sábado, 17 de febrero de 2018

HÉROE DE RAZA


PANTERA NEGRA

(Black Panther)

2018. Dir. Ryan Coogler.





            T’Challa (Chadwick Boseman) regresa al país natal de Wakanda para suceder a su padre, recientemente muerto, en el trono. Pasa por el ritual que le ofrece poderes especiales y que lo legitima como heredero, además de tornarlo en el héroe del título de la cinta. En Wakanda su fuerza proviene del “Vibranio”, un metal poderosísimo. De ahí que aparezca un villano (Klaue, interpretado por un gozoso y cínico Andy Serkis) y un agente de la CIA (Martin Freeman). Sin embargo, la preocupación mayor de T’Challa se encuentra en la aparición inesperada de un primo que se pensaba inexistente, Erik Killmonger (un carismático y físicamente impactante Michael B. Jordan quien nos hace cuestionar si no hubiera sido mejor héroe) quien revela un secreto del pasado y se anuncia con derecho al trono por lo que ocurre un combate entre los dos hombres con consecuencias sorprendentes.


Un espléndido reparto con grandes actores y actrices:
Forest Whitaker, Daniel Kaluuya, ¡Angela Basset!



            La nueva aportación al Universo Marvel, como se le ha llamado, recurre a un personaje de la raza negra cuyo país se encuentra en África, aparentemente pobre y sin mayores recursos, pero en realidad, futurista y tecnológicamente muy avanzado debido al famoso metal. Aunque tiene un inicio lento, sin que se tenga mayor idea de lo que está sucediendo y que ocurre en la California de los años noventa, la cinta luego adquiere un vertiginoso ritmo que ya no cesa pero que además depara sorpresas. La mayor cualidad de esta cinta es que se aleja de la fórmula usual del género: T’Challa vive para proteger su país y la primera acción será viajar hasta Corea del Sur para evitar la transacción de una pequeña cantidad de Vibranio y juzgar al villano que asesinó a su padre. Curiosamente, lo que se asemeja y podría pensarse como un acercamiento a las cintas de James Bond (ocurre en un casino con agente de la CIA) sufre un giro total. No es el pleito alargado entre héroe con su némesis: hay que pasar a otro conflicto donde se cuestionan los conceptos de honor, respetabilidad y verdad. Un enfrentamiento que será fatal, aparentemente.


Lupita Nyong'o finalmente tiene un rol que la aleja
del melodrama y muestra sus atractivos femeninos



            La película mantiene el respeto hacia la raza negra y deja fuera los estereotipos. Al héroe lo protege un frente de guerreras llamado Dora Milaje liderado por una generala fiel a su patria. Su ex novia es espía que lo apoya (Lupita Nyong’o) y su hermana es la genio tecnológica del reino (Letitia Wright, que nos recuerda al proveedor de Bond igualmente). La llegada del incógnito primo del rey pone en jaque los valores del lugar a pesar de que él mismo se ha regodeado con las muertes que ha producido al pelear en Afganistán (su cuerpo está marcadísimo con señales por cada víctima) y reclama que Wakanda no haya puesto sus riquezas y avances a las personas de su raza quienes, mundialmente, padecieron dolor y humillación en el pasado. Killmonger, de cualquier manera, es el antagonista: sus planes incluyen armar a toda la gente del mundo que desea derrotar a quienes los han subestimado y, con eso, provocar un caos total.


Al ver la película, uno se pregunta si Michael B. Jordan
hubiera sido una mejor Pantera Negra.
Por otro lado, es un espléndido villano.



