sábado, 13 de enero de 2018

DECISIONES DEL DESTINO


LA RUEDA DE LA MARAVILLA

(Wonder Wheel)

2017. Dir. Woody Allen





         Al inicio de este inquietante melodrama, el 48° largometraje del maestro Allen, que sucede en un verano de los años cincuenta, aparece el narrador, Mickey (Justin Timberlake), un salvavidas eventual que estudia arte dramático en la universidad (aunque también será protagonista de la historia) para comentarnos que cada hombre escribe su propia tragedia, aunque también interviene el destino. Entonces expresa “entra Carolina” como si estuviéramos ante una pieza teatral y, efectivamente, vemos a dicho personaje (Juno Temple) subir por la rampa de Coney Island, el parque de diversiones cercano a Manhattan, preguntando por Humpty (John Belushi), su padre. Le dicen que acuda con su esposa que trabaja como mesera en un restaurante cercano, Ginny (Kate Winslet). Lo hace ante la sorpresa de la mujer quien la lleva a su casa: ambas comentan que se va a enojar y la va a correr. Cuando aparece Humpty primero despotrica pero luego se calma: había roto relaciones con esta hija de su primer matrimonio al decidir ella casarse con un hampón. Después de cinco años sin comunicarse la andan buscando para matarla porque ha denunciado los crímenes de su marido: por eso viene a solicitarle asilo: ahí no la encontrarán. Ginny le ayuda a conseguir trabajo como mesera. Humpty cambia su actitud y empieza a forjar nuevas ilusiones con esta hija. Ginny tiene otro hijo, un jovencito con tendencias piromaníacas. Luego, Ginny conoce a Mickey y tras un juego de seducción, se tornan amantes. La situación se complica cuando Mickey se encuentra con Carolina y compara sus sentimientos sobre las dos mujeres...


Una impactante recreación
de Coney Island, años 50
La maravillosa Kate Winslet
Un excelente John Belushi



         El maestro Allen retorna a la nostalgia del pasado como en su película anterior (Café Society) porque es la atmósfera adecuada para narrar esta disertación sobre el destino: son los tiempos cuando acciones, objetos y vida cotidiana normaban a las personas en situación (no podría ocurrir de igual manera en tiempos actuales). Cada personaje habla de las decisiones que tomaron e hicieron que sus vidas tomaran otros rumbos cuyos efectos son ahora el quehacer cotidiano. Carolina al casarse con un gangster: del lujo y la pasión pasó a la delación por el remordimiento. Humpty tomó el camino del alcohol aunque ahora ha permanecido sobrio y alcanzado cierta estabilidad (que se irá perdiendo). Mickey al relacionarse con una mujer por instinto para llevarla sin querer a la ilusión amorosa. Y finalmente, sobre todo, a la dramática Ginny: estudiante de teatro en su juventud, actriz efímera y nunca destacada, casada con un baterista al cual amaba y le dio un hijo (que ahora se ha tornado problema por su afición malsana al fuego: juega un rol importante como subpersonaje) pero luego le fue infiel, para caer con otro hombre al cual no ama pero que es un soporte emocional o económico. Al reencontrar la pasión con un hombre joven y sensual cree que se halla ante la posibilidad de una reinvención personal: pero interviene el destino. Entonces, estamos ante otra reflexión sobre las decisiones personales. Es más, Allen vuelve a las consideraciones morales sobre vida, muerte, castigo (como en Crímenes y pecados, La provocación, entre otras).


Primero decisión...
...luego interviene el destino



         La casa de Humpty y Ginny está frente a la rueda de la fortuna, emblemática de Coney Island (que sigue en pie desde 1920), que oculta el paisaje marítimo y lanza colores sobre objetos y personas por sus luces en movimiento. Allen nos ofrece una cinta con gran belleza visual: el color se vuelve medio expresionista y podemos distinguir luz, sombra, pasión, dicha, melancolía (gran aportación del fotógrafo Vittorio Storaro, colaborador de Bertolucci y muchos otros genios). Esta frontera de la rueda de la maravilla (Wonder Wheel es su nombre en inglés) corta los espacios en dos partes: delante de ella, el mar, el sexo, la pasión; al fondo está la casa de amargura, decepción y engaño. Como en todas las cintas del maestro Allen existen diversos planos de interpretación y de ahí la necesidad (y placer) de repetir la experiencia. Las canciones incluidas igualmente aportan otros elementos de nostalgia y atmósfera. La recreación visual de Coney Island en los años cincuenta es excepcional por los efectos especiales digitales. Retomo un comentario del inicio: cinco personajes en el escenario de la vida: como pequeña obra de cámara: causa y efecto.

El maestro Allen dirige a sus actores