domingo, 19 de julio de 2015

LA GRANDEZA DEL SER PEQUEÑO

ANT-MAN: EL HOMBRE HORMIGA
(Ant-Man)
2015. Dir. Peyton Reed.



         Scott (Paul Rudd, musculoso y carismático, rejuvenecido y gracioso) acaba de salir de la cárcel. Como “hacker” había despojado de sus bienes a unos perversos millonarios. está divorciado y tiene una hija pequeña que vive con su mujer y su actual ex novio: un policía. Es despedido de su trabajo y al no quedarle remedio, vuelve al crimen: robar la caja fuerte en una mansión. Lo que encuentra es un extraño traje que se lleva consigo. Al ponérselo, logra reducir su tamaño hasta proporciones de hormiga. Todo ha sido producto de un plan llevado a cabo por el Dr. Hank Pym (Michael Douglas) quien lo necesita para llevar a cabo una misión: evitar que este traje sea comercializado para fines bélicos por quien fuera su antiguo discípulo, ahora ambicioso y enfermizo villano Darren Cross (Corey Stoll, estupendo villano).

Paul Rudd y Michael Douglas como héroe probable
y científico salvador, respectivamente.


         Lo que parecía ser una cinta menor dentro de las producciones de los Estudios Marvel resulta ser una divertida y entrañable versión de otro personaje de historieta. Su gran cualidad es que posee sentido del humor y un reparto perfecto. La tesis que maneja reside en la grandeza del ser pequeño: una hormiga puede cargar lo que sería cincuenta veces su peso. El famoso traje que permite la reducción se encuentra a un punto de la nada: el peligro sería caer en el infinito, donde se mezclan el tiempo y el espacio. Lo que disminuye el cuerpo en tamaño lo adquiere en fuerza y precisión. La referencia obligatoria en este tema es El hombre increíble (The Incredible Shrinking Man, Jack Arnold, 1957) donde un hombre iba disminuyendo de tamaño, por una radiación cósmica, hasta que se mezclaba con el infinito (en esa cinta, era la lucha contra la Naturaleza al no haber poderes especiales). Podría pensarse que la historieta tomó esa alternativa (se creó en 1962) gracias al argumento de la cinta mencionada.

El malvado Darren Cross que da miedo
con sólo mirarlo.


         Un elemento que distingue a esta cinta de otras recientes con personajes de historieta reside en sus guionistas: Edgar Wright, a quien debemos comedias maravillosas como director-guionista (El desesperar de los muertos, Scott Pilgrim o El fin del mundo)
El genial guionista-director Edgar Wright

y Joe Cornish (junto con Wright escribió el guión de Las aventuras de Tin Tin, la incomprendida obra maestra de Spielberg).
Joe Cornish, co-guionista admirable

La trama está conformada por secuencias dinámicas: la primera incursión de Scott en el mundo diminuto es magistral ya que cae de una bañera, a ser amenazado por el agua, caer bajo un desagüe, encontrarse con una rata, caer a una disco donde es amenazado por pies que bailan, hasta el delirio). En otra de ellas, cuando se narra la forma en que uno de sus amigos se entera del lugar donde existe la caja fuerte, se pasa de personaje a personaje que usa la voz del narrador. Y así sigue.


Scott se encuentra el traje increíble


         Otro elemento está en el reparto: Michael Douglas aparece en una primera secuencia de 1989, trucado por los efectos visuales en un joven galán que lo recuerda en “Bajos instintos”, por ejemplo. Luego sigue contenido, sin la grandilocuencia que lo ha caracterizado en los últimos años. Evangeline Lilly es una bella consecuencia de la serie de televisión Lost que se ha forjado una carrera discreta en Gigantes de acero o la saga del Hobbit.

La hija del científico que sirve como enlace doble con Cross

Los tres amigos delincuentes de Scott son deliciosos donde destaca Michael Peña en rol cómico luego de sus papeles serios (Último turno o César Chávez entre muchos). Corey Stoll como villano calvo, alto, físico espléndido, que provoca temor con simplemente verlo: una presencia magnética.
El inigualable Corey Stoll, como villano magnífico

Finalmente Paul Rudd, impensable en este rol, se justifica cuando se compensa al héroe con sentido del humor que echa a perder momentos significativos o resulta tan vulnerable como cualquiera. Genial.

 Paul Rudd se preparó físicamente para el rol: se nota

         El tercer elemento reside en la dirección sutil, fluida, que imparte Peyton Reed, más conocido por la comedia romántica (Abajo el amor, Viviendo con mi ex)  o  disparatada (¡Sí señor! con Jim Carrey). Las secuencias mencionadas previamente o la que engañosamente anuncia la salida de prisión de Scott o aquella donde se ingresa en la cuarta dimensión o cualquiera que se desee, resultan ser efectivas y llevadas con una mano ligera que sabe mantener la atención del espectador porque sabe impartir ritmo: nunca cansa, nunca quiere uno quitar los ojos de la pantalla, nunca se vuelve fallidamente “trascendente” (como pasa, por ejemplo, en Avengers: era de Ultrón).

Peyton Reed entra a la superproducción con el pie derecho


         Una de las mejores películas de acción del verano caluroso que, por fortuna, vivimos alejados de las lluvias, donde se demuestra que si la trilogía elenco-guión-director resulta adecuada y empática, los resultados son maravillosos.