            Son estas actitudes de búsqueda de la armonía y el entendimiento universal las que empatan a la trama con sus otras narraciones morales (y ya rutinarias dentro de este universo heroico). No obstante, al no limitarse a los enfrentamientos entre villano y héroe, se aleja de las usuales secuencias que se regodean solamente en lo superficial y rutinario en otras de las cintas . Las motivaciones de estos personajes están cimentadas en lo que sería la justicia moral, el sentido de pertenencia y la responsabilidad ante el mundo.




jueves, 15 de febrero de 2018

OTRA ADOLESCENTE REBELDE


LADY BIRD

2017. Dir. Greta Gerwig.





            Christine (Saoirse Ronan) es alumna de escuela católica privada gracias a los esfuerzos de sus padres. Su sueño es asistir a la universidad pero en la costa este: Nueva York o al menos Connecticut o New Hampshire. Su madre Marion (Laurie Metcalf, estupenda) no lo acepta porque sería costoso: valdría la pena ir a alguna institución pública. Christine, quien se autonombra “Lady Bird”, es rebelde y se encuentra en la edad de transición entre la adolescencia y la joven madurez. A lo largo de la cinta la veremos enamorarse, tener relaciones sexuales, abandonar a su mejor amiga para conectarse con otros jóvenes de mejor posición. Mientras se va dando cuenta de sus propias necesidades, sentimientos y metas, Christine peleará con su aparentemente desamorada madre quien más bien esconde sus verdaderas emociones porque no quiere que ella se aleje de su lado.





            Así narrada, la cinta puede resultar interesante, pero no lo es tanto. Ronan y Metcalf están geniales como la hija que se siente desatendida y la madre que la ama tanto que no puede expresar toda la pasión que siente. Sin embargo, es otra historia de adolescentes que andan en busca de su sí mismas y madres incomprendidas por sus afectos y miedos. Todo es convencional y los descubrimientos que realiza la frustrada chica (novio que resulta ser gay, novio que la engaña y no valora, amiga que abandona pero luego viene a ser su dulce contacto con el mundo) no son excepcionales ni sorpresivos: se han visto mejores tramas semejantes. Uno se extraña ante la admiración total que ha despertado porque a mitad de película ya inicia la sensación de tedio. La gran cualidad de la película son sus talentosas actrices, además de la presencia de Timotheé Chalamet como el novio seductor quien ofrece una interpretación totalmente distinta pero igualmente efectiva y magistral a la que le vimos en Llámame por tu nombre. Una cinta sobrevalorada que se sostiene por el reparto: cuando ya no importa lo que nos están contando, podemos centrarnos en los actores y disfrutarlos.







lunes, 12 de febrero de 2018

LA PURIFICACIÓN FAMILIAR


EL SACRIFICIO DE UN CIERVO SAGRADO

(The Killing of a Sacred Deer)

2017. Dir. Yorgos Lanthimos.





            Ya desde el título tenemos la referencia a Ifigenia dentro de la mitología y tragedia griega (Eurípides: Ifigenia en Áulide), donde el personaje mata a un ciervo sagrado provocando la ira de la diosa Artemisa quien exige a su padre Agamenón que deberá retribuirle con el sacrificio de lo que le sea más querido. Dentro de la película, el director de la escuela donde estudia Kim, la hija del médico Steven, le comenta que la jovencita ha escrito un impecable ensayo sobre Ifigenia. La propia Kim le pide a su padre que la sacrifique para que termine la terrible maldición que ha caído sobre la familia. Y es que la trama de la cinta es acerca de un cardiólogo, Steven (Colin Farrell, espléndido), al cual se le murió un paciente en la mesa de cirugía por haber tomado un par de copas. Ha hecho amistad con el hijo adolescente de su víctima, Martin (Barry Keogh, diabólico), quien primero lo ha seducido como si fuera un hijo putativo, luego le ha invitado a su casa para ofrecérselo a su madre, antes de que inicie su venganza que le confiesa al sorprendido médico: su hijo, su hija y su esposa irán perdiendo su motricidad, luego perderán el apetito y finalmente les sangrarán los ojos. Steven tendrá que seleccionar a quien de los tres deberá sacrificar para que estén a mano: una muerte de su ser querido a cambio de haberle quitado a su padre.


