lunes, 11 de junio de 2018

OBRA MAESTRA


EL LEGADO DEL DIABLO
(Hereditary)
2018. Dir. Ari Aster.



         Así como James Wan revitalizó al género de terror dentro del tema de la casa embrujada, ahora el debutante Ari Aster lo logra al tratar el asunto de la brujería y el culto al demonio. Estamos dentro de la atmósfera que hace cincuenta años logró Polanski con La semilla del diablo (Rosemary’s Baby, 1968) donde la antiquísima cofradía de adoradores del demonio establecía las condiciones para el nacimiento del Anticristo. En este caso, el mismo título original de la cinta (“Hereditario” en español) ya nos introduce a una tradición de familia. Sin embargo, todo se irá desarrollando lentamente aunque sus personajes se encuentran atrapados dentro de un destino implacable, así como los muñequitos miniatura que la artista Anne (Toni Collette, magnífica como siempre) fabrica para sus creaciones que le han dado renombre en las galerías.


         Annie acaba de perder a su madre. Está casada con Steve (Gabriel Byrne, excepcional actor quien nunca se ha retirado pero ya requería una cinta taquillera) y tiene un hijo quinceañero, Peter (Alex Wolff) y una hija de trece años, Charlie (la feísima Milly Shapiro que, sin embargo, queda perfecta para su papel). Annie asiste a una reunión de motivación para quienes han perdido a algún ser querido y ahí da a conocer que la relación con su madre fue tirante: no le permitió que dominara a su hijo, pero le entregó a su hija quien ahora extraña a su abuela. Un accidente cambiará toda circunstancia previa. Una persona se acercará a la mujer para consolarla y hacerle saber una forma de resignación y recuperación que pondrá a toda la familia en jaque. Es muy difícil hablar de este tipo de cinta sin echar a perder la sorpresa y la delicia del descubrimiento del espectador.


         Se habla del libre albedrío imposible. Estamos ante una nueva tragedia griega donde el destino, como lo mencioné antes,  ha marcado a sus protagonistas. Existe la conspiración insospechada. Habrá un descubrimiento que permitirá conocer el legado de una madre alejada de todo estereotipo pero acorde con la fidelidad hacia sus creencias a través de su familia: otra forma de abnegación. No podrá haber escape, no se cumplirán las reglas del juego. El mal acechante sigue adelante. Narrada magistralmente, la trama se desenvuelve dejando pistas visuales, solidificando a cada personaje, interiorizando en las angustias y en los sentimientos internos, dando giros que luego serán sorpresas. Dejarán al espectador con alguna confusión que no es grave: la finalidad se cumple sin complacencia. No puedo decirle más, por desgracia. No deje de verla. Una de las mejores películas del género y en lo que va del año.