viernes, 10 de diciembre de 2021

EL AMOR IMPOSIBLE

 

AMOR SIN BARRERAS
(West Side Story)
2021. Dir. Steven Spielberg.

         La conocida trama de Romeo y Julieta trasladada al Nueva York de finales de los años cincuenta, entre pleitos de pandillas étnicas: los norteamericanos (descendientes de blancos, extranjeros) y los puertorriqueños, defendiendo su territorio, se narra a través de la historia de María (Rachel Zegler) y Tony (Ansel Elgort), enamorados apasionadamente, divididos por los odios raciales. En esta nueva adaptación de la comedia musical de Leonard Bernstein, se buscó la fidelidad hacia la puesta en escena, sin la intención de utilizar la referencia obligada y conocida de la versión cinematográfica de 1961. Para quienes conocemos y amamos la película de Wise y Robbins, es ineludible la comparación y el extrañamiento. Sin embargo, es otra película de Spielberg, con su narración fluida y su perspectiva visual.

         La comedia musical se estrenó en 1957, luego de haber estado una década como proyecto en las mentes de sus creadores, Bernstein y el letrista Stephen Sondheim, aparte del dramaturgo Arthur Laurents y el coreógrafo Jerome Robbins. Spielberg, con diez años de edad, quedó deslumbrado con las canciones del disco que reproducía esa versión teatral, adquirido por su padre, al cual dedica la película. Como era de esperarse, el nuevo guion ofrece contexto al colocar la acción en medio de las demoliciones del centro de Nueva York para la construcción del Lincoln Center. Igualmente, los personajes se definen con algunos datos que jamás se tocan en la puesta original: María llega a Nueva York para vivir con su hermano Bernardo, del cual se sabe que se dedica al boxeo y vive extramaritalmente con la modista Anita. Por su parte, el joven Tony acaba de purgar una condena de un año por haber golpeado a otro rival de la pandilla que había fundado, los Jets, de los cuales ahora es cabecilla Riff, amigo de siempre de Tony, que los ha abandonado, y trabaja en la tienda de Valentina (Rita Moreno, en un rol escrito para ella). De esta manera, se le da mayor sentido a la presencia latina en Nueva York por el carácter de estado asociado que tiene Puerto Rico y que se nota como amenaza hacia la hegemonía de los blancos que, en realidad, tienen ascendencia extranjera (italianos, irlandeses, polacos).

         Y está la historia de amor más fuerte que los lazos familiares y que todo sentido moral. Spielberg se siente conmovido y decide regodearse sobre esa fuerza. La escena del balcón, que en este caso son las escaleras de escape de las viejas casas de apartamentos, muestra las barreras del título en español. Las rejillas estorban. Tony tiene que escalarlas para llegar hasta su objeto amoroso. Lo más impactante de esta historia reside en el sentido trágico: cuando todo se ha planeado de la mejor manera, interviene la fuerza del destino. Contra toda esperanza e ilusión, se enfrenta la imposibilidad amorosa. A pesar de que exista una pequeña alternativa de felicidad, no podrá ser. Hay detalles y pequeñas circunstancias que refinan a la trama. Spielberg evita los excesos que pueden dar lugar al ridículo (por estar pasados de moda). La vieja Valentina viene a ser el coro griego cuando canta “Somewhere”, hablando de una situación general, de humanidad, más que del caso singular de una pareja. Anita y Bernardo cantan sus ventajas y desventajas de vivir en “América”, al salir a la calle, a plena luz de día, para expresarse en medio de la gente.

         Y el reparto es muy adecuado. Ahora tiene actores que cantan y bailan. Ansel Elgort es muy expresivo, excelente actor, que deja muy atrás al inadecuado Richard Beymer en la versión de 1961: el momento en que se entera de la falsa muerte de María, su expresión vale por todo su desarrollo actoral en la trama. La coreografía de Robbins se respeta parcialmente, en su esencia, pero ahora se está adaptando a otro tipo de escenario. Se sigue la tendencia actual del cine: muchos cortes que solamente dan idea general de baile, en lugar de una cámara que permita disfrutar de los movimientos corporales: claro, no es teatro, ni es película musical de antaño: es la época de la rapidez. Los números de danza están como fondo, a distancia, de la trama que se está presentando. Spielberg muestra la derrota del sueño americano, aunque la trama permite cierto dejo de esperanza. La cinta es espléndida para el público al cual está dirigida, que no es, para nada, aquel que la disfrutó en su versión anterior.

El maestro Steven Spielberg con su elenco



 

          

viernes, 3 de diciembre de 2021

MASCULINIDAD

EL PODER DEL PERRO
(The Power of the Dog)
2021. Dir. Jane Campion.

