viernes, 3 de noviembre de 2017

LOS TIGRES NO SIENTEN MIEDO


VUELVEN

2017. Dir. Issa López.





         Una nota previa al inicio de esta película nos informa que las guerras del narcotráfico han dejado muchas muertes y, por lo tanto, huérfanos. Ese es el punto de partida para una cinta que mezcla drama, fantasía, terror (pero cotidiano más que sobrenatural) en la historia de cinco niños, sin padres, quienes sobreviven en las calles de una ciudad, posiblemente fronteriza. Estrella es una niña de diez años a la que conocemos en su aula escolar mientras escribe un cuento de hadas. De pronto se escucha un tiroteo y todos los niños se tiran al suelo. Su maestra se acerca a Estrella, pone tres gises en su mano diciéndole que son para que se cumplan sus deseos. Más tarde llega a casa, su madre no se encuentra, pasan las horas, el día siguiente. Ella tiene hambre. Cuando la gente no retorna es porque ha muerto. Estrella pide el deseo de que vuelva y se le concede: su madre la acompaña como voz, manos, presencia ausente. El Shine es otro niño de la calle que lidera a otros tres compañeros. Roba la pistola del tipo borracho que fue el asesino de su madre y posee un teléfono con imágenes clave. Cierto día roba la casa de Estrella. La niña, luego de estar sola, decide ir en su busca. Al principio rechazada, luego logra alcanzar el respeto de los niños.  


Un conjunto de pequeños actores
más bien intuitivos y conmovedores



         Más que narrar una historia de violencia directa con pura acción y venganzas esperadas, estamos ante un cuento más sutil, donde todos los niños son víctimas de los males de este mundo y siglo. Mientras que deberían ser príncipes, tigres majestuosos sin ningún temor, con vidas plenas y familiares, sus realidades son tristes, desajustadas, sin mayor esperanza que el día siguiente porque el futuro es impredecible. Estrella tiene la ilusión de sus tres deseos que se cumplen con resultados inesperados. La madre que retorna no está sola: la acompañan otros muertos, otras víctimas de los caprichos y amoralidad de sus asesinos; carga moral para una sociedad corrupta y cómplice. Los niños experimentan, en poco tiempo, vejaciones y sus alegrías son las derrotas de los verdugos. Estrella alcanzará a cumplir su condición de princesa para obtener lo que será un mínimo triunfo ante el universo criminal.





         Luego de dirigir comedietas ligeras (Efectos secundarios, Casi divas) y escribir verdaderos bodrios (Niñas mal, Viaje de generación) con alguna excepción (600 millas), la realizadora total López alcanza un punto alto, con calidad y congruencia, en este panorama de una de las variables que sostienen la realidad (triste) del país. Encumbrando a los pequeños, no cae en la convención azucarada sino en la brutal desesperanza. A pesar de que la cinta los alabe por su fortaleza, siempre queda la pregunta de cuál será su destino. Fuerte e hipnótica. Vuelven, siempre vuelven y están a nuestro alrededor.

Issa López