Steven acepta a Martin para expiar su culpa



            Martin se torna en diosa Artemisa implacable y le exige una satisfacción a Steven (en doble alegoría de Agamenón e Ifigenia: padre e hija) para empatar sus pérdidas y dolores. La cinta se torna en tragedia contemporánea, con distinguida narración y elenco estelar, donde no hay explicaciones racionales ni importan: no se sabe cuál fue la forma en que Martin provoca su maldición y se torna irrelevante. Lo que es básico es la purificación a través del sacrificio, la expiación, la reparación del daño para que todo vuelva a la normalidad. Estamos ante una familia aparentemente perfecta donde padre y madre son médicos exitosos, esposos amantes que se excitan mutuamente para satisfacerse, viven en una hermosa residencia con su hija adolescente quien canta y es buena estudiante, además de su hijo pequeño quien es todavía inocente y bonachón. Detrás de todo este esplendor hay secretos que deberán pagarse como culminación del destino. Somos testigos de la degradación de la familia donde todo y nada será igual.


Anna contempla a sus hijos que están
bajo una maldición inexplicable



            Con una cámara que va fluyendo constantemente y fondos musicales que van desde el Stabat Mater hasta Bach y Ligetti, Lanthimos vuelve al tema de la familia (encerrada como en Dogtooth, 2009) o de la pareja (forzada como en La langosta, 2015) para hablarnos de mundos cerrados y fantásticos [en otro sentido, podríamos recordar las consecuencias del “ángel” que toca y disuelve a la familia de Teorema (Pasolini, 1968)]. Martin y Anna (Nicole Kidman, como nunca) tendrán que resolver sus problemas como pareja cediendo a lo inexplicable: ella llegará a besar los pies del ser que está moviendo los hilos como una forma de respeto; él tendrá que tomar una extrema decisión para aplacar la furia del dios. No obstante, siempre quedará la duda del reencuentro, del equilibrio, una vez que se ha alcanzado la armonía.

Yorgos Lanthimos

sábado, 10 de febrero de 2018

DE PRONTO, EL HÉROE


15:17 TREN A PARÍS

(The 15:17 to Paris)

2018. Dir. Clint Eastwood.





            Continuando con sus homenajes a los héroes contemporáneos de su país, el maestro Eastwood ahora nos recrea los acontecimientos que ocurrieron en un tren rápido que se dirigía de Amsterdam hacia París: un terrorista bien armado iba a producir una masacre que fue evitada  por tres jóvenes norteamericanos: dos soldados y un universitario que estaban de vacaciones. La cinta nos lleva a la infancia y años posteriores de entrenamiento militar o educativo de los tres jóvenes. No hay nada interesante o extraordinario que narrar: niños con problemas de atención, hijos de padres divorciados, con ánimos de seguir una carrera dentro de la milicia para servir a la patria.


Un ataque terrorista inspirado por ISIS:
era 2015



            Eastwood nos ofrece una visión de lo cotidiano. Nuestras existencias son rutinarias, simples, con las pequeñas o grandes satisfacciones que nos mueven a continuar en ellas. De pronto, irrumpe lo inesperado que ofrece otra dimensión. Se corporiza el concepto de heroísmo y se alcanza otro nivel interior (que se eleva por el reconocimiento externo: se adquiere otro estatus ante la sociedad: medallas y fama). Queda el gozo de haber servido a la humanidad. Tal como sucedía con el piloto Sully en Sully, hazaña en el Hudson (2016) ante la extrema toma de decisión o el soldado Chris Kyle en El francotirador (2014) ante la amenaza del enemigo, tenemos la responsabilidad del hombre con el hombre. En esta trilogía del ya octogenario Eastwood, el objetivo es salvar vidas ante un mundo que ha perdido rumbo y valores. De ahí que desee subrayar al héroe; más aún, al héroe norteamericano.


Los héroes interpretados por ellos mismos



            Eastwood, siempre conservador, ha establecido una galería de personajes que luchan por conseguir sus sueños y defender sus realidades. Toda una larga de títulos extraordinarios que no vale la pena repetir aquí, dentro de ficciones brutales (bueno, mencionemos a Golpes del destino o Gran Torino como referencias). Ahora se ha dejado llevar por la historia reciente, su mundo en guerra, los seres que han dejado atrás el egoísmo. Un cine esperanzador (aunque no faltará quien critique su discurso nacionalista como panfletario). Es lo que atrae de un realizador funcional: desde la acción logra que surjan emociones y pasiones. Es la gran cualidad de esta película que podría considerarse menor porque lo cotidiano resulta tedioso pero, de pronto, llega ese momento que cambia vidas y se torna ejemplar, inspirador: nos mueve y conmueve.