         Montana, 1925. El rudo ranchero Phil (Benedict Cumberbatch, excepcional) y su hermano George (Jesse Plemons) llegan al restaurante de Rose (Kirsten Dunst), donde el primero, bravucón, impone su presencia. Se burla del hijo de la mujer, Peter (Kodi Smit-McPhee), por su delicadeza. George se enamora de Rose y se casa con ella. Así, inicia una relación tortuosa entre cuñados que llevan a Rose al alcoholismo. Cuando Peter llega de la universidad para pasar el verano, lo que primero acontece es una continuidad de burla y escarnio hacia su persona; de pronto se torna en amistad y acercamiento con Phil, que será significativa y determinante para el futuro… Imposible continuar describiendo lo que sucede sin revelar puntos importantes de la trama.


         Estamos ante los hermanos con personalidades opuestas: George es serio, obeso, siempre vestido de manera muy propia, aun cuando cabalga. Phil es vulgar, prepotente, siempre vestido con chaparreras, regodeándose en su suciedad y la peste que produce. Phil se burla de su hermano (le llama “fatso”: gordinflón), pero duermen en la misma cama. No obstante, se menciona que Phil estudió en Yale y es experto en latín y griego, aparte de cultivar una afición entomóloga, lo que es una total contradicción debida a su manera de comportarse. Al casarse George, y traer a Rose a vivir al rancho, Phil cambia el blanco para sus burlas. La mujer se angustia y encuentra una salida por medio del alcohol. La llegada de Peter al rancho todavía provoca otra redirección de su escarnio, algo que el joven larguirucho recibe impasible, pero luego capitaliza.

         La cinta se distingue por las miradas, los gestos. La realizadora hace uso de acercamientos que dicen más que cualquier diálogo. El mejor ejemplo está en la noche de bodas de George cuando duerme con su mujer en un cuarto adjunto al de su hermano. Phil escucha los gemidos del acto sexual y se nota su rechazo, su disgusto, o tal vez un deseo reprimido. El título de la cinta (por ende, de la novela en la cual está basada) proviene de un salmo bíblico: Libera a mi alma de la espada; libera a mi querida del poder del perro, que vendrá a darle sentido a las acciones, y a sus consecuencias, que realizan los personjes.

         Una visión existencialista sobre la sensibilidad masculina. Dos seres, Phil y Peter, cuyas condiciones humanas buscan encontrar sentido a sus vidas. Cada uno guardando apariencias, ocultando sus naturalezas, disfrazando sus deseos. Cada uno con motivaciones distintas para esas acciones que se confunden bajo otros objetivos. Dividida en cuatro capítulos que van estableciendo personajes, encaminándolos en sus destinos, la película va lanzando cabos sueltos para unirlos, magníficamente, al finalizar. La realizadora neozelandesa Campion se ha distinguido por la descripción de sus personajes masculinos a lo largo de su carrera (como el rudo campesino ante su esposa comprada en El piano, 1993; o el detective libre que investiga un asesinato en En carne viva, 2003), algo que ahora resulta más distintivo gracias a, como ella dice en una entrevista, el movimiento #me too. La cinta aborda dicha esencia desde otra óptica. Extraordinaria.

Jane Campion y Kirsten Dunst en el Festival de Venecia 2021



domingo, 21 de noviembre de 2021

TRIBUTO AL PASADO

 
LA CRÓNICA FRANCESA
(The French Dispatch)
2021. Dir. Wes Anderson.

 

         Un tributo a las revistas norteamericanas que publicaban ensayos, críticas, relatos cortos, reportajes de investigación, y que han ido desapareciendo de la edición impresa ya sea en forma total o trasladándose al soporte digital y, en varios casos, de manera híbrida. Son revistas (las que persisten) como The New Yorker, Harper’s, The Atlantic Monthly (entre otros títulos, cuyos ejemplares físicos resultan demasiado caros en ocasiones y dividen su existencia ante personas que todavía prefieren el olor de papel y tinta en lugar de la fría pantalla). En este caso, la cinta se divide en tres historias y un obituario perteneciente a Arthur Howitzer Jr. (Bill Murray), editor de un periódico en Liberty, Kansas, cuyo hijo se exilió en Francia, enviando artículos para publicación, que devinieron el suplemento “The French Dispatch”. Las otras tres tramas suceden en fechas que van de los años cincuenta a los sesenta. La película nos narra, entonces, estas tres historias, con las cuales cierra el periódico su existencia, para dar una idea del contenido que, en esos tiempos, llamaban la atención de los lectores.

