martes, 18 de julio de 2017

NIÑA INTELIGENTE


UN DON EXCEPCIONAL

(Gifted)

2017. Dir. Marc Webb.





         Mary (McKenna Grace, muy graciosa) es una niña de siete años que se encuentra a punto de vivir su primer día escolar. Hasta el momento ha sido instruida por su tío Frank (Chris Evans, mostrando otra faceta de su talento) pero es una niña prodigio con alto coeficiente intelectual. En la escuela se aburre pero demuestra su superioridad. Esto provoca que la directora del lugar le ofrezca a Frank becarla para que vaya a una escuela de alto rendimiento pero aquel se niega ya que quiere que viva su infancia al lado de niños de su edad y sea tan humana como nunca lo fue su hermana. De pronto llega la abuela de la niña, huérfana porque su madre, igualmente inteligente, se suicidó cuando apenas tenía un año.  Inicia un juicio para quedarse con ella y aprovechar su talento matemático.


Una relación amorosa pero angustiante



         Lo que pudo haber sido un melodrama chantajista, ya otras veces contado, se convierte en un drama humano con personajes profundos y bien delineados. Frank fue profesor de filosofía pero dejó todo para dedicarse a un trabajo común (reparador de máquinas de botes y barcos) para cuidar a su sobrina en un ambiente cálido (la acción sucede en Florida), alejado de la influencia de su egocéntrica madre Evelyn (Lindsay Duncan) que retorna porque desea sublimar en Mary las cualidades que tenía, pero nunca comprendió en, su hija. Bonnie (la feúcha Jenny Slate) es la maestra que descubre las cualidades de Mary y descubre las motivaciones de Frank para luego iniciar una relación íntima. Roberta (Octavia Spencer) es la vecina que apoya a Frank en la realidad de la niña. Y Mary, interpretada por una chiquilla que se tornará en la Dakota Fanning del momento mientras crece, es una chiquilla superdotada que entiende el sentido de la justicia, comprende perfectamente las matemáticas, pero se encuentra perdida entre la angustia de un tío que no quiere fallar en su desarrollo y una abuela que vive frustrada por la sabiduría truncada de su hija, a la cual nunca atendió como debía.





         La cinta nos habla de la responsabilidad. Uno comprende los cuestionamientos de un tío que está consciente de la herencia familiar y no desea repetir la tragedia previa. Lo más importante es la prevalencia del conocimiento y la madurez que conlleva dentro de la inocencia. La cinta muestra la acción y la reacción sin caer en verbosidades como sucede cuando la niña se entera de la existencia de un padre que nunca se interesó por ella y abandonó a su madre embarazada por lo que se pone a llorar y se queja de que no la haya buscado: Frank la lleva a la sala de espera de un hospital para que sea testigo de la alegría de un padre cuando se entera del nacimiento de su hijo, algo que no sucedió en su caso, por lo que la inteligente niña asimila todo. Son estos momentos los que elevan a la cinta sobre el melodrama simple que explota emociones primarias: apela al entendimiento del espectador para que éste reaccione de alguna manera. Todo un hallazgo.



El realizador Marc Webb, luego de sus dos 
afortunadas experiencias con El hombre araña
y Andrew Garfield, además de su excelente debut
fílmico con 500 días con ella, reitera su talento.


viernes, 14 de julio de 2017

LOS AMIGOS


SOPLADORA DE HOJAS

2015. Dir. Alejandro Iglesias Mendizábal.





         Tres amigos: Rubén (Alejandro Guerrero), Lucas (Fabrizio Santini) y Emilio (Francisco Rueda), regresan de un partido de futbol, cruzan el parque para ir a sus casas a bañarse y cambiarse porque tienen que atender el funeral de un amigo que se estampó con su motocicleta. En el parque hay montones de hojas ya que es el fin del otoño y Rubén reta a Lucas para que se tire sobre uno de ellos (algo que siempre había querido hacer) apostando diez pesos que luego no le paga. Al llegar a su casa, Lucas se da cuenta que no trae sus llaves y piensa que las extravió al lanzarse sobre las hojas. Vuelve a verse con sus amigos para intentar encontrarlas.