El 36° largometraje de ficción
de un gran maestro

miércoles, 7 de febrero de 2018

DE MEDIANO INTERÉS


LA REGIÓN SALVAJE

2016. Dir. Amat Escalante.





         La cinta inicia con una escena transgresora, como es costumbre con este realizador, donde una mujer está teniendo relaciones sexuales con algo desconocido, como un tentáculo, que se aleja de cuadro. Nos enteramos que es Verónica quien ya tiene tiempo repitiendo este acto. Luego la vemos herida de un costado mientras intenta arrancar su motocicleta. Llega a un puesto de auxilio donde menciona que fue una mordida de perro. Se hace amiga del enfermero que se llama Fabián. Luego vemos el rostro de Alejandra mientras su marido, Ángel, está teniendo relaciones sexuales con ella detrás de su cuerpo. Más adelante, Ángel tiene relaciones anales con Fabián quien resulta ser su cuñado, hermano de Alejandra. Verónica incitará a Fabián para que asista a la casa donde se encuentra el extraño ser que la ha poseído además de violentado: Fabián morirá…





         Milagrosamente, el realizador Escalante ha filmado una alegoría de la violencia como resultado de la sexualidad sin recurrir a sus insoportables planos secuencia que produjeron el fracaso de público de sus anteriores (soporíferas) películas (“Sangre”, “Los bastardos”, “Heli”) que llamaron la atención crítica pero nunca conectaron con el público. Ya no hay los efectos especiales para “asombrar” al adormilado espectador (como los genitales incendiados de “Heli” o la cabeza mutilada de “Los bastardos”) aunque permanece un elenco de actores desconocidos que marcan una diferencia con los anteriores: al menos se les entiende y tienen idea de lo que están haciendo frente a la cámara.





         Definitivamente que el tema de la violencia ha sido el objetivo principal del realizador. En este caso, la metáfora de un ser extraterrestre con múltiples tentáculos que causa satisfacción sexual pero también da lugar a la agresión permite una comparación con la realidad de los personajes. Uno desconoce cuál fue el verdadero ataque hacia Fabián como tampoco es testigo de la “mordedura” que sufre Verónica. Este ente caído sobre la tierra permite el florecimiento del ensañamiento. Igual que Alejandra, la costumbre le provoca tedio y reacciona con furia: de ahí que necesite cambiar de pareja. Todo este juego ficticio es mera simulación, pretexto para decirnos que nuestra naturaleza nos lleva a excesos y a sometimientos. Dentro de la “normalidad” cotidiana, la violencia siempre está latente. La transformación de los personajes como consecuencia de su contacto con este extraterrestre los iguala con la brutalidad perenne.





         Escalante nos ofrece su película más accesible. Al menos agradece al polaco director Andrzej Zulawski del cual toma prestada la imagen del monstruo de Posesión (1981) donde una mujer pedía el divorcio para caer en una serie de acusaciones por infidelidad para llegar a su satisfacción fantástica (y no como otros que solamente plagian). Sin embargo no es mejor director que los rivales contendientes a los cuales les ha arrebatado premios internacionales. ¿Será cierto aquello de que “nadie es profeta en su tierra”? Aquí hay una cinta con discurso interesante, sin contundencia, nada más.

lunes, 5 de febrero de 2018

NADA MÁS QUE LA VERDAD



EL POST: LOS OSCUROS SECRETOS DEL PENTÁGONO

(The Post)
2017. Dir. Steven Spielberg.