 

         La reportera Berensen (Tilda Swinton) narra la historia de un artista abstracto, Rosenthaler (Benicio del Toro), cuya obra se produce dentro de prisión ya que ha cometido un crimen. Por su lado Krementz (Frances MacDormand) recuenta su involucramiento con el apasionado y joven activista Zeffirelli (Timotheé Chalamet) en los levantamientos estudiantiles de los años sesenta. Finalmente, Roebuck Wright (Jeffrey Wright), hace la crónica de un secuestro que tiene que ver con la policía francesa y su cocinero oriental. Tanto las técnicas narrativas (animación, vídeo, formatos distintos que van de la proporción académica casi cuadrada hasta la panorámica, color o blanco y negro), como los detalles de las tramas y el inmenso reparto, obligan a que el espectador se preste a una atención constante para no perderse. En ocasiones, la fluidez se detiene para hacer alguna acotación, antes de retornar a su punto anterior.

         Wes Anderson se va nuevamente hacia el siglo veinte, para indicar las formas en que se manifestaba la cultura por medio de lo literario, utilizando todas las alternativas que la tecnología actual permite. Dentro de este hiperpostmodernismo, la mezcla de actitudes, pasiones, intereses de los personajes, nos recuerda los elementos en que se informaba con una perspectiva profunda y enunciativa sobre los hechos que iban sucediendo e impactaban al público. Por eso, la reportera que se involucra sentimentalmente con el activista estudiantil ofrece una visión desde “adentro”, de la relación personal, de las emociones que rodearon al hecho. En la actualidad leemos múltiples blogs, páginas especializadas, las redes sociales y, por supuesto, los portales de estas revistas. Ahora se “escarba” en el pasado para que lo conozcan las nuevas generaciones, aunque desde el desconocimiento y el dato erróneo: lo único que cuenta es el presente. Es el tinte nostálgico de Anderson respecto al acercamiento que era muy definido y completo en su momento.

         La cinta adquiere un tono diferente para cada espectador. El sentido del humor pertenece a una época diferente. La brillantez de narración es contemporánea gracias a la tecnología. El estilo de pastiche excepcional, antología incompleta, permite que al final de cuentas todo se unifique en el especial tributo a reporteros, escritores y articulistas que permitieron el florecimiento de esas revistas (que son mencionados en los créditos finales) y la construcción de universos personales. Una cinta aparentemente grácil y simple, que en realidad es compleja y propositiva, sin limitaciones en su interpretación.

El director Wes Anderson entre Chalamet y Adrien Brody 
en el Festival de Cannes 2021.




sábado, 6 de noviembre de 2021

OTROS PERSONAJES: REDONDOS

ETERNALS
2021. Dir. Chloé Zhao.

         Nueva incursión (e inclusión) dentro del Universo Marvel. Otro tipo de superhéroes con poderes distintos, pero que terminan siendo variaciones de personajes. Los Eternals tienen 7000 años de existencia, creados por una deidad superior, lo mismo que los Deviants, a quienes deben de detener. La trama inicia en la Mesopotamia de la antigüedad y sigue en la actualidad, cuando, aparentemente, todo ha permanecido con tranquilidad en cuanto a los objetivos de estos seres inmortales (quienes solamente pueden morir entre ellos o a causa de sus enemigos mencionados). El personaje principal será Sersi (Gemma Chan) que ahora es científica viviendo en Londres, enamorada de un humano, Dane (Kit Harington), acompañada de la adolescente Sprite. Repentinamente, aparece un Deviant, al mismo tiempo que Ikaris (Richard Madden), otro de sus congéneres, y del cual se sabrá que fue su amado en el pasado. La narración no será linear, ya que irá del pasado al presente, en diversos años y locaciones (por ejemplo, Tenochtitlán en 1521), para ofrecer explicaciones y motivaciones. La reaparición de los Deviants se debe al calentamiento global: estaban congelados en glaciares que se han venido derritiendo.

         Sin salir de la usual narrativa moral donde los héroes luchan contra la maldad, lo que debe buscarse en este universo fílmico, son los matices y las diferencias: en este caso, es la importancia que se le da a los personajes para brindarles su propia dimensión.  Así, conoceremos las pasiones e inquietudes de la mayoría de ellos (ante la duración y tantos personajes: diez en inicio, algunos quedan desdibujados). La terquedad y obsesión de Ikari que le lleva a tomar decisiones erróneas, la dualidad sentimental en Sersi ante su amante Ikari y su pretendiente Dane, la insatisfacción de la eterna adolescente Sprite quien desea conocer las emociones humanas en las edades adecuadas, el narcisismo de Kingo como actor de Bollywood o el remordimiento de Phastos ante la mala utilización de la ciencia para provocar destrucción que viene a neutralizar con familia homoparental. Todo lo anterior intercalado con las escenas de mucha acción que requieren del exterminio de los Deviants y, como en otros casos, evitar la aniquilación de la especie humana.