Alejandro Guerrero, Fabrizio Santini
y Francisco Rueda: talentosos actores



         Presentada en 9 capítulos, esta apabullante, divertidísima y cálida mezcla de comedia con toques dramáticos nos habla del sentido de la amistad que se va cultivando desde la niñez. Los tres amigos lo son en realidad y pasan por las diferentes etapas de enojos, pleitos, risas, discusiones, bromas, pláticas eróticas durante el transcurso de este día en que todo sucede. La gran cualidad de la película es el perfecto reparto para su guion. Desde el principio los tres actores atrapan por su naturalidad y gran histrionismo. Aparecen otros personajes debido a las incursiones de los jóvenes en sus casas o por ir a buscar una escoba o por la necesidad de un medicamento. El lenguaje es coloquial y en todo momento se mantiene el tono casual, algunas groserías de pronto, pero está el respeto básico y la burla usual: todo lo que esperamos en una amistad. Son muchachitos recién salidos de la preparatoria.





         Fuera de su relación, nos enteramos de sus problemas o anhelos personales: Rubén miente a sus padres ya que ha dejado la universidad sin avisarles; Emilio vive obsesionado con una vecina a la cual desea, le roba correspondencia o prendas para usarlas al masturbarse; Lucas es el más inocente pero tiene una novia que lo domina, hecho que provoca la burla de los demás. Rubén también tiene los naturales deseos sexuales (imagina seducir a la madre de Emilio) así como la actitud rebelde ante unos padres complacientes con él. Son unas almas puras, sin maldad con los instintos a flor de piel, pero en el fondo siguen siendo niños: Lucas no quiere perder jamás y discute puerilmente, de hecho es su idea la sopladora de hojas que tiene un amigo quien jamás le contesta el celular. En el funeral, los tres meditan sobre el significado de la vida a través de acciones o simples miradas. Son amigos del alma. Sus vidas tendrán que solucionarlas sin más recursos como esa nunca conseguida sopladora: se tienen a ellos mismos.  ¡Admirable!


Alejandro Iglesias Mendizábal





        

CUIDADO CON LO QUE DESEAS


 SIETE DESEOS

(Wish Upon)

2017. Dir, John R. Leonetti.





         Un prólogo ocurrido doce años atrás nos presenta a una mujer que coloca un paquete en el bote de la basura. Su niña aparece junto con un perrito y se pone a pasear en bicicleta. La mujer se mete a su casa. La niña retorna. Sube al ático y entra en el preciso momento en que la mujer se ahorca. Pasa el tiempo y en el presente la niña es Clare (Joey King), cuyo padre se dedica a recoger sobrantes de basura para revender. Clare sufre el acoso de una chica rubia y rica, además que está enamorada del muchacho imposible. Cierto día, su padre le regala una caja poliédrica que trae caracteres chinos, pero que no puede abrir. Luego de tener un pleito con su compañera, desea que se pudra. Por la noche, la caja misteriosa se abre repentinamente y ejecuta una melodía. Al día siguiente, su rival despierta, va al baño y descubre que tiene escoriaciones y gangrenas en todo el cuerpo. Y sigue.


Clare, inocente ante las consecuencias
que tendrán sus deseos



         La cinta, en el mejor estilo de las producciones de James Wan (de las cuales el director Leonetti ha sido fotógrafo) y manteniendo el nivel de terror mostrado en Annabelle, es una representación ficcional del famoso karma, donde nuestras acciones reciben retribución: si deseas el mal, recibirás el mal. Clare inicia pidiendo un deseo sin tener idea que habrá una reacción en alguna persona cercana a ella. Lo hace porque ha entendido las palabras de “siete deseos” en la caja y no ha sido testigo de la apertura de la misma. Su enfoque es inocente al principio: no está consciente que las muertes que suceden a su alrededor se deben a los deseos solicitados. Además, estos son naturalmente egoístas: ella piensa en su situación y en su manera de pensar adolescente.