         En 1966, un analista político llamado Daniel Ellsberg, vivió en carne propia la realidad terrible y criminal de la Guerra de Vietnam. Su reporte ante el Secretario de Defensa Robert MacNamara fue negativo sobre la continuidad de la guerra que no sería ganada. Sin embargo, ante el rechazo de MacNamara por aceptarlo públicamente, decidió enviar el reporte confidencial, de años, desde Truman con el apoyo a Indochina hasta el reciente Presidente, al New York Times, ya que aseguraban la futilidad de la empresa: el resultado era la muerte de muchos soldados inocentes. Esto provocó un escándalo ante la decisión de Nixon por atacar al periódico y de esta manera, a la libertad de prensa. La cinta narra los esfuerzos por parte del Washington Post, gracias a la vehemencia de su editor Ben Bradlee (Tom Hanks) y la presidenta de la empresa Katherine Graham (Meryl Streep) por atreverse a publicar ellos los documentos ya en sus manos, retando al mismito Nixon.


         Spielberg es un realizador consumado: alguien a quien no se le puede poner en tela de juicio. Importante narrador que sabe mezclar la elegancia y sofisticación de sus tramas con la atracción hacia un público general que inmediatamente queda atrapado por la acción, entiende lo que está sucediendo y se torna en cómplice para defender sus tesis. Es un cine patriótico, demócrata, cuyo discurso siempre apuesta por la libertad y justicia. Esta cinta no se queda atrás y aparece en el mejor momento posible. Así como se escucha al republicano y detestable Nixon dar órdenes de boicotear al Washington Post, hemos atestiguado lo mismo con el actual Trump. La cinta se va al pasado para dejar clara la constante amenaza del presente. Muestra las “buenas intenciones” de los políticos al colocar a la “seguridad nacional” como el pretexto para defender mentiras y componendas.

         Otro aspecto importante de la película es el crecimiento personal de la editora Graham, heredera de un puesto inesperado por la muerte de su marido, mujer de sociedad, amiga de presidentes y ministros, quien de pronto se da cuenta que la amistad queda de lado cuando hay que defender las posiciones correctas en beneficio de la comunidad. Meryl Streep ofrece una actuación esperada: impecable, engolando la voz para reproducir la del personaje real que interpreta, con gestos y miradas. El tenaz Bradlee quien deseaba transformar al Post en periódico de importancia nacional, líder de opinión y con sus propias exclusivas, encuentra su perfecta representación en Hanks. Un guiño a la sociedad actual como alerta por los malos políticos, los que se sienten dueños de un país cuando en realidad son otros empleados más…

Los grandes maestros veteranos del cine
norteamericano actual:
Spielberg, Allen, Eastwood...

jueves, 1 de febrero de 2018

ES MEJOR HABLAR QUE MORIR

LLÁMAME POR TU NOMBRE
(Call Me by Your Name)
2017. Dir. Luca Guadagnino.



         Verano de 1983 en Lombardía. A la casa del profesor Perlman (Michael Stuhlbarg) llega su becario anual, un estudiante de posgrado al cual ofrece casa y comida durante seis semanas, además de asesoría, a cambio de su apoyo en el trabajo académico y personal. Este año es el norteamericano Oliver (Armie Hammer) al cual reciben tanto la esposa del profesor, Anella (Amira Casar) y su hijo Elio (Timotheé Chalamet). A lo largo del verano Oliver y Elio irán pasando de la indiferencia y la ironía hasta la tensión sexual y el descubrimiento de la pasión amorosa.



         Llámame por tu nombre es la narración del primer amor, aquél que provoca desconcierto, alegría, y luego tristeza. Las circunstancias son ideales: una villa del siglo XVII, mucho sol, una posición acomodada, árboles frutales, un río, personas bellas tanto física como interiormente. El ambiente es culto: si el profesor Perlman es una eminencia en sus estudios históricos, su esposa es una mujer cosmopolita que tanto pasa del francés al inglés al italiano y hasta traduce en alemán, algo que comparte con su hijo Elio, jovencito con 17 años que toca tanto piano como guitarra, transcribe música, siempre trae un libro en la mano y posee un alto bagaje de conocimientos.



