viernes, 21 de septiembre de 2018

LA PÉRDIDA DE LA FE


LUZ DE INVIERNO
(Nattvardsgästerna)
1962. Dir. Ingmar Bergman.


         El pastor Tomas Ericsson (Gunnar Björnstrand) oficia una misa donde solamente tiene 5 feligreses, un organista y un sacristán. Sigue todo el ritual hasta la comunión. Al terminar, atiende a una pareja que busca su consejo: el marido Jonas sufre una crisis existencial porque teme la explosión de una bomba atómica a cargo de los chinos. Tomas, entonces, se da cuenta que no puede ayudarle porque él mismo lleva tiempo viviendo sus propias dudas. La pareja se despide porque la mujer, embarazada, debe ir a casa, pero expresa que Jonas volverá. Mientras tanto, Marta (Ingrid Thulin), la maestra del lugar, enamorada de Tomas, le deja una larga carta que nosotros escuchamos de sus labios cuando Tomas la lee: le declara su amor pero también reclama su indiferencia. Igualmente, acepta su ateísmo que, no obstante, la acerca al pastor. Jonas retorna para que Tomas le confiese que ha perdido la fe luego de la muerte de su esposa y al recordar las atrocidades que atestiguó durante una guerra. Jonas sale y va a suicidarse en un río.

Gunnar Björnstrand, Max Von Sydow
y Gunnel Lindblom, actores estables
en el cine del maestro Bergman

         La segunda cinta de la que se ha llamado la trilogía sobre el silencio de Dios (la primera fue A través de un espejo oscuro, 1961, y la tercera fue El silencio, 1963) nos habla precisamente de la falta de fe de un hombre de Dios quien se siente inepto para su oficio y su momento de verdad será bajo la frase de Cristo “Dios mío, ¿por qué me has abandonado?”, momento crucial que tuvo el Señor en su punto más alto de sufrimiento. Tomas recriminará el amor de Marta y la tratará con crueldad dejando clara su posición como hombre vulnerable que no puede demostrar afecto. No obstante, a pesar de ello, porque ya no hay fe, ya no se cree en Dios, ya no hay amor, Tomas iniciará otra misa con el “Santo, santo, santo, es el señor Dios…” porque es su misión en esta vida. Ha descubierto sus debilidades y limitaciones: queda la expectativa, la esperanza, de que alguna vez el Señor vuelva a hablarle. Hay tanto de que hablar luego de ver esta película, tan simple (80 minutos, cámara casi estática, espacios cerrados más que los abiertos) como compleja (el discurso filosófico, acorde con su tiempo pleno de censuras, temores y amenazas, resulta ahora tan vigente), pero requiere que primero se le vea y se le comprenda, se deje uno llenar de ella para luego ir soltándola poco a poco con la mente, la memoria… Mejor detenerse aquí y ojalá que esta nota le motive a buscarla y verla...

Bjornstrand con Ingrid Thulin