Ryan Phillippe en el rol del padre
y la legendaria Sherilyn Fenn
como dulce vecina



         El espectador se mantiene a la expectativa. Sabe que cada vez que Clare solicite algo habrá consecuencias. Al tener la información que cada deseo producirá una víctima y un deceso, empieza el suspenso y luego el terror. Estamos ante otra producción que se asemeja a la terrible condena que tenían los sobrevivientes de las distintas variantes de Destino final, o las víctimas de la venganza de todas las cintas de Juego macabro. El guion, bastante ingenioso, en ocasiones dando pistas falsas que engañan al espectador, no deja lugar a duda, va conectando todos los hechos y es bastante cruel con quienes mueren por esta maldición. Uno se regocija, de cualquier manera, ya que se presenta una situación que muchos quisiéramos: la oportunidad de conseguir que los políticos corruptos desaparecieran, que los vecinos molestos se cambiaran de casa, que lo malo se volviera bueno aunque el precio a pagar fuera alto o con sangre. Destrozada por la “krítika”, que es lo que menos importa, nos devuelve atmósferas que pensábamos perdidas (o limitadas) pero que tanto James Wan y sus discípulos (o anexos) se encargan de devolvérnoslas: como si fuera un karma debido a nuestros (buenos) deseos.

Clare junto con su amiga se aterran
ante otra de las víctimas del mal karma

El director de fotografía vuelto realizador
excelso del género de terror: John R. Leonetti


LA EDAD DE LA EQUIVOCACIÓN

MI VIDA A LOS DIECISIETE
(The Edge of Seventeen)
2016. Dir. Kelly Fremon Craig.



         Nadine (una carismática Hailee Steinfeld) llega desesperada a contarle un problema a su maestro de historia Mr. Bruner (Woody Harrelson en un papel simpatiquísimo, aparentemente indolente pero en realidad bastante comprensivo). Quiere suicidarse porque ha arruinado, según ella, su vida. A partir de este momento, la narración se va hacia la infancia de la chica, acosada por sus compañeros de escuela, con pocos amigos, mimada por un padre que, lamentablemente ha fallecido. Ahora, ya mayor a los 17, es rebelde, siente que no tiene un lugar en el mundo, no entiende a su madre quien es bastante egocéntrica, y, para su desgracia, su mejor amiga se ha convertido en novia de su hermano Darien, siempre responsable, activo, popular: todo lo contrario a ella. Así volveremos a llegar al punto inicial para que las cosas tomen un curso natural y necesario.



         Estamos ante otra cinta con adolescente inadaptada pero, gloriosamente, sin que caiga en el estereotipo, el melodrama o los chistes vulgares. Nadine, como sus compañeros, tiene motivaciones para su comportamiento: ella misma ni se entiende. Intenta mezclarse y estar junto con las personas de su propia edad pero no puede lograrlo. También tiene su deseo amoroso hacia el chico aparentemente inalcanzable, bastante idealizado, por lo que habrá ascenso y caída, deseo y decepción. La relación con su madre es difícil: la mujer se apoya en el hermano mayor, la hija le parece desconfiable, pero todo se debe a una falta de comunicación.



         La cinta resulta redonda. No hay lugares comunes sino personajes reales, cercanos con el medio que nos rodea. Posee un humor fino que provoca la sonrisa. Los espectadores mayores podrán encontrar semejanzas con los comportamientos de sus hijos y los espectadores jóvenes reconocerán a sus amigos y hasta a ellos mismos. La cinta resulta inteligente porque sus personajes no son caricaturas y sus problemas, tan cotidianos, tienen razón de ser por edad y circunstancias.