         La llegada de Oliver en la vida de Elio permitirá que tenga una epifanía personal, se inquiete, oculte su atracción a través de la aparente indolencia, proporcione retos, busque una camaradería que el propio norteamericano rechazará inicialmente, para pasar a la necesidad de hablar, expresar su desasosiego, abrirse ante la exploración de sí mismo, buscar la unión de cuerpos y almas porque está sintiendo algo tan simple como eterno: amor. Es la experiencia común del lance amoroso: la indiferencia para darse a desear aunque en el fondo, dicho deseo ya esté plantado y germinando.



         El ambiente académico se presta para ofrecer referencias cultas y delicadas que, además, son preámbulos eróticos (el Heptamerón y su cuento sobre el caballero que no se atreve a hablar para expresar sus sentimientos, se torna en la fuerza que permite la apertura de Elio hacia Oliver). Éste estudia a los filósofos presocráticos como nos enteramos cuando aborda en un ensayo personal el comentario de Heidegger sobre el sentido de ocultamiento de los griegos, incitando a Elio para que le encuentre coherencia; luego, Elio descubre Los fragmentos cósmicos de Heráclito y un escrito de Oliver donde habla sobre el cambio acorde con este filósofo que viene a predecir dicha necesidad entre ellos; pero la más importante es cuando el Profesor Perlman le muestra diapositivas a Oliver con imágenes de esculturas masculinas griegas, plenas de curvas, que imponen una antigua y eterna ambigüedad, como retando a que las desees: inmediatamente aparece una toma del objeto del deseo de Oliver quien escucha estas palabras de su mentor, o sea Elio recostado sobre un sofá.



         Nunca nos enteramos sobre la vida previa de ninguno de los personajes: no conocemos experiencias anteriores, pero lo que la cinta va describiendo es la naciente atracción de Elio hacia Oliver y, de manera más velada, lo opuesto. Elio critica la arrogancia de Oliver pero no deja de mirarlo. Oculta la atracción con agresividad o rechazos. Y todo es un proceso paulatino que terminará con la aceptación de ambos hacia sus sentimientos mutuos que son amorosos. Hacia la entrega física que permitirá, al menos, unos días de dicha en común.


         La cinta tiene a dos hombres como protagonistas pero el tema del primer amor que lleva a una felicidad temporal y, como consecuencia, al rompimiento del corazón puede aplicarse independientemente del género. El muchachito inexperto encuentra su contraparte, su ideal romántico, su sueño de relación para toda la vida que, en realidad, es una quimera, pero que le dice cosas sobre sí mismo. El joven descubre una parte suya que está constantemente reprimiendo. Lo que en principio era una identificación y una empatía va más allá, a la atracción física y sexual, aunque siempre con el entendimiento de que llegará un final. Son los años ochenta, antes de la epidemia del SIDA y de los derechos homosexuales.



         Llámame por tu nombre es una hermosísima historia de amor. Nos seduce: uno quisiera estar en esa Italia, en el verano lánguido y tranquilo sin mayores complicaciones, dentro de la atmósfera intelectual donde se habla naturalmente en varios idiomas y hay juventud. La relatividad del amor y del tiempo: cada uno en su lugar.
Uno quisiera que las secuencias se alargaran, que la película no terminara, que las conversaciones se profundizaran: así es de seductora y atrapante. En la novela original, la acción continúa otros veinte años. Elio y Oliver se reencuentran y recuerdan: dejan entrever que su amor fue importante para sus vidas. Así debió ser ese primer amor para nuestras existencias y creo difícil que alguien no haya vivido esa experiencia del enamoramiento que marca o lastima.


         Indudablemente uno de los mejores estrenos en lo que va del año y que así permanecerá. Armie Hammer, dentro de su rigidez actoral y su innegable atractivo físico, está perfecto como el norteamericano pragmático; Timotheé Chalamet es toda una revelación en actitudes, gestos, matices que lo convierten en alguien de quien habrá que estar atento en el futuro: aquí ha encontrado el papel de su vida. El resto del elenco es impecable: Michael Stuhlbarg y Amira Casar como los padres comprensivos y apoyadores de los sentimientos de Elio. Una experiencia inolvidable, enriquecedora, que requiere verse muchas veces porque siempre faltarán palabras, sobrarán deseos…