         La cinta se siente desequilibrada ante el afán de conseguir ambos objetivos: las secuencias de acción contra el establecimiento de personajes. Se pierde el ritmo ocasionalmente, el tono visual tiende a lo oscuro, ya que la directora prefiere la luz natural, aunque su cualidad es que resulta ser una cinta diferente a lo que estamos acostumbrados. Al permitirse una escena de intimidad entre la pareja enamorada o el beso entre dos hombres, se está sentando un precedente que ya no puede dar marcha atrás. Todo se debe a la sensibilidad de su realizadora que maneja ahora una maquinaria enorme, alejada de las mínimas circunstancias que se tienen en una producción independiente, con presupuesto reducido. Seguramente tendrá éxito que no se comparará a otras de las entregas de estas franquicias. Con sus irregularidades, no deja de ser una cinta importante, atractiva.

La directora Chloé Zhao instruyendo a Richard Madden



miércoles, 20 de octubre de 2021

EN ESPERA DEL ELEGIDO

DUNA
(Dune – Part One)
2021. Dir. Denis Villeneuve.

         Adaptación parcial de uno de los libros icónicos de la ciencia ficción en los años sesenta. Frank Herbert escribió esta novela que adquirió tanta fama y lectores que todavía alcanzó a escribir otras secuelas y, aún fallecido, su hijo se dio a la tarea de perpetuar la saga: ahora hay 14 libros en total. La cinta, por lo tanto, establece personajes y ofrece una especie de prólogo a la acción que sucederá con el Duque Paul Atreides (Timothée Chalamet) ya dentro de una civilización vieja (los fremen), subyugada, nativa realmente del planeta Arrakis que estuvo sometida por 80 años por la raza Harkkonen cuyas primeras buenas intenciones de mejorar las condiciones de vida, se cancelaron al descubrir la abundancia de “Especia”, algo que podría considerarse como combustible (petróleo) y, en el caso de la novela, metáfora de alguna droga (por eso, en algún momento, el personaje de Paul es afectado mentalmente debido al contacto con el mineral). El emperador intergaláctico ha pedido a la Casa Atreides que ahora sea quien mande sobre Arrakis. En realidad, es un plan para aniquilarla. Al ser la mitad de toda una novela, esta primera parte fascina por su aspecto visual e intriga por lo que promete para su desenlace.


         Debe de considerarse que “Duna”, novela, vino a influenciar a muchos de los creadores fílmicos. El caso más notable y notorio es La guerra de las galaxias (Lucas, 1977 – 2019) e infinidad de otros títulos. Se nota la mano dominante del realizador Villeneuve cuyas cintas previas dentro del género (La llegada, 2016; Blade Runner 2049, 2017) fueron ensayos para el esplendor visual. Desde el inicio, con las exóticas naves, de formas distintas, tamaños imponentes, se va estableciendo una atmósfera alejadísima de la imagen de sociedad de siglo XXI. Es el año 10,191. Lenguajes, costumbres, vestuarios que van mezclando lo moderno con aquello primitivo y terminar siendo un todo indefinido. Hay misticismos (se habla de un elegido, un Mesías; hay batallones de soldados que aparentemente están siendo guiados por un líder espiritual), comunicación extra dimensional (una forma de uso de voz, una caja que causa dolor, una sociedad femenina con ciertos poderes y mandatos divinos), protección electromagnética en el momento de lucha, aprendizaje por maestros guerreros.

         Paul Atreides se encuentra en un momento de confusión personal. Se ha enterado de que pudiera ser el esperado, el elegido. Tiene sueños que predicen un futuro de esperanza, pero también de sangre. Va entendiendo, apenas, su destino. La cinta cumple con preparar al personaje para que se desarrolle en su totalidad más adelante (en una esperada y esperanzadora segunda parte), además de ofrecerle al espectador otro tipo de disposición. Así, su relación con el pueblo fremen se vislumbra someramente. Una cinta sobre el futuro y la constante necesidad del héroe prometido, del que vendrá a ofrecer realidades alejadas de tristes presentes.

El realizador y su actor en el Festival de Venecia 2021



martes, 12 de octubre de 2021

LA FARSA Y EL HUMOR

 

VENOM: CARNAGE LIBERADO
(Venom: Let There Be Carnage)
2021. Dir. Andy Serkis.

