, algo que afecta la investigación del joven porque la única manera de escudriñar la casi desaparecida lengua, se requiere escucharla en una conversación. Martín trata de persuadirlos a través de la anciana pero luego, de pronto, ella muere. Martín inicia una relación con la nieta de Evaristo quien le cuenta los motivos del pleito: cuando eran jóvenes, ambos conocieron a María (Nicolasa Ortiz Monasterio). Isauro descubrió a Evaristo teniendo sexo con la muchacha. Cuando volvieron a verse Isauro se le insinuó sexualmente por lo que, primero, fue rechazado por Evaristo quien luego recapacitó y dio rienda suelta a su sentimiento, su verdadera orientación. No puede contarse más sin que se limite el disfrute de la película.

Eligio Meléndez y José Manuel Poncelis

         Estamos ante la pérdida de una cultura porque sus representantes están muriendo o no se hablan. Transversalmente, la estación de radio local que llega a la población de bajos recursos o ascendencia indígena, transmite lecciones de inglés ya que la mayoría de los oyentes pretende emigrar (o sueña trasladarse) a Estados Unidos. Estamos en la época de la multiculturalidad y la pérdida de las tradiciones.  El falso lenguaje zikril es mera metáfora que universaliza la destrucción (ya sea natural o intencional, en nombre del progreso) de un mundo que va quedando en el pasado. Las tradiciones y creencias van también muriendo: los zikriles creen que pueden comunicarse con las aves, además de poder reunirse con los muertos en una gran caverna.



Los viejos recuerdan a sus jóvenes imágenes

         Todas estas grandes pérdidas traen consigo otro tipo de quebranto: una pasión suspendida por los atavismos y las limitaciones sociales que solamente podrá redimirse cuando se llegue a otra dimensión. El realismo mágico de indígenas que permanecen, aves que cantan en momentos cruciales, recuerdos que no se abandonan pero que se continúan reprimiendo. La película toma dos grandes rumbos: uno en cuanto al importante señalamiento de la extinción de especies, lenguas, tradiciones, pero más importante, otro que resulta del amor no permitido que dio lugar a la extinción del alma. 

domingo, 27 de mayo de 2018

CUIDAR A LOS OTROS


NUNCA ESTARÁS A SALVO
(You Were Never Really Here)
2017. Dir. Lynne Ramsay.



         Basada en una novela corta (ni siquiera alcanza las 100 páginas) de Jonathan Ames publicada en 2013, tenemos la historia de Joe (Joaquín Phoenix), un mercenario a sueldo que se encarga de rescatar a niñas que han sido secuestradas para explotarlas sexualmente. Utiliza un martillo que compra nuevo para cada trabajo y tiene un “agente” que le consigue trabajos.  A través de imágenes cortas que muestran su pasado, uno se entera que fue abusado y torturado por un padre cruel o que estuvo en la guerra donde fue testigo de sus atrocidades. Joe, sin embargo, tiene otro aspecto en su vida: cuida de su madre anciana. El siguiente trabajo será encontrar y salvar a la hija de un senador que lo llevará a involucrarse con la perversión y podredumbre inherente en los círculos del poder. Debe seguir cuidando a los demás.

Cuidar de la madre y de las víctimas

         La cinta nos habla de alguien que se preocupa por los demás, por los inocentes sin protección, por los seres que muestran compasión, pero que puede matar sin ella a quienes abusan de los demás. Joe no tiene mayor aspiración en la vida y de ahí que, cuando las cosas se revierten, no le queda más que pensar en el suicidio y, paradójicamente, es lo que le vuelve a dar esperanza. La trama se narra con infinidad de elipsis (se muestra menos de lo que el espectador va creando por pistas que se le ofrecen) y aunque la violencia está presente (hay sangre, disparos, cuerpos), en realidad se evita mostrarlo: todo está en el sonido o en la situación indirecta (pantallas de cámaras de seguridad o tiros en cierta dirección para luego ver al cuerpo herido). Lo que se explicaba en la novela (ex agente de la CIA y anterior marino combatiente en Afghanistán) aquí se sugiere. Lo que se narraba con palabras aquí se compone de imágenes.