         




            

sábado, 27 de enero de 2018

EL CAMBIO PERSONAL


TRES ANUNCIOS POR UN CRIMEN

(Three Billboards Outside Ebbing, Missouri)

2017. Dir. Martin McDonagh.





            Luego de En Brujas y Siete psicópatas y un perro el creativo e imaginativo dramaturgo, ahora cineasta, Martin McDonagh nos ofrece esta visión acerca de la realidad norteamericana en un pequeño pueblo del sur de Estados Unidos que conserva su esencia racista a pesar de la lucha por los derechos civiles, el paso del tiempo y la supuesta modernidad. McDonagh nos presenta a Mildred Hayes (la confiable Frances MacDormand quien, como Meryl Streep, asegura una buena actuación), madre de una adolescente quien fuera violada y torturada sin que el caso haya sido resuelto. Por tal motivo renta tres espectaculares abandonados en una vieja carretera para preguntar al jefe de policía los motivos de la tardanza. Esto crea una revuelta múltiple: los medios noticiosos, las personas que respetan al oficial, el hijo que sufre acoso, el ex marido golpeador que amenaza, el dueño de los espectaculares al cual critican por haberlo permitido.





            McDonagh nos habla de la culpa (Mildred tuvo un altercado con su hija la noche del crimen: no le prestó el auto y la chica salió caminando a enfrentar su destino), de la intolerancia (el racismo que se encuentra siempre latente ante una tradición de años, no solamente hacia la raza negra, sino al latino o al enano) y de la ambigüedad (los hechos van ocurriendo de manera brutal hasta que el propio cuestionado deja unas cartas que hacen entrar en razón a los principales protagonistas: sin embargo, no hay castigo, solamente reflexión). El interés de la cinta se centra en el crecimiento moral de los personajes más allá de la impartición de la justicia o la solución de un crimen. Todos los personajes son imperfectos, simbólicos de un microcosmos que puede extenderse a la condición humana universal, donde no queda más que la expectativa de su propia mejoría individual.


Sam Rockwell y Frances MacDormand
en dos actuaciones de excelencia,
aunque esperadas dentro de los
tipos de roles que usualmente interpretan.



            En Brujas mostraba a dos hampones escondidos en una bella ciudad luego que, por accidente, uno de ellos había matado a un niño. Éste es herido y reflexiona si su paso por esta ciudad fue el equivalente del infierno. Siete psicópatas y un perro mostraba a un guionista cuyas experiencias extremas para escribir su siguiente argumento le cambiaba la vida. McDonagh permanece fiel a esta temática: sus personajes viven experiencias que los modifican, alteran sus existencias, aunque dentro de todo permanezca la ambigüedad de sentimientos, la tristeza, la insatisfacción. Sam Rockwell ofrece una excelente interpretación dentro del tipo de rol al cual nos ha acostumbrado.

Martin McDonagh, otro dramaturgo
que se ha tornado interesante cineasta
como el David Mamet de 80´s y 90´s

viernes, 26 de enero de 2018

LA TRAGEDIA HONESTA


UN MINUTO DE GLORIA

(Slava / Glory)

2016. Dirs. Kristina Grozeva y Petar Valchanov.




         Tzanko (un espléndido Stefan Denolyubov) es un guardavía, tartamudo hasta la desesperación, descubre una gran cantidad de dinero tirado sobre los rieles que verifica cada día. Decide denunciarlo a las autoridades y, por tal motivo, la jefa de relaciones públicas del Ministerio de Transporte, Julia (Margita Gosheva, excelente al grado de provocar asco) decide aprovecharlo para que su jefe le entregue un reconocimiento y sirva para alejar a éste de un escándalo de corrupción. Tzanko viaja a recibir su premio: un reloj (que luego resulta defectuoso) y para ello, contra su voluntad, Julia le quita el que trae puesto, un recuerdo de su padre, un reloj simple pero con una dedicatoria “a mi querido hijo Tzanko”. Suceden dos cosas: Tzanko le comenta al ministro que conoce a quienes se roban combustible, a lo que el político no muestra interés, pero más importante: Julia le hace perdedizo su preciado reloj. Así inicia lo que será un martirio para Tzanko.