         Cuando se descubre el motivo por el cual Nadine decide suicidarse y las consecuencias posteriores, uno se da cuenta que la vida no sigue un guion predeterminado sino que gira, da vueltas, ofrece sorpresas. Si recordamos que esa es precisamente la edad para el equívoco, la corrección, el aprendizaje, aceptamos a una Nadine que tiene al mundo por delante.


jueves, 13 de julio de 2017

LA CORRUPCIÓN Y LO DELEZNABLE


GRADUACIÓN

(Bacalaureat)

2016. Dir. Cristian Mungiu.





         El médico Romeo Aldea (Adrian Titieni, conmovedor) tiene sus esperanzas puestas en la beca a Inglaterra que ha conseguido su hija siempre y cuando apruebe los exámenes con altas calificaciones. Antes del examen, la chica sufre un intento de violación que la hace ir con el médico y con la policía. Su padre busca la manera de que su hija pueda tomar el examen aunque tenga que recurrir a actos deshonestos (mover influencias, pagar favores). Su situación empeora cuando la hija lo encuentra con una amante, por lo que Romeo tendrá que reflexionar acerca de sus últimos actos.





         Mungiu, uno de los realizadores que lograron colocar al cine rumano entre las industrias importantes, vuelve al tema de la ilegalidad (como en la búsqueda de un abortista en su cinta anterior 4 meses, 3 semanas y 2 días) que el protagonista de esta cinta no acepta y trata de vivir dentro del orden y la corrección. Todo cambia cuando ocurre el incidente: el médico desea que su hija salga del país, corrupto y dado a las transas, para que pueda alcanzar niveles y vivir experiencias que nunca pudieron tanto su mujer ni él mismo quien, de todas maneras, mantiene una posición decorosa, respeta a los demás y es, a su vez, respetado. Acude con un representante político acostumbrado a conceder favores pero al cual le ofrece atenderlo en un transplante de hígado. Éste le envía con un funcionario escolar.





         La cinta se vuelve una reflexión acerca de la ética y su resquebrajamiento ante la desesperación. El médico cae en las corruptelas porque desea cumplir su propio sueño en la persona de su hija. De hecho, su única traición consiste en tener como amante a una de las maestras de la chica. Mungiu utiliza una metáfora visual dentro de su guion: Romeo sufre agresiones por una persona jamás identificada que tanto lanza una piedra que rompe el vidrio de una ventana, le deja los limpiaparabrisas levantados y abiertos, para finalmente destrozar ese parabrisas. Romeo busca, no encuentra, pero jamás toma represalias: es un síntoma del país donde vive.





         Afortunadamente Mungiu cree en el ser humano y en sus alternativas de salvación. En el escaso tiempo en que transcurre la acción de toda la película veremos el descenso y caída de una persona honesta que vivirá pérdidas pero crecerá en entendimiento. Al final de cuentas, es la toma de conciencia sobre los perjuicios que la sobreprotección o la idea de cumplir los sueños propios a través de los seres que amamos solamente provocan la destrucción del otro. 



AMOR EN BRAILLE

(Le coeur en braille)

2016. Dir. Michel Boujenah.



En la línea contemporánea de los ya cuarentones
Pedrito Fernández y Lucerito



         No todo el cine francés es inteligente e igualmente cae en lugares comunes o, como ocurre en este caso, tramas esquemáticas con personajes y situaciones prefabricadas. Obviamente dirigida a un público preadolescente, la cinta habla acerca de una niña cuya enfermedad visual degenerativa no le impide alcanzar su sueño de estudiar cello en un conservatorio. Le ayudará un compañero de la escuela cuyo problema es un padre que vive aferrado al recuerdo de su esposa muerta hace años. Todo será amable, alejado de los males de este mundo, con niños tan ordenados, decentes y vivos (ella es la primera en la escuela; él sabe cocinar, planchar, limpiar la casa: ambos tienen 12 años y nunca hay señales de algún instinto precoz) que las acciones se exageran (los altibajos emocionales), ocurren de pronto (la niña se enferma inexplicablemente antes de su audición y se recupera milagrosamente, al grado de aparecer con un sorprendente vestido largo sacado de la nada) o no tienen la menor importancia (el director de la escuela y sus intromisiones, entre otros asuntos). La cinta no se decide entre ser melodrama o comedia. Recuerda mucho a las deleznables películas con Pedro Fernández en su etapa de cambio entre niñez y adolescencia (Coqueta o Delincuente, por ejemplo): quizás ese sea el motivo para que un público poco exigente la acepte.

