domingo, 27 de mayo de 2018

CUIDAR A LOS OTROS


NUNCA ESTARÁS A SALVO
(You Were Never Really Here)
2017. Dir. Lynne Ramsay.



         Basada en una novela corta (ni siquiera alcanza las 100 páginas) de Jonathan Ames publicada en 2013, tenemos la historia de Joe (Joaquín Phoenix), un mercenario a sueldo que se encarga de rescatar a niñas que han sido secuestradas para explotarlas sexualmente. Utiliza un martillo que compra nuevo para cada trabajo y tiene un “agente” que le consigue trabajos.  A través de imágenes cortas que muestran su pasado, uno se entera que fue abusado y torturado por un padre cruel o que estuvo en la guerra donde fue testigo de sus atrocidades. Joe, sin embargo, tiene otro aspecto en su vida: cuida de su madre anciana. El siguiente trabajo será encontrar y salvar a la hija de un senador que lo llevará a involucrarse con la perversión y podredumbre inherente en los círculos del poder. Debe seguir cuidando a los demás.

Cuidar de la madre y de las víctimas

         La cinta nos habla de alguien que se preocupa por los demás, por los inocentes sin protección, por los seres que muestran compasión, pero que puede matar sin ella a quienes abusan de los demás. Joe no tiene mayor aspiración en la vida y de ahí que, cuando las cosas se revierten, no le queda más que pensar en el suicidio y, paradójicamente, es lo que le vuelve a dar esperanza. La trama se narra con infinidad de elipsis (se muestra menos de lo que el espectador va creando por pistas que se le ofrecen) y aunque la violencia está presente (hay sangre, disparos, cuerpos), en realidad se evita mostrarlo: todo está en el sonido o en la situación indirecta (pantallas de cámaras de seguridad o tiros en cierta dirección para luego ver al cuerpo herido). Lo que se explicaba en la novela (ex agente de la CIA y anterior marino combatiente en Afghanistán) aquí se sugiere. Lo que se narraba con palabras aquí se compone de imágenes.

La cinta pertenece a Joaquin Phoenix

         Joaquín Phoenix ganó el premio como mejor actor en Cannes 2017 (una de las ediciones más afortunadas según se comprueba con todas las películas que nos han tocado ver) y fue muy merecido: la cinta le pertenece por completo y no puede uno dejar de verlo (como pasó en Un hombre irracional o Ella). Aparece la legendaria Judith Roberts (de Cabeza borradora y dos joyas de James Wan: El títere donde era la siniestra Mary Shaw y Sentenciado a morir donde era la jueza) como madre amorosa y necia que se asusta con Psicosis luego de verla por televisión o inunda el baño por descuido para subrayar el amor de su hijo. La realizadora escocesa Ramsay nos había ofrecido previamente otra cinta de culto (Tenemos que hablar de Kevin) y su estilo críptico y sugestivo nos trae a la memoria el cine de Mike Hodges (Carter – asesino implacable, 1971) y de John Boorman (A quemarropa, 1967), adaptados a los tiempos posmodernos,  por su narración entrecortada que reta al espectador para que ate cabos y disfrute de una trama harto conocida donde lo que la distingue es la forma para contarla.