lunes, 19 de septiembre de 2016

HUMOR CON OLOR A SANITARIO


NO MANCHES FRIDA

2015. Dir. Nacho G. Velilla.





Ezequiel (Omar Chaparro) sale de la cárcel para descubrir que sobre el terreno donde escondió su botín se ha construido el gimnasio de una escuela privada. Al ir a pedir trabajo como intendente, debido a la terrible disciplina de los estudiantes que hace correr a otros candidatos, se le confunde y es aceptado como maestro. Le toca cubrir a un salón de clase temido por todos los docentes. Cuando Ezequiel lo toma, primero es víctima de las bromas del grupo y luego logra domarlo. Alrededor de esto hay una maestra soñadora e idealista (Martha Higareda) que se torna en su objeto amoroso.



Versión mexicana (con producción norteamericana y alemana, dirigida por un español) de una cinta filmada en Alemania en 2015 llamada Fack ju Göthe (2013, Bora Dagtekin) y que copia la trama esencial de la norteamericana De ladrón a policía (1999, Les Mayfield), donde un ladrón descubría que sobre su botín estaba una estación de policía por lo que se hacía pasar como agente para lograr recuperarlo. Desconozco la alemana, de la cual no espero mucho. Me gusta la de Mayfield con Martin Lawrence. Sobre películas acerca de alumnos insoportables que son llevados a la razón y el respeto existen, por suerte, títulos afortunados.



La película es una larga sucesión de chistes fáciles, palabrotas, comportamientos extremos y groseros, además de rendir el culto eterno a la coprofilia, que apelan a la reacción primaria. Seguramente tendrá mucho éxito entre el público que no es exigente y acepta cualquier bobería como No se aceptan devoluciones o Nosotros los Nobles como gran ejemplo del mejor cine mexicano. Es de esperarse que existan alumnos como los describe la cinta: sin rumbo ni intereses, viviendo para el momento, bajo el pretexto de que no se les entiende. Una realidad exagerada que provoca la risa por situaciones increíbles (las bromas de los estudiantes) o la utilización de soluciones inverosímiles (la excavación en el sótano, sin que nadie se dé cuenta, aunque, bueno, el túnel de El Chapo le dará la razón a los defensores de la película).



Hay un momento que parece serio: cuando el “maestro” lleva a sus alumnos por un recorrido entre sus amigos: un miserable, un drogadicto y un narcotraficante, como ejemplos de lo que pudieran llegar a ser. Uno imagina que si esa fuera la fórmula perfecta para colocar a los jóvenes por el buen camino, otro gallo cantaría en nuestra realidad. Para redondear la universalidad del ladrón vuelto maestro, se torna en “director de teatro” que “reescribe” su propia versión de Romeo y Julieta. Sin embargo, es un negocio. Todo está conformado para atrapar a la ignorancia y ganar mucho dinero. Todo se resume en las fórmulas fáciles: copia de copia de copia que es más o menos la definición generalizada del cine mexicano contemporáneo, con honrosas excepciones. Es una producción de Televisa Cine donde se dice y hace lo que no se puede por sus canales abiertos (pero se iguala con sus programas por "cable" como Telehit).



Es una película que disgusta, aunque en la sala donde la vi, los pocos asistentes estuvieron riendo todo el tiempo. Otra señal de los tiempos de deterioro en que vivimos...