sábado, 27 de mayo de 2017

EL SENTIDO DE HUMANIDAD


BAJO LA ARENA

(Under Sandet)

2015. Dir. Martin Zandvliet.




         Al término de la Segunda Guerra Mundial quedaron más de dos millones de minas enterradas bajo las arenas blancas de las playas danesas. Los alemanes pensaban que por ahí ocurriría alguna invasión y esas mortíferas armas podrían detener al enemigo. Lo que hizo la milicia de Dinamarca fue utilizar a los prisioneros de guerra, precisamente a los alemanes, para que encontraran y deshabilitaran esas minas. El detalle más cruel, desde el punto de vista humanitario, es que muchos de esos prisioneros eran jovencitos, casi niños, que las fuerzas hitlerianas habían reclutado por el pánico de la derrota de sus disminuidas tropas.





         Al inicio de la cinta, el rudo sargento Rasmussen (Roland Moller) pone a trabajar a un grupo de estos muchachos bajo condiciones terribles: sin darles de comer, presionándolos todo el día, subrayando siempre su condición de enemigos que habían traído dolor y caos al país. Sin embargo, dentro del peligro, poco a poco, los chicos se van ganando la simpatía del militar quien comprende su inocencia y su posición como víctimas de un detestable régimen. Nos damos cuenta de los sueños y las ilusiones de los jovencitos que desean estar al lado de la mamá, comer hasta hartarse, conocer muchachas: en resumen, lo que necesita un niño común y corriente.





         El tema de la cinta es el sentido de humanidad inherente en todo ser humano. Las circunstancias de la guerra convierten al hombre en enemigo del hombre. La noción de rencor y venganza son acordes con las consecuencias: los vencedores siempre sentirán orgullo y los vencidos serán sometidos, además de ser designados como culpables, sin considerar que ambos bandos han cometido atrocidades. Eso sucede con estos jóvenes que siguieron órdenes y fueron despojados de su edad y de sus ilusiones.





         La cinta es espeluznante y conmovedora en sus implicaciones. El espectador participa al sentir el terror de los personajes que están buscando las armas, presintiendo que en cualquier momento pueden estallar, aparte de mezclar la compasión por estos jovencitos desamparados. Igualmente, el personaje del sargento danés produce esa dualidad de rechazo y aceptación. El tema había sido tratado en La gran ilusión (Jean Renoir, 1937), en la cual un oficial alemán era quien llegaba al dolor cuando tenía que enfrentar a su némesis francés en un duelo donde había intentado fallar su tiro: el hombre finalmente debe amar a su prójimo. Bajo la arena es ejemplo de este mandato supremo, tan escasamente obedecido.


El realizador Martin Zandvliet



Nota: Luego de ver esta película, uno se convence de las prioridades políticas de los Óscares. Nominada a la mejor cinta extranjera, resulta mil veces mejor que la película ganadora, que tiene sus logros, cuya importante cualidad fue simplemente  ser iraní: pretexto para golpear al detestable Trump.