La cinta pertenece a Joaquin Phoenix

         Joaquín Phoenix ganó el premio como mejor actor en Cannes 2017 (una de las ediciones más afortunadas según se comprueba con todas las películas que nos han tocado ver) y fue muy merecido: la cinta le pertenece por completo y no puede uno dejar de verlo (como pasó en Un hombre irracional o Ella). Aparece la legendaria Judith Roberts (de Cabeza borradora y dos joyas de James Wan: El títere donde era la siniestra Mary Shaw y Sentenciado a morir donde era la jueza) como madre amorosa y necia que se asusta con Psicosis luego de verla por televisión o inunda el baño por descuido para subrayar el amor de su hijo. La realizadora escocesa Ramsay nos había ofrecido previamente otra cinta de culto (Tenemos que hablar de Kevin) y su estilo críptico y sugestivo nos trae a la memoria el cine de Mike Hodges (Carter – asesino implacable, 1971) y de John Boorman (A quemarropa, 1967), adaptados a los tiempos posmodernos,  por su narración entrecortada que reta al espectador para que ate cabos y disfrute de una trama harto conocida donde lo que la distingue es la forma para contarla.

viernes, 25 de mayo de 2018

LA CRUEL GUERRA


ENSIRIADOS
(Insyriated)
2017. Dir. Philippe Van Leeuw.




         Una coproducción entre Bélgica, Francia, Líbano y Alemania que sucede en un departamento en medio del desastre urbano de Damasco, en Siria, víctima de las luchas entre gobierno y facciones rebeldes. Todo sucede en un día, dentro de este espacio, donde vive Oum Yazan (la extraordinaria Hiam Abbass) con su suegro, dos hijas, un hijo pequeño, la criada Delhani (Juliette Navis, otro monumento a la actuación), el novio de la hija mayor, así como un matrimonio conformado por la rubia Halima (Diamand Abou Abboud, conmovedora) y Samir, con su pequeño bebé. Este último, se sabe, eran vecinos en un departamento superior ya derruido y arrasado por ladrones.

Estos personajes han hecho de este lugar su refugio existencial. La criada sale solamente para traer agua. Hay luz en ciertos momentos del día. A lo lejos se escuchan disparos y bombazos. Nadie se atreve a estar en el exterior porque hay francotiradores que simplemente disparan.

La extraordinaria Hiam Abbass

Delhani y Oum miran a lo lejos el cuerpo de Samir

         Halima y Samir piensan abandonar el país esa noche. Cuando Samir deja el apartamento por la mañana para encontrarse con su acarreador hacia el extranjero, resulta víctima de disparos. Lo atestigua la criada quien se lo cuenta a la señora Oum. Ésta, a su vez, le ordena que no le comente nada a Halima. Es preferible mantener la calma y evitar que se pierda la paz que hay dentro del hogar, único bastión y recuerdo de otros tiempos mejores. No obstante, esta tranquilidad se perderá al incursionar dos intrusos en el departamento dando lugar a un acto de valentía y de prudente cobardía por otro lado.

La cocina es el refugio ante los ataques y bombazos

Oum pide silencio ante la amenaza del exterior

         La cinta es un estrujante y emotivo drama claustrofóbico donde se mezclan libros, muebles, vestidos, que dan fe de tiempo atrás cuando existía la calma y el esplendor de ciudad y país, junto con el miedo, las carencias, los pleitos por lo cotidiano, el latente deseo sexual, la necesidad de estar encerrados con cerrojos y barrotes en la puerta. Cada vez que hay un bombazo, el polvo cunde y la tecnología desaparece. Oum se acostará sobre la mesa del comedor como escondite mental y símbolo de la unión familiar que tanto trata de preservar aunque su esposo militante no se encuentre en casa. El abuelo se sentará frente a sus libros y hojeará un álbum de viejas fotografías. Cada mañana, su mirada es hacia el exterior para ser testigo de la sinrazón, la idiotez humana, la ambición insensible al dolor con tal de mantener el poder.

Halima y Oum luego del ultraje y la cobardía.
Estamos ante una cinta de actrices extraordinarias.

La víctima, Halima, será mártir, recipiente de la brutalidad y falta de solidaridad porque existe el deseo de preservar la vida para recuperar, alguna vez, el pasado: algo que parece imposible cada amanecer.
Phillippe Van Leeuw filmó una coproducción
belga con actores multinacionales
y temática extranjera...

lunes, 21 de mayo de 2018

VUELVE EL HÉROE DIFERENTE


DEADPOOL 2
2018. Dir. David Leitch.



