lunes, 16 de julio de 2012

"¿QUIÉN SOY YO?"


EL SORPRENDENTE HOMBRE ARAÑA
(The Amazing Spider-Man)
2012. Dir. Marc Webb.


            Al terminar la película, durante los créditos, me di cuenta de la calidad conjunta, con todas las diferencias radicales, entre los guionistas. Esto me vino a justificar que estuve viendo una película de Marc Webb donde lo que importaba era dimensionar a los personajes más allá de la acción y sus efectos especiales, apoyado por escritores cuyos antecedentes estaban dirigidos más hacia cierto tipo de comedia humana que a la simple descripción del personaje por sus logros y esfuerzos físicos. Acababa de disfrutar una nueva versión de una misma historia básica. Era el preámbulo de lo que el conjunto de obras maestras de Sam Raimi, con Tobey Maguire (2002, 2004 y 2007), procuró para un público ávido de héroes con poderes para darle sentido y justicia a un mundo ya exiguo de valores.

En este caso tenemos una amplia descripción de la niñez y juventud del joven Peter Parker (Andrew Garfield, toda una revelación fuera de personajes realistas):


sus problemas de relación e identidad. La falta de respuesta a la ausencia del padre. La picadura de la araña viene a ser el catalizador para darse una respuesta que es magistralmente concluida cuando termina la película: el toque genial con la maestra que resume todos los posibles temas narrativos de la literatura en la respuesta a la pregunta “¿Quién soy yo?” para que Peter establezca de manera contundente su labor como apoyo a la defensa civil, al respeto por los valores éticos, a su amor como ser humano (que en esta ocasión se subraya enfáticamente con su “telaraña” o su vulnerabilidad) y con ello, cerrar coherentemente lo que hemos disfrutado por 135 minutos.


            La trama es muy conocida y creo que está de más repetirla. Conviene detenerse un poco en el villano, lagartija humana, que puede regenerar sus miembros fácilmente y crece las garras con uñas afiladas para darle poder mortal. Una imagen fascinante sucede en las entrañas urbanas, cuando miles de lagartijas caminan por los hilos de telaraña para encontrarse con este monstruo. Y el monstruo en sí mismo es caricaturesco. Quizás fue el deseo de seguir subrayando la realidad: recordarnos que es una película basada en una historieta y que se está tratando todo un universo fantástico para que sirva como metáfora de la necesaria moralidad: hilo conductor de todas las tramas animadas.

La selección de Marc Webb 


se entiende luego de 500 días con ella, película donde las cosas tenían que suceder aunque no de la manera esperada. La relación amorosa entre dos jóvenes, llevada a cabo de manera suave y azarosa, era perfecto antecedente para pensarlo en que fuera realizador de una película donde lo que importa es la pareja juvenil como pretexto para el avance de la trama: Sin Gwen (una Emma Stone que reitera su carisma absoluto), Peter no conocería a su padre, el jefe de policía, para llegar a la consumación de su destino.


Otra cosa que comprendí, luego de ver esta joyita, es por qué hay quienes dicen que “no vale la pena” o “es una porquería”. La película no cubrió las expectativas filmofágicas: la adicción a las mismas escenas realizadas con efectos especiales que satisfacen por unos minutos y luego se olvidan. Es el caso de los espectadores pasivos para quienes el cine cumple otra función sin que les importe descubrir el propio dilema de Peter Parker o sea, saber quiénes son ellos por medio de las películas.