         Eddie Brock (Tom Hardy) sigue hospedando al simbiótico extraterrestre Venom dentro de sí mismo, quien desea tener acción, perseguir tipos malos y comérselos. Eddie, enamorado todavía de Anne (Michelle Williams) decide reactivar su carrera como reportero, entrevistando al criminal Cletus (Woody Harrelson) quien se encuentra en espera de ser ejecutado. Un prólogo nos ha mostrado a Cletus en un manicomio, donde conoce a Frances (Naomie Harris), pero son separados, sobre todo porque la mujer puede gritar tan fuerte que afecta a las personas. Al entrevistarlo, Venom sale de Eddie y enfrenta a Cletus mordiéndole un dedo. Así, Cletus absorbe parte del monstruo y, al estar en el momento de su ejecución, adquiere la fuerza necesaria para convertirse en Carnage, versión roja y poderosa de Venom. Enojado por la manera en que Eddie le trató en la publicación de su entrevista, rapta a Anne para atraerlo y enfrentarle.

         Secuela de la excelente Venom (2018. Dir. Ruben Fleischer), ahora se ofrece otra aventura del héroe dual que mantiene dentro de sí a una fuerza malévola, pero controlable, a la cual ha tenido que condicionar para evitar que coma seres humanos y se alimente de pollos y chocolate. A la cinta ya no le importa la naturaleza de los extremos morales, ni las vicisitudes del héroe. Ahora, con buen ritmo y mucho sentido del humor, estamos ante una comedia romántica donde hay una pareja malvada (Cletus y Frances, a la cual apodan “Shriek”, por su potente grito), que se equilibra con otra, cuyo amor no puede resolverse debido a la diferencia de temperamentos y a la realidad de Eddie con su huésped. Sin embargo, Carnage no posee los límites que Eddie le ha puesto a Venom. Mientras Cletus es Carnage, no importa el amor ni la solidaridad de la pareja. Así, se cumple el objetivo de una cinta basada en historieta donde debe de cumplirse el triunfo del bien sobre el mal.

         Personaje considerado menor que se le escapó a Marvel para ser desarrollado por Columbia Pictures (igual que Spiderman, de cuya nueva secuela hay una promoción interna en esta película), en lugar del universo creado por la exFox, y que llegó a ganar 850 millones de dólares en su propuesta original, ahora es obra coescrita y producida por Tom Hardy: actor inteligente que supo darle otra dimensión a su personaje. Era necesario (como sucedió con el genial Deadpool) introducir el humor (toda una secuencia de acción mantiene al espectador en ascuas, además de hacerle reír) y la farsa en el personaje del villano (Cletus mató a su abuela, electrocutó a su madre y asesinó a su padre) al mantener sarcasmo e ironía en sus acciones, su trato de la pareja, su odio hacia Eddie que, en verdad, buscaba otro propósito sentimental y que suena cursi (ya lo descubrirán, sobre todo porque es Woody Harrelson). Lo que en la cinta original era el aprendizaje de vivir con esta fuerza maligna dentro de un hombre cabal y su lucha contra el responsable de la existencia de este monstruo, ahora ya deviene equivalente de “héroe”: muy inteligente enfoque.

El director Andy Serkis y el productor-guionista-actor Tom Hardy



 

domingo, 10 de octubre de 2021

DESPERDICIAR LA VIDA

 

DÍAS DE INVIERNO
2020. Dir. Jaiziel Hernández Máynez.

         Néstor (Miguel Narro) vive en un pueblo al norte de Coahuila, junto con su madre viuda Lilia (Leticia Huijara), quien acaba de perder su empleo por reducción de personal. Ambos viajan a Guanajuato donde tienen una cabaña campestre para venderla. Ahí, Néstor encuentra, entre viejos papeles, un examen de la Olimpiada matemática, que habla de un lobo atrapado entre perros. Al haberlo reprobado, Néstor abandonó la escuela y ahora trabaja como recepcionista nocturno de un hotel. A partir de este momento, Néstor se obsesiona con el problema relacionándolo con su vida personal, la gente que le rodea y las situaciones que se le presentan. Deberá tomar una decisión importante.

Néstor

         Intimista ópera prima del coahuilense Hernández que nos habla de cómo podemos desperdiciar nuestras existencias por algún momento irracional, por el sentido de responsabilidad, por las circunstancias que nos rodean, por el vacío cotidiano. El problema matemático del lobo atrapado en un espacio cuadrado donde hay obstáculos en sus esquinas, y pide que se busque la solución para que el animal escape, se convierte en metáfora de la realidad de Néstor que ha estado ocurriendo desde muchos años atrás, pero que ahora le ha inquietado y empieza a presionarlo anímicamente.

La madre

         Esa realidad se define en la responsabilidad hacia la madre: pudiera ser la soledad (sus dos hermanos han partido hacia Estados Unidos y han construido nuevas vidas) o la fragilidad (defenderla ante cualquier vicisitud). También está su sentido solidario (visita con frecuencia a su vecina anciana y viuda que ya va cayendo en la demencia). Además, y más importante, su propia devaluación: al jugar beisbol fracasa y recuerda cuando su hermano pertenecía al equipo y metía carreras: los demás integrantes lo valoraban y Néstor quedaba fuera de la jugada. Aparte, está su novia, con la cual tiene planes que se irán disolviendo ante las expectativas que ella adquiere basadas en su relación.