         Esta inteligente producción búlgara nos habla del juego sucio de la política a través de una burócrata ambiciosa y servil para su propio beneficio: al querer dignificar a su jefe deleznable por medio de un hombre honrado, produce que algo aparentemente sin importancia, lleve al ciudadano ejemplar a ser víctima de la corrupción que él tanto ha evitado y quiere, con toda buena intención, denunciar. El personaje de la detestable Julia es un símbolo de todo aquello que está podrido dentro de la política, los intereses creados, la falsedad de la atención y cuidado del funcionario hacia sus representados. El argumento la muestra en busca de unos embriones para poder quedar embarazada y dar a luz con la intención de embarrarle un color de humanidad y sentimiento: nada más alejado de la verdad.





La cinta es desgarradora y va mostrando el descenso hacia los infiernos de un buen hombre. No hay personaje redimible: ni el periodista que busca desenmascarar a los políticos corruptos que engaña al espectador por un momento (su atención hasta Tzenko nunca reside en el reloj perdido: no es el prójimo, es su meta personal hacia el logro de sus objetivos y así, se transforma en semejante a sus perseguidos). Cruel hasta un inesperado pero justo y paradójico final, la película es una denuncia directa sobre lo que leemos a diario acerca de la corrupción: policía, políticos, burócratas. Fiel al eslogan del poster italiano de la cinta: "no hay tiempo para los honrados", la desconocida cinematografía búlgara queda representada por una de sus mejores producciones (ganó muchos premios: hasta el del todavía salvable Festival de Locarno).








        


lunes, 22 de enero de 2018

FENÓMENO CULTURAL


OBRA MAESTRA

(The Disaster Artist)

2017. Dir. James Franco.




         Greg Sestero (Dave Franco) es un joven aspirante a actor que conoce al extravagante Tommy Wiseau (James Franco) en una clase de actuación. Greg se emociona con la demostración que hace Tommy de Un tranvía llamado deseo  y entre ambos surge una buena amistad, al grado que Tommy convence al joven que se muden desde San Francisco hasta Hollywood para que su sueño se convierta en realidad. Tommy es un personaje enigmático del cual no se sabe la edad, ni sus orígenes, ni de dónde sale la riqueza que ostenta. Luego de fracasar en clases, en conseguir un productor, Tommy decide financiar y dirigir un guion que ha escrito llamado The Room. De esta manera, se muestra todo el proceso de filmación con la ineptitud como realizador y actor de Tommy además de los absurdos narrativos que van surgiendo, hasta llegar a la exhibición de la cinta que tiene hasta el momento el título de “la mejor peor película en la historia de Hollywood” (bueno, en siglo XXI).





         Basándose en las memorias de Greg sobre lo que sucedió detrás de cámaras en la filmación de esta cinta (que existe y que usted puede ver en YouTube), James Franco nos ofrece su mejor producto en una larga carrera con altibajos (tanto como actor cuanto director) para hablarnos sobre lo que significa conseguir lo que te propones, aunque no tengas talento, aunque se deba a la fortuna que posees, aunque debas tornar la frustración en logro.





         Dividida en tres partes: antes de la filmación (la relación que surge entre Greg y Tommy); durante la filmación, esta segunda parte es interesante porque lleva al espectador a las realidades detrás de cámaras y quedan los absurdos de trama y actores. Sin embargo, es durante la parte final: el estreno, donde Franco se involucra más con la personalidad de su realizador y deja constancia de su ligereza. James Franco nos ofrece un panorama del Hollywood oculto, aquel en el cual se refugian quienes subliman (y se dejan engañar por) sus limitaciones. Otro rostro de lo que se tornó fenómeno cultural: una puesta al día de lo que significó un Ed Wood Jr. en los años cincuenta. Finalmente, la cinta muestra una comparación entre escenas de la cinta original y sus equivalentes en la cinta que acabamos de ver: Franco se esmeró en lograr tono equivalente y resulta una experiencia extraordinaria.