sábado, 8 de julio de 2017

EL HÉROE ANHELANTE


EL HOMBRE ARAÑA: REGRESO A CASA

(Spider-Man: Homecoming)

2017. Dir. Jon Watts.





         Peter Parker (Tom Holland, simpatiquísimo) es un joven adolescente quien, entusiasmado por haber participado brevemente junto con los Vengadores (en Capitán América: guerra civil), como Spider-Man debido a sus cualidades especiales, espera su siguiente misión gracias a su mentor Tony Stark (o sea Iron Man, o sea Robert Downey Jr.) quien lo vigila a distancia y le ha dado un traje con todos los adelantos tecnológicos posibles. Un prólogo (ocurrido ocho años antes) muestra a Adrián Tooms (Michael Keaton) como ingeniero encargado de recoger todo el escombro dejado por el combate contra los extraterrestres, pero es relevado, de manera contundente con respuesta violenta, por el gobierno federal. Entonces, junto con sus empleados, decide quedarse con toda la basura ya almacenada con la cual crea armas destructivas y él mismo, también por ese material, se convierte en el personaje de Vulture (o sea Buitre) para vender armas y vengarse de diversas maneras. La cinta mostrará la lucha entre este joven aspirante a héroe y su némesis.





         La película inicia de manera inteligente: Peter ha llevado un videodiario en su teléfono celular poco después de la hazaña con los Vengadores. Ha esperado cierto tiempo a que se le llame, sin éxito, por parte de Stark, y mientras tanto se dedica a ayudar a su ciudad, evitando robos y realizando actos menores. Es la gran cualidad de esta película que muestra a Peter como estudiante, dentro de su ambiente con acoso de otro compañero y romance no declarado hacia una jovencita, sin ser popular en la escuela, acompañado de su fiel amigo, el gordito de ascendencia filipina Ned (Jacob Batalon) quien es muy hábil con la cibernética (que se entera accidentalmente de la verdadera personalidad de su amigo). Vive con su sobreprotectora tía May (Marisa Tomei) y de esa cotidianidad, surge el descubrimiento de las malas intenciones de Vulture y el inicio de la confrontación.





         Al equilibrar esos hechos cotidianos con la acción usual del género, la cinta se humaniza y evita la insistencia ante el estatus de la persona superpoderosa. El carisma de Holland (y su talento: no olvidemos su gran actuación como el niño perdido en Lo imposible) y su vulnerabilidad quinceañera (aunque en realidad es mayor en edad) permite el sentido de protección del espectador (quien se torna momentáneamente en inesperada tía May) por lo que la empatía envuelve a la cinta por completo: no importan tanto las escenas de acción (realizadas con humor: fíjese en la secuencia donde el héroe persigue a los vendedores de armas, saliendo desde la fiesta donde se encontraba y pasando por diversas casas donde provoca inesperados destrozos). Finalmente, Peter es todavía un niño impetuoso.





         Para una generación que se ha alimentado de una buena dosis de superhéroes, compuesta principalmente de jovencitos, tenemos la película perfecta al mostrar a un personaje de su misma edad, en un ambiente común para su realidad (amores juveniles, computadoras, contentos y descontentos) que viene a ser un modelo a seguir en esta época de valores cambiantes (o perdidos). Estamos idealmente ante el héroe anhelante, el aspirante a seguir el ejemplo de sus ídolos mayores, que sigue la regla moral, que espera el momento apropiado dentro de su realidad para florecer, aunque en los ojos del cinéfilo ya lo ha hecho.