La vecina


El hermano

         La cinta va cerrando su discurso: Lilia es, en realidad, todavía, una mujer responsable, que vive su vida, contra la posible necesidad de protección (hay una secuencia muy significativa cuando ocurre un accidente en un camino de terracería). Ni su vecina ni su novia requieren de su presencia. La cercanía con un huésped norteamericano que ha venido a realizar el trabajo sucio de una empresa que le ha contratado para hablar a sus empleados y ofrecer discursos vacíos, deja en claro que la vida no es predecible y todo puede cambiar de un momento a otro. Néstor se torna en lobo que ha encontrado una ruta de escape para no seguir desperdiciando su vida.

El realizador Hernández Máynez en rodaje



 

        

viernes, 1 de octubre de 2021

LOS DEMONIOS INTERIORES

 

PESADILLA EN EL HOTEL NORMANDIE
(The Night / Aan Shab)
2020. Dir. Kourosh Ahari.

         “Existen multiversos y un universo… ¡Y un verdadero universo!...” es el epígrafe previo a que acompañemos en su viaje hacia el interior del matrimonio conformado por Babak (Shahab Hosseini, extraordinario) y Neda (Niousha Noor), iraníes radicados en Los Ángeles, que son padres de la bebé Shabnam. Luego de una reunión entre amigos, donde la pareja anfitriona les invita a pasar la noche porque ya es muy tarde, el obstinado Babak insiste en partir hacia su casa. Neda le sugiere que ella manejará, pero Babak no acepta. En el trayecto, su GPS se desestabiliza y aparentemente Babak atropella a un gato. Ante la situación, Neda le pide que vayan a un hotel para evitar accidentes. Llegan al primero que encuentran en el camino donde el recepcionista les informa que solamente queda una suite disponible. Así inician la noche. Empiezan a suceder situaciones extrañas: Babak baja con su niña buscando agua caliente para preparar un biberón. El recepcionista le empieza a contar que fue testigo de verdaderas tragedias como magnicidios, incendios y asesinatos. En ese momento llega Neda quien le pide que le deje a la pequeña y se vaya a acostar. Ya en su habitación, Babak se recuesta y en ese momento aparece Neda que estaba en el baño: ambos bajan rápidamente a recuperar a su bebé, ahora solitaria en el vestíbulo…

         Golpes en la puerta que al abrirse dejan ver que no hay nadie. Un niño que pregunta por su madre. Un dolor de muelas que se va incrementando según pasa el tiempo. Un policía que llega a interrogarles luego de que han reportado sus incomodidades. Y así va pasando el tiempo sin que parezca que avance. Tanto Neda como Babak irán primero desconfiando de su realidad hasta que haya elementos que los reúnan en sus temores. Un personaje solitario y siniestro le comenta a Neda que “solamente con la verdad llegará un mañana”. La atmósfera es tan irreal, pero de pronto vuelve a conectar al espectador en una realidad aparente, para reencontrarse con las alucinaciones. El tono es de un horror contenido y la atmósfera es de pesadilla viviente. Su gran cualidad es que, a pesar de que hay repetición de situaciones fantásticas, el ritmo no se interrumpe ni la atención cede. El espectador, con las pistas recibidas, está constantemente tratando de adivinar lo que está sucediendo porque vuelve a recordar el epígrafe de “un verdadero universo”.

         Por supuesto que se notan influencias y homenajes. De manera obvia, el cinéfilo se acuerda de El resplandor (Kubrick, 1980), por esos corredores largos, ahora con un niño en ellos. Una copia de “La reproducción prohibida” de Magritte permite el recuerdo de Barton Fink (Coen, 1991). La disociación de personas tiene un antecedente en Identidad (Mangold, 2003) o simplemente el enfrentamiento con los demonios interiores que está presente en 1408 (2007, Hafstrom). No tenemos nuevas historias: hay estilo e imaginación para reconvertirlas y que provoquen nuevamente la curiosidad y el florecimiento de emociones. En este caso tenemos una cuestión de etnia: la pareja iraní que habla farsi entre ellos y con sus amigos, pero manejan el inglés con los norteamericanos para dejar constancia de que las raíces no se rompen ni ocultan. Babak ha llegado cinco años atrás a Estados Unidos y hasta un tiempo reciente ha podido traer a su esposa a vivir con él: esto será importante para una revelación que podría ser verdad o simplemente parte de la imaginación del marido que posee sus propios secretos.