El tiempo que pasa uno riendo es tiempo que pasa con los dioses.
Proverbio japonés

         En 2016, la cinta original (Deadpool, Tim Miller) fue toda una sorpresa: un hombre con cáncer terminal adquiría superpoderes luego de ser sometido a un falso tratamiento que, en realidad, lo dejaba con el cuerpo estriado, aspecto seco. Malhablado, pansexual, incorrectamente político, llevaba a cabo sus hazañas de salvaguarda moral para la humanidad. Ahora, dos años más tarde llega la secuela que levantaba pocas expectativas: era difícil pensar que pudiera sobrepasar, pasada la novedad, los logros de la película primigenia. Sin embargo, estamos ante una total delicia, una farsa cómica que provoca la risa impulsiva, irreflexiva, por las situaciones, por lo absurdo del personaje, por la distancia que la misma cinta establece, sus parodias, burlas y risas contra otros personajes del mundo Marvel (hasta se ironiza contra el rival DC Comics). La cinta es tan buena que uno sale feliz de la sala (sobre todo si se vio en idioma original y la pantalla inmensa del IMAX).


La trágica amada de Wade

         Wade (el maravilloso Ryan Reynolds, también coguionista y coproductor: nada tonto) se quiere suicidar al inicio de la cinta… y lo logra. Nos muestra el antecedente cuando un tipo disparó sobre su amada Vanessa (Morena Baccarin) matándola. La vida ya no tiene sentido y expresa que quiere morir para emular a Wolverine (quien murió en la cinta de Logan). Sin embargo sabemos que eso no puede ser: sus pedazos son recogidos por Coloso quien lo lleva a la casa de los X-Men, de la cual deben partir hacia un orfanatorio donde un adolescente mutante se ha descontrolado: Russell (Julian Dennison), obeso, cuya mutación es la creación de bolas de fuego a través de sus puños. Tanto Russell como Wade son llevados a la prisión que encierra a mutantes hasta que llega Cable (Josh Brolin), un ciborg del futuro que desea eliminar a Russell para evitar que se convierta en un temible asesino con el paso de los años.


Deadpool debe salvar al obeso mutante

         Comienzan los enfrentamientos a los cuales ya estamos acostumbrados (en algún momento el héroe informa que sigue una obvia  secuencia con efectos visuales) pero tienen tanta gracia, los diálogos son tan divertidos por el ingenio y las referencias, que solamente estamos esperando cuál será el giro o el comentario a las usuales e inverosímiles peleas. En otro momento, para salvar a Russell, Wade recluta a varios superhéroes “menores” para conformar su X-Force (ya que piensa que X-Men es discriminatoria al mencionar solamente al género masculino) que da lugar a una secuencia hilarante e inesperada porque el destino de estos seres no es nada halagüeño y provoca la carcajada (no se lo contaré para que le sorprenda). La vulgaridad está presente: el uso de profanidades es extrema pero tiene sentido (no es como los comediantes de pacotilla o “standoperos” cuya nulidad graciosa se centra en palabrotas), lo mismo que la sexualidad (nuevamente Wade sugiere diversidad: abraza al metálico Coloso pero posa su mano en las esculpidas nalgas del personaje; hasta hay una referencia a Bajos instintos).


Un reparto espléndido con una graciosa
Domino y un contrastante Cable

         El mismo equipo de guionistas de la cinta original tuvo la suficiente sabiduría para no repetirse, darle una vuelta de tuerca a las constantes de un personaje aunque la lógica y el raciocinio no tienen cabida en la narración. Hay que destacar a un personaje magnético: una heroína que se hace llamar “Domino” (aunque en realidad es una suertuda, interpretada por una carismática Zazie Beets) que nos va asombrando por la manera en que el azar la bendice. Otro superhéroe efímero es “Vanishing” (desaparecido), al cual nunca vemos porque es invisible (obviamente), excepto en un momento crucial y nos damos cuenta que el actor que lo “interpreta” es Brad Pitt. Así, entre sorpresas y momentos muy agradables (con un total reparto de excelencia), se va desarrollando el enésimo cuento moral del universo Marvel pero ¡qué manera de contarlo!, ¡qué sentido del humor!, ¡cuánta gracia! Una de las mejores películas en lo que va del año. 

El realizador David Leitch ha sido actor
y doble de acción por años