         Sin desmerecer las joyas que filmara Sam Raimi hace quince años con Tobey Maguire, o hace un lustro Marc Webb con Andrew Garfield, este relanzamiento de un héroe más vulnerable, más ingenuo, más cercano a sus espectadores jóvenes, resulta un producto refrescante. Ya es lugar común resaltar el sentido de familia (en este caso se presentan dos extremos) en el cual Hollywood insiste. Mucha mercadotecnia pero el producto final realmente cumple con lo que promete. Memorable cinta veraniega.

Tom Holland, Michael Keaton y el director Jon Watts




        


domingo, 2 de julio de 2017

LOS SUEÑOS PERDIDOS


TRAS LA TORMENTA

(Umi yori mo mada fukaku)

2016. Dir. Hirokazu Kore-eda





         Ryota (Hiroshi Abe, atractivo, muy alto para el promedio japonés) fue novelista premiado que no pudo repetir su éxito. Ahora se dedica a ser detective privado que investiga esposos infieles o busca mascotas perdidas. Visita a su madre, la viuda Yoshiko (una tierna, frágil pero fuerte, Kirin Kiki), quien agradece la muerte de su marido y ahora vive feliz, con su pensión y asistiendo a una clase de apreciación musical. Ryota es divorciado, espía a su mujer Kyoko (la bella Yoko Maki) que tiene nuevo pretendiente y desea ser buen padre para su hijo Shingo (Taishô Yoshizawa), a pesar de que gasta su dinero en apuestas, lotería, juegos de azar, y no paga a tiempo la pensión alimenticia. Una noche de ciclón, La ex pareja y el hijo deberán pasarla en el pequeño departamento de Yoshiko para que se aclaren algunas cosas aunque sea inmóvil el pasado y el futuro siempre sea incierto.


El altísimo Hiroshi Abe (1.90 m)
y la entrañable Kirin Kiki



         El realizador Kore-eda ofrece otra de sus cintas acerca de las relaciones familiares. Al saberse que inicialmente quiso ser novelista, se comprende la densidad de una trama que nos pasea junto con Ryota hacia un conjunto habitacional para que conozcamos su pasado gracias a las interacciones con hermana y madre; hacia sus investigaciones laborales para que sepamos cuál es su vida cotidiana y todos los obstáculos que no le permiten enderezar su situación; y finalmente, gracias al hecho fortuito del fenómeno natural, la realidad de un futuro no alcanzado, la posibilidad de que algo mejore o tal vez (seguramente), todo siga igual.





         Kore-eda divide su película en secuencias al estilo Chejov, donde aparentemente no sucede nada pero las palabras o las situaciones son profundas en lo que transmiten. Al inicio de la cinta, hija y madre hablan de Ryota y su divorcio, la falta de dinero, la libertad que ahora siente la madre. Luego vemos a Ryota en un vehículo que lo transporta hacia la casa de su madre que lo consiente y, paradójicamente, aunque el hombre busca algo que pueda empeñarse de lo que ha quedado en casa, le deja dinero a la mujer. Se continua con la entrevista a una dama que ha sido investigada por su marido a través de Ryota por lo que éste mueve las cosas a su favor: le entrega sus pruebas de infidelidad a cambio de dinero y que, ahora, se cambie al objeto de la investigación por el marido. Luego vemos a Ryota en su intimidad: un librero con muchos ejemplares de la novela que ya no tuvo descendencia (sigue siendo un ideal perdido). Con pocas secuencias ha quedado aclarada la personalidad y realidad del personaje masculino.