 Un intenso actor: Shahab Hosseini

         Estamos ante un espléndido ejercicio de horror interior y de suspenso. Dos actores de excelencia (sobre todo quien interpreta a Babak) no permiten que la ilusión se rompa. Desde el inicio, mientras Babak se mira en el espejo, empieza a dudar de lo que es verdad o mentira. Y de manera circular, al final estará frente a otro espejo donde sabrá que siempre está mirando hacia atrás, sin querer enfrentar su realidad que se le ha presentado crudamente durante esta larga e interminable noche para él, pero fascinante y apasionante para el espectador.

El realizador Kourosh Ahari con su actor Shahab Hosseini (izq.)


DESAFIAR LA TRADICIÓN

AL FINAL BAILAMOS
(And Then We Danced)
2019. Dir. Levan Akin.

 

         Merab (Levan Gelbakhiani, excepcional) es un joven bailarín de la escuela nacional de danza en Tiflis, Georgia, donde esta manifestación cultural es la que prevalece como antigua, emblemática tradición que le ha dado identidad a su pueblo. El estricto maestro que diariamente conduce las clases de un grupo de jóvenes aspirantes a pertenecer a la compañía nacional expresa la necesidad de respetar dicha danza, tenerle respeto y, exige a los varones, que mantengan el sentido de masculinidad en este arte, a pesar de que ciertos movimientos de manos y cuerpos sean suaves y delicados. El viejo director de la escuela expresa que “la danza georgiana implica la inspiración de un pueblo”. Cuando llega otro joven que muestra sus buenas aptitudes a la clase, Merab tiene sentimientos encontrados: rivalidad, otro posible obstáculo a vencer para alcanzar su meta; y simpatía, ya que Irakli (Bachi Valishvili) muestra calidez y deseos de compartir cuando ambos ensayan muy temprano, previamente a horarios de clase.

         Merab es hijo de bailarines quienes, desencantados, interrumpieron su carrera dentro de la compañía de danza: ahora se han separado y el joven vive con la madre, mientras que el padre tiene un puesto de fierros viejos en un bazar. Un hermano de Merab, David, también es estudiante de la compañía pero no ha mostrado disciplina. Estos casos familiares sirven para que el maestro esté constantemente criticando y corrigiendo a Merab. El acercamiento hacia Irakli va creando una amistad que alcanza otra faceta cuando ambos descubren que se atraen y llegan al contacto físico. En algún momento, Irakli desaparece. Merab inicia su propio viaje interior: la contradicción entre la masculinidad de la danza contra su deseo y ansiedad por la ausencia de Irakli. La cinta entra en otras etapas y experiencias consecuentes con la nueva realidad de Merab que vendrán a darle su expresión de libertad ante las convenciones sociales y la tradición de la danza.

         El realizador Akin, nacido en Suecia pero con ascendencia georgiana, expresó en una entrevista que la cinta se le ocurrió luego de enterarse del ataque que sufrieron cuarenta jóvenes en Tiflis que deseaban realizar su marcha del orgullo gay en 2013, pero fueron reprimidos y atacados por una marcha alterna organizada por la iglesia y grupos conservadores de Georgia que les excedían de manera numerosa. Al ser país democrático, acepta por ley a la homosexualidad, pero en la práctica la situación es distinta. La película tuvo que filmarse con cierta privacidad. El actor principal, bailarín de danza contemporánea, dudó varias veces antes de aceptar su papel en la película. En sus exhibiciones en Tiflis, la cinta sufrió varios ataques y protestas, pero finalmente se convirtió en éxito de público.

         El tema de la tradición cultural queda representado por la danza nacional y se convierte en el símbolo del conservadurismo que debe transgredirse para que se respeten los derechos de personas que tienen otras orientaciones sexuales e identidades. Merab, al descubrir su naturaleza, se da cuenta de que la única manera para sobrevivir a la incomprensión, la prohibición, la censura, los prejuicios, será enfrentando y modificando a la tradición. En una sociedad que le limita las alternativas de una vida personal, romper con las reglas rigurosas de masculinidad y las normas o estilos inapelables de danzas cultivadas y repetidas desde la Edad Media se convierte en su propio renacimiento personal. Otro paso a la libertad.  (En la foto inferior aparece el realizador Levan Akin, al lado de sus excelentes actores).



jueves, 30 de septiembre de 2021

LA DESPEDIDA

 

SIN TIEMPO PARA MORIR
(No Time to Die)
2020. Dir. Cary Joji Fukunaga.