La familia reunida por un ciclón



         El otro lado de la moneda lo integran la ex esposa y el hijo. Ryota quiere ser un buen padre y repetir lo positivo que hubo en su relación con el suyo, dejar de lado lo negativo. Ryota, dentro de sus limitaciones, intenta acercarse al niño, revivir lo que fue entrañable en su vida infantil, evitar que su hijo no alcance los sueños que tenga. Kyoko, por su parte, le reprocha los descuidos y las negligencias durante su vida matrimonial: Ryota no ha cambiado su rutina (rechaza la oportunidad de escribir una manga que le dejaría dinero, pero "mancharía su renombre"), sin embargo extraña a su mujer (otro sueño perdido) pero ya no queda mucho por hacer.





         Es un lugar común la referencia de Ozu como antecedente del gran cine familiar japonés de antaño. No obstante, la calidad de factura y la importancia en estos personajes a lo largo de sus cintas hacen que la comparación con el cine de Kore-eda (toda distancia, todo respeto, debidos a otra época, otra manera de hacer cine) sea inevitable. La cinta resulta entrañable, queda en la memoria, termina y uno quisiera que volviera a empezar. Imprescindible.




         El extraordinario Hirokazu Kore-eda



        


sábado, 1 de julio de 2017

EL MIEDO


VIENE DE NOCHE

(It Comes at Night)

2017. Dir. Trey Edward Shults.





         Paul (Joel Edgerton) vive con su esposa Sarah (Carmen Ejogo) y su hijo de 17 años Travis (Kelvin Harrison, Jr.) en una cabaña en el bosque. Hay una amenaza sobre el mundo que se manifiesta en enfermedad y muerte, por lo que se han encerrado en este lugar. Cierta noche llega un hombre que fuerza su entrada a la cabaña. Paul lo somete y luego se entera que estaba en busca de comida y agua para su familia a la cual tiene en una casa abandonada a 80 kilómetros del lugar. Paul le cree y luego le ayuda para que traiga a vivir con ellos a su esposa e hijo pequeño. Esto dará lugar a una confianza que se transformará en paranoia y, por supuesto, en desconfianza.





         Partiendo de una imagen apocalíptica para el planeta con otro virus amenazante y desconocido, estamos ante el instinto de supervivencia. Al inicio de la cinta, Paul tiene que matar e incinerar al padre de su esposa ya que se encuentra infectado. Es la única manera de poder seguir adelante sin saber hasta cuándo les tocará a ellos o tal vez ocurra un milagro. En un mundo apocalíptico, no queda más que la esperanza aunque ésta deba alimentarse del miedo y del temor ante los demás. Paul tiene a su hijo adolescente y a una esposa para proteger: motivos para continuar en medio de las peores condiciones y perspectivas.





         La llegada de otra persona se vuelve ahora en amenaza corpórea: ya no solamente la enfermedad. Hay que obrar con cautela y creer que el otro cuenta verdades, tener compasión y enfrentar juntos la triste realidad. Sin embargo, está el miedo eternamente presente. El más simple movimiento en falso sirve para detonar el delirio, la amenaza. La familia recibe con agrado a otras personas en su vida. Entre más personas puede haber mayor solidaridad y defensa en común, pero siempre estando en alerta.





         El personaje más entrañable es Travis, el hijo adolescente, quien no ha podido dormir bien desde hace tiempo. Su miedo se alimenta a través de las pesadillas que le acercan a las imágenes acechantes, posibles, futuras. En sueños sublima su sexualidad con un intercambio de sangre con la joven esposa del nuevo inquilino o mira sus manos bañadas en el rojo líquido, su cuerpo cubierto de llagas, el camino entre largos pasillos que llevan a lo desconocido: eso que ha provocado esta situación.





         Lo que inicia como una muestra de solidaridad deviene temor y desconfianza. Las buenas intenciones, la protección hacia el semejante ofrecen una idea del hombre moralmente comprometido: como paradoja será lo que lleve a una ruina personal y a una actuación opuesta y radical a lo que se esperaba. Y todo sucede mientras se espera el sinuoso, acechante, terminal cumplimiento del destino inescapable. La anécdota enfatiza nuestros más ocultos temores. Es el nuevo cine de horror donde el monstruo reside dentro de las personas.