         En mi comentario de la cinta previa a la que ahora tocaré, dije: Estamos ante otro matiz del personaje de Bond, adecuado para nuestros tiempos, donde aflora su lado oscuro y en este caso, se llega al cierre de un ciclo. La saga, iniciada hace casi sesenta años, con esta película sirve para que Daniel Craig se despida del personaje, de una manera brillante y efectiva. La cinta inicia con un prólogo que complementa la historia de Madeleine (Léa Seydoux), personaje de 007: Spectre cuando niña, y a la que reencontramos al lado de Bond cinco años atrás a los hechos que ocurrirán en la cinta. Ambos van a Italia para que Bond pueda visitar la tumba de su amada Vesper Lynd (a la que conocimos en Casino Royale) y sufrir una persecución terrible, plena de acción, que pone en duda la fidelidad de Madeleine. Bond, devastado creyendo en una traición la coloca en un tren y se separan. Pasan los cinco años y Bond, retirado, viviendo en un lugar tropical, es extraído de su existencia tranquila por su amigo Félix (Jeffrey Wright) quien le pide, por parte de la CIA, buscar a un científico ruso Obruchev quien había sido contratado por el MI-6 británico para crear un arma biológica en nanobots que atacará directamente al ADN humano, y el cual ha sido secuestrado por Lyutsifer Safin (Rami Malek), enemigo de Bond por haber aniquilado a su familia años atrás. La cinta se dedicará a mostrar los esfuerzos por eliminar la amenaza que sería fatal para la humanidad: aunque filmada previamente a la pandemia, la cinta ofrece un posible cuadro semejante.

         Ante la necesidad de poner al día al personaje, mostrando situaciones más adultas y oscuras, además de ofrecer un panorama alejado del maniqueísmo moral de antaño donde los personajes buenos no tenían defecto y sus némesis eran todo lo contrario, las cintas del agente 007 ofrecieron otros matices luego de Casino Royale. Tenemos autoridades británicas con yerros en sus pasados o arbitrarios en ciertas decisiones. Hay un James Bond que vuelve a enamorarse y a perder a la persona amada. El instinto criminal surgió porque era necesario hacer más humano a un personaje idealizado como el que disfrutamos en los tiempos más ingenuos de Sean Connery o Roger Moore y los demás. La gran cualidad de estas últimas entradas en la saga Bond es que han sabido equilibrar las escenas de acción espectaculares, con las secuencias más oscuras y reveladoras. No olvidemos, por ejemplo, el portentoso desfile de Día de Muertos (inexistente hasta que nuestras copionas autoridades decidieron implementarlo) y los hechos íntimos del personaje.

         Ahora, en la cinta que más bien debió de llamarse “No es tiempo para morir”, Bond se enfrenta a una realidad inesperada. Su reencuentro con Madeleine ofrece una revelación que mueve sus emociones. El amigo de toda la vida, Félix, será sujeto del destino y la presencia de una nueva agente 007, que tiene ese número desde que Bond se retiró, servirá como rival interno, dentro del mismo bando. Se le da más tiempo a Q (el extraordinario Ben Whishaw quien siempre interpreta bien cualquier papel que represente), aunque ahora no hay tantos nuevos aditamentos ni armas especiales, se le muestra como ser humano que se molesta cuando le piden un favor laboral en su tiempo de descanso, pero se involucra al momento de la verdad. En otros niveles, los créditos (que aparecen más allá de los veinte minutos de proyección) son a la antigua, mostrando a muchos de los técnicos con sus labores. La canción tema de Billie Eilish cumple con la época en que vivimos (así ha sido siempre: los temas son acordes con los tiempos: acuérdense de Nancy Sinatra o Duran Duran). Y hay que detenernos con el villano que interpreta Malek y que resulta débil e intrascendente. Uno recuerda el homoerotismo de Javier Bardem o el cinismo de Mathieu Amalric. Aquí Malek nos deja fríos, sus amenazas son ligeras y hasta los enfrentamientos dejan mucho que desear.

         Es la cinta de mayor duración de toda la saga con sus 25 títulos. 164 minutos que, en realidad, no se sienten en cuanto a la fluidez narrativa. El realizador-guionista nos ofrece muchas elipsis que se agradecen. Se simplifican los traslados de lugares o los hechos de los personajes y, aún con eso, era necesario alargarse y no dejar pendientes ni cabos sueltos. La imagen final de la cinta, que no le comentaré, es conmovedora y viene a ser una especie del inicio, del recuento, de recordar a quien ha sido un ícono de nuestra vida cinéfila. Se va a extrañar a Daniel Craig: su ciclo resultó en la humanización del personaje. Y tal vez, ya es una fórmula agotada (pero el dinero manda y seguramente Bond retornará con otro rostro y hasta otra raza u otro género: ¡ojalá que no!).

El maestro Fukunaga con Daniel Craig